Por fin estoy de vuelta después de meses muy complicados, pero feliz de poder seguir con esta historia.

No la dejaría por nada del mundo inconclusa, así que para quienes la siguen no se preocupen por eso y gracias por la paciencia!


Draco Malfoy en su corta vida había afrontado muchas cosas, cosas que ningún adolescente debería tener que enfrentar.

Siendo el único hijo de un sólido matrimonio Sangre Pura, los estatus de su familia cada vez le eran más difícil de alcanzar. Su familia llevaba generaciones completas manteniendo un estricto régimen de Sangre Pura, no entraba nadie que no cumpliera con este importante requisito, el estatus se media en la sangre de los magos y hechiceras pertenecientes a su núcleo familiar y social.

Esto no parecía ser un gran problema en la vida de Draco quien siempre se rodeó de gente de su mismo estatuto, personas muy importantes dentro del mundo mágico.

Draco creció rodeado de lujos que solo el dinero puede comprar, tuvo más de lo que cualquier niño alguna vez soñó, la mejor ropa y los mejores juguetes, una vida privilegiada. Siendo hijo de una de las familias más ricas del mundo mágico, Draco lo tuvo todo, absolutamente todo, y su padre Lucius Malfoy se encargó de eso.

Desde pequeño sus padres le inculcaron la importancia de mantener en alto el apellido de su familia, ser el mejor en todo a cualquier costo sin importar a quien dejaba en el camino, quien llega primero triunfa en un mundo tan competitivo y Draco estaba de acuerdo con eso.

Draco creció siendo un niño feliz, en su mundo perfecto, ¿quién no podría serlo? Aprendió desde pequeño a conseguir todo lo que quiso con solo pedirlo, por insignificante que fuera, si él lo quería era obligación de los demás darle en el gusto. Era un niño mimado y prepotente en todo el esplendor de la palabra y sus padres fomentaban eso complaciendo cada capricho por pequeño que fuera.

Los problemas vinieron cuando Draco fue creciendo, las largas ausencias de su padre por trabajo hicieron que se acercara mucho más a su madre. Narcisa Malfoy era una madre comprensiva y cariñosa, todo lo contrario a su padre quien era frío y calculador. Su madre le enseño cosas nuevas en sus ratos libres, como mirar el cielo nocturno, uno de sus pasatiempos favoritos era observar las grandes constelaciones que se dejaban ver en las noches más oscuras desde el gran telescopio ubicado en su enorme jardín, también le enseño la importancia de leer y llenarse de sabiduría a través de la lectura, de esa manera aprendió a amar los libros. Cada página era un mundo nuevo por descubrir.

Cuando Lucius Malfoy se enteró en que gastaban el tiempo madre e hijo se molestó en gran manera, era la primera vez que Draco conoció el lado malo de su padre. A pesar de la indiferencia afectiva de Lucius jamás había visto a su padre reprocharle algo a su madre. Draco estaba escondido tras el sofá escuchando como su padre le gritaba a su madre por enseñarle cosas que no se consideran aptas para un hombre, mucho menos un Malfoy. La ira de su padre era tan grande que se fue hasta el jardín donde se encontraba el telescopio que tanto amaba y apuntando directamente su varita sobre él, este se rompió en mil pedazos, no quedando nada de él. Draco quien lo había seguido para ver lo que pretendía, observo con gran horror como su padre sacaba su varita para acabar con lo que más amaba, sin poderse contener Draco trato de interferir, pero lo único que consiguió fue una mejilla lastimada, era la primera vez que su padre lo golpeaba, era la primera vez de muchas veces más que vendrían. Esa noche su padre había cruzado una línea que jamás debió cruzar, había roto su relación y esta jamás volvería a ser lo que era, no había vuelta atrás.

Mientras iba pasando el tiempo la vida de Draco giraba en torno al apellido Malfoy, prepararse para seguir los pasos de su padre y lo que este creía correcto para él.

