Sinopsis: Un día Draco se da cuenta de que está profundamente enamorado de Harry Potter; su corazón palpita cada vez que el moreno está cerca, no puede dejar de dar vueltas en su cabeza lo que pasaría si el Niño-que-vivió le dijera que lo ama, pero nada de eso pasará, porque Draco no puede evitar comportarse como un idiota cada vez que Harry está cerca.

Fanart: Artista desconocido (si alguien le conoce, le suplico que me lo haga saber para darle los créditos correspondientes).

Dedicado a Jenn Villa


Draco se levantó de muy buen humor, clásico en él, a pesar de que todos los días involuntariamente su buen humor se esfumaba en cuanto tomaba su primera clase del día con los Gryffindor. Y no, no es que los tontos leones le desagradaran por completo, era simplemente que siempre se cruzaba con su enemigo jurado o, en realidad, quien alguna vez fue su enemigo.

Ahora cursaban el octavo año, que en realidad era una repetición del séptimo curso que muchos de los alumnos de su generación no pudieron tomar gracias al insufrible de Voldemort. Afortunadamente, incluso para el mismo Draco, su ex enemigo jurado acabó con ese odioso mago y todo volvió a la normalidad, «aparentemente».

Aparentemente, porque la realidad era que ahora Draco ya no se metía con Potter ni con sus amigos e intentaba permanecer invisible ante el colegiado la mayor parte del tiempo. Si alguien le dijera cuando era pequeño que en el futuro desearía no llamar la atención se burlaría. Pero sean comprensivos. Después de haber ayudado a entrar a los mortífagos al colegio causando un gran desastre, haber intentado asesinar al director y en el proceso casi llevar a la muerte a un par de compañeros, cualquiera querría llamar lo menos posible la atención.

Y por supuesto, existía el otro gran dilema que no había dejado de perturbar a Draco en las últimas semanas… en efecto, tiene que ver con Potter, tal como lo están pensando. Potter, el gran Harry Potter, quien salvó a todo el mundo mágico y quien después de aquel acontecimiento se transformó, tal como la metamorfosis de una oruga convirtiéndose en una bella mariposa. Aunque Potter no se asemejaba a una mariposa, más bien se parecía más a un hombre desarrollado, no tan musculoso, pero tampoco tan delgado, seguía usando esas desastrosas gafas y su cabello era un caso sin remedio, pero en general el Niño Dorado era mucho más atractivo. Seguramente también tenía que ver con que ahora parecía más feliz, tal vez porque al fin aprendió como disponer de su fortuna para comprarse ropa apropiada y mejorar su aspecto. Como sea, Draco se dio cuenta que le gustaba y aún peor… se dio cuenta que sentía más que gusto por él. Si tan solo el idiota Cara Rajada no lo hubiera salvado del fuego maldito… Sin duda ese fue el momento en que Draco se enamoró. ¿O fue desde antes?

Y esa es la razón por la que el buen humor de Draco siempre solía desvanecerse cada vez que llegaba a compartir una clase con Potter. Que en realidad eran todas, porque como bien saben, los alumnos que volvieron al colegio eran tan pocos que decidieron juntarlos a todos en un solo grupo, esta vez no importaban las casas ni las creencias, esta vez era obligatorio que aprendieran a convivir sí o sí.

─ ¿Draco, hiciste la tarea de pociones? ─cuestionó Gregory, Draco asintió sin dirigirle la mirada─. ¿Puedo echarle un vistazo? ─preguntó preocupado, el rubio sacó la tarea de la mochila y se la entregó.

─ Gracias, eres el mejor, amigo ─Draco medió sonrió y volvió a prestar atención a la profesora McGonagall, que, a pesar de ser la directora, todavía continuaba dando clases de transformaciones. De pronto, Granger ─como siempre─ comenzó a hacer una serie de preguntas a la profesora, por lo que Draco perdió la concentración y terminó mirando por la ventana que se encontraba a su costado.

