Un pequeño sapo de una piel verrugosa cuya tonalidad se acercaba entre lo verde y grisáceo, croo desde el interior del escaparate de una tienda de mascotas en el centro comercial más grande de Los Ángeles; el anfibio lamia sus ojos oliva de forma ociosa, inclinando su cabeza hacia un lado mientras observaba con confusión a las dos criaturas altas y larguiruchas que lo contemplaban fijamente desde afuera, se veían demacradas, como si este fuese el peor día de sus vidas.
—No creo que esto vaya a funcionar Mar-Mar... —Anne se quejó rendida, sentándose en un banco cercano a la tienda de mascotas.
—Ella dijo que extrañaba mucho a Grime, y este amiguito de aquí se parece bastante —Marcy insistió señalando varias veces al sapo en el escaparate, provocando que el pequeño empezara a incomodarse—¡Es el regalo perfecto!
—No negaré que es idéntico —la mirada de Anne regreso hacia el sapo—Pero luego de convivir más de medio año con sapos, ranas y tritones que hablan... —hizo una mueca de desagrado—No puedo evitar sentirme un poco incomoda con las contrapartes de nuestro mundo... Quiero decir ¿Cómo te sentirías si te regalaran dos salamandras exactamente iguales a Yunan y Olivia?
—Bueno... —los ojos de la mujer de cabellos negros se cruzaron entre el sapo confundido y la mirada plana de su compañera—Me sentiría muy incómoda... —admitió sentándose junto a Anne en el banco—Seria extraño tratar a Olivia como una mascota... ofensivo incluso...
—Ese es mi punto... y si es de Sasha de quien estamos hablando...
—Doble incomodidad... podría tomarlo como una broma de mal gusto...
—Sep —la tailandesa asintió centrando su vista hacia ningún lugar en particular, dejando que el silencio se acentuara entre ellas por un momento, pensaba—¿Y ahora qué? —dijo después de unos minutos, cansada y con el ceño fruncido.
—No lo sé... —Marcy admitió—El sapo fue lo mejor que se me ocurrió realmente... ¿Cuánto tiempo nos queda hasta que cierre el centro comercial?
—Mmmm... —Anne alzo su vista hacia el gran reloj del centro comercial, entrecerrando sus ojos para mirar los pequeños números entre el minutero y el segundero—Según esa cosa nos queda como dos horas más o menos..
—Dos horas... —la pequeña parecía desmoronarse sobre su asiento—Llevamos más de siete horas aquí... ya revisamos todas las tiendas... y nada —Marcy soltó un suspiro abatido, apoyando su mejilla contra el hombro de su compañera.
—Ugh ¡¿Por qué conseguir un regalo de navidad es tan difícil?! —la mujer tailandesa grito con frustración, su voz cansada se perdió entre el bullicio de más de doscientas personas atrapadas en su misma situación.
El aroma festivo de la navidad podía olerse en el aire, junto a las luces que adornaban hasta donde la vista podía alcanzar, y los villancicos que se oían en cada esquina. En una tarde normal del 24 de diciembre, lo que inicio como una simple compra de último minuto para Anne y Marcy, se terminó convirtiendo en la búsqueda infructuosa por el santo grial o la propia piedra filosofal, ya que al igual que estos objetos míticos de leyenda, el encontrar el regalo apropiado para su novia en común parecía ser una tarea imposible. Y sé que muchos les dirían que el regalo perfecto para navidad no es algo que puedas comprar en cualquier tienda, que el regalo perfecto es la felicidad y el amor que brindas a tus seres queridos durante estas fechas llenas de paz y alegría, durante todo el año que pasan juntos... Sin embargo, la cursilería típica de una película o novela de los noventa, popularizadas por personas avaras como una excusa para su egoísmo y falta de memoria, no se aplicaba en la vida real, sobretodo en una fecha tan importante y estresante. Los regalos son indispensables, ya sea algo pequeño o miserable, es una muestra física de cuán importante es alguien para ti, una forma de compartir tu propia felicidad con esa persona a la que realmente amas. Y aquella era la razón por la que estas dos jovencitas se sentían tan miserables por su rotundo fracaso; Sasha Waybright podrá a ver sido una persona un poco malhumorada, mandona, cretina, exasperante y un largo etc, pero cuando se trataba de dar regalos a las personas que le importaban, se volvía la personificación perfecta de lo que significaba la palabra altruismo; en cumpleaños, como detalles, y sobre todo en navidad, de alguna forma ella tenía un sexto sentido para sorprenderte con un obsequio fabuloso que casi parecía un sueño; la Nintendo Switch de Marcy que muchas personas creerían que fue dada por sus padres, en realidad fue un regalo de Sasha, la bicicleta amarilla de Anne, Sasha, una colección de figuras articuladas de Sailor Moon, Sasha, una raqueta de tenis profesional, Sasha, y la lista sigue y sigue hasta la actualidad; y contrario a lo que se podría esperar, la mujer ruda de cabellos dorados nunca esperaba nada de igual valor a cambio, a pesar de que los regalos que recibía de vuelta por sus amigas eran muy inferiores en comparación a los que daba, ella se veía genuinamente feliz con cualquier cosa, ya que desde su perspectiva ese nunca era su objetivo, daba lo que podía porque las amaba, en sus propias palabras "Sus chicas siempre se merecían lo mejor". Tanto Anne como Marcy lo entendían, pero muy en el fondo sentían que no estaban haciendo suficiente; el sosiego las abrumo tanto este año que querían hacer las cosas diferentes, querían darle a Sasha el mejor regalo del mundo.
