Pov. Nadie
Runo Misaki, la Runo Misaki, una de las integrantes de la primera generación de peleadores Bakugan que habían salvado al mundo.
Antes que nada, pongámonos en contexto. Habían pasado ya un par de años desde que los Bakugan y los humanos se habían separado, y esta vez, parecía ser definitivo, ya que no habían escuchado más respecto los unos de los otros. Era triste, pero estaba bien, teniendo en cuenta la última batalla en la que se habían visto envueltos...
Esa era una historia que Runo intentaba no recordar, pero le era imposible el no perderse en los recuerdos de aquel tiempo, de antes incluso, en especial cuando se asomaba por la ventana de su desolada habitación y veía en todo su esplendor la torre Wardingtong, donde ella y Dan compartieron su primer beso…
Ahora, centrémonos en la historia de la pequeña chica de cabello celeste y bonitos ojos turquesa que hace ya tiempo se veían más apagados que nunca.
¿Qué había pasado con ella?
Runo y Dan, el reconocido peleador Pyrus que encabezó el grupo de peleadores Bakugan en su momento, para sorpresa de casi nadie, después de los primeros grandes eventos del mundo Bakugan en la tierra, cuando apenas tenían 12 años, habían terminando confesándose el uno al otro, una cita y salidas casuales de vez en cuando, sin formalizar nada realmente.
Luego, la desaparición de Dan, a sus 15 años se había unido a la resistencia de peleadores en New Vestroia, y aquel "tiempo" que habían tenido que darse por la distancia, dejando a una Runo molesta, desconcertada, y casi en su mayoría al margen de aquella batalla (A excepción de algunos roces con los Vexos, claro). Dan volvió de New Vestroia, una cita más, un par de salidas juntos y bromas aquí y allá sobre que eran pareja, pero sin concretar nada.
Dan volvió a desaparecer una tercera vez, a sus 16 se había involucrado en una nueva guerra. Evidentemente regresó una tercera vez a la tierra, pero en esta ocasión, llegó con una chica. Fabia Sheen, la princesa de Neathia y compañera de batalla en la invasión Gundaliana. Dan no perdió tiempo en presentarla a sus amigos de Wardingtong, Runo y ella se llevaron bastante bien, se habían vuelto mejores amigas, casi familia. Y a eso llegaron, la familia de Runo la acogió como una más de ellos, cosa que terminó con las dos chicas refiriéndose la una a la otra directamente como primas ("hermanas" era demasiado incluso para ellas).
No pasó mucho hasta que Fabia se presentó en la tierra, con una mochila y el deseo de vivir como una persona cualquiera, de lograr cosas por su cuenta y no por el título de su familia como realeza. Por la estima y cariño que se había cimentado entre las dos chicas y sus familias, no les fue difícil aceptar a la chica en la tierra, La peliazul viviendo por su cuenta, más recibiendo el total apoyo de Dan y sus amigos, y en especial, de cierta peliceleste.
Hasta este punto Dan y Runo parecían seguir intentándolo a ojos de terceros, los veían salir juntos, y la mayoría del tiempo tenían planes. Cuando cumplieron 18 y comenzaron sus estudios de nivel superior fue cuando todo pareció tomar un giro brusco. Fabia y Runo seguían viéndose y saliendo como amigas, a veces con Dan, a veces sin Runo... La peliazul tenía una enorme estima por el castaño que luchó a su lado por defender a su reino, y al dedicarse ella enteramente a trabajar y asistir a talleres y clases para aprender cosas nuevas, tenía mucho más tiempo libre que Runo. Tiempo libre que comenzaron a pasar juntos Dan y Fabia cuando Runo tenía demasiada tarea o trabajo para quedar con esta.
"Las cosas sucedieron". Era lo único que Runo escuchaba como explicación cuando los rumores sobre que Dan y Fabia ahora parecían estar juntos se habían disipado, esta vez para confirmarlo. Ahí estaban, en el nuevo local de restaurante de la familia Misaki, en el cual Runo trabajaba la mayor parte del tiempo. La chica peliceleste sólo jugaba ansiosa con el borde de encaje del pequeño mandil que era su uniforme mientras frente a ella estaban su prima, y el castaño que ella juró era su otra mitad durante la mayoría de su adolescencia, tomados de la mano, contándole cómo pensaban hacer oficial su relación, y querían que ella lo supiera antes que nadie, hablarlo, y evitar resentimientos.
Aquella vez Runo simplemente pudo felicitarlos, intentando contener el llanto que le quemaba la garganta.
Está de más mencionar que rápidamente Runo fue perdiendo contacto con la pareja, cancelaba sus invitaciones y evitaba el tener que convivir con ellos. Esto le llevó a distanciarse también de muchos de sus antiguos amigos de la primer generación de peleadores, y, para su sorpresa, encontró el apoyo más incondicional por parte de cierta pelinaranja nativa de New Vestroia.
