Capítulo II

Las clases de miss Bustier, continuaron con normalidad mientras que Marinette anotaba todo con respecto a la materia lo más rápido que podía. Era bastante sabido por la mayoría de los alumnos del Françoise Dupont, qué la maestra más dulce y amable, estaba esperando un bebé y pronto tendría que ser suplantada temporalmente en cuanto su embarazo estuviera lo suficientemente avanzado. Marinette admitía que extrañaría a la maestra que le había dado clases desde el jardín de niños, pero estaba feliz por ella, es más, pensando en el embarazo de su maestra, había puesto a trabajar su cerebro y había ideado una nueva línea de ropa para bebés tanto de niña cómo de niño, así cómo ropa de maternidad que estaba segura se vería preciosa en su maestra: en blanco, turquesa, celeste y hechas preferentemente de algodón para mayor comodidad, ¡Las posibilidades eran infinitas!

Sonrió mientras daba unos golpecitos con su lápiz contra su boca y anotó los materiales que tendría que comprar después de qué saliera de casa esa tarde. Las ideas en su cabeza flotaban cómo burbujas y era casi imposible romperlas, debía ponerse en marcha desde ya si quería regalarle un conjunto de maternidad y ropa para bebés a tiempo. Incluso se preguntó si Plagg estaría dispuesto a acompañarla.

El timbre tocó y enseguida la maestra dejó el gis a un lado y miró a sus alumnos con una sonrisa. La última clase que quedaba, era la de química con la señorita Mendeleive.

Todos agarraron sus cosas y salieron hacia el salón de madame Mendeleive para su próxima clase.

Marinette procuró ir un poco más atrás de sus compañeros y agradeció que Alya estuviera distraída hablando con Nino, para poder abrir su bolsa y encontrar a Plagg durmiendo abrazado a su celular, ronroneando.

—¿Plagg?

—Hmm... — el pequeño Kwami bostezó y se estiro cual gato perezoso restregando uno de sus ojos para mirar a su portadora temporal. En seguida le brillaron los ojos al ver que no estaban en el salón de clases.

—¿Ya se terminó? ¡Menos mal! Ya estaba cansado de estar aquí todo el tiempo. ¿Puedo comer queso ahora? — preguntó juntando sus manitas y mirándola con las pupilas dilatadas haciéndolo ver adorable.

Por un momento, Marinette se sintió mal de romperle la ilusión, pero no podía mentirle.

—Lo siento Plagg — se disculpó — pero vas a tener que esperar a llegar a casa, aún no ha terminado la escuela. No te preocupes, sólo queda una hora y las clases terminarán por hoy, y podrás comer todo el queso que quieras.

—¿Una hora apartado de mi queso? — se quejó con voz chillona haciendo un puchero triste — no creo poder soportarlo — expresó tristemente bajando las orejitas deprimido.

Marinette empujó la cabeza del Kwami dentro de su bolsa al ver pasar a un par de chicas que se dirigían al baño. Una vez que logró hacer que Plagg dejara de lloriquear por su queso, caminó rumbo al salón de madame Mendeleive, teniendo que pasar por la cafetería para poder cortar el paso y llegar más rápido.

Después de que Marinette lo obligara a ocultarse y hacer silencio, a Plagg no le quedó de otra que obedecer y permanecer callado dentro de la bolsa de la chica, hasta que un aroma llegó a su nariz, un aroma que el conocía muy bien.

—¿¡Eso es lo que creo que es!? — exclamó en un susurro — ese aroma es inconfundible, tiene que ser eso — sus pupilas se dilataron el doble, a la vez que sus ojos adquirían un pequeño brillito de emoción.

Sus orejitas se movieron al escuchar hablar unas voces femeninas y asomo la cabeza para ver de quienes se trataban, encontrándose con unas mujeres mayores vestidas de cocineras, que al parecer estaban tratando de resolver algo.

—¡Debes estar bromeando!

—Ojalá ese fuera el caso, pero al parecer las instrucciones son claras. Muchos alumnos se quejaron de que la cafetería no ofrece mucha variedad de almuerzos, así que debemos comenzar a incluir otro tipo de comidas antes de que comiencen con alguna otra huelga. La última vez tocó soportar a toda una horda de estudiantes exigiendo que incluyéramos postre en el menú.

