Hola a todos, estoy de vuelta al fin :)
Que este 2020 les traiga solo cosas buenas a sus vidas, lo mejor del mundo para ustedes mis queridos lectores!
Noche Buena había llegado con todo su esplendor a la ciudad, era una noche fría de diciembre, todos parecían muy felices por compartir esta instancia en familia antes de la Navidad.
Todos menos cierto chico rubio de mirada triste. Draco caminaba por las solitarias calles de Londres sin rumbo fijo, no sabía dónde ir o a quién recurrir, todo lo que hacía era recordar una y otra vez la discusión que se había llevado a cabo hace unas horas atrás en el despacho de su padre en la Mansión Malfoy.
"Draco debes entender cuál es tu lugar, tienes que hacerte la marca y tomar tu lugar, no tienes alternativa"
"No puedes obligarme a aceptar la marca tenebrosa, por favor no me pidas hacerlo, soy tu hijo"
"Por qué eres mi hijo es que debes hacerlo, no te das cuenta de todas las consecuencias que habrá si no lo haces"
"¿Qué hay de mi felicidad, o de lo que yo quiera? ¿Acaso eso no cuenta?"
"Draco deja de ser tan terco, si aún aprecias a tu familia, haz lo que te digo"
"¿Y tú aún sientes aprecio por tu único hijo o complacer al Señor Tenebroso es más importante para ti?"
Draco no sabía muy bien en qué momento las que suponían serían unas vacaciones tranquilas, se habían transformado en un verdadero infierno, tenía toda esta presión bajo sus hombros y no parecía tener opción. Jamás pensó que las cosas terminarían así, mucho menos que dejaría la casa de sus padres en este estado, sintiéndose tan miserable por todo. Se suponía que el hogar era un lugar de refugio, en donde los jóvenes se sentían seguros y podían compartir en familia después de largos meses de estudios y lejos de casa. En cambio, ahora que estaba de vuelta se sentía tan ajeno a todo, ya nada era igual, el mismo había cambiado mucho en los últimos meses, había descubierto una parte de él que no sabía que estaba ahí, una sonrisa cálida se formó en sus labios al recordar la causa de tanto cambio, aquella chica de cabello alborotado había sacado lo mejor de él.
Siempre Hermione decía que Draco la había salvado, pero a los ojos de Draco la realidad era otra, Hermione fue quien lo salvó aquella noche de noviembre, ella fue quien lo liberó de la oscuridad absoluta en la que parecía estar sumergido.
Ahora Draco caminaba por las frías calles de Londres muggle sin rumbo, el frío cada vez se hacía más intenso, pero al menos no estaba nevando, aunque nada de eso importaba ahora, lo único que Draco quería era alejarse de lo que una vez fue su hogar, sin mencionar a su familia, que lo único que había hecho desde que volvió a casa no era otra cosa más que presionarlo para que hiciera algo a lo que él se negaba, no podía vender su alma y pasarse al lado oscuro, no después de descubrir que aún quedaba algo bueno en él.
Mientras iba caminando por un barrio tranquilo, Draco iba observando a través de las ventanas como las personas parecían felices mientras compartían en familia la víspera de Navidad, Draco se preguntaba cómo sería tener una Navidad así de tranquila, sin muchos lujos, pero con una familia cariñosa, donde pudiera decidir sobre su vida, donde tuviera el apoyo de sus padres sin importar lo que él decidiera.
Era tan estúpido por pensar así, sabía que eso jamás pasaría, el estatus para su familia era mucho más importante que cualquier sueño adolescente que él pudiera tener, enamorarse no era una opción. Si tan solo fuese más fácil, había tratado de que esto no pasara, pero ya era demasiado tarde, mientras más se alejaba de Hermione, esta parecía clavarse más en lo profundo de su ser, ahora mismo no dejaba de pensar donde estaría Hermione, si estaba teniendo una mejor velada de lo que él tenía, al menos si ella era feliz, él también podría serlo.
Mientras observaba los muggles, estos cada vez le parecían más simples, tan sencillos a sus ojos. Si tan solo el pudiera tener una vida así, añoraba tanto tener una vida así de despreocupada, jamás imagino que pensaría en ellos de esta manera, pero ahora que los veía de cerca lo anhelaba tanto, quería una vida así de sencilla lejos del poder que su padre tenía sobre él.
