FIC
Historias de Albert y Candy
Tu amor por Siempre
Por Mayra Exitosa
Candy estaba en el hospital, el medico que había tenido que regresar a trabajar por cumplimiento de contrato deseaba estar presente en el nacimiento y los hombres se atravesaban para que no ingresara el medico pervertido Felton, ya que había regresado ahora casado con una enfermera, pero nadie olvidaba que ese solo se casó para cubrir las apariencias, porque las mañas las tenía muy arraigadas y así el esposo y cuñado hacían frente para que él no fuera quien ayudara a Candy a dar a luz, para eso ellos habían hablado con el directivo del hospital, que trabaje Felton en la clínica porque su especialidad es una de las más solicitadas, no significa que sea ginecólogo mucho menos que haga falta que atienda a la señora Andrew. - Ya le dije señor Andrew, el doctor Leonard no ha llegado, déjeme ingresar, se de estas cosas más de lo que se imagina. - No, ya están adentro la partera auxiliar, usted se queda afuera. - Estoy de guardia, mi esposa es enfermera y se encuentra dentro, no le haré nada a su mujer. - Pues que bueno, pero usted no entra.
Tom llegaba con su bebe en brazos y veía el espectáculo que tenían los Andrew en plena sala de partos con el doctorcito pervertido que había regresado y este iba para ver que sucedía,
- Doctor ¿Qué pasa aquí? - Que estos hombres son muy tercos, Tom, diles que yo traje a tu bebe al mundo y que puedo ayudar a Candy a dar a luz. - Bueno, creía fama y échate a dormir, usted ayudo a mi mujer, pero no ha dar a luz, solo a ayudar al doctor Leonard, usted estaba ahí de metiche, le dije que mi mujer ya no era virgen, pero usted anda ahí donde no le llaman. - ¡Tom! No le eche más leña al fuego, que no ve que esta sufriendo Candy. - Pero no por usted, ella esta pujando para dar a luz, yo ya pasé por eso varias veces. - pero si no puedes ni ver a tu mujer sin marearte. - Bueno, pero he traído cientos de becerros y si el papá no quiere que vea a su mujer, pues se aguanta.
El llanto de un bebe sonaba por la sala, ambos rubios giraban a ver que Flamie salía con un niño envuelto en sus brazos. - Señor Andrew, su hijo nació muy bien. Lo ponía en sus brazos y alguien más volvía a llorar, otra enfermera salía y agregaba, - También es un niño. Anthony echaba un grito muy al estilo vaquero y Tom se quedaba boca abierta luego expresaba, - Que te ibas a aguantar, que yo llevara la delantera. Anthony sonriente agregaba - Si, pero puras niñas has traído y no dudes que el que viene también sea niña, no le has atinado a nada. Mira, mi hermano trajo dos hombres. ¡eh! ¿Cómo te quedo el ojo? - Es que en el pueblo hacían falta mujercitas. - Si, pero los Andrew no se las vamos a poner facilitas, el apellido sigue por delante y el tuyo si no te pones listo te lo pierden.
Corriendo ingresaba Paty y Stear, para escuchar toda la charla del cuñado de Candy y el exnovio, viendo a Felton sentado en una banca, porque su mujer había ayudado a Candy y él que era el doctor, no había podido ingresar a ver un parto gemelar, solo porque no querían que se acercara a la paciente.
Flamie lo vio y agregó, - La partera esta dentro, dice que no hubo ningún contratiempo y que los niños están muy bien al igual que Candy. - Me alegro mucho querida, al menos en este pueblo tu familia no vendrá a molestarnos, ya con todos los que tenemos aquí en mi contra es suficiente. - No están en tu contra, Michael, es su derecho a elegir médico, ellos no querían que fueras tú, o el doctor Leonard o la partera auxiliar.
La llegada de las tías era entre emociones y llantos, al ver a Albert sentado cuidando los dos bultos que le mostraban, al no haberlo dejado entrar, porque se complicaba al tener dos bebes. - Ves Fanny, debimos hacer otra caja de cobijas, estos muchachos nos traen al dos por uno. - Ya veo, ahora no solo donde pone el ojo pone la bala, también le atina tiro al doble. Flamie ¿cómo está mi niña? – Muy bien señorita Fanny, ella esta muy bien, solo un poco agotada. La tía Elroy agregaba, - Y como no, si bien que se trajo a dos hermosos críos. Albert con sus dos hijos preguntaba - ¿puedo verla? - Si, ya esta terminando la partera, pase, ella quería que le trajéramos a los niños a usted, no quiere que nadie los vea antes que su padre. - Me gustaría que estén con su madre, permítame entrar.