Esto nos lleva a la actualidad, a la Runo que había terminado tomando un descanso de sus estudios, la Runo que se dedicaba a trabajar y volver a su casa, ahora propia, a las afueras de la ciudad, amplía pero desolada, que tanto trabajo le había costado conseguir, sólo para intentar perder el tiempo hasta quedarse dormida. Esa Runo que evitaba salir de casa más de lo necesario y que había dejado de preocuparse por siquiera ingerir sus tres comidas al día.
Sí, esa era la Runo actual.
El cabello celeste se le pegaba a la cara mientras veía por la ventana de su habitación en el segundo piso hacia la calle frente a su casa, con el agua fría de la lluvia estrellándose lentamente en su rostro, y los ojos perdidos en los árboles que decoraban la acera.
–Runo– llamó la voz a sus espaldas, haciéndole girar rápidamente hacia la pelinaranja que estaba sentada en la silla móvil de su escritorio
–¿Eh?–
–Estaba diciendo que la lluvia arrecia, deberías cerrar la ventana–
–Lo siento, Mira, me ausente un poco– soltó una risita torpe, mientras cerraba la ventana y volvía a sentarse en su cama, jugueteando entre sus manos con un pequeño peluche gris, en forma de conejo que fácilmente podía sostener en una sola mano –¿De qué estábamos hablando?– preguntó la peliceleste volviendo a alzar la mirada hacia los ojos azules
–Runo, decía que deberías salir un poco más– la aludida suspiro. Era algo que últimamente escuchaba hasta el cansancio de parte de sus amigos apenas se daban la oportunidad de hablar de nuevo –Vamos, ya te hace falta algo de luz de sol, tomar algo de aire fresco, estirar las piernas al menos en un recorrido diferente que no sea del trabajo a tu casa y de tu casa al trabajo–
–Mira– llamó la peliceleste, comenzando a negar un par de veces –No... No tengo ánimos–
–Escucha, Runo. Hable con Alice y Julie–
–Eso cuenta como traición– se quejó falsamente
–Las tres estamos de acuerdo con que necesitas alejarte de todo esto– dijo, señalando su alrededor –Cada que vengo tu habitación se ve más oscura y cada vez tienes un pasatiempo menos– La peliceleste suspiro, era cierto, había perdido el gusto por muchas de las actividades que llevaba a cabo para perder el tiempo, se limitaba a dormir y ya
–Eso no es raro, sabes que soy muy cambiante con mis hobbies–
–Runo quiero llevarte a Vestal un tiempo– ambas se mantuvieron en silencio, Mira expectante, Runo procesandolo
–¿Quieres qué?– parpadeó un par de veces, cómo si lo que estuviera diciéndole le pareciera imposible.
–¡Es una buena idea!, podrías despejarte de toda la situación de Dan y Fabia, podrías ver a Ace, Baron siempre pregunta por ti, y... ¡Klaus!, él y Chan ya residen oficialmente en Vestal, sería perfecto para que les des una visita, también... También Alice pasa la mayor parte de su tiempo trabajando con Lync y su abuelo allá, Y... ¡Podrás ver a Keith!– Aquel nombre le apretaba un poco el corazón.
Si, ella y Spectra se habían conocido durante momentos cortos en la disputa de Vestroia, cuando Dan y Mira aún pertenecían a la resistencia. Pero había más historia que eso, que tan sólo una interacción de rehén actuada. Si tenemos que ser específicos, Runo lo recordaba más como un limbo... Después de que los Bakugans se separaran de los humanos tras los eventos de New Vestroia, los peleadores se vieron enlistados en una guerra, una guerra provocada por Vestals y la revolución que generaba en ese entonces la familia real y su monarquía.
Un escalofrío le recorrió la espalda, aquellos recuerdos tan vividos de sangre y cierto rubio que apenas podía hablar en sus brazos después de haber tomado todo el daño que iba direccionado hacia ella. La culpa, el miedo, y un curioso sentimiento de agradecimiento que se veía opacado por todo lo demás. Eso era Keith.
–No creo que sea una buena idea... Además, tú ya estabas hablando de mudarte con Ace, no puedo simplemente ir y entrometerme en sus planes– la pelinaranja frunció el ceño
–No seas tonta, Runo, aún no se concreta y aún así, Ace no tendría ningún problema con ello.– la peliceleste suspiró pesado –Además ya se habló con tus papás, ellos están de acuerdo–
–¿Qué?– alzó la cabeza, esta vez aún más rápido –Eso es una doble traición. Además es imposible, yo soy la encargada del local al sur de la ciudad, no puedo irme así como así y dejarles más trabajo a mis padres–
–Julie fue quien habló con ellos. Ella y Billy se ofrecieron a ayudar con el local a tus papás si lo necesitaban– Runo le veía fijo. No podía decir nada, dos personas extras ayudando a sus padres era más que un alivio, además de que Julie ya tenía experiencia y era alguien de confianza.