Draco seguía caminando mientras seguía observando todo a su alrededor, las personas normales estaban tan ajenos a su mundo, sin saber que por un solo error toda su tranquilidad podría acabar con eso, cualquiera de ellos podría ser a quien eligiera Voldemort para asesinar, cualquier inocente podría morir en sus manos si aceptaba la marca, no podía aceptar eso, aunque eso significara alejarse de todo y todos.
Las lágrimas caían silenciosas por el rostro cansado de Draco mientras veía como todos a su alrededor parecían felices, todos menos él, ¿por qué no podía ser feliz como todos? Si tan solo hubiese alguna salida, un escape a su realidad, si tan solo hubiese algún lugar en el cual refugiarse, en estos momentos deseaba tanto tener amigos, pero no había nadie ahí para él. Si tan solo supiera donde vivía Hermione iría por ella, la necesitaba tanto, extrañaba sus palabras de aliento, algo que nadie había hecho por él, necesitaba tanto sentir que aún había algo bueno por lo que luchar, cuando todo a su alrededor parecía desmoronarse sin poder hacer nada por detenerlo.
"¡Debes alejarte de esa chica estúpida que solo entorpece tus planes!"
Le había dicho su padre con total desprecio en cuanto le había reprochado su amistad con Hermione, parecía estar al tanto de cada uno de sus pasos en Hogwarts. El escuchar eso acabó con la poca paciencia de Draco, quien la defendió y en su enfado hacia su padre había confesado los sentimientos que tenía hacia aquella chica Gryffindor que tanto amaba, lo cual pareció enfurecerlo más.
"¡Jamás permitiré que mi hijo arruine su futuro al lado de esa chica sangre sucia!"
Draco aún seguía escuchando las duras palabras de su padre. No entendía como él mismo había usado esas mismas palabras en contra de ella, ahora se sentían tan amargas escucharlas, aunque no estuvieran dirigidas a él, nadie tenía el derecho de decirlas a nadie, menos a una chica tan dulce como Hermione, si tan solo ella estuviera aquí…
En otro lado de la ciudad, no muy lejos de donde estaba Draco, se encontraba Hermione. Estar en casa había sido todo un desafío, todo parecía tan surrealista, la casa no era la misma, sus recuerdos ya no estaban, si bien sus padres seguían siendo las mismas personas cariñosas y amables de siempre, ya nada era lo mismo, todo su entorno había cambiado y no precisamente para bien.
Hermione había tenido una cena tranquila de Noche Buena junto a sus padres, disfrutando la compañía en familia como lo hacían cada vez que Hermione los visitaba, hablaron de la escuela, de lo mucho que había aprendido este año escolar y de lo bien que lo pasaba con sus amigos… por supuesto que todo no era más que una absurda mentira, algo que jamás pensó que haría con sus padres, pero que ahora era necesario, cualquier cosa antes de arrastrarlos a ellos con su enfermedad.
A pesar de la grata velada, los pensamientos de Hermione estaban a kilómetros de ahí, no dejaba de pensar en Draco, a cada instante su mirada se iba al anillo que sostenía su dedo, jamás había tenido una joya tan valiosa, pero más que eso jamás nadie le había obsequiado algo así, tenía un valor difícil de comprar con dinero, aquel anillo guardaba los sentimientos más puros que un ser humano pudiera sentir.
Ahora eran pasadas las 2 de la madrugada, Hermione estaba sentada en el suelo junto al sofá de la sala de estar observando las luces parpadeantes del pequeño árbol de Navidad, sus pensamientos estaban tan lejos de ahí, si bien estaba en casa con sus padres, esto estaba lejos de sentirse su hogar, cada rincón era extraño a ella, extrañaba su antigua casa, en especial su habitación, todo parecía ser otra realidad donde nada se sentía igual. Ella misma había cambiado tanto en los últimos meses, ya nada era igual y jamás volvería a serlo.
Ahora sus padres vivían en una pequeña casa a las afueras de Londres que le había facilitado la Orden en cuanto lo perdieron todo, si bien era muy acogedora no se sentía parte de ella.
A pesar de todo Hermione aún tenía un motivo que la impulsaba a seguir adelante sin importarle lo que pudiera pasar, miró el anillo que sostenía su dedo, desde que se lo dio Draco no se lo había quitado, de cierta manera la hacía sentir cerca de él. A pesar de la distancia, se preguntaba qué estaría haciendo, se preguntaba si estaría bien con sus padres. Su corazón parecía latir más de prisa cuando pensaba en él, en ese chico terco que la había rescatado de tantas maneras diferentes que jamás podría imaginar.
