Runo no se movió más, no sabía si lo que le paralizó había sido el shock de darse cuenta de lo que estaba pasando, o que realmente su cuerpo comenzaba a doler, a sentirse débil. Pero estaba ahí, frente a Samantha, viendo como en el suelo pequeños mechones de cabello celeste iban tapizando el blanco.
Parecía que se estaba tomando su tiempo, no sabía que hacer. No entendia por qué la rubia hacía aquello, ni por qué arremetía contra su cabello. Pero algo debía saber sobre ella.
El cabello de Runo siempre había sido largo... Bueno, al menos desde que se había vuelto consciente de que le gustaba largo. Lo cuidaba lo suficiente para que se mantuviera sano, le gustaba su cabello largo. Nunca se había detenido a pensar en qué aquel gusto fuera tan frívolo, pero ahora, viendo cómo caía al suelo, se daba cuenta de que realmente le gustaba su cabello largo. Y ya no lo sería más.
La puerta se abrió, y la pelirroja, aún con la mirada fija fuera del baño, habló.
—Sam creo que la buscan. Deberías-— apenas entonces la chica presenció la escena, y le había dejado callada.
Runo no pudo evitar preguntarse, ¿que tan mal se veía?.
La presión en su cabeza desapareció, y escucho las tijeras caer en la barra del lavabo. Antes de darse cuenta, se encontró sola en el baño, de rodillas.
La cabeza aún le dolía, y la presión la agravó más una vez consiguió ponerse de pie, en el reflejo por fin encontró su propio rostro.
El cabello celeste que había llevado suelto hasta las caderas ahora llegaba a su cuello, a duras penas a sus hombros, al menos de un extremo, ya que el otro, disparejo, llegaba un poco más abajo de su hombro.
Vio la imagen con decepción, sabía que no podría salvarse del todo, tendría que cortarlo parejo a los hombros, y volver a tener el cabello a su largo anterior le iba a costar un buen tiempo.
Inhalo fuerte, reteniendo las lágrimas que se acumulaban en sus ojos, y con una apenas encontrada motivación, intentó buscar el lado bueno...
Tomo la chaqueta del lavabo y se la puso, con el cierre hasta el cuello, subiendo la capucha para cubrirse la cabeza.
Primero tenía que organizar sus prioridades, tenía que salir de ahí, encontrar a Mira, y tenía que tomar algo para su fiebre, ir al médico.
Abrió la puerta del baño, el pasillo estaba sólo, nadie más se encontraba frente aquella puerta. Había solo algunas personas al fondo, en las escaleras, y otras más lejos, en la sala de estar.
Caminó lento, sintiendo como el sonido le incomodaba cada vez más, y una vez se encontró en medio del pasillo entre las dos zonas, busco con la mirada a Mira.
El lugar en el que anteriormente habían estado con ambos hermanos Domm ahora estaba despejado, y no había rastro de sus dos amigos. Arrastró la vista por la habitación, intentando identificar con dificultad algún rostro conocido, sin mucho éxito.
Tal vez su mejor opción sería esperar frente al coche. Podía soportar el frío si eso significaba que se alejaría de aquel bullicio que ahora le agravaba la migraña.
Frente a ella, en cuestión de segundos, se encontraba un chico alto, rubio, poniendo sus manos sobre los hombros de la chica, estabilizandola.
Alzó la vista con pesadez, topandose con el rostro preocupado de Keith.
–¿Estas bien?— preguntó en voz alta, aunque parecía que no era la primera vez que hacía la pregunta —Mira me dijo que no te veías bien, vine a buscarte— Runo apenas podía distinguir la expresión de preocupación en el rubio, las lágrimas que había estado intentando contener ahora le nublaban la vista —Por Dios, Misaki, ¿Qué sucedió?— la acercó más contra su pecho, y la chica no puso resistencia, dejó caer su peso contra el pecho masculino, y aún sosteniendole la mirada, busco fuerza suficiente para hablarle por encima de la música.
—Sólo... Llévame a casa—
Algo dentro de Keith por fin reaccionó, se agachó, tomando a Runo en brazos. La diferencia de altura no era exagerada, pero teniéndola en brazos, acurrucada como un ovillo, le parecía tan pequeña. Con un brazo alrededor de sus muslos, y su otra mano apoyando la cabeza femenina contra su hombro, atravesó el lugar.
Runo dejó sus ojos cerrados, intentando acallar los sollozos que le ahogaban.
—¿Lo encontraron?— Preguntó el rubio, Runo no se movió, y el andar del chico tampoco se detuvo.
—¿Qué sucedió?— La voz alterada que Runo ubico fácilmente le tranquilizó, era de Mira.
—Sí, sólo nos despedimos, no mencionamos más— agregó la voz de Ace.
—Larguemonos de aquí, abran la puerta del copiloto.—
Lo próximo que Runo sintió, después de un par de zancadas largas, fue el como Keith se agachaba, acomodandola en el asiento del automóvil. Se llevó las piernas contra el pecho, y las manos al rostro. Su llanto apenas podía ser controlado, y no quería que Keith le viera así.
—Necesito ponerte el cinturón— Susurro Keith, sorpresivamente cerca de su oído, ahora sentado en el asiento del conductor. Runo sólo dudo un par de segundos, antes de sentarse correctamente, y voltear su cara lo suficiente para no ser vista por el chico. —¿Quieres que busque un médico cerca?—
Runo proceso la pregunta, sí, estaba segura de que necesitaba ir al médico, pero no justo ahora, necesitaba dormir.
Negó con la cabeza, sin hacer contacto visual.
—Necesito... Dormir un poco— hubo un silencio pesado dentro del automóvil, la peliceleste estaba casi segura de que las tres miradas se encontraban sobre ella.
—Por la mañana, sin falta, iremos al médico— Sentenció Keith, con una mano en su antebrazo, intentando darle algo de sentido de la realidad, pues la vista perdida en el suelo no le daba buena espina.
Runo asintió levemente, y en cuestión de segundos, la mano que estaba en su brazo regresó al volante, y el coche se puso en marcha.
La radio seguía encendida, en un volumen bajo, nadie decía nada, y Runo no lograba concentrarse en lo que decía la locutora en la estación.
"Nuevos tiempos se avecinan para Vestal [...] presentación de los candidatos [...] jóvenes preparados y dispuestos a trabajar y dar su todo"
La cabeza le punzaba, y cuando abrió los ojos gracias a la repentina ausencia del sonido de fondo, se dio cuenta de que el coche ya estaba en el garaje, y la puerta se cerraba tras de ellos. Escucho las puertas traseras abrirse y ella también se apresuró a salir, necesitaba tomar un baño, uno caliente, quitarse los restos de cabello y la sensación de impotencia que le carcomia la piel. Había pasado por muchas cosas, pero el hecho de estar tan débil, y no saber por qué había sucedido lo que pasó era tan irreal que le costaba procesarlo del todo. Apenas abrió la puerta y se puso de pie la vista se le nubló, llevándola de bruces al suelo. Alcanzó a sostenerse del borde de la puerta, y algo le hizo pensar que tal vez debería comer algo primero, y tomarse una aspirina. El revuelo a su alrededor apenas llegó a sus oídos cuando sintió los brazos de Keith rodeandole la cintura, poniéndole de pie, y guiandola dentro de la casa.
