Desierto Salvaje

Capítulo IV:

"Con las ganas"


«Al perderme entre mis dedos te recuerdo sin esfuerzo».


—¡Es un impertinente! —Exclamó furiosa Akane mientras entraba a su camerino—. ¡Un completo y absoluto impertinente!

Sayuri Hiramatsu, la productora de la película, la siguió y cerró la puerta tras de sí, agradeciendo mentalmente que los camerinos móviles estuvieran completamente insonorizados, de forma que nada de lo que sucediera en su interior podía escucharse afuera.

—Akane, por favor —la joven productora habló en un tono calmado, intentando ser conciliadora y calmar las aguas entre sus dos protagonistas, pero ninguno de los dos se lo ponía fácil—, hablemos.

—¿De qué? ¿De que soy la única persona de este rodaje que no soporta sus tonterías y sus bromitas? —Se dejó caer en el sofá y negó con la cabeza, sintiendo la sangre caliente en las venas de su cuello—. ¿De que al niño hay que reírle las gracias porque «él es así» y a todo el mundo le cae bien? —Inhaló y exhaló un par de veces antes de volver a hablar, mirando a Sayuri a los ojos—. Necesito que hables con Kuno y le digas que esto se está saliendo de control.

El director Kuno, siendo el hombre risueño y ajeno a cualquier problema, no parecía darse cuenta de que la relación entre sus dos estrellas no era la mejor, así que Sayuri debía hacer malabares para mantener a ambos actores contentos.

—Lo sé. Sé que las cosas entre tú y Ranma se han puesto algo tensas, pero tampoco creo que vayan mal. —Esbozó una sonrisa ingenua—. Mira las escenas de hoy, ¡salieron estupendamente!

Akane alzó el rostro y miró a Sayuri, intentando descifrar si a ella también le había dado el síndrome de Kuno: «no veo problemas, solo felicidad». La productora de la película era una mujer inteligente y avispada, así que sus comentarios solo molestaron más a Akane.

—Se llama actuar, Sayuri. Eso que viste fue una actuación. —Comentó como si fuera lo más obvio del mundo—. Esas personas no éramos Ranma y yo, sino Kika y Grant.

Sayuri se mantuvo callada, maquinando algún argumento que le sirviera para calmar a su protagonista, mientras la observaba volver respirar profundo y beber de una botella de agua.

—Akane, yo sé que tú estás acostumbrada a compañeros más…

—¿Serios? ¿Profesionales? ¿Adultos?

La productora decidió ignorar su provocación.

—...tranquilos... pero, te prometo que Ranma no es una mala persona.

Si es que el problema no es que Akane lo creyera malo, el problema es que le parecía pesado e impertinente.

—¿Ves cómo todo el mundo lo quiere? —Sayuri tomó asiento junto a ella—. Él es así —otra vez esa maldita frase, pensó Akane—, ocurrente, bromista, simpático… solo está tratando de llevarse bien contigo, de romper el hielo, de…

—Pues bien podría encontrar una mejor forma de hacerlo, ¿no crees?

Bien, eso era algo que Sayuri no podía reprochar. Sí, los métodos de Ranma para congeniar con Akane eran poco ortodoxos y distaban de ser normales. Era como si necesitara hacerla reír o impresionarla de alguna manera, como si mientras más molesta se mostrara ella, más ganas tuviera él de llamar su atención.

Hora de rebobinar dos semanas la cinta.

Quince días atrás, cuando inició el rodaje de la película en Japón, tanto Akane como Ranma se encontraban muy motivados y emocionados por el nuevo reto. Los primeros días fueron magníficos y todas las escenas que se filmaron salieron estupendamente. Todos los actores estaban más que preparados para interpretar sus roles, en especial Ranma y Akane, por lo que la energía positiva que giraba en torno a ellos pronto se apoderó del resto del equipo de la película.

Fue entonces cuando empezaron las bromas.

En el pasado, Akane había escuchado y leído acerca de la fama que tenía Ranma de bromista. Sabía que sus compañeros de trabajo lo describían como un gamberro divertido que disfrutaba de hacerles bromas a todos durante los rodajes. Muchas de esas bromas eran compartidas por las víctimas a través de sus redes sociales, ocasionando las risas de sus seguidores, quienes aplaudían a Ranma Saotome por ser tan ingenioso y travieso. Sí, Akane había escuchado y leído acerca de esa fama, pero jamás se esperó ser una víctima más de su compañero.

La primera broma llegó en el momento más inesperado de todos: durante la filmación de una de las escenas. Cuando Akane entraba al set, ya maquillada, vestida y dentro del personaje, era muy difícil sacarla de su concentración, por lo que no le prestaba demasiada atención a nada que no fueran las instrucciones de su director. En aquella escena, en la que Akane y Ranma actuaban juntos, Kika se encuentra preparándose para emprender un viaje por el desierto en busca de información que le permitiera ejecutar su venganza, por lo que está alistando las pocas pertenencias que ha ido recolectando y que le serán de utilidad en aquella búsqueda. Kika coge unos binoculares y se los lleva a los ojos para probarlos; tras comprobar que funcionan, los guarda en su mochila de viaje.

Akane tardó en darse cuenta de que gran parte del equipo de filmación la miraba con los ojos muy abiertos, algunos incluso aguantándose la risa. Solo tuvo que mirar a su compañero de escena —quien había dejado de ser Grant para volver a ser Ranma, a juzgar por la risita que amenazaba con escaparse de sus labios— para darse cuenta de que algo andaba mal. Sin embargo; al ver que el director Kuno no cortaba la escena, no supo qué hacer. Continuó con lo suyo hasta que escuchó un leve murmullo generalizado. Volvió a mirar a Ranma y notó que este seguía aguantándose la risa. Entonces fijó sus ojos en el director… y todo se fue al carajo. Cuando la actriz miró a Kuno, éste soltó una carcajada que dio carta blanca para que el resto del equipo también se riera. La palabra «¡corte!» no tardó en oírse.

Akane, que seguía sin entender lo que estaba ocurriendo, empezó a mosquearse al darse cuenta de que la gente parecía estar riéndose de ella. Hinako Ninomiya, que también estaba riéndose, tuvo la consideración de acercarse a ella con un espejo de mano, a través del cual Akane pudo ver la razón por la cual todo el mundo se estaba riendo. Alrededor de sus ojos había dos círculos de tinta que la hacían ver como si tuviera unos anteojos tatuados en la piel. La actriz miró los prismáticos que tenía en la mano y comprendió que alguien los había manchado de tinta con el objetivo de jugarle una broma en plena escena.

El director Kuno se levantó de su silla y, sin dejar de reírse, se acercó a los actores para felicitar a Ranma por tan divertida e inesperada bromita, y le dio un par de palmadas en el hombro a Akane, que seguía desconcertada ante lo que acababa de ocurrir.

—Ahora sí inicia oficialmente este rodaje —dijo Kuno tras secarse las lágrimas.

La menor de las Tendo miró a Ranma y luego a todos los presentes con un alto grado de incomodidad en el cuerpo. En general, Akane era una persona simpática y fácil de llevar, pero se consideraba una profesional intachable con una ética laboral inquebrantable, así que no comprendía por qué a todo el mundo le parecía bien que Ranma hubiera hecho una de sus trastadas durante la filmación de una escena. Lo otro que la desconcertaba era el hecho de que a todo el mundo le había dado risa aquella estupidez; es decir, ¿en qué año estaban? ¿De verdad la gente todavía encontraba gracioso el chistecito de los binoculares? ¿Qué sería lo próximo, la almohadilla que hacía ruidos cuando te sentabas sobre ella?

No le quedó de otra que esbozar una sonrisa incómoda que pareció más una mueca, para que su disgusto pasara desapercibido, pues no quería quedar como una amargada frente al equipo de producción. Una de las asistentes de maquillaje se acercó a ella con una toalla húmeda para que pudiera limpiarse antes de continuar con la filmación, y fue en ese momento cuando Ranma se dio cuenta de que a Akane no le había hecho nada de gracia aquella broma, lo cual lo dejó muy confundido.

Tras terminar las escenas de aquel día, el pelinegro se acercó a Ryoga para indagar acerca de la reacción de Akane. Su amigo era muy cercano a ella, y ya le había dado algunos consejos luego de su metida de pata en la grabación de la entrevista en la que él había mencionado la banda del ex de Akane.

—Akane es muy suya —le había dicho Ryoga—, es una persona reservada y discreta al principio, pero después seguro que le hace gracia que quieras bromear un poco con ella.

Ella, por supuesto, no se rio ni esa vez ni las siguientes. Porque sí, hubo siguientes. La segunda broma fue un poco más pesada que la primera, pero mucho más ligera que la tercera.

Un día al llegar al set, Akane notó que ninguna de las personas del equipo de producción la saludaba o la miraba a los ojos. Tampoco lo hizo el equipo de maquillaje y peinado, ni el de vestuario, ni absolutamente nadie del rodaje. Cuando ella saludaba a alguien, la persona no le devolvía el saludo; cuando intentaba entablar una conversación, los que no la ignoraban le respondían con monosílabos sin mirarla a los ojos. Ella jamás había vivido una situación similar en ningún rodaje, por lo que no entendía lo que podía estar ocurriendo. Se dirigió a la oficina de Sayuri y allí la interrogó hasta que la productora le confesó que todo era obra de Ranma.

