Desierto Salvaje
Capítulo VIII:
"Desierto rojo
Cuando regresaron al establo y se bajaron de los caballos, tanto Ranma como Akane respiraban de forma agitada. Sus pieles y ropas estaban cubiertas de sudor y de polvo rojo.
—Gracias.
Antes de que Ranma pudiera preguntarle por qué, Akane lo abrazó, rodeando su cuerpo completamente y apoyando su mejilla en su pecho, en un abrazo genuino y profundo. Ranma le correspondió pasando sus brazos alrededor de su cintura y estrechándola con cariño, dándose cuenta de que aquella era la segunda vez en el día que Akane lo abrazaba de forma cariñosa y espontánea.
—Mañana te voy a llevar a subir una piedra sin arnés de seguridad.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué? —Alzó la cabeza y lo miró.
—Para acercarte a la muerte y que me vuelvas a abrazar así.
Akane se rio ante el comentario y él le guiñó un ojo. Ella contempló sus ojos azules y las gruesas cejas que los enmarcaban. Ahí estaba otra vez esa autenticidad que tanto le gustaba de él.
—Me alegra que no salgas corriendo por cómo huelo. —Bromeó él.
Ella volvió a reírse y aprovechó para observar el estado en el que se encontraban ambos: sudados, llenos de tierra roja y despeinados.
—Digo lo mismo. Además de oler a establo, estoy inmunda.
—Bueno, yo tengo nada qué reprocharte, sino todo lo contrario. —Ranma le pasó un mechón de pelo detrás de la oreja—. Eres una vista tan preciosa como este desierto.
Ella sonrió.
—Si a esas vamos, tú con ese pelo suelto y esa camisa blanca pegada sí que eres una vista maravillosa, Saotome.
Ranma debía reconocer que adoraba los flirteos de Akane, pues solo confirmaban lo que él ya sabía: le gustaba tanto como ella a él. Pero se mantenía firme en su intención de esperar que ella diera el primer paso.
Caminaron hacia el estacionamiento y Ranma se permitió pasarle un brazo por encima de los hombros.
—Buena marca de desodorante —dijo ella, consiguiendo que él soltara una carcajada—, después de toda esta actividad...
—Digo lo mismo de tu perfume. Es exquisito, ¿cuál es?
—Chanel Chance.
Chanel, por supuesto.
—Gracias, ahora puedo comprarlo y ponérselo a mi almohada.
Akane lo miró coqueta cuando llegaron al coche.
—¿Para sentir que duermes conmigo?
Ranma pensó que, si bien no iba a ser él quien cediera e hiciera el primer acercamiento físico verdaderamente significativo, sí podía continuar alimentando su química sexual con flirteos subidos de tono.
Si voy por una, voy por todas, pensó.
—Dormir no es exactamente lo que tengo en mente.
Ella no dijo nada. Lo miró perpleja, pues no se había esperado el comentario. Por supuesto, su imaginación hizo todo el trabajo en cuestión de segundos, algo que Ranma pudo ver en sus ojos.
—Guao —fue todo lo que dijo.
Él sonrió y se encogió de hombros. Volvió a hablar cuando se subieron al coche.
—Pensé que podíamos ser sinceros y decirnos las cosas de forma directa luego de lo que hemos compartido.
—Oh, podemos —comentó ella mientras se ponía el cinturón de seguridad—, no me estoy quejando.
Al ver que ella no decía nada más, Ranma decidió provocarla.
—¿No dices nada?
—Prefiero que te lo imagines.
—¿Así como lo estás haciendo tú ahora mismo?
En un acto inconsciente, Akane se mordió el labio inferior. Pronto se dio cuenta y decidió sustituir el gesto por una sonrisa.
—Exactamente.
Ranma tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad y autocontrol para no besarla en aquel momento. Cada vez era más difícil resistirse a lo que sentía, pero si se había pasado dieciocho años de su vida sin tocar a una mujer, dos días no tendrían por qué representar un problema.
Solo esperaba que Akane no tuviera tanto autocontrol.
Mientras Hiroshi se preparaba para un Instagram Live que pensaba hacer para responder preguntas de sus seguidores, Akari terminó de redactar el correo para su consejero de rehabilitación y lo envió.
Meses atrás, antes de dejar el programa, su consejero le indicó que era importante mantener el contacto para garantizar que Akari se mantuviera sobria y encaminada hacia un estilo de vida más saludable. También le aconsejó ir a reuniones con otras personas que lidiaran con los mismos problemas que ella, e incluso tener a un padrino o madrina que la acompañara y guiara durante su proceso de recuperación.
La cantante no se había tomado en serio ninguno de los dos consejos, pues ella no se consideraba una adicta o una alcohólica porque, en teoría, no lo era. Jamás había sido físicamente dependiente del alcohol o las drogas; las había usado de forma recreativa y en ocasiones para sentirse mejor consigo misma, o para sepultar alguna emoción negativa que no la dejaba en paz. No era una de esas personas que recurría al abuso de sustancias de forma diaria o constante. La única razón por la que había ido a rehabilitación era porque su mánager se lo pidió. Le indicó que, de cara a la nueva gira, le parecía adecuado que Akari fuera a uno de esos programas a los que la gente iba cuando necesitaba un nuevo comienzo. Por aquel entonces, Akari se sentía algo sola y un poco perdida, así que accedió a la petición. Hicieron todo lo posible por mantenerlo al margen de la prensa, y cuando se filtró una parte de la información, el equipo publicitario de Akari se encargó de aclarar que se trataba de un tratamiento de salud mental y que la chica solo estaba cuidándose.
Participar de un proceso de rehabilitación implicaba alejarse de viejos hábitos, pero sobre todo de aquellas situaciones y personas que eran parte del estilo de vida que debía dejarse atrás. Las fiestas de Mikado Sanzenin entraban en esa categoría. Mikado era un DJ japonés de música electrónica y house reconocido internacionalmente que participaba cada año en Tomorrowland y el Ultra Music Fest. Akari había grabado una canción con él y el DJ la invitó a cerrar varios de los conciertos de su gira por Japón, con la canción que tenían juntos, por lo que tomaron algo de confianza. Una noche mientras se relajaban en el camerino tras un concierto, el excéntrico y atractivo disc jockey le preguntó si le gustaría participar de una fiesta privada. Fue ambiguo con los detalles, describiendo con misticismo el evento, pero Akari era una chica avispada, así que no tardó en adivinar de qué se trataba.
—¿Es una orgía?
Mikado soltó una carcajada burbujeante y bebió de su Red Bull antes de contestar.
—Eres un encanto —le dijo mirándola con atención—, me gusta que seas directa. Es una fiesta. Una reunión social para divertirse sin tapujos. Algunas personas eligen compartir sexualmente, otras no. —Se encogió de hombros—. Todo depende de ti. Lo importante es que sepas que no tienes que hacer nada que no quieras.
En efecto, distintas personas —todas famosas y la mayoría del mundo del espectáculo— asistían a la fiesta, pero no todas tomaban parte en el intercambio sexual; podían marcharse o simplemente quedarse y mirar. A su llegada, cada persona elegía un brazalete con su preferencia: blanco, si no deseaba involucrarse sexualmente con nadie; plateado, si prefería personas del sexo opuesto; dorado, si estaba abiertos a interactuar con personas de ambos sexos.