Una mano se posó en su frente antes de que pudiera reaccionar, y dar un saltito, intentando alejarse.
—Dios mío, estas ardiendo— pronunció bajo el rubio. —Mira, busca en el botiquín algo para la fiebre— pidió con la voz firme, pero nerviosa —Ace...— llamó, casi con desesperación, viendo como su hermana corría escaleras arriba a rebuscar en las gavetas del baño. El moreno asintió.
—Voy a preparar algo caliente para que beba— anunció, dirigiéndose a la cocina.
La vista de Runo por fin se enfocó de nuevo, ya sentada en el sillón. Se encontró con aquel par de ojos azules, viéndola desde abajo entre largas pestañas cobrizas, buscando la mirada femenina.
—Misaki, tengo que quitarte la chaqueta— pronunció Keith despacio, viendo como se aferraba firmemente al cuello.
Runo no había pensado realmente en ocultar su cabello en sí, no se había dado cuenta de que inconscientemente ya estaba intentando evitar que le quitara la chaqueta, pero estando ahí frente a Keith de pronto sentía pena. Pena de que viera su cabello asimétrico, cortado contra su voluntad y sin ningún tipo de cuidado. Pero no debía, no era su culpa. Intentó animarse, quitando por fin las manos del cierre.
Keith asintió, y con las manos firmes bajó el cierre desde su cuello hasta su abdomen. Runo se quedó quieta, por lo menos hasta que un escalofrío le subió la espalda, cuando Keith había acercado sus manos a la capucha.
La mirada de la peliceleste se perdió en algún punto entre sus piernas, en el pecho del chico frente a ella.
—¿Quién fue?— preguntó el rubio, después de un par de segundos en silencio, procesando la imagen frente a él.
—Sam— respondió, nerviosa. —Pero no sé por qué— se apresuró a añadir —No se por qué cortó... —
—Es mi culpa— interrumpió el rubio —Yo... —
Mira bajó las escaleras, apresurada, llamando la atención de los dos chicos en la sala. La mirada en su rostro reflejó sorpresa y preocupación genuina en cuestión de segundos.
Con un par de zancadas ya estaba arrodillada junto a Keith, tomando las manos de Runo, y preguntando lo mismo que él. Runo le sonrió suave, intentando calmarla, pero sabía que no era suficiente.
Explicó rápidamente lo sucedido apenas Ace salió de la cocina, guiado por la voz de su novia, y encontrándose con la bizarra escena.
—Fue Samantha, me encontró en el baño, me sentía mal... Me dolía la cabeza y el cuerpo y... Y me dijo algo y cortó mi cabello— No quería entrar mucho en detalles, Ace espabiló primero, y le acercó la pastilla que Mira habia traído para intentar calmar su fiebre, junto con un vaso de leche tibia. Mira comprendió mejor la situación, calmó el ceño fruncido y enojo que le hervía la sangre y se pusó de píe, dándole la mano a la peliceleste.
—Vamos, te ayudaré con eso, así puedes tomar un baño y descansar— ofreció Mira, a lo que Runo accedió, sonriente pero cansada.
—Les subiré té y algo de comida a la habitación de Runo, intenta no tardar mucho— agregó Ace, viendo cómo las dos chicas subían las escaleras.
Runo espero escuchar algo más, que Keith también dijese algo, que le deseará suerte por lo menos. Pero no lo hizo.
Runo estaba sumergida en la bañera, con el agua hasta el mentón. Mira había cortado su cabello, bastante bien, si debía decir. Lo había dejado a los hombros, a la altura del lado más corto, y a pesar de que no era completamente recto, no estaba mal. Había lavado el resto de cabellos cortos una vez que entró a la regadera, pero con el ardor en su cabeza vio prudente remojarse un par de minutos.
El día había sido bastante más diferente a lo que había esperado. Es decir, no había sido un desastre total, pero difícilmente podía decir que algo bueno había salido de esa fiesta, tal vez Keith tendría algo más positivo que contarle sobre su charla con Samantha, pero por las palabras de la rubia, Runo no esperaba realmente algo bueno. En fin. Una fiesta menos, quedaba otra, y algunos problemas de por medio.
Recordó que Mira le esperaba, por fin poniéndose de pie, saliendo de la bañera.
Mira había dejado un cambio de ropa junto al lavabo, había un par de leggings negros que sabía no eran muy buenos para protegerla del frío, y un sweater de cuello redondo amplio que parecía ser de Keith, ya no tenía mucha de su ropa limpia, tendría que lavar pronto.
Se vistió y secó un poco su cabello con la toalla, viendo su reflejo en el espejo. La visión por lo menos ya le enfocaba, y aunque aún le dolía la cabeza, era mucho más soportable que antes. Salió del baño, descalza, con la toalla húmeda en manos.
La puerta de la habitación de Keith estaba abierta, pero Runo no se atrevió a mirar dentro, simplemente pasó de largo, apresurada.
Mira ya la esperaba en el borde de su cama, había despejado la mesita de noche y ahí había dos tazas de té, y un plato pequeño con lo que parecían ser panecitos rellenos.
Con pasos pesados llegó hasta su lado, en la cama, sentándose junto a ella, y dejando su cabeza acomodada contra el hombro de la mayor, que instintivamente comenzó a acariciar su cabeza.
—¿Aún te sientes muy mal?— preguntó Mira, apoyando una mano en la frente de la chica. Runo negó —Es algo diferente verte así— admitió, rascando entre su cabello con los dedos.
—Me imagino. Yo misma no me acostumbro del todo. — admitió Runo, con algo de diversión en su voz, que no llegaba realmente a ser sincera.
—Samantha no va a salir bien parada de esto. Vamos a tener una pequeña charla con ella.—
Runo se enderezó, rascándose la cabeza con incomodidad.
—Me gustaría que evitaran eso.— admitió, viendo alrededor de su habitación, sin atreverse realmente a sostenerle la mirada a Mira —Me habló antes de hacerlo... Es decir, me dijo algo, más bien. No entendí mucho en el momento pero estoy segura de que tenía algo que ver con Keith, ¿que podría ver en mi?, fue lo que dijo.— el pulso de Mira se elevó hasta el cielo, siempre había teorizado que su querido hermano estaba más interesado en Runo de lo que nunca iba a admitir, pero no sabía que aquello persistía, aún peor, no sabía que le había dicho a Samantha para tener tremendo desenlace. –Creo que no deberían darle más atención a Samantha, eso podría querer de Keith—
Mira suspiró, tomando una taza de té, y acercándola a la peliceleste, para después darle un sorbo a la propia.
—Creo que está vez seguiremos tu consejo. Pero la próxima vez voy a arrastrarla por toda su lujosa sala—
Runo no pudo contener una carcajada.
Había acabado su té y le pidió a Mira que le dejara descansar, pues no sé sentía bien. La pelinaranja se retiró después de confirmar que el día siguiente le darían una visita al doctor.