Antes de que Draco se involucrara en todos los asuntos de su padre, siempre le había llamado la atención un cuarto al final del pasillo, era donde su padre solía hacer sus reuniones privadas, esto llamaba completamente su atención a través de sus ojos de niño. Sobre todo, por aquella gente que solía vestir completamente de negro, se veían muy interesantes a sus ojos.

Cuando Draco descubrió lo que había tras esas grandes puertas de roble, ya era demasiado tarde para dar paso atrás. Con la llegada de su carta de Hogwarts llegaron los más miserables de sus días, según su padre la llegada de su carta significaba que ya era todo un hombre para enfrentar su propio designio, uno en el cual no tenía voz para decidir, simplemente se le impuso. Ser un mortífago.

Mientras Draco iba creciendo, tomaba con más normalidad la frialdad de su padre y cada vez iba adoptando más sus actitudes ya que pensaba que así es como debía actuar un hombre digno de su familia, solo quería enorgullecer a su padre y tener su aprobación. Eso era lo más importante.

Mientras más crecía Draco, su padre más lo iba incorporando en sus actividades oscuras. De a poco lo instaba a participar de sus reuniones de mortífagos, Lucius quería que su hijo creciera a través de sus ideales, quería que su hijo estuviera preparado para seguir sus pasos y se transformara en un hombre digno de llevar su apellido.

Ahora Draco Malfoy de quince años, a punto de cumplir los dieciséis, sabía que el tiempo en que tenía que decidir estaba cerca. Tantas dudas, tantos miedos… ¿acaso valían la pena?

Lo que le habían inculcado toda su vida desde pequeño, ahora lo dudaba, le basto conocer a una chica para cambiarlo todo. Hermione Granger había sido la luz en su noche más oscura, le enseño a ver el mundo desde una perspectiva diferente, a amar aquello que le habían enseñado a odiar, a ser el propio protagonista de su historia.

Draco Malfoy había tenido que enfrentar muchas cosas en su joven vida, desde pequeño se habida visto enfrentado a situaciones que ningún niño debería tener. Los horrores de tener una familia que seguía fielmente los mandatos del Señor Oscuro y como este acababa con lo mejor de su vida, llevándose cada uno de sus momentos felices, para dejar su vida sumergida en penumbras.

Cuando creyó que su vida estaba marcada por un destino que no eligió, solo se lo interpusieron sin una opción de elegir o desistir, apareció ella, Hermione Granger. La chica más dulce que Draco había conocido en su vida.

Hermione con su hermosa sonrisa había traído luz a su oscuro destino, una luz de esperanza al final del túnel del que no podía escapar, en el que había estado atrapado desde que nació.

Ahora esa misma chica le acababa de confesar que su vida se iba apagando, que cada día que pasaba era el último de su vida, ¿cómo podría seguir después de esto?

La misma chica que le había enseñado el lado amable de la vida, también le había enseñado el lado más cruel de esta misma, tenía sus días contados y él no podía hacer nada contra eso. No existía magia en el mundo que pudiera hacer algo por ella, y eso era tan injusto, nadie merecía un destino tan cruel a una edad tan temprana, mucho menos ella quien había sido la luz en su miserable existencia.

Hermione no era la única que tenía un reloj de arena sobre ella. Por su parte Draco estaba a punto de cumplir los dieciséis, sabía que el tiempo de decidir se acercaba a pasos agigantados. Tenía tantas dudas, tanta rabia, tanta tristeza en su interior que no se creía capaz de soportar un día más.

Draco golpeó con todas sus fuerzas la muralla, como podría seguir con su vida cuando la de ella se iba apagando… ¿tal vez su único destino era convertirse en un mortífago? ¿tal vez las personas como él no tenían derecho a ser felices? ¿tal vez su único destino siempre fue perderse en completa oscuridad?

