Desierto Salvaje
Capítulo VII:
"Pequeña bailarina"
Abrió los ojos con pesadumbre, como si estuviera tomando consciencia solo durante unos segundos para moverse y después volver a dormir. Las cortinas estaban cerradas, pero la luz entraba de forma tenue a través de ellas, anunciando la llegada de la mañana.
Ranma se movió sobre la cama y decidió que, si bien todavía estaba cansado, no quería seguir durmiendo. Buscó su móvil en la mesa de noche, pero no lo encontró. Entonces recordó que no lo había conectado antes de quedarse dormido, por lo que debía estar en algún lugar de la cama. No tardó en encontrarlo, la pantalla indicando que eran las nueve de la mañana. Volvió a dejar el teléfono sobre la cama y se frotó el rostro, sintiendo los ojos hinchados e irritados por el llanto de la noche anterior. Miró el techo mientras caía en cuenta de que lo ocurrido horas atrás no había sido un sueño: había bebido de más, había discutido con Akane, le había espetado un montón de cosas que a ella no le correspondía saber, se había dirigido a su habitación sin poder contener sus emociones ni sus lágrimas, y, en un acto de autodestrucción, había leído dos de las cartas de su padre. Más de una vez.
Dio una vuelta sobre la cama y cerró los ojos, reflexionando sobre las palabras que Genma Saotome le había dedicado en la correspondencia. ¿Por qué? Sintió un nudo en el pecho. ¿Por qué ahora? ¿Por qué, si habían pasado tantos años…? El no tener las respuestas a esas preguntas lo atormentaba, como también el pensamiento de que había otras tres cartas esperando por él. Pero Ranma no creía tener la entereza de leerlas en aquel momento, mucho menos después de que las dos primeras lo sacudieran hasta la médula.
Se destapó para sentarse en la cama y se dio cuenta de que se había quedado dormido con la misma ropa que del día anterior. Se puso de pie y salió de la cama, no queriendo quedarse hundido entre las sábanas pensando en cosas que lo hacían sentir mal; lo mejor sería poner un poco de orden a su vida en aquel momento, para luego buscar algo que hacer. Sorprendentemente, se dio cuenta de que tenía hambre. Bien, eso significaba que no estaba tan mal, todavía tenía apetito y eso era bueno. Comer seguramente lo ayudaría a sentirse mejor. Buscó el menú que estaba en la mesa junto al teléfono y pidió servicio a la habitación, para luego desvestirse y recoger un poco el cuarto. Cuando se metió en el baño, la imagen que le devolvió el espejo fue desalentadora, al punto de que evitó mirarse mientras se cepillaba los dientes y se lavaba la cara. Estaba abriendo el grifo de la ducha cuando creyó escuchar el sonido de la puerta. Salió del baño y se quedó muy quieto, intentando descifrar si había sido una ilusión auditiva o si de verdad alguien tocaba. El sonido se repitió y Ranma frunció el ceño. ¿Quién carajo podía ser? Hoy era el primero de los tres días libres que tenían, así que no entendía quién podía estar tocando a su puerta tan temprano, no esperaba a nadie… salvo al servicio a la habitación, pero era imposible que estuviera listo tan rápido. Tocaron una tercera vez y Ranma maldijo. Quienquiera que fuera el impertinente que estaba tocando con tanta insistencia, de verdad quería hablar con él.
Estuvo a punto de abrir la puerta, así como estaba, hasta que se dio cuenta de que estaba desnudo. Pero como aquella mañana tenía un humor de perros y no deseaba recibir a nadie, hizo lo mínimo: se puso sus calzoncillos grises y nada más. Caminó hasta la puerta y la abrió con su mejor cara de «¿qué coño quieres?», sorprendiéndose al encontrarse con la última persona que esperaba ver aquella mañana.
Akane parecía el extremo opuesto de Ranma. Se veía descansada y de buen humor, con aquel sencillo y bonito vestido amarillo de verano, un par de alpargatas blancas en los pies, el pelo atado en una coleta alta, y el rostro limpio y fresco, sin una gota de maquillaje.
—Hola —lo saludó con una pequeña y tímida sonrisa.
—Hola —respondió él muy serio, intentando comprender a qué coño jugaba el universo.
De forma mal disimulada, Akane recorrió el cuerpo semidesnudo de su compañero con sus ojos cafés.
—¿Te desperté?
Él negó con la cabeza.
—No, desperté hace un momento. Daba vueltas en la cama. —Se dio cuenta de que su tono sonó más tosco de lo que hubiera querido, y de que Akane pareció nerviosa al oírlo. Decidió ser más amable—. Veo que tú despertaste temprano hoy.
—Sí, suelo salir pronto de la cama.
Silencio. Incómodo.
—¿Hay algo que…?
—Sí, sí. —Akane pareció darse cuenta de que había ido allí por una razón en particular y no para saludarlo por la mañana—. Disculpa que te toque la puerta así sin avisar, tan temprano. Es que… quería invitarte a un lugar, y lo hago ahora porque pensaba salir en un ratito. Me gustaría que vinieras conmigo a…
What?
—¿Un lugar? —Ranma frunció el ceño.
—Utah. —Dijo ella, como quien dice «a la esquina»—. Cuando estaba en Japón alquilé un Airbnb para pasar allí los días libres. Mira. —Sacó su móvil del bolso cruzado que llevaba puesto. Lo desbloqueó y le mostró a Ranma algunas fotografías de una preciosa y pequeña casa ubicada en medio del desierto, mientras le explicaba con entusiasmo todas las amenidades del lugar—. Es un sitio perfecto para descansar, meditar, relajarse… superbonito —sonrió—, pensé que podrías acompañarme.
Él la miró sin decir nada, un tanto desconcertado por la invitación. La observó durante varios segundos, en los que por segunda vez en el día se dio cuenta de que no tenía las respuestas a las preguntas que se acumulaban en su cabeza. Después de lo ocurrido la noche anterior entre ellos, ¿Akane quería pasar dos días con él en medio de la nada? ¿Era esta la misma mujer con la que ayer había discutido? ¿A la que había acusado de ser una niñata consentida y privilegiada y no sé qué más? ¿A la que le había confesado casi como un reclamo sus miserias y los infortunios de su patética vida?
La calidez de esos ojos almendrados, el pequeño lunar que tenía cerca de la boca y las pestañas de princesa persa le decían que sí, era la misma. Era Akane.
—Creo que es una buena oportunidad para que pasemos tiempo juntos. Sé que últimamente hemos compartido más, pero hasta el momento casi siempre ha sido con otras personas… y pienso que sería bueno que podamos estar juntos tú y yo nada más.
Si el día anterior Akane le hubiera hecho esta propuesta usando esas mismas palabras, Ranma la habría levantado del suelo para meterla en su habitación y decirle «empecemos ya, entonces», pero a juzgar por lo sucedido entre ellos, dudaba que la propuesta fuera de índole sexual.
—Sé que puede parecerte raro, pero… me gustaría que arregláramos nuestras diferencias, Ranma, y creo que este es un buen lugar para hacerlo. También entiendo si prefieres no tocar ciertos temas estando conmigo a solas en medio de la nada, pero… ¿podrías considerarlo?
Sin ninguna expresión en el rostro, Ranma volvió a hablar.
—¿Sería para salir hoy y volver el domingo? ¿Cómo sería el traslado?
A juzgar por su semblante, Akane recibió su pregunta con optimismo.
—Sí, así es. Y yo conduciría, he alquilado un Tesla —sonrió—, para contribuir con el planeta.
Él no dijo nada, consiguiendo que ella no tardara en borrar su sonrisa. Pero antes de que el silencio se tornara incómodo, Ranma volvió a hablar.
—Te agradezco por la invitación, Akane, pero tengo otros planes. Espero que lo pases muy bien. —Intentó esbozar una sonrisa que con seguridad salió como una mueca—. Buenos días.
Sin esperar que ella dijera nada más, cerró la puerta de la habitación y se dirigió al baño, con la intención de tomar una ducha fría antes de que llegara su desayuno.
Akari no se dio cuenta de que había estado aguantando la respiración hasta que Tetsuya, su productor musical, la miró tras terminar de escuchar la última canción del demo que ella había llevado aquel día a la disquera.
Se encontraba en el estudio junto a Tetsuya, Picolet Chardin, su mánager, y otros representantes de la firma discográfica a la que pertenecía, presentándoles un demo de cuatro canciones que ella misma había escrito y compuesto en los últimos meses, sin ayuda de nadie más. Había pasado horas sentada al piano componiendo sus nuevas canciones, las cuales relataban experiencias y emociones propias de las que nunca había escrito o cantado, principalmente porque ella interpretaba canciones escritas por otras personas, que su disquera elegía para ella según el sonido que se determinara para cada uno de sus álbumes.
—¿Qué… qué tal? —Preguntó casi con un hilo de voz, sus ojitos cafés albergando toda la ilusión del mundo.
Tetsuya, que había estado medio sentado en la mesa del escritorio, se incorporó y caminó por su oficina, contemplando la vista que el enorme ventanal permitía de la ciudad de Tokio. Akari ya lo conocía bien, así que sabía que su productor estaba intentando encontrar las palabras adecuadas antes de hablar.
—Ha sido… diferente. —Expresó con seriedad, como era habitual en él las primeras veces que escuchaba algo.
—Novedoso —comentó Picolet con la dulzura que lo caracterizaba—, inesperado, tal vez. Pero… bonito.
—Algo distinto a ti —comentó Tetsuya sin mirarla, más para él que para el resto, sus ojos perdidos en algún punto de la ciudad.
Distinto a ti. Akari frunció el ceño. Aquellas canciones no eran distintas a ella, eran ella, el problema es que nadie nunca le había dado la oportunidad de elegir, mucho menos de crear por y para sí misma.
—Es probable que puedan ser mejoradas —comentó una mujer de mediana edad que pertenecía a la disquera—, algunos arreglos musicales.