—Le dijo a todo el mundo que tú pediste explícitamente que nadie te hablara, te mirara a los ojos o te molestara, pues estás cansada de tener que ser amable con gente que no está a tu nivel.

A Akane casi le da un infarto al escuchar aquello. ¿Por qué había hecho eso? Había algo retorcido en la mente de ese hombre, su madre probablemente no había tomado suficiente ácido fólico durante el embarazo, o tal vez no le habían cambiado el pañal con frecuencia, pero definitivamente no era una persona normal. Por supuesto, ella no entendía que se trataba de una broma temporal y que su compañero eventualmente les diría a todos que les había tomado el pelo. Le pareció una desfachatez que él jugara así con su reputación y esa vez tampoco se rio.

La tercera broma fue la que ocasionó que Akane finalmente estallara y le dijera a Ranma que era un «inconsciente, irresponsable, inmaduro, un desconsiderado y un compañero despreciable». El equipo de arte y escenografía tenía un cadáver falso muy realista y grotesco que sería usado en una de las escenas de la película. Con ayuda de una de las asistentes, Ranma consiguió hacerse con el muñeco y se escabulló en el camerino de Akane cuando ella estaba en el tráiler de maquillaje. Tras terminar de grabar una de las escenas, la actriz se dirigió al baño privado que tenía en su camerino y estuvo a punto de tener un ataque al miocardio al encender la luz y encontrarse con un cadáver sentado en el inodoro. Su grito fue tan escandaloso, que varias personas corrieron a ver qué le había ocurrido. Tras recuperarse del susto —unos cinco minutos después— Akane salió hecha una furia en busca de Ranma. Lo encontró muerto de risa con los actores dobles y allí mismo, frente a ellos, le recriminó el haber introducido un cadáver en su camerino, espetándole que sus bromas no eran graciosas para nadie más que para él.

Él, por supuesto, no se tomó aquello como una ofensa o una advertencia, sino como un reto, y se propuso pensar alguna broma que Akane pudiera encontrar divertida y que fuera totalmente inocua.

—¿Qué pasa si me hubiera muerto envenenada? —Akane miró a Sayuri con el ceño fruncido, todavía molesta por la broma más reciente—. ¿Qué pasa si Daisuke y yo resultamos alérgicos al químico ese con el que decoloró nuestra agua?

La cuarta bromita había consistido en poner un colorante en los vasos térmicos de varios de sus compañeros, para que cuando bebieran, les quedara la boca manchada de color azul. Y ahora Akane tenía los labios, la lengua y los dientes teñidos de azul.

—Entiendo que es un colorante de alimentos, Akane, no es algo tóxico —Sayuri tuvo que aguantarse la risa al recordar las caras de Daisuke y Akane cuando cada uno se dio cuenta de que el otro tenía la boca azul, pero no la propia—. De todas formas, sé que es de mal gusto que él te incluya en sus bromas cuando entre ustedes no hay mucha confianza…

—Nada —puntualizó Akane—, no hay nada de confianza porque él se encargó en estas semanas de eliminar la poca que teníamos. Lo único que ha hecho es ganarse mi desprecio y mi desconfianza, ¡cada día que vengo a grabar temo por mi integridad! No sé qué será lo próximo, pero no creo soportar una más.

Sayuri asintió con la cabeza. En realidad, la productora de la película estaba de acuerdo con Akane en que Ranma a veces se pasaba tres pueblos con sus bromas, pero antes de darle la razón y decirle que hablaría con el pelinegro, necesitaba alargar la conversación y conseguir que Akane se calmara para que las consecuencias que pidiera no fueran drásticas.

—¿Qué sugieres? —Preguntó conciliadora volviendo a sentarse junto a ella—. Para que… las cosas mejoren entre ustedes.

Llegados a ese punto, Akane se encontraba un poco más tranquila. Desahogarse con Sayuri, beber agua y respirar profundo la habían ayudado a serenarse. Además, el colorante parecía estar saliendo.

—Quiero que las bromas hacia mí paren —fue lo primero que dijo—, es lo más importante.

Bien, pensó Sayuri, eso no es algo drástico.

—¿Qué más?

—Y quiero una disculpa de su parte. Y la promesa de que no va a volver a molestarme en lo que queda de rodaje.

Okay, eso ya va a ser más difícil…

—Con esas tres cosas, prometo no odiarlo e incluso esforzarme por acercarme a él y construir una relación profesional de confianza. —Esbozó una sonrisa de falsa diplomacia, se cruzó de brazos y se recostó del sofá.

Sayuri asintió con la cabeza y se comprometió a cumplir las peticiones de su protagonista. Salió de su camerino cerrando la puerta y dejando sola a la actriz. Akane aprovechó para dirigirse al baño y seguir limpiándose la boca antes de marcharse del set, pues las horas de rodaje ya habían finalizado. Abrió el grifo del lavamanos, cogió su cepillo de dientes y le puso dentífrico. Mientras se lo llevaba a la boca, alzó la vista y se miró en el espejo. Sus labios y sus dientes estaban teñidos de azul, sacó la lengua y se sintió como una de esas lagartijas de lengua azul que su sobrina soñaba con tener de mascota. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Dejó el cepillo a un lado y salió del baño para buscar su móvil en su bolso. Luego volvió al baño y se hizo una selfie sacando la lengua frente al espejo, para luego mostrársela a su sobrina. No pudo evitar reírse al volver a verse en el reflejo, con la boca del mismo color de los ojos de Ranma. Bien, quizás esta broma no había estado tan mal, quizás Saotome sí sabía hacerla reír. Sin dejar de sonreír, comenzó a cepillarse los dientes.

Quizás esta vez sí había sido gracioso, pero ella jamás le daría el lujo de celebrarle uno de sus chistecitos inapropiados.


Cuando Ranma llegó al set a la mañana siguiente, lo primero que encontró en su camerino fue una nota firmada por Sayuri Hiramatsu pidiéndole que se acercara a su oficina cuando terminara de grabar la primera escena que tenía programada para ese día. Al actor el mensaje le pareció extraño, ya que la productora no solía dejar recados con otras personas o de papeles (era partidaria de hablar directamente con las personas), pero también porque la primera escena que debía grabar aquel día era una secuencia de acción larga y compleja. Pensó que seguro se trataría de algún cambio en el itinerario, así que no le dio mayor importancia. Se cambió de ropa y se dirigió al tráiler de maquillaje y peinado.

Cuando estuvo listo, se dirigió a la parte del set en la que se rodaría la secuencia. Akane ya estaba allí, hablando con el equipo de efectos especiales mientras estiraba sus músculos. Con gran sorpresa, Ranma había descubierto que Akane, al igual que él y Mousse, prefería grabar sus propias escenas de acción, aun cuando estas representaran algún riesgo para su integridad física.

El recién llegado saludó al equipo, consiguiendo que su coprotagonista lo mirara con interés. Ranma era consciente de que el día anterior Akane se había marchado molesta del área de hidratación, tras darse cuenta de que tenía la boca manchada de azul. Tuvo que reprimir una sonrisa al recordarlo, pero aun así la saludó animado y de buen humor.

—¿Qué tal estás? —Le preguntó con una sonrisa—. ¿Lista para pegar fuerte?

En aquella escena, Kika y Grant debían defenderse y acabar con cuatro cazarrecompensas que intentaban secuestrarlos.

Ella asintió con la cabeza sin borrar la extraña expresión que tenía en el rostro y que Ranma no lograba identificar. Notó que no dejaba de observarlo, como si estuviera esperando que él le dijera algo.

—¿Todo bien? —Preguntó el pelinegro acomodándose el sombrero en la cabeza y estirando su cuello.

Akane volvió a asentir y luego bajó la cabeza para ajustar el cinturón que llevaba puesto.

—Todo bien, ¿te acuerdas de la secuencia?

El día anterior habían practicado durante un par de horas para que la escena saliera lo mejor posible el día de hoy. Ranma le dijo que sí y le sonrió, haciendo que ella correspondiera al gesto; sin embargo, el actor se dio cuenta de que no se trataba de una sonrisa genuina, así que decidió molestarla.

—Oye, ¿qué es eso que tienes aquí? —Se tocó el labio superior con el dedo índice y frunció el ceño mientras miraba a Akane—. ¿Es eso… pintura azul? Deberías lavarte los dientes antes de venir a trabajar… tsk, tsk.

Chasqueó la lengua y negó con la cabeza de forma reprobadora, mientras una atónita Akane lo miraba sin poder creer que continuara tomándole el pelo.

—No sé si lo sabes —le dijo mirándolo—, pero yo también puedo mancharte la boca.

Automáticamente, los ojos de Ranma volvieron a mirarle los labios, pero esta vez su mente no pensó en pintura azul ni en molestarla ni en bromas. Sin poder evitarlo —y sin entender muy bien por qué— malinterpretó las palabras de Akane y se imaginó que su compañera lo besaba de forma apasionada y le manchaba la boca con algún labial de un color vivo. Ella no estaba maquillada en aquel momento, pero aun así…

—Pero seguro que la sangre no le queda bien a tu cara bonita. —Ironizó ella y se alejó un poco de él, tomando posición en la escena.

A Ranma le tomó algunos segundos entender la indirecta. Idiota, pensó, no estaba hablando de besarte, sino de golpearte. Se quedó un poco de piedra al darse cuenta de que se inconsciente ya no ocultaba sus deseos; había imaginado un beso con Akane por la misma razón por la que quería su aprobación y llevarse bien con ella: porque le gustaba.

