Las vacaciones de invierno habían llegado a su fin. Los estudiantes regresarían a Hogwarts en el Expreso de las 11:00 a.m.

Los padres de Hermione estaban de camino a la estación de King´s Cross, todo el camino estuvo en completo silencio, las cartas ya se habían lanzado, no había nada más que agregar.

Hermione había tomado una decisión y esa era guardar el secreto de sus padres, ellos no tenían por qué saber acerca de su enfermedad, ya se enterarían a su debido tiempo. Ahora no se sentía capaz de decir adiós para siempre, le costaba tanto despedirse de ellos, sabía que si decía una sola palabra rompería en llanto y no sería capaz de dejarlos, no cuando quedaba tan poco.

No tardaron en llegar a King's Cross, habían llegado con diez minutos de anticipación, cuando estuvieron frente a la plataforma 9¾, sabían que había llegado el momento de despedirse. Hermione se volvió hacia sus padres con un nudo en la garganta, y les dio un fuerte abrazo a ambos.

"Los voy a extrañar" dijo Hermione entre lágrimas.

"Mi niña no tienes que estar triste, estaremos aquí cuando termine el año escolar"

"Nos veremos pronto mi niña hermosa, te amamos" le dijo su madre con una sonrisa.

Hermione una vez más les dio un fuerte abrazo antes de perderse entre la multitud y desaparecer.

Hermione había hecho esto mil veces, pero esta vez despedirse de sus padres fue una tarea mucho más difícil, trató con todas sus fuerzas que lo que sentía por dentro no se traspasara a su exterior arruinando así todo lo que había disfrutado estos últimos días en compañía de sus padres.

En completa resignación con su decisión caminó por la plataforma 9¾ buscando entre los estudiantes que se encontraban en el andén a cierto chico rubio de rasgos petulantes, pero no lo encontró. En su búsqueda, su mirada se encontró con Harry, que se encontraba a unos pocos metros con todo el clan Weasley, pero desvió la mirada sin querer encontrarse con aquellos ojos llenos de preguntas que Hermione sabía que jamás podría contestar.

Subió al vagón del tren y se fue hasta el último compartimiento y lo cerró, no quería ser molestada por nadie, tenía muchas cosas en las que pensar. Visitar a sus padres no fue la mejor decisión de todas, a pesar de lo agradable que era volver a verlos, no había momento en que no quisiera confesarles todo acerca de su enfermedad y el poco tiempo que quedaba, pero cada vez que iba a intentarlo un fuerte remordimiento se lo impedía, no podía hacerlos sufrir con su dolor. En cambio, ahora tenía que vivir con el peso de sus decisiones, a pesar de saber que era lo correcto, era muy difícil de llevar.

Hermione había planeado en su mente reencontrarse con Draco en el tren, pero grande fue su desilusión al no verlo. Quería creer que él se encontraba bien, que todo lo que pasó en Londres no fue más que su gran cansancio e imaginación. Además, estamos hablando de Draco Malfoy, él jamás iría a una ciudad a las afueras de Londres muggle, definitivamente eso no era lo suyo.

Aunque si hablamos del verdadero Draco él era diferente a lo que todos creían de él, su apellido no lo definía, él era mucho más que eso, eso era algo que Hermione había aprendido hace mucho tiempo atrás.

Mientras el tren seguía su curso, Hermione miró con nostalgia una fotografía que había traído consigo, era de la mañana de Navidad, estaba ella junto a sus padres. Se preguntaba si con el tiempo ellos la olvidarían…

Ahora en Hogwarts sería el comienzo de un nuevo periodo escolar, los últimos meses que tendría para compartir con las personas más importantes de su vida, aparte de sus padres.

Hermione entró al Gran Comedor con todo el valor que pudo reunir, nunca le habían gustado las despedidas, pero sabía que en algún momento tendría que hacerlo, al menos por ahora no era una opción.

Una vez en el Gran Comedor su mirada se fue hasta la mesa de Slytherin, buscando a Draco. Grande fue su decepción al no verlo, si bien no lo había visto en el tren, aún mantenía las esperanzas de que lo vería a la hora de la cena. ¿Dónde estaría? Se preguntó con amargura. Todo esto le estaba resultando muy extraño. Hermione optó por darse la media vuelta y salir del Gran Comedor, no tenía ánimo de escuchar a sus compañeros de clases mientras presumían lo maravillosas que habían sido sus vacaciones, mientras que ella en lo único que pensaba era que serían las últimas.