—Sí, sí, eso puede ser —Picolet se llevó la mano a la mandíbula—, tal vez son un poco sencillas ahora.
—Simples —dijo el otro tipo que estaba allí, consiguiendo una dura mirada por parte de Picolet y una sorprendida y triste por parte de Akari—. Lo digo porque solo es tu voz y un piano, y no creo que...
El piano era el único instrumento que Akari sabía tocar, por lo que había sido el protagonista en sus canciones, pero la chica estaba convencida de que se podía incluir otros instrumentos a sus canciones, como una guitarra acústica y una armónica para darles más vida; sin embargo, no quería bajos, ni sintetizadores, ni efectos vacíos.
—¿Cuándo las escribiste? —La pregunta de Tetsuya hizo que el resto de los presentes, que habían empezado a charlar entre ellos acerca de las canciones, se quedaran callados. En aquella oficina, el alfa de la manada era él.
—Hace unos meses, antes del tour.
Tetsuya no dijo nada. Unos meses antes del tour. ¿Durante la rehabilitación? La miró fijamente durante un largo momento, en el que Akari no supo qué estaba pensando. ¿Qué le parecían las canciones? Hasta ahora no había dejado claro lo que pensaba, y su opinión era la que Akari más valoraba de todas. Pero el productor, que rondaba los treinta y pocos, permaneció en silencio y con el ceño ligeramente fruncido. Como Tetsuya tenía el pelo rapado casi al ras y cejas gruesas, era casi imposible no notar cuando las fruncía, levantaba o movía ligeramente.
—¿Estás feliz con el resultado? —Le preguntó sin dejar de mirarla.
Akari abrió la boca para responder, pero luego la cerró. ¿Lo estaba? Ella creía que sí, las canciones significaban mucho para ella, se había sentido bien escribiéndolas, componiéndolas y luego cantándolas y grabándolas. Y la llenaba de orgullo y satisfacción poder mostrárselas a otras personas, pero ahora que estaba allí frente a ellos, un mar de dudas se abrió paso en su pecho.
—Todavía podemos arreglarlas —comentó la mujer—, hay muchos ajustes que…
Arreglarlas, como si estuvieran rotas, dañadas. Akari intentó disimular su confusión y Tetsuya cerró los ojos y se acarició el puente de la nariz.
—Claro, no será difícil hacer que se parezcan más a tu estilo, Akari —intervino el otro hombre—, de esa forma podremos incluirlas en el nuevo álbum, aunque tal vez no todas, pero seguramente una o dos.
—¿El nuevo álbum? —Picolet cruzó una pierna y pareció preocupado—. No lo sé, tal vez es demasiado pronto para tomar esa decisión…
La cháchara continuó hasta que Tetsuya se aclaró la garganta. Todos callaron.
—Akari, ¿estás feliz con el resultado?
Ella lo miró dubitativa antes de responder.
—Creo… creo que sí. Tal vez… pueden ser mejores. Son las primeras canciones que escribo, ya sabes que nunca lo había hecho, pero me parece que están... bien.
Bien. Como un platillo que no te encanta, pero que es comestible y te puede resolver alguna comida o cena. Bien, como el resultado de ese examen para el que no te preparaste, pero cuyas preguntas supiste responder para no suspender. Bien, como la respuesta que le das a tus padres para que te den permiso de salir cuando te preguntan cómo te sientes tras haber estado enfermo algunos días.
—¿Y qué piensa tu madre? —La pregunta de Picolet hizo que todos, salvo Tetsuya, lo miraran. Los ojos del productor musical se mantuvieron sobre el pequeño cuerpo de la joven cantante, intentando descifrar aquella mente brillante y creativa que no terminaba de florecer, acaso porque los elementos a su alrededor no se lo permitían. No pasó por alto la tensión en sus hombros ante la mención de su madre.
—Ella no las ha escuchado —contestó Akari.
—¿Y por qué no está aquí? —Picolet pareció alarmado—. Estoy seguro de que le interesaría mucho ser parte de esta conv…
—No creo que sea necesario —Tetsuya se tocó el pendiente que tenía en la oreja izquierda. Era una pequeña cruz de color negro que colgaba de su lóbulo—, no hay ninguna decisión tomada por el momento, así que creo que lo mejor es que continuemos evaluando el tema. Gracias por compartir las canciones con nosotros, Akari. Sé lo difícil que puede llegar a ser mostrar tu arte por primera vez.
Ella asintió con la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa. Luego Tetsuya les pidió a los presentes que se retiraran, ya que tenía una importante reunión que había pospuesto para atender aquella «emergencia creativa», como Akari la había llamado al pedirle un espacio en su agenda aquel día. Antes de salir, la joven cantante miró a su productor desde la puerta.
—No me dijiste qué te parecieron las canciones. —El tono en su voz fue mucho más cálido y familiar que el que había empleado momentos atrás frente al resto del equipo, demostrando una cercanía entre ella y su productor que antes había disimulado bien.
Los labios de Tetsuya se curvaron en una pequeña sonrisa que no duró demasiado tiempo en sus labios.
—Cuando la respuesta a mi pregunta de si estás feliz con el resultado sea definitiva y no una duda, entonces te lo diré.
Akari sintió un nudo en el estómago, pero no dijo nada más. Asintió con la cabeza y salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí. No prestó demasiada atención a nada ni a nadie mientras salía del edificio, demasiado ensimismada en sobre analizar la reacción de Tetsuya y del resto del equipo.
Cuando estuvo en la calle, un par de manos le taparon los ojos. Akari pronto sintió el olor amaderado de aquel perfume que la volvía loca, y sonrió.
—¿No se suponía que nos íbamos a ver en mi casa? —Su sonrisa podía oírse en sus palabras.
Su novio le besó el cuello y luego bajó sus manos para abrazarla por detrás, rodeando su cuerpo completamente.
—Pensé en sorprenderte. —Repartió besos en su rostro sin dejar de abrazarla—. ¿Lo logré?
Sin separarse de él y todavía entre sus brazos, Akari se giró hasta quedar de frente a su novio. Subió sus brazos para rodearle el cuello y sonrió.
—Mucho.
Él se apresuró a buscar su boca para besarla de forma apasionada. Al principio, Akari se dejó llevar por la fogosidad de su novio, pero pronto recordó que estaban en la calle y que ellos dos no eran precisamente dos desconocidos, y además estaban frente a la discográfica más importante de Japón. Abrió los ojos y se separó ligeramente de Hiroshi, rompiendo el beso, para mirar a su alrededor. Sus ojos, ya entrenados para este tipo de situaciones, pronto identificaron a un fotógrafo y a un par de personas más que los miraban con atención.
—Hiroshi —le dijo mientras él besaba su cuello—, hay un fotógrafo por ahí, o varios…
—No me importa, que nos vean —el chico cogió su rostro entre sus manos y la obligó a mirarlo—, que tomen todas las fotos que quieran, así el mundo vea cuánto te quiero.
Antes de que Akari pudiera decir algo, Hiroshi volvió a besarla con frenesí, consiguiendo que su novia le correspondiera en pocos segundos. Sin romper el beso, sonrió al sentirla derretirse en sus brazos, siendo consciente de que los ojos curiosos que los miraban lo hacían a la vez que registraban el momento con sus teléfonos móviles y sus cámaras fotográficas. Aquello significaba que en pocos minutos las redes sociales y las páginas de prensa rosa estarían repletas de aquellas fotos, bullendo de comentarios e interacciones.
Hiroshi adoraba recibir tanta atención, le encantaba que su relación con Akari tuviera tanta repercusión en la prensa y en las personas. Adoraba saber que ella estaba loca por él, al punto de olvidarse del mundo, de la privacidad y del pudor solo con besarlo. Le encantaba saber que Akari lo amaba con locura y que siempre estaba allí para él. Adoraba saber que para ella, lo que él pensaba y decía era importante, pues para su chica su opinión era la más valiosa de todas. Sabía que Akari era capaz de dejarlo todo por él sí así se lo pedía, porque lo amaba de forma desmedida e incondicional. Pero por sobre todas las cosas, de todo lo que atesoraba, lo que más le gustaba era saber que no importara lo que él hiciera, Akari siempre acababa volviendo.
Y él adoraba tener ese poder sobre ella.
Mientras guardaba sus pertenencias en el maletero del Tesla blanco, Akane agradeció haber pagado el servicio extra al alquilar el coche para que la agencia se lo llevase hasta el hotel.
Tras lo que para ella fue una decepcionante conversación con Ranma, se dirigió al restaurante del hotel para tomar un desayuno rápido antes de irse a Utah. No tenía demasiada hambre, pero sabía que sí no comía algo ahora, en unas horas tendría un fuerte dolor de cabeza y además estaría de pésimo humor. Así que mientras tomaba un típico desayuno americano de panqueques, huevos y tocino, reflexionó acerca del resultado de su conversación con Ranma aquella mañana.
Cuando la idea de invitarlo la asaltó nada más despertarse, Akane pensó que había encontrado la solución a su último encontronazo. Aquella era la oportunidad perfecta para disculparse con él, para aclarar todo y limar asperezas. En ningún momento pensó en la posibilidad de que él fuera a decirle que no, siendo tan abierto y receptivo como era siempre con ella. Pero tras su negativa, Akane comprendió que la discusión de la noche anterior había sido distinta a cualquier otro malentendido o roce del pasado, y no iba a solucionarse yéndose de paseo a otro estado. Su desencuentro había dejado en evidencia lo que Ranma pensaba de ella; su respuesta de aquella mañana, que todo vestigio de una amistad había quedado atrás.
Después del desayuno, Akane subió a su habitación para recoger el bolso de fin de semana que pensaba llevar a Utah, y se dirigió al estacionamiento del hotel, donde el Model S blanco la esperaba. Estaba guardando el bolso en el maletero, cuando su móvil sonó. Llamada de audio de FaceTime, Ranma Saotome. Akane frunció el ceño al ver aquel nombre en la pantalla, pero no tardó en contestar.
