DISCLAIMER: Shaman King no me pertenece esto lo digo por compromiso y sin fines de lucro, los amo bai
Yoh apenas se había ido a acostar, estaba muerto de cansancio pero algo le carcomía internamente y es que Anna ha estado un poco extraña y no tenía ni idea de qué se trataba lo que atormentaba a la chica, usualmente se lo decía y sabría como apoyarla o ayudarla, quizás un consejo o palabras de consuelo, se dejó perder en sus pensamientos y llega a una idea que lo empieza a carcomer peor, el quizás porque esos días no se había apoyado en él y surgía una pregunta clave.
¿Por qué le gustaba exactamente a Anna?
Si, la había salvado de aquel OO-Oni, también de sus poderes y de su soledad. Pero ella también lo había salvado de su soledad y era gracias a ella que era tan fuerte, no por nada seguía sus entrenamientos infernales a pesar de que se quejaba en el proceso.
Pero si fuera solo por eso, era por estar en deuda y ser agradecida, se negaba a esa idea. Quería tener algo que la hiciera aferrarse a él, el compromiso ya era un vinculo fuerte pero era algo arreglado y caía en lo mismo, no era poderoso en el sentido de fuerza ya que sus propios amigos en algún punto lo habían superado y estaba seguro de que había chamanes más fuertes que él. Tampoco era el más inteligente o culto no le gustaba leer libros porque se mareaba. Dinero, era de su familia y ella era quien traia de algunos trabajos informales y para colmo quien lo administraba, no le gustaba las cuentas.
Entre más lo analizaba peor se sentía, ya que no poseía una cualidad fuerte como para que ella se fijará en el, a diferencia de ella físicamente nunca fue llamativo, ninguna chica nunca se le confesó y de hecho en la escuela no era alguien que sacara suspiros. Usaba los espíritus para lo justo, no para ser el mejor de la clase y gracias a eso sus notas eran el promedio adecuado, un bonito 8, esta bien pero no se presume.
Tampoco se veia a si mismo como alguien feo, y no era pesado como los chistes de Chocolove o un caracter como Ren o la molestaba tanto como Konchi y Ponchi.
Lanzó otro suspiro, exactamente ¿En que se había fijado Anna para decir que había empezado a amarlo? Él a primera vista le gustó físicamente y luego quiso protegerla de todo mal, decidió que le daría la felicidad que merecía, pero a día de hoy solo le pedía cosas como ir a hacer recados o abrirle un frasco, hacer reparaciones de la casa y no negaba que eso le hacía feliz pero eran cosas que ella no hacía por flojera, podía hacerlas perfectamente, ella era muy independiente.
Tanto que le asustaba a veces que simplemente no lo necesitara...
Sin darse cuenta llegó el amanecer.
"Maldición debo salir de dudas"
No era alguien que le gustará quedarse con dudas y el diálogo era lo mejor para salir de estas y de paso, saber si podía hacer algo más por Anna.
Algo más...
Los colores subieron a su cara y se fue inmediatamente a mojar con el agua fria de la llave.
"Debo dejar de juntarme con Horo Horo cuando empiece a hablar de sus revistas porno".
Bueno, no era algo para avergonzarse del todo, era natural que las parejas lo hicieran y ellos eran una pareja, no casada, pero una pareja al final, y la amaba con toda su alma. Nunca pensó que fuera algo vulgar, para él era hacer el amor, no tener sexo porque Anna fuera hermosa, aunque lo fuera.
"Al menos en ese ámbito los dos estamos satisfechos..."
A pesar de la vergüenza usual de Anna, cuando hablaban de su vida sexual ella no tenía tapujos y pedía o decía su pensar y sentir. Eso le hacía feliz porque quería que ambos pasarán un buen momento cuando hacían el amor, pero eso pasaría a ser solo carnal si no había sentimientos de por medio y le aterraba pensar en la sola idea de que Anna ya no lo amara, o de que siguiera con él solo por costumbre o por el compromiso.