—Habrá comida para estimular y abrir el apetito —explicó Mikado en un tono que hizo pensar a Akari en que el DJ se refería al apetito sexual—, también distintas bebidas para complacer los paladares más finos y exigentes. Y, por supuesto, alguna golosina para activar los sentidos y hacer que todo sea más hermoso.
Akari supo que «golosina» era una palabra bonita para decir «drogas».
Sanzenin repitió que ninguno de los invitados estaba obligado a hacer nada que no quisiera; todo era opcional: comer, beber, consumir alucinógenos y/o estimulantes, mantener relaciones sexuales… cada invitado participaba únicamente en lo que quería. Todavía escéptica, Akari preguntó si, en efecto, había personas que se saltaban alguna cosa.
—La mayoría se suma a todo, pero sí, algunos se saltan la comida. Otros las golosinas. Y hay los que prefieren mirar cómo otros se entregan al placer de la piel. Pero la mayoría entiende y acepta que es la mezcla de todo lo que garantiza la experiencia cúlmine.
Akari no dijo que sí de inmediato, pues aunque la idea le generaba muchísima curiosidad y le parecía emocionante, ella jamás había participado de una fiesta así. Sí, se había emborrachado, pero siempre con sus amigos; había probado la marihuana y alguna otra cosa más, pero nunca drogas pesadas; también había tenido sexo, pero solo con su novio Hiroshi y con otro chico. La propuesta de Mikado era una invitación para cruzar una línea que ella no sabía si estaba lista para cruzar. Sin embargo, tres semanas después, Akari obtuvo la confirmación de algo que ya se rumoraba y comentaba en la prensa rosa: Hiroshi le había sido infiel, no una, sino varias veces, con bailarinas exóticas y otras mujeres a las que frecuentaba durante los conciertos de su gira mundial. El chico lo había negado todo meses atrás, diciéndole a Akari que la prensa quería destruir su carrera, su vida y su reputación. Con lágrimas en los ojos, le dijo que ya habían empezado a lograrlo, tomando en cuenta que su propia novia, la persona que más debía confiar en él, les creía y estaba dudando de él. Alegó que había esperado la traición de parte de cualquier persona, pero jamás de ella. Aquello fue suficiente para que la cantante, con el corazón estrujado y una duda clavada en el pecho, lo perdonara. Meses después, la página de chismes más famosa de Asia publicó fotografías y vídeos cortos muy comprometedores de Hiroshi Tsujitani con distintas mujeres en fiestas, discotecas y sitios de alterne.
La cantante necesitó de algo de tiempo para recuperarse por aquel descubrimiento pero pronto se dio cuenta de que ella tenía derecho a divertirse y a disfrutar de su juventud, sobre todo ahora que estaba soltera. La idea de ser parte de una experiencia como esa no tardó en subirle el ánimo y llenarla de una extraña emoción, como si supiera de antemano que aquellas fiestas estaban hechas justo para ella. Así que buscó el número de Mikado Sanzenin en su móvil y le escribió un escueto mensaje:
«Avísame cuándo es tu próxima fiesta».
Por toda respuesta, Akari recibió un día, una hora y una ubicación. El resto es historia. Se convirtió en una de las invitadas habituales de aquellos eventos, en los que podía divertirse con otras personas jóvenes y atractivas del mundo artístico japonés, además de entregarse al placer sexual en los brazos de chicos guapos (Akari usaba siempre el brazalete plateado, pues solo se involucraba con hombres y no con mujeres).
En aquel momento, Akane estaba viviendo el despecho por el inesperado y abrupto desenlace de su relación con Ryu Kumon. En un intento por levantarle el ánimo, Xiao Taro, su amigo y amante ocasional durante la soltería, decidió consultarle a Mikado Sanzenin si podía invitarla a una de sus fiestas. El modelo asistía de vez en cuando a las fiestas de Mikado cuando estaba en Japón. Sanzenin pareció tan sorprendido como complacido, ya que jamás se imaginó que la enigmática y reservada Akane Tendo pudiera atreverse a asistir a una de sus fiestas; por supuesto, no dudó ni un segundo en confirmarle a Taro que la hermosa mujer era más que bienvenida. Tras obtener el beneplácito del anfitrión, Xiao invitó a Akane a la fiesta y le pidió total y absoluta discreción.
—La primera regla de las fiestas de Mikado es que no se habla de las fiestas de Mikado —le explicó.
Cuando le explicó de qué se trataba, Akane pensó que su amigo le estaba tomando el pelo. Pero al notar que Taro continuaba explicándole todo el protocolo, la actriz se dio cuenta de que aquello era muy en serio. Ella no era tonta y sabía que el mundo del espectáculo estaba lleno de excesos; por supuesto que se intuía que la gente hacía fiestas sexuales y orgías, pero lo que jamás imaginó es que personas que ella conocían participaran de ellas, ¡mucho menos que alguna fuera a invitarla! En otras circunstancias, probablemente se hubiera negado, pero tenía el corazón tan destrozado por el cambio que había supuesto en su vida la ausencia de Ryu, que pensó que aquello era justo lo que necesitaba. Si una orgía con personas famosas no la hacía olvidar su dolor por algunas horas, entonces nada lo haría. Taro, siendo el buen amigo que era, le aseguró que la acompañaría en todo momento y que no se separaría de su lado, salvo que ella se lo pidiera o le indicara que se sentía cómoda sin que él estuviera acompañándola siempre.
Akane y Taro llegaron juntos a la fiesta, que se celebraba en una espectacular y moderna mansión frente al mar en la prefectura de Kanagawa, a una hora y veinte minutos del centro de Tokio. Ella no lo sabía, pero aquella no era la residencia de Mikado Sanzenin, sino una propiedad que usaba únicamente para ese tipo de fiestas y encuentros. Tras cruzar la puerta, los recién llegados fueron recibidos por su anfitrión. Mikado besó el dorso de la mano de Akane y le dijo que pocas cosas lo hacían tan feliz como tenerla allí en su casa. Luego llegó el momento de elegir los brazaletes: blanco, plateado y dorado. Taro eligió el de siempre —dorado— y Akane no tuvo que pensarlo demasiado. Ya estaba allí, así que iría a por todas. Cogió un brazalete del mismo color que el de su acompañante y ambos se adentraron en la elegante vivienda.
La noche transcurrió tal y como Akane se imaginó: probó deliciosos tentempiés, disfrutó de excelentes cócteles, gozó de buena música y de una ambientación diseñada para aumentar la adrenalina y generar expectativa. Se abstuvo, al igual que Taro, de probar la distinta variedad de drogas: ketamina, cocaína, marihuana, éxtasis y poppers; solo consumieron alcohol. Cuando el momento cumbre llegó, Akane había bebido y bailado lo suficiente como para sentirse algo desinhibida, lo cual solo facilitó las cosas. No pensó en Ryu ni una sola vez.
La casa disponía de distintas habitaciones con camas para cuando las actividades sexuales cesaran, pues mucha gente prefería dormir un rato antes de irse. Algunos incluso pasaban allí toda la noche. Una vez más, en las fiestas de Mikado, las personas tenían la oportunidad de decidir por sí mismas.
