Desierto Salvaje

Capítulo VI:

"Siete años"


«Una vez a los siete años, mi madre me dijo 've a hacer amigos o te sentirás solo'».


Todavía medio dormida, Akane se removió en su asiento debido al frío. De forma inconsciente, volvió a moverse para encontrar un punto de calor, pero al no conseguirlo abrió los ojos. El avión privado estaba todavía a oscuras y en silencio, por lo que le tomó algunos segundos comprender dónde estaba. Poco después cogió la chaqueta de jean que tenía apoyada en el regazo y se la puso. Movió su cuello a los lados y miró su reloj. Todavía faltaban tres horas para aterrizar en Los Ángeles, y al llegar tomarían un vuelo comercial hasta Phoenix, Arizona. Volvió a acomodarse en el asiento y suspiró antes de abrir la ventanilla que tenía a su izquierda. La vista del incipiente amanecer, además de traerle paz, la hizo pensar en que hacía mucho tiempo no disfrutaba de ver salir el sol.

Aquel recuerdo la hizo pensar en Taro. Su noche con él le había dejado un extraño sabor de boca y unas cuantas reflexiones. Al principio lo había estado disfrutando como de costumbre, pero en algún punto Akane se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, estaba pensando en una persona mientras se acostaba con otra. Y esta vez no era Ryu quien ocupaba su mente. Ser consciente de ello la hizo sentir extraña e incómoda, pero sobre todo confundida, porque aquello jamás le había ocurrido con Taro; sin embargo, por alguna extraña razón aquella noche no logró conectar con él. Y cuando Taro la abrazó al despedirse y le dijo que esperaba verla pronto, ella concluyó que su tiempo con él había llegado a su fin. No solo porque ya no lo deseaba como antes, sino porque se había dado cuenta de que ya no lo necesitaba. Taro había cumplido su rol en su vida: un buen amigo y amante que la había acompañado en etapas en las que había echado en falta un hombro, una risa, estímulo, un empujón para atreverse a más.

Akane volvió a moverse en su asiento y observó su alrededor, en busca de algún compañero que estuviera despierto. A simple vista, y con las luces apagadas, parecía que todos dormían. Pero después de unos minutos de observación, la menor de las Tendo notó que había otra persona que también estaba en vigilia además de ella. Le pareció lógico que Ranma estuviera despierto, tomando en cuenta que se había quedado dormido nada más sentarse en el avión, y de eso hacía ya unas siete horas. Le sorprendió que el pelinegro durmiera de forma plácida incluso a pesar de que los demás estuvieran charlando animadamente. Pero a medida que las horas fueron pasando, el resto de sus compañeros también se quedaron dormidos poco a poco. Y ahora el silencio reinaba y los únicos despiertos eran ellos dos.

Aprovechando que él parecía inmerso en sus pensamientos y que estaba sentado en un ángulo diagonal hacia ella, Akane se dedicó a disfrutar de la vista que dejaban los pantalones cortos que Ranma llevaba puestos. Unas piernas fuertes y tonificadas, musculosas, justo como a ella le gustaban. Las recorrió con la mirada, desde el tobillo hasta los muslos, para luego seguir subiendo hasta su entrepierna. Aquel short deportivo era una maravilla que permitía que se adivinaran ciertas formas bajo la tela. ¿Sería eso tan interesante como el resto de su compañero? Mentiría si dijera que no quería averiguarlo.

Desde la cena en el restaurante francés, dos noches atrás, Akane había pensado mucho en Ranma. Aquella noche había sentido una fuerte conexión con él. Ella ya era consciente desde antes que entre ambos había una química deliciosa, pero ese día algo cambió. No sabía si había sido la complicidad, las bromas compartidas, el largo rato que pasaron bailando, pero lo cierto es que el pelinegro se había instalado en su mente… a tal punto, que cuando se acostó con Taro pensó en él.

Sus pensamientos evolucionaron, pero Akane solo se dio cuenta de que estaba fantaseando con su compañero cuando se los imaginó a los dos solos en aquel avión, con ella sentada sobre él. Fue consciente de que su temperatura corporal se había elevado por los pensamientos subidos de tono. Se mordió el labio inferior e intentó pensar en otra cosa, pero no pudo apartar sus ojos de él. Quedaba muy claro que Ranma le atraía física y sexualmente, pero Akane sabía que no era lo único que le gustaba de él; en realidad, la atracción física y sexual había llegado después de darse cuenta de las cosas que le gustaban de él: que fuera siempre él mismo, sin importarle lo que nadie pensara o dijera; que siempre parecía estar tranquilo, en paz con el mundo y con todo lo que pasaba a su alrededor, con aquella actitud desenfadada que lo hacía ver tan sexy y despreocupado; su buen humor constante y su personalidad humilde, que lo hacía tratar bien a todos sin importar quiénes fueran.

Como si hubiera estado escuchando sus pensamientos, Ranma bloqueó su móvil y alzó el rostro, haciendo contacto visual con Akane. Al notar que ella también lo miraba, le regaló una sonrisa. Por toda respuesta, Akane le dio un par de palmadas al asiento vacío junto a ella, invitándolo a sentarse juntos. Él expandió su sonrisa y se puso de pie para sentarse a su lado. Además del short deportivo negro, tenía una camiseta del mismo color y unas Nike Air Jordan de color rojo, blanco y negro.

—¿Cómo llevas las horas de vuelo? —Preguntó Ranma en voz baja.

—Bien, dormí un rato, ¿tú? Vi que te dormiste nada más llegar.

Él volvió a sonreír.

—Sí, necesitaba descansar. Por suerte se me da fácil dormir en aviones. ¿Tú qué tal ayer? ¿Tuviste resaca?

Ella sonrió y negó con la cabeza.

—Para nada, dormí como un bebé. ¿Y tú? —Frunció el ceño—. Te noté muy serio al final de la noche.

—Solo estaba cansado, pero también dormí bien. —Después de masturbarme viendo tus fotos y pensando en ti, pensó. Intentó disimular el deseo en su mirada al tenerla tan cerca después de haberse imaginado haciéndole todas las obscenidades que habían pasado por su mente.

Akane se dio cuenta de que el semblante de Ranma había cambiado. Creyó que estaba intentando disimular una mirada lasciva, pero después pensó en que tal vez sería ella confundiendo las cosas tras haber fantaseado con él minutos antes. Como ninguno dijo nada durante varios segundos en los que se miraron intensamente, Akane no pudo resistirse a preguntarle en qué estaba pensando.

—Si me lo quieres contar, claro.

Él no pudo evitar sonreír al darse cuenta de que al parecer Akane no era completamente ajena a lo que él sentía por ella, incluso parecía verdaderamente interesada en conocer sus pensamientos. Sabía que confesarle que se había tocado pensando en ella estaba completamente fuera de límites, pero igual decidió probar suerte y flirtear un poco. Ya había tocado fondo con ella, así que no creía que pudiera irle peor.

—Es que… tuve un sueño contigo.

Akane alzó ambas cejas al oír aquello, una sonrisa coqueta bailándole en los labios. Sabía que de allí podía surgir una conversación muy sugestiva, y si quería detenerla ese era el momento. Pero no quería detenerla, sino todo lo contrario. Se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja, cruzó una pierna y se lamió los labios. Ranma no pasó por alto ninguno de los tres gestos.

—¿Me porté bien contigo en el sueño? —Preguntó como quien no quiere la cosa.

Así que estás disfrutando esto, preciosa. Amplió su sonrisa y continuó tensando la cuerda para ver cuánto aguantaba.

—Bueno —le dijo mirándola con picardía—, eso depende de cuál sea tu definición de bien

En un gesto inconsciente, Akane se mordió el labio inferior, deseando con todo su ser que Ranma continuara. Desde que había empezado su carrera como actriz, Akane nunca se había involucrado de forma íntima —romántica o sexual— con ningún coprotagonista. Todas sus relaciones habían sido con personas que, si bien eran parte del mundo del espectáculo, no trabajaban con ella. Había tenido compañeros atractivos e interesantes, pero ninguno le había gustado lo suficiente como para romper el código profesional autoimpuesto de no salir o acostarse con ninguno. Hasta ese momento.

—¿Eso significa que fui buena o mala en tu sueño? —Pestañeó varias veces, consiguiendo que él se convenciera todavía más de que lo que estaba ocurriendo no era una casualidad. No sabía qué podía haber ocurrido en dos días, pero algo había cambiado entre Akane y él. Y le encantaba.

