Tras unas semanas verdaderamente infernales había concluido la campaña de verano. Fueron días de quedarse hasta tarde, comer poco y gastarse los nervios con clientes insufribles para poder alcanzar las cuotas irreales que la compañía demandaba en la temporada alta. Los Addison estaban hechos polvo y en sus cabezas sólo había dos palabras: ¡VACACIONES… YA! Fue a la hora de la comida que los coloridos vendedores se reunieron en su comedor privado (que por muy fino sonara no dejaba de ser un cuarto minúsculo con un anafre, un microondas y una barra para sentarse a comer).

—¿Cómo nos vamos a turnar las vacaciones este año? Seis días es nada, juro que los voy a pasar durmiendo —lamentó el azulado completamente desparramado sobre la barra.

—"Li" es quien peor lo ha llevado, me parece justo que el agarre la primera semana —aseguró el amarillo.

—Uh, chicos —interrumpió el naranja quien, por primera vez no se veía del todo alegre y risueño—, normalmente no me importa mucho el orden de las semanas, pero realmente me gustaría ir a ver a mi hermana.

El rosto del resto también cambió, sólo ellos sabían que no todo en la vida de Addonis eran carcajadas y chistes de mal gusto. Por unanimidad acordaron que el de cabello flamígero sería el primero en descansar. Addrien sollozó por dentro al figurarse que sería el último en la lista, ¡esperar todo un mes parecía una tortura! Fue entonces que surgió una idea.

—¡Oigan! ¿Y por qué no nos vamos los cuatro al mismo tiempo? Spamton se puede quedar a cuidar el área.

En ese momento, los Addison sintieron el verdadero terror.

—¡NO! —gritaron alarmados, tapándose la boca al instante. Spamton se encontraba del otro lado en el comedor común haciendo fila para calentar su tupper en el microondas y no querían que los oyese.

—Ay, qué alarmistas, jamás hemos tenido vacaciones al mismo tiempo porque alguien se tiene que quedar a cuidar el área, pero ahora que tenemos más personal…

—No me parece adecuado dejar a alguien nuevo sin supervi-

—¡Si él se queda solo la empresa se irá a la ruina! —interrumpió el azúl a Addan.

—Qué poca fé le tienen al pequeñín…

—Addonis, no es no —puntualizó el líder—. A menos… que alguien se quedara a supervisarlo.

Ese repentino cambio de opinión podía parecer inaudito, mas la expresión en sus rostros los delataba: les urgía descasar lo antes posible y esperar una semana era mejor que un mes. Las miradas cansadas y ojerosas recayeron en Addrien.

"Ay no".

Pero aquellos ojos de perrito suplicante de sus compañeros era algo con lo que no podía luchar. Ni hablar, no le quedaba de otra más que aceptar. Antes de regresar a sus puestos, fue justamente el azulino quien detuvo a Addonis.

—Ey… ¿y está mejor?

—Oh, sí. La verdad es que tiene un buen rato sin recaídas. Ya te digo, tener mentalidad positiva aleja a las malas vibras, deberías intentarlo más seguido, te hace muuucha falta.

Addrien no creía en el rollo místico de su compañero, pese a todo le alegraba saber que aquello le daba fuerzas para sobrellevar sus problemas. De cierto modo, lo envidiaba.

Pasaron un par de días y esta vez fue Addan quien mandó llamar a Spamton. Le explicó cómo estaba el asunto de las vacaciones, que él por ser nuevo no tendría hasta pasado un año desde su entrada y que como el área no podía quedarse desatendida Addrien sería su supervisor temporal. Por su gesto no parecía estar muy conforme con la decisión, pese a ello no dijo nada y se limitó a responder que entendía la indicación.

Desde el primer día de descanso del resto Spamton notó una abismal diferencia en el ambiente; por primera vez se sentía relajado sin la presencia de Addonis detrás de él o los regaños constantes de Addley. Addrien se limitaba a llegar, darle los promocionales y encerrarse en su cubículo, como máximo dos veces al día iba a ver si estaba trabajando para retirarse al instante. Estaba tan optimista que incluso intentó hacer una venta por teléfono por cuenta propia:

—Muy buenas tardes, me comunico de parte de Altervisión, "haciendo tus sueños realidad por un módico precio" —hizo una pequeña pausa, estaba algo nervioso, pero lo estaba haciendo mucho mejor que otras veces—. Y hablando de módico, le ofrecemos un seguro de gastos mayores a un costo especil…

Tras darse cuenta nuevamente del error, colgó.