Habiendo tantas personas en el mundo, como era posible que se sintiera tan solo… en momentos como estos deseaba tener tan solo un amigo, alguien en quien confiar, pero sabía que eso jamás pasaría. Los amigos de verdad en su mundo no existían, solo se acercaban a él para tener la aprobación de sus cercanos al tener un rango importante dentro del círculo cercano del Señor Oscuro.

Después de su decepcionante huida con la chica que amaba, estuvo dando muchas vueltas sin sentido por la orilla del Lago Negro, tratando de ordenar sus pensamientos, tratando de darle sentido a las palabras de Hermione y fallando enormemente en el intento. No había nada en el mundo que pudiera sanar su corazón roto, no podía dejar morir a la chica que había traído alegría a su vida, simplemente no podía.

Draco ya no aguantaba el dolor que su corazón estaba sintiendo, sin pensarlo se fue hasta la cocina de Hogwarts y sin que los elfos notaran su presencia se fue hasta donde guardaban las bebidas alcohólicas, específicamente el whisky de fuego. Era un lugar que conocía muy bien, ya que un par de años atrás se había escabullido en mitad de la noche con un grupo de Slytherin para hacer una pequeña celebración por un juego de Quidditch que habían ganado, cuya fiesta jamás se enteró su jefe de casa.

Ahora Draco estaba sentado en el suelo de la cocina bebiendo como si el mundo se fuese a acabar, literalmente ya había acabado para él, solo quería borrar esta desastrosa noche de su memoria. No sabía en qué botella iba, solo que el dolor que sentía aún no se iba, todo lo contrario, su pecho se apretaba dolorosamente mientras sus pensamientos estaban en Hermione.

Draco yacía en el suelo llorando amargamente la injusticia de todo, Hermione no merecía morir, ella no. Se suponía que las personas buenas estaban destinadas a tener una vida plena y feliz, no a morir a manos de una enfermedad terminal acabando con todos sus sueños. Si tan solo pudiera cambiar su lugar por el de ella, lo haría sin cuestionarlo, solo porque ella tuviera la oportunidad de tener una vida normal, aunque él no estuviera en ella para verla triunfar en el mundo mágico.

Draco al ver que la botella se había acabado por completo la lanzo contra la pared, esta al chocar contra el muro de piedra se rompió en mil pedazos haciendo un ruido estridente, pero sin conformarse con eso Draco se puso de pie con mucha dificultad tratando de mantener el equilibrio y caminó tambaleándose hasta el gabinete que guardaba los licores para sacar otra botella, pero en un estrepito zumbido apareció Dobby interponiéndose en su camino, bloqueándole el paso.

"¡Joven Draco creo que ya ha sido suficiente!" dijo Dobby con autoridad y extendiendo sus manos frente a él para que este no diera ni un paso más.

"¡Déjame en paz elfo estúpido!" dijo Draco enojado, empujando a Dobby para hacerlo a un lado, pero Dobby se mantuvo firme en su lugar y una vez más se puso en su lugar evitando que Draco pasara.

"Mi deber es protegerle de todo mal, inclusive de usted mismo joven Draco"

"Dobby ya no perteneces a mi familia, así que deja de decir tonterías, tú mismo decidiste irte con el idiota de Potter, así que déjame en paz" expreso Draco con molestia mirando los saltones ojos de Dobby.

"Dobby jamás dejo solo al joven Draco cuando era un niño y se sentía solo, mucho menos lo hará ahora cuando necesita su ayuda"

"¡Yo no necesito nada de ti, elfo estúpido!" gritó lleno de rabia Draco, tratando de apartar a Dobby una vez más.

"Dobby solo quiere ayudar al joven Draco"

"¿Qué no entiendes elfo estúpido? Nadie me puede ayudar, ¡estoy maldito!" Dijo Draco entre sollozos, odiaba sentirse tan débil sobre todo cuando estaba frente a alguien más, aunque solo se tratase de un simple elfo, pero mantener la compostura parecía un trabajo cada vez más difícil de realizar.