—¿Sí?
—¿Todavía estoy a tiempo de subirme a un Tesla por primera vez, o ya te fuiste?
Una sonrisa surcó el rostro de Akane al escuchar el tono amable y distendido de aquella pregunta. Sintió una agradable y cálida sensación en todo el cuerpo.
—Está usted a tiempo de vivir la experiencia Tesla, señor Saotome. —Comentó cerrando el maletero del coche—. Pero solo por tiempo limitado. Su chófer saldrá en aproximadamente cinco minutos.
—Vaya, es un tiempo ajustado, pero supongo que puedo lograrlo. —Akane casi podía escuchar la sonrisa en sus palabras—. ¿De dónde, exactamente, saldrá mi chófer?
—Le estará esperando en la entrada principal del hotel. No tarde, señor Saotome.
Sin decir nada más, cortó la llamada y se subió al coche para dirigirse a la entrada del hotel. Alrededor de tres minutos después, Ranma apareció con una mochila colgada al hombro, vistiendo jeans desteñidos rotos, una camiseta gris y un par de zapatillas Veja blancas. Cuando se subió al coche, Akane notó que tenía el pelo mojado.
—Me alegra que cambiaras de opinión —le dijo ella mientras él se ponía el cinturón de seguridad.
—Siempre quise subirme a un Tesla.
Lo dijo como si aquella fuera la verdadera y única razón por la cual había aceptado la invitación de Akane, pero mirándola de reojo con una expresión que dejaba claro que era solo una excusa.
Cuando finalmente estuvieron en la carretera, Akane le explicó que harían una parada en un supermercado que tenía cargadores para vehículos eléctricos, para comprar las cosas que beberían y comerían durante el fin de semana, aprovechando así para poner el coche a cargar mientras hacían la compra. Ambos estaban fascinados por las comodidades y la tecnología del vehículo, pero lo que más les gustaba era que no hacía ningún tipo de ruido.
Mientras ella conducía, Ranma la observó de reojo. A diferencia de algunos hombres, a él le encantaba que su chica condujera, pues le gustaba observarla en el camino porque le parecía sexy ver a una mujer conducir. Un momento. ¿Su chica? ¿Estaba pensando en Akane como su chica? No, solo pensaba en que le gustaba ser el copiloto de mujeres atractivas y seguras tras el volante.
La parada en el supermercado duró alrededor de media hora. Ranma descubrió que, si bien Akane parecía llevar una dieta balanceada, también disfrutaba de algunas chucherías como galletas de chocolate y bebidas saborizadas carbonatadas. Le pareció una casualidad interesante, pues él era muy similar: se cuidaba, pero sin caer en extremismos ni exageraciones; era amante de la Coca-Cola y le gustaba mucho la comida chatarra occidental. Aprovechó para elegir distintos ingredientes para preparar unas buenas hamburguesas americanas y una deliciosa pasta italiana.
Tras hacer las compras, Akane condujo alrededor de una hora y media más hasta que llegaron al Airbnb. Se trataba de una pequeña casa rectangular de madera con terraza, cuyo patio (trasero y delantero) era el desierto. El propietario los esperaba acompañado de su marido, y se mostró más que complacido de enseñarles todas las amenidades que la vivienda tenía para ofrecerles durante su estadía de dos días. Apple TV, juegos de mesa, jacuzzi al aire libre, terraza abierta y techada, área de fogata y un amplio espacio para preparar barbacoas al aire libre. Ranma pensó que las fotos que Akane le había mostrado no le hacían justicia a aquel precioso lugar. Luego del recorrido, el propietario se despidió de ellos indicándoles que lo llamaran si necesitaban algo. Akane y Ranma aprovecharon para sacar las cosas del coche y guardar los alimentos en el refrigerador. Todo había fluido entre ellos con naturalidad, como si nada hubiera ocurrido la noche anterior, al punto de que Ranma pensó que no tendrían que hablar sobre ello. Pero luego de que ambos dejaran sus cosas en su sitio y se pusieran cómodos, Akane sintió la necesidad imperativa de hablar del tema.
—Quiero disculparme contigo, Ranma.
Estaban sentados en el interior de la vivienda en el cómodo asiento que tenía el alféizar de la ventana.
—Ayer te juzgué de forma injusta. Hice suposiciones de tu vida sin conocerte verdaderamente. —Admitió—. Me dejé llevar por un tema muy sensible para mí, que tiene que ver con Ryoga. No me corresponde decírtelo, pero es delicado y por eso me involucro y me lo tomo personal, a pesar de saber que no debería. —Hizo una breve pausa—. Anoche tu insistencia me pareció inapropiada y por eso me molesté, pero sé que pude haberlo manejado mejor… o simplemente dejar que Ryoga se encargara del asunto y no meterme en medio, ¿sabes? Pero… no pude evitarlo en ese momento. ¡Y no pensé que fuera a incomodarte u ofenderte! Pero claramente lo hice. A veces no pienso las cosas antes de hacerlas o decirlas, y termino ofendiendo o lastimando a la gente…
Mientras ella continuaba con su monólogo, él se limitó a escuchar y a mirarla, sorprendido de que su compañera estuviera reconociendo sus errores sin intentar justificarse o defenderse. En aquel momento, se dio cuenta de que Akane nunca dejaba de sorprenderlo.
—Akane.
No era correcto dejar que ella asumiera toda la responsabilidad por la discusión, pues él también se había equivocado. Sin embargo, ella no se detuvo ante la mención de su nombre.
—Quiero decirte que me pareció muy noble que fueras a mi habitación anoche para charlar. Es algo que admiro de ti, Ranma. Siempre buscas un espacio para hablar las cosas… algo que a mí me cuesta hacer. —Por primera vez desde que había empezado a hablar, bajó la cabeza. Él comprendió que estaba siendo sincera—. Recuerdo haber pensado qué tal vez si charlábamos todo se aclararía, pero fue peor. —Dejó salir un largo suspiro—. No estoy segura de en qué momento todo se fue por la borda, pero yo no fui justa contigo y…
—Akane…
—...no quiero que pienses que soy ninguna de las cosas que dijiste ayer. —Volvió a mirarlo—. ¡Porque te juro que no lo soy! O al menos… creo que no lo soy. Y sé que es patético que intente convencerte de que no soy esas cosas, porque es exactamente lo que haría una persona que sí lo es…
—Akane…
—...pero estoy dispuesta a asumir mi responsabilidad en cuanto a lo sucedido anoche, y también a resarcir mis errores. Porque…
Su monólogo fue interrumpido por un tono más cortante.
—Akane.
Ella calló unos segundos.
—¿Sí?
—¿Te apetece una cerveza?
No respondió de inmediato. Parpadeó un par de veces y luego se tomó algunos segundos en observar a Ranma para adivinar en qué pensaba. Como él no decía ni expresaba nada en particular, ella finalmente contestó.
—S-sí, vale.
—Bien.
Él caminó hasta el refrigerador y sacó dos cervezas de botella, las cuales por suerte tenían tapa de rosca. Abrió las dos y miró a Akane.
—¿Así está bien o quieres un vaso?
—Así está bien, gracias.
Se acercó a ella y le entregó la botella.
—Hubiera creído que eras de beber en vaso —comentó sin mirarla y dio un sorbo a la cerveza—, como eres una princesa consentida…
La expresión del rostro de Akane lo hizo estallar en una carcajada. Era una mezcla de sorpresa, confusión, incomodidad y vergüenza.
—Es una broma, es una broma —Ranma esbozó una pequeña sonrisa y acercó su botella a la de Akane para chocarla suavemente—, salud.
Ella tardó unos segundos en reírse también, negando con la cabeza al ver que él encontraba la situación muy divertida.
—Acepto tus disculpas —le dijo Ranma, adoptando un semblante más serio para continuar con la conversación—, pero, creo que lo justo es que yo también asuma la responsabilidad que me corresponde. —Dejó la botella sobre la mesita redonda que estaba frente a ellos—. No te voy a mentir, anoche pensé muchas cosas de ti. Pero después de dormir y descansar llegó la sobriedad y con ella la reflexión, y me di cuenta de que no estuvo bien todo lo que te dije ayer. Tú estabas intentando explicarme de forma tranquila tu punto de vista, y por motivos que nada tienen que ver contigo yo me lo tomé personal e hice una escena. Me quejé de que tú creaste un momento incómodo con Ryoga, pero yo hice algo peor, porque te involucré en la historia de mi niñez... la cual no es precisamente un cuento de hadas.
Esta vez fue Akane quien lo miró sin decir nada, para después dejar la botella sobre la mesa igual que él. A diferencia de ella, Ranma no se veía nervioso, ni alterado ni avergonzado, sino todo lo contrario; se veía tranquilo, como si hubiera hecho las paces con sus pensamientos y con lo ocurrido el día anterior.
—Somos muy diferentes, Akane. Pero nuestras diferencias, y el hecho de que vengamos de entornos distintos no tienen por qué separarnos o alejarnos. —Aprovechando que Akane tenía su mano encima de uno de los cojines que decoraban el asiento, Ranma posó la suya encima, en un gesto de cercanía y confianza, consiguiendo que ella bajara sus ojos al punto de unión—. Creo que son esas diferencias las que pueden servir para conocernos más, acercarnos más, conectar más...
Apretó ligeramente la mano de Akane y ella volvió a mirarlo.
—Así que lo siento por no haberlo visto de forma clara anoche. —Miró su mano durante unos segundos en los que también la acarició—. Siento mucho la forma en la que te hablé.
Casi de inmediato, Akane acortó la distancia entre ellos para abrazarlo fuertemente, rodeando su cuello con sus brazos en un gesto de genuino aprecio. Él no tardó en corresponder, estrechando su cintura y acariciando su espalda baja, disfrutando de aquel auténtico abrazo cuya ternura lo conmovió hasta hacerlo sonreír y cerrar los ojos. Akane lo apretó todavía más y él le dio un beso en la mejilla. Olía a flores y a crema solar.
