Desierto Salvaje
Capítulo V:
"Jimmy Choo"
Akane llegó al restaurante a la hora acordada, y, tras esperar quince minutos, empezó a preocuparse. O mejor dicho, a preocuparse más.
Faltaba muy poco para viajar a Estados Unidos para continuar con la filmación de la película, y en otras circunstancias, Akane habría estado feliz y pletórica de volver, pues siempre le emocionaba viajar a algún destino fuera de Japón a rodar una película. Ahora también estaba contenta, pero había algo que la inquietaba y no le permitía disfrutar completamente de la idea de partir. O alguien.
Akari Unryu.
Todas las veces que su amiga se había retrasado desde que ella la conocía, era porque algo malo le había ocurrido. Y si bien se suponía que ahora mismo se encontraba bien, Akane sabía que los primeros doce meses tras salir de rehabilitación eran críticos, pues era durante ese tiempo cuando las personas solían tener más recaídas.
Akari había crecido frente a las cámaras porque actuaba desde los cincos años. Luego pasó de ser una estrella infantil a ídolo adolescente casi en un respiro. Además de su gran talento para la actuación, tenía una voz privilegiada, por lo que hacía malabares para equilibrar su atareada y exigente carrera artística, dirigida y supervisada de forma milimétrica y casi autocrática por su disquera y su madre, una mujer a la que parecía importarle más el dinero, el marketing y las ventas que la felicidad de su hija.
Akari había coqueteado con las drogas y el alcohol de forma recreativa en la adolescencia, pero no fue sino hasta inicios de la veintena cuando empezó a consumir en mayor cantidad y frecuencia, debido a las presiones que recibía de su equipo y también de los medios de comunicación, eso sin contar sus problemas personales. Recientemente había salido de rehabilitación luego de que su mánager decidiera que ya estaba lista para volver a los escenarios y cumplir con sus compromisos profesionales. A Akane le pareció precipitado, pues consideraba que la rehabilitación no solo debía tratar la adicción física, sino también la parte psicológica.
La menor de los Tendo la conoció por casualidad en una de las míticas fiestas de Mikado Sanzenin, un excéntrico DJ internacional conocido por sus gustos extravagantes y el hermético círculo al que pertenecía, al que solo unos pocos podían acercarse. Precisamente, a sus fiestas solo se podía acceder tras ser invitado por alguno de los miembros habituales y con previa aprobación del anfitrión. Eran eventos exclusivos, privados, y sobre todo, absolutamente confidenciales. Una reunión social en la que los invitados se entregaban al hedonismo y obedecían sus más bajos deseos, bebiendo de forma indiscriminada y algunos incluso consumiendo sustancias que dilatan las pupilas y desinhiben los instintos. En otras palabras: un bacanal.
—¡Akane!
La aludida alzó el rostro al escuchar a su amiga, que caminaba hacia ella con paso apresurado. Se puso de pie justo a tiempo para recibirla con brazos abiertos, en un abrazo largo, cálido y cariñoso. A pesar de que Akane le llevaba cinco años a Akari, las unía una sólida y bonita amistad.
—¡Te eché mucho de menos! —Exclamó Akari sin soltarla.
—Y yo, pequeña. —Confesó sincera, estrechando a su amiga y mirándola con cariño—. ¿Cómo estás? ¿Qué tal la gira?
Tomaron asiento y la cantante procedió a contarle todos los pormenores de su gira mundial, la cual había finalizado recientemente. A diferencia de otros años, esta vez había sido más corta debido a que su equipo consideraba que no debía sobre exigirse. En la opinión de Akane, participar de una gira en seis países tras solo tres meses de haber salido de rehabilitación era sobre exigirse, pero no dijo nada. Se limitó a escuchar a su amiga, que hablaba de forma apresurada y enérgica acerca de la gira, los conciertos, las ciudades que habían visitado, sus fans, los próximos proyectos profesionales que se acercaban, y las ganas que tenía de comer comida japonesa auténtica después del tiempo fuera de casa.
—Pero ¿y tú? —Le preguntó Akane luego de que cada una eligiera lo que quería pedir para comer—. ¿Tú cómo estás?
Al principio, Akari pareció confundida, sin entender por qué su amiga le hacía esa pregunta cuando ya le había contado todo. Pronto comprendió que lo que Akane quería saber ahora era cómo se encontraba a nivel personal: emocional y mentalmente.
—Muy bien, muy bien —empleó el mismo tono animado de antes—, ¡mejor que nunca, de hecho!
Tan rápido como había iniciado su monólogo acerca de la gira, continuó con la cháchara acerca de lo bien que se encontraba personalmente. Su equipo se había encargado de cuidarla durante los viajes y el tour, asegurándose de que tuviera todo lo que quería y necesitaba, limitando la exposición a aquellas cosas que le hacían daño, velando por su bienestar en todo momento. La rehabilitación había ido bien y ahora sentía que podía comerse al mundo. Akane no confiaba demasiado en el equipo de Akari, ya que todo lo que supuestamente hacían por su bien parecía resultar contraproducente.
—¿Segura?
Había algo en el lenguaje corporal de su amiga, en su tono de voz, que no le permitía confiar completamente en lo que le decía. Akari entonces hizo una pausa en la que esbozó una sonrisa cariñosa, extendió su mano sobre la mesa y acarició la de Akane
—Akane, en serio, estoy muy bien. Por primera vez en mucho tiempo siento que estoy bien con todo. —Amplió su sonrisa—. Incluso con mi madre.
—Ya sabes que lo importante es que te sientas bien con las decisiones que tomas, y que no para complacer a los demás te…
—Lo sé, lo sé. No te preocupes por eso, de verdad. Hiroshi ha sido de gran ayuda, también.
La menor de las Tendo intentó disimular su desagrado ante la mención de aquel nombre. Si Akari era la mayor ídolo de la juventud japonesa, Hiroshi Tsujitani era su contraparte masculina, el ídolo adolescente por antonomasia. Un cantante de música pop que causaba histeria entre la población femenina japonesa por sus canciones románticas que eran la mezcla perfecta entre movidas y melosas, que eran pegajosas y fáciles de disfrutar. Akane debía reconocer que tenía muy buena voz y era talentoso, pero ella sabía que detrás de aquel rostro de niño bonito y bueno había un hombre de veintitrés años que se aprovechaba de su fama para conquistar y seducir a cuanta mujer se le cruzara en el camino… incluso durante las épocas en las que estaba en una relación con Akari.
—Veo que están juntos otra vez. —El comentario era una simple afirmación, no había un tono o una expresión que delatara el verdadero sentir de quien lo dijo.
—Sí… todo ocurrió en París. Él llegó sin avisar, me sorprendió… al principio me pareció raro por cómo terminamos la última vez, pero me dijo que quería estar conmigo y que estaba orgulloso de todo lo que había hecho en los últimos meses.
Akane asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa, intentando alegrarse por Akari, de verdad deseando que esta vez las cosas sí funcionaran entre ellos.
A medida que los platos fueron llegando a la mesa, las dos amigas continuaron con la conversación, poniéndose al día y compartiendo anécdotas, pensamientos y sensaciones. Tras la filmación de la película en Estados Unidos, explicó Akane, tenía unos días libres en los que pensaba irse de vacaciones unos días a algún lugar, para después viajar a Okinawa a grabar una serie limitada de misterio y crimen.
—¿Eso significa que estarás aquí para mi cumpleaños? —Preguntó Asami con la mirada llena de ilusión, sabiendo que Akane estaría en Japón para la fecha de su cumpleaños número veinticuatro.
Akane asintió con la cabeza y sonrió.
—No me lo perdería por nada del mundo, pequeña.
La última semana de rodaje en tierra nipona duró lo mismo que un suspiro, pero para la fortuna de todos los involucrados, hubo una mejora considerable en el ambiente laboral luego de que Akane y Ranma hicieran las paces.
A Saotome le alegró ver que la situación entre su compañera y él mejoraba de forma considerable, y que ahora ella era tan amable y simpática con él como con el resto del elenco. Aquello lo hizo sentir mejor, pues finalmente había conseguido agradarle (algo que había deseado desesperadamente) y congeniar con ella. Pero aquella alegría duró lo que un suspiro, el alivio de un enfermo de tisis que cree que pronto va a curarse.