Quería que lo amara tanto como él la amaba.
Amaba a Anna por todo lo que era, por su físico, por su persona, su inteligencia era de admirar, su poder espiritual era grande (a pesar de que se desempeñaban en diferentes áreas estaba muy consciente de que ella superaba sus poderes si lo medían), y como persona era alguien muy organizada y para nada complicada para convivir. Muchas veces sus amigos malinterpretan sus palabras o sus acciones, aunque no entendía porque, y la tachaban de un ser muy horrible a lo que no quedaba con la imagen mental que tenía de ella
"¿Será por qué la amo?"
Sin saberlo, había vuelto al cuarto, eran apenas las 4 y tantas de la mañana, seguro que ni se estaba levantando para entrenar la Itako, pero no podía quedarse con las dudas de su corazón. Necesitaba tener algo que la hiciera aferrarse a él con tanta firmeza como él lo hacía con ella. Y otra vez esos pensamientos se vieron reflejados en el sonrojo de su rostro.
"Es por la hora" culpó.
Entró a la pieza y se sentó en el lado que le correspondía del futón, movió suavemente su hombro llamandola para que despertará, la vio desperezarse y eso floreció sus nervios en la piel del chico mientras que ella se levantaba de su cama y empezaba a buscar sus cosas para el día ya que tenían escuela, era temprano pero una vez se despertará no podía volver a caer dormida.
- Annita, quisiera hablar contigo - la seriedad de su voz le hizo darse la vuelta al verlo, estaba sentado en su cama con un profundo sonrojo.
"¿Qué diablos le pasaba?" se sentó a su lado sobre sus rodillas y lo miró sin expresión ya que mentalmente pensaba en todas las posibles cosas que podrían hablar.
- ¿Te gusta hacerlo conmigo?
- ¿Eh...?
Okay, sin duda ese escenario no se lo había planteado, boquiabierta y roja como un tomate no pudo decir ninguna palabra. Yoh no tenía el valor de verla a los ojos por la vergüenza que sentía de lo instintivo que era su razonamiento, pero algo cierto era que entre más instintivo, era más agresivo su deseo de que fuera suya en más de un sentido, quería que cualquier cosa la hiciera recordar a él o que siempre estuviera en su mente, que la hiciera sentir feliz o despechada con solo una palabra o acción, no quería ser el único en la relación que daba por completo su corazón y lo peor, tenerlo y no saberlo.
Pero el problema de que no la viera es que no notaba que su cara era un poema, ¡Era demasiado temprano para pensar en esas cosas! Se puso de pie Anna y le señalo la puerta con fiereza.
- Vete a entrenar Asakura - habló fríamente, oh no, lo único que sabía firmemente se estaba haciendo añicos. Con mucho temor apreto los puños a su yukata.
- ¿Estas satisfecha conmigo?
Si bien la pregunta la hacía desde todo sentido, por el contexto de la conversación Anna cambió de tonalidad de rojo manzana a rojo espíritu de fuego.
- Largate Asakura.
- ¿Cuál es el problema Anna?
- ¿Qué diablos estas diciendo a estas horas? Hay cosas que simplemente no puedes decir a estas horas
- Eso no tiene sentido - hablo cruzandose de brazos
-El contexto es diferente
- No veo la diferencia, estamos en un cuarto e incluso sobre un futón.
Se había estado conteniendo en darle una cachetada y ahí no pudo más, realmente estaba muy apenada de las palabras de su prometido.
"¿Qué demonios le había pasado que estaba hablando de todo eso?"
- Te daré solo una oportunidad para que te expliques antes de que te ponga un castigo y te corra del cuarto para siempre - un escalofrio le recorrio la columna con solo esa idea, otro suspiro frustrado salió de sus labios y se rasco con inquietud su cabeza, la rubia espero pacientemente que pusiera en orden su cabeza y formulará la explicación.
- ¿Tu me amas incluso ahora Anna?