Cuando se separaron, ella se quedó sentada muy cerca de él, sus cuerpos casi tocándose. Ranma notó que un par de lágrimas se habían escapado de sus ojos.
—Eres una persona imposible de odiar, Ranma. —Soltó una risita nerviosa y se secó las lágrimas—. Al principio no entendía por qué todo el mundo te amaba tanto, pero ahora… eres increíble. Ojalá yo pudiera ser como tú.
Él también se rio al escuchar eso. Cogió su botella de la mesa y bebió.
—¿Lo soy?
Ella asintió con la cabeza de forma rápida.
—De verdad, es increíble tu capacidad de… ¿conciliar? No sé cómo decirlo. —Sus ojos se perdieron en algún punto de la casa durante un momento—. Es como si… como si dentro de ti no hubiera espacio para los rencores, como si siempre vieras lo bueno en las personas. Eres bueno perdonando
Si tan solo eso fuera verdad...
Él no pudo evitar sentir una punzada en la boca del estómago.
...esas malditas cartas no dolerían tanto.
Sintiendo un escozor en los ojos y un nudo en la garganta, Ranma volvió a beber. Sabía que sus propias lágrimas pronto aparecerían si la conversación continuaba por ahí.
—Creo que te pareces más a mí de lo que crees. También tú tienes una gran capacidad para perdonar. —Estiró su mano y con un gesto cariñoso y juguetón, le dio un ligero y suave pellizco a la nariz de Akane, haciendo que ella sonriera y apartara la mirada.
—No lo creo, pero gracias.
¿Cómo podía darle la razón si habían pasado dos años y medio y ella todavía no era capaz de perdonar a Ryu?
Ranma se dio cuenta de que Akane, al igual que él, parecía estar evocando recuerdos dolorosos. Se sintió tentado a preguntarle, pero pensó que aquello podría romper la atmósfera de intimidad y reconciliación que se había creado entre ellos. En cambio, decidió preguntar acerca de un tema que lo inquietaba desde anoche.
—¿Puedo preguntarte algo? Sobre anoche.
Akane pareció salir de su trance y asintió con la cabeza. Volvió a beber de la Coronita y se dio cuenta de que ya casi la terminaba.
—Dijiste que lo de Ryoga era un tema sensible. Sé que dijiste que no te corresponde decírmelo, pero… ¿tiene un problema con…?
Aunque sorprendida por el cambio de tema, Akane entendió el origen de la pregunta. Se debatió entre negarlo o confirmarlo, pero finalmente decidió ser sincera, aunque sin demasiados detalles.
—Lo tuvo, sí. Prefiere mantener ese tema en privado, lo cual hace que ciertas situaciones sean más complicadas de lo que deberían, si sabes a lo que me refiero...
Oh, ahora lo sabía. Por su memoria pasaron todas las veces en las que había visto a Ryoga intentar zafarse de una propuesta para beber, de un cóctel impuesto, de alguna insistencia molesta y fastidiosa, siempre de forma cordial y con buen humor. Se odió a sí mismo por haber sido una de esas personas más de una vez.
—¿Puedo yo preguntar algo? También es sobre anoche.
Ranma la miró y le dijo que sí, todavía inmerso en sus pensamientos. Al volver a Arizona buscaría a Ryoga para disculparse con él.
—Anoche me contaste algo acerca de tu padre, sobre una botella. ¿Por qué le…?
En el momento en el que la pregunta abandonó su boca, Akane se arrepintió de haberlo mencionado. Una cosa era la curiosidad y la duda, y otra muy distinta entrometerse e invadir el terreno personal de alguien. Y eso era exactamente lo que ella acababa de hacer.
Ranma no respondió de inmediato, no porque no estuviera dispuesto a hacerlo, sino porque estaba decidiendo si responder escuetamente o contarle la historia completa. No era un relato agradable, y probablemente rememorarlo no sería la mejor idea en aquel momento, no después de la montaña rusa de autodestrucción a la que se había subido anoche, pero Akane lo hacía sentir seguro y en confianza, así que decidió hablar.
—Viví con mi padre desde los siete hasta los quince años. Me llevó con él porque creía que podía convertirme en un gran artista marcial. —Por el momento, aquello era todo lo que estaba dispuesto a decir como introducción—. Cuando tenía quince años, me despertó a mitad de la noche para llevarme a un sitio. Pensé que se trataba de alguna pelea o treta de esas en las que siempre se metía, que iba a obligarme a robar algún local, pero no era nada de eso. —Los ojos de Akane se abrieron con horror al escuchar aquello, así que Ranma suspiró y decidió darle algo más de contexto—. Mi padre… no era un buen hombre. Hacía cosas terribles para ganar dinero, como robar o estafar a otras personas, y en más de una ocasión me vi envuelto en sus artimañas. Por eso cuando llegamos al sitio yo no entendía nada. —Ranma recordó su desconcierto cuando llegó con Genma a aquel lugar—. Mi padre siempre se involucraba con gente rara, pero jamás habíamos estado en un lugar así.
—¿Qué sitio era?
—Un burdel.
Akane alzó ambas cejas y abrió los ojos ante la sorpresa, parpadeando varias veces en el proceso. Tragó grueso al imaginarse lo que seguía.
—Y ¿para qué te llevó allí?
—Le pregunté lo mismo que tú, «¿para qué me trajiste aquí?». ¿Sabes cuál fue su respuesta? —Akane negó con la cabeza—. «Para que te hagas un hombre».
Ella escuchaba la historia con la botella en las manos y las rodillas recogidas cerca del mentón, sintiendo el corazón latiendo en su pecho por el nerviosismo que le generaba conocer el desenlace. No le costaba demasiado intuirlo.
—Yo jamás había estado con una mujer —Decidió agregar un poco de contexto adicional. Dejó salir una risita y alzó las cejas—. Probablemente nunca le había hablado a ninguna por más de diez minutos, excepto a mi madre. No tenía ninguna experiencia con chicas, ni siquiera había tenido amigas mujeres. Nunca había besado a una, ni salido en una cita con una… ¡ni siquiera sabía qué era una cita! No tenía idea de cómo hablarle a una mujer, pues siempre estaba rodeado de hombres, algunos de mi edad, pero la mayoría mayores que yo, adultos como mi padre. —Se quedó callado por un momento—. Pero sí sabía lo que era un burdel y por qué los hombres iban allí, así que hasta un chico cómo yo sabía lo que significa eso de «hacerme un hombre».
—¿Y qué hiciste?
A Ranma le pareció adorable verla así, con aquella expresión preocupada y en alerta, la de una mujer adulta que no concibe que un padre pueda hacerle eso a un hijo. Volvió a sentir la calidez de un momento atrás, porque aquellas situaciones eran totalmente ajenas a ella, y eso significaba que había tenido una buena vida.
—Me negué. Le dije que yo no tenía nada que hacer ahí, que no me interesaba y que quería irme. —Recordaba haber mirado a su padre como si fuera un pirado por pensar siquiera en meterlo a aquel lugar—. Por supuesto, a él no le gustó esa respuesta. Me dijo que ahora tenía miedo y pensaba así porque todavía era un niño, pero cuando estuviera con una mujer cambiaría de opinión. Me puso una mano en el hombro y me dijo que, si me iba bien en los combates, me traería a estos lugares. «Para que celebres como un ganador». —Soltó una risa ácida. Akane no pasó por alto su expresión indignada—. Como si el sexo fuera un premio, como si las mujeres… —Volvió a reír y negó con la cabeza—. Padre del año, ¿no? Incluso un adolescente campirano como yo sabía que aquello estaba mal. No sabía por qué, pero se sentía totalmente incorrecto pensar de esa forma.
Akane asintió con la cabeza.
—Volví a negarme y le dije que no pensaba hacerlo. Y entonces me preguntó si era homosexual, aunque fue más una acusación que una pregunta. Yo no entendí por qué aquel fue su primer pensamiento ante mi negativa, no entendía qué tenía que ver una cosa con la otra, ¿sabes? Que no quisiera acostarme con una completa desconocida no tenía nada que ver con mi orientación sexual, sino con el hecho de que tenía quince años y nada de experiencia, no me sentía preparado ni cómodo con la idea de estar desnudo y a solas con una mujer con la que jamás había hablado, que no conocía de nada, y que además estaba ahí porque mi padre le estaba pagando.
Akane pensó que la madre de Ranma debía ser una mujer verdaderamente especial, pues los valores y cimientos que había construido en su hijo eran lo suficientemente fuertes como para haber aguantado tantos años lejos de ella, con un padre como el que tenía. Ranma era una persona verdaderamente noble.
—Mi padre insistió y quiso obligarme a entrar, alegando yo iba a entrar ahí y lo disfrutaría, pues ningún hijo suyo sería homosexual. Me cogió de la camisa e intentó arrastrarme todavía más adentro, pero me resistí. Lo aparté de un manotazo y le dije que yo no era homosexual, pero tampoco era un vagabundo como él. Aquello no le gustó, así que rodeó mi cuello con sus manos y empezó a ahorcarme. Yo ya era un chico alto y fuerte, pero mi padre —la miró—, es un tipo grande, Akane. Tiene mucha fuerza física y unas manos de gigante que… era difícil defenderse de él. Así que en un impulso cogí una botella de una mesa y se la rompí en la cabeza. —Comentó sin ninguna expresión en el rostro—. El resto de la historia ya la conoces: él cayó inconsciente y yo intenté huir, pero la policía ya había llegado al recinto y me llevaron detenido. Al principio no dije nada porque tenía miedo, pero luego me di cuenta de que aquella podía ser la oportunidad para alejarme de él para siempre. Así que les conté todo a los oficiales. Tuvieron que esperar que mi padre recuperara el conocimiento para interrogarlo.