¿Era esta la primera vez que sentía atracción por una compañera de trabajo? No, pero sí era la primera vez que aquella atracción lo volvía un pesado insoportable que no entendía que sus bromas se estaban saliendo de control.

Tras finalizar la secuencia, los actores se dispersaron. Ranma buscó una pequeña toalla que había dejado en una mesa cercana y su botella de agua. Se secó el sudor y se bebió el contenido completo de la botella. Tras rellenarla, salió del set y caminó en dirección a la oficina de Sayuri, pues no se le había olvidado que la productora quería charlar con él. Continuó bebiendo de su botella y secándose el calor; hacía muchísimo calor, y el ejercicio físico lo había dejado extenuado. Por suerte, no tardó en llegar al tráiler de producción, el cual estaba equipado con aire acondicionado. Entreabrió la puerta y asomó la cabeza.

—Hola, Sayu, ¿puedo pasar?

La productora apartó la vista de su laptop y miró a Ranma. No se había dado cuenta que el actor había abierto la puerta. Asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa cordial. Ranma entró a la oficina y cerró la puerta tras de sí. Sayuri se quitó las gafas que tenía puestas y le preguntó qué tal había ido la secuencia.

—Exhausto, pero excelente. Así es esto. —Dijo encogiéndose de hombros—. Querías hablar conmigo, ¿cierto?

Ella asintió con la cabeza y le dio la vuelta a su escritorio, para quedar más cerca de Ranma. Se sentó sobre la mesa y le indicó a Ranma que tomara asiento en el sillón que tenía próximo al escritorio.

—Ranma, seré breve y directa. —Comentó con seriedad—. Te llamé porque tus constantes bromas en el set han disgustado a Akane, así que necesito que no la involucres más.

—¿Ella te lo dijo?

—Sí, y sé que a ti también te lo dijo…

—No me lo dijo —la interrumpió—, me llamó inconsciente e irresponsable… inmaduro y otras cosas, pero nunca me pidió que parara.

Sayuri no dijo nada durante algunos segundos, mientras respiraba profundo y se acariciaba con la nariz.

—¿Y no crees que eso es más que suficiente? ¿En serio necesitabas que ella te dijera directa y explícitamente que dejaras de hacerle bromas?

Ranma no dijo nada. No era tonto, para él era más que evidente que Akane estaba disgustada con él por las bromas —y por la constancia de estas—, pero reconocerlo en ese momento sería admitir que estaba desesperado por tener un poco de su atención y por entrar en su círculo de confianza. Era patético, pero también era suficiente con que él lo supiera.

—No, no es eso. Es solo que pensé que era un enojo momentáneo… no sé. —Pareció un poco confundido—. Pensé que… tal vez, si seguía o si lo intentaba de otra forma, ella se reiría y entonces entendería que no quiero molestarla, solo bromear con ella. Como con todos.

Sayuri asintió con la cabeza. Para ella estaba claro que Ranma no era alguien malintencionado, pero en definitiva necesitaba entender las indirectas y las directas que le enviaban las personas.

—Está bien, lo entiendo. En cualquier caso, Akane habló conmigo y manifestó su molestia. —Mantuvo la mirada firme—. No quiere ser parte de tus juegos, Ranma, y debes respetar su decisión… especialmente si quieres llevarte bien con ella.

Él asintió con la cabeza, dio un último sorbo a su botella metálica y se rascó la nuca mientras intentaba procesar las instrucciones que Sayuri le había dado.

—¿Eso significa que ya no puedo hacer más bromas en el set? —Preguntó con la expresión de un niño regañado, consiguiendo que a Sayuri se le encogiera el corazón.

—No —contestó ella intentando no ceder ante aquella tierna mirada—, eso significa que no puedes volver a molestar a Akane.

Ranma suspiró.

—Y también significa que debes disculparte con ella.

Él frunció el ceño y parpadeó un par de veces, confundido.

—¿Disculparme? Pero ¿por qué?

—¿Cómo que por qué? —Esta vez fue Sayuri quien frunció el ceño—. Por las bromas, por molestarla, por insistir a pesar de que a ella no le ha hecho gracia ninguna. Akane está muy molesta porque siente que no la respetas.

El pelinegro abrió los ojos con sorpresa.

—¡Claro que la respeto! —Exclamó nervioso—. ¡Muchísimo! ¡Las bromas no…!

—Ranma —con su habitual tono impasible y conciliador, Sayuri intervino—, si a una persona no le gusta algo y lo manifiesta, y otra insiste en seguir haciendo eso, es una falta de respeto. Estás irrespetando su voluntad y su deseo de no participar en tus bromas.

El actor no pudo debatir aquello. Bien, quizás Sayuri tenía razón. Okay, en definitiva, tenía razón. Y él lo sabía, no podía pretender que no se había dado cuenta de que Akane no lo soportaba y que detestaba que él la incluyera en las bromitas. Pero…

—Ah, casi lo olvido —comentó la productora interrumpiendo su tren de pensamiento, mientras volvía a sentarse en su silla frente a su laptop— tienes visita.

Ranma frunció el ceño.

—¿Visita? ¿Quién…?

—Es una sorpresa, te está esperando en tu camerino —contestó ella poniéndose las gafas.

El pelinegro salió de la oficina y caminó hasta su camerino, intentando adivinar quién podría estar visitándolo sin avisar. ¿Sería su madre? Lo dudaba, Nodoka no solía acudir a los estudios de grabación, mucho menos sin avisarle antes. ¿Mousse? Podría ser, tomando en cuenta que su amigo era fanático de la saga de Desierto Salvaje, y además quería conocer a Akane.

No tuvo que pensar mucho más, pues la respuesta llegó a él como un vendaval cuando abrió la puerta de su camerino y un huracán violeta saltó sobre él.

—¡Aireeeeeeeeen!

Ranma por poco perdió el equilibrio, pero por suerte alcanzó a sujetarse del marco de la puerta. Con el otro brazo, rodeó la cintura de su amiga y la abrazó.

—¿Quieres matarme de un infarto? —Bromeó—. ¿O acaso quieres que me caiga y me parta la espalda?

—¡No seas insensible, Airen! —Exclamó Shampoo aún colgada de su cuello—. ¡No nos veíamos hace tres meseeeeeeees!

Shampoo le contó que había querido darle una sorpresa porque en una semana retomaba su gira de conciertos, y para ese momento Ranma ya estaría en Estados Unidos.

—Y ya sabes que no me gusta que pase tanto tiempo sin que nos veamos. Lo mismo le dije a Mousse. —La cantante se acercó a la pequeña mesa que Ranma tenía en su camerino y cogió una bolsa de papel—. Te traje esto.

Ranma reconoció el logo de una conocida cadena de comida rápida que él adoraba y sonrió como un niño, consiguiendo que Shampoo también lo hiciera. Conocía muy bien a su amigo y sabía que tenía una gran debilidad por la comida chatarra, especialmente la occidental.

—¿Son perritos calientes?

Ella asintió.

—Los de chili con carne y queso, tus favoritos. Disfrútalos.

Él se acercó a ella para darle un beso en la frente y darle las gracias. No tardó en abrir la bolsa de papel para empezar a comer uno.

—¿Cómo van con la peli?

—Bien —comentó él tras tragar—, pero hoy grabamos una secuencia larguísima y súper exigente. Estoy muerto.

—¿Quieres un masaje?

Ranma asintió con la cabeza y volvió a morder el pan con salchicha. Ella aprovechó que él estaba sentado en un banquito sin respaldar y se posicionó a su espalda para empezar a masajear sus hombros. Lo observó durante varios segundos tras los cuales inició una conversación trivial que era la antesala de algo importante que tenía que decirle. No era algo en lo que planeaba adentrarse, pues sabía que su amigo no deseaba tocar el tema, pero sí era algo que debía abordar porque Nodoka Saotome se lo había pedido.

—Tu madre habló conmigo.

Ranma se tensó en su lugar y Shampoo lo notó bajó sus manos. Hizo presión en sus pulgares y movió el cuerpo de su amigo hacia un lado.

—La idea de un masaje relajante es que te relajes, no que te tenses más.

Ranma soltó un largo suspiro, cerró los ojos y asintió con la cabeza, consiguiendo relajarse un poco. Si Shampoo le decía aquella frase en ese tono, eso significaba que Nodoka había hablado con ella sobre el único tema del que él no soportaba hablar con nadie: su padre.

—Supongo que has venido aquí para intentar convencerme de que le responda las cartas, o al menos de que las lea.

Ella dio algunos golpecitos en la parte alta de la espalda y en los hombros.

—No. —Contestó—. He venido aquí para visitarte, saludarte, traerte esos perritos calientes que tanto te gustan, y de paso decirte que tu madre sí me pidió que hablara contigo para convencerte, pero yo te doy la razón en ese tema.

Ranma alzó la cabeza y se giró para mirar a Shampoo, haciendo que ella dejara de tocarlo.

—¿En serio?

La cantante asintió con la cabeza y le dijo lo que pensaba al respecto.

—Claro. Es totalmente entendible que no quieras saber nada de él. ¿Por qué habrías de retomar la relación con ese hombre? —Frunció el ceño—. Ni siquiera usaré la palabra padre, porque ese tipo no puede considerarse un padre. Debería estar encerrado, no escribiéndote cartas que quién sabe con qué intención escribe. —Rodó los ojos—. Seguro es para pedirte dinero o algo así. En cualquier caso, apoyo tu determinación de no responderle. No es orgullo, es amor propio. Y cuidado personal.