Las dos cosas, pensó Ranma. Hiciste muchas cosas malas, pero las hiciste muy bien.

—Eso también depende del concepto que tengas de buena y mala —repitió.

Ella asintió con la cabeza y sonrió, entendiendo que él no iba a contarle los detalles de su sueño, pues prefería dejarlo a su imaginación. Al parecer disfrutaba de provocarla. Yo también puedo hacer lo mismo, Ranma.

—Vale, veo que quien está siendo malo conmigo eres tú.

—¿Malo?

—Sí, porque no quieres contarme. —Posó su mano sobre el brazo de Ranma—. Pero no te preocupes, prometo que cuando yo sueñe contigo, te lo contaré todo.

—¿Todo?

—Con detalles. —Le guiñó un ojo.

Ranma le miró los labios sin dejar de sonreír.

—Me encantará escucharlo entonces.

La conversación continuó, pero las insinuaciones y flirteos no volvieron a aparecer. En cambio, se enfocaron en otros temas: el rodaje, el guion, el destino de sus personajes, las nuevas localizaciones, los caballos… hasta que Ranma se dio cuenta de que el sol ya había empezado a salir y señaló la ventanilla. Los dos actores contemplaron el amanecer en silencio el uno junto a la otra, sin tener idea lo que aquel viaje les depararía.

Sin saber que pronto volverían a contemplar otro amanecer juntos.


«Una vez a los once años, mi padre me dijo 've a buscarte una esposa o te estarás solo'».


Listo para el quinto día de rodaje en Estados Unidos, Ryoga terminó de calzarse sentado en la cama de hotel, mientras veía un programa de chismes y prensa rosa en la televisión. Una periodista hablaba acerca del funeral de un octogenario y famoso compositor y cantante que había muerto días atrás. Su familia y otros miembros del mundo artístico le harían un homenaje aquel mismo día en horas de la tarde, en la ciudad de Los Ángeles.

Aunque no los conocía de nada, Ryoga pensó en los seres queridos de aquel hombre. Mientras les enviaba fuerzas y buenos deseos, se puso de pie y caminó hacia la amplia ventana de la habitación. Las cortinas estaban abiertas de par de par, ya que él nunca las cerraba para dormir por una costumbre que había adquirido con los años. El color azul del cielo arizoniano no se parecía a ningún otro, era un tono precioso que parecía no tener punto de comparación. Ni siquiera los días más bonitos de la primavera tokiota tenían un color así, tampoco el verano. Posó su mano en el cristal de la ventana y lo sintió cálido. Esbozó una sonrisa mientras se entregaba a aquellos detalles cotidianos que le traían paz y lo conectaban con el presente.

Llevaban casi una semana en Estados Unidos, pero Ryoga siempre encontraba algo nuevo por lo cual sentirse agradecido y pleno. Era algo que había aprendido hacía unos años, a anclarse al presente y a enfocarse en aquello que le gustaba y que le traía paz.

Escuchó que llamaban a la puerta y se dirigió a abrirla algo extrañado, pues no esperaba a nadie. Se trataba de un botones que traía consigo un precioso ramo de calas blancas. Se lo entregó, indicándole que era un obsequio de otro huésped, y se marchó sin esperar nada a cambio. Ryoga cerró la puerta tras de sí y colocó el bonito arreglo floral en una mesa que tenía cerca de la cama. Cogió la tarjeta que lo acompañaba y leyó el mensaje.

«¿Recuerdas tu primer mes? Mira lo lejos que has llegado. Feliz aniversario, Ry. Konatsu estaría muy orgullosa de ti. Te quiero.
Akane
».

Ryoga nunca tuvo intenciones de dedicarse a la actuación, pero el mundo artístico comenzó a llamar a su puerta desde que tenía diecinueve años, cuando inició su carrera como modelo y actor de anuncios y comerciales para la televisión mientras estudiaba ingeniería en la universidad. Siempre había sido un chico bien parecido con un buen perfil fotográfico, por lo que la publicidad resultó ser un buen negocio para un joven estudiante que no tenía mayores gastos; era una buena fuente de ingresos y ahorros mientras completaba sus estudios superiores.

Ryoga tenía un hermano gemelo llamado Konatsu que era su extremo opuesto. A Ryoga le gustaban los deportes y no era asiduo seguidor de las artes, mientras que Konatsu huía de las actividades atléticas y era fanático de cualquier expresión artística; Ryoga era serio y reservado, su hermano expresivo y dicharachero; Ryoga siempre se caracterizó por ser un chico fuerte y muy masculino, mientras que Konatsu era delicado, algo enclenque y de maneras femeninas. A pesar de ser muy distintos, los dos hermanos tenían en común un gran corazón y una gran nobleza, y se adoraban y vivían el uno por el otro.

Los padres de ambos siempre estaban ocupados trabajando o haciendo las cosas que les gustaban, por lo que los gemelos pasaban la mayor parte del tiempo juntos haciéndose compañía. Mientras crecían, Ryoga aprendió a no tomarse personal la falta de afecto y atención de sus padres, pues tenían una forma de ser despreocupada a nivel afectivo; para ellos era más que suficiente con proveer el pan sobre la mesa y el techo sobre sus cabezas, y avisarles que se abrigaran bien sal salir. El padre de Ryoga era un hombre parco y serio, de pocas palabras, y su madre era una mujer nerviosa y febril que no tenía energía para lidiar con los problemas de otras personas que no fueran ella. Por eso Ryoga se había hecho a la labor de cuidar de su hermano Konatsu, que bramaba por las noches al sentir que sus padres no lo querían. Konatsu siempre fue un niño dulce, dócil, demasiado sensible y femenino para ser varón según las normas sociales, un gran contraste con su hermano, que desde muy temprana adolescencia fue considerado un hombrecito.

A medida que los años pasaban, Konatsu se mostraba cada vez más elocuente y expresivo. No reprimía su llanto ni su tristeza, pero tampoco la algarabía que la causaban los conciertos, programas de televisión, obras de teatro, musicales y películas que lo hacían feliz. En más de una ocasión Ryoga tuvo que golpear a algún zoquete que decía Konatsu dejaba plumas por allá donde pasara, pues no quería que aquellos comentarios homofóbicos llegaran a los oídos de su dulce hermano, que se sentía abatido y cabizbajo cada vez que escuchaba a sus padres murmurar acerca de su personalidad estrafalaria. Es solo una fase. Ryoga sabía que aquello no era solo una fase que se le pasaría un día en el que despertara siendo un hombre entre los hombres, típicamente masculino según lo socialmente aceptable. Por ese motivo, sentía la necesidad y la presión autoimpuesta de ser el hijo rudo que demostraba su hombría siendo muy atlético, practicando deportes de contacto, estudiando una carrera achacada a hombres, de forma que sus padres sintieran que al menos tenían un hijo normal y no obligaran a Konatsu a ser de otra forma.

Poco después de cumplir los veinte años, Konatsu le confesó a su hermano que era una mujer transgénero y que deseaba iniciar su transición. Fue por esa época cuando Ryoga ya actuaba en comerciales. La noticia lo sorprendió y sacudió, ya que una cosa era que su hermano fuera gay y otra que fuera transgénero. Sabía que aquel era el grupo más vulnerable y discriminado de la comunidad LGBTQ. Era consciente de que su vida se pondría cuesta arriba de ahora en adelante, pero al menos él estaría allí para apoyarla y ayudarla durante su transición y en todo lo que necesitara. De hecho, el dinero que ganaba como modelo de anuncios y comerciales empezó a dárselo a su hermana para pagarle el tratamiento de transición.

Un año después, Konatsu le pidió a Ryoga que la acompañara a las audiciones de la próxima película de Tatsuyuki Kuno, una comedia dramática familiar. Al castaño le alegró mucho ver a su hermana entusiasmada por algo que verdaderamente le hacía ilusión, pero le preocupó que se llevara un fiasco, pues él sabía que las mujeres transgénero tenían menos oportunidad que las mujeres cisgénero. Para el alivio y la fortuna de Konatsu, siempre había tenido facciones suaves y rasgos andróginos, por lo que la transición estaba sucediendo de forma armoniosa.