Ranma recordó que había pasado varias noches bajo el cuidado de las autoridades mientras lograban dar con Nodoka Saotome. El chico les dijo todo lo que sabía de ella, pero como lo habían separado de su madre siendo tan pequeño, no conocía su dirección ni su número de teléfono.
—Lo siento mucho.
La mano de Akane se apoyó sobre su muslo y sus ojos ambarinos lo miraron con una mezcla de empatía y compasión.
—Está bien… de hecho, creo que me alegra que eso pasara. —Se encogió de hombros—. Al menos allí terminó todo.
Cogió la mano de Akane entre las suyas y la subió para darle un beso. Ella sonrió, pero el gesto fue sustituido por una expresión preocupada y curiosa.
—¿Y qué pasó con tu padre?
Él dejó la mano de Akane sobre su regazo y volvió a encogerse de hombros.
—No tengo idea, por fortuna no volví a verlo. Me llevaron a Tokio y allí pude reencontrarme con mi madre. No sé cómo me reconoció, supongo que instinto maternal—Y allí era donde él trazaba la línea—. ¿Quieres ir al jacuzzi? Hace calor, pero el propietario dijo que se puede usar sin calentar el agua. —Se incorporó y caminó hasta la cocina para llevar las botellas vacías al bote de basura.
Sabía que, si continuaba hablando, Akane seguiría haciendo preguntas y ahondando cada vez más en su pasado y en unos recuerdos que hoy más que nunca dolían. No se sentía en el mejor lugar para rememorarlos, mucho menos para contárselos a otra persona.
Al menos no por el momento.
Al salir a la terraza, Akane se ofreció a ponerle crema solar en el cuerpo a Ranma, alegando que el sol de aquella región de Estados Unidos era implacable. Él, que solo llevaba puesto un bañador azul oscuro, se dejó hacer sin quejas. Akane se tomó su tiempo aplicando la crema en la espalda, hombros y brazos de Ranma, dándole especial atención a los dos hoyuelos que tenía en la espalda baja. Cuando terminó, Ranma se dio la vuelta y ella le entregó el bote de crema para que continuara con su pecho y su abdomen. Él la miró con una sonrisa sexy sin enseñar los dientes.
—Oh, pensé que también me la pondrías tú. —Expresó con fingida inocencia—. Si no te molesta, claro.
Ella intentó reprimir una sonrisa ante el flirteo y la provocación, pero fue en vano. Quedaba más que claro que la atracción sexual entre ellos seguía intacta, acaso más fuerte luego de haber hecho las paces y de haber alcanzado una mayor intimidad emocional. Todo estaba sobre la mesa otra vez. Solo tenían que decidir quién daría el primer paso.
—No me molesta —Para nada, pensó.
Se aplicó la crema en las manos y luego las acercó a los pectorales de Ranma para empezar a esparcirla en su piel. Ranma era mucho más alto que ella, por lo que para mirarlo tenía que inclinar su cabeza hacia arriba. Se rio al hacerlo y darse cuenta de que él la miraba de forma atenta y sensual, como si estuviera disfrutando las atenciones y las tentaciones que generaba en ella. Él, al igual que ella, sabía que no le era indiferente, que entre ellos había electricidad y que cada vez era más difícil no actuar sobre sus deseos.
En silencio, Akane deslizó sus manos hacia abajo y solo rompió el contacto visual cuando sintió los músculos del abdomen de Ranma bajo sus manos. Le gustaba que fuera fuerte, musculoso y atlético, pero debía admitir que lo que más le gustaba de él es que fuera grande. No sabía por qué, pero había algo sensual y retorcido en estar con un hombre que tuviera el tamaño, la fuerza y la capacidad para doblegarla por completo si así lo quería; sensual, porque le encantaba sentirse más pequeña que él, frágil y femenina en sus brazos; retorcido, porque la excitaba la idea de que, aunque su compañero pudiera someterla físicamente, no lo haría.
En aquel momento, agradeció a la biología que a las mujeres no se les notara la excitación sexual.
—Listo, creo que en las piernas sí puedes ponértela tú.
Él sonrió, asintió con la cabeza y le agradeció por sus servicios. Antes de entregarle el bote de crema, Akane vertió una buena cantidad sobre su mano para empezar a aplicarse el bloqueador en la parte frontal del torso, pecho y abdomen. Luego se recostó de la pared mientras seguía imaginando escenarios sexuales en los que Ranma le quitaba el bikini rojo y la poseía de forma salvaje contra las paredes de madera de la casa.
—¿No quieres que te ponga yo a ti en la espalda? —Preguntó Ranma cuando terminó—. Sería lo justo, ¿no?
Akane le dijo que sí y terminó de embadurnarse. Le dio la espalda a Ranma y él se acercó a ella, admirando los lunares que tenía en los hombros y la espalda, deseando descubrir en qué otros lugares de su cuerpo había marcas de nacimiento. Sabía que terminaría mucho más rápido que ella, tomando en cuenta que sus manos eran grandes y que el cuerpo de Akane era más pequeño que el suyo, así que decidió tomarse su tiempo. Empezó en los hombros, masajeando la piel tibia lentamente mientras le hacía preguntas casuales. Luego pasó a los omoplatos. Fue allí cuando ella se llevó las manos a la espalda para desatar el nudo de su bikini.
—Para que sea más fácil —comentó con el mismo tono casual e inocente que él había usado antes, y lo miró con el rabillo del ojo. Cuando el nudo se deshizo, Akane llevó sus manos hacia sus pechos, pegando a su cuerpo la tela del bikini.
Ranma sintió que su pulso se aceleraba al pensar que lo único que lo separaba del torso desnudo de su compañera era el nudo superior. Aprovechó la piel expuesta para trazar con su mano la línea de su espalda, imaginándose que estaban en la cama, el torso de Akane pegado al colchón y sus caderas levantadas para él.
Ella no pasó por alto aquel contacto. Aquella caricia —porque eso es lo que era— era sexual, casi primitiva, y se preguntó con qué estaría fantaseando Ranma. Su cuerpo ardió ante la infinidad de posibilidades. Cuando sintió su otra mano unirse al recorrido, Akane tuvo la certeza de que el momento había llegado. Es ahora, pensó.
Pero Ranma simplemente se limitó a continuar delineando su cuerpo, concentrado en que la piel de Akane absorbiera la crema solar. Pasó sus manos por el inicio de sus caderas y luego las subió para recorrer su cintura con delicadeza, agradeciendo que ella estuviera dándole la espalda, porque sabía que su rostro delataba el deseo acumulado y el tremendo esfuerzo que estaba haciendo para no rodearla con sus brazos y pegarla a él. A pesar de que sabía que los dos querían lo mismo, se había prometido a sí mismo contenerse y no hacer absolutamente nada, no queriendo arriesgarse y dar un paso en falso con ella, no ahora que habían ganado tanto terreno. Si Akane quería acostarse con él, tendría que ser ella quien diera el primer paso.
Al terminar, buscó los tirantes del bikini de Akane y los ató en un nudo.
—Listo, señorita. Su espalda y sus hombros están protegidos por el sol.
Akane se sintió decepcionada al escuchar sus palabras y al sentir que se había alejado de ella. ¿Le estarían fallando sus instintos? No, ella sabía lo que había sentido, no se había equivocado… Ranma estaba decidiendo ser comedido. Una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios, pensando en que tal vez lo que su compañero necesitaba era una motivación adicional.
—¿Te importaría continuar con mis piernas? Sé que tú te pusiste en las tuyas, pero…
—Está bien.
Mientras se arrodillaba en el suelo de madera de la terraza, Ranma supo lo que Akane estaba haciendo. No era tonto, sabía que lo estaba provocando. Quieres tentarme hasta que no me resista, lo sé. Él sabía muy bien cómo controlar sus impulsos sexuales, así que no pensaba perder aquel juego. A lo mejor terminas perdiendo tú, preciosa. Si Akane estaba tan atraída a él como él a ella, lo más probable es que tampoco resistiera demasiado a sentir sus grandes manos recorriendo sus piernas. Especialmente si la tocaba en el interior de los muslos.
—¿Te gusta hacer deporte? —Preguntó al empezar a untar de crema sus tobillos, notando que tenía las uñas de los pies esmaltadas del mismo color que su bikini. Llevaba las uñas de las manos al natural, ya que para el rodaje de la película no podían tener ningún color.
—Me gusta hacer ejercicio. Funcionales, pilates, entrenamiento HIIT, power yoga.
Ranma hizo un par de preguntas de seguimiento, pero a medida que subía por las largas piernas de Akane, la conversación aminoró. Les dio especial atención a sus pantorrillas, para luego descubrir que Akane tenía cosquillas en la parte posterior de las rodillas. Cuando empezó a subir por sus muslos, decidió ir más despacio, deseando que ella no tardara en resistirse a su tacto. Fue entonces cuando Akane decidió añadir la motivación adicional a la que sabía que él no podría resistirse. Se llevó las manos al nudo del pareo blanco que llevaba puesto y lo desató, para luego dejarlo caer sobre los brazos de Ranma.
Al levantar la vista, él descubrió con sorpresa que la parte de abajo del bikini de Akane era peligrosamente pequeña. De haber sabido que su compañera estaba usando una tanga roja, jamás hubiera accedido a aplicarle crema solar en las piernas. Pero lo que lo llevó al límite y acabó con su cordura fue un lunar que pedía a gritos ser lamido, besado y mordido. Obligándose a dejar de admirar aquellas nalgas de concurso, y sabiendo que ella había girado su rostro para mirarlo, Ranma levantó la vista y se encontró con la sonrisa de una mujer que sabe muy bien cómo usar sus encantos para seducir a un hombre. Era absolutamente deliciosa y él estaba completamente loco por ella. Y Akane lo sabía. Su sonrisa y su mirada daban a entender a Ranma que ella estaba segura de que había ganado. Pero a él todavía le quedaba un poquito de autocontrol.