Ranma había sospechado —de forma errónea y precipitada— que al captar la atención de Akane y ganarse su favor dejaría de sentirse tan atraído hacia ella, pero la realidad era otra; ahora que conocía ese lado amable, gracioso y extrovertido de ella, le gustaba más. Había reflexionado al respecto, llegando a la conclusión de que en cualquier momento se le pasaría, pues Akane no mostraba ningún tipo de interés en él más allá del profesional o el amistoso. Solo esperaba que aquel deseo que sentía por su compañera desapareciera rápido, porque lo último que quería era convertirse en uno de esos actores novatos que se enamoraban de sus coestrellas y no eran capaz de separar lo personal de lo profesional.
También le adjudicó su extraño y confuso estado al hecho de que había pensado mucho en su padre durante los últimos días, llegando incluso a soñar con él, aunque la palabra pesadilla era más adecuada. A pesar de que no quería leer las cartas que había empezado a recibir, Ranma sospechó que cada vez llegarían más y con mayor frecuencia si no le enviaba una respuesta tajante a Genma dejándole claro que no quería saber nada de él.
Aquello, mezclado con la admiración que sentía por Akane al verla interpretar cualquier escena, en ocasiones lo distraía y lo hacía perder la concentración, teniendo que repetir secuencias y escenas sencillas más veces de las que le gustaría. Ranma solía practicar por su cuenta la mayoría de las escenas, pero disfrutaba mucho de ensayar con algún compañero, pues le servía para conseguir la entonación y las emociones deseadas. Últimamente sentía que le hacía falta eso, un ensayo con alguien, pues le estaba costando entrar en su personaje y conectar con él. Happosai, su mentor, le había explicado que cuando eso ocurriera, en la mayoría de las ocasiones el problema era él y no el guion o la falta de un compañero competente.
—Las líneas van a resistirse a Ranma, pero no al personaje. —Le había dicho Happosai—. Así que cuando sientas que nada te sale, es porque estás siendo tú mismo. Cuando dejes de ser Ranma y estés en la piel del personaje, entonces todo fluirá.
Sintiendo que aquel no estaba siendo su día, Ranma decidió marcharse del set. Eran las cinco y media de la tarde del último día del rodaje en Japón, por lo que ya no tenía nada que hacer allí.
Para acortar el camino hacia su camerino, en el que le quedaban muy pocas cosas por recoger, atravesó uno de los estudios de grabación con paso apresurado. Estaba pensando en la cena que tenía esa noche con el resto del equipo, cuando una voz familiar llamó su atención. Detrás de varios biombos y demás mobiliario en desuso, Akane parecía estar leyendo una parte del guion. Tras unos segundos de escucharla, Ranma alzó ambas cejas al darse cuenta de que la escena que su compañera estaba leyendo era la misma que él tenía dificultades en preparar.
—Creo que odio un poco esa escena.
Akane dio un respingo y soltó el guion que tenía en la mano, consiguiendo cogerlo antes de que tocara el suelo.
—¡Me asustaste! —Exclamó llevándose una mano al pecho—. ¿Siempre eres así de sigiloso?
Él sonrió.
—Casi siempre. ¿Practicando la escena?
—Sí —Akane suspiró—, pero honestamente, no estoy teniendo un buen día. No sé si es la escena, como dices, o soy yo, pero no me está saliendo como quiero.
Somos dos, pensó Ranma.
—¿Te parece si lo intentamos juntos? Así vemos si somos nosotros o si en efecto es la escena.
Akane asintió con la cabeza y le pidió unos minutos para entrar en el personaje. Ranma estuvo de acuerdo e intentó hacer lo mismo, pero aquel día estaba teniendo dificultades para concentrarse. Aun así, el actor intentó seguir los consejos de su mentor para dejar de ser Ranma Saotome y pasar a ser Grant.
—Lista —comentó Akane tras unos segundos.
Ranma asintió y permitió a Grant entrar en su piel. Introdujo la escena con sus primeras líneas, pues era él quien hablaba primero. Akane hizo lo propio y poco a poco fueron desarrollando el momento.
—Lo único que vas a conseguir es que te maten —comentó Grant con el ceño fruncido y la respiración agitada.
Kika se giró para mirarlo, sus ojos estudiándolo con sospecha y de forma apresurada, como si quisiera encontrar algo que delatara su deslealtad.
—¿No será que lo que quieres es que yo no mate a tus colegas? Es eso, ¿verdad?
Grant frunció el ceño, sin comprender por qué ella continuaba asociándolo con su antigua pandilla, a pesar de que sabía que era un disidente.
—No son mis colegas...
—Pero lo fueron —Kika frunció el ceño y dio varios pasos lentos hacia él—, no creas que me he olvidado de dónde vienes, ni de quién eres.
—Ya te dije quién soy. —Expresó él de forma tajante.
—La sangre no miente.
Grant no dijo nada, pero sintió que un puñal se clavaba en su pecho. No importaba cuánto intentara redimirse ni tampoco cuántas acciones positivas realizara, la gente siempre lo asociaría a su antigua pandilla, a ese apellido nefasto, a su pasado. Miró a Kika sin dejar de saborear el dolor de sentir que no pertenecía a ningún lado, ni a su pasado ni tampoco a su presente. Esa mujer había llegado a su vida para recordárselo, para constantemente dejarle claro que no confiaba en él, y que la única razón por la cual seguía a su lado era porque no tenía a nadie más. Igual que él. La única diferencia es que ella era lo único bueno que él había conocido.
—A veces pienso que tendrías que haberte muerto tú también esa noche.
Kika se giró de forma violenta y lo miró atónita, sin poder creer que él le estuviera diciendo algo tan hiriente como eso.
—Tal vez... tendrías que haberte muerto tú y no tu marido. Tal vez tendrían que haberte matado a ti y no a él.
—¡No hables de él! —Exclamó a viva voz—. ¡No eres digno de nombrarlo!
—¡Tal vez si hubieras muerto esa noche no estarías intentando acabar con tu vida ahora, porque eso es lo que estás haciendo! —Grant frunció el ceño y alzó la voz—. ¡Tal vez, si hubieras muerto esa noche, no estarías muerta en vida, que es mucho peor!
Dando dos grandes pasos, Kika acortó la distancia entre ella y Grant y se abalanzó sobre él para sujetarlo del cuello con ambas manos.
—¿Quieres que me muera? Es eso, ¿verdad? No quieres que vaya a ese maldito lugar para que me maten porque quieres matarme tú.
De repente, Grant desapareció. La persona a la que Kika intentaba ahorcar no era él, sino Ranma. Mientras ella lo miraba con fuego en los ojos, con una mezcla de odio y dolor, Ranma se salió del personaje, olvidándose de que estaba interpretando a Grant y volvió a ser él mientras se perdía en la intensidad de aquellos ojos cafés que parecían gritarle al mundo todo lo que Kika —y no Akane— sentían.
¿Qué tenía esta mujer que hacía que fuera tan difícil dejar de admirar su actuación? Era como si cada vez que entrara en escena fuera imposible hacer cualquier cosa que no fuera disfrutar su talento inconmensurable. Era como si en vez de odiar a Grant, lo odiara a él. Y por alguna desconocida y desconcertante razón, Ranma se dio cuenta de que no aguantaría que ella lo odiara.
Akane no tardó en darse cuenta de que Ranma no iba a continuar con el diálogo. La miraba de la misma forma en la que Grant debía mirarla, sí, pero no decía nada, así que le recordó sus líneas. El pelinegro entonces salió de su estado de embelesamiento. Ella seguía rodeándole el cuello con ambas manos, aunque por supuesto sin apretarlo ni hacerle daño, pero ahora lo miraba siendo ella misma y no su personaje. Ranma se sonrojó violentamente al darse cuenta de que no había sido capaz de mantener la concentración por mucho tiempo, como si se tratara de un actor novato. Ahí estaba ella, dándolo todo, demostrando que era la mejor actriz que Japón había visto... y ahí estaba él, convertido en un imbécil sin poder entender qué clase de hechizo le había hecho Akane Tendo para que estuviera tan obsesionado con ella. Porque sí, eso era lo que sentía, o al menos la forma en la que lo había catalogado: obsesión.
—No lo entiendes —retomó su diálogo en un intento por volver a entrar en el personaje—, la única persona que debería morir soy yo. —Bajó un poco la cabeza para mirarla más de cerca—. Cuando me miras de esta forma, cuando veo que estás llena de odio y resentimiento, que eres capaz de arriesgarte tanto solo por venganza, pienso que yo debería estar muerto. Que todos nosotros deberíamos estarlo, porque todo lo que tocamos se marchita o se vuelve polvo rojo, como el que cubre este desierto maldito.