La mujer con el gorro de Chef dio un bufido e hizo una mueca de desagrado al observar las cajas que trajeron los repartidores a su cocina.

—No me molesta empezar a cocinar otro tipo de platillos, pero... ¿Por qué debemos incluir "ese" tipo ingrediente en las comidas? — habló con una cara de tragedia.

—Ordenes del director. El menú ira variando conforme a los días, es solo para ver si a los estudiantes les gusta.

—Dudo que alguien pueda comer algo con este tipo de ingrediente. ¿El director no a pensado en las posibles consecuencias de ingerir esto?

—En ese caso, la peor parte se la llevará el conserje.

—Compadezco a ese pobre hombre.

Ambas cocineras soltaron un suspiro de lástima anticipada.

—Lo ideal sería guardar todas las ruedas de cammembert, para evitar que se echen a perder con el calor, en la jornada de salida podremos tener la libertad de elegir que platillo hacer para el día de mañana. ¿Podrías ayudarme a descargar las cajas?

—De inmediato.

Plagg ya había escuchado suficiente. Su mirada se dirigió hacia las enormes cajas de cartón que contenían varias decenas de deliciosas ruedas de queso cammembert.

¡Tenía que ir a esa cocina!

Se arrepentiría como nunca si no lo hacía.

A parte, le había prometido a su azuquita que no volvería a comer queso mágico... ¡Pero esto no era queso mágico! Era solo queso y estaba dispuesto a llegar junto a él a coste de lo que sea.

Desde su posición, alcanzó a ver a Marinette inmersa en ir a su salón de clases, tanto que no pudo notar como el Kwami planeaba darse a la fuga para poder mirar con sus propios ojos su tan ansiado manjar, más pronto de lo esperado.

—Estoy seguro de que a Marinette no le molestará si echo un pequeño vistazo a la cafetería — se dijo así mismo el Kwami atravesando la bolsa de la chica, cuidando que nadie se diera cuenta.

Y sin más, se dirigió hacia la cafetería, en donde la cocinera ya había empezado a descargar todas esas ruedas de cammembert que tendría que poner en algún platillo nuevo. Sin notar a cierto gato negro que flotó hacia dentro de la cocina y se ocultó detrás de las bandejas que utilizaban los alumnos para servir sus alimentos.

Al ver salir a la mujer por la siguiente caja, Plagg salió de su escondite y abrió la primera caja para observar la magnificencia que se hallaba dentro. Decenas y decenas de ruedas de queso.

Por un momento, los ojos de Plagg se empañaron en lágrimas y un sollozo escapó de su boca.

—¡Esto es el paraíso! — lloriqueó abrazándose a una enorme rueda de cammembert — seguro que el destino puso esto en mi camino por ser tan buen Kwami — expresó quitándose las lágrimas falsas.

Tomó una de las tantas ruedas de queso y se preparó para darle un enorme mordisco, cuando un jadeo y el sonido de algo caerse lo interrumpió de su acción.

Volteó la cabeza y se paralizó al ver a una de las cocineras con la mandíbula abierta y los ojos desorbitados señalarlo temblorosamente.

—Ehh... — ¿debería imitar a un gato para zafarse de esta?

La pregunta estuvo de más.

—¡¡U-Una rata!! ¡¡AYUDA!! — gritó tomando la herramienta más cercana que se le atravesó por los ojos, que en este caso fue una espátula y comenzó a tratar de golpear al supuesto roedor dando golpeteos en el aire que el Kwami esquivaba muy bien.

Para ese punto, su compañera de cocina había escuchado los gritos de la mujer y había acudido a toda velocidad para ayudarla, encontrándose con su compañera tratando de aplastar a un pequeño roedor negro. Los gritos fueron inevitables, y el sonidos de ollas chocar, y varios materiales de cocina salir desperdigados por todos lados fue lo que hizo que el Kwami saliera disparado de la cocina hacia su portadora.