Ranma miró a su amiga mientras procesaba lo que acababa de escuchar, agradeciendo mentalmente que no lo desafiara o intentara hacerlo cambiar de parecer. Desde que había empezado a recibir las cartas de su padre, el actor había decidido que no leería ni respondería ninguna, manteniéndose fiel a la decisión que tomó cuando finalmente logró liberarse de su progenitor a los dieciséis años: no contactarlo ni volver a dirigirle la palabra jamás. Durante más de diez años no supo nada de él, por lo que Ranma se convenció a sí mismo de que había logrado dejar atrás el infierno vivido con él. Pero ahora que las cartas llegaban, cada vez con más frecuencia, empezaba a darse cuenta de que había demasiadas heridas sin sanar que amenazaban con empezar a abrirse.

—Gracias. —Cogió la pequeña mano de Shampoo y la acercó a sus labios para darle un beso en el dorso.

Ella esbozó una sonrisa que a Ranma le pareció un poco triste, pero pronto cambió la expresión al recordarle que no había terminado con el masaje. La conversación tomó entonces otro curso, uno mucho más ameno, algo que el pelinegro agradeció.

—No pensaba contarte esto, porque de hecho no pensaba contárselo a nadie, pero… puede que haya una o dos canciones nuevas en camino. Y puede que para el vídeo de alguna… necesite de ti. De tu experticia, para ser exacta.

Ranma volvió a girarse, rompiendo el contacto físico entre ellos, y la miró con los ojos muy abiertos, emocionado.

—¿Mi experticia…? ¿Las artes marciales? —Sus ojos se abrieron aún más y una enorme sonrisa surcó su rostro—. ¡Cuéntame!

Shampoo soltó un largo suspiro y se acercó al sofá para sentarse en él.

—No me vas a dejar terminar con el masaje, ¿verdad?

—Esto es mucho más importante que la tensión en mis hombros —le dijo emocionado—, cuenta.

La cantante procedió a explicarle el concepto creativo de su nuevo álbum —¡sorpresa!— y le contó que había tres canciones cuya historia estaba conectada, y en cuyos vídeos tenía la intención de incluir artes marciales, por lo que quería que su amigo pudiera participar en ese proceso. Mientras escuchaba la historia, Ranma decidió abrir la bolsa con los perritos calientes y comenzó a comer uno de ellos.

—...creo que incluso podrías actuar en alguno, un cameo… ¿qué te parece?

Ranma asintió con la cabeza de forma exagerada, pero no dijo nada. Tenía la boca llena.

—Hay otra noticia interesante, pero esa no puedo dártela. —Al ver que su amigo abría la boca para quejarse, Shampoo arrugó el rostro—. ¡No hables con la boca llena! Lo siento, pero no puedo decírtelo. Hay… un tema legal. Pero cuando pueda, serás el primero en saberlo. Primero que mis fans.

Ranma bufó y asintió con la cabeza, sabiendo que no habría manera de convencerla de soltar la sopa. Terminó de masticar y tragó.

—¿Quieres? —Le ofreció un perrito caliente.

La cantante volvió a arrugar el rostro y negó con la cabeza.

—Ranma, ¿crees que esta figura se hizo consumiendo gluten, lácteos y embutidos de dudosa procedencia? —Preguntó de forma vanidosa, consiguiendo que él se riera de ella.

—Esa figura es obra de la genética, Shampi, tú solo te has encargado de cuidarla. —Comentó antes de darle un mordisco a su perrito caliente.

El gesto vanidoso de Shampoo se convirtió en una sonrisa traviesa. Era verdad, le debía prácticamente todo a su ADN privilegiado, pero ella se cuidaba mucho para mantenerse en forma. Después de todo, lo necesitaba para sus giras y conciertos.

Continuaron charlando hasta que tocaron el tema de las vacaciones.

—¿Quieres venir conmigo a Sri Lanka? —Le preguntó él tras engullir el último bocado de su perrito caliente.

—¿A dónde? —Frunció el ceño.

—Sri Lanka, el país. —Respondió él levantándose para abrir la puerta del baño y lavarse las manos—. Es una isla que queda al sur de India.

Shampoo no dijo nada durante varios segundos en los que su cerebro intentó ubicar aquel país. Como no lo logró, sacó su móvil y lo buscó en Google. Sus delgadas cejas se alzaron con sorpresa mientras sus ojos color caoba absorbían las imágenes de las playas paradisíacas, la selva tropical, los majestuosos elefantes, los templos budistas y un maravilloso tren que parecía a punto de echarse a perder. Sri Lanka era, sin duda, un destino pintoresco y exótico. Y también era exactamente lo opuesto a lo que ella pensaba cuando la palabra vacaciones surcaba su mente.

Ranma salió del baño tras secarse las manos y se dejó caer en el sofá junto a su amiga. La miró esperando una respuesta.

—Aprecio mucho la invitación, y estoy segura de que será un viaje inolvidable y muy divertido, pero…

—Pero tú prefieres ir a Praga o a Milano o a…

—Londres —contestó ella—, Nueva York. ¿Qué quieres que te diga? Soy una chica de ciudad.

—Lo que eres es una señora mayor.

Ella lo miró con una ceja alzada.

—Te recuerdo que soy un año menor que tú.

—Sí, sí, en la partida de nacimiento, pero en personalidad y actitud tienes la edad de Nodoka.

Shampoo alzó la otra ceja.

—¿La edad de tu madre?

Ranma aprovechó para contarle que había invitado a su madre a Sri Lanka para disfrutar de un viaje especial de madre e hijo, pero ella había rechazado la invitación argumentando que aquel destino era demasiado intenso y exótico para una persona como ella. Shampoo soltó una carcajada y dejó caer su cabeza hacia atrás, consiguiendo robarle una sonrisa a su amigo.

—Es que solo a ti se te ocurre invitarnos a nosotras a ese viaje. Llévate a Mousse, que seguro se apunta, o a tu amigo Ryoga. —A Shampoo siempre le había parecido que Ryoga, aunque buena persona, era un tipo extraño y desorientado; no obstante, sabía que era igual de aventurero que Airen—. Creo que a él podría interesarle un viaje así. ¿Tienes otros buenos amigos en el rodaje? ¿Qué tal te llevas con el resto? Bien, ¿no?

El joven Saotome miró a su mejor amiga sin decir nada. Luego se pasó ambas manos por la cara y se peinó las cejas.

—Hablando de eso —hizo una pausa antes de hablar—, me he metido en un lío con Akane.

—¿Akane Tendo? —La cantante frunció el ceño y pareció muy intrigada—. ¿Por qué? Cuenta.

—Porque he intentado romper el hielo entre nosotros con alguna broma, pero...

—Ah, ya —rodó los ojos—, tú y tus bromitas…

Durante las últimas temporadas de Chica Curiosa, cuando Ranma ya había salido de su cascarón de chico nómada-pueblerino-campuruso, comenzó a hacerle pequeñas jugarretas y bromitas a sus compañeros de elenco en el set, causando las risas de algunos y las quejas de otros. Shampoo había sido la víctima más de una vez, aunque debía admitir que ella también se había defendido.

—Bueno, a Akane no le gustaron mis bromitas, así que la productora me ha pedido que me disculpe con ella, pero no estoy seguro de cómo hacerlo. ¿Qué crees que sea lo mejor? ¿Mandarle flores? ¿Un obsequio? —Se llevó la mano al mentón—. No la conozco muy bien, realmente no sé qué cosas le gustan… le gusta el picante y la pasta, pero no voy a regalarle un bote de salsa o una caja de linguini.

—¿Sabes qué sería bueno? —Inquirió Shampoo mirando a su amigo fijamente—. Disculparte. En serio, una genuina y sincera disculpa verbal, sin adornos, sin flores, sin nada de eso.

—No lo sé… ¿crees que funcione?

La cantante intentó reprimir una sonrisa apretando los labios y no pudo evitar recordar aquellos primeros choques y encontronazos con distintas compañeras que su amigo había sufrido al empezar su carrera actoral, debido a que no estaba acostumbrado a socializar con personas de su edad, ¡mucho menos con chicas!

—Yo sé que tú nunca has sido muy bueno siguiendo las normas sociales, Airen, mucho menos con las mujeres… pero créeme que ella va a apreciar que seas sincero y te disculpes. Las flores y los regalos no significan nada si no vienen acompañados de verdadero arrepentimiento. Y un verdadero arrepentimiento se refleja en las acciones posteriores a las disculpas. Traducción: no le hagas más bromas a Akane.

Una de las cosas que Ranma más valoraba de su amistad con Shampoo era la sabiduría de la cantante en cuanto a temas sociales. Si había algo para lo que era buena, era para relacionarse con las personas, leer los humores, entender cuál debía ser el tono para comunicar algo y cualquier cosa que tuviera que ver con socializar de forma exitosa.

—Pero ¿tan mal te has portado? —Inquirió curiosa—. Para que ella se haya quejado, digo. ¿O siempre le has caído mal?

—Yo no le caigo mal.