A pesar de que seguía mostrándose alterada y molesta, Kika pareció bajar la guardia un poco, como si aquellas frases de Grant la hubieran desarmado. Soltó su agarre y se separó ligeramente de él, apartando la mirada y sintiendo un incómodo nudo en la garganta y unas terribles ganas de llorar.
—Es que… eres tú quien no lo entiende —dijo ella con un hilo de voz—, antes de esa noche, yo era…
¿Cuál era la palabra? ¿O era una frase? No lo recordaba. Dándose cuenta de que la línea no venía a ella, Akane dejó de ser Kika y soltó un suspiro de frustración y cansancio.
—Lo siento, no recuerdo lo que seguía.
—Yo tampoco —expresó sincero.
Al ver que Akane asentía con la cabeza y se alejaba un poco de él, como si caminar en círculos pudiera ayudarla a despejar su mente, Ranma agradeció que hubieran parado. Aquella maldita escena era demasiado intensa para él en ese momento; no estaba siendo un buen día, no era capaz de estar a la altura de su compañera.
—Creo que deberíamos dejarlo para otro momento —comentó sin ánimos, aturdido ante la realización de sentirse atraído hacia ella como una abeja a la miel. Era la primera vez que una mujer le gustaba tanto y ella no sentía ni cosquillas por él.
Ella asintió con la cabeza y se sentó en el suelo, sin mucho ánimo de marcharse aún. Sentía que necesitaba descifrar aquella maldita escena o si no, no podría pensar en nada más durante el resto del día. Desde su lugar observó a Ranma, que se había recostado de una pared falsa y parecía sumergido en sus pensamientos. Viéndolo así, tan sereno y tranquilo, sin ninguna expresión en el rostro, a Akane le pareció exageradamente atractivo e interesante. Le sorprendía y le gustaba que su compañero pudiera ser un hombre enérgico y estridente, con una personalidad carismática y arrolladora, y a la vez podía sumergirse en los más profundos de los silencios, como un monje budista que hace de la meditación un estilo de vida. Había sido durante aquellos momentos en los que se dedicó a observarlo desde la distancia desde el primer día de rodaje. Recordaba que, antes de que las bromas iniciaran, había pensado que Ranma Saotome era un hombre extrovertido y apasionado con una gran capacidad de reflexión, pues cuando parecía estar concentrándose o analizando una escena, era como si todo a su alrededor desapareciera. Pero cuando empezaron las jugarretas —hacia ella y hacia el resto de sus compañeros— Akane se olvidó de esa parte reflexiva de su compañero y lo encasilló en una sola categoría, sin matices y sin aristas.
Aquellos pensamientos la llevaron a encontrar la solución al bloqueo que sentía. De pronto, como si alguien le hubiera dado la respuesta a la pregunta más importante de su vida, Akane se puso de pie y juntó las palmas de sus manos de forma rápida, haciendo que aquel aplauso solitario sacara a Ranma de sus cavilaciones.
—Ya lo tengo.
Esbozó una sonrisa que iluminó toda la estancia y miró a Ranma con emoción.
—Creo que Kika de verdad quiere confiar en Grant. —Fue lo primero que dijo—. Quiere creer que ya no es un bandido ni un pandillero, que en serio está arrepentido por todo lo que ha hecho y en busca de redención. Pero no puede…
—Porque él tiene detrás suyo la historia de su pandilla, ¿no? —Inquirió Ranma sin estar seguro de a dónde quería llegar.
Akane negó la cabeza.
—No, no es por eso. —Volvió a sonreír, aunque esta vez sin enseñar los dientes—. Se supone que en el guion y de cara al público es por eso, ¿cierto? Pero… si lo pienso bien, ella puede perfectamente confiar en Grant porque él ha demostrado que odia a esa pandilla casi tanto como ella. —Se acercó a Ranma—. Pero a mi parecer, Kika no puede confiar en Grant porque tiene el corazón destrozado. Lo perdió todo en un suspiro; en un momento, está cenando con su esposo, y al segundo una cuerda de bárbaros invade el rancho en el que vive. Y creo que esa culpa que siente por no haber podido hacer algo más por él, sumado al duelo de perder su casa y al amor de su vida, no le permite tener un momento de paz. No puede estar tranquila, ni ser feliz, ni confiar en un aliado que pueda ayudarla porque eso significaría que todavía hay algo bueno en el mundo…
—Y se supone que para ella todo lo bueno murió con su esposo aquella noche. —Concluyó Ranma, finalmente entendiendo el planteamiento de Akane acerca de su personaje y las disyuntivas que sentía.
—Exacto —dijo ella complacida al ver que él también lo entendía—, y en este momento, en su vida no hay espacio para dualidades ni matices...
—Porque... eso la distraería de su intención de vengarse.
—¡Sí, sí, sí! —Hablaba en un tono que denotaba la satisfacción que sentía—. Esto lo hará todo más fácil, ¡gracias! —Alzó la mano para que Ranma la chocara.
—¿Por? —Preguntó él sin entender a qué se debía aquel súbito agradecimiento.
—Porque gracias a ti deshice el nudo que tenía en la cabeza —volvió a sonreír—, ha sido una maravilla ensayar juntos, ¿no te parece? Deberíamos repetirlo. —Expandió su sonrisa, pero pronto frunció el ceño al ver que él seguía serio y que no le chocaba los cinco—. Por favor, no me dejes con la mano levantada…
Él se rio y le chocó los cinco, consiguiendo que Akane estrechara su mano y volviera a darle las gracias. Ranma notó que todo su semblante había cambiado a uno mucho más positivo. Tras charlar un poco más, ambos pusieron rumbo hacia sus camerinos.
—¿Vas esta noche a la cena? —Le preguntó ella de buen humor.
Para celebrar que la primera parte del rodaje había finalizado y que en solo dos días partirían a Japón, Sentaro Daimonji organizó una cena en un restaurante francés, invitando a todo el elenco.
—Sí —contestó Ranma—, me encanta la comida occidental, del país que sea. ¿Y tú?
—Yo también. Pensaba decirle a Ryoga para irme con él porque es el perfecto conductor designado, pero no estoy segura si irá. Hoy se sentía mal.
La pregunta abandonó la boca de Ranma antes de que él pudiera detenerla:
—Yo puedo pasar por ti a tu casa.
En el momento en el que pronunció aquellas palabras, maldijo internamente y se mordió la lengua. No era el momento de acercarse más a ella, sino todo lo contrario. ¡Era el momento de huir hasta que se le pasara aquel estúpido y extraño crush que casi rayaba en la obsesión!
—¿Tú no piensas beber? —Preguntó Akane mirándolo con interés.
—La verdad no —fue sincero—, no tengo muchas ganas.
Con el rabillo del ojo, Ranma vio que Akane sacaba su móvil del bolsillo trasero de su pantalón.
—Te acabo de compartir mi dirección.
Así, sin pedirla, con la soltura y la facilidad de las personas que se conocen de toda la vida. ¿Ves que lo único que tenías que hacer para agradarle era dejar de llamar su atención?
—¿Paso por ti a las nueve? —Ignoró sus pensamientos.
—Vale.
En definitiva, su vida estaba llena de contradicciones.
Ranma llegó puntual a recoger a Akane.
La llamó por teléfono para avisarle que ya estaba abajo y ella le aseguró que no tardaría. Mientras la esperaba, aprovechó para echarse un vistazo en el retrovisor del coche, siendo consciente de que aquel acto de vanidad no era casual. Se había vestido para la ocasión, con una camiseta negra y un saco de color azul oscuro.
Tal y como se lo indicó en la llamada, Akane no demoró en bajar. Salió del edificio y Ranma la observó mientras caminaba de forma grácil y elegante hacia el coche. Llevaba puesto un vestido negro de YSL de manga larga, falda corta y espalda escotada, y unos Jimmy Choo Romy 100 de un color azul vibrante.
Akane abrió la puerta del coche y se subió mientras lo saludaba.
—Gracias otra vez por pasar por mí. ¿Qué tal estás?
—Famélico, ¿y tú?
Ella sonrió.
—¿Hay algún momento en el que no tengas hambre? —Akane ya estaba familiarizada con el gran apetito de Ranma.
—Sí, justo después de comer.
Ella se rio del comentario y Ranma la miró sonriendo. Quiso hacerle algún piropo acerca de su apariencia, pues se veía muy bien, pero prefirió reservarlo. Las cosas entre ellos estaban yendo bien y no quería hacer ni decir nada que pudiera ofenderla o incomodarla, y sabía que no siempre era apropiado comentar acerca de la apariencia física de las mujeres, algo que Shampoo le había enseñado. En cambio, decidió elogiar su calzado.