Pero eran las 2:27 am y aún no podía conciliar el sueño. Ni siquiera el té le había ayudado, y ahora sólo tenía insomnio y dolor de cabeza. Y la tormenta que había vuelto a hacer acto de presencia fuera de su ventana no estaba siendo de ninguna ayuda.
Tomó el celular de su mesita de noche, había estado en silencio todo el día, y no le había puesto demasiada atención, pero por alguna razón era en la madrugada cuando parecía serle más útil.
El brillo le deslumbró por un par de segundos, pero rápidamente se vio capaz de leer los mensajes en su pantalla.
Keith [22:16] : Crees que podamos hablar antes de que duermas?
Keith [23:00] : Mira ya salió de tu cuarto?
Keith [01:32] : Ya estas dormida?
Keith [01:45] : Espero que descanses, mañana después del doctor podemos hablar
Una sonrisa suave le curveo los labios, ¿debía preocuparse por qué el detonante fuese tan solo un par de mensajes de Keith?.
Yo [2:33] : No puedo dormir. Aun me siento mal.
Runo vio su pantalla, expectante, añorando aquella señal que pronto llegó en forma de un "leído", y un seguido "escribiendo..."
Keith [2:38] : Puedo ir a tu habitación?
Yo [2:39] : Sí.
Runo se quedó recostada, con la vista fija detrás de su celular, esperando ver su puerta abrirse.
No sabía realmente por qué había accedido a que Keith le visitará en plena madrugada; sentía su cabello alborotado, y sabía que su cara probablemente seguía roja como un tomate. Pero no lo había pensado demasiado.
La puerta se abrió lentamente, y Runo se enderezó rápidamente, sentándose con las cobijas aun sobre las piernas.
La cabeza rubia se asomó primero, y Runo se apresuró a encender la lámpara de su mesita de noche, iluminando tenuemente el cuarto, tan sólo lo suficiente para que reconocieran la sonrisa tímida en el rostro del otro.
Keith se adentró en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Se sentó en el borde de la cama, junto a Runo que recogía sus piernas contra su pecho, hasta entonces notó que el rubio llevaba cosas en las manos.
—¿Cómo te sientes?— preguntó el chico, viendo a la peliceleste con ojos aguados.
—Aún con dolor de cabeza, pero estoy considerablemente mejor— sonrió, sintiendo el borde de su cabello rozarle las mejillas cuando se inclinó para ponerse cómoda sobre sus rodillas.
—No sabía realmente qué tenías... Traje esto— anunció, dejando algunas cajas de medicamento junto a ella, una era para el dolor de cabeza y Migraña, la otra para dolor físico y muscular. Y junto a estas, un termo azul que parecía tener agua.
—Muchas gracias, alguna me servirá— le sonrió Runo, tomando el termo entre ambas manos para darle un trago.
—¿Cómo te sientes... Mentalmente?— la voz era más queda, casi como si Keith tuviese miedo de que lo escucharan.
—Hoy fue un día muy agitado... Creo que estoy bien, solo me falta procesar mi nuevo estilo— Keith sonrió ante sus palabras.
Runo se llevó la pastilla para la migraña a la boca, y Keith le vio mientras le daba un trago al bote de agua, esperando para hablar.
—Quiero pedirte perdón...— Runo estuvo a punto de intervenir, pero Keith le tomó de las manos, sorprendiendola —Esto es mi culpa... Samantha... Le dije que no quería tener nada que ver con ella. Por alguna razón pensó que una vez habláramos, todo se arreglaría y yo volvería a salir con ella— Runo decidió limitarse a escuchar, viendo atenta cada expresión del rubio mientras hablaba, con la vista fija en sus manos —No le gustó. Cuando salíamos yo... Le hablé de ti. Le conté de nuestra amistad y algunas cosas irrelevantes pero... Por alguna razón ella lo resintió demasiado. Hoy dijó que tú debías ser la razón por la que no quiero darle otra oportunidad. Dijó que si tu no estuvieras, ella y yo podíamos haberlo intentado, dijo que nunca tendría contigo lo que tuve con ella, y que no entendia qué veía en una niña como tú.— un escalofrío subió por la espalda de la chica, ya había escuchado esas palabras directamente de la rubia —Yo te defendí pero... Pero no lo negué en sí, le dije que no tenía por qué meterte en eso, que tú no tenías que ver con la decisión que tome de alejarme de ella. Estoy seguro de que arremetió contra ti porque...—
Runo libero una de sus manos del agarre de Keith, y sin pena ni cuidado la llevo hasta la mejilla del chico, levantando un poco su rostro, haciendo contacto visual.
Keith era considerablemente más alto que ella, más tosco, más grande, pero justo ahora, pidiéndole perdón y contándole aquello, parecía tan pequeño, tan apenado.
—Keith, entiendo, pero no es tu culpa. No podías controlar lo que hizo.—
Keith entrecerro los ojos, viendo fijamente el rostro femenino que tantas veces había aparecido en sus sueños, aquellos de los que no hablaba.
—Pude haberte buscado en el instante en que ella se fue. Pude haberte encontrado antes, y traerte a casa. No sólo... Tu cabello... También estas muy enferma, Runo, debí haber llegado a ti antes—
De nuevo había dicho su nombre.
Runo entonces alejó su otra mano de las de él. Llevándola a su cuello, para abrazarle. Keith entre sus brazos se sentía rígido, tal vez sorprendido, pero ella no se alejó.
—Keith, te perdono, se que sí pudieses lo hubieses evitado. Pero necesitas entender que no te culpo.—
El rubio alzó los brazos, por fin correspondiendo el abrazo. Aquel duro difícilmente un minuto, antes de que se separaran, con más pena que antes.
Keith le vio fijamente, y después soltó una risa ronca, alzando la ceja de la peliceleste.
—Si sirve de algo— anunció, viéndola con una sonrisa torcida —Te queda muy bien el cabello corto— Runo sintió su rostro arder, pero se negaba a mostrar pena ante el cumplido —Mi suéter también—
Las sospechas de Runo sobre la prenda se confirmaron, vio las mangas del suéter azul que cubrían casi completamente sus manos, y lo ancho que le quedaba.
–Tal vez debería comenzar a robar tus suéteres— respondió, haciendo al rubio sonreír.
—Tal vez yo te los de voluntariamente—
Se sostuvieron la mirada, un impulso nuevo se asentó en el cuerpo y mente de la chica, quería lanzarse, acortar la distancia entre ambos y acomodarse contra su pecho, quería sentir los labios del rubio en su frente, en sus mejillas. De pronto anhelaba nuevamente sentir aquellos brazos a su alrededor. Pero no se atrevía. No sabía que pasaba por la cabeza de Keith, y fuese lo que fuese, no era correcto hacer aquello. Ella estaba ahí para superar el trauma de su relación pasada, Y Keith acababa de cortar definitivamente lo que sea que podía tener con su ex novia. No era momento para que ninguno de los dos se metiera en más problemas emocionales.