"Maldita dislexia".

¡Qué necesidad de usar la palabra "especial" en todas las condenadas publicidades! Cuando Addrien se asomó, las copias estaban mandando correos a todo lo que daban. Salió rápidamente de ahí, todavía le daba grima ver a Spamton con esas cosas cerca. El día finalizó y el blanquecino regresó a casa deseando lograr su primera venta ahora que sentía que podía hacerlo.


Cuando despertó, notó que no estaba en su habitación sino en la sala e, inexplicablemente, el televisor estaba encendido. No recordaba haberse quedado a ver televisión hasta noche ni tampoco había salido de copas con sus compañeros. ¿Lo habría hecho dormido? Eso realmente era preocupante, pero de momento no había mucho por hacer, tal vez más adelante conseguiría pastillas para dormir. Apagó, se alistó y salió como siempre…

Sin notar la extraña estática del televisor al volverse a encenderse de la nada.

Al llegar, verificó su entrada y estaba a punto de subir por las escaleras. Fue al pasar por recepción cuando lo vio. Sus pequeños orbes de obsidiana se posaron sobre aquel magnifico ser ¡cómo no verlo si era enorme! Incluso los Addison quedaban como pueriles adolescentes en comparación con aquel hombre-ave que en nada se parecía a su patrón.

Sus plumas oscuras resplandecían de alguna manera en la oscuridad de aquel mundo y el blanco que cubría su rostro no era apagado, sin gracia como el suyo. No. Aquel ser destilaba elegancia digna de un rey, de un auténtico caballero. ¿Se verían así los ángeles? Su madre jamás se los había descrito, pero ciertamente debían tener aquel porte. ¡Oh, y su atuendo! Aquella combinación de colores, tan discretos y llamativos a la vez. ¡Tenía que ser el pez más gordo de la ciudad!

Y por primera vez en muchos años se sintió verdaderamente pequeño porque, ¿qué era el en comparación? Su corazoncito se estremeció al sentirse un auténtico don nadie que nunca sería como aquel ser. Se llevó las manos al pecho diciéndose que, si al menos le voltease a ver, si al menos notase su existencia y le saludase, entonces… entonces…

Se armó de valor y dio unos pasos al frente.

El magnificente sombrío se encontraba en el recibidor siendo atendido por la recepcionista.

—¡Ah, señor Swatch! ¡Cuánto tiempo sin verle! —saludó mientras arreglaba su cabello.

—Buenos días, señorita —contestó con una voz suave y elegante—. Como podrá deducir, vengo en representación de nuestra Reina para solicitar un servicio.

—Su presencia siempre es más que bienvenida en nuestra empresa, deje me comunico con el departamento de ventas.

Spamton se encontraba detrás del mayordomo real. Lo único que tenía que hacer era decirle que él era del departamento y que lo atendería, pero su corazón latía tan de prisa que su rostro enrojeció por completo y comenzó a tiritar. Estaba tan nervioso que podía sentir su blusa empapada en sudor.

Addrien bajó corriendo al enterarse que se trataba de un miembro de la realeza. Ni siquiera tuvo tiempo de recuperar el aliento cuanto vio a Spamton a escasos centímetros de tan distinguido cliente. Casi pudo ver en cámara lenta aquel brazo corto estirarse para poder tirar del pantalón de Swatch…

"ME QUIERO MORIR. ME QUIERO MORIR. ME QUIERO MORIR. ME QUIERO MORIR. Y LO VOY A MATAR."

En un acto reflejo corrió hacia donde se encontraba Spamton, lo tomó de la cabeza y con fuerza sobrehumana a causa de la adrenalina lo lanzó al fondo del edificio, en donde quedó atorado en la puerta giratoria de la entrada.

—¡Un gusto conocerle, mi nombre es Addrien Blue Addison y soy representante del área de ventas! —aunque sonreía le costaba horrores mantener aquella fachada, esa era la clase de clientes que únicamente Addley atendía, cualquier desliz le iba a costar el despido—. Por favor, acompáñeme a la sala de juntas para que podamos atender su inquietud. Addnia, de favor solicita que lleven café, galletas y cualquier cosa que pida nuestro invitado.

Para cuando Spamton dejó de sentir que todo daba vueltas y se desatoró de la puerta, Addrien y Swatch ya habían subido. Estaba enormemente cabreado. Era la segunda vez que lo maltrataban de esa manera y no estaba dispuesto a dejar que el resto se sumara. Se negó a seguir las indicaciones de mantenerse en su cubículo todo el tiempo y se quedó en el recibidor a esperar. Iba a exigirle a Addrien una disculpa por lo que le había hecho.