Subió hasta la torre de Astronomía pensando encontrarlo ahí, pero Draco tampoco estaba. Era como si la tierra se lo hubiese tragado, ni siquiera podía preguntarle a nadie por él, no tenía a quien recurrir, le hacía tanta falta ese chico rubio, habían sido dos semanas lejos de él y ya comenzaba a extrañarlo.

Ya no tenía caso de seguir esperándolo por lo que se fue hasta su sala común y se recostó en su cama, no tardó mucho en quedarse dormida, al parecer estaba más cansada de lo que creía.

Su tranquilidad duró hasta que a mitad de la noche se despertó sobresaltada por una pesadilla, su respiración agitada no la dejó volver a dormir, por lo que se fue hasta la sala común y trató de mantener sus sentidos bajo control. Ya todos se habían ido a la cama, al parecer era muy tarde para que alguien más siguiera despierto, por lo que se quedó junto a la chimenea hasta que el fuego se extinguió.

Cada segundo que pasaba la hacía enloquecer aún más, si no tenía noticias de Draco pronto terminaría por acabar con la poca cordura que le quedaba. Sabía que no podía seguir así, mientras no hubiera noticias de Draco no volvería a dormir.

Sin más salió de la sala común y bajó hasta las mazmorras, no le importaba estar a mitad de la noche, no podía seguir sin saber nada de Draco, algo dentro de ella le advertía que algo muy malo estaba pasando con él. Golpeó la puerta lo más fuerte que pudo, mientras su respiración se entrecortaba por falta de aire, no tardó en abrir la puerta un Snape muy sorprendido de verla.

"¿Señorita Granger que hace aquí? ¿Sucedió algo importante para que este merodeando por los pasillos a estas horas de la noche?"

Hermione levantó la vista hacia su profesor, Snape pudo ver la desesperación en sus ojos, lo que lo hizo preocupar.

"¿Se siente bien?" volvió a preguntar Snape, al no recibir respuesta de Hermione, quien parecía estar luchando con sus emociones.

"Necesito saber si Draco está bien, ¿Por qué no llego en el tren como todos los demás?" la voz de Hermione estaba cargada de preocupación.

"Señorita Granger no pudo esperar hasta mañana para preguntar que decide saltarse un montón de reglas"

"Por favor, necesito saber si él está bien"

"Y ¿Qué la hace pensar que yo manejo ese tipo de información?"

"Usted es su padrino, él me lo dijo, conoce a su familia, solo quiero saber si él está bien"

"Será mejor señorita Granger que vuelva a la cama y se evite futuros problemas, lo mejor es que se mantenga al margen de todo esto"

"¿Cómo me puede decir eso? Ya es demasiado tarde para que me diga eso" una lágrima se perdía por el rostro de Hermione.

"Como ya le dije, será mejor que vuelva a su dormitorio, antes de restarle puntos por su falta de juicio"

"Está bien, no me diga absolutamente nada, ya lo averiguaré, solo espero que no sea demasiado tarde y que pueda vivir con eso en su conciencia" le respondió Hermione molesta, al parecer sin darse cuenta de con quien hablaba.

Snape solo observó en silencio el arrebato de Hermione, tenía muchas preguntas que hacer, pero antes de decir cualquier cosa Hermione dio media vuelta y se fue.

Hermione no logró dormir esa noche, el no tener noticias de Draco la estaba consumiendo por completo, ya no sabía qué hacer, su cabeza comenzaba a divagar acerca de lo que podría haber sucedido y cada idea era mucho peor a la anterior, y si Draco había recibido la marca por qué no tuvo más alternativa…

Eso no podía pasar, Draco no podía vender su alma al lado oscuro, no mientras aún hubiese luz dentro de él, Hermione no dejaría que las sombras se apoderaran de su vida, mientras tuviera vida no lo permitiría.

Cuando la mañana llegó, Hermione con todo su pesar y cansancio se fue a clases, aunque no prestó atención a nada ni a nadie, su mente estaba en Draco, nadie puede desaparecer así de la nada y nadie parecía preocuparse por su ausencia, ¿Acaso nadie se preocupaba por lo que pasara con él?

Llegando la hora de la cena, Hermione se dirigió hasta el Gran Comedor, no tenía hambre, pero quería asegurarse que Draco estuviese ahí, esperaba con ansias que sus miedos fueran solo eso, producto de su gran imaginación. Al acercarse al comedor Hermione, vio que al otro lado del pasillo se encontraban hablando Crabbe con Blaise, se veían preocupados por algo, la intuición de Hermione la llevó hasta ellos, se acercó por el otro lado del pasillo y se escondió tras un pilar alto que se encontraba tras ellos, apenas escuchó el nombre de "Draco" salir de la boca de uno de ellos, se quedó atentamente escuchando lo que decían.