Hermione trajo a su mente la noche anterior, así mismo la había encontrado su madre, en plena madrugada mientras observaba el tintinear de las luces navideñas que adornaban el pequeño árbol navideño.
Hermione no había notado que su madre había entrado en la sala de estar y la quedó observando por un tiempo antes de acercarse y sentarse en el suelo junto a ella.
"¿Me pregunto en qué piensa tanto mi niña?" le había dicho su madre con una sonrisa cariñosa.
Hermione al escuchar su voz se volteó hacia ella sorprendida de verla, sin saber en qué momento se había sentado junto a ella, Hermione tenía tantos pensamientos en su mente que no supo que decir.
"Debe ser algo muy importante para que estés a esta hora de la madrugada sin dormir, me pregunto si esto se debe a un chico"
Hermione se había sonrojado ante las palabras de su madre bajando la mirada avergonzada, mientras sus dedos seguían acariciando la pequeña serpiente de su anillo. Esto parecía hacerlo mucho, pero no parecía darse cuenta de ello.
"Hermione te conozco mejor que nadie, puedo ver en esos ojos tuyos que extrañas a alguien, y a diferencia de otras veces, no parece que sean tus amigos, desde que llegaste tu cabecita parece estar en cualquier lugar menos aquí, dime ¿qué chico se atrevió a robar el corazón de mi niña?"
"Se llama Draco" le respondió Hermione con timidez.
"Draco, que nombre tan extraño" dijo su madre con curiosidad. "Así que Draco tiene la culpa de robarse toda tu atención, será mejor que ese chico no haga sufrir a mi niña o tendrá que vérselas conmigo"
"Draco jamás haría algo así mamá, es la persona más dulce que he conocido" dijo Hermione con cariño, encontrándose con los ojos de su madre, quien pareció estudiarla por un momento.
"Entonces, ¿por qué pareces tan triste desde que volviste?" había preguntado su madre con preocupación.
"Él es de Slytherin, se supone que deberíamos odiarnos, todos los demás lo hacen, pero yo no puedo, no cuando ha sido tan lindo conmigo, aunque nadie pueda verlo"
"¿Lo amas?"
Hermione no había dudado un segundo en responderle a su madre. "Con todo mi corazón, pero tengo tanto miedo de quererlo y de todo lo que esto puede significar para nosotros, el viene de una familia muy rica y yo solo soy Hermione, una chica normal, nada especial" la voz de Hermione se fue apagando de a poco.
"No digas eso Hermione, eres una chica dulce, inteligente, además de bonita, tienes un corazón enorme, muchas veces interpones tu bienestar con tal de estar ahí para los demás, dime si todo eso no te hace una persona especial"
"A veces no parece ser suficiente…" Hermione le respondió con lágrimas en sus ojos, que se negaba a dejar caer.
"Si existe amor todo es posible" le había dicho su madre con sinceridad.
"Su padre jamás permitiría que su único hijo este con una sangre sucia como yo"
"No sé lo que signifique eso, pero no dejaré que te refieras a ti misma de esa manera, tampoco puedo permitir que mi única hija sea tan infeliz" Hermione desvió la vista de su madre, no había manera que alguien pudiese hacer algo por ella en ese momento, ni siquiera su madre.
"Hay algo más, ¿cierto?" preguntó su madre, cuando Hermione no respondió.
"Su padre fue el responsable de que perdiéramos todo" dijo Hermione entre sollozos, sin poderse controlar.
Hermione esperaba que tras esta confesión su madre sintiera rechazo hacia Draco y su familia y le pidiera que se alejara de él. Nunca espero que ella solo le diera una mirada comprensiva mientras se acercaba a ella y colocaba un brazo en sus hombros y la acercara a ella en un reconfortante abrazo. Estuvieron así por largos momentos mientras Hermione desahogaba su corazón roto, no podía evitar llorar, todo parecía tan injusto.
"No entiendo por qué no pareces molesta" le reprochó Hermione cuando se tranquilizó.
"¿Y tú lo estás?" preguntó su madre mirándola a los ojos, mientras Hermione bajó la mirada una vez más.
"No con él, pero si con su familia, me duele tanto no tener una casa a la cual llamar hogar, ¡estas no son nuestras cosas, todo esto parece tan ajeno a nosotros, odio a su padre, odio tener que vivir aquí, odio tanto sentirme de esta manera, odio todo, a veces me odio a mí misma!"