En otro lado, los chicos ya habían llegado hacia el aula con la profesora de Química, quién comenzó a dar clases normalmente, hasta que se escucharon unos gritos y el sonido de metal chocando, provocando que todos mirasen con curiosidad hacia afuera.

—¿Qué sucede?

—¿Por qué hay tanto alboroto en la cafetería?

—¿Acaso es un Akuma? — todos estaban viendo ligeramente hacia la puerta temiendo que fuera un Akumatizado, Alya al contrario, estaba muy emocionada mientras sacaba su celular lista para grabar la acción.

Sin embargo, la maestra le arruinó los planes al azotar su puño en la mesa para llamar la atención de sus alumno.

—¡Todo el mundo silencio! No sé que es lo que esta causando todo ese alboroto en la cafetería, pero no voy a dejar que interrumpan la clase por eso. Todos saquen sus libros y ubíquense en la página número 137 para hacer el experimento 5.

Por supuesto, su "adorable" maestra de química tenía que cargarse el emocionante y curioso momento.

Los adolescentes se resignaron, y acataron las ordenes de la profesora, incluida Marinette, quién disimuladamente sin que su profesora se diera cuenta, abrió su bolsa para ver cómo estaba Plagg, y grande fue su sorpresa al no verlo dentro de su cartera.

«¡N-No... no puede ser!»

Cerró la bolsa con pánico y casi cómo un resorte se levantó de su asiento y para sorpresa de todos soltó un quejido tocándose el estómago.

—¡P-Profesora Mendeleive! ¿Puedo ir a la enfermería por favor? Realmente no me siento bien — dijo haciendo un gesto de dolor para darle más credibilidad a su actuación, aunque sabía de sobra que era pésima actuando, tenía que hacer su mejor esfuerzo para hacerlo realista.

Sabía que si no daba una excusa válida, su maestra de ninguna forma dejaría que se marchara de clases, ella no era tan comprensiva como la profesora Bustier.

—Marinette Dupain-Cheng. Ya se había tardado en dar una de sus muchas excusas — suspiró la maestra tomándose del puente de su nariz con frustración. Para luego mirara a su alumna con resignación — esta bien, vaya a la enfermería y regrese cuando se sienta mejor, alguno de sus compañeros le prestará sus apuntes.

—G-Gracias, madame Mendeleive — habló atropelladamente saliendo del salón a paso rápido. ¡Tenía que encontrar a ese gato escurridizo pronto!

El escándalo había sido tanto, que incluso los de la limpieza y la enfermería corrieron a ver que pasaba en el área de la cocina. Plagg había aprovechado que otros llegaron a curiosear para atravesar las paredes y volar lo más rápido que pudo hacia los pasillos, hasta dónde sabía que había ido su actual portadora.

«¡Estoy en problemas, Tikki me volverá a regañar por hacer esto! ¡Me dejara de hablar por los próximos 300 años!»

Dobló sin dificultad una esquina volando a toda velocidad, cuando de la nada, chocó contra algo suave y se espantó al ver que era una figura que no logró reconocer al instante debido al fuerte golpe.

—¿Plagg? — jadeó Marinette sorprendida de ver al pequeño Kwami alzar la vista y mirarla con algo cercano al miedo. Era fácil mofarse de Adrien porque era un chico muy ingenuo y algo despistado, pero la chica ya era otra cosa. A parte de tener el mismo carácter firme de su querido cubito de azúcar, era la nueva guardiana, y eso era mas que suficiente para hacerle tener respeto.

—¿Marinette? — preguntó Plagg igual de sorprendido y algo nervioso de encontrar a su dueña. Estaba en serios problemas.

—¿Qué fue lo que hiciste? — preguntó la chica frunciendo un poco el ceño y cruzándose de brazos sonando molesta por esta situación.

El Kwami de la destrucción se las arregló para poner su mejor cara de inocencia y los ojitos de cachorrito que Tikki le había mencionado, eran la debilidad de Marinette.

—Es solo una cosilla de nada, no hay que entrar en detalles Marinette, es algo largo de contar y muy aburrido si me lo preguntas — dijo riendo nerviosamente y poniéndose un poco tenso cuando escuchó aún los gritos que proferían — pero para mayor precaución, será mejor que nos vayamos de aquí de inmediato — sentenció después de dar un carraspeo ante la mirada exasperada de Marinette.

