La camiseta sudada


"En 1995 un genetista decidió averiguar cómo afectaba el olor de un hombre en la atracción de una mujer. Hizo que varios hombres durmieran con una camiseta, y luego las presentó a las mujeres para que eligieran sus olores preferidos. Se demostró que eligieron a aquellos hombres genéticamente diferentes a ellas, pero esta tendencia se revierte al tomar pastillas anticonceptivas."

Gretchen posaba su mentón sobre su pulgar mientras subía y bajaba el cursor de su portátil, al tiempo que releía el artículo que salió como sugerencia al investigar más sobre la vida de Arthur Aron y sus contribuciones.

El pequeño experimento que había realizado en compañía de su roomie, le había picado más de lo que había pensado en cuanto a su curiosidad científica desde luego. Y ahora se encontraba ante un dilema ético.

—Bajo los estatutos del código de Núremberg, en teoría, consentimos el experimento.— Gretchen trataba arduamente de esclarecer sus ideas.

Si bien Vince había aceptado, por no decir propuesto, el experimento con anterioridad, no estaba segura de que aceptará la serie que ahora se presentaba ante ella.

—Podrías simplemente preguntarle— Se recordó.

Mordió la uña de su pulgar nerviosamente.


26 de enero de 2014


El sol del domingo a medio día había cobrado lo suyo. El agua tibia recorría su cuerpo, suavizando la tensión en sus músculos, instintivamente llevó una mano a su pierna… Todo estaba bien. Él estaba bien.

Como era su costumbre, Vince saldría con algunos amigos de la facultad, tendrían un partido amistoso y volvería antes de la hora del almuerzo.

¿Cómo se daba tiempo para tener una vida? Nunca fue difícil para Vince.


Gretchen había tardado más tiempo de lo planificado en la lavandería, tendría una junta muy importante en menos de 24 horas, todo su atuendo debía estar pulcro.

Entró al modesto departamento de una planta, mientras maniobraba cargando la bolsa de la compra y la ropa de la lavandería, dejó caer las llaves en el plato de cerámica con forma de moái que Vince había traído consigo desde casa y avanzó menos de medio metro para dejar los comestibles en la alacena.

De nuevo, la puerta de la misma no cerraba bien, ¿Dónde había dejado Vince sus herramientas? No fue consciente de que él estaba en la ducha, hasta que se acercó a la puerta del baño para ver si se encontraba en casa. Podía oler el aroma de su acondicionador desde donde estaba.

Le daría tiempo para que terminara, camino hacía el sofá y se dejó caer mientras se deshacía de su gabardina perezosamente y se extendió soltando un suspiro, había sido una mañana ajetreada y le dolían las plantas de los pies.

Su mano se posó sobre algo húmedo. Abrió los ojos y busco lo que le había provocado un escalofrío.

Vince debió haber regresado de su partido y dejó su camiseta empapada en sudor sobre el sofá, antes de tomar un baño. Eso tenía sentido.

Gretchen hizo una mueca, de seguir así, las fibras sintéticas del sofá eventualmente absorberían el olor.

Tomó la camiseta verde de malla entre sus manos e instintivamente, la llevó hacía sus fosas nasales y la olfateo. Fue una situación extraña. Simplemente no podía explicar porque había hecho eso.

Estaba consciente de que compartir vivienda con una persona, hace que inevitablemente, te amoldes a sus costumbres e incluso algunas copias de sus rasgos o modos. Y que habría aromas, palabras o situaciones que de otra manera, como vivir sola de poder permitírselo, no consiguió experimentar.

Quizá solo se había sugestionado por el tonto artículo que había leído. Simple curiosidad.

Volvió a hacerlo, está vez, trato de absorber e identificar la mayor cantidad posible de lo que fuera, imaginó a los cilios de su nariz aferrándose a pequeñas esporas. Tomó una profunda respiración.

Podía sentir el desodorante mezclado con lo que debía ser el simple aroma de su transpiración, identificó la grama, seguramente había ido al parque cercano. Muy Vince, aroma a hombre. Ya que no podía describirlo de otra manera.

Visualizó la función de las glándulas sudoríparas como en un vídeo explicativo.

Estaba tan absorta, que su cerebro apenas hizo click en el momento en que el pomo de la puerta giró y Vince emergía, secando la parte posterior de su cabeza con una toalla. Un halo de vapor tras él. Como pudo, despegó la prenda de su cara y la apartó medio metro de ella.

Vince abrió los ojos, después de hacer una mueca cuando apartó la toalla de su cuello. ¿Por qué se secaba agitando la cabeza como un perro? No lo había notado, era gracioso, estaba tremendamente divertido con la idea de verse a cuatro patas bañándose en el jardín trasero de la casa de sus padres, sin embargo, era algo para niños, un adulto en esa posición sería perturbador. Apartó el pensamiento en cuanto vio a su pelirroja amiga, viéndolo, espantada desde el sofá.

Una alarma se disparó en algún lugar de su cerebro. ¿Había olvidado vestirse? Señor.

Comprobó rápida y disimuladamente que efectivamente, traía sus pantaloncillos consigo. Eso era suficiente. Entonces, ¿Qué ocurría con Gretchen?

Estaba visiblemente agitada. ¿Acababa de volver de hacer sus pendientes? ¿Le habría ocurrido algo mientras estuvo fuera? Joder. Se reprendió internamente. Pudo haberla acompañado. Solo no había querido cancelarle a Michael y el resto de sujetos de su clase. De cualquier forma, empataron. Concéntrate—Escuchó murmurar a su voz interior.

—Oye Gretch. ¿Pasa algo?

—¿Pasar algo? No tiene que pasar nada, bueno a diario pasan muchísimos acontecimientos, y a su vez generan más y más, formando una cadena de hechos. La teoría del caos dice que...

Fue el turno de Vince de hacer una mueca. Él juraría que se estaba empezando a poner morada.

Esa noche Gretchen consideró sus opciones. ¿En verdad quería hacer esto? ¿Qué consecuencias le traería? Ella confiaba en el buen Newton. Quizá descansar le vendría bien. Todo el asunto de olfatear los objetos personales de Vince, la hacía sentirse extraña. No quería parecer una acosadora.

Aun sí se conocían desde el jardín de niños, nunca fueron los miembros precisamente más unidos. Quizá sí se lo comentará a Spinelli, ella podría darle otra perspectiva. Aunque estaba ocupada con los preparativos para su boda. Conociendo a T.J quizá los encerraría en un armario a charlar. Aunque por influencia suya había acabado en esta situación. Quizá podría llamar a Mickey o Gus solo para saludar.

Finalmente decidió que iba a consultarlo con su almohada.


En verdad, agradezco que se pasen por acá.