Casi al amanecer, una semidesnuda y alcoholizada Akane se sentó en una de las tumbonas frente a la piscina del amplio patio elevado, para contemplar las luces azules y violáceas de un alba incipiente. El sonido del mar sirvió para arrullarla y hacerla entrar en un estado de duermevela, del cual salió al escuchar el sonido del agua en movimiento cerca de ella. Abrió los ojos y notó que el sol comenzaba a salir, y que una persona nadaba en la piscina. En principio, pensó que se trataba de su imaginación, pero pronto se dio cuenta de que la persona que nadaba desnuda en la piscina era Akari Unryu, la dulce cantante que inició su carrera en un exitoso programa infantil. Akane esperaba que la temperatura de la piscina estuviera regulada, pues si no esa chica cogería un resfriado. Luego de un rato, la chica salió del agua y envolvió su cuerpo menudo en una impecable bata blanca. Se detuvo cuando pasó frente a la tumbona en la que Akane reposaba, reconociéndola de inmediato.
—¿Eres Akane Tendo?
Ella asintió con la cabeza y Akari la abrazó, diciéndole que le encantaban sus películas y que estaba muy emocionada de conocerla. No se habían percatado de la presencia de la otra en la fiesta hasta ese momento. Charlaron un rato y Akane notó que las pupilas de la cantante estaban demasiado dilatadas. Aquel detalle, y el extraño brillo en su mirada, le indicaron que Akari estaba drogada. La pelinegra sabía que no debía sorprenderse, pero no era fácil enterarse de que una persona tan joven y talentosa consumiera drogas, aunque fuera de forma recreacional.
A partir de ese día y sin saber muy bien cómo, se hicieron amigas.
Akari pensó que su amistad con Akane era lo mejor que le habían dado las fiestas de Mikado, además de noches interminables de placer y diversión. Pero esos días habían quedado en el pasado, y ahora su plan para el sábado en la noche era asistir a un grupo de apoyo.
Suspiró y se dedicó a observar a Hiroshi mientras hacía el Instagram Live, respondiendo a las preguntas de sus seguidores, en su mayoría mujeres. Se veía alegre y tranquilo, como si estuviera pasando un buen momento. También se veía diferente, algo que Akari había empezado a notar hacía poco tiempo. Hiroshi había cambiado. No se refería a los cambios propios de la experiencia y de la madurez, ni a su evolución musical, la cual fue aclamada por críticos y expertos, ni tampoco a sus distintos cortes de pelo o a los tatuajes que ahora cubrían su piel. Era su esencia lo que había cambiado, y aunque ella no quisiera admitirlo, también su forma de comportarse con ella.
Luego de un rato, la chica continuó navegando en Internet y leyendo sobre algunos temas de su interés, hasta que algo que dijo Hiroshi llamó su atención.
—¿Mi próximo viaje? En un par de semanas iré a Hawái con algunos amigos para descansar y divertirnos. Nunca he ido, así que creo que…
La cantante frunció el ceño ante el comentario, pero esperó que su novio terminara el Live para preguntarle al respecto. Para su tranquilidad, solo duró diez minutos más. Cuando se aseguró de que el chico se hubiera desconectado, lo miró fijamente.
—¿Vas a Hawái?
Su novio asintió con la cabeza y le contó quiénes lo acompañarían. Se acercó al tocadiscos que estaba pegado a una de las paredes de la sala para buscar algún disco que escuchar y le contó que estaba emocionado porque deseaba descansar en un hotel en el que se encargaran de atender todas sus necesidades, pero además quería surfear algunas olas.
—¿No tienes cerveza ni whisky, cierto? —Antes del Live, había estado buscando en las alacenas de la cocina de su novia, pero no encontró nada—. Sé que no estás tomando, pero pensé que tal vez tendrías para los invitados.
Akari negó y él suspiró. Cogió un disco de Frank Sinatra y lo colocó sobre el plato.
—¿Cuántos días te vas?
—Diez.
La voz de Sinatra no tardó en sonar de forma clara y nítida, haciendo que Hiroshi sonriera y moviera la cabeza suavemente al ritmo de la música. La mente de Akari no tardó en ponerse a trabajar; su novio había dicho que se iría un par de semanas por diez días… los números no daban.
—¿Eso… significa que no estarás aquí para mi cumpleaños.
Por un instante, la expresión en el rostro del chico cambió. Se olvidó de Sinatra y del maravilloso tocadiscos de Akari para fijar su atención en su rostro compungido y lleno de confusión. Se incorporó y se acercó a ella para cogerle las manos.
—Tu cumpleaños… mmm ¿qué día es? —Frunció los labios—. ¿Me lo recuerdas, plis?
Akari abrió la boca y los ojos con horror, sintiendo un nudo en el pecho ante la sorpresa de que Hiroshi no recordara la fecha de su cumpleaños. El chico soltó una carcajada y tiró de sus manos para pegarla a su cuerpo
—¡Es el trece! ¿En serio crees que se me olvidó? —Volvió a reírse y cogió las manos de Akari para bailar con ella—. Jamás olvidaría ese día, corazón. Lo sabes, ¿verdad?
Históricamente, Hiroshi siempre le preparaba una sorpresa inolvidable el día de su cumpleaños. Cuando cumplió veinte, le organizó una fiesta de cumpleaños que pareció más bien una boda real. A los veintiuno, la llevó a Las Vegas; la sorpresa la tuvo al llegar al hotel y encontrarse con todas sus amigas, a quienes Hiroshi había llevado para la celebración. A los veintidós, hicieron una fiesta en un espectacular yate; justo después de soplar las velas, hubo un espectáculo de fuegos artificiales y ella descubrió que la embarcación llevaba su nombre y que su novio se la había comprado como regalo. Cuando cumplió veintitrés, Akari y Hiroshi habían terminado y él estaba de gira; sin embargo, en medio de uno de sus conciertos y mientras interactuaba con el público, Hiroshi felicitó a Akari por su cumpleaños y le pidió al público que lo acompañara cantándole «feliz cumpleaños». Luego, sin agregar nada más y sin ningún tipo de contexto, decidió cantar una canción inédita que hablaba acerca de estar separado de una persona a la que amas, y de cómo las fechas importantes, como los cumpleaños, eran especialmente difíciles.
Ella mantuvo su semblante serio.
—Dijiste que te vas a Hawái y las fechas coinciden, pensé que…
—No he olvidado tu cumpleaños, pero parece que tú has olvidado que siempre que suena Sinatra, tenemos que bailar.
Esta vez, la chica no tuvo más remedio que sonreír. A Hiroshi le encantaba Frank Sinatra y disfrutaba especialmente de cantar y bailar sus canciones. Ella adoraba escucharlo cantar, pues aunque sus tipos de voz estaban en extremos opuestos —Sinatra era barítono y Hiroshi tenor lírico—, su novio interpretaba maravillosamente las canciones de la leyenda italoamericana.
—¿Eso significa que sí estarás aquí para mi cumpleaños? —Preguntó dejándose guiar por Hiroshi.
Él asintió con la cabeza y continuó bailando.
—No me lo perdería por nada del mundo.
La sonrisa de Akari acompañó la siguiente estrofa de la canción como un anillo a un dedo.
—Yes, you're lovely, with your smile so warm, and your cheeks so soft…
Hiroshi acarició su mejilla con un dedo y luego volvió a cogerle la mano para darle una vuelta grácil y continuar cantando.
—There is nothing for me but to love you, and the way you look tonight.
Akari se rio con Hiroshi mientras éste continuaba guiándola al bailar la canción, sin dejar de cantar en ningún momento. Tomando en cuenta que el año anterior habían estado separados para sus cumpleaños, la cantante pensó que este año seguramente recibiría una gran sorpresa por parte de su novio.
Una que nunca olvidaría.