Vio al rubio enderezarse, y su expresión cambiar, como si hubiese estado aguantando la respiración.
—Debería dejarte dormir—
Keith aún no se había movido, pero la mano femenina ya tomaba la suya, y por un momento encontró desesperación en los ojos turquesa de la chica.
—Quédate— pidió, en voz baja.
Keith sonrió, de nuevo, sus ojos parecían tristes. Negó con la cabeza un par de veces, intentando alejar la mano de Runo, pero ella se aferraba con más fuerza de la necesaria.
Keith quería huir, aquellos sentimientos que había reprimido durante buena parte de su amistad estaban floreciendo de nuevo, cálidos, en su pecho, como si de un rosal se tratase. Se sentía enredado, y dolía, como si las espinas le lastimaran desde adentro.
Nunca había querido tomar ventaja de la situación emocional de Runo, sabía que necesitaba arreglar cosas con ella misma, con Dan, y él sólo podía ofrecerle su mano, una amistad que le acompañara en el proceso de su superación, pero justo ahora, con la peliceleste tomándole de la muñeca, le era tan difícil no querer más de ella.
—No creo que sea un buen amigo, Misaki— susurró el rubio –Justo ahora no distingo mis propios límites— pasó su mano libre por su rostro, buscando esconderse de la mirada turquesa, insistente y sincera.
—No lo hagas entonces— pronunció la chica, haciendo que los escalofríos recorrieran la espina del rubio.
—Me odiaría si hago algo mal contigo, Runo—
Ahí estaba de nuevo, su nombre. No le había prestado demasiada atención al hecho de que mayormente Keith se refería a ella por su apellido, pero en cuestión de días comenzó a añorar escuchar su nombre de aquellos labios.
—No lo harás— declaró, en un último intento de convencerlo.
Aventuró sus manos por encima de los hombros anchos, abrazándolo de nuevo, acomodando la cabeza del chico contra su hombro, y una vez sintió los brazos ajenos rodearle la espalda se dejó caer en el colchón, jalando con ella al rubio.
Keith se mantuvo quieto un par de minutos, sin atreverse realmente a moverse, no sabía que tan normal era aquella situación, pero tampoco quería alejarse. Terminó cediendo, sin mucha dificultad jaló la cobija sobre él, cubriendolos a ambos, y apretando más su agarre en la chica. Había acomodado una mano en la cabeza femenina, y comenzaba a pasar sus dedos entre las hebras celestes, sintiendo la respiración acompasada de la chica.
Runo rápidamente sintió su cabeza desvanecerse en sueño, calculaba que serían ya alrededor de las 3 de la mañana, los truenos aún retumbaban en las paredes ocasionalmente, pero de pronto no parecía importarle.
Acurrucada contra el pecho del chico, con una pierna sobre la de él, sintiendo como acariciaba su cabeza, se encontraba tan en paz.
Keith había despertado primero, y había sido el último en quedarse dormido, alrededor de las 4 de la mañana, pues se sentía extrañamente obligado a velar el sueño de la peliceleste.
Por la mañana, apenas comenzaba a iluminarse el cielo tras las nubes, él abrió los ojos. Con la peliceleste sobre él, acomodada en su pecho, y con las piernas sobre las suyas. No quiso moverse, ni encontraba la fuerza para despertarla y si era sincero, le gustaba estar así.
Por lo menos hasta que la puerta de la habitación de Runo se abrió, y la cabeza de su adorada hermana se asomó con cuidado. Con los ojos más abiertos de lo usual por la sorpresa, y un dedo apuntandole acustoriamente, Keith sólo atinó a llevarse un dedo a los labios, pidiéndole que guardara silencio. Mira accedió, con el ceño fruncido, y haciendo una última seña, apuntando a él y luego a sí misma, dándole a entender que hablarían después.
Runo despertó unos minutos después, removiendose encima del chico.
—Buenos días— Susurro el rubio, aún con ambas manos en la espalda de la chica.
El rostro de Runo ardió en color rojo, pero sin borrar la sonrisa que le curveo los labios.
Tomó el borde de la cobija, y llevándola hasta cubrirse los hombros, volvió a acomodarse junto al chico, con la cabeza descansando en su hombro.
—Buenos días— respondió, dejando una mano descansar en el pecho del chico.
—¿Qué tal dormiste?—
—Bastante bien, creo que hasta me siento mejor—
—Sabes que aun así iremos al doctor, ¿cierto?—
Runo se encogió de hombros, con la mirada un poco más desanimada, pero sin borrar su sonrisa.
—¿Podemos al menos quedarnos acostados un rato más?—
Keith no fue capaz de encontrar motivos o voluntad para negarselo, asintió con la cabeza y volvió a acomodar su mano en la cabeza de la chica, desenredando su cabello.
Keith y Runo habían bajado a la cocina para las 9 de la mañana, encontrándose con el desayuno servido, y a Mira y Ace platicando mientras los esperaban para empezar a comer.
Para la paz mental del mayor, su hermana no hizo ningún comentario sobre el cómo Runo y él pasaron la noche juntos, pero no confiaba en el autocontrol de la Clay para quedarse callada mucho tiempo más. Runo por otra parte no notó demasiado el hecho de que nadie preguntó nada sobre cómo había dormido, o la noche anterior, estaba demasiado concentrada en la nueva cercanía que encontró en Keith.
Con un tazón de arroz, sopa de verduras y algo de huevo, cada uno se dispuso a comer su ración.
Runo fue la última en terminar, pero acabó casi completamente con lo que había en sus platos, haciendo secretamente feliz a los demás.
—¿Ya deberíamos salir?— Preguntó Mira, estirando sus brazos por sobre su cabeza en un intento de desperezarse.
–Creo que estará bien, habrá menos gente por delante— declaró Ace, poniéndose de pie mientras comenzaba a levantar los platos vacíos.
A Runo le costó un poco entender de qué hablaban, poniéndose instantáneamente nerviosa cuando por fin todo conectó.
No sabía que esperar de aquella visita al medico, sabía que físicamente estaba mal, se lo habían dicho sus padres y algunos amigos, pero no terminaba de aceptar el hecho de que estaba constantemente enferma.
Y ahora, por fin teniendo que hacerle frente, le asustaba.
—Hoy manejo yo— se apresuró Mira, poniéndose de pie hacia la puerta principal, donde las llaves colgaban de una decoración con ganchos.
—Shotgun— Anunció Ace, dando a entender que tomaría copiloto, encaminandose tras de Mira.
En la cocina tan solo quedaron Keith y Runo, el rubio se quejaba en silencio por la audacia de su hermana y Runo, aún con una mezcla rara de negación y miedo intentaba regular su respiración.
El rubio no tardó en notarlo, como las manos le temblaban ligeramente, y su mandíbula tensa parecía apretarse con fuerza.
Quiso abrazarla, preguntarle si estaba bien, aunque era evidente que no; pero no encontró el valor y la confianza que había tenido la noche anterior para acercarse a ella. Se puso de pié, llamando la atención de la chica, y con una sonrisa ligera, y una mano en su hombro, la invitó a seguirle.
