Hermione estaba en la torre más alta del castillo, caminaba por el borde sintiendo la suave brisa en su piel pálida y cansada, la luz de la luna era su única compañía. Estaba tratando de mantener el equilibrio en su inestable situación, dio un paso más y su pie resbaló, esta vez no había nadie junto a ella para detener su caída, no había héroe en esta historia, nadie podría venir en su ayuda, nadie jamás oiría sus gritos de agonía mientras caía al vacío. Su vida, su corta vida pasó ante ella, pensó en lo mucho que extrañaría este lugar y a todos quienes dejaba atrás, quizás esto era lo mejor, quizás esto le evitaría un sufrimiento mayor a quienes quería, quizás…

Hermione despertó con un sobresalto en su cama, el sudor frío corría por su piel, todo había sido un sueño, todo solo había sido un cruel sueño.

Aún no amanecía, Hermione se sentó en su cama, podía escuchar su corazón latir aceleradamente, y una fuerte punzada en el pecho, sabía que algo andaba mal, su malestar no podía deberse sólo a la pesadilla que acababa de tener, sabía que era algo más. Fue tanta su desesperación que no le quedó otra que visitar la enfermería, mientras sus demás compañeras de cuarto seguían profundamente dormidas.

Madam Pomfrey al verla entrar frunció el ceño con desaprobación.

"¡Señorita Granger debió venir a verme hace semanas, entiendo que todo esto debe ser muy abrumador, por lo mismo no la he querido presionar!"

"Lo sé, pero últimamente me he sentido mucho mejor" dijo con poco entusiasmo Hermione.

"¡Déjeme decidir eso!"

Sin más Madam Pomfrey le dijo que se recostara en la camilla mientras lanzaba un hechizo de diagnóstico. Hermione se sentía muy nerviosa, desde que todo esto había comenzado trataba de evitar la enfermería, ya no quería escuchar cuanto se apagaban sus posibilidades de vivir.

"Señorita Granger tu núcleo mágico parece mucho más fuerte de la última vez que te examine, estas mucho más estable, ¿Has seguido mis indicaciones?"

Hermione no quería admitir la verdad, por lo que solo negó con la cabeza. A lo que Madam Pomfrey solo dio un suspiro de derrota.

"Hermione es necesario que sigas las indicaciones, no puedes dejarle todo el trabajo a tu magia, si bien está ayudando, a la larga terminarás más agotada en tu vida diaria y no queremos eso, ¿Verdad?"

Una vez más Hermione negó con la cabeza.

"Debo decir que estás mucho mejor que la última vez que me visitaste Hermione, aún no está comprobado pero muchas veces la magia se renueva cuando hay una nueva motivación, me alegro mucho que hayas encontrado la tuya. La magia hace cosas increíbles cuando existe algo que la incentive. Pero aún no comprendo, ¿Qué te trae hasta aquí tan temprano?"

"Desperté sintiendo una punzada horrible en mi pecho, como que me faltaba el aire, no era como mis otras crisis, esta vez fue diferente, creo que jamás me había sentido así"

"Como te acabo de decir Hermione, estás estable, nada fuera de lo normal, solo debió ser que estás bajo mucha presión y estrés, pero en cuanto a salud estas mejorando"

"Pensé que mi con… condición era irreversible…" la voz de Hermione era apenas un susurro y se quebró al final, pero Madam Pomfrey no se perdió el rastro de esperanza que se cruzó por su rostro. Se sentó junto a ella en la camilla y palmeo su rodilla con afecto.

"Hermione que estés estable no quiere decir que te estés recuperando, tu enfermedad está tan avanzada que es irreversible, lo que hace tu magia es simplemente dormir los síntomas y de cierta manera renovar tus energías, pero eso no significa que no estén ahí. También me di cuenta que alteraste un poco tu apariencia con un hechizo tan sutil que es casi imperceptible para que magos comunes lo detecten"

"Estaba perdiendo mi cabello y simplemente no podía dejarlo así, además de que no he dormido bien"

"Sabes, solo una gran bruja puede hacer esa clase de hechizos tan perfectamente"

"¿De qué me sirve ser una buena bruja?"