Al llegar al Airbnb, tanto Akane como Ranma manifestaron su deseo de tomar una ducha. Como solo había un baño, ella le pidió que fuera él primero, pues seguro tardaría menos tiempo, y así ella podía aprovechar para llamar a su hermana Nabiki y responder algunos correos.
En efecto, Ranma no tardó, así que Akane pronto se dirigió a la ducha y él a la cocina para preparar la cena. Mientras ordenaba los ingredientes y empezaba con la preparación de las hamburguesas, Ranma agradeció haber aceptado la invitación de Akane.
Pero luego de un regaderazo y un buen desayuno caliente, su mente funcionó con mayor claridad y por primera vez reflexionó acerca de los hechos de la noche anterior. Akane no había sido grosera ni cruel con él, simplemente había cometido el error de tocarle una tecla que le disparaba recuerdos dolorosos, ¡pero ella ni siquiera lo sabía! ¿Cómo, entonces, iba a evitar hacerlo, si no tenía idea de lo que él había vivido? Ranma entonces comprendió que él había sido injusto con ella y que no podía actuar como si él fuera una víctima de las circunstancias y Akane la única responsable de lo que había ocurrido la noche anterior.
Y además ha venido a invitarme a pasar el fin de semana con ella, para arreglar las cosas…
Él sabía que a veces era difícil encontrar la humildad para acercarse a una persona y reconocer los errores, dejando a un lado el ego y el orgullo. Él una vez se había acercado a ella para disculparse por las bromas, y ella había aceptado sus disculpas de buena manera, incluso ofreciéndole su amistad. ¿Lo correcto no sería hacer lo mismo? Fue así como decidió aceptar la invitación, y lo cierto es que no se arrepentía. Primero, porque estaba siendo una experiencia muy gratificante; segundo, porque así se mantenía ocupado y lejos de las cartas de su padre.
Había leído solo dos de las cinco que Genma le había enviado hasta ahora. No había tenido el valor de leer las otras tres porque las palabras de las dos primeras dolían demasiado. Con cada oración que leía, los demonios de los que había estado huyendo, ahora rogaban por quedarse allí con él. Era difícil no perder el enfoque en un momento cómo ése, así que Ranma hizo lo que solía hacer en situaciones así: se preguntó qué haría el maestro Happosai.
—Penny for your thoughts?
La voz de Akane lo sacó de sus pensamientos. Ranma sonrió al verla aparecer con el pelo mojado y un pijama de pantalón corto y camiseta con elefantes y jirafas. Le gustó que le preguntara qué estaba pensando con aquella clásica frase, en un inglés muy bien pronunciado. Él había aprendido el idioma gracias a la insistencia del maestro Happosai, quien se había empeñado en que el chico estudiara algo más que japonés, una vez hubo firmado su primer contrato como autor. Su mentor insistió en que aquel era un idioma universal que le abriría muchas puertas en el futuro. Ranma no se sentía muy convencido, pero como por aquel entonces no tenía demasiados amigos ni tampoco grandes cosas en las que entretenerse en su tiempo libre, decidió hacerle caso.
—Pensaba en mi padre y luego en mi maestro. —Contestó—. Y eso me hizo pensar en que mi maestro fue un mejor padre que Genma Saotome. —Dejó salir una risita irónica—. Pero supongo que así es la vida, ¿no? ¿Prefieres la carne muy cocida o término medio?
Estaba preparando hamburguesas para ponerlas en el asador. Akane lo observó unos segundos antes de contestar.
—Término medio, gracias. —Notó que Ranma parecía, si no alterado, un poco nervioso—. ¿Es por nuestra discusión de anoche? ¿Por la conversación de hoy? Ranma, de verdad no quise remover viejas heridas, te…
—No te preocupes —la interrumpió—, no es por ti, no es nada de eso. Es solo algo que he tenido en mente los últimos meses.
Ella asintió con la cabeza, pero no pareció convencida, así que él se le acercó y la hizo mirarlo a los ojos.
—En serio, no tiene nada que ver con lo que hablamos hoy. ¿Recuerdas que te comenté que no supe nada de él desde aquella vez que me llevaron a la comisaría?
—Sí, claro.
—Bueno, no mentía. Literalmente no supe nada de él por más de diez años. Hace unos meses me envió una carta y luego varias y bueno, pensaba en eso.
Akane abrió los ojos sorprendida y luego frunció el ceño.
—¿Y qué te decía? En las cartas.
Pero él no estaba listo para hablar de eso con nadie, ni siquiera lo había procesado.
—Aún no las he leído, no sé si quiero hacerlo.
—Entiendo.
Y de verdad lo entendía.
Akane sabía por experiencia propia lo difícil que podía ser enfrentarse a aquello que todavía dolía.
Al día siguiente, se despertaron sobre las nueve de la mañana.
Ranma, fiel a su cometido de encargarse de las comidas, preparó el desayuno para los dos. Luego decidieron armar un rompecabezas y al terminar jugaron varias partidas de UNO mientras charlaban sobre su vida. Akane le contó a Ranma cómo se había hecho famosa, y la emoción que había sentido al recibir aquella llamada que le cambió la vida, en la que le dijeron que era la persona seleccionada para protagonizar la película. También le contó que lo había visto en Chica Curiosa, y que si bien la pareja que él hacía con Shampoo (a quien Akane adoró desde que la vio por primera vez en la serie) le gustaba, quien había robado su corazón era Mousse Seki.
—Tenía una foto de él como fondo de pantalla de mi móvil —confesó entre risas.
—¿En serio? ¿Mousse era tu crush de adolescencia?
Ella asintió.
—Me volvía loca. Esos ojazos verdes y ese pelo negro… suspiraba cada vez que lo veía en la serie como el chico bueno y romántico que era. Tú también me parecías sexy, pero tu personaje era un chico malo, y por ese entonces los chicos malos no eran mi tipo.
Él se rio.
—¿Es este un buen momento para decirte que en la vida real, ni Mousse es tan romántico y tan bueno, ni yo soy tan malo?
Esta vez fue ella quien se rio.
—No hace falta que lo hagas, ya cambié de parecer. —Esbozó una sonrisa seductora.
—¿Ahora sí te gustan los chicos malos? —Preguntó Ranma con coquetería.
—No —respondió ella—, ahora me gustas tú.
No había forma de ser más directa, así que Akane se limitó a esperar que Ranma moviera su ficha. Por toda respuesta, el actor dejó una carta de +4 en la mesa.
—Lo siento, necesitaba cambiar de color.
Ella hizo un gesto dramático y teatral, como si verdaderamente se sintiera ofendida por tener que coger cuatro cartas del mazo.
—Pero, si te sirve de consuelo, tú también me gustas.
—Genial, eso significa que oficialmente hemos vuelto a la adolescencia. —Bromeó ella—. Estamos jugando UNO, diciéndonos que nos gustamos y no haciendo absolutamente nada más. ¡Solo falta que mi padre aparezca con una bebida refrescante y unas galletas! Era su forma de supervisar y ver que todo estuviera en orden…
Ranma volvió a reírse y aprovechó para contarle que de niño admiraba mucho a Soun Tendo, y que de hecho había sido una especie de modelo a seguir para él. Era una lástima que su carrera se hubiera acabado tan pronto.