Dobby solo se quedó frente a él mirándolo con tristeza mientras Draco luchaba con sus emociones. De pronto la mirada quebrada de Draco se encontró con la del pequeño elfo y una mirada llena de esperanza ilumino sus rasgos demacrados. "¿Dobby dijiste que harías cualquier cosa por ayudarme?"

"Estoy a sus órdenes joven Draco" respondió Dobby con alegría al ver en que podía ser útil para su antiguo amo.

"Hasta donde sé los elfos poseen una magia muy especial, ustedes pueden hacer cosas que para un mago común serian imposible… ¿Eres capaz de curar una enfermedad?" pregunto Draco tratando de mantener su voz firme, Dobby en cambio no respondió, pero tampoco quito sus enormes ojos de los de Draco, esto comenzó a alterarlo en gran manera, ya sabía lo que significaba, pero se negaba a aceptarlo. "¡Vamos Dobby respóndeme!" esta vez Draco se acercó al pequeño elfo y coloco sus manos en sus hombros y comenzó a agitarlos con fuerza. "Dijiste que me ayudarías, ¡tienes que ayudarme Dobby!"

Dobby pudo ver la súplica tras aquellos ojos grises que había conocido desde niño, pero no podía hacer nada para aliviar aquel desgarrador dolor. Dobby siguió en silencio solo dándole una mirada de lamento a Draco.

"Entiendo, entonces vete no necesito nada de ti" dijo con resignación Draco mientras dirigía sus pasos una vez más a la cabina de licores y tomaba una nueva botella de whisky de fuego. Luego volvió su mirada hacia Dobby una vez más mientras una sonrisa triste se formaba en su rostro. "Te lo dije Dobby nadie me puede ayudar"

Dobby lo miro con tristeza por unos segundos a Draco antes de desaparecer con un chasquido.

Draco no supo cuánto tiempo estuvo bebiendo en el suelo frío de la cocina, solo sabía que cada vez era más difícil concentrarse en lo que estaba haciendo, iba a tomar un sorbo más de la botella que ya iba por la mitad cuando la puerta de la cocina se abrió de golpe, pero Draco estaba muy borracho como siquiera para ver que estaba sucediendo a su alrededor.

Por lo que una vez más trato de terminar lo que había empezado llevándose la botella a la boca una vez más cuando alguien se la quitó bruscamente de las manos para gran molestia de Draco.

"¿Quieres explicarme que significa esto Draco Malfoy?" preguntó un muy enojado Severus Snape mientras sacudía los hombros de Draco para hacerlo entrar en razón.

"Snape… qué… ¿qué demonios haces aquí?" cuestiono con enfado Draco.

"Eso es lo que me gustaría saber a mí, ¿qué haces aquí?"

"¡Ese no es tu maldito problema!"

"¡No me hables así jovencito! Deberías estar en tu dormitorio, ¿por qué no estas donde se supone que debes estar?"

"Necesitaba algo de beber, ¿por qué no me acompañas?" dijo Draco tratando de quitarle la botella a Severus.

"¡Draco para esto en este mismo instante! No sabes en cuantos problemas estas, así que no lo empeores"

"¿Crees qué me preocupa eso? ¡Seré un maldito mortífago como mi padre! Al fin podrá estar orgulloso para presumirme con los idiotas de su clase. Tanto drama para terminar igual que él… ya no tiene sentido seguir alejándome de él… su maldito apellido me acompañara por siempre… a donde quiera que vaya siempre seré un maldito Malfoy"

"Draco será mejor que te lleve a tu dormitorio"

"No quiero ir a ningún lado, ¿sabes lo que quiero? Quiero desaparecer para siempre… ¡Lo deseo con todas mis fuerzas!"

"Vamos Draco, te llevare a tu cama, mañana hablaremos con más calma" dijo Severus mientras trataba de levantar a Draco del suelo.