Encima, se haría notar, el mayordomo le vería y… y…

—Eww… estás babeando —gimió con asco la recepcionista.

—Oh… y-yo lo si-ento… iré a… esperar q-que terminen en la banca.

Se sentó y comenzó a esperar. El tiempo trascurría lento y con esa música de asesor de fondo estuvo a nada de quedarse dormido para cuando volvió a oír pasos. Se levantó de un salto y corrió hasta la entrada, pero al ver a Swatch volvió a congelarse. Finalmente, el ave salió sin siquiera voltearlo a ver.

El que sí notó su presencia fue el Addison.

—¡¿Qué diantres haces aquí?! ¡Estuviste a nada de liarla!

—Es-peraba una disculpa, ¿sabes?

Spamton imaginó que tomaría una postura más a la defensiva como la de Addley y de cierto modo le alegró que no fuese el caso. Se disculpó por lo ocurrido y le pidió que lo siguiera hasta su cubículo. Al llegar, el azulino de desplomó en su silla y tenía cara de haber visto un fantasma.

—El representante real quiere que llevemos la campaña de publicidad de la próxima Gran Feria de la ciudad. Quieren una cuota de asistencia arriba del 90%. ¡Es imposible! Pero no podía rechazar la oferta, el jefe me mataría… ¡Por todos los dioses! En cuanto se lo mencione va a hacer que el resto venga y no de buen modo, ¿por qué justo ahora?

—Podemos hacerlo entre los dos.

Addrien se hubiese reído, pero se trataba de Spamton, era obvio que iba en serio.

—Voy a tener que comunicarme con Addley —respondió ignorando por completo la petición de su compañero.

Tomó el teléfono y comenzó a marcar. Spamton se apuró a oprimir el botón de colgar.

—Tú mismo dijiste que no era justo interrumpir las vacaciones del resto. Te lo ruego… por una vez, intenta confiar en mí.

El vendedor más experimentado le miró con bastante desgano.

—Mira, Spamton. SÉ que necesitas hacer ventas, pero TODOS aquí necesitamos vender porque tenemos gente que depende de nosotros o somos nuestro único sustento. Y este asunto es demasiado delicado como para dejárselo a alguien como tú. Si fallas no sólo van a despedirte A TI, ¡nos van a correr A LOS CINCO! Porque nuestro jefe es esa clase de persona que se cree que está encima de cualquier ley. Así que, por favor, no seas tan egoísta y piensa en lo que es mejor para todos.

Spamton sintió aquellas últimas palabras como una fría estocada al corazón. ¿Alguien como tú? ¿Egoísta? Se sentía indignado y con ganas de gritarle a la cara. Apretó los puños hasta casi sentir que las uñas se le enterraban en la piel. Pese a ello, no salió nada de su bronco pecho, ni tampoco salió a flote ningún impulso salvaje de trepar a su escritorio y patear todo. Poco a poco esas fuerzas se drenaban de su cuerpo y lo único que atinó a hacer fue mirar a Addrien a la cara.

—Si f-fuese un Addison de verdad… al menos te lo hubieses pensado.

Para salir derrotado de su oficina.

Addrien volvió a caer como peso muerto en su silla. Pensó en el pobre de Addley que seguro tenía que lidiar con broncas así a diario y en lo fácil que sería su vida si le dijese que sí a todo como su compañero anaranjado. ¡Argh! ¿Por qué se sentía tan mal? ¡Era el mundo laboral, no un tonto juego donde todo se resolvía con el poder del amor y la amistad!

—Era la decisión lógica —se dijo más para sí mismo.

—Así es, y has hecho bien —contestó una voz muy similar a la suya, aunque más aguda.

Addrien alzó la mirada y creyó ver a su copia del comando F1 con cuernos de diablillo.

—Momento… ¿eres mi conciencia?

—No, tontín, ese soy yo —contestó otra voz.

Esta vez se trataba de la copia de Addonis con una toga blanca. ¿Y por qué diantres él era su conciencia? Tenía más sentido que lo fuese Addan, quien casi siempre atinaba a decir algo coherente.

—Si instruyes correctamente a Spamton, ¡estoy seguro de que logrará grandes cosas!