La tarde continuó con más charla y juegos. Agradecida con Ranma por haber cocinado las últimas comidas, Akane propuso salir a comer a algún restaurante que quedara medianamente cerca. Google arrojó varios resultados y los dos se decidieron por una taquería mexicana que quedaba a veinte minutos en coche. Después de disfrutar de un delicioso almuerzo, hicieron algo de turismo por la zona y luego volvieron al Airbnb. Akane estuvo de acuerdo y entró a la casa para cambiarse, pero se devolvió al recordar que había dejado su bikini colgado afuera desde el día anterior para que se secara más rápido. Se encontró a Ranma destapando el jacuzzi y encendiéndolo sin camisa y descalzo.
El enfant terrible de Japón era un ejemplar masculino con todas las de la ley, con un cuerpazo que le quitaba el aliento a cualquiera. En aquel momento, sin camisa, con el pelo suelto y despeinado, con jeans rotos y descalzo, Akane pensó que era el hombre más atractivo que había visto en toda su vida. Parecía que estaba preparándose para posar para un calendario erótico, o para actuar en una escena de porno gay, de esas en las que los hombres son especialmente masculinos y fuertes.
Cansada de aguantarse las ganas y de esperar a que Ranma diera el primer paso, Akane decidió tomar la iniciativa. No quería pensar en qué película verían o cuál juego de mesa jugarían, porque aquella tarde lo único que deseaba fervientemente era acostarse con Ranma Saotome, y no pensaba dejar nada para la siguiente vez, porque no sabía si la habría. No sería la chica tímida y comedida que por pudor no se entregaba completamente las primeras veces, sino la mujer apasionada y absolutamente desinhibida que era cuando tenía confianza con su pareja.
Caminó hasta él y Ranma solo se dio cuenta de que ella se había acercado cuando la tuvo a centímetros de su cuerpo. Se giró y Akane acortó la distancia entre ellos para coger su rostro entre sus manos.
—Antes no mentía —le dijo seria mientras se alzaba de puntillas—, me gustas.
Él necesitó de algunos segundos para procesar lo que acababa de escuchar. Y lo que estaba sucediendo. En los ojos de Akane ya no había distancia cordial, ni camaradería entre colegas, ni coquetería; ahora era deseo, deseo puro. Fuego. Y él estaba apunto de quemarse.
—Y tú a mí, much…
En el momento en que los labios de Akane se unieron con los suyos, Ranma rodeó su cintura con sus brazos y la abrazó contra su cuerpo, entregándose al beso con la misma pasión con la que Akane lo hacía. Pronto se convirtieron en un torbellino que de brazos, manos y piernas que no dejaban de moverse para tocarse, apretarse, acariciarse y sentirse cada vez de forma más intensa. Akane recorrió la espalda de Ranma con sus manos, deleitándose con cada uno de sus músculos.
—Estoy algo sudado —le dijo él entre besos mientras le levantaba el vestido para acariciarle las piernas y las nalgas, finalmente deleitándose al tocarla.
—No me importa —contestó ella enterrando sus manos en el pelo negro de Ranma.
Aprovechó para guiarlo hasta la mesa de la terraza y lo hizo sentarse. Él obedeció y Akane se sentó a horcajadas sobre él, sintiendo su erección entre sus piernas. Volvieron a besarse y él subió sus manos hasta los hombros de su compañera para deslizar los tirantes de su vestido hacia abajo, dejando ver un sujetador de color blanco. Cuando su escote quedó totalmente al descubierto, Ranma enterró su rostro en los pechos de Akane, llenándolos de besos, mordiscos y lengüetazos. Ella echó la cabeza hacia atrás y suspiró, al tiempo que hacía presión con sus caderas para sentir aún más a Ranma.
—Sabes a crema solar —le dijo mientras lamía desde el inicio de su sujetador hasta su cuello.
Ella se rio por el comentario y por las cosquillas.
—Tú también.
Esta vez fue su turno. Akane pasó su lengua por el cuello de Ranma y la llevó hasta una de sus orejas. Él dejó salir un leve gemido al sentir que ella le mordisqueaba y lamía la oreja. Llevó sus manos hasta la espalda de Akane y desabrochó su sujetador, deshaciéndose de él rápidamente y separándose un poco de ella para mirarla. Al hacerlo, perdió el habla. Subió sus manos y acarició sus pezones con los pulgares, sin dejar de mirarlos fijamente y con una expresión difícil de descifrar. Akane sabía que eran bonitas, se las habían elogiado muchas veces, hombres y mujeres, gays y heterosexuales, pero, ¿sería para tanto?
—¿Te… gustan?
Ranma no dijo nada en los primeros segundos. Luego frunció el ceño ligeramente.
—Tienes —seguía sin despegar sus ojos de sus pechos—, tienes un piercing.
Ah, era eso, el piercing. Sí, tenía uno en el pezón izquierdo. Le contó la breve historia de cuando se lo hizo, casi diez años atrás.
—No tenía idea —comentó él y miró a Akane a los ojos por primera vez desde que le había quitado el sujetador—, no lo había visto.
—Bueno —habló con una sonrisa coqueta—, no voy mostrándolo por ahí
Él volvió a fijar su vista en los pezones de Akane y acarició el izquierdo con dos dedos, como si estuviera inspeccionando la perforación. Como se veía muy serio, ella decidió bromear un poco con él.
—¿Qué pasa? —Cogió su rostro entre sus manos para obligarlo a mirarla—. ¿Eres alérgico a la plata? —Preguntó haciendo referencia al material del piercing—. ¿Eres un vampiro?
Él esbozó una sonrisa y negó con la cabeza.
—No, nada de eso.
Akane entonces contempló una posibilidad que le generó un nudo en el estómago.
—¿No te gusta?
Él se dio cuenta de que ella estaba malinterpretando su sorpresa. La razón por la que se había puesto tan serio y se había quedado sin palabras era porque no se había esperado en lo absoluto encontrarse con aquel sexy detalle.
—Me gusta, me gusta mucho. —Le dio un corto beso en los labios—. Es solo que no lo esperaba.
Jamás hubiera pensado que Akane, tan intachable y correcta, tuviera un piercing en el pezón. Él jamás había estado con una mujer que tuviera uno, así que debía decir que además de estar muy sorprendido, estaba completamente excitado. No podía esperar a devorar sus pezones.
—Te queda increíble.
Con su lengua, jugueteó con el metal y sintió que el cuerpo de Akane se estremecía. Continuó estimulando el pezón y luego pasó al otro, lamiéndolo, mordisqueándolo suavemente y succionándolo, haciendo que ella se cerrara los ojos y se mordiera el labio inferior. La miró desde abajo y vio como los gemidos se escapaban de su boca, aun cuando se mordía el labio.
Así que esto te excita, preciosa, pensó Ranma. Me muero por descubrir qué otras cosas te vuelven loca.
Continuó estimulándola y excitándose cada vez más al disfrutar de su piel y de las sensaciones que generaba en ella. Sin apartar su boca de los pechos de su compañera, bajó su mano para introducirla en la ropa interior de Akane. Ella no se quedó atrás e hizo lo mismo. Cuando logró desabrochar los jeans de Ranma, le pidió que alzara las caderas para bajarlos junto con su ropa interior; fue el único momento en el que él dejó de tocarla y de lamer y besar sus pezones. Bajó sus pantalones y sus calzoncillos y los dejó en la mitad de sus muslos. Akane lo recorrió con la mirada y sintió una punzada de placer entre las piernas al descubrir aquella parte del cuerpo de Ranma que no había visto hasta ese momento, pero que se había imaginado más de una vez. Era un poco más grande que el promedio, algo que la excitó todavía más. Él, por supuesto, se dio cuenta de que a ella le estaba gustando lo que veía, así que esbozó una sonrisa que Akane no notó.