—Me gusta el color de tus tacones, son bonitos.
Ella lo miró entre sorprendida y halagada, pues no se había esperado aquel comentario.
—Gracias, a mi también me gustan. Jimmy Choo es una maravilla.
Ranma se rio en voz baja hasta que ya no pudo evitar dejar salir una carcajada. Akane lo miró divertida con una ceja alzada.
—¿Qué es tan gracioso?
—Oh, nada. Es solo que… hace muchos, muchos años, invité a salir a una chica… bueno, en realidad a varias chicas. —Ranma miró a Akane de reojo y notó que ahora tenía ambas cejas alzadas—. Verás… yo era tímido, en especial con las mujeres porque durante mi infancia y adolescencia prácticamente no tuve contacto con ninguna, entonces me costaba un poco interactuar con ellas.
—¿En serio? —La voz de su copiloto sonaba sorprendida—. ¿Creciste en un internado solo de varones o algo así?
Ranma sonrió.
—No, nada de eso. Crecí en muchos lugares, recorriendo Japón con mi padre, siempre yendo de un lado a otro. —Volvió a mirar a Akane—. Y usualmente había otros hombres de la edad de mi padre y chicos jóvenes como yo, muy pocas chicas. ¡Pero esa no es la historia! —Recordó—. El caso es que mi amigo Mousse, Mousse Seki…
—Sí, claro. Sé quién es.
—Vale, bueno, Mousse notó que me gustaban algunas chicas, pero yo nunca les hablaba, así que me motivó a hacerlo. Me dijo que invitara a salir a alguna, así que lo hice… pero ella ya tenía planes. «Lo siento, Ranma» —imitó la voz de una chica—, «es que voy al evento de Jimmy Choo». —Frunció el ceño—. Me sentí decepcionado, pero Mousse me dijo que no me rindiera, que invitara a salir a otra chica… y lo hice. El problema es que tampoco podía, «ya tengo planes, voy a lo de Jimmy Choo». —Ranma soltó un largo suspiro—. Mi buen amigo Mousse insistió en que no me desanimara e invitara a otra chica. ¡Ya se me estaban acabando las opciones! Pero siempre había escuchado que la tercera era la vencida, así que allá fui... y a que no adivinas qué me dijo…
Akane, que había estado escuchando la historia con una sonrisa en los labios, se llevó la mano al mentón.
—Mmm déjame pensar. Te dijo que tenía una cita con un tal Jimmy Choo.
—¡Exacto! ¡Exactamente eso! —La miró sorprendido—. ¡Literalmente esas fueron sus palabras! ¡Y hasta me guiñó un ojo! A esas alturas yo ya estaba harto de escuchar ese nombre, así que le pedí a la chica que me dijera qué tenía de especial Jimmy Choo, y ella me dijo que «sabe cómo hacer ver elegante a una mujer». —Soltó otro suspiro—. Me sentí decepcionado porque yo era la persona menos elegante del planeta, así que intuía que jamás ninguna mujer saldría conmigo.
Akane soltó una carcajada.
—Recuerdo que le pregunté a Mousse si era un actor o un deportista y solo se rio de mí, ¡no me dijo quién era!
—Pero ¿por qué no lo buscaste en Google? —Inquirió curiosa.
Ranma sonrió.
—Por la misma razón por la que no era bueno con las chicas, no estaba acostumbrado a hacerlo. La primera vez que usé Google tendría diecisiete o dieciocho años, así que no era algo que tenía siempre en mente. —Se encogió de hombros—. Pero otra vez nos estamos desviando de la historia. El caso es que le pregunté a Shampoo quién era Jimmy Choo y ella también se rio, pero al menos me dijo que era una marca de zapatos y no un joven rompecorazones.
Akane no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar la conclusión de la historia, imaginándose a un jovenzuelo incauto y decepcionado ya no por su mala suerte en el amor, sino por su desconocimiento de las marcas de lujo.
—Supongo entonces que odias la marca.
—De hecho, no —la volvió a mirar de reojo—, después de enterarme de eso sí lo busqué en Google. Y le di la razón a la chica que me dijo lo de hacer ver elegantes a las mujeres. —Se atrevió a mirarla otra vez, durante más tiempo que las veces anteriores—. Te ves muy bien con esos tacones, muy elegante.
Ella sonrió.
—Gracias, Ranma. Tú también te ves bien, te quedan bien los colores oscuros.
Él no pudo evitar sentir que su ego se inflaba ante aquel inesperado y anhelado piropo. Bien, al menos su compañera era capaz de apreciar su estilo. Continuaron charlando durante el resto del trayecto sobre temas varios, disfrutando por primera vez de una conversación amena y entretenida que nada tenía que ver con el trabajo.
No tardaron en llegar al restaurante. Se trataba de una construcción de piedra cubierta de hiedra ubicada a las afueras de Tokio, rodeada de vegetación y árboles frondosos que daban aún más privacidad al exclusivo recinto.
Ranma se bajó del coche y le entregó las llaves al valet, descubriendo por primera vez el escote posterior del vestido de Akane, que dejaba a la vista la deliciosa línea de su espalda y los maravillosos lunares que adornaban su piel. Fue como si un interruptor se encendiera. Al ver la piel descubierta de su espalda, el vaivén de sus caderas al caminar, y sus largas piernas, Ranma se olvidó por completo de todo su autocontrol y de la charla que había tenido consigo mismo aquella tarde para aceptar de una vez por todas que Akane no estaba interesada en él y que lo mejor sería sepultar la atracción que sentía por ella.
El reservado del restaurante estaba ubicado en una segunda planta a la que se accedía por el exterior, por lo que ambos actores se dirigieron a las escaleras. Ranma maldijo internamente cuando ella subió primero. No había suficiente espacio para que los dos caminaran el uno junto a la otra, por lo que él estaba obligado a ir detrás de ella. Hizo un gran esfuerzo para mirar el barandal y no el cuerpo de Akane mientras subían. Se maldijo internamente por sentirse tan atraído hacia ella, pero al mismo tiempo pensó en que él no tenía la culpa. ¿Quién podía culparlo? Nadie, en especial no después de la última semana, en la que habían convivido, congeniado y compartido mucho más, y Ranma había tenido la oportunidad de conocerla de una forma distinta hasta ese momento. ¿Cómo no iba a sentirse atraído por ella? La mujer era preciosa, talentosa, inteligente, interesante, ¡graciosa y pícara cuando quería! ¿Cómo carajo no iba a gustarle? ¿A qué hombre heterosexual en su sano juicio no le interesaría Akane?
Pues vas a tener que bajarte de esa nube, porque tú a ella no le interesas más que como un buen colega, pensó. Un amigo, en el mejor de los casos.
Y no es que él esperara que ella le jurara amor eterno y vivieran juntos para siempre, o que cayera rendida a sus pies, pero…
No estás acostumbrado a sentirte así y que no te hagan caso, ¿no?
Algo así.
Llegaron a la segunda planta y uno de los encargados los dirigió a la terraza en la que se encontraba el resto del grupo. Fueron recibidos con efusividad por parte de sus compañeros de elenco. Les ofrecieron copas de vino blanco y champaña, y Ranma pronto notó que prácticamente todos, salvo Ryoga, estaban bebiendo. Él se negó porque estaba conduciendo, pero luego pensó que una o dos copas de champán antes de cenar no le harían daño. De hecho, lo ayudarían a relajarse y tal vez incluso a alejar aquellos pensamientos lascivos que lo hacían sentir como un degenerado.
Para su suerte, la cena constaba de varios tiempos, así que hubo suficiente tiempo para distraerse con la comida y la conversación. La noche avanzó y la tertulia se prolongó debido a la buena bebida, y la buena bebida dio paso algo más: baile. El restaurante tenía música en vivo y un amplio espacio para que aquellos comensales que así lo desearan pudieran disfrutar de un baile en pareja. Varios de sus compañeros hicieron lo propio y se decidieron bailar, pero otros prefirieron aprovechar la discreción del reservado para continuar bebiendo y charlando.
Luego de un rato de observar a los bailarines, Ranma, que estaba sentado en la mesa bebiendo agua mineral, sintió una presencia cerca de él.
—¿Vamos a bailar?
Akane se le había acercado con un semblante animado y vivaz. Él la miró un tanto confundido.
—¿Tú y yo?
Ella sonrió.