—Hace mucho calor, ¿verdad? ¿Por qué no terminas de ponerte la crema mientras yo busco unas botellas de agua en la cocina?
Sin esperar que ella respondiera, Ranma dejó de tocarla, se incorporó y caminó con paso firme y apresurado hacia el interior de la casa.
Sintiendo el ardor de la excitación sexual en todo el cuerpo, Ranma se dirigió al refrigerador para sacar dos botellas de agua. Abrió la suya y de inmediato se bebió casi todo el contenido de una sola vez. Él tenía un gran autocontrol sobre sus impulsos sexuales, sí, pero si Akane continuaba provocándolo de aquella forma durante el resto del fin de semana, más temprano que tarde terminaría rompiendo su promesa.
Akari cerró los ojos al sentir las delgadas manos de Hiroshi acariciar su cuello y cuero cabelludo. Se relajó de inmediato y por un momento se olvidó de su conversación. Estaban en casa de Akari esperando que llegara la comida que habían pedido para ver una película. El chico se había ofrecido a hacerle un masaje mientras ella le contaba acerca de su reunión.
—Las canciones que cantas son muy buenas y además son muy exitosas. —Comentó Hiroshi acariciando el lóbulo de sus orejas.
—Ya sé —contestó ella sin abrir los ojos—, y no es que no me gusten, pero…
—¿Cuál es el problema?
—Que no las escribo yo —dijo con impotencia—, y a veces… siento que no conecto con ellas.
Hiroshi la miró con cariño y le acarició el rostro con la punta de su dedo índice.
—Pero tus fans sí. Les encanta tu música. —Se inclinó hacia abajo y le dio un beso en la frente—. Y a mí me encantas tú.
Ella sonrió y abrió los ojos.
—Ya lo sé, y amo a mis fans porque siempre me apoyan, pero me gustaría conectar con ellos también a través de mi música. De canciones que yo haya escrito.
—¿Crees poder hacerlo? —Dio la vuelta para quedar arrodillado frente a ella. Comenzó a repartir besos en sus mejillas, frente, mentón—. ¿Crees que vayan a gustarles tanto como las de ahora?
Akari se dejó hacer antes de contestar.
—Me gusta pensar que sí. ¿Y tú? ¿Crees que puedo hacerlo?
Él no respondió de inmediato. Se acomodó en el sofá y la atrajo a su cuerpo hasta que ella estuvo sentada a horcajadas sobre él. Se pasó una mano por el pelo, ese que enloquecía a sus fanáticas hasta la histeria, y le acarició los muslos.
—Creo que componer y escribir canciones es muy difícil y no es para todo el mundo. No todos los cantantes exitosos escriben sus propias canciones y no tienen por qué hacerlo para que la gente los respete y los admire. Pero si tú crees que puedes, entonces yo también.
Se aventuró a besar su boca mientras enterraba su mano en su pelo. Con la otra atrajo su cuerpo al suyo. Mientras Akari correspondía a sus besos y caricias, Hiroshi recordó cómo se conocieron.
Akari se había hecho famosa a los trece años, al ser seleccionada para protagonizar una serie infantil y preadolescente llamada Pequeña Bailarina, que contaba la historia de una chica que empezaba la secundaria con grandes sueños, pues no solo era una prodigio matemática, sino que además tenía un gran talento para el baile y la música. La serie fue un éxito rotundo en Asia, convirtiendo a su joven protagonista en una ídolo infantil y adolescente cuya cara estaba en todo tipo de productos: ropa, artículos de belleza, artículos electrónicos, revistas, pegatinas, tazas, toallas, cualquier cosa comercializable. Las niñas se disfrazaban de la Pequeña Bailarina y cantaban sus canciones antes de aprender siquiera a hablar. Todos los padres conocían el rostro de aquella jovencita preciosa y talentosa que hacía suspirar a sus hijos. Incluso aquellos que ya eran demasiado grandes para ser el público objetivo de la serie, se quedaban boquiabiertos al descubrir la voz de Akari, cuya potencia y control vocal parecía el de alguien con más de veinte años de carrera y no la de una chica que apenas unos años atrás había pasado la pubertad.
La serie, como todo lo bueno en la vida, llegó a su final tras cuatro temporadas y una película que fue un éxito en taquilla. Y Akari Unryu, la niña consentida de todos los japoneses estaba convirtiéndose en una mujercita con toda la vida por delante. El mundo no podía esperar para ver cuál sería su siguiente paso, algo que su disquera supo aprovechar: poco antes de cumplir los dieciocho años, su primer álbum un material fresco y juvenil que prometía ser el primer paso para una exitosa carrera en la música pop, vio la luz. Para ese entonces, la chica era tan conocida que no necesitaba de un apellido, así que al igual que otras artistas como Beyoncé o Shampoo, Akari dejó de ser solo su nombre de pila para convertirse en su nombre artístico y en una lucrativa marca internacional.
En ese entonces, Hiroshi, que tenía diecisiete años y todas las ganas de dedicarse a la música, acababa de ser descubierto por la misma disquera de Akari, y estaba en negociaciones para firmar un contrato discográfico y empezar la grabación de su propio álbum. El chico cantaba covers en YouTube, superando los cientos de miles de suscriptores y los millones de vistas. Tenía todo para ser famoso: la voz, el ritmo, el rostro, el físico, el pelo. Era un diamante en bruto esperando ser pulido por una productora con visión y mucho dinero para crear al próximo ídolo adolescente, el Justin Timberlake japonés. Su carrera despegó como un Gulfstream G550.
Akari y él se conocieron en una fiesta de cumpleaños cuando tenían diecinueve años. Tiempo después, el chico describiría aquel momento como «amor a primera vista». Salieron en algunas citas y más pronto que tarde se hicieron inseparables. Cuando su relación se hizo oficial, la prensa rosa estalló en elogios y alabanzas hacia la joven pareja. Se enamoraron perdidamente y se embarcaron en un noviazgo tórrido y apasionado. Por supuesto, no era perfecto, pero era su historia de amor. Un precioso y moderno cuento de hadas. Siempre acababan volviendo. Se habían conocido en un momento en el que cada uno tenía lo que al otro le faltaba.
Ella era la roca y el soporte que él necesitaba en medio de aquel tumultuoso mundo. Y él era la música para la que esa pequeña bailarina bailaba, sin importar el son que le tocara.
—¿Dónde aprendiste a cocinar tan bien?
Luego de un largo rato en el jacuzzi, en el que Ranma evitó a toda costa que su cuerpo entrara en contacto con el de Akane, los dos actores entraron a la casa para preparar algo de comer. Él agradeció que ella volviera a ponerse el pareo tras secarse el cuerpo con una toalla, pues ya era suficientemente difícil no mirarle los pechos como para que encima tuviera que aguantarse las ganas de mirarle el culo.
Como Akane estaba pagando todo —el Airbnb, el coche, la comida— Ranma se ofreció a cocinar todas y cada una de las comidas mientras estuvieran allí, por lo que se puso una camiseta para prevenir cualquier accidente. Ella, que nunca había sido dada a la cocina, accedió contenta. Y ahora estaba disfrutando de unas deliciosas bruschettas con tomate, albahaca, mozzarella fresca y aceite de oliva, mientras Ranma preparaba la salsa amatriciana para la pasta.
—Me enseñó mi exnovia, es una cocinera estupenda. —Ranma añadió un poco de vino blanco al sartén—. Me enseñó muchas cosas, de hecho, pero creo que la cocina es de las que más atesoro. Antes de estar con ella solo sabía hacer arroz y fideos. Ahora sé cocinar muchísimas recetas, pero mis favoritas son las occidentales.
Le explicó que durante su infancia y adolescencia solo había comido comida japonesa o asiática, por lo que cuando finalmente descubrió los manjares de la comida occidental, su vida cambió para siempre.
Akane sonrió.
—¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?
—Cuatro años —respondió—, nos conocimos a los diecinueve años. Para ese entonces, Ukyo ya era una cocinera experta. Siempre le dije que, si la comedia dejaba de dar frutos, podía ser chef.
Ukyo Kuonji era una de las comediantes más exitosas y reconocidas de Japón. Era una de las actrices de Comedia Dominical, un programa de sketches humorísticos que se transmitía en directo todos los domingos desde hacía más de treinta años. También tenía su propio espectáculo de comedia llamado The Kuonji Show.
—No la conozco personalmente, pero siempre me hace reír en Comedia Dominical. Amo su interpretación de la mujer japonesa tradicional y conservadora.
Ranma se rio en voz alta. A él también le encantaba aquella interpretación, porque si había alguien que era lo opuesto a una mujer japonesa tradicional y conservadora, era Ukyo Kuonji. Asintió con la cabeza.
—Sí, es muy talentosa y graciosa. ¿Has visto de The Kuonji Show? Creo que podría gustarte.
—¡Sí, claro! Y una vez fui a uno de sus stand up y me reí demasiado. Fui con otro comediante que también sale en Comedia Dominical, de hecho.
—Tuviste suerte —dijo Ranma mientras mezclaba los tomates con la papada de cerdo y el vino—. No es fácil conseguir entradas, se agotan muy rápido.
—Lo sé. De hecho, quien me las consiguió fue un conocido que también actúa en Comedia Dominical. Hikaru Gosunkugi.
Ranma dejó de prestar atención a la salsa y miró a Akane con interés.
—¿Hikaru Gosunkugi?
—Síp —Akane terminó de comer su bruschetta y se acercó a la olla en la que el agua de la pasta había empezado a hervir—, ¿pongo ya los espaguetis?
Él asintió con la cabeza y vertió una buena cantidad de sal en la olla antes de que ella echara la pasta.
—Mi hermana es su representante —explicó Akane—, de ahí lo conozco. Y bueno... hemos coincidido un par de veces, y una vez fuimos juntos a ver el stand-up de Ukyo.