Draco estaba tan derrotado en su propio estado deplorable que no opuso resistencia. Después de mucho esfuerzo Severus logro ponerlo de pie y lo condujo a la salida, pero antes de salir se dirigió a Dobby que miraba la escena frente a él con tristeza. "Dobby bloquea el licor de ese gabinete y no dejes que ningún estudiante, especialmente Draco se acerque a él y también le queda prohibida la entrada a las cocinas, cuida que cumpla o infórmame de inmediato"

"Con mucho gusto maestro Severus" respondió Dobby dándole una mirada de disculpa a Draco.

"Y gracias por informarme de lo ocurrido"

"¡En vez de agradecerle deberías correrlo por chismoso! ¡Si fuera mi elfo lo lamentaría hasta el final de sus días!" le reprocho con fastidio Draco dirigiéndole una mirada molesta a Dobby.

"¡Cállate Draco, no estás en condiciones de decir nada!" amonesto Snape con enojo mientras lo sacaba de la cocina.

El camino a las mazmorras fue muy largo, Draco apenas se mantenía en pie, si no fuera porque Snape lo tenía firmemente sujeto por sus hombros hubiera caído en más de una ocasión con sus muchos tropezones.

Snape hubiese preferido usar magia para llevarlo de regreso a las mazmorras, pero en el estado de Draco solo complicaría las cosas.

Cuando por fin llegaron a los cuartos privados de Snape, Severus lo sentó en el sofá mientras hacía aparecer una poción y se la entregó a Draco, quien la recibió de mala gana.

"Vamos Draco bébelo todo" insto Severus a Draco para que bebiera la poción.

"No quiero, al menos que sea algo que acabe con este maldito dolor" dijo Draco con enojo.

"Esto acabara con los efectos del alcohol que ingeriste"

Draco al oír esto lanzo el frasco contra la pared, rompiéndolo en pedazos, y como pudo se puso de pie para enfrentar a su padrino. "No me refiero a eso… no quiero que los efectos acaben… no quiero tener que recordar quien soy y en la maldita persona en que me convertiré"

"¡Draco deja de comportarte como un estúpido adolescente, espero esta clase de comportamiento de un Gryffindor, no de ti"

"¿Acaso te decepciono padrino?" dijo Draco con una mirada petulante en su rostro. "¡Pues bien, no me interesa!"

"Draco estás borracho, ¿en qué estabas pensando? ¡No puedo creer que te emborraches!" Severus se paseaba de un lado a otro por la sala, haciendo evidente el enojo hacía su ahijado. "¡En que estabas pensando muchacho! Este comportamiento no es propio de ti" Severus dejo de regañar en cuanto vio que Draco apoyo sus codos en sus rodillas mientras se tapaba el rostro con sus manos, su angustia era obvia, Severus se sentó junto a él colocando una mano en su hombro, eso fue todo para que Draco se echara a llorar.

"Draco si no me dices que está pasando, no puedo ayudar" dijo Snape con calma.

Draco levanto su mirada empañada de lágrimas hacia su padrino, quien lo miraba con preocupación.

"Quise huir… huir de todo… pero lo único que conseguí fue hundirme más, ¿acaso no tengo derecho a ser feliz?"

"¿Draco qué quieres decir con todo esto? No estoy entendiendo nada"

"Por más que me esfuerce jamás tendré una vida normal… a donde quiera que vaya la desgracia siempre me perseguirá, estoy condenado a esta vida..."

"Draco no puedes huir de quien eres, lo único que puedes hacer es hacer frente a lo que te toco vivir"

"Dime algo que no sé… estoy jodidamente condenado a esto... sabes una cosa, me cansé de todo esto… creí que podría con todo, pero ahora ya no lo soporto… no puedo seguir con esto… no puedo vivir mi vida cuando la de ella se apaga…"

"Draco si no eres claro no podré entenderte y mucho menos ayudar"

"Nadie me puede ayudar… se… se está muriendo y yo… yo no puedo hacer nada… quiere que la deje morir, dime padrino… ¿cómo hago eso?" le dijo Draco mirándolo a los ojos mientras suaves lágrimas caían por sus mejillas.