—Sí, claro, ¿quién más? —Extendió su mano para que él la cogiera—. ¿Vamos?
Ranma pareció pensarlo. Por una parte, deseaba conocer los movimientos de Akane y descubrir si era tan buena bailando como lo era actuando; por otro, sabía que aquello solo serviría para incrementar el deseo y la atracción que sentía por ella, algo que quería evitar a toda costa. Finalmente, decidió rechazar su propuesta.
—No lo creo, pero gracias por invitarme.
Akane pareció sorprendida y confundida ante la respuesta.
—¿No te gusta bailar? —Preguntó ella con una tierna expresión en el rostro.
Ranma suspiró.
—Sí, me gusta, es solo que no tengo muchas ganas. ¿Me entiendes?
Akane pareció querer decir algo más, pero no lo hizo. Asintió con la cabeza y tomó asiento junto a él, con una expresión decepcionada en el rostro. A Ranma siempre le había gustado complacer a las mujeres, así que se sintió culpable por rechazarla.
—¿Tú sí tienes muchas ganas de bailar?
Ella le dijo que sí, pero luego enfatizó en que entendía que él no quisiera.
—¿Y por qué no le dices a alguien más?
Akane lo miró.
—Ryoga tiene dos pies izquierdos, Daisuke está demasiado concentrado en su conversación, Sentaro está bailando con Hinako… pero más allá de todo eso, tenía ganas de bailar contigo.
Ranma no pudo resistirse a aquella frase ni a los ojitos que le hizo, así que se puso de pie y extendió su mano para que ella la cogiera. El rostro de Akane se iluminó con una amplia sonrisa que demostraba su emoción, haciendo que él también sonriera, complacido por hacerla feliz y avergonzado por tener tan poco autocontrol.
Tú sí que eres un tipo fácil, pensó.
Se acercaron al área que fungía como pista de baile y se entregaron a la música. Los dos descubrieron con sorpresa que el otro era buen bailarín, aunque Ranma pensó que ella lo hacía mejor que él. Akane estaba feliz de haber encontrado un compañero que no solo no la pisara al bailar, sino que además supiera guiarla con gracia y sensualidad. También se sentía extrañamente complacida al comprobar que, una vez derribadas las barreras iniciales, Ranma y ella tenían una química deliciosa y muy agradable.
Su idilio en la pista de baile se prolongó durante tres canciones, en las que Ranma sentía que se quemaba al tener su mano sobre la espalda desnuda de Akane. Cada vez que se movían y cambiaban de postura al bailar, sus dedos rozaban un poco más de piel, haciendo que él descubriera cuán suave era, incrementando su deseo por conocer más de aquel cuerpo que hacía que el suyo ardiera por dentro.
Cuando inició la cuarta pieza musical, Akane le indicó a su compañero de baile que deseaba regresar a la mesa.
—Estoy sedienta.
Y yo, pensó él.
Cuando los dos pelinegros terminaron de hidratarse, alguien del grupo sugirió que se tomaran fotos, así que procedieron a posar en fotos grupales y luego en algunas en las que solo aparecían ellos dos. Posaron con mucha familiaridad, como si fueran buenos amigos o una feliz pareja, Akane riendo en voz alta por la euforia y el alcohol. Después de la última, se separaron y cada uno volvió a ocupar su lugar en la mesa, el uno junto a la otra.
Ranma la observó con deseo y pensó en que se estaba convirtiendo en un fetichista. Por culpa de ese vestido, la piel descubierta de la espalda de Akane despertaba sus pensamientos más sucios. Mientras el resto de los comensales disfrutaba de una conversación efusiva y burbujeante, por primera vez en toda la noche Ranma se permitió dar rienda suelta a sus fantasías, en las que Akane era la protagonista. Toda ella era una delicia. Mirar, tocar y disfrutar de ese cuerpo de vicio sin nada de ropa tenía que ser una locura total, entregarse al placer de satisfacerla y verla disfrutar debía ser un fagocitante viaje de ida del que no se volvía jamás. ¿Cómo sería en la cama? Tomando en cuenta lo reservada y misteriosa que era la mayor parte del tiempo, no era fácil deducirlo. ¿Sería una mujer apasionada y entregada? ¿Dominante o más bien sumisa? Acaso el perfecto equilibrio entre ambos polos. Al verla acomodarse un mechón de pelo detrás de la oreja, Ranma se preguntó si le gustaría que le hablaran sucio al oído. Y al contemplar como rozaba sus labios con el borde de la copa de champán, quiso saber si era una mujer verbal en la intimidad. ¿Pediría que le dijeran obscenidades, que se las hicieran? A él le encantaría hacerle y decirle ambas.
Perturbado por la intensidad de sus propios pensamientos, se acomodó en la silla y cogió una copa medio llena para bebérsela de un solo golpe. Cuando estuvo a punto de coger otra, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. No iba a emborracharse con dos copas, pero no era correcto beber cuando estaba conduciendo y además tenía la responsabilidad de llevar a otra persona hasta su casa. Con velocidad recorrió la mesa hasta encontrar una botella de agua mineral, la cual destapó y sirvió en la copa de cristal que tenía en la mano. Cerró los ojos.
¿Qué diría el maestro Happosai si supiera que estás dejando que la lujuria te domine? Inhaló y exhaló un par de veces para luego volver a beber, recordando aquellos primeros años tras volver a Tokio, en los que prácticamente cualquier contacto físico con una chica guapa lo ponía como una olla de presión. Happosai lo había guiado y orientado de una forma en la que ni su padre ni ningún otro adulto supo hacer. Recordaba que...
—¿Te quieres quedar un rato más?
Salió de su ensoñación al sentir que alguien lo tocaba y le hablaba de cerca. Akane, de pie junto a él, había puesto su mano sobre su antebrazo y lo miraba con interés.
—¿Tú sí? —Preguntó él, agradeciendo que ella no tuviera idea de lo que pasaba por su mente.
—La verdad estoy algo cansada —contestó—, todavía tengo que empacar y no sé si será mejor hacerlo ahora o mañana en la mañana.
A pesar de que no estaba diciéndole de forma directa que quería irse, Ranma captó el mensaje. Asintió con la cabeza y le indicó que también quería irse, así que ambos se dirigieron al grupo para despedirse. Ella se despidió de todos de forma cariñosa, mientras que él intentó aparentar normalidad y disimular lo aturdido que lo había dejado el prolongado contacto físico con Akane y sus posteriores pensamientos.
Tras las despedidas, los dos actores abandonaron la estancia y se dirigieron a la salida del restaurante. Pero mientras bajaban las angostas escaleras Akane trastabilló. El alcohol, los Jimmy Choo y aquellos peldaños empinados eran una pésima combinación. Para no caerse, se aferró a aquello que estaba más cerca de ella y que podía ofrecer un soporte firme y seguro: el pecho de Ranma. Él la sujetó con firmeza, abrazando su cuerpo para evitar que rodara hacia abajo. Akane dejó salir una risa nerviosa cuando se dio cuenta de que, si Ranma no hubiera estado ahí, ella probablemente habría aterrizado en el suelo de piedra al final de las escaleras.
—¿Puedes caminar sola? —Le preguntó él frunciendo el ceño, dándose cuenta por primera vez en la noche de que su compañera había bebido demasiado—. No me había dado cuenta de que estabas tan ebria...
—¡No estoy tan ebria! —Exclamó ella intentando defenderse—. Y sí puedo caminar sola. —Sin embargo, no lo soltó tras decir eso—. ¿Sabías que en la noche tus ojos se oscurecen mucho? Como el mar cuando anochece...
Ranma comenzó a ponerse nervioso. Las manos de Akane seguían agarrándolo del brazo y del pecho, y sus inmensos ojos café, adornados con un maquillaje que resaltaba su belleza y que combinaba con sus zapatos altos, lo miraban atentamente. Sus manos, que antes habían estado apoyadas sobre su pecho, se deslizaron hasta el rostro de su compañero.
—¿Nos vamos? —Le preguntó impaciente. Necesitaba desesperadamente quitársela de encima.
Pero ella seguía escudriñándolo con la mirada.
—Guao —dijo sorprendida. Con el índice y el pulgar de cada mano, estiró sus párpados para abrirle los ojos—. Tienes unas pestañas larguísimas. —Se mordió el labio inferior mientras observaba atentamente aquel detalle en el que no había reparado hasta ese momento—. Son casi como las mías…
Ranma maldijo a todas las personas que se encontraban en el restaurante, pues ninguna había decidido bajar por las malditas escaleras en todo ese tiempo. Sin poder aguantar un segundo más de la cercanía de Akane, la cogió de la muñeca sin delicadeza y la jaló para continuar bajando las escaleras.