"Hermione, es normal sentirse de esa manera después de todo lo que ha pasado, pero dime si la vida te diera una nueva oportunidad ¿cambiarías todo esto a cambio de no haberlo conocido?, que todo siguiera a cómo eran las cosas antes de haber perdido nuestra casa"
Hermione se quedó en silencio, procesando la pregunta de su madre, ¿Qué haría si la vida le diese una nueva oportunidad a cambio de nunca haber conocido a Draco? ¿Lo cambiaría todo?
Hermione levantó la vista hacia su madre y no pudo ocultar la tristeza que sentía, le aterraba tanto enfrentar sus sentimientos. "Mamá, ¿acaso tú no cambiarías nada?"
"Absolutamente nada, si bien extraño nuestra antigua casa, era solo eso, una casa, algo material, en cambio nuestro hogar siempre será donde nosotros estemos, mientras nosotros estemos bien y unidos como familia, para mí eso es suficiente para ser feliz. Cada paso que damos en nuestras vidas nos lleva a nuestro destino"
Hermione se acercó a su madre y la abrazó con fuerza. "Te quiero muchísimo mamá, eres la mejor mamá que podría desear, nunca lo olvides, te amo"
"Yo también te amo, y recuerda que la vida es muy corta para preocuparse tanto, ese chico es muy afortunado de tenerte, si nadie más puede ver lo bueno que hay en él, ellos se lo pierden, así que no estés triste, quiero a mi pequeña alegre de vuelta"
La madre de Hermione la apartó lentamente de sus brazos, al sentir que Hermione sollozaba. Al apartarse de ella, observo sus ojos tristes, sin comprender el porqué de sus lágrimas.
"¿Qué sucede Hermione? ¿Por qué lloras?" preguntó con preocupación su madre.
"¿Mamá me extrañarás cuando ya no este?"
"¿Qué clase de pregunta es esa Hermione? Por supuesto que te extrañaré cuando vuelvas a clases, como siempre lo hago cuando estás lejos de casa, cada vez que te vas hay un vacío enorme, pero sé que es solo cosa de tiempo para tener a mi niña de vuelta en casa"
Hermione recordaba con el corazón apretado las palabras de su madre la noche anterior, como podría decir adiós ahora que sabía que quizás sería la última vez…
Estuvo a punto de confesarle todo a su madre esa noche, había repasado tantas veces en su mente cómo contarle todo, pero viendo la mirada preocupada de su madre, no pudo hacerlo. Al final el tiempo hablaría por si solo y tendrían que resignarse con eso, al menos ella ya no estaría para verlo.
Hermione se perdía en sus pensamientos más profundos mientras acariciaba con nostalgia la serpiente verde esmeralda de su anillo, fue por una fracción de segundos que pudo ver como los ojos de la pequeña serpiente brillaban de un rojo intenso, Hermione tuvo que parpadear un par de veces para comprobar lo que veía, o si era parte de lo cansada que estaba, observó el anillo con mucho cuidado, pero este no tenía nada fuera de lo normal, aun así su corazón comenzó a latir con fuerza, era como si algo muy malo estuviera por pasar, no pudo evitar pensar en Draco, era como si todos sus sentidos le estuvieran advirtiendo que algo muy malo estaba por suceder.
Hermione aún no salía de su transe cuando un fuerte golpe en la puerta la sobresaltó, sacándola de sus pensamientos abruptamente. Hermione se puso de pie a toda prisa y se acercó algo temerosa a la puerta principal de donde provenían los sonidos. Su corazón seguía latiendo acelerado, sin duda esta no sería una noche tranquila, se preguntó si debía alertar a sus padres mientras se acercaba a la entrada principal, pero ya era demasiado tarde, su curiosidad era mucho más grande que su sensatez, dando una respiración profunda Hermione abrió la puerta.
Tras la puerta se encontraba Nymphadora Tonks, al verla Hermione soltó un suspiro aliviado que estaba conteniendo y su corazón comenzó a calmarse de la ansiedad, aunque aún seguía latiendo con fuerza. Hermione había conocido a Tonks a principios del año escolar cuando Harry se había metido en problemas por usar magia fuera del colegio, si bien se habían saludado y cruzado un par de palabras, no la conocía más allá. Solo sabía que pertenecía a la nueva Orden y que trabajaba para el Ministerio de la Magia, por lo que tenía su total confianza.