Los gemelos llegaron al lugar de la audición y el equipo de producción le pidió a Ryoga que también participara. Fue un éxito total y rotundo para los dos hermanos, quienes fueron llamados para una segunda audición y posteriormente seleccionados para participar en la película, Konatsu como extra y Ryoga como actor secundario con un papel pequeño.

Dos años después, Ryoga había actuado ya en varias producciones, haciéndose un pequeño hueco y poco a poco y nombre entre los actores de su generación. Konatsu descubrió que prefería la preparación artística de los actores: maquillaje, peinado y vestuario. Cada uno de los dos hermanos se dedicó a un rubro distinto en el mundo del espectáculo, pero ambos se sentían pletóricos de estar disfrutando juntos del mismo mundo. Aquellos fueron los días más felices de la vida de Ryoga.

Una tarde mientras volvía a casa, Ryoga se encontró a un grupo de hombres jóvenes rodeando y atacando a una joven mujer que yacía tirada en el suelo a unas cuadras de su casa. Los llamó a los gritos y al oírlo los tipos salieron huyendo entre risas, mientras Ryoga daba grandes zancadas para auxiliar a la joven mujer. El corazón del joven Hibiki casi se sale por su garganta al darse cuenta de que la mujer que yacía en el suelo agonizando y con la vida escapándosele en cada suspiro era Konatsu. La habían golpeado de forma brutal, dejándola casi inmóvil y bañada de sangre, con el rostro deforme por los golpes.

Ryoga gritó pidiendo ayuda, llamando a los vecinos mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos al abrazar a su hermana contra su pecho. Konatsu le preguntó qué tal le había ido en su última audición y él respondió a duras penas que bien. Ella esbozó una sonrisa y levantó su mano para acariciar el rostro de su gemelo con la poca fuerza que le quedaba.

—Serás un gran actor, Ry. Un día actuarás en una película que será vista en toda Asia. Me alegra haber vivido para verte iniciar tu carrera.

Ryoga lloró todavía más y le dijo que viviría también para verlo actuar en muchas películas, porque él la protegería y se encargaría de cuidarla, a lo que ella le respondió con sus últimas palabras.

—Ahora es mi turno de cuidarte a ti.

Konatsu Hibiki falleció a los veintitrés años en los brazos de su hermano gemelo, una tarde de junio en la que el sol brillaba con gran intensidad en el cielo tokiota. Aquella misma noche, Ryoga recibió una llamada en la que le ofrecían uno de los papeles protagónicos en la nueva serie policial Tokyo PD. A partir de ese momento, su vida cambió. Fue el inicio de su exitosa carrera profesional, pero también el comienzo de su adicción.

Al ver las flores y la tarjeta enviadas por su amiga, las lágrimas de felicidad y nostalgia se acumularon en sus ojos, mientras una sensación de cálida plenitud invadía todo su cuerpo. Ryoga se sintió agradecido por la gran amistad que había cultivado con Akane, que lo cuidaba y lo conocía tan bien como para saber que las calas eran las flores favoritas de Konatsu, que su aniversario de sobriedad era el mismo que el de la muerte de su hermana, y que desde que estaba sobrio aquel ya no era un día de tristeza sino de celebración, pues sabía que Konatsu estaría muy orgullosa de él por haber superado aquel oscuro momento de su vida.

...ofreció el último concierto de su más reciente gira internacional, en la ciudad de Tokio, ante más de... —La presentadora ahora hablaba acerca de una famosa cantante.

Miró su reloj y se dio cuenta de que era hora de bajar. Buscó el control remoto del televisor, pero no lo encontró sobre la cama.

—… se encontraba allí Hiroshi Tsujitani, con quien Unryu ha mantenido una polémica e intermitente relación por tres años.

El control remoto estaba en el suelo, tapado por una parte de la sábana que se había deslizado hacia abajo. Ryoga lo cogió para apagar la televisión.

—… es difícil determinar si esta vez la relación entre Akari Unryu y Hiroshi Tsujitani terminará en buen puerto, o si por el contrario naufragará como tantas otras veces en el pasado, pero lo cierto es que «Hirokari» es nuestro gran placer culposo.

La presentadora hizo un resumen de la relación de aquella pareja mientras imágenes de los jóvenes cantantes aparecían en la pantalla. Ryoga no supo por qué se quedó mirando la parte final del reportaje, pero pronto se dio cuenta de que llevaba ya unos minutos inmerso en la televisión. La apagó y dejó el control en la cama, para después salir de la habitación.

Al caminar por el pasillo no pudo sacarse de la mente la mirada de Akari Unryu. La chica lo tenía todo: el talento, el carisma, la belleza, la juventud, la fama, el amor del público, el novio superestrella. Sin embargo, a Ryoga le pareció que algo en su mirada delataba que esa jovencita podía no ser tan feliz como aparentaba. La tristeza era difícil de disimular, él lo sabía.

Y solo hacía falta uno para reconocer a otro.


«Una vez a los veinte años, mi historia fue contada antes de que saliera el sol».


Akane terminó de estirar dentro de la caballeriza, justo en el momento en el que Carlson, el adiestrador de caballos, se acercó a ella con Ghost. La actriz sonrió al ver al hermoso caballo listo para ser montado por ella, un Fox Trotter de Missouri con un maravilloso porte. Saludó a Carlson y acarició a Ghost al recibirlo, como hacía cada día que debía grabar una escena con él, desde la filmación de Tormenta de Arena.

—Hola, precioso, ¿qué tal estás?

—Muy bien, ¿y tú?

La voz de Ranma la hizo sobresaltarse. Akane se dio la vuelta y lo vio acercarse a ella ya con su ropa de vaquero puesta, sombrero incluido. La actriz sonrió al ver la sonrisa coqueta que su compañero tenía dibujada en el rostro.

En los últimos cinco días, su relación con Ranma no había hecho más que mejorar. Pasaban más tiempo juntos entre escenas y después de finalizar las filmaciones si les quedaba tiempo, aunque en la mayoría de las ocasiones no estaban solos. Durante esos días, Akane había flirteado con la idea de dar un paso más, dejando atrás los coqueteos casuales y finalmente concretando lo que ella sabía que ambos querían. El problema es que no estaba segura de cómo abordar el tema; ¿debía decírselo directamente? ¿O tal vez invitarlo a su habitación a tomar una copa de vino y allí esperar que las cosas se dieran de forma natural? También podía simplemente besarlo un día, eso sería directo sin la necesidad de decirle «hola, me gustas y sé que yo a ti, así que creo que de aquí podría resultar un divertido affaire de rodaje, ¿te gustaría acostarte conmigo y ver cómo nos va?». Pero ninguno de los tres acercamientos la convencía. Hacía muchísimo tiempo que no se involucraba con un hombre con el que no tuviera plena confianza. Había estado años con Ryu, para después volver a estar con Taro, a quien también conocía de mucho tiempo. Y, si bien en la fiesta de Mikado Sanzenin había disfrutado de algunos amantes compartidos, al final Taro había estado siempre con ella, además de que todo el que iba a esa fiesta sabía a lo que iba, así que no era necesario seducir a nadie.

—Sí sabes que no te hablaba a ti, ¿no? —Le dijo cuando él se detuvo junto a ella y la saludó con un beso en la mejilla, al mejor estilo occidental.

—¿Ah, no? —Ranma fingió decepción—. Como me dijiste que te gustaba verme con el pelo suelto…

Akane expandió su sonrisa. Ranma solía llevar el pelo atado en un moño de samurái, ya fuera completamente recogido o solo la parte superior, y en otras ocasiones lo había visto con una trenza. Para el papel de Grant llevaba siempre el pelo suelto, lo que lo hacía lucir sexy y salvaje al mismo tiempo.

—Una cosa es que me guste verte con el pelo suelto y otra muy distinta es que te diga precioso, ¿no crees?

Touché.

Carlson apareció con Juno, la yegua de color café que Ranma solía usar en sus escenas, y se la entregó tras saludarlo en inglés. El pelinegro recibió a la yegua y la acarició mientras le hablaba de forma cariñosa, como Akane había hecho con Ghost.

Los dos actores salieron de la caballeriza y caminaron hacia el área en el que debían grabar su próxima escena.

—¿Vienes a la celebración de esta noche? —Preguntó Ranma, haciendo alusión a una pequeña reunión que los miembros del elenco tendrían esa noche, para celebrar que el rodaje estaba siendo un éxito y que tendrían un fin de semana libre para descansar antes de continuar con el último tramo de la filmación.