—¿Sabes de qué tengo ganas? —Acercó sus labios a su oreja y le apartó el pelo—. De que nos toquemos al mismo tiempo.
Akane volvió a mirarlo a los ojos, pero no dijo nada; le encantaba que le hablaran en la cama, y descubrir que Ranma era verbal fue tan emocionante, que se le olvidaron las palabras. Sin esperar que ella respondiera, Ranma dirigió su mano a las bragas de Akane y la recorrió, sintiéndola trémula, caliente y mojada. Ella se apresuró a tocarlo también, rodeando su pene erecto con su mano izquierda y masturbándolo despacio al principio. A él le encantó que, si bien Akane no lo tocaba rápidamente, sí lo hacía con firmeza, creando una fricción deliciosa que lo volvía loco y lo hacía gemir. Acercó sus labios a su oreja y susurró con la voz entrecortada:
—Me encanta que estés tan mojada…
La tocaba con dos dedos, estimulando su clítoris con las yemas, ejerciendo una deliciosa presión que hacía que ella moviera sus caderas ligeramente en busca de un mayor contacto.
—Así me pones.
—Y tú me la pones durísima, preciosa.
Atrapó su boca en un beso desesperado y llevó su otra mano a su nuca para hacerlo todavía más intenso, pegando sus frentes y recibiendo en su boca los gemidos de Akane.
—¿Te gusta cómo te toco? Me moría de ganas de hacerlo…
—¿Sí? —Akane lamió sus labios—. ¿Qué más me quieres hacer?
La mente de Ranma fue invadida por tantas obscenidades, que tuvo que detenerse a pensar en una para decírsela.
—Te quiero comer el coño mientras te masturbo.
—¿Y qué más?
Así que también te gusta que te hablen sucio…
—Quiero acostarte boca abajo sobre la cama y follarte hasta que la sientas muy adentro, que me pidas que te dé más, que me digas que te encanta cómo te lo hago…
Aquello fue demasiado. Akane se había aguantado tanto las ganas, que ahora no quería esperar más. Quería sentir a Ranma muy dentro de ella y ver su rostro mientras disfrutaba del placer de hacerle el amor. Se puso de pie y con gran velocidad se bajó las bragas y las dejó en el suelo, para luego volver a sentarse en las piernas de su compañero. Él supo que ella no quería más preliminares, así que la recibió abrazándola completamente y dejando que ella guiara su pene erecto a la entrada de su sexo, acomodándolo para hacerlo entrar completamente. Sabía que lo más seguro sería entrar a la casa, pero Ranma había deseado tanto ese momento que lo único que quería era poseerla inmediatamente.
Cuando él estuvo completamente dentro de ella, los dos gimieron al mismo tiempo. Al principio, ninguno de los dos se movió demasiado, pues estaban descubriendo y disfrutando de cómo se sentía el otro por primera vez. A Ranma le gustó que ella estuviera tan lubricada y a ella le encantó sentir que él la llenaba por completo.
—Esto es mucho mejor de lo que imaginé…
Ella sonrió cuando sintió sus grandes manos acariciarle la espalda.
—¿Sí? ¿Lo imaginaste muchas veces.
—Demasiadas.
Complacida con la respuesta, Akane le mordió el hombro y aprovechó que en aquella postura era ella quien tenía mayor facilidad para controlar los movimientos e inició un lento vaivén que no tardó en volverse rápido. Pero Ranma quería tener el control en aquel momento. La había deseado por tanto tiempo que ahora quería ser él el dominante y hacerle de todo a sus anchas, dictando el paso y sintiéndola derretirse para él. Ya tendrían tiempo para invertir los roles. La sujetó de las caderas y se puso de pie para luego girarse y sentarla, consiguiendo que ella lo rodeara con sus piernas y empezando a moverse contra su cuerpo mientras le apretaba las nalgas. La miró a los ojos y disfrutó de ver cómo su rostro se transformaba por el placer, excitándose cada vez más. No supo si lo que derretía el color ambarino de los ojos de Akane era el calor del desierto o el de las cosas que él le estaba haciendo, pero ver aquella mirada nublada por el deseo lo enloquecía.
—¿Te gusta?
Ella asintió con la cabeza, pero aquello no satisfizo a Ranma,
—Dímelo —aumentó la profundidad de sus embistes—, quiero que me digas que te gusta…
Akane gimió fuerte antes de responder.
—¡Me gusta! —Otro gemido—. ¡Me encanta!
Esta vez Ranma aumentó la velocidad y comenzó a gemir también con ella, los sonidos masculinos mezclándose con los femeninos y con el choque de cuerpos.
—Más...
Él obedeció. Con un movimiento ágil, recostó a Akane sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia adelante, apretando la parte posterior de sus muslos para abrirle más las piernas. De esta forma, las embestidas eran más rápidas y la penetración más profunda.
—Dios…
Ella arqueó la espalda y gimió más alto, haciendo que él apretara su piel con más fuerza, completamente excitado por verla y escucharla así. Subió una de sus manos para recorrer sus caderas, su cintura y apretar sus pechos y notó que ella, aunque menos que él, también estaba sudando. Llevó su mano hasta la boca de Akane, acercando sus dedos a sus labios para que ella los lamiera. Luego introdujo su pulgar en su boca y ella lo chupó mientras lo miraba a los ojos, consiguiendo que esta vez fuera él quien gimiera. Akane estiró un poco las piernas para luego rodear las caderas de Ranma y empujarlo hacia ella, haciendo fuerza en sus glúteos y sintiéndolo aún más profundo. Él entendió que ella quería que se lo hiciera todavía más rápido y más fuerte, así que obedeció y se inclinó sobre su cuerpo para besarla. Si Akane quería sexo salvaje, él iba a dárselo. Le daría todo lo que ella le pidiera.
—Me estás volviendo loca —susurró contra sus labios y le lamió el rostro.
—Y tú a mí, vas a hacer que me corra muy rápido…
Akane llevó su mano a la nuca de Ranma y lo sujetó con fuerza para que volviera a besarla. Movió sus caderas para frotarse contra él y sentirlo muy adentro, sabiendo que si continuaba estimulándose así no tardaría en alcanzar el orgasmo. Pero Ranma no había mentido antes, estaba tan excitado que si no retomaba el control, correría el riesgo de terminar antes que ella, y no era lo que quería para la primera vez. Apoyó sus palmas sobre la mesa y se incorporó, volviendo a la postura anterior: él de pie sujetando las piernas de Akane por la parte posterior de los muslos, debajo de las rodillas. Por instinto, las manos de ella buscaron algo a lo que aferrarse mientras su cuerpo se tensaba, pero solo encontraron la madera de la mesa y no una sábana o un mantel. Ranma se dio cuenta y susurró que le encantaba volverla loca y sentirla tan caliente y mojada.
—Masturbáte —le dijo mirándola a los ojos—, quiero que te corras mientras estoy dentro de ti…
Obediente, Akane acercó su mano derecha a su sexo y comenzó a tocarse mientras él continuaba moviéndose contra ella, sintiendo el cóctel de la adrenalina y la excitación sexual recorrer sus venas como una bomba de tiempo. Aquello estaba resultando ser una completa y absoluta locura. Había fantaseado con acostarse con Akane y muchas veces se había preguntado cómo sería ella en la cama, pero nada se comparaba con la realidad, con tenerla así, acostada en la mesa desnuda y gimiendo para él, sus pechos moviéndose de arriba abajo con cada movimiento, pidiéndole que le diera caña.