—¿Deberíamos rendirnos y simplemente darle una tarjeta este año?
—¡¿Estas loca Marcy?! ¡No podemos darnos por vencidas!
—P-pero ya hemos revisado todas las tiendas... y tengo mucha hambre...
Y vaya que lo hicieron, revisaron cada tienda de ropa, de belleza, joyerías, y entre muchos otros establecimientos que vendían cosas del interés de su amiga, pero, o eran demasiado costosos para su presupuesto combinado, no era lo suficientemente bueno, o por la típica maldición de la navidad estaba agotado; inclusive fueron a librerías, GameShops, y otros lugares que ellas frecuentaban para probar algo de suerte, y fue el mismo resultado... de hecho en más de una ocasión casi se olvidan de su misión, tentadas a comprarse algo para si mismas, pero la imagen fantasmal de una Sasha decepcionada y triste las hacia retroceder. En resumen, no encontraron nada y solo se dedicaron a perder el tiempo.
—¡Ugh no puedo creer que te des por vencida tan fácilmente! —Anne exclamo llevando sus manos al aire—¡No te rendiste contra ese tonto jefe de Dark songs 3!
—Dark souls...
—El punto es que no te das por vencida en un videojuego —Anne puso una mirada de madre enojada, señalando a Marcy con su dedo índice—¿Pero si lo haces cuando se trata de algo tan importante como el regalo de Sasha?
—Estoy cansada... —Marcy murmuro con la mirada baja—Me duelen los pies, y tengo mucho frio... y hambre... ni siquiera desayunamos... —y así como vino, el ligero enojo de la mujer de cabellos castaños se esfumo, dejando espacio únicamente para la culpa.
—Lo siento... —dijo mientras abrazaba a Marcy, pasando sus dedos suavemente sobre sus cabellos negros—También estoy muy cansada... ¿Quién pensaría que un gesto desinteresado sería tan estresante?...
—Tal vez nos estamos dejando llevar demasiado por toda la idea del regalo perfecto... —la mujer de cabellos negros comento con una voz baja, amortiguada por el hombro de su compañera.
—Realmente nos dejamos llevar —Anne confirmo con un asentimiento—Es solo que me gustaría hacer algo mejor este año...
—A mí también... pero no llegaremos a ningún lado si peleamos entre nosotras por eso...
—¿Sabes qué? —Anne se levantó de su asiento casi cargando a Marcy como un gato asustado que era recogido de las calles—Nos merecemos un descanso de todo esto, vamos por algo de comer, y mientras estamos en eso podemos seguir buscando.
—Me gustaría una hamburguesa... —Marcy musito con una pequeña sonrisa, estaba ligeramente ruborizada por como Anne la cargaba.
—Bien, refresquemos nuestras cabezas ¡Es navidad después de todo!
—Mañana es navidad... —la mujer taiwanesa la corrigió, mas Anne no parecía escucharla, caminando con su energía renovada hacia las escaleras eléctricas, Marcy no dijo nada más aun manteniendo su pequeña sonrisa siguiendo a Anne.
Diez minutos después de una corta caminata hacia el patio de comidas, y luego de ordenar un combo de dos hamburguesas con queso, un té helado y una soda grande, Anne y Marcy se encontraban sentadas en una mesa alejada de la multitud, disfrutando de un poco de paz y serenidad posterior a las horas estresantes autoinducidas por la propia magia de la navidad; ninguna de las dos decían palabra alguna, manteniendo únicamente el contacto visual entre si mientras comían, admirándose mutuamente como siempre lo hacían en momentos donde el uso de sus voces no era necesario.