Aquella noche, sin embargo, Akane tenía planes de cenar con Ryoga para celebrar su aniversario de sobriedad.

—Voy a cenar con Ryoga, pero después seguro que nos podemos unir.

—Estaremos en el bar del hotel. —Respondió él—. Solo debes buscar al apuesto y alto hombre de pelo negro y nos encontrarás.

—Pero —Akane frunció el ceño y pareció confundida—, Sentaro no tiene el pelo negro…

Ranma alzó una ceja y asintió con la cabeza, entendiendo que Akane se estaba negando a hacerle un cumplido sobre su apariencia física.

—Antes de que termine este viaje, lograré que me digas un piropo de forma espontánea y por voluntad propia. —Le dijo con seguridad—. Si no lo consigo, entonces me raparé la cabeza.

—Creo que te verías sexy con la cabeza rapada…

Él la miró sorprendido.

—Espera, espera, ¿es eso un piropo?

—No, es una suposición… creo que podrías verte sexy, pero no lo sé.

—¡Akane, Ranma, por favor a sus posiciones!

La voz del asistente de dirección hizo que los dos actores abandonaran su conversación para concentrarse en los papeles que debían interpretar.


«Pronto tendré treinta años, he viajado por el mundo, pero sigo deambulando».


Aquella noche, Akane y Ryoga regresaron al hotel tras una cena especial y un paseo ameno. Los dos estaban cansados por el intenso día de rodaje, pero decidieron hacer una breve parada en el bar del hotel para saludar a sus compañeros y compartir con ellos unos minutos. Ella deseaba irse pronto a la cama, pues al día siguiente quería salir temprano del hotel porque había alquilado un Airbnb en Utah en medio del desierto para pasar los días libres, y el lugar quedaba a unas horas de su hotel. Ryoga, por su parte, prefería evitar las celebraciones y fiestas en las que la gente bebía en exceso.

El bar del hotel estaba repleto, por lo que Ryoga y Akane tuvieron que buscar a sus compañeros entre tanta gente. Por suerte, no tardaron en encontrarlos. Los actores estaban reunidos charlando y disfrutando de un momento ameno y divertido. Akane notó que había llegado justo después de que hubieran hecho un brindis, aparentemente dirigido por Ranma y Daisuke. Se acercó a ellos con una sonrisa, mientras Ryoga se entretenía saludando a los demás.

—¿Por qué brindamos? —Preguntó interesada.

Daisuke sonrió al verla, se acercó a la barra, cogió una copa de lo que parecía ser un cóctel de ginebra y se la extendió a Akane. Ella la recibió con una sonrisa y le dio las gracias.

—Por una película que será un éxito en taquilla, en la crítica y en todo. —Pasó su brazo alrededor de los hombros de Akane—. Y por dos actorazos que harán llorar a más de uno.

Entendiendo que se refería a ella y Ranma, Akane expandió su sonrisa y acercó su vaso a los de ellos para brindar. Luego se lo llevó a los labios y disfrutó del sabor de la Hendrick's mezclada con algo cítrico, probablemente toronja.

—¿Kuno no está por aquí? —Inquirió ella mirando a su alrededor.

—Denme un segundo —comentó Daisuke sin mirarlos y soltó a Akane—, veo a varios con las manos vacías. —Se alejó de ellos—. ¡Vengan a brindar que hoy estamos de fiesta!

Los dos pelinegros se rieron ante la efusividad del castaño y compartieron una mirada cómplice. Solo entonces Akane notó que la mayoría de los presentes estaban bastante bebidos. Miró su reloj y comprobó que era cerca de la medianoche.

—¿Hace mucho que están aquí?

—Mmm un rato ya, sí. —Respondió Ranma—. ¿Dos horas y media? No lo sé. ¿Y Ryoga dón…?

La respuesta apareció frente a Ranma de forma corpórea.

—Por lo que veo, a ustedes no se les puede dejar solos en ningún momento —comentó Ryoga al acercarse a ellos—, dos horas sin supervisión y ya están todos ebrios.

Ranma se rio ante el comentario y abrazó a su amigo. Se inclinó sobre la barra y cogió una copa para entregársela a Ryoga. El castaño negó con la cabeza y sonrió, devolviéndole el trago a su interlocutor.

—Vamos, Ryoga, es por una ocasión especial.

—Lo sé, lo sé —comentó él sin perder el buen humor—, pero ya sabes que no bebo.

—¿Y no puedes hacer una excepción? —Volvió a acercarle el vaso y esta vez Ryoga pareció pensarlo, hecho que animó a Ranma—. Si no quieres no tienes que tomártela toda, puedes beber solo un trago.

En el momento en el que Ryoga cogió el vaso, Akane supo que estaba haciéndolo para que Ranma dejara de insistir. Le pareció una buena estrategia, pero no contaba con que Ranma se quedaría esperando que Ryoga diera un sorbo frente a él.

—¿No vas a beber? —Inquirió al ver que su amigo mantenía el vaso en su mano, pero no hacía nada.

Akane decidió intervenir, nerviosa ante la idea de que Ryoga decidiera tomar un trago solo para que dejaran de presionarlo.

—Creo haber escuchado que dijo que no —indicó.

Ranma se rio.

—¡No me digas que ahora eres su niñera! —Comentó en tono bromista—. ¿También vas a decirle que debe subir pronto para acostarse temprano?

Akane lo miró seria, sin encontrarle el chiste a su comentario.

—No soy su niñera, sino su amiga. Y como tú también lo eres, no deberías obligarlo a beber.

Ranma dio un sorbo a su copa y frunció el ceño.

—No lo estoy obligando a beber, es solo que...

—Si ya dijo que no, ¿para qué insistir?

Ryoga observó cómo la tensión entre los dos pelinegros empezaba a crecer a medida que su conversación avanzaba, cada uno con sus propios argumentos y explicaciones.

—Venga, ya. No me apetece beber ahora así que no voy a hacerlo ¿vale? —Miró a Akane—. Lo mejor será que sigamos disfrutando cada uno como quiera —Miró a Ranma—. ¿Les parece?

Akane asintió satisfecha, sintiendo que había sido lo correcto intervenir al ver a Ranma intentando presionar a su amigo para que bebiera, sin saber las consecuencias que eso podía acarrear. Ranma, por su parte, pareció menos feliz con la decisión, pero la aceptó.

—Espero que hayas aprendido la lección —comentó Akane a Ranma. Su tono fue una mezcla de broma y coquetería—. ¿O necesitas una niñera que te enseñe modales?

Pero a Ranma el comentario no le sentó nada bien, principalmente porque no la estaba mirando cuando ella lo dijo y no se dio cuenta de que Akane estaba flirteando con él. En cambio, el comentario le pareció una provocación, como si estuviera burlándose de él. Él nunca había sido una persona impertinente o agresiva al beber, pero lo cierto es que cuando lo hacía, sus emociones —buenas o malas— afloraban mucho más rápido.

—Tal vez quien necesita un niñero para que le enseñe a no ser pesada y arruinar la diversión eres tú, Akane.

Ella frunció el ceño y luego parpadeó un par de veces, sin entender a qué venía el tono y el comentario.

—¿Pesada? —Suspiró—. No es ser pesada, solo creo que deberías entender que cuando alguien dice que no quiere beber, probablemente tiene una buena razón para no hacerlo.

Algo mosqueada por la inesperada reacción de Ranma, Akane decidió alejarse de él para evitar una discusión, no sin antes enviarle una última mirada a Ryoga. Ella sabía que no era fácil decir que no, y que en el pasado más de una vez su amigo había caído en la tentación, así que solo esperaba que esta noche no fuera a ocurrir. Caminó hacia Hinako y Shizuka para compartir un poco con ellas, pero luego de un rato decidió ir a acostarse. La extraña reacción de Ranma le había dejado un extraño sabor de boca, y sumado al cansancio físico que sentía, prefirió irse a descansar.

Sin dar muchas explicaciones, se despidió de sus dos compañeras y se marchó del bar en dirección al pasillo que daba a los ascensores, dispuesta a irse a su habitación.


La razón por la que no mucha gente sabía el verdadero motivo por el que Ryoga no bebía alcohol era porque él mismo se había encargado mantenerlo oculto dentro de lo posible.