Sin duda esa pregunta la descolocó, iba a replicar por esa absurda cuestión pero al verlo tan atormentado entendió que su prometido estaba teniendo un conflicto muy serio y necesitaba respuestas y no inquietudes. Tal vez haya sido la hora, quizás su mirada llena de incertidumbre o el infinito amor que le tenía. Se acercó a él y lo abrazó, tomo su cabeza y la enterró en su pecho mientras besaba su cabellera castaña, se separo para besarlo. Ella pasó sus manos por su cuello y jugo con su cabello, toco sus hombros, sus brazos, su torso y espalda, se separaron por la falta de aire y le sonrió, sin darse cuenta estaban recostados sobre el futon.
- Te amo desde Aomori Yoh Asakura, no porque me salvaste, si no porque le diste color a mi vida.
Ahí estaba, aquel tono quedo y tranquilo que solo usaba con él en esos momentos, estaba realmente feliz por esas palabras pero no había sacado todo de su corazón.
- ¿Qué te gusta exactamente de mi Anna? - estaban ahora abrazados mirándose, el chaman estiró el brazo para que lo usará de almohada.
- Que eres tú - no demoro en contestar pero eso solo lo dejo en más preguntas sin resolver- Me gustas por como eres, tan tranquilo y alegre, aunque seas algo despreocupado y distraído siempre tienes en claro tus objetivos. Eres alguien de palabra y noble, tu corazón es muy amable y cargas con una responsabilidad enorme de forma que la haces ver tan fácil que me animas a que yo haga ver las cosas fáciles de hacer también. Amo tu calidez cuando me abrazas, que puedo sentir como me atesoras con solo mirarme e incluso como eres tierno al tratarme - su respuesta era larga, pero en ningún momento se apartó de él o le dejó de ver a los ojos, hizo una pausa y lo abrazo enterrando su rostro en él- Te amo porque me das paz, y físicamente eres mi tipo - esta vez rio al saber que esa también era una inseguridad que tenía en esos momentos, lo sintió tensarse un poco y le hizo gracia - Me gusta tu cara y lo simple que vistes, no descuidas tu aseo y hueles bien, además eres algo alto y tu cuerpo es fornido. Tu sonrisa y tu mirada me alegra el día aunque a veces me exaspera que te rías de todo - al decir lo último gruño por lo bajo pero él no pudo evitar reir - pero, lo único que no me gusta son las cicatrices que te dejo la batalla contra el OO-Oni... Me recuerdan demasiado a que tuviste que sacrificar a tu amigo por mi culpa - hablo mientras paseaba sus dedos por aquellas marcas - y al mismo tiempo es un recordatorio de que darías el mundo por mi - finalizó sus palabras besando su pecho del lado justo del corazón, el realmente quería saltar de alegría en esos momentos pero solo la abrazo con fuerza.
- Gracias por calmarme
- ¿Ya me dirás que te pasó?
- Fue una mala noche, como ayer no me dijiste que te pasaba me sentí muy inseguro...
- Eres un idiota Asakura.
- ¿Ahora porque? - Anna no respondió y se paro, saco unas cosas de su cajón y le hizo una seña para que se acercara, había estambre oculto en los cajones de color naranja, gris y blanco.
- Arruinas mis sorpresas, tenía pensado regalartela por nuestro aniversario pero no he terminado de tejerla me faltan unos 10 centímetros más- Menciono sacando una bufanda a medio hacer, habían concordado de tener el aniversario de noviazgo/compromiso el día que se conocieron
- Mierda no he pensado si quiera en tu regalo
- ¿Qué?
"Doble mierda."
Esa melosa mañana duro hasta ahí, el aniversario estaba a solo una semana pero esa semana fue un infierno para Yoh por no preparar con tiempo el regalo de su linda prometida, aunque, habia aclarado su corazón y su humor mejoró mucho solo por esas palabras, es algo que presumirá después a Manta, mientras sólo le caería la ira de Anna.