Severus al conectar las palabras de Draco con la información que tenía aparto su mirada de él sin saber cómo reaccionar, sabía que tarde o temprano Draco se enteraría de la cruda verdad.

"Vamos padrino tienes que ayudarme…" suplico Draco mientras apretaba sus manos en la túnica de Snape. "No quiere mi ayuda, se dio por vencida… tienes que ayudarme… no quiero que muera"

"Draco tienes que ser fuerte, esto está fuera de nuestro alcance, incluso la magia no puede hacer nada para detener su enfermedad y extender el tiempo que queda, no hay nada que pueda hacer por Granger" le dijo Snape mientras se acercaba a Draco y colocaba sus manos sobre sus hombros para tranquilizarlo.

"¿Cómo quieres que me tranquilice?" preguntó Draco con enojo, luego le dio una mirada herida a Snape. "Espera un momento… ¿cómo sabes cuánto tiempo le queda? ¿tú sabías de la enfermedad de Hermione?"

"Draco yo…" comenzó a decir Snape, pero Draco aparto las manos de Snape con enojo.

"¡Lo sabias y nunca lo mencionaste!" Draco le dijo dándole una mirada traicionada a su padrino. "¡Sabías del tiempo que le quedaba y nunca me lo dijiste!"

"Draco tranquilízate" dijo Snape mientras se acercaba a Draco, trato de poner una mano en su hombro, pero Draco se alejó.

"¡Ni siquiera lo intentes!" espeto Draco con rabia. "Dime al menos que tiene cura y que Hermione se recuperara…" grito Draco enfrentándolo.

"Lo siento Draco" se disculpó Snape con pesar al ver el estado deplorable de Draco.

Draco se apartó de su padrino como si hubiese sido abofeteado por él, de todas las personas en que más confiaba aparte de Hermione era en él y ahora acababa con sus esperanzas.

"No… no puedes estar hablando enserio"

"Draco cálmate, cuando esta enfermedad está muy avanzada no hay nada que se pueda hacer, esta fuera del alcance mágico, fuera de mi alcance... lo siento mucho"

"¡Deja de decir que lo sientes, cuando ni siquiera lo estas intentando!"

"Draco tienes que calmarte"

"¡No me puedo calmar! Toda mi vida ha sido miserable, hasta que la conocí. Ella vio mi interior cuando nadie se dio el trabajo de hacerlo… vio lo que soy, no lo que todos quieren que sea, fue la primera persona que no me juzgo, que estuvo ahí sin cuestionarme, aun sabiendo que me convertiría en un maldito mortífago no se apartó" Draco podía sentir la magia fluir a través de toda la ira que estaba sintiendo en su interior y necesitaba sacarla de alguna manera.

Severus al notar esto trato de acercarse a él, pero Draco lo aparto una vez más. "Draco tranquilízate, estas fuera de control"

"¡No me importa! Odio ser quien soy… odio a mi padre y en lo que me convirtió, también odio a mi madre por permitirle hacer esto conmigo, servirle al señor oscuro es mucho más importante que mi felicidad… odio esto, lo odio" cada vez la voz de Draco de alzaba más y la magia que había en el parecía desbordarse más. Las cosas en el cuarto de Snape comenzaron a temblar ante la ira de Draco. "Odio mi vida, la odio con todas mis fuerzas, la única solución a todo esto es que yo muera así no le daré la satisfacción a mi padre de verme convertido en un maldito mortífago, acabare con esto de una maldita vez" grito Draco mientras caminaba hacia la salida, pero gracias a los buenos reflejos de Snape lo detuvo.

"¡Suéltame en este mismo momento! ¡Tú no eres quien para detenerme!" le espeto Draco mientras trataba de soltarse del fuerte agarre de Snape.

"No dejare que hagas una locura Draco, mucho menos en este estado, ni siquiera estas consiente de lo que haces"

"¡Sé muy bien lo que hago Snape!"