Por esa razón Hibiki comprendía que Ranma hubiera insistido para que se dejara llevar y tomara una copa, pero también entendía el punto de Akane. Precisamente, al no conocer las luchas internas de las personas, no era correcto presionarlas para que hicieran cosas para las que se negaban. Los entendía a los dos y por eso le daba pena que hubieran discutido para luego marcharse cada uno por su lado… o eso creía Ryoga.

Se dirigió primero a la habitación de Akane para hablar con ella y decirle que no se preocupara tanto por él, pero antes de poner su puño en la puerta esta se abrió de forma violenta, dejando salir a un furioso Ranma. Ryoga apenas captó un vistazo del rostro de su amigo, pero le pareció ver sus mejillas rojas y sus ojos llorosos. Sorprendido por encontrarlo ahí y por su estado emocional, lo llamó, pero el pelinegro continuó andando por el largo pasillo hacia el ascensor, sin intención de detenerse. Por tanto, el castaño decidió entrar en la habitación de Akane, encontrándosela sentada en la cama con la mano en el pecho, la mirada perdida y preocupada, la boca entreabierta, como si quisiera decir algo, pero no pudiera encontrar las palabras adecuadas.

—Akane, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?

Solo en ese momento, Akane fue consciente de que su amigo había entrado a la habitación. Al hablar, lo hizo con un hilo de voz.

—¿Tú lo sabías?

A priori, Ryoga no comprendió la pregunta.

—Lo de su padre y su vida —continuó ella—, las cosas que… lo que vivió. —Lo miró consternada—. ¿Lo sabías?

Él dedujo que tal vez entre ambos hubo alguna discusión relacionada con la complicada historia familiar de Ranma, de la que Ryoga sabía poco. Tras una respiración profunda que casi pudo haber sido un suspiro, asintió con la cabeza y se sentó junto a Akane.

—Sí y no. Sé que hoy por hoy no tiene relación con su padre porque en el pasado ocurrieron cosas dolorosas entre ellos, pero no me sé los detalles. —Explicó—. Sé que Ranma tuvo una infancia difícil, pero no sé por qué.

Cuando Akane volvió a abrir la boca para hablar, las ganas de llorar la asaltaron.

—Yo… no tenía idea, Ryoga, no lo sabía.

Pronto las lágrimas se acumularon en sus ojos y un sollozo salió de su garganta, haciendo que ella se llevara una mano a la boca. Ryoga la rodeó con sus brazos y acarició su cabeza, intentando comprender qué los pudo llevar a ponerse así. Él sabía que Ranma era discreto en cuanto a su vida familiar, entonces ¿cómo es que ahora le había contado a Akane esas cosas? Las cuales al parecer eran muy fuertes, tomando en cuenta el estado en el que se encontraba su amiga.

La dejó llorar un rato, y solo cuando la sintió más calmada se atrevió a hablar.

—¿Quieres contarme qué pasó?


Tras subir a su habitación, Akane se quitó la ropa que tenía puesta y se dispuso a alistar las cosas que se llevaría para el fin de semana en Utah. Luego se quitó el maquillaje, se lavó la cara y se puso un pijama para meterse a la cama a leer un rato antes de dormir. Pero justo cuando abría el libro en su Kindle, tocaron a la puerta. La actriz frunció el ceño y miró la hora en su celular. Como no esperaba a nadie y no tenía ganas de socializar, ignoró el llamado, pero la persona detrás de la puerta insistió segundos después.

Soltando un largo suspiro y dejando el Kindle de mala manera sobre la cama, se destapó y se incorporó para ir hasta la puerta. Usó la mirilla de la habitación y frunció el ceño al ver a Ranma del otro lado de la puerta, pero decidió abrirle.

—Ranma, hola.

—Hola —se veía serio, con una expresión que Akane no había visto jamás.

Como no dijo nada más, ella lo miró un poco incómoda, sin comprender qué hacía allí.

—¿Necesitas algo?

—¿Podemos hablar? Será solo un momento.

Ella asintió con la cabeza y esperó que él hablara.

—Preferiría no tener que hacerlo en el pasillo, si no te importa.

Entendiendo el mensaje, Akane lo hizo pasar a la habitación y cerró la puerta. Le indicó que se sentará en el sofá y ella hizo lo mismo.

—Cuéntame.

—¿Qué fue eso de antes? —Inquirió arrugando las cejas—. Llegaste a la celebración con una mala actitud y después te fuiste tras crear un momento tenso con Ryoga.

Akane lo observó antes de contestar. Si bien era evidente que había bebido, no parecía estar borracho. A pesar de que estaba cansada y no deseaba tener esa conversación en aquel momento, apreció que Ranma no dejara las cosas así y que tuviera la humildad y la intención de buscarla para charlar y aclarar las cosas.

—Me gustaría aclarar que no llegué con una mala actitud, es solo que me desconcertó ver cómo insistías para que Ryoga bebiera. —Explicó ella calmadamente—. No fue mi intención generar un momento incómodo entre nosotros ni tampoco con Ryoga… y si me fui, es porque estaba cansada, no porque me hubiera molestado contigo.

Él asintió con la cabeza, pero no dijo nada. Hubo un silencio que se tornó incómodo cuando alcanzó el medio minuto. Ranma fue quien rompió el silencio.

—¿Segura que eso es todo?

—Sí, segura.

Pero había algo en todo eso que a Ranma no le cerraba.

—Está bien, lo entiendo, pero ¿por qué te pusiste así? —Parecía confundido, tal vez incómodo—. Siento que… que sí te molestaste de verdad, no lo entiendo...

Akane lo miró cansada. No deseaba continuar con la conversación porque sabía que podía elevarse a una discusión, y en ninguna circunstancia quería pelearse con él.

—Como te dije, me puse así porque no me parece correcto ni adecuado que una persona quiera obligar a beber a otra.

Ranma se cruzó de brazos.

—No lo estaba obligando, solo lo exhortaba a soltarse un poco.

—Ranma…

—Ryoga a veces necesita relajarse, tú lo conoces.

Akane se acarició el puente de la nariz. Sí, lo conocía, y precisamente por eso se había puesto así.

—Puede que te parezca imposible de concebir, pero hay muchas formas de relajarse que no implican beber alcohol.

El sentirse incomprendido lo llevó a la frustración

—¡Sí, pero era solo una copa! No lo obligué a beber una botella entera. —Frunció el ceño—. De hecho, no lo obligué. No sé por qué insistes en...

Decidida a poner fin a la conversación, Akane lo miró fijamente.

—Puede que en este momento no lo veas así, Ranma, pero es importante que entiendas algo. Yo sé que no lo hiciste con mala intención, pero que a ti te guste estar borracho no significa que el resto también lo disfrute. —Comentó impasible, sin darse cuenta de que aquella palabra atravesó a Ranma como si se tratara de una daga—. Y a lo mejor no lo entiendes en este momento porque el alcohol te hace perder la razón o te vuelve poco empático, pero te pido que pienses también en los demás, en sus necesidades y no solo en ti, porque...

Ranma dejó de escucharla, como si de pronto ya no estuviera allí con ella. Podía ver que sus labios se movían, pero no escuchaba las palabras que salían de su boca. Lo único que podía oír eran la palabra «borracho» y la frase «el alcohol te hace perder la razón o te vuelve poco empático». Sintiendo que su pulso se aceleraba, Ranma se puso de pie y apartó la mirada de Akane, quedando de frente a un espejo. La persona que vio reflejada lo hizo perder la calma. Porque en el reflejo no estaba él, sino Genma Saotome. Su padre.

No. No puede ser. Yo no soy como él.

—Estás equivocada. —Espetó con dolor.

Akane, que había visto su monólogo interrumpido de forma abrupta e inesperada, se calló de inmediato. Parpadeó confundida sin comprender a qué venía aquello.

—¿Disculpa?

—Para ti es muy fácil juzgar a las personas sin conocerlas y ponerles etiquetas basadas en ¿qué? ¿Un error? ¿Un momento? ¿Una percepción sesgada?

Ella no dijo nada, no porque no quisiera, sino porque no sabía qué decir. ¿Qué bicho le había picado a Ranma para cambiar el tema de forma drástica y alterarse de aquella manera?

—Ranma, ¿qué…? No entiendo de qué hablas.