—Entonces... —acabada su hamburguesa, y sin nada más con lo que entretenerse, la mujer de cabellos negros opto por romper con el silencio—¿Has pensado en algo? —pregunto, tomando unos pequeños sorbos de su bebida.
—Bueno... —las cejas de Anne se arrugaron, forzando a su cerebro a rebuscar alguna idea que pueda servirles en esta situación.
—¡Lo tengo! —mas Marcy interrumpió sus pensamientos, exclamando con emoción mientras golpeaba la mesa con las palmas de sus manos—¡Podríamos escribirle una canción!
—Oh... —la mujer de cabellos castaños lo considero por un momento, realmente era una buena idea... sin embargo—Es una buena idea Mar-Mar... pero ¿No le compusimos una canción el año pasado? Necesitamos hacer algo diferente ¿Recuerdas?
—Cierto... —Marcy regreso a su asiento, frunciendo sus labios mientras pensaba en algo.
—¡Lo tengo! —Anne dijo casi de inmediato chasqueando sus dedos en conjunto—Podríamos regalarle una noche para ella sola en el León Spa & Massage.
—Fuimos ahi para su cumpleaños este año... —Marcy comento jugando de forma espontánea con la pajilla de su bebida—Tal vez... ¿Escribirle un poema?
—Sasha odia la poesía... —Anne respondió, haciendo una mueca ante el recuerdo de la pobre persona que se atrevió a regalarle a Sasha un poema—¿No recuerdas lo que le hizo a David de matemáticas por escribirle un simple verso romántico?
—Oh si... Pobre David... —Marcy hizo su propia mueca de terror ante ese recuerdo—Olvida que lo dije —sabían que su novia no les rompería una mano como al pobre joven entusiasta por el sexto arte, pero era mejor no probar su suerte.
—¿Qué tal una camiseta con una foto de las tres juntas? —Anne sugirió cambiando de tema rápidamente.
—Ya tenemos como diez juegos de camisetas así... —y durante los próximos veinte minutos se dedicaron a nada más que eso, aportar ideas y descartar de inmediato a las mismas porque ya las habían llevado a cabo en años pasados o recientemente. Hablaron y hablaron hasta que llegaron a un punto muerto donde descubrieron que ya lo habían hecho todo, y no tenían nada nuevo con que sorprenderla ¿Cómo si quiera es eso posible en una relación?—Eh... que tal... huh... ya sabes —entonces, sin más ideas Marcy recurrió al regalo más simple y común que se podían dar las parejas acorraladas en su misma situación.
—¿Que? —Anne no parecía entender.
—¿Nosotras? —la mujer de cabellos negros se sonrojo profundamente—Vestirnos únicamente con un pompón gigante y...
—¿Te refieres a... —Anne se sonrojo también, entendiendo por fin a lo que su compañera se refería, por su parte ella se limitó a dar un asentimiento vergonzoso como respuesta—¡Por amor de dios Marcy! —exclamo en un tono muy bajo, temblando ligeramente—¡¿De todas las cosas se te tenía que ocurrir algo así?! ¡¿Acaso ya no recuerdas lo que paso la última vez?!
—¡Lo se! —Marcy se defendió—¡Pero es todo lo que nos queda!
—¡No estoy haciendo eso de nuevo! ¡Aún tengo marcas en lugares donde no debería tener marcas!
—No debiste decirle que podía hacernos lo que quisiera en primer lugar...
—Okey, en mi defensa, no esperaba que Sasha tuviera una mente tan retorcida.
—O que ya lo tuviera todo preparado para ese momento... —aunque no estuviera presente, las dos mujeres aun podían sentir la mirada de lujuria demencial de la rubia por todo su cuerpo, secuelas de una de las peores decisiones que podrían a ver tomado; su novia disfruto de su regalo claro, pero el precio que tuvieron que pagar por hacerla feliz fue uno muy grande—Pero, aun así... tal vez...
—No —Anne la corto de inmediato, mas la mirada desesperada de Marcy le decía que no lo estaba olvidando—¡Ugh! el hecho de que lo esteces considerando es una prueba de que se nos acabaron las ideas... —gimió recostando su barbilla contra el dorso de la mesa, sobando el estrés acumulado en su cejas. Entonces, entre las explicaciones de Marcy de por que "eso" era lo único que podían hacer ahora que se quedaron sin ideas, por el rabillo de su ojo, a unos pies de distancia, un objeto relucía a través del cristal de una tienda—No puede ser...