"…como te decía nadie sabe nada de él, es como si la tierra se lo hubiera tragado"

"Desapareció la noche de Navidad, desde entonces nadie lo ha visto"

El corazón de Hermione pareció detenerse un segundo, manteniendo todo su autocontrol para no acercarse a ellos y preguntarles directamente, sabía que eso era una pésima idea, aunque lo hiciese de todos modos no le dirían nada. Aquellas palabras hicieron click en su cabeza, ´Draco había desaparecido la noche de Navidad´ Hermione podía sentir su cuerpo temblar, retrocedió de donde estaba sin prestar atención a quien la viera espiando, salió corriendo del lugar, un nudo en su estómago no la dejaba llorar, le faltaba el aire, Hermione no pudo seguir caminando, podía sentir como todo a su alrededor se desvanecía, se sujetó apoyando las manos en la pared, pero sus piernas no respondían por lo que se sentó en el suelo con su corazón latiendo a toda prisa, un fuerte dolor de cabeza nubló todos sus sentidos, y no había nadie con ella para socorrerla.

Recordó aquel sueño que la había despertado la noche anterior, en el que caía del precipicio sin Draco ahí para salvarla, toda aquella angustia la estaba sintiendo ahora, pero esto era tan real como el hecho de que Draco no estaba aquí para ayudarla.

Hermione aún estaba sentada en el suelo con ambas manos sujetando su cabeza, quería que todo esto fuera un sueño, quería despertar de todo esto, todo daba vueltas. De pronto sintió una mano sobre su hombro, pero no era capaz de reaccionar, su cabeza dolía mucho, sintió que esta misma persona la ayudaba a ponerse de pie, Hermione se levantó tambaleándose, su cuerpo no parecía responder.

"Ven acompáñame" Hermione solo escuchó una voz suave que le hablaba mientras la conducía por un largo pasillo.

Bajaron unas escaleras y entraron a una especie de salón que no podía distinguir. Hermione fue conducida hasta un sofá, en el cual se sentó con cuidado, todo seguía dando vueltas.

Hermione bebió una poción que le ofrecieron, sin siquiera preguntar lo que era, cualquier cosa era mejor que este terrible dolor de cabeza, en cuanto hizo efecto, comenzó a ver con mayor claridad, vio a su alrededor, reconociendo el lugar, ya había estado aquí antes, ¿por qué de todos los lugares tenía que estar nuevamente aquí?

Hermione parecía horrorizada cuando descubrió que estaba en el despacho de Snape. Él había sido quien la ayudó, todos sus sentidos volvían de a poco a ella, lo cual hacía que todo fuese mil veces peor. El profesor solo la observaba en silencio, absorto en sus pensamientos, lo que hacía que Hermione se sintiera aún más incómoda.

"Agradezco su ayuda profesor, pero debo irme" dijo Hermione sin poder ocultar la molestia en su voz, se puso de pie aun tambaleándose y se dirigió hasta la salida.

"Señorita Granger, esta es la segunda vez en menos de un mes que la veo casi desmayarse, esto no es normal, creo que lo mejor será que llame a Pomfrey"

"¡Estoy bien! ¡Además este no es asunto suyo!" dijo con enojo Hermione.

"Para ser alguien a quien acabo de ayudar, debería al menos mostrar algo de agradecimiento"

"Yo no pedí su ayuda, y jamás le agradecería a alguien como usted" el desprecio que sentía Hermione por Snape se hacía evidente en cada una de sus palabras. "Usted sabía que Draco estaba desaparecido y no dijo nada, ¿Cómo puede hacer como si no importara? ¿Acaso no se preocupa por él, si quiera un poco?"

"Señorita Granger, ya no sé cómo decirle que lo mejor es que no se involucre en asuntos que no entiende"

"Es demasiado tarde para eso" dijo Hermione sin darse cuenta que su mirada se dirigió al anillo que sostenía su dedo, Snape no se perdió esto, mientras la observaba con una mirada indescifrable.

"¿Draco se comprometió contigo?" preguntó Snape escéptico.

Hermione levantó la mirada hasta su profesor, sorprendida por lo que acababa de oír.

"¿Comprometer?" preguntó incrédula, para ella solo era un regalo de Draco.