—De que no has hecho nada para conocerme de verdad. Sé que al principio no me porté bien contigo, pero me disculpé y luego resarcí mis errores, poniendo de mi parte para que nos lleváramos bien, pero tú me has juzgado sin derecho a réplica prácticamente.

—Eso no es verdad. —Frunció el ceño—. Yo también he puesto de mi parte. De hecho, pude no haber aceptado tus disculpas. Pude no haberte dirigido la palabra en todo el rodaje; y sin embargo, lo hice. Y ahora nos llevamos bien porque yo también…

—Claro, pero no demoras en emitir juicios. ¿Y sabes qué Akane? Yo también pude haberlo hecho desde el principio. Y también podría decir que eres una princesa consentida que necesita que todo el mundo le rinda pleitesía y haga lo que ella quiere. —Le dijo claramente molesto—. Pero déjame decirte algo. Me da igual si el planeta entero está rendido a tus pies, yo no voy a permitir que continúes juzgándome ni poniéndome etiquetas.

Akane no cabía dentro su sorpresa e indignación.

—¿Una princesa que cree que el mundo debe rendirle pleitesía? —Sintiéndose atacada, no tardó en defenderse y sacar algunas facturas que tenía por cobrar—. Perdona, pero el que cree que todo el mundo debe reírle los chistes, eres tú. El que pone mala cara cuando uno no quiere celebrarle las gracias, eres tú. El que insiste e insiste en llamar la atención del otro y en convencerle de hacer algo que no quiere, eres tú. ¡Y hoy lo has demostrado! —Se puso de pie—. Pero supongo que es normal en una persona como tú.

—¿Una persona como yo?

—Sí, alguien que está a que todo te vaya fácil en la vida…

Aquella fue la segunda daga de la noche. Antes de decir algo, Ranma se tomó algunos segundos en observar a Akane, dándose cuenta de que no era la persona que él creía. Lamentó haber confiado en ella, haber querido acercarse a ella, el sentirse atraído a ella como una abeja a la miel. Lamentó haber creído que Akane podía ser algo más que solo una compañera de trabajo para él. Se sintió decepcionado de ella, pero también de sí mismo por haber caído en sus encantos sin ser capaz de ver a la persona que ella era en realidad.

Caminó hacia la salida y, cuando estuvo frente a la puerta, se giró para mirarla.

—No tienes ni puta idea de cómo ha sido mi vida, ni puta idea. —Le dijo sin pestañear.

—Puedo imaginarlo.

—¡Puedes hacer lo que te dé la gana! —Exclamó Ranma, harto de que ella le juzgara constantemente—. ¡Pero no esperes que la gente se quede callada ante tu actitud prejuiciosa! —Parecía verdaderamente molesto—. Porque un día alguien te va a decir cuatro verdades en la cara que no van a gustarte.

Ella lo miró desafiante.

—Para alguien que odia las etiquetas y los prejuicios, parece que tienes algunos en mi contra, Ranma. Adelante, suéltalos. —Mantuvo su mirada fija en los ojos azules de su acompañante—. Es malo irse a dormir sin decir las cosas.

—¿Quieres que te diga lo que pienso de ti?

Ella asintió con la cabeza.

—Bien. Te lo digo. Creo que eres una persona a quien la vida ha tratado bien, que lo ha tenido todo en bandeja de plata. Creo que eso te ha hecho creer que todo lo mereces, y por eso cuando las cosas no van como tú quieres o esperas, o cuando la gente no se ajusta a tu guion mental, no lo soportas. —Ella abrió la boca para contraatacar, pero él no la dejó—. Vienes de una buena familia, tienes una buena relación con tus hermanas y tus padres, fuiste a la escuela de drama, ganaste un concurso de actuación y a partir de allí, la vida te sonrió todavía más. —Calló durante algunos segundos—. Pues para que sepas, a diferencia de ti yo no tuve ninguna de esas cosas.

Ella se sintió muy incómoda al escuchar que Ranma señalaba todo eso como si fuera algo malo.

—No entiendo por qué me estás diciendo esto, como si...

—No te confundas, Akane. —Él intuyó lo que ella estaba pensando—. No estoy diciendo que ninguna de esas cosas sea mala ni que no te las merezcas. Tampoco te estoy culpando por lo que yo viví o dejé de vivir durante mi infancia y adolescencia. —Explicó con severo—. Lo que estoy tratando de decirte es que, si en esta habitación hay alguien que tuvo una vida fácil, te puedo asegurar que no fui yo.

—Pero tampoco puedes...

—Akane, dime algo. —La interrumpió—. ¿Qué te regalaron cuando cumpliste siete años? ¿Lo recuerdas?

Ella no tuvo que pensarlo demasiado. Su séptimo cumpleaños fue uno de los más especiales de su infancia.

—Una bicicleta.

Ranma asintió con la cabeza.

—A mí mi padre, a quien no había visto en cinco años y por ende no recordaba, me dio un discurso de por qué mi vida estaba a punto de cambiar para convertirme en un hombre, me alejó de mi madre y me llevó a entrenar a un puto bosque. —Explicó sin dejar de mirarla de aquella forma tan intensa—. Cuando cumpliste diez años, ¿recuerdas cómo pasaste tu cumpleaños?

Akane apenas estaba procesando lo que Ranma le acababa de decir, así que se tardó en contestarle.

—Mis padres... me hicieron una fiesta en casa.

—Yo la pasé en un granero escondido del borracho de mi padre, que quería darme una paliza porque me había gastado unos yenes en un chocolate que compré para comer algo dulce el día de mi cumpleaños.

El rostro de Akane cambió por completo. De pronto, fue como si todas las palabras de su vocabulario desaparecieran, dejándola muda. No sabía qué decir porque ni siquiera sabía qué pensar. No tenía idea de que Ranma hubiera vivido una infancia tan difícil. Había creído que, por su personalidad, todo en la vida se le había dado fácil.

—¿Cuál es el recuerdo más feliz de tu adolescencia?

Ella permaneció en silencio. ¿Qué podía decirle? ¿Que había sido tan feliz que no podía elegir un solo momento?

Él, dándose cuenta de que ella no iba a responder, continuó hablando.

—¿Sabes cuál es el mío? Cuando tenía quince años, una persona me denunció por romperle una botella en la cabeza a un hombre, así que me detuvieron.

Akane notó que Ranma tenía la respiración agitada mientras hablaba, pero parecía estar intentando disimularlo.

—Pasé un par de noches en la comisaría mientras los agentes averiguaban los detalles de lo ocurrido. Descubrieron que era menor de edad, que me llamaba Ranma Saotome, y que el tipo al que había dejado inconsciente de un botellazo era mi propio padre. —Apretó la mandíbula, intentando reprimir todas las emociones que se removían dentro de él al recordar ese evento—. Fue la primera vez en ocho años que tuve paz, ¿sabes por qué? Porque ese día supe que ya no tendría que volver a verlo. Supe que las autoridades me alejarían de él y me llevarían con mi madre finalmente.

Akane se mantuvo muda ante aquella sórdida confesión, incapaz de imaginarse un escenario en el que ella prefiriera ir presa que estar lejos de su padre.

—No vi a mi madre durante ocho años y cuando finalmente pude reencontrarme con ella, no fui capaz de abrazarla porque se me había olvidado cómo hacerlo. Porque cualquier impulso o gesto de amor fue suprimido durante esos años en los que viví con mi padre. —Sus ojos azules se volvieron cristalinos ante el recuerdo del rostro de Nodoka al verle en la estación de tren, pero el pelinegro no dejó que las lágrimas se derramaran. Eso, sumado al nudo que sintió en la garganta, fue la señal de que tenía que terminar con aquella conversación de inmediato—. Así que no vengas aquí a acusarme de ser un maldito privilegiado al que la vida le ha entregado todo en bandeja, porque todo lo que tengo ha sido porque he trabajado y luchado por ello.

Tras una última mirada, le dio la espalda y salió de la habitación sin siquiera cerrar la puerta, dejándola perpleja y en silencio.

Le pareció toparse a alguien en el camino, pero no le prestó atención. Caminó de prisa por el pasillo, sintiendo el corazón en la garganta y un escozor en los ojos que conocía muy bien. No había sido su intención arrastrar a Akane al hoyo negro que había sido su infancia y la primera mitad de su adolescencia, pero si había algo que no soportaba era a la gente que juzgaba sin conocer.