"Todos queremos dejar un legado cuando ya no estemos"

"¡Mi legado está maldito!"

"No digas eso, si tu núcleo mágico está cuidando de tu salud se debe a una buena razón, algo te está motivando a seguir luchando. Hermione mientras exista la más mínima luz en toda tu existencia aférrate a ella con todas tus fuerzas, no dejes que esa luz se apague junto con tus sueños"

Por el rostro de Hermione caían lágrimas de tristeza que parecían inundar todo su ser, su angustia era evidente, Madam Pomfrey acaricio su mano con cariño.

"Mi niña, si tu magia te sigue protegiendo, puedes tener una esperanza de vida mucho más alta que antes, no pierdas la fe"

"¿Sabe cuánto tiempo…?" Hermione no pudo terminar la frase, dolía demasiado.

"¿Quieres saber cuánto tiempo te…?"

Hermione no la dejo terminar. "No, por favor no lo diga, no quiero saber cuánto tiempo me queda, no podría manejarlo"

"Está bien. Ya sabes que estoy aquí a cualquier hora, para lo que necesites"

Hermione asintió, secándose las lágrimas con la mano, luego se puso de pie y salió de la enfermería a paso lento sin mirar atrás. Madam Pomfrey la vio marchar sintiendo una punzada de tristeza al no poder hacer nada por ella.

Hermione se fue a caminar junto al lago, por su cabeza pasaban mil cosas, ¿Cómo podría enfrentar la vida sabiendo que cualquier momento podría ser el último?

Era día martes, el día con más clases a las cuales asistir y su ánimo estaba por el suelo. Iba cruzando el vestíbulo principal a la clase de Encantamientos, cuando escucho la risa inconfundible de Draco, al mirar donde se encontraba junto a sus compañeros de Slytherin, sus miradas se cruzaron por unos breves segundos hasta que él desvió la vista e hizo como si no la hubiese visto.

Hermione se sintió herida por las acciones de Draco, pero lo dejo pasar, después de todo, tenía que aparentar delante de los demás, sus mundos eran completamente diferentes.

Draco era un chico que buscaba luz en su mundo de oscuridad, mientras que Hermione era una chica que solo veía oscuridad en su mundo de luz.

Llegó la hora de almuerzo y Hermione se dirigió con todo su pesar hacia el Gran Comedor, había sido una mañana difícil, le costó concentrarse y cometió varios errores en clase de Transformación, aun así, no se perdería el almuerzo, ya que necesitaba recuperar fuerzas para seguir con su día.

Al entrar al Gran Comedor, sin querer su mirada se dirigió hacia la mesa de Slytherin, se encontró con la mirada de Draco, este al verla desvió la mirada hacia su almuerzo, Hermione trato de no darle importancia, pero en el fondo sabía que algo malo estaba pasando, Draco por lo general le daba una sonrisa sin importarle con quien estuviera.

Hermione se sentó en los últimos puestos de la mesa de Gryffindor alejada de todos, trato de comer algo de su plato, pero tenía un nudo en la garganta que no la dejaba tragar, luego de varios intentos se dio por vencida y salió del Gran Comedor antes que todos.

Por alguna razón se sentía más sola que nunca, por primera vez desde que se había peleado con sus amigos, los extrañaba, algo en su cabeza le repetía las palabras de Ron.

"Bueno si te quieres cambiar de bando allá tú, pero después no vengas a quejarte de que no te advertimos, que más se puede esperar de un imbécil como Malfoy, pero como siempre eres muy tonta para notarlo"

Hermione sacudió su cabeza, eso no era posible, Draco simplemente está actuando, era lógico que después del encuentro que tuvo con su padre tendría que andar con cuidado, solo eran ideas suyas, nadie cambia tanto de la noche a la mañana.

Con ese pensamiento Hermione sonrió, conocía a Draco lo suficiente como para saber que él era mucho mejor persona de lo que la mayoría creía. Volvería al Gran Comedor y trataría de continuar su día de la mejor manera posible sin que esto le afectara, y en cuanto tuvieran tiempo a solas todo se aclararía y seguirán tan amigos como siempre.

Toda sonrisa se borró de su rostro cuando al cruzar por el corredor se encontró de frente con Draco, pero no estaba solo, se encontraba con Pansy Parkinson y sostenía su brazo alrededor de sus hombros.