—¿Anne? —la mujer hizo caso o miso a su llamada, levantándose de la silla hasta casi tirarla sobre el suelo, moviéndose en piloto automático hacia la tienda alejada del patio de comidas. Confundida, Marcy la siguió en silencio, hasta que se detuvieron frente a un establecimiento que resaltaba de los demás por lo viejo que se veía "Tienda de segunda mano del Viejo Simón" decía en letras grandes impresas ordenadamente en el vidrio sucio y empañado—¿Qué estas... —la mirada de Marcy viajo hacia donde los ojos de Anne se mantenían fijos, y lo vio—No puede ser... —en un pequeño estante de madera, una espada de plata brillaba entre la débil iluminación del escaparate, hoja delgada y larga, empuñadura corta, pomo redondo y guarda con la imagen exacta de una diminuta garza, no cabía duda, era una de las espadas de Sasha.
—¿Pero cómo?
—C-creí que... —creyeron que se había perdido; Sasha había perdido esta espada dos veces, la primera durante su dolorosa huida del castillo flotante en Amphibia, y la segunda vez, fue durante una de las batallas en la tierra, esta última fue una perdida permanente, al menos así lo fue hasta que la encontraron ahora en esta tienda de segunda mano; la última vez que vieron el arma fue cuando esta caía por la grita de un alcantarillado, perdiéndose en los acueductos fétidos hasta quien sabia donde, Sasha nunca se molestó en recuperarla, alegando de que el objeto era el recordatorio de uno de los mayores errores de su vida; y ahora aquí estaba, reluciendo a frente ellas, rogando que la sacaran de ese infierno de baratijas viejas o robadas.
—¿Estas pensado lo mismo que yo Mar-Mar? —Anne pregunto sin apartar su vista del escaparate.
—¿Qué los milagros de navidad son reales? —Marcy pregunto de vuelta.
—Exactamente.
La noche se había acentuado en los cielos cuando Sasha se despertó; la mujer de tes blanca y cabellos rubios se había quedado dormida en el sofá de la sala de estar de su departamento, control remoto en mano y cubierta de frituras de queso; el sonido estático de un canal muerto resonaba por toda la habitación junto a sus leves bostezos mientras se levantaba del sofá estirándose y sobando sus doloridas articulaciones.
—Odio los especiales Navideños... —la mujer gruño soñolienta, cojeando de forma pesada hacia la cocina para tomar un vaso de agua. Apoyada contra el borde del mesón de la cocina, dando pequeños sorbos saboreando el sabor amargo de sus labios, los ojos de Sasha se alzaron hacia el pequeño reloj en forma de gato de ojos tenebrosos y penetrantes que colgaba en la pared en frente suyo, la hora marcada eran las ocho y media de la noche—¿Ya es tan tarde? —murmuro dejando el vaso en el lavadero—¡Oye Anne! ¡Ya son más de las ocho! ¡¿Quieres que te ayude con la cocina?! —exclamo mientras regresaba a la sala de estar, recogiendo su desastre—¿Anne? —llamo de nuevo, dándose cuenta de que no había nadie en casa—¿Marcy? —subió las escaleras hasta la habitación que compartían, encontrando el sitio completamente vacío y desordenado, con la única presencia de un gato negro y blanco que dormía entre el mar de sabanas desarregladas—Hey chica ¿Has visto a Anne? —el animal soltó un ronroneo como respuesta. Un poco preocupada, Sasha salió de la habitación y se dirigió al cuarto extra de su departamento que su novia nerd usaba como sala de juegos y oficina, el mismo resultado, reviso también el baño y tampoco había un alma ahi—¿A dónde se fueron esas dos? —se preguntaba rascándose su nuca, sintiendo un leve malestar en su cabeza producto de la incertidumbre—Ahora que lo recuerdo tampoco las vi esta mañana... —soltó un ligero suspiro y se dirigió a la puerta principal, tomo sus llaves y su abrigo, mas antes de que si quiera pudiera abrir la puerta, esta se abrió del otro lado, revelando a las dos personas que estaba buscando.
—Bien, tu ve a distraer a Sasha mientras yo...
—¿Distraerme por qué? —las dos asiáticas se congelaron ante la presencia de su novia, sorprendidas y asustadas por igual, no se esperaban encontrarla justo delante de sus narices.