No fue consciente de nada a su alrededor, pero por inercia tomó el elevador que lo llevó hasta al lobby. Al llegar allí, se dio cuenta de que había empezado a llorar, así que volvió a subirse y se dirigió a su habitación.


Luego de que Ranma abandonara el cuarto, Akane se quedó de pie sin hacer nada, intentando asimilar lo que acababa de ocurrir. Tenía el pulso acelerado y una extraña sensación en el cuerpo, como un sentimiento incómodo y desagradable en el pecho que le impedía serenarse.

¿De verdad Ranma había vivido todas esas cosas de niño? Se sintió culpable por haberle juzgado y por haber hecho todas esas presunciones de él, asumiendo que su vida había sido un cuento de hadas.

—No tenías forma de saberlo, Akane. —Ryoga le acarició los brazos y le secó las lágrimas con su pulgar sin dejar de abrazarla.

—No, pero… debía haber sospechado algo así, Ry. —Las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos—. Él… él me ha contado algunas cosas, como que no creció en la ciudad, o que empezó a usar Internet y tecnología muy tarde, que aprendió ciertas cosas que todo el mundo sabía de niño cuando era un adolescente… incluso una vez me comentó que pasó varios años separado de su madre, pero no entró en detalles…

—Eso no significa que tenías por qué saber con exactitud los detalles oscuros de su niñez.

—Seguro ahora me odia y piensa que soy una persona horrible.

Después de lo que Akane le había contado, Ryoga no descartó la posibilidad de que Ranma sintiera rechazo hacia su amiga, no porque ella fuera una mala persona, sino porque tras una situación tan sensible como aquella, era lógico que el pelinegro no quisiera saber nada de ella. No obstante, también era consciente de que aquel momento, si era canalizado de la forma correcta, podía servir para unirlos y fortalecer su relación. O para separarlos definitivamente.

—Te diré lo que pienso y lo que yo haría si estuviera en tu lugar. —Como estaban sentados en la cama, Ryoga se acomodó para quedar mirando a Akane de frente. Limpió sus últimas lágrimas y cogió sus manos—. Creo que todo es muy reciente y que en este momento tanto Ranma como tú están alterados y susceptibles. Sugiero que no le des más vueltas al asunto, que te acuestes, y que mañana, cuando ambos hayan descansado, te acerques a él.

Akane siguió los consejos de su amigo. Se despidieron con un fuerte abrazo y luego la menor de las Tendo se lavó la cara y se acostó, intentando no pensar demasiado en cómo abordaría a Ranma al día siguiente para arreglar las cosas.

Solo esperaba que él se sintiera mejor que ella.


Con el televisor encendido y sin dejar de dar vueltas por la habitación, Ranma batallaba contra los fantasmas de su pasado y contra sus ganas de llorar.

Le había mostrado a Akane una parte de él que solía mantener cerrada bajo llave. Solo otras dos personas en el mundo que conocían a profundidad aquella historia tan oscura y triste: Shampoo y Ukyo. Ni siquiera su madre tenía todos los detalles del infierno que su hijo había vivido durante los ocho años en los que estuvo bajo la tutela de Genma Saotome. Él evitaba a toda costa hablar de esos temas porque, a pesar de los años, le seguía doliendo todo lo vivido. No entendía por qué el dolor seguía allí después de tantos años, sobre todo ahora que él era un adulto hecho y derecho, con una vida exitosa. Pero lo cierto es que cuando revivía esos recuerdos, las heridas se abrían y él volvía a ser aquel niño asustado que deseaba un momento de tranquilidad y estabilidad.

Tenía las emociones a flor de piel. Sentía el corazón latiendo fuertemente en su pecho, las manos temblorosas y las mejillas llenas de lágrimas. Había perdido el control en el momento en el que Akane usó la palabra «borracho», haciendo que la llave se abriera y que los recuerdos salieran a borbotones. Le fue inevitable recordar el día en el que Genma Saotome apareció en su casa sin avisar.

Ranma era un niño tímido que vivía una vida modesta y muy feliz con su madre, quien se aseguraba de que a su pequeño hijo no le faltara comida, ni techo ni tampoco lo que para ella era lo más importante: amor. El chico creció en un barrio de clase trabajadora, acompañando a su madre después de clases a las casas en las que ella cocinaba y cuidaba a otros niños. Nodoka Saotome siempre le decía a su hijo que intentara dejar atrás su timidez y se relacionara con otros niños de su edad, ya que era la única forma en la que haría amigos.

A pesar de que el niño era feliz con su madre por todo el amor y los cuidados que ella le daba, era consciente de que los demás niños tenían un padre y él no. A Nodoka se le encogía el corazón cada vez que su hijo la miraba con aquellos ojitos azules llenos de dudas y tristeza, preguntando por qué su padre no vivía con ellos, no los visitaba y no los llamaba nunca.

—¿Es que acaso no me quiere?

Para ella, una mujer joven que había criado a su hijo sola no era fácil contestar. ¿Qué podía decirle? ¿Que había sido ella misma quien un día, cuando Ranma tenía dos años, decidió poner fin a la relación con su marido? ¿Que había preferido criar a su hijo sola antes que hacerlo junto a un hombre machista, egoísta y apático, que tenía problemas con el alcohol, el dinero y la ley? La gente solía decir que los niños necesitaban a su padre, pero Nodoka sabía que su hijo estaría mejor sin el suyo.

Un día, cuando Ranma tenía siete años, Genma Saotome apareció en su casa para llevárselo y entrenarlo, alegando que, si alguna vez ese niño iba a serle útil, debía empezar a trabajar en él de inmediato. Nodoka sabía lo que eso significaba: su exmarido tenía pensado explotar al niño hasta hacerlo «rentable», de la misma forma en la que lo había intentado hacer con ella y con todas las personas de su vida. Se negó rotundamente, una noche mientras su exmujer dormía, Genma se escabulló en la casa y se llevó al chiquillo medio dormido, que no entendía lo que ocurría a su alrededor. Horas más tarde, cuando Ranma finalmente despertó y se dio cuenta de que estaba en un tren con su padre, le preguntó a dónde estaban yendo.

—Kamaishi, niño, Kamaishi. —Le contestó sin mirarlo mientras hojeaba una revista vieja.

—¿Y qué haremos allí? —Consultó el pequeño, que ni siquiera sabía dónde quedaba aquel lugar.

—Entrenar —contestó Genma.

—¿Entrenar? —Los ojitos azules se abrieron con sorpresa y confusión.

—Sí, para que seas un gran artista marcial.

La respuesta dejó mudo al niño durante varios minutos, en los que su mente elucubró decenas de escenarios distintos, algunos aterradores y otros emocionantes. Finalmente, se dio cuenta de algo importante.

—¿Y mamá? —Preguntó con su dulce voz—. ¿También vendrá con nosotros?

—¿La ves aquí?

Ranma miró a los lados, luego negó con la cabeza.

—Es porque no está aquí. Eso significa que no vendrá con nosotros.

El niño sintió que su corazón se saltaba un latido y que un vacío se abría a sus pies. Un nudo se apoderó de su garganta y sus ojos escocieron.

—¿Y después? —Inquirió con un hilo de voz—. ¿Después sí vendrá?

Por primera vez desde que su hijo había despertado, Genma cerró la revista y lo miró a los ojos.

—Tu madre no vendrá ni hoy, ni después, ni nunca. —Le dijo con firmeza, como si estuviera hablándole a un adulto—. Voy a hacerte un hombre entre hombres, y para ello debes estar lejos de tu madre, que no ha hecho más que sobreprotegerte y convertirte en un niño débil y blando.

Las lágrimas pronto se acumularon en los ojos del niño, que no tardó en ponerse a llorar. Le entristecía y asustaba la idea de estar lejos de su madre, pero el saber que no volvería a verla le aterraba. Genma, horrorizado al ver cómo su hijo varón lloraba como una niña, lo mandó a callar y le dijo que los hombres no lloraban ¡mucho menos en público! Aquello solo hizo que el niño se hundiera todavía más en su miseria. Los sollozos pronto empezaron a llamar la atención de otras personas, por lo que Genma continuó reprendiéndolo para que se callara. Al ver que su táctica solo conseguía alterar a su hijo todavía más —y atraer aún más ojos curiosos— se vio obligado a emplear un acercamiento más suave. Se cambió de puesto y se sentó junto al niño, colocando su mano sobre la cabeza del niño y acariciando su pelo suavemente.