La conversación continuó con Ranma diciendo que a él Gosunkugi le parecía un tipo rarísimo, pero que debía admitir que disfrutaba de su humor autocrítico y burlón hacia sí mismo. Akane asintió con la cabeza, pero se ahorró la opinión de que ese tipo de humor se le hacía sexy en Hikaru, pues sabía que la gente la miraba como a una extraterrestre cuando usaba las palabras «Hikaru Gosunkugi» y «sexy» en una misma oración.
Cuando la pasta estuvo lista y servida, los dos comenzaron a comer.
—Guau, creo que podrías salvar vidas con esta receta.
Ranma se rio.
—En serio, si alguien estuviera en su lecho de muerte y probara esto, probablemente se curaría de todos sus males y se levantaría como Lázaro. O si alguien estuviera a punto de acabar con su vida, esto le daría las fuerzas para seguir viviendo.
La carcajada de Ranma resonó por toda la casa.
—Oh, debí haber intentado esto en París, entonces —dijo más para sí mismo que para ella, y luego volvió a reír.
—¿El qué? —Ella se mostró confundida y curiosa.
Ranma se dio cuenta de que había hablado más de la cuenta y dudó antes de responder. Bien, no tenía que dar muchos detalles ni mencionar el nombre de la persona.
—Una vez me tocó salvar a alguien de un intento de suicidio.
Akane no dijo nada.
—¿Es en serio?
—Sí, fueron alrededor de cuatro horas… agotador. Pero al menos funcionó. Fue en París, maldita ciudad. —Negó con la cabeza, intentando apartar los recuerdos que tenía de la capital francesa.
Esta vez fue ella quien se rio.
—Oh, dímelo a mí…
Él la miró con atención e interés.
—¿También odias París? ¿Te trae malos recuerdos?
Akane solo había vivido momentos felices en París, algunos de ellos los más importantes de su vida, pero para ella, la ciudad de las luces también era el recordatorio de que un día podías tenerlo todo, y al día siguiente, nada.
—Demasiado buenos, diría yo. —Esbozó una de esas sonrisas tristes que servían para que la otra persona empatizara y entendiera sin necesidad de dar explicaciones.
Ranma comprendió que ella probablemente estaba hablando de alguna relación fallida. Entonces recordó su metida de pata durante la entrevista que hicieron juntos antes de iniciar el rodaje, en la que él mencionó la banda de Ryu Kumon, su exnovio. Se sintió tentado a disculparse con ella por eso, pero pronto se dio cuenta de que la curiosidad pudo más que la prudencia.
—Aprovechando que ya hemos pasado por los traumas infantiles y que ahora estamos en el capítulo de exparejas, ¿puedo saber qué pasó?
Ella no necesitaba que él diera más detalles, pues entendía perfectamente la pregunta. Era la pregunta que todo el mundo quería hacerle, pero que nadie se había atrevido hasta ese momento. Lo que Ranma quería saber, la pregunta que estaba total y completamente prohibida en las entrevistas con ella, la que Akane le asegurado a Nabiki que no contestaría jamás y que se levantaría si alguna vez alguien se la hacía, era «¿qué pasó de verdad? Conozco la versión oficial, la que salió en la prensa, pero ¿cuál es la verdadera historia detrás de aquel inesperado y abrupto final?»
Akane solo se encogió de hombros.
—Hace mucho tiempo dejé de hacerme esa pregunta.
Por enésima vez en los últimos veinte minutos, Akane le dio una mirada suspicaz a su chófer.
Estaban en el Tesla, Ranma conduciendo hacia un destino misterioso del que Akane no tenía mayor detalle. Una hora atrás, el actor le anunció a su compañera que la llevaría a un lugar interesante y especial para pasar una tarde de adrenalina y desconexión. Akane frunció el ceño, pero antes de hacer preguntas, él le explicó que lo había planeado mientras ella reposaba tras el almuerzo.
—Averigüé acerca del lugar y luego hice las llamadas pertinentes. Lo único que necesitas saber es que será divertido y que vas a sudar mucho.
Akane parpadeó un par de veces y alzó una ceja. Luego se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa que a Ranma le pareció sexy.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Y esa sonrisa?
—Oh, solo recordaba la última vez que un hombre me dijo que me iba a hacer sudar mucho.
Se habían pasado todo el día en un tira y afloja constante, por lo que lo que sea que Akane fuera a decir prometía ser interesante. Esta vez fue Ranma quien sonrió y alzó una ceja, esperando que ella continuara. Para su suerte, no se hizo de rogar.
—La última vez que un hombre me dijo eso, terminé teniendo sexo en un sauna. Pero presumo que tu invitación no incluye sexo salvaje, ¿o sí?
Ranma aprovechó que la carretera estaba vacía para mirarla durante varios segundos.
—Me interesa mucho conocer los detalles de esa historia.
Sin borrar su sonrisa, Akane arrugó la nariz y el ceño.
—No te la voy a contar. Lo que sí te voy a decir es que espero que no me lleves a uno de esos cuartos de escape, pero los odio con todo mi ser.
Ranma se rio.
—No es nada de eso, y tampoco te estoy invitando a tener sexo. Pero —esta vez fue él quien sonrió de forma seductora—, es altamente probable que después de verme haciendo lo que vamos a hacer quieras arrancarme la ropa y hacérmelo por horas.
Y ahora estaban a punto de llegar a aquel lugar sospechoso. Quedaba en una parte menos árida del desierto, con una vegetación más verde. Akane estuvo a punto de preguntarle una vez más a dónde la estaba llevando, cuando apareció ante sus ojos la entrada de un rancho: Emerald Ranch.
—¿Lista para cabalgar, vaquera?
—¿Cabalgar?
—Sí, y antes de que tu mente pervertida lo piense, no me refiero a mí, sino a un caballo. Un purasangre listo para ser montado por una preciosa jinete japonesa.
La menor de las Tendo abrió la boca, pero no dijo nada. Ranma la había dejado sin habla, literalmente. Él, al ver que había conseguido dejarla patidifusa, se sintió victorioso.
—¡Oye, Siri, reproduce Cruise de Florida Georgia Line!
Una canción de música country empezó a sonar en el coche, lo que hizo que Akane riera y se llevara las manos al rostro.
—¡Ranma, te odio! —Exclamó sin dejar de reír, pero en un tono nervioso y alterado—. ¡¿Por qué no me dijiste que veníamos a un rancho a montar?! —Se destapó la cara y cogió el borde de su vestido con los puños—. ¡Estoy usando un vestido!
Él la miró de reojo mientras buscaba un buen lugar para estacionar.
—Y uno muy bonito, debo decir. Te deja bien ese color.
—Estoy usando alpargatas blancas, Ranma. —Dijo entre dientes—. No es el calzado apropiado para…
—No te preocupes por eso, Akane. Solo entrégate al momento.
Ella soltó un largo suspiro y asintió con la cabeza, dejándose llevar por la emoción de la sorpresa. No estaba molesta con él por no haberle dicho a dónde iban, pero le hubiera gustado prepararse mejor. Aunque, pensándolo bien, no había llevado a Utah ningún calzado o vestuario apropiado para cabalgar. Tras bajarse del coche, dejó salir una risita divertida mientras negaba con la cabeza. Ranma le pasó un brazo por encima de los hombros y los dos caminaron juntos hasta la entrada de la casa principal.
Veinte minutos más tarde, cada uno estaba listo con su propio caballo. Ranma incluso llevaba puesto un sombrero de vaquero de color caqui que lo hacía ver atractivo y gracioso al mismo tiempo. El encargado les explicó que, dependiendo de sus habilidades, podían cabalgar en el circuito cerrado de media hectárea, o podían recorrer libremente el desierto, siempre y cuando se mantuvieran dentro del perímetro del rancho, el cual se extendía varias hectáreas. Como Akane y Ranma tenían experiencia cabalgando, el pelinegro decidió dar un paseo por la ruta larga.
Los primeros quince minutos, cabalgaron a un ritmo tranquilo, conversando animadamente acerca de distintos temas. La película, el rodaje, sus personajes, el guion, la experiencia de estar en un país completamente distinto al suyo, entre otras cosas. Luego Ranma propuso acelerar el ritmo, por lo que ambos aceleraron y los caballos galoparon con mayor energía, Ranma liderando el recorrido. Akane podía sentir cómo la tela del vestido empezaba a pegársele al cuerpo a raíz del calor y del sudor a medida que pasaba el tiempo.
Después de un rato, hicieron una pausa para hidratarse y darle de beber a los caballos. Contemplaron en silencio el atardecer, que durante aquella época del año parecía tomarse todo el tiempo del mundo. Akane observó cómo Ranma acariciaba a su caballo y lo trataba con mucho cariño y respeto, de la misma forma que lo hacía con su yegua en el rodaje de la película. Miró a su alrededor y pensó en que a ella jamás se le hubiera ocurrido ir de forma espontánea a un sitio como ese. Todas sus actividades estaban meticulosamente pensadas y planificadas, lo cual era bueno, porque a ella le gustaba minimizar los riesgos y sentir que estaba en control de las situaciones en todo momento, pero debía reconocer que saber qué estaría haciendo en todo momento le quitaba algo de magia a la vida.
—¿Recuerdas que te dije que quería ser más como tú?
Ranma, que había estado acomodando la montura, alzó la vista y miró a Akane. Había melancolía en sus ojos y en su tono de voz.
—También de esta forma. —Esbozó una pequeñísima sonrisa—. Ser así de espontáneo… me gustaría poder ser tan libre como tú.
Ella miró al horizonte y Ranma reflexionó acerca de sus palabras. Si Akane quería ser libre, significaba que en este momento lo era, o que sentía que no lo era. Una persona podía querer ser libre si estaba bajo el yugo de otra, pero también podía querer liberarse de las normas y preceptos sociales, del statu quo, del deber ser, de sus pensamientos, de su pasado. De sus miedos.
—¿Qué te detiene?