—Oh... hey Sash —Anne hablo rápidamente y de forma nerviosa colocándose frente a Marcy para que Sasha no notara el paquete rectangular que la más pequeña cargaba entre sus manos
—Hey Anne... —la rubia saludo en un tono indescifrable con los brazos cruzados y sin intenciones de moverse de su lugar hasta que le dieran una explicación, las conocía muy bien como para saber que estaban ocultando algo—¿Dónde han estado?
—Oh ya sabes... por ahi... —Marcy respondió apegándose más hacia Anne.
—No las he visto en todo el día —agrego golpeando su pie de arriba abajo con impaciencia.
—Bueno nosotras...
—¿Se olvidaron de comprarme un regalo verdad? Y se perdieron todo el día en el centro comercial tratando de encontrarlo —era invierno y de alguna forma las mujeres ya estaban sudando, se olvidaron de que Sasha siempre podían leerlas como un libro abierto, claro que ya no lo usaba para aprovecharse de ellas como lo hacía en el pasado, pero los hábitos nunca mueren.
—¿Fue muy obvio? —Anne se encogió de hombros aceptando que habían sido descubiertas.
—Bueno principalmente por la caja en vuelta en papel de regalo que Marcy sostiene, y por sus caras llenas de sudor —Sasha respondió haciéndose a un lado para que pudieran pasar.
—Te dije que debimos colarnos por la ventana —Marcy susurro hacia el oído de Anne ganándose un empujón por parte de la misma.
—Si no te hubieras puesto a discutir con el vendedor sobre el mal cuidado de la espada...
—¿Espada? —las mujeres se congelaron de nuevo.
—¡Maldición! —Anne se golpeó la frente con la palma de su mano, soltando más maldiciones en su segundo idioma, un reflejo involuntario para cuando no quería que nadie supiera lo que estaba diciendo.
—Wow por lo general siempre soy yo quien arruina las sorpresas —Marcy comento genuinamente conmocionada.
—¡No lo puedo creer! ¡¿Me compraron una espada?! —Sasha jadeo sorprendida con un brillo inmenso en sus ojos, su sorpresa arruinada no podía importarle menos—¡Dame dame dame! —ella extendió sus manos moviendo sus dedos como una niña pequeña.
—¡No! los regalos se abren mañana —Anne quiso recuperar el control de la situación (como si lo hubiera tenido desde un principio).
—¡Oh vamos! ya me dijeron lo que es —la mujer se quejó con frustración—A demás me dejaron solo todo el día —señalo a ambas con su dedo índice, usando un tono falso de molestia—Casi me da un ataque de ansiedad cuando me di cuenta, lo menos que pueden hacer es dejarme abrirlo.
—Bueno... pues ¿Qué tal si no es una espada? Y-yo... este lo dije para engañarte...
—¿En serio?
—En serio.
—¿Qué es entonces?
—No te diere.
—¿No me dirás?
—No.
—¿No es una espada? —Marcy intervino—Entonces por que la factura dice que lo es... —pregunto confundida, ignorante de las verdaderas intenciones de las palabras de Anne, y de cómo esta quería matarla en este mismo instante.
—¡UGH! ¡No puedo soportar esto! —tiro de sus cabellos castaños en frustración—¡Bien, puedes abrir el maldito regalo!
—¡Si! —Sasha exclamo victoriosa—Dame esa cosa Mar-Mar.
—Seguro... —Anne la detuvo.
—Pero, tienes que dejarnos abrir nuestros regalos también.
—Me parece justo —la rubia asintió, y sin más que decir, las tres mujeres se sentaron en el sofá, Sasha en el centro, Marcy a su derecha y Anne a su izquierda, expectantes de como su novia reaccionaria por el regalo ¿Le gustaría? ¿Lo odiaría? no estaban seguras, ella sabía que era una espada, pero no sabía que espada era.
—Huh... tal vez deberíamos dejarlo para mañana, aún no he hecho la cena y...
—Ssshhhh arruinas el momento —no había vuelta atrás, mientras miraba como Sasha rasgaba el papel, deslizando la tapa de la caja hacia un lado tomando al objeto entre sus manos. Los ojos de la mujer se abrieron como platos, paralizada sin poder creer lo que veía—¿Ustedes?... ¿Que?... ¿Como?... es... —no podía encontrar las palabras correctas, balbuceando incoherencias una y otra vez, temblando con pequeñas lágrimas en sus ojos.
—No puede ser ¡Marcy la rompimos!
—¡Dios sabía que debimos darle nuestros cuerpos!