Albert veía a Candy, su bata ya no era azul, ahora era blanca y alcanzaba a ver la anterior demasiado manchada, él estaba preocupado, tuvo un parto gemelar de forma natural, por lo que el debía cuidarla el doble. Ponía a sus hijos en sus costados y ella abría los ojos. - ¿están bien? - Si cariño, muy bien. Los dos son niños, Tom esta peleando afuera con Anthony y Felton no pudo entrar. - Gracias mi amor, perdona que te haya pedido que cuidaras la entrada, pero no quería hacerte sufrir, se de estas cosas y me preocupaba más lastimarte. - Quien te ha lastimado he sido yo, mírate, tan cansada tu solita los trajiste al mundo. - Si, pero me ayudaras con ellos. ¿cierto? -no lo dudes mi vida.
Flamie se iba caminando despacio, ya esperaba bebe y estaba muy orgullosa de Candy. Tom veía a su mujer salir con la niña de su mano, y ella con su barriga voluminosa, lucía seria, mientras que Tom traía cargando a otra niña este le preguntaba, - ¿Qué te dijo la doctora? - Será otra niña, Tom. - Que bueno, que se parezca a ti, tan bonita y bella. Ella sonreía con cierto pesar, sabía que su marido siempre peleaba con los demás por un niño, pero había sido otra niña y ni hablar, ya sería en la próxima ocasión, ahora tenía que construir una habitación extra para decorarla de lila, el rosa y el verde ya estaban con Tifany y Sarita, esta nena tendría otro nombre hermoso, Verónica seria genial. Al final ella tenía el derecho de elegir los nombres si eran niñas, y Tom solo podía elegir nombre si eran niños, ella iba feliz, el poder femenino en los Stevens sería de lujo, traería a todos los jóvenes patinando las camionetas y a Tom vuelto loco tras de ellos. Sonreía de manera discreta viendo que su hija mayor era coloradita y la segunda castaña con pecas, ahora tenía que ver si la tercera salía rubia para tener surtido y variedad.
Anthony y su esposa tuvieron un niño y una niña, mientras Albert y Candy después de los gemelos esperaron cuatro años y llegaría su pequeña hija, dos años más y llegaría otro niño con el que terminaron la fabricación de peques, convirtiéndolo en parque de diversiones. Tom tuvo cinco niñas y un varoncito al final. El doctor Felton tuvo dos niñas, no hubo varones, pero si se quedo a vivir en Lakewood, luego de alejarse de la familia de Flamie prefería seguir ahí, por no revisar el contrato que había firmado en la clínica quedaba comprometido a trabajar mínimo diez años. El pueblo que una vez lo intentó sacar requería especialistas como él y fue aceptado por un contrato que había firmado y tenía que cumplir al ser él quien lo había buscado para su ingreso, aun con todos los altibajos Michael y Flamie se amaron y crecieron como esposos.
Al igual Tom y Elisa, porque tanto el tío como el padre se volvieron muy asediados, al tener a las niñas más bonitas del pueblo, eso hasta que llegó la hija de los Andrew, pero como casi no salía, pues nadie la veía seguido, el padre y los hijos siempre estaban al tanto de hacer crecer el rancho, mientras Candy y Albert hacían crecer el amor entre ellos, porque como fue al comienzo de su relación, ellos todavía estaban conquistándose continuamente. Los hijos solo eran fruto de ese amor que seguía creciendo con el paso de los años.
La tía Elroy y la Tía Fanny fueron las más felices abuelas del pueblo, longevas y contentas porque se tenían la una a la otra. Desde que Albert y Candy se habían casado ellas fueron las que gozaron más de ver ese matrimonio y formaron durante muchos años, las custodias de que ninguna loca fuera a meterse entre ellos. Todos los gorritos y botitas terminaron en el orfanato de Lakewood. Los chicos fueron patones y todos los que hicieron casi no los usaron mucho tiempo, algunas gorritas las usaron las muñecas de su única nieta.
- Albert mira este regalito te llego de Alemania. - No hemos ido hasta allá nosotros, solo nuestro hijo William. - Si, nos envió esta cajita, debe ser un recuerdito de allá. Al abrirlo Albert se le caía la caja y Candy sonreía, al ver un babero diciendo, yo amo a mis abuelos.
FIN
Gracias por sus comentarios, su apoyo y sus registros dentro de la plataforma,
ahora veremos cual de todas será la siguiente en finalizar.
Agradeciéndoles por respetar los escritos de mi autoría al no copiarlos ni adaptarlos en otras plataformas
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