Pronto, Akane intensificó el movimiento de su mano y sintió la anticipación del orgasmo invadir su bajo vientre. Ranma se dio cuenta de que estaba a punto de alcanzar el clímax porque sintió su cuerpo empezar a tensarse, pero también porque Akane se lo dijo:
—Estoy muy cerca, sigue… me voy a…
La frase no fue completada, pues Akane ahogó un gemido en su boca. Él se movió un poco más rápido contra ella, sintiendo cómo su propio orgasmo empezaba a asomarse. Sin dejar de tocarse, Akane alzó sus caderas y arqueó la espalda, sintiendo un shock eléctrico sacudir su cuerpo entero, desde los pies hasta la cabeza. La combinación de la estimulación clitoriana con la penetración vaginal estaba siendo tan potente que aquel orgasmo hizo que casi gritara. Segundos después de verla explotar, Ranma salió de ella rápidamente y eyaculó en el suelo de madera de la terraza, cerrando los ojos y sintiendo más placer del que podía recordar en toda su vida.
Akane estiró las piernas, pero permaneció acostada sobre la mesa, jadeante y cansada, recuperándose de la montaña rusa a la que acababa de subir y bajar. Ranma, que se había sentado en la silla para recuperar el aliento, extendió su mano para acariciar los muslos de ella en un gesto cariñoso.
—Espero que esto no deje una mancha permanente…
Akane miró a Ranma sin entender el comentario hasta que él señaló el suelo y ella se incorporó para poder ver la mancha de semen en la madera de la terraza. Ella alzó ambas cejas y solo entonces fue consciente de que lo habían hecho sin protección y de que en ningún momento del acto sexual le había pedido o comunicado que se pusiera un preservativo o que saliera de ella antes de eyacular. Por fortuna, Ranma había sido más consciente que ella y no se había dejado llevar por sus bajos instintos. Tras ver la mancha, ambos se rieron y acercaron sus rostros para volver a besarse. Ella acarició su mejilla con el dorso de su mano. Estuvieron recuperando el aliento durante varios minutos.
—¿Me ayudas a bajar? —Le preguntó Akane, su aliento rozando el rostro de Ranma—. No sé si mis piernas funcionan bien.
Ranma sonrió con picardía y se incorporó para ayudarla a levantarse. Akane se agachó para recoger sus bragas y sintió las piernas un tanto temblorosas y entumecidas por la postura en la que había estado. Él lo notó y volvió a sonreír orgulloso, atribuyendo el cansancio físico de su compañera a su ímpetu sexual. Entró a la casa y buscó toallas de cocina para limpiar el resultado de su apasionado encuentro con Akane, no queriendo dejar evidencia del hecho en la madera de la terraza. Ella ya se había acomodado el vestido, pero Ranma se fijó en que tenía el sujetador en la mano cuando le pasó por un lado para entrar a la casa. Tras limpiar el suelo, volvió al interior de la vivienda y vio que Akane estaba bebiendo de una botella de agua helada, mientras que otra botella reposaba sobre la mesa. Ella la cogió cuando lo vio entrar y se la ofreció.
—No sé si sudé más por el calor o por el sexo —dijo él antes de beber.
Akane se rio.
—Me gustaría pensar que fui yo quien te hizo sudar así.
Él sonrió coqueto y le dio un beso.
—No lo dudes.
Luego de que ambos terminaran el contenido de las botellas, Akane las cogió y las depositó en el cesto de la basura. Después se dirigió al refrigerador y se agachó para sacar el salmón que habían comprado el día anterior para la cena de esa noche.
—Aún es temprano, pero lo voy a dejar descongelando, ¿te parece? —Habló con la cabeza todavía dentro de la nevera.
Sintió la mano de Ranma en su cintura y pensó que se estaba acercando a ella para ver el salmón, pero pronto la giró hacia él para pegarla a su cuerpo y besarla, demostrándole que sus ganas de ella estaban lejos de ser saciadas. Ella le correspondió con el mismo deseo, poniéndose de puntillas y posando sus manos a cada lado de su rostro.
—¿Te apetece una segunda vuelta? —Bromeó.
—Una segunda, tercera, cuarta, quinta… vamos, me apetecen todas las vueltas.
Akane se rio y Ranma volvió a besarla. Sin perder más tiempo, la levantó del suelo y la llevó hasta el cuarto. Esta vez se desnudaron completamente.
Con dedicación, Ranma besó y acarició el cuerpo de Akane, logrando que su compañera dejara salir suspiros y gemidos de placer por segunda vez en el día, hasta que lo atrajo hacia ella en la cama para besarlo en la boca y conseguir que se acostara sobre ella. Esta vez, los preliminares fueron un poco más largos y ambos disfrutaron de tocar y estimular el cuerpo del otro con sus manos y bocas. Ranma volvió a tomar la voz cantante y se posicionó sobre ella, sujetándole las muñecas por encima de la cabeza, hablándole sucio al oído y obteniendo por respuesta gemidos, jadeos y afirmaciones verbales. En sus fantasías, descargaba toda su pasión de forma salvaje e incluso dominante, por lo que aquella segunda vez también agradeció que Akane disfrutara —e incluso pidiera— someterse a su voluntad y fuerza. En algún punto, se preguntó si siempre le gustaría así, o si por el contrario también gozaría de la inversión de roles y de ser ella quien dictaminara los tiempos.
Esta vez, él alcanzó el orgasmo primero y ella le siguió un par de minutos después. Se quedaron acostados boca abajo mirando el techo y con la respiración agitada, como si hubieran estado haciendo un ejercicio físico intenso. Ranma buscó su mano sobre el colchón y la cogió para llevársela a los labios y darle un beso en el dorso. Luego acarició sus caderas y su cintura y entrelazó sus piernas con las de ella. De todas las cosas que le gustaban de él, Akane resaltó dos en aquel momento: que sus manos fueran grandes y que fuera un amante cariñoso. A ella le encantaban los hombres que eran apasionados y salvajes durante el sexo, pero cariñosos y atentos después del clímax, y todo apuntaba a que Ranma estaba en esa categoría.
—Eso estuvo increíble —dijo él sin dejar de tocarla.
—¿Lo de ahora o lo de antes?
—Ambos, me volviste loco
Akane se giró para quedar acostada de lado pero de frente a él. Aprovechó que sus piernas estaban enredadas para rozarlas.
—También tú. No sé si somos unos genios por haber pospuesto esto y haber explotado así, o unos idiotas por todo el tiempo desperdiciado.
Ranma soltó una carcajada y giró la cabeza para besarla.
—Quiero pensar que la primera.
Retozaron un rato en la cama hasta que Akane se levantó para el baño. Cuando regresó, él estaba sentado en la cama esperándola.
—¿Es este un buen momento para pedirte que durmamos juntos hoy, o es demasiado pronto?
Ella volvió a la cama con una sonrisa en los labios.
—Mmmm creo que es muy pronto, es temprano aún…
Ranma intentó darle un empujoncito, pero ella lo esquivó.
—Es broma, sé que no te refieres a la hora. Podemos dormir juntos, pero primero tienes que ser sincero conmigo y decirme si roncas. —Dijo con seriedad.
—Solo si estoy borracho, pero hoy no he bebido nada de alcohol así que estaremos bien.
Ella asintió con la cabeza.
—¿Te ves con fuerzas para jugar otra partida de Monopolio conmigo, o necesitas descansar? Así hacemos tiempo antes de cenar.