—No vayas a caerte —le dijo en un tono nada amigable sin soltarle la mano mientras caminaba escaleras abajo.
Ella tuvo que agarrarse de la chaqueta de Ranma para sentirse más segura, mientras pensaba que al igual que el resto de los hombres, él era un insensible. ¡Caminaba con paso rápido y apresurado porque llevaba zapatos planos! ¡Y además estaba sobrio!
Cuando llegaron a la planta baja, Ranma siguió caminando velozmente sin soltarle la mano, hasta que llegó al área de valet parquin. Metió la mano en el bolsillo interno de su chaqueta y sacó el boleto que le habían entregado en su llegada y se lo dio a uno de los chiquillos que trabaja allí, casi exigiéndole que no demorara en traer su coche. El muchacho, al ver que Ranma Saotome, acompañado de la preciosa Akane Tendo, parecía muy impaciente, malinterpretó la escena. Asintió con la cabeza y se retiró raudo en busca del vehículo del actor, quien probablemente no podía esperar para llegar a su casa para hacerle el amor de forma apasionada a la actriz.
No tenía idea de lo equivocado que estaba.
—¿Por qué eres tan alto?
Ranma se giró. Akane otra vez lo miraba con aquellos ojazos curiosos. Por un segundo, se permitió disfrutar del momento al descubrir que ella parecía ser una de esas borrachas parlanchinas, extrovertidas e incluso algo impertinentes. Bien, quizás no era demasiado impertinente, pero en definitiva lo era un poco, de una forma tierna y divertida.
—Supongo que porque comí mis vegetales cuando era pequeño —bromeó—, pero creo que es porque mi padre también lo es.
Akane sonrió y dio un paso adelante, quedando a pocos centímetros de él. A pesar de estar usando zapatos altos, seguía siendo más baja que él. A los dos les gustó ese detalle.
—Eres incluso más alto que Ryoga. Tanto que si quisiera besarte aún tendría que ponerme de puntillas...
Por un segundo, en el que ella le miró los labios, Ranma pensó que iba a besarlo. Pero cuando su boca se curvó en una sonrisa, el pelinegro maldijo internamente por ser tan jodidamente incauto. Para su suerte, su coche no tardó en aparecer. Cogiendo a Akane nuevamente de la mano, se acercó a la puerta del copiloto y la abrió para ella. Luego buscó su billetera y sacó algunos billetes sin siquiera fijarse en la denominación y se los entregó al valet, dejando salir un «gracias» sin mirarlo a los ojos.
Maldita sea, pensó cuando se subió al coche y sintió que el perfume de Akane se había quedado allí desde antes. ¿Por qué coño tuve que ofrecerme a ser su chófer?
Se giró para mirarla. Ella estaba intentando limpiarse con la mano lo que parecía ser una mancha seca de vino tinto que tenía en la pierna. Por enésima vez en la noche, su mente volvió a jugarle una mala pasada; la recorrió con la mirada, preguntándose qué estaría usando debajo de ese vestido. Arriba definitivamente nada, con ese escote de espalda era más que evidente que no llevaba sujetador… pero ¿y abajo? ¿Algo con encaje? ¿Tanga?
¡Basta ya!
Puso el coche en marcha y le dijo a Akane que podía poner música si así lo quería, ofreciéndole su móvil para que lo hiciera. Agradeció mentalmente por ser él el que debía conducir, pues así estaba obligado a mirar al frente. Akane no tardó en encontrar una canción que fuera de su gusto en la biblioteca de música de Ranma. Y cuando las primeras notas de la canción comenzaron a sonar, él pensó en que el maestro Happosai debía estar poniéndole a prueba o jugándole una maldita broma desde el lugar donde estuviera, porque de todas las canciones que había en su maldita biblioteca, ella tenía que elegir justo esa.
La voz de Tove Lo no se hizo esperar. Ranma deseó que a Akane no se le ocurriera ponerse a cantar. Lo último que necesitaba era escuchar de su boca la letra de esa canción tan sexual.
Bed, stay in bed
The feeling of your skin locked in my head
Smoke, smoke me broke
I don't care, I'm down for what you want
Y como si estuviera leyendo los pensamientos de su chófer, Akane pronto empezó a tararear la canción y a mover su cuerpo al ritmo de la música. Él tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no mirarla.
Tienes que llevarla con vida a su casa, pensó. Sin ella, no hay película.
Semáforo. Ranma se tensó cuando vio que la luz cambiaba a amarillo. Estuvo tentado a pegar un acelerón para pasar el semáforo, pero pensó que sería irresponsable además de ilegal. Amarillo significa despacio, no acelera, imbécil. La luz cambió a roja justo cuando él se detenía.
La segunda estrofa llegó pronto y Akane comenzó a cantar. A él le fue inevitable girarse para mirarla cuando ella cantó Bite me while I taste your fingertips. Por Kami, lo último que necesitaba era imaginársela chupando sus dedos. Por si fuera poco, ella continuaba bailando en el asiento mientras disfrutaba de aquella canción como si estuviera en un concierto. Cuando notó que Ranma la miraba, le sonrió.
—¿No te gusta esta canción? —Le preguntó en voz alta debido al elevado volumen de la música—. ¡Está en tu lista!
No. La odio. La odio con todo mi ser. Odio esa maldita letra y odio el ritmo. Odio lo increíblemente deseable que te ves cantándola y bailándola. La odio porque lo único que quiero es detener el coche para follarte hasta morir. Y me odio a mí mismo por haber perdido el control de mi puta mente.
Naturalmente, su respuesta fue mucho más escueta y decente.
—Ajá.
—If you love me right, we fuck for life!
Ranma se obligó a dejar de mirarla en aquel instante. El semáforo volvió a ponerse verde, causando que él diera un acelerón que los empujó a los dos contra los asientos de cuero del vehículo. No volvió a mirarla durante el resto de la canción, y para su suerte la siguiente fue una de Steve Aoki que no tenía letra, y que no parecía ser del agrado de Akane, o al menos no tanto como para continuar bailando.
—Voy a repetir Talking body…
—¡No! —La exclamación de Ranma fue casi un grito que consiguió que Akane no solo diera un respingo en su asiento, sino que además soltara el teléfono haciendo que este cayera a sus pies—. No más, necesito silencio. —Usando los controles del volante, apagó la música.
El coche se sumió en un silencio que no tardó en volverse incómodo para ella, quien no entendía el abrupto cambio de humor de su acompañante. El resto del camino lo hicieron sin dirigirse la palabra.
Cuando llegaron al edificio, Ranma volvió a mirarla y se arrepintió casi de inmediato, pues Akane seguía teniendo esa cara preciosa de ojos expresivos y ese cuerpo que él se moría por tocar, probar y poseer.
Una idea surcó su mente. ¿Y si se inclinaba hacia ella y la besaba? No, no, ¡no! Demasiado directo, demasiado arriesgado, no podía simplemente hacer eso sin pedirle su consentimiento primero. ¿Y si le decía que quería acostarse con ella? Tampoco. Ella era su compañera de trabajo, ¿cómo carajo iba a mirarla a la cara si le proponía algo como eso y ella lo rechazaba? No podía arriesgarse a hacer esa propuesta, él jamás lo había hecho antes, siempre esperaba que sus coprotagonistas dieran el primer paso, o al menos alguna pista o indirecta que le permitiera tantear el terreno; una vez ellas le daban luz verde con una mirada, un comentario o un gesto, entonces él se lanzaba al agua, jamás antes. Tenía una reputación que cuidar y pensaba mantenerla así.
—Buenas noches, Akane —le dijo volviendo a mirar al frente—, descansa.
Ella lo observó extrañada por su actitud callada y seria, sin entender qué había ocurrido. ¿Dónde estaba el hombre risueño, locuaz, bromista, carismático y desenfadadamente sexy que era siempre?
—Buenas noches, Ranma. Gracias otra vez por traerme. —Se quitó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del coche, pero antes de bajarse se acordó de algo—. ¡Ay, tu móvil!
Ranma frunció el ceño cuando la vio agacharse para buscar el teléfono que se le había caído minutos antes. El vestido se le subió dejando ver más piel, haciendo que Ranma estuviera a punto de perder la cordura. El teléfono no aparecía por ningún lado, así que Akane se arrodilló y se agachó para meter su mano debajo del asiento. De pronto aquella dio la impresión de ser la imagen más pornográfica que Ranma había visto en su vida.