"Bueno en ese caso, mucho menos te dejare salir de este cuarto mientras no te tranquilices"

"No tienes derecho a retenerme aquí, si no es ahora de igual manera lo hare más tarde, no puedes controlarme para siempre"

"Si es necesario retenerte con magia lo hare, no dejare que hagas una estupidez"

"¡No tienes derecho, no puedes hacer eso!"

"Soy tu profesor y jefe de casa tengo todo el derecho de hacerlo, además soy tu padrino y debes obedecerme"

"¡Para mí solo eres un maldito mortífago y siempre lo serás!"

Apenas salieron estas palabras de la boca de Draco, las lamento. Sintió como un golpe cayo en su mejilla izquierda lo que provoco que perdiera el equilibrio y retrocediera unos pasos. Draco levanto la mirada para reprocharle a Snape lo que había hecho, pero al hacerlo se encontró con la mirada herida que le estaba dando su padrino y se sintió completamente miserable por ser el causante de su estado, toda ira que sentía se disipo en el instante dejándolo consternado.

"¡Mortífago o no me debes respeto!" le espetó con enfado Snape. "¡Escúchame muy bien Draco, no dejare que cometas una locura, si no quieres entender por las buenas entonces será por las malas!"

"¡Te odio, eres igual que mi padre!" le reprocho Draco sintiéndose nuevamente enojado, sabía que estaba siendo cruel, pero no le importo.

"Di lo que quieras Draco, pero no saldrás de aquí mucho menos en este estado. Entiendo que te sientas frustrado por todo esto, pero eso no te da el derecho a faltarme el respeto, he hecho todo lo que está a mi alcance para mantenerte seguro y tú…"

"¡No es suficiente!" le espetó Draco con rabia, sabía que estaba provocando a su padrino, pero necesitaba sacar todas sus frustraciones con alguien y dejar de sentirse tan miserable.

Severus se sintió herido por las palabras de Draco, pero no lo demostró. Atribuyo su estado de rebeldía a todo el alcohol que había ingerido por lo que trato de no prestarle mayor importancia.

"Creo que lo mejor será que te tomes esta poción y descanses, hablaremos por la mañana" le dijo Severus en un tono frío mientras le entregaba una poción, la cual Draco acepto de mala gana, pero ya le comenzaba a doler la cabeza de todo el alboroto de esta noche y ya no tenía fuerzas para seguir discutiendo.

Severus se sintió aliviado cuando vio que Draco recibió la poción sin protestar, esperando que está vez la bebiera sin objeciones. Cuando vio que no lograría más por parte de él esta noche, se acercó a la puerta para salir, no sin antes darle una severa advertencia.

"¡No quiero que salgas de esta habitación hasta que yo lo diga! Será mejor que descanses, mañana hablaremos con más calma" le dijo con autoridad, pero al ver el rostro abatido de Draco agregó con una voz mucho más tranquila. "Draco tienes que ser fuerte, por mi parte hare lo que este a mi alcance para mantenerla a salvo, no estás solo en esto" al no recibir respuesta alguna, Snape le dio una última mirada a Draco antes de irse.

Draco lo vio salir de la habitación, dando un fuerte suspiro Draco se recostó en el sofá. Todo daba vueltas, pero había una cosa que no podía borrar de su memoria y eran las crudas palabras de Hermione. "Un año" se dijo a sí mismo. Como si eso fuera tiempo suficiente para despedirse, no quería decir adiós, aun no.

Eso fue todo lo que Draco necesito para sacar todo lo que llevaba dentro, liberando toda su angustia, llorando su corazón herido. No supo cuánto lloró, ni cuanto grito, simplemente lo saco todo fuera, llevaba meses, incluso años cargando con un enorme peso sobre sus hombros que ya no podía seguir soportando.

Todo esto era muy injusto, ya no sabía como iba a enfrentar la vida de hoy en adelante, ya no sabía que hacer con todo lo que sentía.