—Vamos a buscarte unos zapatos primero— avisó el rubio, encaminandose escaleras arriba.
Ambos habían bajado en calcetines, Keith no se había detenido a ponerse algunas sandalias la noche anterior, y Runo simplemente había andado sin más tras él en la mañana.
Keith regresó con unos tenis simples, planos, se había dejado el pants y la manga larga de la noche anterior, pero se puso una chamarra encima.
Cuando se topo con Runo saliendo de su habitación notó que llevaba la misma ropa, con tenis blancos, y el cabello corto atado en dos coletas bajas.
Keith quiso comentar respecto a su peinado, a su parecer bastante lindo, pero se contuvo y simplemente acarició su cabeza con suavidad, dejándole caminar por delante de él.
No hablaron más en el camino hacia el coche, Mira y Ace ya estaban ocupando los asientos de adelante, y tenían una amigable discusión sobre que poner en la radio, una vez Runo y Keith ocuparon los asientos de atrás Mira pregunto si no olvidaban nada, y echo en marcha el automóvil.
La música terminó siendo decisión de Mira, para paz de Runo, la música ya se había vuelto un tema bastante común entre las distintas dimensiones, y le fue fácil reconocer algunas canciones que Mira eligió.
No sabía bien a dónde se dirigían, pero el camino le estaba pareciendo ridículamente largo, ya habían pasado tres canciones, y no era como si el tráfico en Vestal, con aquel ridículo clima, fuera demasiado.
Busco con una mano tímida la ajena, sin despegar los ojos de la ventana, con algo de inseguridad. La mano masculina pronto le regresó el apretón, sosteniendo sus dedos, dándole algo de tranquilidad.
Si tenía que enfrentarse a un diagnóstico por fin, podía asegurar que el mejor escenario era con Keith a su lado, y Ace y Mira acompañándole.
—No hice cita previa porque no pensé que fuese a ser un problema— Admitió Mira, girando dentro de un estacionamiento amplio, frente a un edificio con paredes beige, alto —Esperemos que el ser Clays nos dé un poco de privilegio— soltó una risita, buscando un lugar donde estacionarse.
Keith conocía el centro médico al que llegaron, un doctor, amigo de su padre, laboraba ahí. Lo había hablado brevemente con Mira, y llegaron a la conclusión de que acudir con él era buena idea, pues en caso de que las cosas se pusieran difíciles, podían confiar en que harían lo posible por ayudarlos.
Cuando Mira por fin apagó el motor Runo trago con fuerza, nerviosa, Mira le sonrió por sobre su hombro, haciéndole una seña con la cabeza y después abriendo la puerta. Ace le imitó, luego Keith y ella, saliendo del coche, de pie ante el imponente edificio.
Para Runo era hasta cierto punto atemorizante el nuevo ambiente, la entrada era amplia, con un pasillo ancho que daba a la recepción, donde el escritorio principal se rodeaba de sillas de espera.
Keith se acercó a hablar con la chica que atendía el amplio escritorio, Runo no pudo evitar verles, curiosa, parecía que conocía a la chica, alta, delgada, y con el cabello castaño atado en un moño alto. Se encontró repentinamente apenada por la manera tan insistente en que les veía y pronto sintió a Mira a su lado, tomándole de los hombros para que pudieran sentarse.
El lugar era cómodo, hasta cierto punto acogedor. Las paredes tenían un color café muy claro, y entre cada sección de sillas de espera, que se recargaban contra la pared, había plantas, mesitas, y otras decoraciones pequeñas que parecían ser de una sala de estar normal.
—¿Cómo te sientes?— preguntó la pelinaranja, sentándose a su lado en las sillas acojinadas.
—Bien, algo nerviosa— admitió bajito, con una sonrisa que no se debía precisamente a la felicidad.
—¿y la fiebre?— Runo negó.
Era cierto que ya no sentía dolor muscular, ni de cabeza, ni la fiebre, pero no podía evitar pensar en todas las posibilidades que aquellos síntomas envolvían, revolviéndole el estómago.
Keith volvió con ellos, sentándose a la izquierda de Runo, en la silla libre.
–Dijó que el doctor nos buscará dentro de poco– anunció el recién llegado.
—¿Está ocupado?— Runo se giró un poco hacia Keith al momento de hacer la pregunta, inconscientemente. Keith negó.
—No tenía citas antes, pero al parecer tenía que buscar algo del laboratorio— Respondió el rubio, recibiendo solo un movimiento de cabeza de Mira.
Ace rápidamente reganó la atención de Mira, comenzando a enfrascarse en una conversación en voz baja sobre lo que harían saliendo, que comerían por la tarde y si deberían parar en un lugar de regreso a casa. Runo, en su lugar, se mantenía quieta, con las manos rígidas pero las piernas moviéndose nerviosamente; Keith notó aquello con facilidad, aventurando su mano a la de ella, apoyada en el descansa brazos.
No hicieron contacto visual, sus dedos simplemente se entrelazaron, y la respiración de Runo se calmó gradualmente.
A lo largo del pasillo, al fondo opuesto, una puerta se abrió, todos giraron para ver, menos Runo. El sonido de la suela con tacon rápidamente inundó el angosto lugar, asfixiante para la peliceleste.
—Buenos días— Saludó, Runo alzó la vista, era un hombre de cabello rubio, ojos castaños, camisa de vestir celeste y pantalones oscuros, completado el conjunto con una bata blanca que llegaba hasta sus muslos. —Que sorpresa, hacía ya bastante que no los veía pasar por aquí— el hombre estrechó la mano de Ace, luego Mira, Runo, y al final Keith, siguiendo el orden frente a él —Una cara nueva, un gusto señorita...—
—Misaki. Runo Misaki— Respondió, con una sonrisa débil.
—Un gusto, Misaki, yo soy Gerard Montt. ¿En qué puedo ayudarles hoy?— Preguntó, pero Keith notó la mirada que el hombre le dedico a Runo cuando le tendió la mano, obviamente sabía a que iban.
–Queremos que nuestra amiga consulté, ayer no se sentía muy bien.— habló Mira, obteniendo la atención del hombre —Parecía ser un resfriado, tenía fiebre— el hombre asintió.
—Bueno, señorita Misaki, si gusta seguirme para hablar al respecto—
Runo apretó la mano de Keith, y Keith regresó el apretón, dedicándole una sonrisa que ella apenas pudo ver cuando se giro inconscientemente buscando apoyo, regresando rápidamente su vista al doctor, asintiendo y poniéndose de pie.
Los tres chicos vieron a la chica menuda seguir al hombre por el pasillo del que había llegado, la primera puerta frente al escritorio de recepción tenía una placa que rezaba "médico pediatra" , la segunda "médico general", con el nombre de una mujer, y la tercera, con la misma leyenda, fue a la que entraron.
El nerviosismo pronto invadió a Keith, no había tenido tiempo de procesarlo, pero de pronto la angustia le había caído como un balde de agua fría, ¿realmente Runo estaba tan bien como decía?. La platica que tuvo con Ace acerca de la salud de la chica hace apenas un día le nubló la cabeza.