—¡Podrías bajarte de una buena vez! —Exclamó Ranma. Su voz resonó fuerte, casi como un grito.
Akane dio un respingo y estuvo a punto de caerse. Miró a Ranma con los ojos muy abiertos por la impresión, sin dar crédito a esos pésimos modales y a ese humor de perros que jamás había visto en él. No lo entendía. Al parecer Ranma era un enigma para el que ella no tenía ninguna respuesta… ¡es que ni siquiera tenía la pregunta! Primero, se pasaba de confianzas con ella y era excesivamente amigable y bromista cuando ni siquiera eran cercanos, y ahora que finalmente se llevaban bien, se comportaba de forma huraña. Todavía confundida y algo mareada por el alcohol, Akane cogió su pequeño bolso, se bajó del coche y miró a Ranma una última vez.
—Buenas noches.
Cerró la puerta y sintió que la temperatura de la noche había disminuido al caminar. Mientras entraba al edificio y saludaba al doorman, se obligó a dejar de pensar en la extraña conducta Ranma. Cuando estuvo dentro del ascensor solo podía pensar en la divertida noche que había pasado junto a sus colegas de trabajo. Entró a su apartamento y cerró la puerta tras de sí. Sin quitarse los tacones, se dirigió a su habitación y se acostó boca arriba en la cama, pensando en que no tenía nada de ganas de desmaquillarse ni cambiarse de ropa, pero lo primero no era negociable, solo debía tomar fuerzas para hacerlo.
Se estaba quedando dormida cuando la vibración de su móvil la despertó. Llamada entrante. Una sonrisa se dibujó en su rostro antes de contestar al leer el nombre de quien la llamaba.
—Dime por favor que estás en Tokio y me estás llamando por eso —su voz fue coqueta y sensual.
La sexy risa masculina al otro lado de la línea no se hizo esperar.
—Sí, así es.
—¿Y tienes ganas de visitarme ahora? —Akane giró en la cama y se quedó acostada boca abajo con los codos apoyados en el colchón.
—Siempre tengo ganas de visitarte. ¿Puedo? Sé que es un poco tarde.
Akane expandió su sonrisa y se sentó sobre la cama.
—Sí, claro.
—Vale, preciosa, en cinco minutos estoy ahí. —Le dio un beso que ella escuchó al otro lado de la línea—. Espérame.
—¿Desnuda o vestida?
Taro volvió a reír.
—Vestida —su sonrisa casi podía escucharse—, sabes que adoro tener el privilegio de desnudarte.
Luego de que Akane se bajara de su coche, Ranma esperó a que entrara a su edificio. Una vez desapareció tras la puerta de vidrio, él salió pitando.
Condujo como un desquiciado por las calles de Tokio hasta que llegó a su casa. Se bajó del coche y dio gracias al cielo por vivir en una casa. No le apetecía en lo más mínimo esperar por un elevador, mucho menos socializar con personas. Se quitó los zapatos, lanzó las llaves y su billetera en la mesa que había en la entrada y subió las escaleras con prisa. Se encerró en su habitación y se quitó la chaqueta para arrojarla dentro del vestier, sin importarle que cayera de cualquier forma. Estaba excitado y sentía el ardor del deseo sexual a flor de piel. Era consciente de que aquello solo se le pasaría si saciaba sus ganas. Deseaba tener a Akane en su cama y desnudarla, besarla, lamerla, morderla, penetrarla. Estar dentro de ella y ver su cara cuando se vaciara completamente.
Bueno, eso último sí lo puedes hacer...
Momentos desesperados requieren medidas desesperadas.
Ranma se desvistió completamente, cogió su laptop de su escritorio y se acostó sobre la cama. Buscó en Internet el nombre Akane Tendo acompañado de las palabras Shinmitsuna Magazine. Pronto aparecieron ante sus ojos las fotografías y el vídeo de la sesión de aquella infame entrevista que meses atrás había puesto a Akane en boca de todos y que la había convertido en Trending Topic.
Había dos fotos en las que Akane estaba completamente desnuda en una cama, aunque las áreas interesantes estaban cubiertas. En una se encontraba acostada de lado, arropada parcialmente por delgada sábana de seda que dibujaba a la perfección todas sus curvas; en la otra estaba boca abajo y con la espalda descubierta. Ranma rememoró lo sucedido en el restaurante y casi pudo volver a sentir la deliciosa piel de Akane bajo sus manos. Agrandó la foto y deseó besar y lamer cada uno de sus lunares, imaginando que la tenía así en su cama, desnuda y a su merced.
—Cómo me pones…
Se inclinó ligeramente hacia un costado para abrir la gaveta de su mesita de noche y sacar el pequeño bote de lubricante que guardaba allí. Vació lo poco que le quedaba sobre su pene erecto y comenzó a masturbarse de forma intensa, no queriendo dilatar más el momento. Dejó escapar algunos suspiros y palabras obscenas al notar cuán duro y excitado estaba. No tardaría demasiado en correrse.
En otra de las fotos de la sesión, Akane aparecía detrás del vidrio empañado de una ducha, también desnuda. Ranma se lamió los labios al imaginarse bajo la regadera con ella. Deseó probar sus pechos húmedos y apretar sus nalgas haciéndola gemir ante sus estímulos y caricias, después penetrándola de pie con ella dándole la espalda y él estrujando su cuerpo desnudo contra el suyo, mientras le mordía la nuca y el cuello, y le susurraba palabras sucias al oído. Aumentó la intensidad de su agarre y la velocidad de su movimiento, masturbándose con ganas, sintiendo cómo su mano se deslizaba de arriba abajo por su erección.
—Te follaría toda la noche… —Además de las palabras, dejó escapar varios gemidos mientras tensaba sus músculos.
Otra foto mostraba a Akane usando una delgadísima bata blanca de algodón que se transparentaba y, al estar a contraluz, permitía a los espectadores visualizar su cuerpo perfecto sin ropa interior debajo. Si la tuviera así, pensó, no dudaría en meter sus manos bajo la tela de aquella bata para tocar sus muslos despacio, tanto la parte exterior como la interior, hasta que ella ya no pudiera con la anticipación. Entonces se arrodillaría ante ella, le separaría las piernas y le comería el coño hasta hacerla gritar.
—Quiero que te sientes en mi cara...
Aquel pensamiento lo llevó al extremo. Aquel iba a ser un orgasmo brutal. Llevó su otra mano a su pene para masturbarse con las dos, acompañando el movimiento de sus manos con sus caderas, mientras se imaginaba que Akane estaba sentada en su rostro y él la devoraba entera. Un popurrí de sonidos se oía en la habitación: sus gemidos y jadeos, el sonido de sus manos húmedas recorriendo su miembro duro y el suave choque de su puño contra sus caderas. El único momento en el que dejó de ver las fotos de Akane fue al echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos mientras eyaculaba sobre su vientre y abdomen.
Sus músculos tardaron en relajarse y su respiración en ralentizarse, pues, aunque breve, aquella había sido una intensa sesión de masturbación. Tras unos minutos en los que se sintió saciado y se permitió disfrutar del relax que invadía su cuerpo, se levantó de la cama y se dirigió al baño para limpiarse, intentando no hacer un desastre en el camino.
Volvió a la habitación tras asearse, pensando en que estaba demasiado cansado para ponerse un pijama. Cerró el navegador y luego bajó la pantalla de la laptop hasta cerrarla. La dejó en la mesa de noche, apagó la luz y se metió desnudo bajo las sábanas. Antes de quedarse dormido pensó en Akane. Seguramente estaría ya profundamente dormida, completamente ajena a la pasión que despertaba en él.
Suspiró.
Solo esperaba que esto hubiera sido suficiente.
Desnuda y acostada boca abajo sobre la cama, Akane observaba a Taro con la barbilla apoyada en la palma de su mano.
Adoraba su pelo abundante y sexy, sus ojos claros de larguísimas pestañas, los pendientes de sus orejas. No tenía una belleza masculina sino más bien andrógina. Esa era de las cosas de él que a ella más le gustaban, de la misma forma en la que le gustaba que con su estilo y personalidad desafiara las normas de lo que era típicamente masculino, aunque eso generara rumores sobre su sexualidad. Había un grupo considerable de personas que aseguraba que Xiao Taro era gay, mientras que otros le defendían diciendo que era un hombre heterosexual al que no le importaba lo que pensaran de él. Pero lo cierto es que nadie tenía razón; en realidad, era bisexual.