–Mira. Está bien, sí, supongamos que accedo, llevo años sin ver a Baron y Ace, tu hermano para empezar. ¿Cómo piensas que se sentirá al verme así de repente?–
–Runo, él aún pregunta por ti–
El silencio reinaba en la habitación, Runo por momentos se sentía perdida con el sonido de las gotas de lluvia golpeando en el cristal de su ventana, fuerte y sonoras. Los escalofríos volvieron. Quiso atribuirlos a lo helada que se había puesto la habitación por el clima, pero sabía que eran patrañas. Aquel chico a quien dejó de hablarle después de la guerra por algo tan tonto como querer concentrarse enteramente en una inexistente relación con Dan Kuso, aquel chico al que comenzó a ignorar, sabiendo que estuvo dispuesto a protegerla con su cuerpo. Aquel chico al que sin duda había hecho sentir como mierda por echarle en cara que había sido un villano. Ese mismo chico seguía preguntándole a su mejor amiga por ella.
–A veces no puede ocultar sonrisas cuando te menciono.– volvió a hablar Mira –Sólo le conté lo básico de la situación con Dan. Evitó mencionar tu estado actual–
–¿Por qué?– aquellas dos palabras tan feroces que escaparon de su garganta sólo arrebataron una sonrisa suave de parte de la Clay
–Porque esta no debe ser tu historia, Runo. Eres mucho más que tan sólo dolor y sollozos por una situación que ya tiene meses– Mira no supo si aquella declaración ofendía o lastimaba a la peliceleste, pero no iba a retractarse –Quiero que mi hermano escuche de la valiente chica que fue su amiga. Quiero que vea a la Runo fuerte de siempre. Eres mucho más que un tercero en la historia de amor de Dan y Fabia, y ya debes darte cuenta de ello–
El sonido de llanto ahogado no tardó en hacerse presente en la habitación. Mira tenía razón, joder, si que la tenia. ¿Que demonios le pasaba?, esta no era Runo, esta chica delegaba y cansada no era Runo Misaki, ni lo seguiría siendo más. Tenía que intentarlo una vez más, salir adelante y esta vez sería por ella.
–Tienes un buen punto Clay– dijo ahora entre risas que luchaban con el llanto –Hablaré con mis papás, busca mi maleta en el armario–
Y con aquella declaración, esta vez más decidida de lo que había estado en meses, Runo se puso de píe, y camino fuera de su habitación, al pequeño pasillo/balcón de madera que había dentro de su casa y llevaba a las escaleras principales, viendo la puerta de su espacioso y solitario hogar. El celular sonó difícilmente dos veces, y se vio atendido por su padre, con una felicidad indescriptible en su voz por escuchar a su hija de nuevo con esa chispa suya al hablar. Su madre y su padre tomaron turnos para hablar con ella.
Terminaron intentando calmar a Runo, hablando de como no debía preocuparse por el trabajo, y que les parecía una magnifica idea que se tomara algo de tiempo para si misma, con sus amigos, lejos de Wardington para que buscara algo de paz. Entre pesados suspiros y leves sollozos de felicidad Runo se hundió en la calidez que le transmitían sus papas.
–Quiero verlos antes de irme– declaró la chica, limpiando una lágrima que cruzaba su mejilla
–Oh, querida, nos acabas de ver, además, Mira nos dijo que planeaba llevarte hoy mismo a Vestal– habló su papá, con una voz abatida
–Pero no puedo ir sin despedirme como se debe...–
–Hija– fue ahora la voz de su madre –Sabemos que esta es una decisión difícil para ti, no queremos que te arrepientas, esto puede hacerte bien. No te preocupes– habló, en un intento por calmarla, Runo no podía evitar ahogarse más con sus lágrimas –Te estaremos esperando cuando regreses. Queremos ver tu cara sonriente de nuevo, mejor que nunca–
Esa había sido la declaración de su papá antes de que se despidieran. Runo tuvo que tomarse unos minutos para controlar su llanto. Adoraba a sus papás, y apreciaba muchísimo sus palabras de apoyo.
–¿Estas lista?– llamó una Mira apenada desde la puerta de su habitación
Runo sorbió con fuerza y se limpió las lágrimas rápidamente.