—Si te portas bien y entrenas duro, prometo traer a tu madre. Pero primero necesito que dejes de llorar, ¿está bien?

Si bien el pequeño no dejó de llorar de inmediato, sí empezó a tranquilizarse al escuchar aquellas palabras. Asintió con la cabeza y Genma aprovechó para ofrecerle una manzana de gran tamaño que lo tuviera entretenido durante un buen rato. Algunas horas después llegaron a Kamaishi.

Y allí empezó el infierno.

Ranma intentó no pensar en el cambio de ciento ochenta grados que dio su vida tras llegar a aquel pueblo, el cual no se convertiría en su nuevo hogar, sino en la primera parada de una serie de incontables sitios a los que iría con su padre, a veces a pie, a veces en autobús, a veces en tren, pero siempre cansado, hambriento, sediento y asustado. Intentó no pensar en todos los años que pasó sin recibir una educación formal, sin ir a la escuela, sin relacionarse con otros chicos de su edad contra los que no tuviera que luchar o pelear para ganar algo de dinero y obtener la aprobación de su padre. Trató de no pensar en los gritos, las palabrotas, los insultos, las humillaciones, los golpes, los castigos, las palizas… trató con todas sus fuerzas de no pensar en las noches de frío, de hambre, de incertidumbre y de llanto disimulado o reprimido. Pero no pudo. Porque cuando se miró en el espejo aquella noche en la habitación de Akane, Ranma se cuestionó si tal vez él también era como su padre.

Genma Saotome era un borracho, y esa era una de las cosas que el pequeño Ranma más odiaba de él. Siempre que bebía se ponía agresivo, violento e impertinente, y la persona que pagaba los platos rotos era su hijo. Gritos, insultos, palizas… usualmente todo junto, así que el niño intentaba evitar a toda costa que su progenitor bebiera, casi siempre fracasando en el intento. Con el pasar de los años, Ranma empezó a desarrollar un instinto de supervivencia que le otorgó una aguda capacidad de observación. Se dio cuenta de que el secreto para evitar la ira de su padre era hacerse invisible e incluso desaparecer durante las primeras copas y botellas. Después de haber bebido mucho, Genma solía caer rendido al poco tiempo, lo cual le daba al chico varias horas de paz y tranquilidad mientras el viejo pasaba la borrachera muchas horas después, ya que solía dormir hasta tarde. Eso le permitía comer lo que su padre hubiera dejado en el plato y hacer todas las cosas que no le permitía cuando estaba despierto. Esas eran sus horas favoritas del día: ya muy entrada la noche, mientras el viejo roncaba inconsciente, Ranma finalmente podía tener un poco de paz.

Algunas veces, cuando hacía demasiado frío, el chico recogía la botella del suelo y se bebía los restos de sake que Genma no había terminado, lo cual le dejaba un poco mareado y con una extraña sensación en el cuerpo, pero al menos el miedo y el frío lo abandonaban.

Uno de los amigos de su padre que no era un completo bribón y que a veces los acompañaba en sus viajes, lo pilló medio ebrio una noche, cuando tenía doce años. No le dijo nada al verlo, pero a la mañana siguiente aprovechó un momento en el que Genma no estaba cerca para reprenderlo por beber licor, alegando que no solo era un chico en pleno desarrollo, sino que además esos hábitos se adquirían desde muy temprano.

—¿Quieres acabar como tu padre? —Le preguntó mirándolo muy serio, con el ceño fruncido—. ¿Es eso lo que quieres? ¿Vivir toda la vida yendo de un lugar a otro, sin un momento de paz, haciendo cualquier cosa por dinero para después gastártelo en licor?

Aquel día Ranma prometió que jamás sería un borracho como su padre.

Cuando alcanzó la fama, en más de una ocasión se entregó a los excesos de las fiestas y el éxito, pero nunca lo convirtió en un hábito. No era el tipo de persona que se la pasara dando tumbos de un sitio a otro, demasiado ebrio como para poder caminar en línea recta, ni tampoco una persona que arrastrara a otros al vicio. Y sin embargo aquella noche lo había hecho con Ryoga… porque sí, Ranma fue consciente de que no estuvo bien insistir tanto, pero admitirlo frente Akane habría significado admitir ante sí mismo que…

No. Yo no soy como él. Esto fue solo un error.

Dejó de luchar contra el llanto al darse cuenta de que no tenía caso seguir haciéndolo. Con manos temblorosas, sintiendo el corazón en carne viva, cogió su maleta y hurgó entre sus pertenencias hasta que encontró los sobres. No sabía con exactitud por qué se las había llevado a Estados Unidos las cartas de su padre, pero en aquel momento pensó que ya la herida se había abierto y estaba sangrando, así que ya daba igual si las leía. Buscó la primera y abrió el sobre, convencido de que no había nada en aquellas cartas que pudiera remover su interior todavía más.

No sabía cuán equivocado estaba.


Elementos de la cultura popular y otras aclaraciones pertinentes:

El título del capítulo está inspirado en la canción Seven years de Lukas Graham. Las frases que aparecen a lo largo del capítulo pertenecen a dicha canción.


Sí, lo sé, the feels de este capítulo, ¿no? Pero no pueden decir que no se los dije en la nota de autor del capi anterior.

Finalmente conocemos la historia de Ranma, o al menos una parte de lo que vivió con su padre (porque sí, todavía hay más y parte de ello vendrá en el siguiente capítulo). ¿Qué piensan al respecto? ¿Imaginaban algo así? Y con respecto a las cartas, ¿alguien se esperó que se las llevara a EEUU? ¿Qué dirán?

Como pueden ver, ya sabemos lo que Akane siente y piensa sobre Ranma. A los que dedujeron en el capítulo anterior que él no le era indiferente, acertaron. Y ahora nuestra querida protagonista conoce un lado de su compañero que jamás imaginó. ¿Creen que eso afecte la percepción que tiene de él? ¿Cómo creen que aborde la conversación? ¿Y Ranma? Ya dejó muy claro que se siente decepcionado de Akane y que ella no era la persona que él creía...

¡Ryoga! Hablemos de Ryoga, ¡ya lo conocen más! ¿Qué les parece su historia? Aunque no lo parezca, Ryoga es un personaje muy relevante para Desierto Salvaje. Estaré subiendo a Instagram (themiss_sf) la caracterización de su personaje, como ya lo hice con Ryu y Shampoo.

Espero que hayan disfrutado el capítulo. Les comento que para el VII, mi querídisima Shojoranko ha hecho unas maravillosas viñetas que podrán ver una vez el capítulo esté publicado.


Respuestas a reviews de usuarios no registrados:

Kuroidono2: ¡gracias por leer y comentar! Qué bueno que te esté gustando. No estudié nada relacionado a modas, pero mi hermana sí, así que en casa la moda siempre ha sido un tema de conversación relevante. A mí me gusta mucho, así que no podía dejar de incluir referencias en esta historia. No estás mal al pensar que Akane coqueteaba con él. Y de Hollywood... prefiero no decir nada, ya lo leerán en su momento.

Serendipity: conocerás la historia de Akari; al principio muy a cuenta gotas, pero luego directo y a fondo. Jajaja me encanta que hayas notado el detalle de las dos manos ;).

AkaneMx: me encanta que hayas vuelto a leer el capítulo porque no estás equivocada, Akane ya se sentía muy atraída hacia él esa noche, pero no lo manifestó de forma directa porque probablemente no lo tenía tan claro (al menos no de forma consciente). Me gusta leer que no todo el mundo le adjudica el miedo de Akane a Hollywood a Ryu. Es bueno saber que pude transmitir la frustración de Ranma con mis palabras jajaja ¡era uno de los objetivos del capítulo! Y sí, totalmente, Akane y Kika casi viven vidas paralelas en ese sentido... como también Grant y Ranma. Aviones de papel tiene un lugar especial en mi corazón, así que amo que lo hayas leído.

Jess: ¡apoyo la moción de tener un día oficial para esas escenas! Me alegro que te gustara, porque me pareció interesante incluir esas fantasías para hacerla más interesante. No puedo decir si te equivocas o no con respecto a tu planteamiento, pero me gusta mucho tu forma de pensar y de plantear el problema... vas por buen camino. Y sí, Taro en esta historia aplica perfectamente para esos tres que mencionaste jaja.