—Entra aquí — ordenó Marinette secamente dándole al Kwami un respingo.

—¡Como ordenes! — exclamó Plagg entrando rápidamente a la bolsita mientras que Marinette se alejaba del lugar e iba a los lavabos.

Una vez ahí, y cuidando que no hubiera nadie, dejó que el Kwami saliera de su bolsa y volara hasta quedar frente a ella, cuando el ser frente a ella tuvo el valor de mirarla, le dio una mirada que remarcaba un "explícate", con todas sus letras.

—Oh, esta bien. Quizás... y por pura casualidad, escuché decir a una de las cocineras de la cafetería que harían un platillo con el mas suculento manjar de los dioses — comenzó a explicar cerrando sus ojos y colocando una manito en su frente dándole dramatismo a su historia, abrió un ojo disimuladamente para ver la reacción de Marinette y se puso algo temeroso al ver que esta aún seguía de brazos cruzados mirando con los ojos entrecerrados — y ya que dijiste que no podía comer queso hasta llegar a casa, pensé... ¿Por que no?

—¡¿Saliste sin permiso?! ¡Eso fue muy peligroso!

—Te juro que no quería causar problemas — trató de explicar — solo quería ver de cerca a mi adoración — se defendió.

Marinette suspiró exasperada y se tomó el puente de su nariz con las manos. ¿Chat lidiaba con esto a diario? Mon dieu, después de esto comenzaría a respetar a Chat Noir aún más.

—Al menos dime que nadie te vio.

El Kwami quedó helado y se quedó callado para horror de la azabache.

—Tengo buenas y malas noticias.

Marinette lo miró sin una pizca de paciencia.

—La mala es... que una de las cocineras me vio — la chica abrió los ojos aún más con pánico — y la buena, es que me confundieron con una rata, así que no hay manera de que sepan que soy un Kwami.

La chica lo miró al borde de la histeria.

—Aunque si vemos las cosas de otra manera, me llamó rata — se cruzó de brazos molesto mirando hacia otro lado — así que el ofendido debería ser yo. Confundirme con un roedor, ¡Qué indignante!

Marinette lo miró con frustración jalándose de los cabellos al borde de la histeria gritando.

—¡PLAGG!


Después de que acabara la hora de química, todos guardaron sus cosas y partieron a sus casas. Algunos como Rose, Juleka y Alix, partieron hacia el taller de arte para realizar sus respectivas actividades, mientras que Marinette, se tuvo que quedar en el salón para discutir algunas cosas con la profesora acerca del próximo examen. Al terminar le pidió a Alya sus apuntes, y salió por el pasillo con la mochila en su hombro.

Había pasado por la oficina del director y aunque sabía que estaba mal escuchar a escondidas, no pudo evitar enterarse de lo que había pasado dentro de la cocina gracia a la voz de Susie, la cocinera principal, que prácticamente le vociferaba al director a cerca de una rata y quesos, haciendo que el rostro de Marinette palideciera y por segunda vez mirara con reproche la bolsa donde viajaba Plagg.

De castigo, Marinette le había obligado a acompañarla a comprar los materiales de costura que necesitaba y le prohibió comer queso por lo que restaba del día, y en su lugar, lo reemplazarían con macarons, que fue como un golpe directo al corazón de Plagg, ya que si bien los Kwamis podían comer lo que sea para recargar energías, él no era fan de las cosas dulces, y al enterarse de esto, Marinette remarcó que era un castigo de lo más adecuado, ahora el Kwami de la destrucción lo pensaría dos veces antes de hacer alguna locura.

Vaya día.

Las quejas del Kwami de la destrucción pararon de golpe al llegar a la tienda de telas a la que su nueva portadora la había llevado, no solo habían rollos de tela y maniquís como pensaba, si no también: accesorios de bisutería, gemas de fantasía y varios adornos hechos de tela y algodón, así como un montón de cosillas viejas que tenían de venta.