Para bien o para mal, aquel tema se le disipó rápidamente cuando Mira se giró en su silla, viéndole con ojos fieros. De un salto ocupó la silla de Runo, acercándose más a su hermano.
—Es hora de hablar Clay— declaró, dejándolo frío. Ya veía por donde iban los tiros. —¿Qué hacías en la habitación de Runo?—
—¿Qué?, ¿Cuándo estuviste en el cuarto de Runo?— Preguntó Ace, sorprendentemente intrigado, imitando a su novia al saltar al asiento vacío, acercándose más.
—No entiendo cuál es la insistencia en hablar de eso— se quejó el mayor, cruzandose de brazos, incómodo, ensanchando la sonrisa de su cuñado, y despertando la irritación de Mira.
—Por favor, Keith. Estabas abrazándola mientras dormía, creo que te haces una idea del porqué quiero saber la razón por la que estabas en el cuarto de MI amiga— habló, imponente, haciendo énfasis en el MI. Ace, a su lado, solo cambiaba la vista de uno a otro, demasiado entretenido para el gusto de Keith.
—¿Disculpa?, también es mi amiga, hermanita— respondió, casi ofendido.
—Así es, y aún así yo no pase la noche abrazada a ella, ¿verdad?—
Las orejas de Keith ardían, la mirada inquieta de su hermana y la sonrisa curiosa de Ace no le ayudaban en nada.
—Bien. Por la noche fui a visitarla para ver como seguía, le lleve medicamento y agua— Las cejas de Mira no cedieron, cada vez más ceñuda según hablaba.
—Eso no explica por qué te diste la libertad de pasar la noche en su cama—
Keith suspiró. Había considerado no hablar para no exponer a Runo, pero era claro que la idea que tenía su hermana de la situación no le era muy favorable a él.
—Ella me lo pidió, ¿sí?— Habló bajo, casi apenado, apenas había reparado en la presencia de la recepcionista que sin duda los oía, pero había vuelto parte de su trabajo el fingir que no lo hacía. —Ayer le conté a Runo de la pelea que tuve con Samantha en la fiesta. Le pedí perdón pero me dijo que no era necesario, nos abrazamos y hablamos un poco de cómo se sentía... Y me pidió que me quedara—
Los ojos de Mira por fin se habían suavizado, y la sonrisa de Ace ahora era más comprensiva que burlona.
—¿Cómo te sientes tú, Keith?— preguntó el chico, atrayendo al instante la mirada azul —¿Le dijiste tú como te sentías?—
Keith tuvo que pensarlo un poco, le costó entender que no se refería a la culpa que sentía por su corte de cabello, si no a los sentimientos obvios que tenía por la chica. Sabía que Ace lo sabía, alguna vez hicieron comentarios respecto a él crush que Keith tenía con ella. Pero no estaba tan seguro de que su hermana estuviera al tanto de aquello.
—No— admitió, apenado —Creo que como tal nunca lo he dejado claro—
—¿Entonces te gusta Runo?— Mira le miró, seria, de pronto se sentía apenado.
—No pensé que fuera relevante...— Aquello cambió la expresión de sus dos acompañantes, entre sorpresa y ofensa —Es decir... Nunca tuvo relevancia antes, Runo y yo solo fuimos amigos...—
Los ojos de Mira se dispararon al techo, buscando respuestas divinas sobre la ingenuidad de su hermano mayor. Ace suspiro hacia el suelo, frotándose las sienes.
—¿Qué creíste que iba a pasar al vivir bajo el mismo techo, Clay?— preguntó Mira
—Por lo menos deberías tener la decencia de dejar en claro esto, así pueden pintar límites o hablarlo... Algo... ¡LO QUE SEA!, ¿realmente crees que puedes ignorar los sentimientos que le has tenido por años?— Acuso Ace, desesperado, haciendo crecer la ansiedad del rubio.
—¿Será esto lo que llaman sacar un clavo con otro clavo?— Preguntó Mira más al aire que dirigiéndose a los chicos, pero ambos le vieron al instante.
—¿Insinuas que Runo sólo busca a Keith por olvidar a Dan?—
Keith tragó, de pronto sintiendo su boca seca.
—Es decir... Runo nunca me habló de que le gustase— habló Mira
—Estaba con Dan, no te diría que le gusta otro chico mientras está en una relación— Respondió Ace, Keith se limitó a escucharles.
—Claro, no digo que mi estúpido hermano no le llame la atención pero... ¿Qué si se está aferrando a la idea de olvidar lo de Dan a toda costa?—
—¿A costa de Keith?— preguntó Ace. Aquella declaración en voz alta a todos les parecía ofensiva.
—No, no creo que Runo piense en ese tipo de cosas pero... Pero me preocupa que aún no esté totalmente por encima de la situación con Dan y de pronto... Busque algo nuevo—
—Jamás me aprovecharía de ella— habló Keith, de pronto teniendo la necesidad de meterse a la conversación de nuevo
—No, Keith, sé que no— habló Mira, suspirando. Sabía que ninguno de los dos haría algo malo para el otro, pero le preocupaba que el enamoramiento tan longevo de su hermano y el desastre emocional que Runo cargaba de su antigua relación fueran a chocar para mal. —Sólo... Tienen que hablarlo, necesitas hablar con ella—
Pintar límites, si Runo aún no se sentía preparada Keith podía esperar, no es como si hubiese pensado que comenzaría a salir con Runo apenas reencontrarse, ni en sus mejores sueños. Bueno, tal vez en los mejores sí. Pero le preocupaba exponer aquello y abrumar a Runo más de lo que ya estaba...
—Lo haré. Sólo espero no asustarla.— pronunció por fin el rubio, un poco más decidido.
—¿Asustarla con el amor que le tienes guardado desde hace años?— preguntó Ace, sonriente. A decir verdad, le gustaba un poco echarselo en cara, como alguna vez Keith se había burlado de él por tardar tanto en formalizar lo que sentía por Mira.
Keith no respondió, se cruzó de brazos de nuevo, fastidiado, clavando su mirada en las paredes, sintiendo sus oídos arder.
Mira y Ace volvieron a sacar el tema de la comida, integrando a Keith después de un rato dejándole fingir que seguía ofendido. Charlaron un poco sobre la comida más llamativa de Vestal, que podían ofrecerle a Runo de nuevo, para que aprovechará el viaje y conociera más, también hablaron de visitar algunos lugares una vez la lluvia parase, pero eso tendría que esperar un poco más. Keith hizo un comentario sobre cómo el cabello de Runo tan diferente era sorprendente, pero adorable, Ace y Mira le dieron la razón, sin profundizar mucho en el tema de su corte. A media charla sobre el tema de la ropa, y como Runo había llevado ropa poco práctica para el clima escucharon la puerta abrirse.
Por el pasillo la peliceleste se acercaba, derrotada, con una sonrisa débil en los labios, sosteniendo su brazo flexionado con su puño contra su hombro y lo que parecía ser una receta médica en su otra mano. El doctor venía junto a ella, parecían hablar en voz baja, la distancia no era mucha, pero no alcanzaban a escuchar lo que decían del todo.