"Como te estaba diciendo Pansy, chicas como tú son las que valen la pena, no sangres sucias como Granger, ¿Quién podría ser amigo de una estúpida sabelotodo?" dijo Draco cada palabra con absoluto desprecio hacia Hermione. "Ni siquiera sus amigos la soportan"

Hermione podía sentir sus ojos humedecer ante las declaraciones despiadadas de Draco, se aguantó las ganas de abofetear ahí mismo a Draco por ser un imbécil, reunió toda la dignidad que pudo en una situación así y se marchó sin decir una palabra, dejando a ambos riéndose de ella.

Hermione no logro dormir en toda la noche, pero se abstuvo de subir hasta la torre de Astronomía, que caso tenía seguir con esto, sabía que estaba jugando con fuego y estas eran las consecuencias.

Aquel día se había saltado todas las clases, lo mismo al día siguiente. Fue en la noche del viernes que subió hasta la torre de Astronomía con la esperanza de que todo fuera una pesadilla, espero a que Draco subiera por las escaleras y le dijera que todo fue un montaje, pero no, pasaron las horas y Draco nunca llegó.

Hermione lloró su corazón esa noche, sentía que le faltaba el aire, algo dentro de ella se había roto aquella noche, su vista parecía borrosa, sentía que sus fuerzas la abandonaron por completo. Podía sentir cómo su mundo se hundía en lo más profundo de toda oscuridad, se desplomó en el suelo frío sin energías para levantarse, se quedó en el suelo, observando el cielo estrellado en medio de sus lágrimas, parecía todo tan inalcanzable.

Con el paso de las horas Hermione se dio por vencida, se puso de pie y bajó las escaleras de la torre, se dirigía hacia la torre de Gryffindor, su angustia nublando todo su juicio, por lo que no vio a Snape al otro lado del pasillo, el cual al notar su presencia se acercó a ella.

"¿Señorita Granger me quiere explicar que hace merodeando a estas horas de la noche por el castillo?"

Hermione no mostró su sorpresa al verlo, simplemente le dirigió una mirada resignada sin responder, a lo que Snape mostró su molestia.

"¡Le acabo de hacer una pregunta señorita Granger!"

"Solo estaba dando una vuelta"

"¿A estas horas de la noche?"

Hermione solo asintió desanimada. Snape al no obtener respuesta, le pidió que lo acompañara hasta el despacho de la profesora McGonagall, quien no tardó en atender la llamada, por su aspecto se notaba que la habían despertado de un sueño profundo.

"¿Severus me quieres decir lo que está sucediendo, que no puede esperar hasta mañana?"

Snape se apartó y la profesora McGonagall vio a Hermione, quien miraba el suelo.

"¿Señorita Granger me quiere explicar que hace fuera de su dormitorio a esta hora?" le preguntó con severidad.

Hermione ante esto levantó la vista del suelo para mirarla. "Necesitaba tomar aire fresco"

"¡Lo que yo creo que está pasando aquí Minerva es que la señorita Granger solo quiere llamar la atención, no asistió a mi clase ayer, menos a la detención que tenía!"

"¡Señorita Granger estoy esperando una respuesta!"

"¿Qué quiere que diga? Sí al parecer el profesor Snape siempre tiene la razón y de todos modos lo que tenga que decir no servirá de nada, solo quiere descontar puntos a Gryffindor, así que adelante"

"¡No voy a dejar que una alumna me falte de esta manera el respeto!" Snape parecía tener problemas controlando su temperamento.

"¿Y qué hará al respecto?" preguntó con evidente molestia Hermione.

"¡Señorita Granger!" la profesora McGonagall parecía horrorizada ante el comportamiento de Hermione, pero esta no cedió.

"Debería estar feliz porque al fin salí de su clase, no era que estaba harto de que una sabelotodo como yo estuviera en su clase, puede irse al infierno junto a sus malditas serpientes"

Antes de que Snape tuviera la oportunidad de decir cualquier cosa, McGonagall intervino, podía sentir la ira que irradiaba de ambos.