Los ojos de Akane, que en aquel momento tenían el color del brandy, lo miraron con atención. No respondió. No porque no supiera la respuesta, sino porque se avergonzaba de ella. Era consciente de que el único obstáculo entre ella y el mundo, entre ella y una verdadera y absoluta felicidad, era ella misma. Bajó la cabeza al sentir que los ojos le escocían y que algunas lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos.
Sin decir nada más, Ranma se subió al caballo. Se inclinó hacia adelante y se levantó, adoptando una posición de jinete, con los pies en la mitad del torso del caballo y sin sentarse, como si estuviera de cuclillas. Se sujetó bien al caballo y se acomodó hasta que se sintió en una posición cómoda y segura. Aquello fue suficiente para obtener la atención de Akane, quien lo observó en silencio, olvidando por completo sus ganas de llorar. Intentaba descifrar lo que Ranma quería hacer.
—Bien… así. —Miró a Akane—. Ahora inténtalo tú.
—¿Qué?
—Haz lo mismo que yo. Ponte de cuclillas el caballo y encuentra una postura en la que te sientas estable, como si fueras una jinete verdadera en una competencia de equitación o en una carrera de caballos.
Ella se rio.
—No sé si estable y cómoda son dos palabras que puedan acompañar bien la frase «ponte de cuclillas en un caballo».
Él sonrió, feliz de haberle levantado el ánimo y encantado por su maravilloso sentido del humor.
—Vamos, inténtalo.
Sintiéndose insegura, Akane asintió y se dispuso a imitarlo, consiguiendo adoptar la postura de jinete mucho más pronto de lo que pensó.
—¿Así?
—No sé, tú dime. ¿Estás cómoda y segura?
Akane se rio y negó con la cabeza mientras se acomodaba mejor.
—Creo que ahora sí.
—Bien, ahora vamos a cabalgar, primero despacio. —Ranma cogió las riendas del caballo y las sacudió, haciendo que el animal empezara a moverse—. La razón por la que te pedí practicar la postura del jinete es porque vamos a ir rápido, muy rápido, y la mejor forma de hacerlo es así.
—Tienes una idea muy retorcida de cabalgar.
—Al principio será difícil porque querrás sentarte, pero cuando vayas rápido tu instinto será levantarte —comentó mirando atrás, al notar que ella no avanzaba.
No queriendo quedarse rezagada, Akane volvió a sentarse sobre el caballo y se obligó a ponerse en marcha. Al igual que antes, cabalgaron primero a un ritmo pausado, pero después de varios minutos, Ranma decidió acelerar el galope. Poco a poco, fue aumentando la velocidad, hasta que Akane le gritó para que se detuviera, pues ella se estaba quedando atrás.
—¡Tienes que intentarlo! ¡La sensación de cabalgar así es increíble!
Ella aumentó la velocidad, pero todavía no al ritmo de él.
—¡Increíblemente peligrosa!
—¡Vamos, Akane, tú puedes!
—¡¿Estás loco?!
—¡Muy loco! —Exclamó y después gritó un par de veces, contagiando de adrenalina a su caballo.
Akane lo miró horrorizada, sin bajar la velocidad, pero sin aumentarla.
—¡Te vas a matar!
—¡Entonces haré que valga la pena!
Aquella frase atrapó a Akane de una forma que la sacudió de pies a cabeza.
Ella siempre se había jactado de vivir intensamente, de amar intensamente y de entregarse en cuerpo y alma a lo que hacía. De buscar momentos, ideas y experiencias emocionantes que la inspiraran e hicieran vibrar su corazón indómito. Pero ¿cuándo había sido la última vez que vivió de verdad? ¿Cuándo había sido la última vez que apostó a todas sin importar el resultado de la partida? Recordaba la fiesta de Mikado Sanzenin y su última noche con Taro como momentos emocionantes, pero con una intensidad efímera y una alegría de tísico que olvidaba con facilidad.
Observó a Ranma cabalgar y gritar al viento, como si no tuviera miedo a nada. Él sabía vivir auténticamente, sin sonrisas de relaciones públicas, ni reglas, ni normas corporativas. No era una persona hoy y otra mañana; era él siempre y en todo momento, sin avergonzarse de ser quién y cómo era. No se ocultaba tras respuestas vacías, miradas ausentes o silencios solemnes. Se mostraba tal cual era porque había aprendido a aceptarse y a querer por completo, a sentirse cómodo en su propia piel. Por eso era feliz.
Impulsada por una sensación que creyó haber olvidado, Akane cogió las riendas y también gritó, logrando que el caballo galopara con mayor velocidad. Mantuvo el equilibrio como pudo y pensó en que si se moría ese día, al menos habría valido la pena. Tal y como Ranma había dicho.
Cuando finalmente lo alcanzó, gritó su nombre con una enorme sonrisa.
—¡Ranma!
—¡Akane!
—¡Voy a morir! —Exclamó riendo—. ¡Voy a morir y será tu culpa!
—¡Prometo darte un buen funeral!
—¡Sería mucho más poético que murieras conmigo!
Él volvió a reírse.
Akane sintió el aire del desierto en sus pulmones, la brisa de la tarde sobre su ropa y sobre la piel descubierta de su rostro y sus antebrazos, mientras saboreaba la delicia de aquella carrera hacia ningún lugar. Podía sentir la adrenalina pulsándole las venas, al tiempo que el ímpetu del caballo la impulsaba hacia adelante y la llenaba de energía. Akane sonrió. Su equino galopaba sin saber por qué, sin un sentido o un rumbo definido; lo hacía por puro instinto, porque era lo que debía hacer. Igual que ella.
Aquella tarde, mientras los colores rosa y naranja abrazaban el cielo azul vibrante de Utah, y mientras la voz de Ranma la animaba a seguir gritando, Akane decidió que era el momento de cabalgar más a prisa, de volver a entregarle su corazón a la vida. Sabía que sus miedos seguían allí, no iban a desaparecer de pronto, pero al menos ahora se propondría plantearles la cara.
E incluso si las cosas no salían como ella quería, se encargaría de que al menos la vida valiera la pena.
Elementos de la cultura popular y otras aclaraciones pertinentes:
Slow-burn: un slow-burn es una novela o historia romántica en la que la relación tarda un tiempo en desarrollarse. Se enfoca en el desarrollo de los personajes y sus relaciones a lo largo de la trama, sin buscar la inmediatez. En pocas palabras, es una historia que no intenta apresurarse, sino que toma su tiempo para llegar a los puntos álgidos, usando recursos como desarrollo del arco de cada personaje y hechos interesantes e importantes para la resolución de la trama.
El programa Comedia Dominical está inspirado en Saturday Night Live, un programa estadounidense de comedia emitido en directo, que revolucionó la televisión en la década de los 70 con su combinación de sketches, con actores y músicos invitados.
¡Hola! En este capítulo han pasado muchas cosas, y creo que se ha entendido que ha sido gracias al punto de inflexión del capítulo anterior. Pero vamos por partes.
Desierto salvaje es un slow-burn (arriba la explicación de este concepto), por lo que el romance y la pasión se van construyendo muy a su tiempo. ¿Por qué lo menciono? Porque sé que hasta ahora todos deseaban ver más acercamientos de nuestros protagonistas, así que espero que esté valiendo la pena la espera, aunque sí, lo sé, hay cosas que todavía queremos leer... we'll get there.
Quiero agradecerle a Shojoranko por la preciosa viñeta que ha hecho para ilustrar una de las escenas más bonitas de este capítulo, la cual podrán encontrar muy pronto en mi Instagram y en el suyo. Por lo pronto, y para dar tiempo a que lean el capítulo, estaré subiendo a mi Instagram (themiss_sf) la caracterización de dos personajes que tuvieron su dosis de protagonismo aquí: Hiroshi y Akari, la pequeña bailarina. ¿Qué les ha parecido su personaje hasta ahora? Desde mi perspectiva es muy especial, y es de hecho uno de los personajes más bonitos que he desarrollado hasta ahora.
Aprovecho para comentarles que estamos cerca de conocer qué dicen las cartas de Genma, y también qué pasó con Ryu, pero todo a su tiempo. También sabremos más acerca de ciertos personajes que han sido mencionados en este capítulo pero que por el momento no han aparecido en la historia.
Respuestas a reviews de usuarios no registrados:
Serendipity: me gusta el análisis que has hecho de la escena final, ya que la idea era precisamente que los lectores empaticen primero con ella. Estoy de acuerdo contigo, muchas veces juzgamos a los padres (los nuestros y los de los demás) por los errores que cometen, sin saber que están haciendo lo mejor que pueden con lo que tienen y saben... claro, lo de Genma no tiene nombre, pero en definitiva ser padre debe ser uno de los trabajos más difíciles del planeta. También me encanta lo que has dicho de 'cómo Akane se acerca a él y cómo él se deja querer', porque creo que este capítulo ha sido así. Mil gracias por tu comentario, tan pensado y reflexivo, y también por los ánimos y la inspiración.
AkaneMx: quedó claro que a quien Akane quería en su cama era a Ranma, ¿no? Jajaja.
Jess: aprecio mucho lo que me has dicho, ya que le pongo mucho esmero al desarrollo de cada personaje. Esa es una de las razones por las que a veces demoro en publicar, porque estoy puliendo detalles y haciendo que todo encaje perfectamente con la trama. De la adicción de Ryoga sabrás más, así como también acerca de Ranma, Genma, su relación y las cartas. Espero que te haya gustado la escena de los caballos ;).
Guest: I understand if you don't like or don't get why the stories of the characters are presented the way they are presented, but everything has a point and makes sense with the plot. I do not write drama or create unnecessary drama just because everything has a reason, and this time is no exception. I believe I have mentioned this in the past, but my characters are not perfect, they have flaws, they make mistakes, they do and say things that are dumb or hurtful or wrong. Why? Because they are human. I believe they both need to look at themselves, but I do agree with you that Ranma should do that first before asking Akane to do so.