Aprovechó para contarle cómo había sido su relación desde el primer día en la lectura del guion, hasta la fecha. Akane siempre se mostró reservada con él, al principio incluso un poco seria, pero con el pasar de los días su relación se fue afianzando al punto de poder compartir conversaciones amenas que no tuvieran que ver con trabajo. Fue entonces cuando Ranma decidió que ya era hora de empezar con sus bromas en el set de rodaje, y por supuesto, su coprotagonista no podía quedarse por fuera. Pero desde el primer momento, todo salió mal; Akane pareció confundida e incluso incómoda con la primera broma; luego, con la segunda, desconcertada y molesta; con la tercera le dejó muy claro lo que pensaba de él. Con la cuarta no le dijo nada, solo le bastó una dura mirada y unas grandes zancadas con las que abandonó el set en dirección de su camerino. Y luego la conversación con Sayuri.

Tras varios asentimientos de cabeza y un silencio analítico, Shampoo arrojó su conclusión.

—¿Sabes qué creo? —Habló con una ceja alzada y una sonrisa juguetona en los labios—. Que Akane te gusta.

—¿Qué? —La mandíbula de Ranma quedó desencajada, su boca entreabierta y su ceño ligeramente fruncido. Parpadeó un par de veces antes de hablar—. No, no, no, claro que no. —Negó con la cabeza de forma exagerada—. Apenas la conozco.

—A ver, no dije que estás perdidamente enamorado de ella y que le vas a pedir matrimonio pasado mañana, dije que te gusta. Eso significa que te atrae físicamente y te interesa como mujer, ¿o me equivoco? —Lo miró acentuando su ceja alzada, sabiendo que Ranma no solía mentir ante aquel gesto.

—Bueno, sí —apartó la mirada al contestar—, Akane es muy bella y también es una persona muy interesante, eso no te lo voy a negar —el nerviosismo en su voz era más que evidente—, pero eso no significa que me gusta. Solo… solo significa que es bella e interesante. —Esbozó una sonrisa con la intención de convencer a su amiga (y a sí mismo) de que lo que decía era cierto.

—Claro, claro —contestó Shampoo asintiendo con la cabeza—, Akane no te gusta… como tampoco te gustaba Ukyo, entiendo.

Ante la mención de su exnovia, Ranma no pudo hacer otra cosa que mirar a Shampoo como quien acaba de perder una batalla.

Touché.

Su amiga le guiñó un ojo.

Varios años atrás, Ranma había compartido pantalla con Ukyo Kuonji, una maravillosa actriz de comedia de la que se había enamorado hasta el tuétano. Al principio se había empeñado en negar sus sentimientos hacia ella, pues era la primera vez que sentía algo tan fuerte por una mujer. Shampoo, siendo la chica perceptiva que era, se dio cuenta desde el primer momento de que a su mejor amiga le gustaba la joven y guapa Kuonji, y pensó que solo era cuestión de tiempo hasta queAiren también se diera cuenta… o lo admitiera.

—Okay, está bien. Tienes razón. Me gusta Akane, ¿vale? —Alzó las manos en señal de tregua—. Y supongo que mis bromas constantes son una muestra de la necesidad imperativa de llamar su atención, porque no soporto serle indiferente. ¿Feliz?

La mujer de pelo morado sonrió como si estuviera presentando un anuncio de pasta de dientes.

—¿Sabes, Airen? A veces creo que deberías pagarme. Quiero decir, hago el rol de psicóloga contigo, te exhorto a reflexionar y a darte cuenta de cosas que por ti mismo tal vez no notarías…

Si bien encontraba gracioso el comentario, a Ranma le preocupó la situación. Conocía personalmente a Akane desde hacía ¿qué? ¿Dos meses? Y por alguna extraña razón, se sentía muy atraído por ella. Por supuesto que no era la primera vez que le gustaba una compañera de trabajo, pero por lo general la atracción no era tan fuerte, además de que siempre se había podido llevar muy bien con todas sus coprotagonistas —hubiera atracción sexual o no—, pero con Akane era distinto. Ella era amable, dulce, simpática y agradable con todo el mundo, y con él era cordial, pero algo distante. Y tras cada broma, se volvía cada vez más hermética, impenetrable, como si él no le interesara en lo más mínimo. Y eso solo hacía que Ranma quisiera llamar su atención más y más, por lo que habían entrado en un círculo vicioso que estaba deteriorando su relación cada vez más.

Si lo pensaba bien, su interés por ella no se debía a un tema de orgullo o de ego. No quería insistir para finalmente agradarle y que ella se diera cuenta de que él era un gran partido; en realidad, solo quería acercarse a ella porque quería demostrarle que… ¿qué? ¿Qué era eso que quería demostrarle? No lo sabía, y quizás de ahí venía su obsesión con agradarle a Akane...

El hecho de no saber por qué quería hacerlo.


Sentados en sillas de playa en el techo del set de grabación, Ryoga y Akane charlaban mientras admiraban el atardecer y disfrutaban de helado de mochi. La actriz se desahogaba con su amigo acerca de sus últimas vivencias en el set.

—Akane, ¿no crees que estás siendo un poco injusta?

—¿Injusta?

—No estoy diciendo que debes aplaudir todas sus bromas ni ir a su casa a tomar el té cada tarde, pero tienes a Ranma demonizado, y él no es una mala persona. Entiendo perfectamente que te molesten sus gamberradas y comparto la idea de que debería parar, tomando en cuenta que tú ya manifestaste tu incomodidad, pero ¿ves necesario hacerle una cruz de por vida por eso?

Akane suspiró.

—No, no de por vida. Solo por el momento, hasta que se disculpe. Porque aún no se ha disculpado. Ni siquiera sé si lo hará.

—Lo hará.

—¿Cómo sabes?

—Porque lo conozco muy bien. Ranma es una persona muy noble, el problema es que… a veces es un poco analfabeta cuando se trata de las relaciones humanas. —Comentó con una sonrisa en los labios—. Seguro que se quiere disculpar, pero tal vez no sabe cómo hacerlo. Estoy seguro de que si vamos a donde está, hablará contigo.

Akane lo miró un tanto escéptica.

—Le escribiré un mensaje. —Ryoga sacó su móvil y le preguntó a Ranma si ya se había marchado del set. Cinco minutos después, recibió una respuesta.

—Me acaba de decir que está en su camerino con Shampoo. —Miró a su amiga—. Si quieres podemos ir.

Al escuchar el nombre de la cantante, Akane dejó de respirar.

—¿Shampoo? —Preguntó sorprendida—. ¿Shampoo Sakuma? ¿La Shampoo?

Ryoga asintió con la cabeza mientras la miraba con el ceño fruncido.

—¿Sí…? —Contestó—. ¿Por qué?

La menor de las Tendo se puso de pie y miró a su alrededor llevándose una mano al pecho, sintiendo que el corazón iba a salírsele por la garganta.

—No puedo creer que esté aquí. —Caminó nerviosa por el techo mientras pensaba en voz alta—. ¡No lo puedo creer! ¿Cómo…? ¿Por qué…? ¿Qué hace aquí? ¿A qué ha venido?

El castaño miró a su amiga sin comprender su actitud. Parecía nerviosa, casi alterada.

—Shampoo es amiga de Ranma.

—Claro, claro —murmuró por lo bajo, más para ella que para él—, son amigos, él me lo dijo.

—¿Te pasa algo? ¿Te cae mal Shampoo o algo?

Akane miró al castaño como una niña pequeña.

—¿Caerme mal? ¡Yo amo a Shampoo! —Contestó como una acérrima fanática—. Es la mujer más talentosa de Asia, nadie canta como ella, nadie baila como ella, ¡nadie es tan creativa como ella! ¿Has ido alguna vez a uno de sus conciertos? Yo fui a tres de su último tour, tres. ¡Y en todos me sorprendió! —Se llevó una mano al pecho y miró a Ryoga de forma solemne, como si estuviera hablando acerca de un hecho bíblico—. Sus letras de empoderamiento femenino, su trabajo como embajadora de UNICEF, lo que hace para promover la educación de niñas y mujeres en situación vulnerable… a veces me cuesta creer que Shampoo sea una persona igual que nosotros y no un ser superior.

Ryoga se limitó a mirarla entre sorprendido y divertido, sin poder creer que su amiga, que era toda una estrella por sí misma, fuera una groupie y una fangirl de Shampoo Sakuma. Pero, si lo pensaba bien esa era una de las cosas que le gustaban de Akane, nunca actuaba como una estrella, pues recordaba perfectamente de dónde había venido. Después de todo, no habían pasado ni siquiera diez años desde que actuó en su primera película.

Akane nació y creció en el seno de una familia de clase media, que vivía sin carencias, pero sin lujos. Su padre, Soun Tendo, fue un artista marcial exitoso hasta que una lesión lo obligó a retirarse muy joven. Él y Naoko, su mujer, se mudaron a una antigua casa familiar que estaba en muy mal estado, heredada a Soun por su difunto padre. La casa contaba con un dojo, lo que le permitió al hombre convertirlo en una escuela para impartir clases de artes marciales. Naoko Tendo, su esposa, se dedicó al cuidado de sus tres hijas: Kasumi, Nabiki y Akane.

La afición de Akane por el cine empezó desde muy pequeña. Su madre era una gran aficionada del séptimo arte, y no se perdía ninguna de las películas que emitían por televisión en los canales nacionales. Tenía un calendario en el que iba anotando las películas que no había visto y que se transmitirían durante el mes, para asegurarse de verlas. A Naoko Tendo también le encantaba ir al cine, por supuesto, pero una familia de cinco como la suya no podía permitirse ir al cine con demasiada frecuencia, solo en ocasiones especiales. Lo que sí podían hacer era rentar películas, y Naoko solía llevar a sus hijas al videoclub del barrio para alquilar algún filme interesante que pudieran disfrutar en familia.