—...Sí, lo haré, muchas gracias— Runo dijo cuando por fin se detuvieron frente al escritorio de la recepción.
—Muy bien, cuento contigo— El doctor le sonrío y después desvió su mirada hacia las sillas de espera, asintiendo con la cabeza levemente.
Keith fue el primero en ponerse de pie, se apresuró hacia Runo, deteniéndose a unos pasos de ella. Metió sus manos en la bolsa de su pantalón, no sintiéndose seguro de que hacer con ellas, quería apresurarse a Runo, rodearle por la espalda, los hombros, o tomarle la mano, parecía que Runo estaba realmente cansada, y quería hacer algo al respecto, pero no se atrevía.
—Bueno, Runo, puedes surtir tu receta en nuestra farmacia o en algún otro establecimiento, también puedes dejarnos tu correo y te haremos llegar los resultados, puedes revisarlos en internet dentro de unos días o puedes volver aquí a recogerlos en físico— mencionó el doctor en un tono de voz calmado, Runo pareció considerar cada una de las opciones antes de responder.
—Mmm… creo que de todos modos regresaré, ¿no es así?— ambos se sonrieron, Montt con la mirada suave, Runo resignada —Supongo que vendré a recogerlos en persona— Keith miró de uno a otro, intentando seguir la conversación —¿Esta bien eso?— Preguntó Runo girándose hacia sus amigos.
—Claro, haremos tiempo para venir, no te preocupes— respondió Mira, tranquilizándole.
—Muy bien, entonces, no se que tan despejada este la agenda pero... Señorita Sally, ¿podemos acomodarles una cita para el miércoles?— La chica tras el mostrador rápidamente revisó en el ordenador, y después le confirmo asintiendo la cabeza. —Muy bien, entonces nos vemos el miércoles, Runo— el hombre le tendió la mano, Runo la estrecho. —Ace, chicos, un gusto ver que se encuentran bien, cuídense— El hombre se despidió con un movimiento de cabeza y se encaminó de regreso por el pasillo.
Runo suspiro, poniendo el papel que sostenía sobre en el mostrador.
—¿Puedes cobrar lo de esta receta y decirme cuanto será en total?—
—Claro, dame un momento— le sonrió la chica, girandose al ordenador. Runo rebusco en el bolsillo de su pants con la mano libre.
—Runo... déjame pagarlo— Mira se acercó a su lado, pero Runo negó, sacó unos cuantos billetes de su bolsillo y se los pasó a la chica, que le regreso el cambio y la receta con una sonrisa.
—Puedes recoger el medicamento en la puerta junto a la entrada principal que dice "Farmacia", tengan un buen día— se despidió la castaña, sacudiendo su mano tras el mostrador.
Para su fortuna, ya era bastante usual pagar con dólares en Vestal.
Se encaminaron fuera del edificio, Keith a la izquierda de Runo, Mira y Ace tras de ella. Por alguna razón todos estaban pensando con cautela como iniciar la conversación.
Runo se detuvo en la puerta de la farmacia, empujando la y encontrándose con un mostrador de cristal, tras el cual un chico con el cabello cobrizo parecía organizar los estantes al fondo de la habitación.
—¿Buenas tardes?— preguntó Runo, intentando asomarse hacia dónde estaba el chico. Que se apresuró hacia el frente del lugar.
—Buenas tardes, ¿en que te puedo ayudar?— Sonrió el chico, alisando su bata blanca que realmente no necesitaba arreglo. Runo correspondió la sonrisa, poniendo su receta, ahora con un sello azul que decía "pagado" sobre el mostrador.
—Necesito estos medicamentos, por favor—
—Dame un segundo— El chico asintió, y con la receta en mano se perdió entre los estantes. Keith se detuvo al lado de Runo, acomodando su mano en la espalda de la chica, que pareció relajarse de pronto, dejando descansar su peso contra el brazo masculino, suspirando pesado. Mira y Ace se limitaron a ver a otro lado, aún algo sorprendidos por la repentina cercanía. El chico volvió detrás de un estante, con una bolsa de plástico que contenía varias cajas de medicamento y la receta de Runo —Aquí esta todo, tengan un buen día— mencionó el chico, sobresaltando a la peliceleste, que se enderezó para tomar la bolsa del mostrador.
—Muchas gracias...Jason— sonrió la peliceleste, viendo el nombre en el gafete que portaba el chico. Tras corresponder el chico la sonrisa brevemente Runo se giró, y los cuatro salieron de la farmacia.
Keith empujó la puerta principal una vez llegaron hasta ella, y la sostuvo para que se mantuviera abierta, Runo, a su lado salió primero y Mira se apresuró a su lado, dejando a los dos chicos atrás.
—¿Cómo estás?— preguntó la pelinaranja, entrelazando sus dedos con la mano libre de la peliceleste mientras caminaban, Runo recargó su cabeza en el hombro de su amiga, entorpeciendo su andar. Suspiró.
—Evidentemente me puse tan mal porque mis defensas están bajas.— admitió con algo de pena aquello que todos ya teorizaban —El doctor Montt está casi seguro de que es anemia, solo hace falta confirmar de que tipo para ver como tratarla—
Mira recargó su cabeza contra la de la menor, llegando al fin frente al automóvil, donde se detuvieron a esperar a los otros dos.
—No te preocupes, todo estará bien, prometí que te cuidaría cuando te traje aquí.— Mira sonrió, alejándose un poco de su amiga para darle una sonrisa tranquilizadora —Confía en mi, ¿sí?— Runo le sonrió, asintiendo con la cabeza. —Cambiando de tema, tenemos que hablar de mi hermano— el tono sugerente en la voz de su amiga le devolvió a Runo el color que parecía haber perdido su rostro desde que enfermó.
—Mira... No se a qué te refieres... Es decir, si... Bueno... No era mi intención— la sonrisa de Mira se ensanchó, y se apresuró a negar con la cabeza, callandole.
—No estoy molesta, tonta— casi quiso reír, pero lo contuvo —Pero claro que me interesa el chisme— Runo no pudo evitar soltar una carcajada, asintiendo con la cabeza efusivamente.
Ace y Keith llegaron al coche, quitando el seguro de las puertas para que todos pudiesen acomodarse. Runo volvió a meterse en los asientos traseros junto a Keith, pero ahora Ace estaba manejando.
De pronto Runo se sentía más motivada, las palabras de Mira y el cambio repentino de tema le había devuelto los ánimos. Casi sin pensarlo dejó la bolsa con medicamentos a un lado suyo, y se movió sobre el asiento, acercándose más a Keith, recargándose contra él.
De pronto se sentía aliviada, quería mejorar, y aquel pensamiento le traía paz.
—¿Te sientes bien?— preguntó en voz baja el rubio a su lado, casi susurrando.
Mira encendió la radio, ya había entablado conversación con Ace, pero al menos el ruido de fondo podía dar algo de privacidad a su hermano que parecía apenado.