—No le hagas caso al insensato, si lo haces ¡la empresa entera se irá a la ruina y quedarás desempleado!

—Recuerda lo que viste en ese curso: ¡un verdadero líder no es el que manda, sino el que es capaz de sacar lo mejor de sus compañeros! —¿Eh? Ni siquiera recordaba haber prestado atención.

—¡Bla, bla, bla! ¡Lo que importan son los hechos y esos son que Spamton tiene seis meses en la empresa y no ha sido capaz de vender nada! No lograría ni que un Virovirokun voltease a ver la publicidad.

De la nada apareció la copia de Addan igualmente vestido de ángel.

—Lo importante es que ha logrado hacer cifras a pesar de sus limitantes.

Seguido de la copia de Addley como un ángel caído.

—¡Cállense todos! ¡Yo lo único que quiero es ver correr sangre, muajaja!

Y en un abrir y cerrar de ojos, las copias estaban peleando entre si a golpes. Addrien agitó las manos para hacer que sus delirios desapareciesen. Definitivamente tenía que hablar con su psiquiatra para que le recetara otra marca de antidepresivos. Aunque de mientras, abrió su maletín, se tomó sus pastillas y comenzó a pensar seriamente en el asunto.


Faltando unos pocos minutos para la salida, Spamton oyó que tocaron sin responder. Addrien no era la clase de personas que entraba a un lugar sin permiso por lo que se limitó a entreabrir la puerta.

—Spamton, sólo quiero saber una cosa: ¿cuántas copias eres capaz de generar?

El pequeño salió de su ensoñación y se sintió intrigado por la pregunta.

—Y-yo… hasta ahora nunca he podido generar más de diez al mismo tiempo.

—Diez… no creo que funcione con tan poco…

Addrien vio como se abrió la puerta y Spamton lo invitaba a pasar.

—Mira, regularmente soy yo quien se dedica a la parte pesada de la logística de distribución. Estuve haciendo cuentas respecto a la cantidad de publicidad impresa y es muchísimo lo que necesitamos. Por lo regular los Plugboy son los que se encargan de andar en la ciudad repartiendo volantes y les pagamos por comisión; pero si tú y tus copias se encargan de eso, podríamos invertir ese extra en más carteles y anuncios pagados para radio y televisión. Es la única manera en la que veo que podemos cubrir la cuota sin perder margen de ganancias.

—¿Quieres que pegue los carteles?

—Bueno, sería lo ideal, pero si dices que sólo puedes hacer diez copias… la ciudad es enorme y no mandaría menos de una plantilla de cincuenta Plugboy, aunque eso nos desfalcaría.

—¿Cin-cuenta? Uh… yo…

—Ah, sabía que era una mala idea…

—¡Voy a intentarlo! Uh… quizás nos logre generar cincuenta copias, p-pero… si las genero constantemente t-tal vez pueda cubrir un equivalente. Por cierto, no se si mi contrato autorice que…

—Tu contrato dice que tienes que acatar indicaciones de superiores y por esta semana, yo lo soy —dijo guiñando un ojo, gesto que era bastante extraño en él.

Spamton estaba tan alegre e ilusionado que sin pensárselo mucho le dio un abrazo a su compañero… quien lo apartó de inmediato.

—¡CONTÁCTO FÍSICO NO, POR FAVOR!

—¡Lo siento, lo siento! ¡Fue imprudente de mi parte!

—Tú no tienes la culpa de eso, pero de favor, ¡nunca lo vuelvas a hacer! Como sea, todavía tengo que arreglar muchas cosas antes de que vengan los demás a hacer el resto del trabajo. A más tardar pasado mañana deberás encargarte de eso según las rutas que te dé.

Spamton volvió a agradecerle, le deseó que pasara una buena tarde y salió rumbo a casa con optimismo.

Mismo que se le pasó un par de días más adelante.

Se encontraba en la calle, a su espalda llevaba una mochila llena de folletos y carteles, tenía varias copias a su alrededor intentando llamar la atención de los transeúntes que pasaban a su lado sin siquiera mirarle. Uno, incluso, prefirió darle una moneda pensando era alguna clase de vagabundo antes que tomar su volante. Igualmente, con veinticinco centavos no iba a salir de pobre. A parte de infeliz, tacaño.

Intentó no sentirse desanimado, aunque era difícil lograrlo cuando algunas de las miradas que conseguía eran de desagrado y asco. ¿De qué otra manera podía conseguir entregar la publicidad? De la nada, una idea asaltó su mente. Convocó a sus copias y les dio una nueva indicación.