De sus tres hijas, la única que heredó su pasión por el cine fue su hija menor.

A diferencia de la mayoría de los chiquillos, que preferían aquellas películas animadas o de humor fácil e historias sencillas, la pequeña Akane se sentía más atraída por las historias más complejas y los personajes más robustos, esos que parecían no ser perfectos. A medida que fue creciendo, empezó a preguntarle a su madre si lo que veían era real, pues le confundía que todas esas personas estuvieran fingiendo y actuando, cuando todo parecía tan auténtico. Sus lágrimas, su dolor, su tristeza, su felicidad… ¿cómo hacían para engañar a todos? Fue entonces cuando Naoko le dijo algo que la marcó para siempre y que definió el curso de su vida: «un buen actor no finge, siente». Aquella frase se quedó grabada a fuego en el corazón de esa pequeña niña que admiraba cada vez más a todos los actores y actrices que veía en la televisión y el cine.

Cuando cumplió diez años, tomó una decisión la cual anunció a toda su familia:

—Quiero ser actriz.

Naoko sonrió con entusiasmo al ver que el amor que su hija sentía por las películas era tan grande que soñaba con ser actriz, sin imaginarse que la niña no bromeaba ni lo decía como una ilusión infantil que se olvida al descubrir el próximo hobby. Soun pareció muy divertido ante lo que consideró una ocurrencia sin importancia. Kasumi no le prestó demasiada atención a su hermana, pues ella misma había anunciado que quería ser muchísimas cosas de niña, todas descartadas ahora que era una adolescente. Nabiki alzó una ceja y averiguó en el laboratorio de informática de su colegio cuánto dinero ganaban los actores, consiguiendo alzar sus dos cejas esta vez.

La mayoría de los niños de su edad, sus compañeros de clases y sus amigos del vecindario, se reían de ella ante sus sueños de conquistar Hollywood y ser una gran actriz. Pero Akane estaba convencida de que ese sería su destino y haría todo lo posible por cumplirlo. Se inscribió en el club de teatro de su colegio y se matriculó en las clases gratuitas que impartía la municipalidad en el teatro local, con la firme intención de disfrutar de la actuación así fuera a través del teatro.

Aquel sueño de infancia se convirtió en una meta adulta. Tras graduarse del colegio, Akane acudió al Toho Gakuen College of Drama and Music para continuar con sus estudios universitarios, sin perder el enfoque de lo que quería ser y hacer. Fue allí donde participó en su primer casting, para una película independiente que buscaba actores jóvenes que pudieran convertirse en la próxima revelación del cine. Ella era apenas una flor de loto, un diamante en bruto esperando ser descubierto y pulido.

Tres días después, mientras charlaba con su madre en el supermercado y elegían vegetales para la cena de esa noche, Akane recibió la llamada que cambiaría su vida para siempre: la habían seleccionado para interpretar el papel principal de la película. Dejó caer los calabacines que tenía en la mano y con lágrimas en los ojos abrazó a su madre, quien no tenía idea de lo que estaba ocurriendo. La menor de las Tendo tenía veinte años y su sueño estaba a punto de hacerse realidad.

—Vamos.

Ryoga se puso de pie y estiró las piernas.

—¿Qué? —Akane abrió los ojos intuyendo la respuesta de su amigo—. ¿A dónde?

—Al camerino de Ranma para que conozcas a Shampoo —comentó de forma casual.

—¿¡Qué!? ¡No! ¡No, no, no! —Negó con la cabeza y movió sus manos rápidamente—. ¿Estás loco? ¡No! No puedo, no podría, ¡no! No estoy preparada. Si quieres ve tú, yo me voy a mi casa.

El castaño soltó una carcajada al ver que su amiga recogía los envases de helado del suelo y comenzaba a caminar con paso apresurado a la entrada del edificio.

—Akane, ¡espera! —Trotó para alcanzarla—. Shampoo es solo una cantante, una persona como tú y como yo, ¿vale? Seguramente le agradará conocerte y saber que eres su mayor fan.

—Ya te dije que no. Además ¡mírame! Estoy toda sudada, despeinada, no, no no.

Él continuó riendo durante el trayecto escaleras abajo.

—¿Y qué importa? ¿Crees que ella no suda?

—No —respondió y lo miró de reojo—, Shampoo no suda, reluce. Brilla. Como una estrella. Y en mis sueños, el momento en el que la conozco, las dos nos encontramos por casualidad y compartimos una conversación amena y divertida, tras la cual nos convertimos en mejores amigas. Y eso —se detuvo al llegar a la planta baja y miró a Ryoga fijamente—, no va a pasar en este momento. —Se acercó a Ryoga y le dio un beso en la mejilla—. Nos vemos el lunes.

El castaño la observó caminar en dirección a su camerino, probablemente a recoger sus cosas antes de irse, sin dejar de pensar en lo adorable que se veía actuando como una fanática histérica. Se rio y negó con la cabeza mientras emprendía la marcha hacia el camerino de Ranma, al cual no tardó en llegar. Tocó la puerta y ésta pronto se abrió.

—Ryoga, hola. Pensé que te habrías ido ya. —Ranma se hizo a un lado para dejarlo pasar—. Pasa, por favor. Afuera hace un calor de mil demonios.

—Lo sé, me acabo de tomar dos helados de mochi con Akane.

Al escuchar aquel nombre, Ranma miró detrás del hombro de su amigo, en busca de su coprotagonista, pero no la encontró por ningún lado. Cerró la puerta y vio que Shampoo y Ryoga se saludaban de forma cordial, como dos personas que se conocen pero que no son cercanas.

—¿Y ya se fue? —Preguntó con interés.

—Todavía no, pero iba a su camerino a recoger sus cosas antes de irse. —Respondió Ryoga.

—¿No crees que sea bueno que hables con ella antes de que se vaya? Para que no esperes hasta el lunes. —Comentó Shampoo—. Siempre puedes llamarla por teléfono el fin de semana, pero creo que es más genuino si hablas con ella en persona.

Ryoga miró a Shampoo y no tardó en intuir lo que estaba ocurriendo.

—Tienes razón, voy a hablar con ella.

—Pero antes cepíllate los dientes, por favor —pidió la cantante.

Él asintió con la cabeza y entró al baño. Se lavó las manos y los dientes y aprovechó para arreglarse un poco el pelo. Cuando se sintió satisfecho con cómo se veía, apagó la luz del baño y salió.

—Déjame adivinar, ¿vas a disculparte con ella por las bromas? —Ryoga sonrió al ver a Ranma asentir—. Bien, ve directo al estacionamiento —sugirió—, así la alcanzas o la esperas allá si aún no ha salido de su camerino.

—Vale. Ella tiene una X1 azul, ¿no?

El castaño asintió con la cabeza y Ranma les envió una última mirada a sus dos acompañantes antes de salir del camerino. Caminó con paso rápido en dirección al estacionamiento, intentando organizar sus ideas para la conversación con ella. Cuando estaba nervioso o no sabía cómo abordar una charla, Shampoo siempre le decía que fuera sincero y hablara con el corazón, pues eso nunca fallaba.

Akane y él llegaron al estacionamiento al mismo tiempo, pero ella no se dio cuenta de la presencia de su compañero porque estaba inmersa en la pantalla de su móvil.

—Deberías mirar al frente mientras caminas, o podrías chocar con algún bromista impertinente…

Ella alzó la mirada de inmediato al escucharlo, sorprendida por no haber notado su presencia antes.

—No te había visto —comentó y miró a su alrededor, notando que estaban solos. Ya casi anochecía—. ¿Te vas ya?

Él negó con la cabeza.

—En realidad vine porque quería hablar contigo.

Ella lo miró con interés, aunque sin demostrar ninguna otra expresión.

—Te escucho.

Ranma supo que su tiempo de pensar se había acabado. Era hora de hablar.

—Quería que habláramos acerca de las bromas. —Fue lo primero que dijo—. Sé que me he pasado contigo. No quiero que pienses que es personal, ni que solo te las hago a ti, que quiero molestarte en lo particular, o que tengo algo en tu contra porque no es así. Es mi forma de romper el hielo —y de llamar tu atención—, pero ya sé que esas cosas no te gustan. Y también sé que hay formas más ortodoxas de romper el hielo.

Eso era exactamente lo que ella pensaba, así que valoró que él lo tuviera presente.

—Sé que no tienes nada en mi contra —le respondió—, sé que las bromas son lo tuyo y que no discriminas a nadie.

Si Ranma no hubiera estado cerca de ella, no se habría dado cuenta de que una pequeña sonrisa se asomaba en la comisura de sus labios. Él no pudo evitar sonreír también, y como si se tratara de un espejo, Akane amplió su propia sonrisa. Dos meses intentando hacerte reír en vano, y ahora que no lo intento me regalas esa sonrisa tan bonita.

—Discúlpame por haber sido tan pesado, por tantas trastadas y por no haber parado aun cuando no te gustaban. De verdad no quise que las cosas se salieran de control o que te sintieras así, solo… solo quería hacerte reír un poco.