Xiao Taro era un modelo chino de veintiséis años cuya belleza y estilo poco convencionales le consiguieron un lugar en el competitivo y exigente mundo de la moda cuando tenía tan solo dieciocho años. Pronto consiguió aparecer en importantes editoriales y modelar para reconocidos diseñadores en las semanas de la moda de Tokio, Seúl, Shanghái, Londres, Milano, París y Nueva York. Se convirtió en uno de los modelos más cotizados de Asia, llegando a ser adorado por diseñadores y adolescentes hormonales que publicaban sus fotos en Tumblr, en donde recibían cientos de miles de notas, a la vez que decenas de fanfics eran escritos en WattPad teniéndolo a él como protagonista. Cuando tenía veintiún años ganó el apodo de Pantimedias Taro por unas fotos suyas que se filtraron usando pantimedias. Al principio, el joven modelo lo tomó como un golpe a su ego y también a su reputación. Sin embargo, una reconocida marca internacional lo contrató para una pasarela en la que él y el resto de los modelos masculinos usaron pantimedias. Posteriormente, el chico participó en un anuncio de pantimedias en Corea del Sur, generando todavía más conversación al respecto. Terminó de apropiarse de aquel apodo con humor al crear su cuenta de Instagram pansutotaro.
Akane y él se conocieron cuando ella tenía veintidós años y él veinte. Ella ya había protagonizado varias películas, por lo que era la It Girl del momento. Ambos fueron incluidos en la lista de las personas más influyentes menores de veinticinco años de la revista VOGUE de Japón, no solo por su relevancia e influencia del momento, sino también porque ambos eran figuras prometedoras en sus industrias. Congeniaron de inmediato y pronto se dieron cuenta de que entre ellos había una fuerte química, aunque al principio no se dejaron llevar por ella. Pero tras meses de ser amigos, se acostaron una noche lluviosa en la que Akane había ido al apartamento de Taro ver una película.
A partir de allí, se dieron cuenta de que podían ser amigos y amantes, sin la necesidad de que lo suyo fuera engorroso. Su relación se basó principalmente basada en confidencias amistosas y largas sesiones de sexo apasionado y sin compromiso. No importaba cuánto tiempo pasara, o si alguno de ellos tenía una relación durante un tiempo, una vez estuvieran solteros y disponibles, siempre conseguían reencontrarse.
Había sido Taro, de hecho, quien dos años atrás la invitó a la fiesta de Mikado Sanzenin en la que conoció a Akari. Por aquel tiempo, Akane estaba todavía sumergida en el dolor de su relación con Ryu, por lo que Taro quiso animarla llevándola a vivir emociones fuertes. Él era uno de los invitados habituales, y aunque no siempre podía asistir pues pasaba mucho tiempo fuera de Japón por trabajo, le preguntó a Mikado si podía invitar a Akane Tendo. El DJ alzó ambas cejas, sin poder creerse que una mujer tan discreta quisiera participar en un evento de ese tipo. Por supuesto, su respuesta fue afirmativa. Cuando el modelo le hizo la invitación, ella dijo que sí sin pensarlo demasiado, creyendo que lo que necesitaba en aquel momento era una experiencia como ninguna otra. Y Akane sabía perfectamente a lo que iba: una orgía bisexual con otras personalidades del mundo artístico de Japón.
—Tengo algo que decirte —comentó Taro.
—Te escucho.
—Me voy a Nueva York.
Le explicó que la agencia con la que trabajaba decidió ofrecerle un contrato basado en la ciudad estadounidense, pues desde hacía más de un año la mayoría de los trabajos que surgían para él venían de territorio americano.
—¡Es una noticia maravillosa!
Para nadie era un secreto que todo modelo soñaba con vivir y trabajar desde Nueva York, que básicamente era la capital mundial de la moda, aunque hubiera algún incauto que creyera que París o Milán lo eran. Tal vez para el diseño de alta costura, pero no para el modelaje.
Tras compartir un abrazo, se separaron y volvieron a acostarse de lado en la cama, uno frente al otro.
—¿No has pensado tú también en dar el salto?
Aquella maldita pregunta.
Pum, pum, pum.
El corazón de Akane comenzó a latir con fuerza.
—A Estados Unidos, quiero decir.
Pum, pum, pum.
—Creo que podrías tener mucho éxito en Hollywood, ¿tú no? —Insistió Taro, sin ser consciente de que su compañera estaba intentando encontrar una escapatoria a aquella conversación—. ¿No te gustaría que tocaran a tu puerta?
Akane esbozó una sonrisa corporativa que salió más bien como una mueca incómoda, y se incorporó sobre la cama, quedando sentada en el borde, dándole la espalda a Taro. El ambiente íntimo había terminado para ella, y ahora solo quería estar sola.
—No lo sé, ¿te quedas a dormir o debes marcharte? —Preguntó poniéndose de pie para dirigirse a su armario a buscar un pijama, deseando que su compañero eligiera la segunda opción.
—Quisiera quedarme, pero debo madrugar mañana… y ni siquiera he hecho la maleta.
Mejor así, pensó ella.
—Deberías pensarlo, ¿sabes, Akane?
Ella ya estaba dentro del vestier, pero podía escuchar la voz de su amante intentando convencerla de que se aventurara a Estados Unidos para probar suerte. Lo que él no sabía era que ella no necesitaba aventurarse, ni probar suerte, ni pedir deseos al cielo... porque Hollywood ya había tocado a su puerta.
Pero ella había decidido no abrir.
Elementos de la cultura popular y otras aclaraciones pertinentes:
It girl: es una frase en inglés que puede aplicarse a una joven que posee un gran atractivo y que es influyente en la sociedad.
Este capítulo me gusta por dos cosas: 1) el caballo salvaje pierde el control (y porque ya saben que adoro ese tipo de escenas), 2) tenemos más detalles de la vida íntima de Akane, y queda claro que no es ninguna mojigata...¿Alguien tiene alguna pregunta acerca de las circunstancias en las que se conocieron Akari y Akane? Prometo responderlas... pero no ahora. Los detalles de aquel hecho vendrán más adelante, ya lo verán.
En este capítulo podemos ver algo que hasta ahora casi no se ha leído en esta historia: Akane dejando ver lo que piensa de Ranma de una forma más profunda. Hasta ahora, sabemos lo que él piensa acerca de ella, cómo se siente a su alrededor y todas las emociones que despierta en él, pero a partir del siguiente capítulo conoceremos esa contraparte de Akane y cómo ella ve y siente a Ranma.
Por supuesto, el siguiente capítulo será en Estados Unidos. Les aviso: prepárense, porque se viene con emociones fuertes.
¡Casi lo olvido! ¿Alguien tiene alguna teoría o idea de por qué Akane, quien de niña soñaba con actuar en Hollywood, ahora ha decidido no abrirle la puerta? Los leo...
Respuestas a reviews de usuarios no registrados:
Guest: esta Shampoo es una buena amiga de Ranma y una influencia positiva para él.
Serendipity: jajaja creo que Ranma fue cute y pesadísimo en partes iguales, pero al menos tiene un corazón noble e intenciones sinceras. Así es, iremos conociendo los detalles de los misterios de esta historia pincelada a pincelada, con uno que otro baño y sesión nocturna relajante de por medio... jaja.
Jess: me da risa que las bromas, dependiendo del interlocutor, son una pesadilla o algo realmente divertido. Sí, sí, leíste muy bien lo de fiesta de excesos y amantes compartidos, y estoy segura de que ya en este capítulo te habrá quedado más que claro. Sí, la familia de Akane volverá a aparecer. Y sí, Ryoga también, y no solo como un complemento. ;-)
AkaneMX: la torpeza social de Ranma es tierna de ver... hasta cierto punto jaja. Puede que Akane no lo vea con otros ojos por el momento debido a la relación que han llevado, pero es probable que eso esté por cambiar.
Guest: this joke was inspired by a real event. I believe it was George Clooney who once pranked Matt Damon (or perhaps Brad Pitt) in the set of one of their films; he told everyone that Matt (or Brad) did not want to be talked to or even stared at, and the victim of the prank didn't understand what was going on until a while later. I think it can be a funny prank IF you have a trusting relationship with the prankster, otherwise it is rude and obnoxious as you stated, so yeah, I agree with you: Ranma crossed the line. But no, his intention was never to destroy her image. I understand why you didn't like it, but I invite you not to see the characters in a black and white (they're fully evil or fully good) way.