"Ahora entiendo muchas cosas, le advertí a Draco que esto no puede ser posible"

"Usted es su padrino y no muestra ni siquiera un poco de empatía por su ahijado"

"Creo que lo mejor será llamar a Madam Pomfrey, no quiero que se desmaye aquí, además de que necesita tomar algo para tranquilizarse"

"¡No necesito tomar nada! Acaso no se da cuenta que Draco no quiere ser un mortífago, ¿acaso alguien le preguntó lo que él quería? ¿O los de su clase solo imponen?, ahora él está quizás donde y nadie mueve un dedo por buscarlo… él solo buscaba a alguien que viera más allá de todos los prejuicios y me encontró a mí, así que no me pida que me aleje, porque no lo haré"

Hermione estaba aún más enojada y preocupada, una vez más sentía que perdía el equilibrio, Snape iba a ayudarla, pero Hermione se alejó.

"No quiero su ayuda. Lo quiero a él, quiero que él este bien" Hermione no pudo contener sus lágrimas mientras la angustia la invadía.

"Creo que lo mejor será que la lleve a la enfermería, Madam Pomfrey sabrá qué hacer"

"Estaré bien, además Madam Pomfrey ya no puede hacer nada por mí, nadie puede hacer nada por mí" Hermione se iba, pero el maestro de Pociones no la dejó, se interpuso en su camino.

"¿Estás usando un glamour, cierto? Un hechizo muy antiguo que modifica tu apariencia"

"No sé de qué está hablando profesor" dijo Hermione a la defensiva.

"De hace un tiempo tenía mis sospechas, pero ahora dejaste caer tus barreras y pude ver tu verdadera apariencia"

"¡Usted no tiene ningún derecho!" Hermione le dijo llena de ira.

"Señorita Granger por una vez en la vida, deja de ser obstinada, deja que llame a Madam Pomfrey"

"Nadie me puede ayudar, absolutamente nadie, es cierto que tengo un hechizo sobre mí, estoy enferma y moriré… ¿eso quería escuchar? Por eso me importa bien poco lo que tenga que decir sobre mí, nunca dejaré de ser una estúpida Gryffindor ante sus ojos y los de su clase, jamás me aceptarán por venir de padres muggles… pronto saldré del camino de todos ustedes, así que solo pido que me tenga un poco de compasión y me diga que paso con él…" Hermione cada vez sentía más como sus fuerzas la abandonaban.

"¡Granger, tienes que tranquilizarte! Déjame ayudarte"

"No necesito su ayuda, ni siquiera sé lo que hago aquí, por más que me esfuerce jamás estaré a la altura de ustedes, sangre pura, siempre seré una sangre sucia, ¿no es así?"

Hermione ya divagaba en sus palabras, no quería entrar en razón, había callado por tanto tiempo que ya no parecía retener nada, no cuando se trataba de Draco. Mientras que Snape trataba de digerir todo lo que decía Hermione, sin saber cómo manejar la situación, si bien era maestro de Hogwarts hace ya bastantes años, nunca había sido bueno manejando las emociones, mucho menos las de sus estudiantes. Solo se quedó observando a Hermione, quien parecía que cada vez se descontrolaba más, por una vez sin saber qué decir. Hermione tomó esto como desinterés por parte de su maestro, por lo que trató de controlarse lo más que pudo antes de dar media vuelta y salir del despacho de Snape, antes que este pudiera decir nada.

Hermione no sabía por qué le había dicho todo eso a Snape, pero de alguna manera se sintió bien, aunque todavía sentía un vacío enorme al no saber nada de Draco. Volver a la sala común no sería una opción, por lo que se fue a su lugar secreto, al menos ahí se sentía cerca de Draco, aunque no estuviese presente, desde lo alto de la torre de Astronomía estuvo observando por varios minutos el cielo que estaba despejado mientras la noche caía lentamente sobre Hogwarts.

Pasó alrededor de una hora, Hermione ahora sentía que no podía soportar estar ahí sin él, por lo que bajó las escaleras de la torre a toda prisa, salió del castillo corriendo, las lágrimas de sus ojos no se detenían, era todo tan injusto, Draco no merecía pasar por todo esto, ahora quizás estaba solo sin saber qué hacer, sin ningún amigo a quien acudir, si ella hubiese sabido que esto sucedería, cuando él le pidió quedarse lo hubiese hecho, solo por verlo una vez más.

Hermione no tardó en llegar al bosque y se sentó en un tronco, comenzó a llorar descontroladamente sin poder sacar todas sus frustraciones, toda la ira que sentía, hasta que sintió que alguien tocaba su hombro, Hermione levantó la vista solo para ver la cara preocupada de Harry, Hermione no pudo ocultar su decepción, por un momento pensó que vería a Draco y le diría que todo estaría bien, pero él no estaba aquí para ella.