Akane siempre había sido una persona muy perceptiva. Le era fácil intuir cuando una persona decía la verdad y se expresaba de forma genuina, y cuando estaba siendo hipócrita. Y en aquel momento, para ella era más que evidente que Ranma era sincero. Lo mejor sería aceptar sus disculpas y pasar la página, pues eso les facilitaría la vida a ambos.

—Oye, siempre me puedes contar un chiste —dijo en tono bromista, para quitarle un poco de tensión al momento.

—¿Un chiste?

—Sí, claro, como dices que quieres hacerme reír… un chiste es más sencillo y menos engorroso que meter un cadáver falso en mi camerino, ¿no crees?

Ranma no tardó en comprender que ahora era Akane la que le estaba tomando el pelo. Al ver que ella se tomaba la disculpa con humor, se permitió reírse en voz alta, consiguiendo que ella también lo hiciera. Aquella era la primera vez en mucho tiempo que ambos compartían una risa y un momento agradable.

—¿Eso significa que ya no me odias y que no le vas a pedir a Kuno que se deshaga de mí?

—Siempre y cuando mantengas el colorante alejado de mi termo y los cadáveres fuera de mi camerino, sí, significa que no te odio y que está todo bien entre nosotros.

Una sensación de calidez invadió su cuerpo, como cuando recibía una muy buena noticia.

—Gracias.

—Gracias a ti por tu sinceridad —respondió ella abriendo la puerta de su coche y volviendo a sonreírle.

—Vaya —dijo Ranma fingiendo sorpresa—, o sea que sí eres capaz de sonreír.

Akane lo miró frunciendo el ceño.

—¿Pensabas que no?

—Pensaba que no eras capaz de sonreírme a mí.

—Eso es porque estaba demasiado ocupada deseando que alguna de las luces del rodaje te cayera en la cabeza.

El pelinegro soltó una carcajada por el comentario, consiguiendo que Akane ampliara su sonrisa.

—También soy capaz de hacer chistes —comentó subiéndose a su coche.

—Eso veo. Yo también, ¡de los graciosos! —Aclaró—. No de los cadavéricos.

Akane mantuvo su sonrisa y asintió con la cabeza.

—Bueno, que este sea el comienzo de una relación basada en los chistes graciosos y libre de colorantes.

Extendió su mano y Ranma la tomó. Tras estrecharla, se despidieron y él cerró la puerta de su coche. Akane puso la marcha y se retiró del estacionamiento sin mirar atrás, dejando a su compañero de pie en medio del lugar, con la satisfacción de quien acaba de ganar no una batalla, sino la guerra. Se sentía pletórico, como un adolescente al que la chica que le gusta le acepta una invitación a salir.

—Cálmate, Saotome —se dijo a sí mismo cuando fue consciente de tu absurda emoción—, solo dijo que no te odia, nada más. No vayas a cagarla.

Se dio la vuelta y emprendió la marcha hacia su camerino, estudiando mentalmente su repertorio de chistes para elegir aquellos que pudieran hacer aparecer esa sonrisa otra vez.


Tras salir del set de grabación, se dirigió a su casa, consciente de que el tráfico tokiota la retendría durante al menos una hora.

Al llegar, se sirvió una copa de vino y luego se dirigió al baño para deshacerse de su ropa y preparar un baño de sales y espumas. Necesitaba pasar un largo rato en la tina después del intenso día de trabajo. Cuando ya estuvo sumergida hasta la clavícula y con copa de vino en mano, encendió la pantalla que tenía en el baño. Akane no era una artista de gustos y gastos estrafalarios, pero debía admitir que se daba el gusto de invertir en alguno que otro juguete que le hiciera la vida más fácil, más cómoda y entretenida. Y mirar la televisión desde la bañera estaba en esa lista.

Como estaba cansada, no le apetecía ver nada para lo que tuviera que pensar demasiado, así que simplemente fue deslizando por la guía en busca de algo que llamara su atención lo suficiente. Akane había hecho la mayor parte de su carrera en el mundo cinematográfico, pero también había participado en algunas series, y fue justo una de derecho en la que ella interpretaba a una abogada litigante de fuerte carácter y métodos poco ortodoxos la que llamó su atención en la guía. Eligió el canal y no tardó mucho tiempo en identificar el episodio, pues trataba sobre un caso en el que su personaje intentaba comprobar que uno de sus clientes no había cometido fraude cibernético para encubrir un homicidio. Aquel capítulo no era famoso por la escena de litigio, ni por el interrogatorio, sino por la explícita escena de sexo protagonizada por ella y por otro personaje.

El episodio se fue desarrollando hasta llegar precisamente a aquella escena. Como habían pasado algunos meses desde la última vez que se acostó con alguien, los recuerdos asociados pronto empezaron a excitarla. Pero no fue la graciosa incomodidad que ella y su compañero sintieron al grabar, ni tampoco el frío que tenía porque el set estaba helado y ella vestía muy poca ropa, ni los comentarios burlones de su hermana Nabiki luego de que el capítulo saliera al aire, ni tampoco los tweets subidos de tono de toda la gente que lo vio. El recuerdo que vino a su mente no era un momento, sino una persona.

Ryu Kumon.

No era la primera vez que Akane lo recordaba de esa forma, pero usualmente evitaba recrearse demasiado para no caer en fantasías irrealizables con una persona con la que ya no podía estar. Sin embargo, aquella noche se permitió disfrutar de aquel tórrido recuerdo que pronto le cambió el ánimo.

Ryu había sido un amante apasionado, brusco y salvaje, que sabía cómo volverla loca en pocos minutos. Después de sus primeros encuentros sexuales, Akane y él pronto crearon una complicidad alimentada por la fuerte química y atracción sexual que sentían el uno por el otro, construida sobre juegos, travesuras, bromas y algún que otro fetiche poco convencional.

Dejó la copa de vino en el borde de la bañera para sumergir ambas manos en el agua tibia, en busca del punto de calor entre sus piernas, evocando aquella particularidad que al principio le había sorprendido, pero que tanto le había gustado de él. A Ryu le excitaba ver con Akane las escenas eróticas que ella protagonizaba en sus series y películas. Le encantaba empezar a tocarla despacio mientras le hablaba al oído, preguntándole si quería que le hiciera lo mismo que le hacían en la escena, si deseaba que la tocara, besara, lamiera, penetrara de la misma forma en la que su compañero lo hacía en la ficción. Y, sobre todo, le decía que era suya y de nadie más. Algunos años después de perder su virginidad, Akane descubrió que, si bien la posesividad emocional no le gustaba en las relaciones, en el ámbito sexual adoraba sentir que le pertenecía completamente a su pareja y que él le pertenecía a ella de una forma primitiva y casi desesperada.

Los suspiros y suaves gemidos que se empezaron a escapar de su boca pronto se perdieron en las paredes del baño, mezclándose con el sonido de la televisión. Ya no eran sus dedos delgados los que se hundían en su cuerpo trémulo, sino las grandes manos de Ryu, mientras con su voz de barítono le hablaba sin tapujos, sin censura, haciéndola sentir la mujer más deseada del planeta. En su imaginación, Ryu estaba arrodillado sobre la cama mirándola desde arriba, permitiéndole a ella la vista de ese cuerpo que le había encantado desde el primer día, y que la hacía sentir orgullosa cuando él se quitaba la camiseta en sus conciertos y las mujeres enloquecían al verlo, porque solo ella podía tenerlo de aquella forma.

Se recreó durante un rato, hasta que se dejó ir, tensando sus músculos y relajándolos posteriormente, disfrutando de la satisfacción sexual y la temperatura del agua tibia. Tras un par de minutos, se incorporó ligeramente en la bañera y cogió su copa de vino para beber de ella, para después apoyar sus brazos del borde de la bañera y recostar su barbilla en su antebrazo. Reflexionó acerca de su vida sexual, sobre los compañeros de lecho que había tenido después de Ryu, llegando a la conclusión de que, si bien había disfrutado de buen sexo, hasta ahora nadie la había hecho sentir como su ex. Ni siquiera en aquella fiesta de Mikado Sanzenin, llena de excesos y amantes compartidos, había podido sentir esa pasión efervescente y desenfrenada.

Dejó salir una risita divertida, pensando en que aquel podía ser uno de esos clásicos momentos en los que una persona recordaba a su ex al beber, y le escribía un mensaje del tipo nadie me lo ha hecho como tú. Por supuesto, Akane no tenía intención de hacerlo, pero tampoco hubiera podido de haber querido, así que volvió a reír, se incorporó nuevamente y se preguntó a sí misma si algún día podría disfrutar tanto del sexo como antes.

Ojalá, pensó.


El sábado en la mañana Ranma realizó los últimos estiramientos frente a la ventana de la sala, admirando el alba que se ceñía sobre el cielo tokiota. Cuando estuvo listo, caminó hasta la puerta de su casa, se puso una chaqueta ligera especial para corredores y se calzó sus zapatillas de correr. Antes de salir se puso los auriculares inalámbricos solo por si recibía alguna llamada mientras trotaba. No solía escuchar música al correr, pues prefería deleitarse con los sonidos de la ciudad.

Su costumbre de correr o trotar sin música venía desde que era apenas un niño. Al cumplir los seis años, empezó a recorrer Japón prácticamente de punta a punta, entrenando día y noche con su padre, participando en torneos de artes marciales, pero también huyendo de las autoridades, de cobradores, o de cualquier enemigo que su progenitor hubiera hecho en el camino. Y Genma Saotome tenía una gran habilidad para generar detractores. Durante aquellos largos años, Ranma no tuvo ningún artefacto con el que pudiera disfrutar de música mientras entrenaba, no solo porque ni él ni su padre contaban con los medios para comprar uno —apenas si les alcanzaba para sobrevivir el día a día—, sino porque Genma jamás permitía distracciones. Y para él la música —así como cualquier otra forma de entretenimiento— era una distracción.