Los ojos de la criatura brillaron y sin que pudiera evitarlo, salió del bolso de Marinette y se acercó a una gargantilla dorada que emitía un brillo de lo más atrayente, haciendo que el Kwami se acercara y comenzara a jugar con el usándolo como un ula-ula, sin que los otros clientes se dieran cuenta.

Marinette al sentir mucho silencio por parte del Kwami de la destrucción, toco extrañada su bolso y lo abrió, encontrándose con la sorpresa de que el Kwami ya no se encontraba ahí, y tuvo que dejar de observar una linda tela de algodón egipcio que le llamó la atención, para buscar a su Kwami temporal.

Casi se le salen los ojos al verlo quitado de la pena haciendo girar un aro dorado en su cintura y tarareando felizmente divertido.

—¡Plagg! — chilló ahogadamente corriendo hacia el área de bisutería casi a trompicones y tomando al Kwami y a la joya que estaba hace unos momentos expuesta en el busto de yeso. —¿Es que no puedes estarte quieto un momento? — reclamó.

Estaba a punto de guardar al Kwami travieso en su bolso, cuando un guardia de seguridad se coloca al frente suyo y la mira inquisitivamente mirando la joya en sus manos y luego a la adolescente.

Marinette rio nerviosamente escondiendo la mano que tenía agarrado a Plagg y con la otra temblorosamente sosteniendo la gargantilla, haciendo que sudara frío y mirara al guardia con su mejor cara de niña buena.

—H-Hola, monsieur Jeff, qué... gusto volverlo a ver. — saludó al guardia ignorando la mirada de sospecha que le lanzó.

—Señorita Dupain-Cheng — le devolvió el saludo con un asentimiento — ya se estaba tardando en venir. ¿Vino a hacer sus compras habituales como cada semana?

—S-Sí... — dijo con dificultad debido a los nervios — a-aunque, por hoy he decidido que solo miraré que hay de novedades — mencionó soltando a Plagg para que este volviera a su bolso — no creo que vaya a comprara nada el día de hoy, he tenido un día difícil y necesito distraerme un poco.

—Hmm... con lo de las telas puedo entenderlo. ¿Pero y ese accesorio, madmoiselle? — preguntó señalando con su nariz la gargantilla en la mano de Marinette. — he estado observando sus movimientos desde hace un rato, y me pareció sospecho encontrarla con eso en su mano, siendo que solo viene a comprar telas. — La chica se puso pálida y comenzó a balbucear varias excusas hacia el guardia de la tienda, para que no pensara que iba a robarla. Pero este se echó a reír al ver a la joven tan nerviosa y asustada.

—No tiene porqué preocuparse, madmoiselle — habló entre risas — usted a sido una cliente de esta tienda desde hace mucho tiempo y nunca, jamás he visto algún indicio en usted de querer robar algo de la tienda. Aunque pueda ser un poco torpe en algunas ocasiones — mencionó recordando las caídas y los tropezones que la joven sufría debido a su característica torpeza.

La joven suspiró de alivia y colocó la joya en el cuello del maniquí nuevamente sintiendo un peso menos de encima.

—Merci, monsier Jeff. Y-Yo... supongo que voy a seguir mirando algunas muestras — dijo alejándose del guardia, quien se alzó el sombrero en señal de despedida.

—Nos veremos pronto, madmoiselle Dupain-Cheng.

Marinette se alejó lo más que pudo del aire de bisutería y en cambio llegó a la sección en donde estaba antes, en la de telas e hilos, mirando su bolsa con reproche y calmando su corazón que palpitaba dolorosamente contra su pecho debido a la adrenalina.

Iba a matar a Plagg llegando a casa.

«Espero que Chat esté teniendo un mejor día que yo»— pensó mientras caminaba y pensaba en distintas formas de torturar al Kwami de la destrucción.


¡Madre mía! Me estoy poniendo al corriente como puedo, ya lo saben... no voy a abandonar una historia, por más chiquita, o grande que sea, yo voy a continuar hasta terminar todos mis relatos.

Solo dos caps más y esta historia termina, es un fic cortito y para su entretenimiento.

Si quieren saber sobre como le irá a Adrien con Tikki... descubranlo en el siguiente cap.

¡Bye, bye!