"Ya es suficiente señorita Granger, no sé qué está pasando contigo, pero esto debe terminar, será mejor que te vayas a dormir, ya es muy tarde y mañana te quiero a primera hora en mi despacho para terminar esta conversación, espero que calmes tu temperamento y puedas hablar como la persona civilizada que sé que eres"

Hermione le dio una última mirada enojada a Snape antes de darse la vuelta e irse a su sala común. No sabía de dónde venía toda su ira y no había manera de sacarla fuera sin meterse en problemas, se recostó encima de su cama y gritó en su almohada hasta quedarse dormida.

A primera hora de la mañana Hermione tocó la puerta del despacho de McGonagall, las bolsas oscuras bajo sus ojos demostraban que no había conciliado el sueño, pero era buena ocultandolo.

"Señorita Granger toma asiento" la voz de McGonagall era severa.

Hermione cerró la puerta de entrada tras ella y se sentó frente al escritorio de la profesora McGonagall.

"¿Sabes el motivo de esta pequeña reunión?"

"Lo sé, por mi escapada de anoche y mi completa falta de respeto" dijo avergonzada Hermione.

"¡Señorita Granger esto no puede seguir así, te has saltado días de clases, estas fuera del dormitorio a altas horas de la madrugada, sin mencionar tus calificaciones y trabajos atrasados, sabes que si no te pones al día ahora perderás el año!"

Hermione no respondió, solo miro su regazo, no quería enfrentar la realidad en este momento y mucho menos la decepción de una persona a quien admiraba.

"Hermione sé que hoy tienes solo clases de Pociones y tendrás que asistir, hable con el profesor Snape y está dispuesto a admitirte en su clase siempre y cuando te comprometas a esforzarte y ponerte al día en todo, aunque no lo creas son muchas las personas que se preocupan por ti"

Hermione podía escuchar la preocupación que había tras las palabras de la profesora McGonagall.

"¡Por supuesto también creo que merece una disculpa, esa no es la manera de dirigirte a un maestro, sé que puede ser una persona difícil de tratar, pero merece tu respeto como cualquier profesor o alumno de Hogwarts!"

Hermione era capaz de acceder a cualquier petición de la profesora McGonagall con tal de no seguirla decepcionando, por lo que solo asintió con la cabeza, luego levantó la vista y la miró, McGonagall podía ver la desesperación que había tras su mirada.

"Hermione sé que este año tienes mucha más presión que años anteriores y sé que algo te molesta, esta actitud no es propia de ti, por lo mismo no habrá más castigos, aparte de cumplir con la detención que ya tenías con el profesor Snape, ¿Puedes hacerlo?"

"Eso creo. ¿Puedo retirarme?"

"No tan rápido señorita Granger, creo que ya hemos repasado lo que paso anoche y lo que se espera de ti, pero aún no hemos hablado de lo más importante. Si fui tan indulgente contigo después del arrebato de anoche, es porque puedo ver que ocultas algo, sé que algo está pasando contigo Hermione y no te irás de aquí hasta que me digas la verdad, solo quiero ayudar"

"No puedo seguir con esto, realmente no puedo…" dijo en medio de lágrimas, con el corazón roto.

La Profesora McGonagall dejó de lado su mirada seria y dio paso a una preocupada, salió de detrás de su escritorio y sacó la silla y se sentó junto a Hermione.

"Hermione eres la alumna más brillante en mucho tiempo, ¿Qué pudo haber sucedido para que te pierdas así? ¿Sabes que puedes decirme cualquier cosa?"

"Ha sido todo tan difícil… a veces solo quiero rendirme"


Después de clases Hermione se dirigió hasta el despacho de Snape, era hora de enfrentarlo, una vez que golpeo la puerta de su oficina no tardó en abrir.

"Señorita Granger, me da gusto que haya recapacitado" dijo Snape con su habitual sarcasmo.

"Quería disculparme por cómo le hable anoche, no volverá a suceder"

Snape pareció estudiarla por unos segundos y luego le dio una mirada extraña, Hermione se sintió incómoda por lo que desvió la vista.