Ranma recorrió las calles de su vecindario disfrutando del silencio y de los pocos sonidos de un día que apenas comenzaba. Le gustaba trotar a esa hora porque era su forma de tener la ciudad para él solo. Habiendo crecido en entornos más rurales y montañosos, el actor adoraba las grandes ciudades, desde sus colores estridentes hasta aquel popurrí de sonidos que no te permitían distinguir ninguno en particular, pues todos estaban tan difuminados entre sí que parecía haber una única melodía citadina que pululaba por cada rincón de la ciudad. Ruido, decía su padre. Vida, pensaba Ranma.

Como ya era verano, los días eran mucho más largos y con cielos de un color azul muy intenso. Hacía calor y los turistas inundaban las calles de Tokio sumándose al río humano de personas que transitaban diariamente por la capital nipona. Ranma también prefería el verano que el invierno, probablemente porque la pobreza se vive peor durante los meses de frío, y los inviernos de su infancia y adolescencia no habían sido buenos. Además, la mayoría de los árboles estaban desnudos y la gente estaba más amargada, más triste, más deprimida, más apurada… nadie se detenía a observar el cielo, los escaparates de las tiendas, o a los transeúntes. Todo el mundo iba y venía de un sitio a otro sin prestar atención al trayecto. Esa era una de las pocas cosas buenas que rescataba de aquellos años con su padre, había aprendido a prestar atención al camino, a no perder de detalle de todo a su alrededor, a estar siempre en el presente y en el ahora.

Llevaba media hora trotando cuando se topó con un grupo de jóvenes que parecía estar volviendo de fiesta. Sonrió al ver lo animados y felices que se veían, y al recordar aquellos años en los que él también salía de fiesta hasta la madrugada. Todavía era joven, tenía veintiocho años, y aunque aún de vez en cuando salía de farra para alguna ocasión especial, lo cierto es que su estilo de vida había cambiado mucho en ese aspecto. Ya no salía ni bebía tanto de esa forma.

El grupo de amigos lo saludó con la elocuencia que otorga el alcohol y Ranma les devolvió el saludo a todos, repasando mentalmente otra cosa que había cambiado, ya que tras volver a Tokio y hacerse famoso, había aprendido a soltarse más y a ser más expresivo con cada año que pasaba. Los primeros años fueron difíciles, en especial porque había muchas cosas que desconocía del mundo moderno y de las normas sociales. Pero conforme fue creciendo y madurando, convirtiéndose en un adulto hecho y derecho, se dio cuenta de que le gustaba mucho la compañía de la gente y disfrutaba enormemente de la interacción social. Todo apuntaba a que esa parte de su personalidad estaba escondida en lo más profundo de su ser tras todos esos años en los que prácticamente solo interactuó con su padre y con los conocidos de éste, pero Ranma pronto descubrió que dentro de él había una persona extrovertida deseando salir y comerse al mundo.

Ukyo hizo que todo fuera más fácil.

La conoció cuando tenía diecinueve años. Tras tres escandalosas temporadas, Chica Curiosa era el programa juvenil más exitoso y visto de Asia, por lo que sus jóvenes estrellas gozaban de extensa fama y de la admiración de millones de adolescentes y adultos jóvenes. Casi de la noche a la mañana, Ranma Saotome había pasado de ser el hijo de una cocinera, un perfecto desconocido con pésimas habilidades sociales y muy poca cultura, a convertirse en un actor revelación que causaba furor en el público.

Con el pasar de los años, Ranma se había adaptado medianamente a la fama y al mundo actual, y aunque había logrado conquistar a algunas chicas, todavía no conseguía mantener una relación durante mucho tiempo, ya que la mayoría de las mujeres no entendían su forma de ser tan distinta y poco expresiva, y él no las entendía a ellas. Lo que el actor no imaginaba es que pronto conocería a una joven actriz de comedia que pondría su mundo patas arriba. Ukyo Kuonji entró a su vida como un vendaval, deconstruyendo todos los preceptos a ideas que Ranma tenía de las mujeres, el amor y las relaciones. Fueron muy felices durante los cuatro años que duró su relación, en los que Ranma aprendió mucho más de lo que hubiera creído posible.

—¡Saotome!

Una de las ventajas de llevar audífonos puestos era que, aunque no estuviera escuchando música, siempre podría fingir que sí si quería ignorar a alguien.

—¡Ranma Saotome!

Y la dueña de aquella voz era en definitiva alguien a quien quería ignorar.

Aceleró el trote hasta convertirlo en una carrera, mientras seguía escuchando que esa mujer lo llamaba de forma incesante. Ranma maldijo internamente por haberse perdido en sus pensamientos, ya que eso lo distrajo de sus alrededores, impidiéndole identificar cualquier posible amenaza. Y Kodachi Kuno era una. Para su suerte, él era mucho más rápido que ella, así que no tardó en llegar a una avenida principal en la que pudo cruzar la calle justo antes de que el semáforo cambiara, dejando atrás a la hija de su jefe. Por supuesto, siguió corriendo por varias cuadras más, metiéndose en callejones y callejuelas, para asegurarse de perderla de vista.

Cuando se aseguró de haberle perdido la pista a la «Rosa Negra», se detuvo a coger aire. Sin poder evitarlo, una risa se escapó de su garganta, pensando en lo ridículo que era haber huido de una mujer por las calles de Tokio. Pero desde ayer por la tarde se encontraba de un excelente humor, las cosas le estaban saliendo bien y no quería arriesgarse topándose con Kodachi. Era una especie de viuda negra que parecía venir acompañada de miles de problemas, dramas y tragedias, por lo que Ranma no quería saber nada de ella. Suficiente con lo que había pasado en París.

Sacudió la cabeza ante aquel recuerdo siniestro y decidió volver a su casa caminando, pero antes se detendría en algún konbini para comprar café. Sí, eso serviría.

A pesar de haber apartado los malos recuerdos de su mente, le fue difícil dejar de pensar en la hija de su jefe. Le decían la «Rosa Negra», pero Ranma pensaba que aquel apodo debía ser sustituido por la «Gata Negra», pues Kodachi Kuno parecía tener las mismas vidas que un gato.

Y a él le había tocado ver cómo perdía más de una.


Elementos de la cultura popular y otras aclaraciones pertinentes:

El título del capítulo está inspirado en la canción Con las ganas de la cantante española Zahara. La frase que lo antecede es de dicha canción.


¡Hola a todos! Ya estoy de vuelta. Quiero empezar agradeciéndoles por seguir mi cuenta de Instagram, en la que intento tener contenido interesante de vez en cuando (calidad antes que cantidad).

Pasando al capítulo... ¡por fin contexto sobre la vida de Akane! Ahora ya saben que ella, a diferencia de Ranma, siempre quiso ser actriz y de hecho trabajó por y para ello. También conocemos un poco más acerca de cómo era un aspecto de su relación con Ryu. Sé que mucha gente quiere saber lo que ocurrió, pero les pido un poco de paciencia ya que todavía falta para que lo sepamos con detalle.

También vamos involucrándonos mucho más en la vida del propio Ranma, conociendo otros aspectos de su personalidad, cómo vivió parte de su infancia y adolescencia, e incluso ciertos detalles de su vida privada y relaciones. Por supuesto, si su hermano y su padre aparecen en Desierto Salvaje, Kodachi Kuno también tenía que tener su lugar aquí... y como verán a Ranma no le hace demasiada ilusión encontrarse con ella. ¿Por qué será?

Siguiendo con el capítulo. ¿Alguien creyó vivir para ver a Akane siendo fan de Shampoo? Probablemente no, pero me gusta hacer las cosas de forma diferente. En algún momento se conocerán (y Akane también conocerá a Ranko) y veremos qué tal va.


Respuestas a reviews de usuarios no registrados:

AkaneMx: ¡muchísimas gracias por tus palabras! Las valoro mucho porque uno de mis objetivos para esta historia es, precisamente, lograr una narración bonita y una descripción que ilustre muy bien paisajes, sentimientos, emociones y sensaciones. Me alegra que te guste la historia y mi forma de escribir, espero que sigas disfrutando cada capítulo.

Jess: ¡a mí también me encanta la cultura pop! Y sí, de hecho la entrevista es más o menos de ese etilo, como un press junket mucho más relajado e informal sin periodistas. Me gusta tu forma de pensar y agradezco que me compartas tus teorías (y además AMO que menciones a SJP y a RDJr), por el momento nada queda descartado. Mantén los ojos bien abiertos, que puede que haya alguna cosa que has mencionado en la historia.

Guest: aún falta para saberlo, pero aquí tienes más detalles de él.

Manu: qué bueno que te gustó la aparición de Shampoo, supongo que en este capítulo habrás disfrutado mucho de su escena. Y sí, en el siguiente capítulo tendrás a Akari por primera vez en la historia. Con respecto a lo que planteas acerca de los ships RxS o RxU, creo que en Desierto Salvaje voy a complacer tu deseo de leer algo de RxU, ya que en próximos capítulos conoceremos más detalles acerca de la bonita relación que ella y Ranma tuvieron.