Tonks al ver a Hermione le dedicó una sonrisa tranquilizadora, aunque Hermione parecía cualquier cosa menos tranquila, le dio una mirada preocupada en cuanto abrió la puerta.
"Hermione es bueno verte de nuevo" le dijo Tonks con despreocupación, entrando a la casa sin ser invitada.
Hermione cerró la puerta tras ella y se dirigió hasta la sala donde Tonks se sentó en el brazo del sofá.
"Tonks disculpa, pero ¿qué hace aquí y a esta hora?" preguntó Hermione, aun confundida por su presencia.
"Solo venía a verificar que todo estuviese en orden" dijo Tonks despreocupada como si hablara del clima, pero Hermione no estaba teniendo nada de eso, su visita no era casualidad, de eso estaba segura.
"Sigo sin entender, ¿sucedió algo de lo que debería preocuparme?"
"Nada de eso Hermione, relájate. ¿No ha sucedido nada fuera de lo común?"
Hermione cada vez parecía perder más la paciencia, estaba segura que Tonks algo le estaba ocultando. "Todo ha estado tranquilo, demasiado tranquilo. ¿Ahora me dirá de que se trata todo esto?" preguntó con impaciencia Hermione.
"Está bien, solo quería verificar que todo estuviera en orden. Se han reportado algunas apariciones de mortífagos en la ciudad, pero nada de qué preocuparse, estás segura en esta casa, los aurores se encargan de eso"
"Mortífagos dices… ¿acaso sabes cómo está D…?" Hermione no pudo terminar la frase, un nudo se formó en su garganta, bajo la mirada sin querer mostrar sus sentimientos a alguien que no conocía bien, además Tonks ni siquiera sabía de esta parte de su vida y no tenía por qué saberlo.
Tonks como si pudiera leer sus pensamientos, le dio una mirada comprensiva a Hermione.
"Todo estará bien" le dijo Tonks poniéndose de pie y colocando una mano en su hombro, antes de acercarse a la puerta principal y salir.
Hermione la vio marcharse con lágrimas en sus ojos, sabía que había algo más, su angustia parecía intensificarse una vez más, su corazón una vez más parecía acelerarse sin control. Hermione se acercó lentamente hasta la ventana que daba a la calle, se sentó junto a ella mientras contemplaba el cielo, deseaba con todo su corazón que Draco estuviera bien, fuera de peligro, que su corazón se equivocara por esta vez y que él estuviera a salvo. Hermione una vez más contempló la pequeña serpiente de su anillo, mirándola con nostalgia, extrañaba tanto a Draco.
Al igual que antes de la llegada de Tonks, Hermione pudo ver una vez más que los ojos de la serpiente brillaron por una fracción de segundos de un rojo intenso, se puso de pie a toda prisa y su vista se dirigió a través de la ventana, parecía que alguien la observaba desde afuera, Hermione se congeló por un instante, podía distinguir perfectamente aquel cabello rubio. Hermione se acercó con cuidado hasta la ventana y limpió el vidrio empañado con su mano, pero ya no había nadie.
Hermione sin importarle que los mortífagos estuvieran cerca, salió sin pensarlo dos veces, se fue hasta la acera del frente, pero no había nadie, corrió un par de calles sin encontrar nada, Draco no estaba por ningún lado. Se preguntaba si ya estaba alucinando, pero todo parecía tan real, él parecía tan real. Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro sin poder detenerse, sintiéndose frustrada al no poder saber nada de él.
Hermione no le quedó más remedio que volver a casa con su corazón resignado, haciéndose a la idea que su gran imaginación le estaba jugando una mala pasada y que pronto volvería a ver a Draco cuando las clases comenzaran, era solo cuestión de tiempo.
No muy lejos de ahí se encontraba Draco, completamente sumergido en su dolor, sintiéndose más solo que nunca, no sabía cuánto había caminado, ni lo tarde que era. Había llegado hasta un pequeño parque solitario y se sentó en una banca fría, las lágrimas comenzaron a caer con angustia llevándose parte de su sufrimiento que no parecía tener fin. Su mente seguía cuestionándose todo, no se suponía que las cosas debían terminar así.
Estaba tan cerca de ella y a la vez tan lejos, quería tanto abrazarla y nunca más dejarla ir, quería tanto huir con ella lejos del odio de su familia, donde nadie pudiera lastimarla, donde fueran solo ellos dos.
Quería tanto a Hermione Granger que no podía condenarla a una vida así llena de penumbras, la amaba tanto que era mejor que él se alejara de su vida para siempre.