—¡Marcy!
—¡Esperen esperen! —Sasha las interrumpió tomando las manos de ambas, tranquilizándolas—Estoy bien...
—¿Estas segura?
—Oh rana, Sash lo sentimos, no creímos que esto te afectaría.
—No no, estoy bien en serio —tomo el arma por su empuñadura inspeccionando la hoja gastada con un ceño fruncido—Es solo que... no me esperaba volver a verla...
—Si no te gusta podemos devolverla
—Solo queríamos darte el mejor regalo —ellas la miraban afligidas, sintiendo se mal sin haber hecho daño alguno.
—Les dije que estoy bien... esto es —sus ojos se reflejaron en la espada, notando una mirada diferente en sí misma; la mirada endurecida de una niña asustada se había esfumado, encontrándose con la de una mujer relajada que había hecho las paces con sus demonios internos hace mucho tiempo—Es perfecto... —las lágrimas seguían fluyendo—Muchas gracias... —dejo el arma en su regazo, abrazando a sus novias con mucho cariño, haciéndoles saber que sus palabras no eran mentira y que estaba genuinamente feliz.
—¿En serio te gusta? —Marcy pregunto, aun dudosa, Sasha únicamente se limitó en asentir.
—Creímos que la odiabas... realmente, lo compramos por impulso... —Anne confeso mientras acariciaba los cabellos rubios de su novia.
—Y por qué se nos habían acabado las ideas...
—Nunca la odie —Sasha hablo finalmente—Es solo una espada... no tiene la culpa de nada de lo que paso ese día... creo que en ese entonces todavía quería hacer responsable a alguien más por mi comportamiento y mis malas decisiones... pero el verla ahora... solo me recuerda lo mucho que he cambiado, me recuerda que soy una mejor persona ahora —olisqueo, separándose del abrazo—¿Dónde la encontraron?
—En una tienda de segunda mano —Marcy dijo rápidamente—Nos dieron un descuento, cuando les dijimos que éramos las dueñas originales.
—Lo probamos por que tus iniciales están en la empuñadura.
—Esa son mis chicas, sí que les he enseñado bien —se rieron ligeramente—Gracias, me gusta mucho —Sasha coloco sus manos en sus mejillas, besando suavemente a cada una de ellas con mucho cariño, se lo merecían.
—Valió la pena desperdiciar todo un día en el centro comercial —Anne comento luego de que se separaron, Marcy no podía estar más de acuerdo.
—¡Bien! ¿Quién quiere abrir sus regalos? —las mujeres gritaron con emoción en respuesta—Okey Anne este es tuyo y... este es tuyo Marbles —ambas abrieron sus regalos de una forma menos ordenada de como Sasha abrió el suyo, ante la revelación la habitación se llenó de una gran marea de jadeos sorpresivos.
—¡¿Una tarjeta RTX 3080 Ti?! ¡Sasha esto cuesta una fortuna!
—¡Oh por dios! ¡Oh por dios! ¡Una máquina de masaje de diez velocidades!
—Solo lo mejor para mis amores —Sasha sintió una ola de orgullo y felicidad viendo como sus novias disfrutaban de sus regalos, eso hasta que sintió una fuerza extraña que se abalanzaba hacia ella.
—¡Te amamos Sasha! —ambas dijeron al unisueno apretando a Sasha en un gigantesco abrazo.
—Yo también las amo tontas, feliz navidad —pequeñas risas y besos se oyeron en todos los rincones de la habitación mientras la noche crecía en sobremedida, y las estrellas brillaban con intensidad, reflejándose momentáneamente contra la ventana del departamento, como un regalo brindado por la extrañeza del universo.
Una vez más Sasha Waybright las había vencido, pero más haya de sentirse abrumadas por la derrota, sentían una felicidad inmensa que embriagaba sus corazones, se habían acercado bastante, pudiendo entender que los regalos no eran simplemente objetos caros al azar, si no objetos que despertarían algo grande en lo más profundo de sus sentimientos, y es que el objeto como tal no era lo importante, si no la intenciones que venían con el mismo, el mensaje carente de palabras que expresaba cuanto las amaba, que las escuchaba y entendía mejor que nadie en el mundo. Y la cosa es, que esa es la magia de dar un regalo a alguien, tal vez las palabras de afecto sean mágicas y reconfortantes, pero hasta algo tan simple como un chocolate puede alegrar el alma de cualquier individuo invadido por la oscuridad de la soledad y la tristeza.
Escrito como especial de la navidad pasada.