Se movió a una acera en donde los edificios tenían balcones en la planta baja. Los mini Spamton se ocultaban en las macetas o enredaderas y cuando un peatón pasaba lo suficientemente cerca las copias se lanzaban a los maletines, bolsas o bolsillos de la "victima" y dejaban la publicidad para desvanecerse en el aire.

En su mejor momento, Spamton consiguió hacer veinte copias… a un costo. Tras esa tanda se sintió increíblemente mareado, era como haber perdido una buena cantidad de sangre de golpe y el sólo recordar que tenía que seguir generando tandas de esa magnitud lo hacia sentir con ganas de regresar a casa y no salir de ahí nunca más.

Mas no iba a rendirse, estaba determinado a ser un pez gordo.

Avanzó otras cuadras pegando carteles en postes y paredes hasta que fue interceptado por un Ambyu-Lance, la clase de sombríos que se encargaban de mantener a ralla a los malhechores de la ciudad.

—¡Alto ahí! ¡Es ilegal pegar publicidad en esta zona de la ciudad!

Spamton era la clase de sombrío al que no le gustaba tener nada que ver con asuntos legales y por eso siempre evitaba meterse en líos.

—Ah, d-isculpe señor Ambyu-Lance, s-soy parte d-de la empresa Altervisión y tenemos una o-orden por parte de la mismísima reina.

—¡Muéstreme ese permiso!

Estaba tan nervioso que no recordaba en dónde lo había guardado y mientras buscaba, una copia que ya había recibido la indicación pegó el cartel en la pared y desapareció.

"Oh… oh…"

El Ambyu-Lance hizo sonar su sirena y encendió las luces de su cabeza. Spamton corrió por buena parte de la ciudad evadiendo peatones, mascotas y autos. Se armó todo un alboroto: los perros ladraban, los niños lloraban, los automovilistas maldecían… ¡todo mal en la ciudad! Finalmente, pudo desviarse en un callejón en donde saltó hacia las escaleras de emergencia del edificio, el guardián sólo miró de reojo y pasó de largo. Estaba a salvo, pero extraordinariamente agotado; aquella persecución sumada al desgaste de crear tantas copias lo hizo desfallecer y cayó del barandal.

Para su fortuna, si es que se le podía decir así, aterrizó en un contenedor de basura abierto. Tardó un rato en recobrar el conocimiento… y el olfato.

—¡Ay, qué asco, qué asco, qué asco!

Seguía mareado y tenía el cuerpo entumecido. Cerró los ojos y se concentró para invocar a su pequeño ángel de la guarda que le hizo recuperar la suficiente salud como para poder salir de ahí y emprender un largo viaje a casa. Su departamento podía no ser la gran cosa, pero era mucho mejor que dormir en un basurero. Durante el trayecto vio un gran espectacular en donde posaba un sombrío de figura estilizada y porte elegante al que llamaban el Señor Sociedad. Por un instante, cerró los ojos e imaginó su cara en aquel anuncio y a la gente a su alrededor contemplándole. "Mira, mamá, es el Gran Spamton. Por favor, cómprame su figura de acción". "Claro que sí hijo" le respondería, "y la podrás colocar junto al resto de tus productos de Spamton".

Algún día, el mundo lo vería con otros ojos, y no volvería a sentirse pequeño e insignificante nunca más. Se quedó dormido en el trayecto, soñando a su difunta madre, poniéndolo nuevamente en su regazo y recordándole que él era alguien muy "especial" y que pronto se sentiría orgulloso de serlo.


Los días pasaron y Spamton continuó su ardua labor de tapizar la ciudad con los anuncios de la feria. Para cuando el resto de los Addison regresaron de sus vacaciones y por fin fue el turno de Addrien para descansar, Spamton había logrado cubrir todos los puntos que le habían encomendado. Los chicos hicieron los suyo grabando spots y haciendo licitaciones con otras empresas, ¡incluso contrataron un dirigible para mostrar el anuncio!

El gran día llegó, la feria fue inaugurada y, por lo que habían escuchado, el lugar estaba a abarrotar. Aun con ello, no sabían si habrían logrado la meta. Bastaba con que un solo sombrío no hubiese asistido para no completar la cifra que la realeza esperaba. Y si eso ocurría… ya podían despedirse de sus carreras profesionales.