"Eso espero señorita Granger, no seré tan indulgente la próxima vez, retomara su detención a la cual nunca asistió, por eso y por los problemas causados tendrá una semana extra"

Snape se hizo a un lado para que Hermione entrara, al entrar se dio cuenta que Draco también estaba ahí, estaba ayudando a limpiar unos calderos sucios, él levantó la vista y al verla volvió a lo suyo, Hermione por dentro sintió ganas de huir solo por su indiferencia.

Snape se aclaró la garganta para llamar su atención. "Señorita Granger ayude al señor Malfoy a limpiar los calderos y organizar los ingredientes de la repisa del fondo, no quiero que pierda el tiempo y que cause más problemas"

Hermione se fue hasta el final del despacho y comenzó a ordenar los frascos con ingredientes, pasó junto a Draco sin mirarlo, haciendo lo posible para evitar que las lágrimas cayeran y se diera cuenta de lo débil que era.

Había pasado una semana en la que Hermione y Draco no se hablaban, cada uno siguió en lo suyo, si bien compartían las clases de Pociones y detenciones por las tardes, cada quien hizo de cuentas que jamás sus caminos se habían cruzado.

Hermione de a poco se iba cerrando más en su mundo, Harry había tratado de acercarse a ella, pero no podía soportar la idea de que le dijeran que se lo habían advertido, quería seguir creyendo que en el fondo de Draco aún había algo de esperanzas, necesitaba creer en algo o enloquecería.

Era día jueves y ambos tenían clases de Pociones. Hermione al entrar al salón, Draco ya se encontraba en su asiento habitual, ambos cruzaron sus miradas y Hermione siguió su camino hasta el final de la clase, se sentó en un rincón sola, no quería lidiar con nadie y mientras menos la notaran mucho mejor.

Todo iba transcurriendo relativamente normal, Hermione tomaba apuntes ocasionales a lo que el profesor explicaba, en eso tocan a la puerta y Snape deja la clase para atender a quien se encontraba del otro lado de la puerta, no tardó en volver, al hacerlo traía una mirada sombría, como cuando alguien se está preparando para dar malas noticias, se dirigió a la clase, en especial a cierta chica que quería pasar desapercibida.

"Señorita Granger, el director la espera en su oficina"

Toda la clase se volteo a verla, Hermione que estaba escribiendo sin sentido en su pergamino, levantó la vista sorprendida al escuchar su nombre y todas las miradas puestas en ella.

Hermione sin más se levantó y caminó hasta el frente de la clase, pasó junto a Draco quien le dirigió una mirada preocupada y salió por la puerta, dejando a todos desconcertados.

Hermione al salir de la sala de clases se encontró con la profesora McGonagall, quien tenía una expresión aún más preocupada que Snape.

"¿Qué está sucediendo?"

"Hermione…"

"¿Me expulsaran?" preguntó con preocupación Hermione. A lo que la profesora McGonagall negó con la cabeza, dándole una sonrisa triste.

"Acompáñame"

Hermione la siguió hasta la oficina de Dumbledore, subieron por la escalera de caracol. Una vez en la entrada la profesora McGonagall le dio un suave apretón a su hombro y la incitó a entrar.

Hermione sabía que algo malo estaba pasando al entrar a la oficina de Dumbledore y darse cuenta que incluso él tenía esa mirada mortificada, la misma que le habían dado Snape y McGonagall.

"Señorita Granger por favor toma asiento" le dijo Dumbledore con un gesto amable indicando la silla frente a su escritorio.

"¿Me quiere decir que está pasando?" Hermione no pudo ocultar su preocupación, era evidente que algo estaba sucediendo, todos actuaban muy extraños.

"Veo que aun sigues siendo muy perceptiva"

"¿Me van a suspender o peor aún a expulsar?" el pánico se apoderó de su voz.

Al ver que Hermione no cedería a tranquilizarse, Dumbledore decidió decirle lo que estaba pasando.

"Hermione hubo un ataque de mortífagos"

Hermione se detuvo abruptamente y miró al Director horrorizada.

"¿Y yo que tengo que ver? ¿Harry lo sabe?"

"El ataque esta vez fue en casa de tus padres Hermione"

El corazón de Hermione se detuvo, todo se volvió borroso como si una niebla oscura se apoderara de todo el lugar y todos sus sentidos se apagarán abruptamente.