Desde donde estaba podía observar claramente el patio de transformaciones, el cual, a esa hora del día era iluminado sutilmente con los cálidos rayos del sol. De pronto, una mariposa roja revoloteó dentro de su campo de visión. Observó con atención su desplazamiento desordenado hasta que entró por la ventana; Draco levantó la mano para ahuyentarla, pero en lugar de salir huyendo la lepidóptera se posó sobre el dorso de su mano. Sonrió y permitió que la pequeña se quedara allí el tiempo que deseara. No tardó más que dos segundos antes de emprender nuevamente el vuelo y salir por donde entró. Volvió su atención hacia el frente, dándose cuenta en el proceso que Potter lo miraba fijamente, estaba notoriamente sonrojado y cuando Draco lo miró sonrió.

El rubio entró en pánico, cuestionándose si en efecto, Potter le estaba sonriendo a él. Aunque a Gregory… bueno, no estaba seguro, y si le sonreía… entonces qué debía hacer, después de tratar de pensar lo más rápido posible hizo lo primero que se le vino a la mente… sacó la lengua y se jaló el parpado inferior del ojo izquierdo. Entonces, la expresión de Potter cambió a uno de desconcierto y regresó su atención hacia el frente, mientras el rubio continuaba haciendo muecas.

─ ¿A quién le haces muecas? ─preguntó Gregory mirando hacia el frente y buscando a la posible víctima.

Draco se detuvo y ahí fue cuando su buen humor se fue al carajo. Otro día en el que se repetía la historia. ¿Por qué simplemente no podía actuar como un chico normal? Potter le gustaba, y mucho, lo más natural habría sido que aprovechara la oportunidad y le correspondiera con otra sonrisa o tal vez un saludo de mano, pero en lugar de eso se puso a hacer estúpidas muecas.

Resopló frustrado.

─ A nadie, no le hago muecas a nadie ─respondió antes de que Gregory continuara interrogándolo.

Al terminar la clase se apresuró a tomar sus cosas y prácticamente corrió hacia el aula de pociones.

Cuando entró al aula el profesor le pidió que se colocara al frente, junto con otros compañeros que habían llegado antes.

─ En la vida profesional de toda bruja y mago es importante el trabajo en equipo para resolver algunos problemas ─comenzó a explicar el profesor una vez llegaron todos los de octavo año─, no siempre podremos resolver todo por nuestra cuenta. Por eso, hoy trabajarán en parejas ─y sonrió, los alumnos comenzaron a mirarse entre ellos con la intensión de emparejarse con alguien─, las cuales yo designaré ─y todos los presentes se mostraron decepcionados─. ¡Excelente! Weasley y Goyle ─Ron se mostró aún más decepcionado─. Longbottom y Zabini, Malfoy y Potter ─anunció el profesor Slughorn. Draco quería decir que no, que definitivamente no iba a trabajar con Potter, pero la gran sonrisa que puso el moreno lo detuvo. ¿Por qué sonreía?

Decidió que se concentraría en la clase y no en Potter mirándolo como si se hubiera auto lanzado un confundus.

─ Draco ─habló el moreno─, ¿lo estoy haciendo bien? ─no pudo responder, las palabras se quedaron atoradas, sintió una fuerte presión en la garganta, Potter había pronunciado su nombre, no su apellido, su nombre, «Draco» y le encantó el tono en que lo dijo, con amabilidad y cariño.

Y entonces Harry lo besó. Fue un beso suave y de labios resecos, pero al fin y al cabo un beso. Draco parpadeó repetidas veces hasta que el moreno se separó y abrió los ojos, observando al rubio con sus brillantes ojos verdes.

─ Me gustas ─confesó y Draco sintió que se iba a desmayar.

─ ¿Por qué? ─no pudo evitar preguntar, después de todo, Harry le odiaba.

─ ¿Sabías que tienes una cálida y hermosa sonrisa?

Draco sintió que se iba a desmayar.