"¿Hermione que está pasando contigo?" Hermione bajó la vista sin querer responder, pero Harry insistió. "Por favor no me digas que nada, te conozco, eres mi mejor amiga"

Hermione podía ver el dolor de Harry, por lo que se puso de pie para mirarlo a los ojos.

"Draco desapareció, nadie sabe de él" dijo Hermione con angustia.

"¿Te refieres a Malfoy?" preguntó Harry incrédulo.

"Por supuesto que hablo de Malfoy, ¿por qué nadie puede llamarlo Draco?, solo Draco, no como su maldito apellido, él es una persona, no un apellido, que solo trae desprecio a quien lo nombra, ¡Maldición! ¿Por qué nadie puede entenderlo? Es solo un chico, como tú o yo, él no tuvo la culpa de nacer en una cuna de oro" Hermione caminaba de un lado a otro sin poder controlarse, comenzaba a divagar en lo que decía, pero no podía seguir ocultando lo que sentía.

"Hermione tranquilízate"

"¡No me pidas que me tranquilice, él está perdido y yo aquí sin poder hacer nada!"

"Él debe estar bien, sabe cuidarse"

Al escuchar esto, Hermione se detuvo dándole una mirada a Harry.

"Tú no sabes nada…"

"Hermione no puedo creer que te importe lo que pase con él después de todo lo que ha pasado, después de todo su desprecio hacia ti, las personas no cambian, no quiero verte sufrir, quizás él se pasó al otro lado y tú aquí sufriendo por él"

"¿Cómo puedes decirme algo así? Se supone que eres mi amigo, tu mejor que nadie deberías saberlo, no se escoge el lugar donde nacimos, dime ¿cuántas veces pensaste en huir de casa?"

Hermione no dejó que Harry respondiera, solo le dio una última mirada que estaba llena de dolor antes de darse media vuelta e irse, dejando a Harry sintiéndose mal por lo que acababa de decir.

De regreso al castillo Hermione se encontró con Ron, quien hacía su patrullaje de prefecto. Hermione pasó por el lado de él ignorándolo por completo, pero Ron no la dejó pasar.

"Hermione…"

"Si vas a quitarme puntos o lo que sea por estar fuera de la cama por favor que sea rápido, no estoy de humor para tonterías" dijo de manera cortante Hermione mientras le dirigía una mirada de enojo a Ron, quien no se perdió el rastro de lágrimas en sus mejillas.

"No es eso"

"¿Entonces qué?" Hermione preguntó con impaciencia.

Ron solo le dio una mirada triste ante el estado deplorable que tenía su amiga frente a él.

"La profesora McGonagall quiere verte, ya sabe que estás fuera de tu cama. Me pidió que en cuanto te viera te informara que te está esperando en su despacho"

"Genial, ¿ahora qué hice?" se preguntó con resignación Hermione, mientras Ron solo se encogía de hombros.

Mientras se iba Hermione pudo escuchar a Ron decirle: "Suerte". Hermione no se volteó, pero estaba agradecida por aquel pequeño gesto de Ron.

Hermione sin saber de qué se trataba todo el asunto, y el ¿por qué? McGonagall quería verla, se fue con toda la resignación del mundo hacia el despacho de la profesora, una vez allí golpeó la puerta dos veces antes de que la voz de McGonagall la invitara a pasar.

Hermione dio un fuerte suspiro antes de armarse de valor y abrir la puerta.

Había esperado cualquier cosa, menos esto. Hermione podía sentir como se le helaba la sangre mientras se congelaba en la entrada del despacho de McGonagall. La profesora no se encontraba sola, también estaba el director Dumbledore, junto a Lucius Malfoy.

"Entra Hermione y cierra la puerta" le dijo la profesora McGonagall con tranquilidad.

Hermione se armó de valor una vez más antes de entrar al despacho y cerrar la puerta tras ella, luego se acercó hasta el escritorio de la profesora McGonagall, manteniendo cierta distancia de Lucius Malfoy.

Hermione miró las caras preocupadas que la rodeaban, excepto la de Lucius, quien parecía mirarla con absoluto desprecio. Sin poder controlarse más, Hermione preguntó lo primero que vino a su mente en cuanto los vio a todos reunidos ahí.

"¿Encontraron a Draco?" preguntó Hermione conteniendo la respiración.

Hermione temía la respuesta, aún así se mantuvo firme. Tratando con todas sus fuerzas de no desmoronarse en el intento, pero sin poder ocultar las lágrimas de tristeza que caían suavemente por su rostro.