—Lo estoy— susurró de vuelta, pasando un brazo al rededor del masculino, abrazándose a él ya sin pena —mejor que nunca diría yo—
El ardor se asentó en el rostro del mayor con descaro, pero no podía procesar correctamente la felicidad que le generaba la repentina asertividad de la chica. Tenía que dejar sus intenciones claras.
Trago en seco, buscando en los asientos la mirada de su hermana, pero parecía estar ignorandolos magistralmente. Estaba bien, podía darse un poco de libertad. Safo su brazo del agarre de la chica y lo acomodó sobre sus hombros, acercandola más a su costado mientras acariciaba su hombro y Runo rápidamente se acomodó, cerrando los ojos. La cercanía de la chica de pronto de sentía tan familiar, como si nunca realmente hubiese existido la distancia, como si fuese algo que Keith siempre quería tener, y de cierta forma era verdad. Decir que había extrañado su amistad en los meses que se separaron era quedarse corto, por mucho.
—¿Cómo te sientes tú?—
Preguntó la peliceleste en voz baja, con sus brazos descansando en el pecho del chico, dándole soporte
—Siento... Demasiado. Ya tendremos tiempo para hablar, por ahora, si tú estas bien, yo estoy bien.—
La mano del chico se movió del hombro femenino a su nuca, acariciando los cabellos sueltos que no alcanzaban a atarse en las colegas bajas.
Keith regresó su vista hacia el frente, encontrándose con un camino totalmente diferente al que los llevaba usualmente a casa. Busco respuestas en la cara de Ace y de Mira, pero sólo está última le respondió con una sonrisa.
—¿Quieren dar un paseo?— Preguntó la chica, a la vez que Ace giraba, metiéndose en el área de estacionamiento frente a un amplia área verde.
Realmente no hacia falta que preguntaran, Runo iba a seguirles sin importar a donde fuesen. Y Keith, aunque probablemente podría quejarse en el trayecto, terminaría cediendo también.
—¿Qué es esto?— Preguntó Runo, asomándose un poco hacia enfrente, divisando colinas y desniveles, a la par de árboles altos y unas cuantas personas a lo lejos.
—Una pequeña reserva natural de Vestal. La gente viene a tomar algo de aire o comer. Pensamos que te haría bien estirar las piernas.— Runo le sonrió a Ace, quien le contaba aquello con una mirada tierna.
No quería ser una molestia, pero sinceramente le gustaba la idea de la nueva libertad que suponía pasear por Vestal.
Ace y Mira bajaron primero, esperando a los otros dos frente al automóvil.
—¿Estas segura de esto?— preguntó el rubio, en voz baja, de nuevo con preocupación —Es decir, no quiero que termines más cansada—
Runo le sonrió, tomándole de la mano.
—De cualquier modo tú vas a cuidarme, ¿no es así?—
Keith no pudo evitar corresponder la sonrisa, con pena. Pero le siguió fuera del coche, por fin alcanzando a su hermana.
Emprendieron camino a través del lugar, siguiendo un camino angosto de concreto que marcaba una ruta que nadie parecía interesado en seguir más que ellos. Apenas se adentraron más a la zona Runo pudo divisar un poco más gente de la que había visto desde el coche, a la sombra de los árboles algunas personas descansaban. Una pareja parecía almorzar, otro chico leía de un libro, otra chica parecía solo disfrutar del aire fresco. Ninguno de ellos muy lejos de la carretera, por si el clima empeoraba de pronto, Runo asumió. Después de todo eran temporadas de lluvia, y como había visto días nublados, agradables, había visto tormentas que le quitaban el sueño por tan horridos estruendos.
—Mira, Runo, allá hay algunos locales— señaló Mira a un costado del camino, entre árboles, algunos locales de venta coloridos rompían con la imágen natural.
Estaban cerrados, pero pudo identificar snacks, mesas de almuerzo y tienditas de convenencia.
—Vaya, que pena, se antoja una hamburguesa— se lamentó Runo en voz alta, llamando la atención de los otros.
—Podemos pasar por hamburguesas de regreso a casa— sugirió Ace, casi instantáneamente
—Me parece una gran idea, Runo tiene que probar las hamburguesas de Vestal— animó Keith, rodeandole los hombros.
—Ya casi es hora de la comida de todos modos, supongo que podemos darnos el gusto— agregó por último Mira. Todos parecían emocionados por la idea de Runo, y para ser sinceros, tanta motivación hacia que a Runo le diera más hambre.
No se quedaron mucho en el parque, ya estaban cerca de ser las 2 cuando el cielo grisáceo se torno aún más oscuro, y buscaron huir del lugar antes de que la lluvia los tomara desprevenidos. Y al parecer todos habían pensado lo mismo pues el parque estaba casi totalmente solo para cuando volvieron al coche.
—Supongo que compraremos para llevar— Pronunció Ace, dando marcha al coche.
Nadie agrego más, Runo se mantuvo pegada a la ventana, veía con atención las cosas que le rodeaban, edificios, negocios, plazas, casas; todo parecía tan sorprendente, casi como si le sorprendiera recién el conocer la ciudad, algo en ella fluía como motivación, tenia ganas de bajarse del coche, visitar todos los lugares que le llamaban la atención tomarse fotos frente a aquel negocio de helados con temática de nubes y colores pastel, o tal vez frente a la fuente con luces de lo que parecía ser la plaza central. ¿Hace cuánto que no se tomaba fotos?, no lo sabía, con el aislamiento en el que se había sumido también había llegado cierto tipo de inseguridad consigo misma, y no le motivaba demasiado a tomarse fotos, mucho menos subirlas a sus redes, pero tal vez eso podría cambiar.
Sus ideas impulsivas se vieron arruinadas por la lluvia que comenzó a azotar el cristal, arreciando constantemente. Bueno, ya lo haría después, estaba segura de que ninguno se negaría si se lo pedía, sólo debía esperar a que el clima mejorara de nuevo.
Del bolsillo de su pants sacó su celular, y lo desbloqueó rápidamente, abriendo la cámara. Apuntó a la ventana, captando el panorama a través del cristal que lo desenfocaba entre la lluvia. Había capturado un area verde, lógicamente no había gente, pero era un bonito escenario. Con una sonrisa sincera entró a la galería, viendo las fotos que había tomado, y tras verlas detenidamente su mirada se lanzo a la barra de notificaciones, tenia algunos mensajes que había recibido mientras estaba en el modo de "no molestar", y el nombre de "Daniel Kuso" en messenger anunciaba 7 mensajes nuevos.
Un nudo se le formo en el estomago, hundiéndole, como si algo pesado hubiese caído sobre ella. Se acomodo en el asiento, descansando su espalda en el respaldo, antes de entrar a la aplicación.
La mano de Keith se acomodó en su hombro, sobresaltándola, pero logrando calmarla rápidamente.
Se recargo en el hombro del chico, pasando el brazo por el suyo y con el celular entre ambos abrió la conversación con Dan.
"Todo lo que hacemos es pensar en los sentimientos que ocultamos
Todo lo que hacemos es sentarnos en silencio, esperando una señal
Enfermos y llenos de orgullo."