–Sí, sí, ya hable con mis padres.– sonrió, aun sin terminar de creerse la situación. Su mejor amiga sostenía su mochila/maleta al hombro, visiblemente cargada
–Perfecto, reservare dos boletos de una vez. La estación no está lejos pero prefiero no perder tiempo– la pelinaranja entonces se encaminó escaleras abajo
–¡Espera!– la peliceleste entonces corrió hasta su habitación, rebuscando en su cama sin éxito
–¿Buscas a tu conejo?– aquella voz le hizo girar rápidamente. Mira señalaba la mochila desde la puerta de la habitación.
Joder, si que la conocía. Runo no podía despegarse de ese maldito peluche desde hace un par de años. A ojos de cualquiera era algo infantil y tonto, pero para Runo ese conejo significaba muchísimo. Lo había recibido como amuleto después de aquella guerra, y no podía dejarlo ahora que se reencontraría con la persona que se lo regalo.
La lluvia no cesaba, sin embargo si disminuyó un poco en intensidad, lo suficiente para que Mira arrastrara a Runo hacia la estación de viajes bajo un paraguas.
Aquella tarde Runo no pudo despedirse personalmente de sus padres, tampoco de Julie o Billy, o algunos de sus demás amigos con quienes hablaba ocasionalmente. Sentía que todo estaba sucediendo muy rápido, casi no se creía que Mira la estuviese llevando a Vestal así como así. Pero la realidad le golpeó apenas atravesaron las grandes puertas de cristal y se encontró con el alto techo blanco de la estación de viajes. El mirador en el techo dejaba apreciar las grises nubes y las chispas de agua rebotando en el cristal. La gente caminaba de un lado a otro, el mostrador estaba libre así que asumió que la mayoría se entretenía en los puestos de comida y sillas de espera a su viaje.
Los viajes interdimensionales habían progresado mucho, y esto gracias al abuelo de Alice, y por qué no, también la influencia de Marucho y su familia. Rápidamente habían vuelto los viajes algo tan simple como comprar un ticket de avión o específicamente de tren bala.
Mira caminó hacía el mostrador, dónde una chica rubia con bonitos ojos verdes no pudo evitar pintar una sonrisa al verla.
–¡Mira!– saludó la rubia, llamando la atención de Runo, que sólo veía la expresión poco amigable de su amiga
–Samantha– saludó la pelinaranja rebuscando en su celular –Pensé que trabajabas en la estación de vestal–
–Así es, hoy estoy cubriendo a una compañera que trabaja en esta estación, sigo en Vestal técnicamente– Mira sólo asintió con la cabeza, sin verla realmente –¿Quieres que te busque un viaje a vestal?–
–No– le interrumpió, por fin mostrándole el código en la pantalla de su celular –Reservé antes, sólo quiero canjearlo–
–Oh, ya veo...– la chica entonces tomó el celular, escaneando el código en su computadora –¿Cómo está Keith?– preguntó la rubia, aun sin notar a la peliceleste que cada vez se interesaba más en la conversación
–Muy bien, que digo, perfecto, creo que nunca lo había visto tan feliz– declaró Mira con una enorme sonrisa que apagó un poco la de la chica tras el mostrador
–Oh... Ya veo– habló, devolviéndole el móvil a la Clay –Saludalo de mi parte...–
–Claro, nos vemos Samantha– le cortó rápidamente, girando sobre sus talones y alejándose rápidamente con la peliceleste de la mano.
Runo podía sentir la pesadez en sus hombros, miró brevemente sobre este y se encontró con el par de ojos verdes que no se separaban de su espalda, con genuina curiosidad, y tal vez algo más...
Runo y Mira rápidamente abordaron el tren que las llevaría a Vestal, tenían que hacer cerca de 20 minutos de camino en tierra hasta alcanzar el portal, y otros 20 hasta llegar a la estación de Vestal. Tal vez era bastante más tiempo y más complejo que simplemente cruzar por un portal como el que alguna vez creó el abuelo de Alice, pero sin duda era más seguro, y más conveniente tener un portal relativamente más alejado de todo el bullicio de las ciudades en caso de que algo saliera mal.
Runo se sentó del lado de la ventana, y Mira, junto a ella, quedándose dormida rápidamente mientras la peliceleste, agobiada y ansiosa, intentaba concentrarse en el paisaje de verde praderas que implicaba el camino de la estación al portal que, en esta ocasión, se veía bastante más oscuro por el clima y la lluvia que comenzaba a ganar fuerza una vez más. Su cabeza de nuevo funcionaba demasiado rápido, maquinaba cientos de situaciones e ideas sobre la gente que vería, la que dejaría de ver por un buen tiempo, y que llevaban todas al mismo pensamiento.
No iba a sufrir más por ellos, no habrían más lágrimas.
Y con una sonrisa para sí misma, y una creciente sensación de emoción por todo lo que estaba por venir, cerró los ojos.