Todos estaban tan ansiosos que ni siquiera lo habían notado, excepto por Addrien que venía algo más fresco de sus vacaciones: Spamton estaba hecho un muerto viviente. Tenía unas ojeras pronunciadas, sus ya de por sí pómulos saltones le sobresalían del rostro y lo notó bastante bajo de peso. El pobre se había llevado la peor parte de todo aquello sin estar acostumbrado a mal pasarse como Addley. Los cinco se encontraban trabajando en sus áreas como de costumbre hasta que salió el rosado relamiendo su cabello.

—Arréglense y pongan su mejor rostro, va a subir el señor Swatch a mi despacho.

En menos de dos minutos los Addison se arreglaron al punto de parecer valet parking de un hotel cinco estrellas. El mayordomo cruzó la puerta y al instante fue rodeado por los empleados de colores que no dejaban de alabarlo mientras lo escoltaban al área de su jefe inmediato. Para cuando Spamton quiso entrar, Addley le azotó la puerta en la cara.

"Tic… tac…" El reloj continuaba su marcha, pronto la aguja que marcaba la una dio las dos mientras la otra avanzaba a paso de tortuga. Tras esperar un largo rato, la puerta se abrió de par en par; los Addison tenían una sonrisa de lado a lado, dejando ver que habían llegado a la meta y que, con suerte, les comisionarían más pedidos reales. Addley, Addan y Addonis eran los que seguían los pasos de Swatch, sólo el azul volteó la vista al margen de la puerta…

Todo ese tiempo Spamton se había quedado ahí, con el rostro dando hacia la pared, llorando en silencio, sintiendo que su esfuerzo había sido en vano a pesar de lograr la meta. Hiciera lo que hiciera, jamás iba a obtener el respeto de nadie dentro o fuera de la empresa.

Rápidamente, Addrien lo tomó del rostro y lo forzó a que lo viese a los ojos.

—Usa tu comando de recuperación, rápido, no pienso dejar que te vea así.

—¿Qu-eé?

—Hazlo.

Swatch se encontraba a punto de salir, pero la voz del Addison de cabello rizado le hizo detenerse al igual que llamó la atención de sus compañeros.

—¡Señor Swatch! Ah… cómo parte de su visita y para… afianzar los nexos de la casa real con Altervisión, deje que le otorguemos un pequeño presente para conmemorar este momento especial.

Corrió a toda prisa a la oficina de Addley y tomó la pluma especial que usaba para firmar los contratos. Cuando su jefe vio de qué se trataba se limitó a apretar el puño y sonreír… sonreír mientras figuraba la que le iba a armar apenas pudiera.

—¿Spamton, puedes entregarle el presente a nuestro invitado? —preguntó mientras le otorgaba el objeto.

Spamton lo tomó y le contempló. Extrañamente, Addrien estaba sonriendo. Era la primera vez que veía una sonrisa genuina en su rostro.

Y él le regresó el gesto.

Spamton avanzó con paso firma hasta Swatch. El pobre apenas y le llegaba a la cadera, pese a ello no se dejó intimar por la diferencia de tamaño ni de status. Se plantó frente a él, con el rostro firme y en alto y estiró sus brazos para entregar el objeto. El ave le miró a los ojos y, a través de sus coloridos lentes, pudo ver en la pequeña criatura, una que jamás había visto, algo que pocas veces veía en sombríos, una pequeña luz en aquellos ojos brillantes que albergaba esperanzas y sueños. Aquello le trajo un agradable recuerdo.

Swatch se inclinó para tomar la pluma. Las plumas de sus manos rodearon las manitas de Spamton, se sentían lisas y suaves como el tacto de la seda. El mayordomo le sonrió.

—Gracias.

Tomó el objeto, lo colocó con delicadeza en su bolsillo y dio la vuelta para salir de la oficina. Apenas se cerró la puerta, Spamton chilló como colegiala y cayó desmayado al piso. Sus compañeros se alarmaron, Addan pidió que alguien fuera por un poco de agua. Addrien hecho a reír, cosa que extraño a su casi amigo.

—Addrien, no es por querer ser chismoso, pero, ¿cambiaste tu medicación o algo así?

—En realidad, sí.

—Ah, eso explica algunas cosas.

—¡Pues a mi me vas a tener que explicar esas cosas! —gritó Addley persiguiéndolo por haber regalado su pluma especial.

—Parecen niños chiquitos —bufó Addan que veía todo el desastre sintiéndose la niñera del grupo.

Y mientras tanto, Spamton soñaba que era aquel vendedor "especil" al que todo mundo podía admirar.