Ranma sonrió con arrogancia.
—Me veo con fuerzas para hacer muchas cosas contigo, así que Monopolio no supondrá ningún esfuerzo.
Akane volvió a reír y le dio un beso antes de ponerse de pie para vestirse. Se sentía satisfecha, pero también feliz.
También le gustaban los hombres que la hacían reír.
Akane se despertó por un extraño ruido.
En principio, la actriz prefirió ignorarlo y acurrucarse contra la espalda de Ranma aprovechando que dormían juntos. Pero cuando el sonido se repitió dos veces más, se incorporó extrañada. El sonido venía de la parte de afuera de la casa, cerca de su ventana.
Salió de la habitación en silencio y se dirigió hacia la puerta corrediza que daba a la terraza. La abrió despacio y asomó la cabeza. Como era habitual en las noches y madrugadas en el desierto, la temperatura aún era baja. No vio nada raro, pero el ruido continuaba. Era como si alguien o algo estuviera rasgando la madera. Decidió salir de la casa para inspeccionar el lugar del que venía el sonido. Su corazón casi se le sale por la garganta al girar hacia el asador y encontrarse con lo que parecía ser una lagartija gigante.
—¡Mierda!
El animal, alertado por el chillido y por la presencia de un depredador, reptó a gran velocidad por el desierto, alejándose lo mayormente posible de aquel lugar. Akane respiró profundo y se llevó una mano al corazón, procesando lo que acababa de ocurrir. Un monstruo de Gila había estado intentando acceder al asador, probablemente porque ella y Ranma habían estado demasiado cansados para limpiarlo la noche anterior. La actriz se rio ante el susto y negó con la cabeza para después darse la vuelta con la intención de volver a la casa. Solo entonces fue consciente del espectacular amanecer que teñía todo de rosas y naranjas. Se detuvo en el sitio y contempló el cielo durante un par de minutos. Embriagada ante la imagen que tenía frente a sus ojos, Akane volvió al interior de la casa con prisa. Se dirigió hasta la habitación y se acercó a la cama para despertar a Ranma. Dormía boca abajo y con la mitad del cuerpo tapada por la sábana. Se acercó a él y se inclinó hacia abajo para hablarle de cerca.
—Ranma —su voz era suave y dulce—, Ranma, despierta.
Él se movió sobre el colchón, pero no abrió los ojos.
—Vamos, despierta —posó su mano en su espalda y lo movió suavemente, para luego acariciar su rostro con el dorso de su mano—, tienes que ver esto.
El actor abrió los ojos y pareció algo desorientado al principio.
—¿Qué, qué pasa? —Preguntó más por inercia que por otra cosa.
—Ven conmigo, hay algo que quiero mostrarte.
Al ver que Akane estaba junto a él, se incorporó en la cama todavía medio dormido. Se pasó ambas manos por la cara y el pelo.
—¿Ha pasado algo?
Ella negó con la cabeza, mientras reprimía una sonrisa al ver lo mucho que le costaba salir de la cama por la mañana.
—Acompáñame, solo quiero que veas algo.
Extendió su mano para ayudarlo a levantarse y Ranma la cogió. Sin soltarlo, Akane agarró la manta que se había caído al suelo y lo guió por la casa hasta la puerta de la terraza. Ranma casi preguntó cuál era el apremio, pero pronto absorbió la vista frente a él. Solo le bastaron unos segundos para quedarse sin aliento y comprender la insistencia de Akane por sacarlo de la cama. Los colores del desierto se mezclaban con las luces de un alba que estaba dejando de serlo para dar paso a un nuevo día, creando una belleza inconmensurable. Frente a ellos se imponía el amanecer más maravilloso que Ranma había visto en toda su vida. Se quedaron en silencio el uno junto a la otra, contemplando aquel regalo de la naturaleza. Ella se envolvió en la manta.
—No puedo creer que ayer nos lo perdimos —dijo Akane luego de un par de minutos, sin dejar de admirar la vista que tenían ante sus ojos.
Ranma asintió con la cabeza y sonrió. Aquel cielo utaheño era una maravilla para los sentidos, y el poder compartirlo con Akane lo hacía todavía mejor.
—Ni yo, pero es una pasada.
Por primera vez en varios días, al contemplar los colores cambiantes del amanecer, los dos sintieron que una paz profunda se instalaba en cada vena de su cuerpo, permitiéndoles entregarse al presente y al momento especial que compartían. Ambos estaban descalzos, así que podían sentir la tierra bajo sus pies, y la brisa fría de la mañana acariciarles el rostro y el pelo.
—Te juro —comentó ella—, que es lo más hermoso que he visto en mi vida.
Él se giró para mirarla y contempló su bonito rostro embelesado con aquella vista de ensueño, con todos los colores del cielo reflejándose en sus mejillas y en sus ojos ambarinos, dándole un toque casi místico.
—Sí —dijo Ranma sin dejar de mirarla—, yo también.
Cuando Akane lo miró, no supo si Ranma se refería al amanecer o a ella misma. Apartó la vista y decidió volver a contemplar el cielo, incapaz de sostener aquella intensa mirada por más tiempo, consciente de los distintos significados que podían albergar sus palabras. Permanecieron de pie uno junto al otro por un buen rato, absorbiendo las imágenes y sensaciones que la mañana les regalaba, sin ningún pensamiento en particular, simplemente disfrutando de un momento que siempre se quedaría con ellos.
Estuvieron en silencio tanto tiempo, que cuando Ranma habló, Akane casi dio un respingo.
—Gracias.
—¿Por qué? —Lo miró sin comprender.
—Por invitarme.
Abrió sus brazos como una invitación y Akane sonrió al acercarse a él y dejarse envolver por detrás, su espalda recostada del pecho de Ranma mientras él rodeaba su cintura y apoyaba sus manos en su abdomen. Aprovechando su altura, él ladeó un poco la cabeza y le dio dos besos a Akane, uno en el pelo y otro en la sien.
—Gracias a ti. —Le acarició los antebrazos y buscó sus manos para entrelazar sus dedos.
—¿Por?
—Por hacer que el fin de semana haya sido tan especial.
Él la apretó un poco más y volvió a besarla. Contemplaron el amanecer un rato más, hasta que Ranma se dio cuenta de que ella bostezaba. Era normal, tomando en cuenta que se habían quedado despiertos hasta tarde, charlando y retozando sobre el colchón.
—¿Volvemos a la cama?
Ella asintió con la cabeza y Ranma la tomó de la mano para volver juntos al interior de la casa. Mientras caminaban hacia la habitación, Akane pensó que aquel fin de semana no podía haber salido mejor. Sonrió y se dio una palmada invisible de «buen trabajo» por haber invitado a Ranma. Ya en el cuarto, Ranma se acostó primero y alzó la sábana para que ella entrara a la cama y se acostara frente a él, siendo ella la cuchara pequeña y él la cuchara grande. Se acurrucaron en la cama y Akane se sintió a gusto y muy feliz en aquella posición y en aquella casa, la cual ocuparía a partir de ahora un lugar especial en su corazón.
Justo al lado de Ranma.
Elementos de la cultura popular y otras aclaraciones pertinentes:
El título del capítulo está inspirado en la canción Red Desert de 5 Seconds of Summer.
Padrino/Madrina de Alcohólicos Anónimos y/u otro programa de adicción: un padrino en AA es una persona que ayuda al adicto en su recuperación, especialmente durante los 12 pasos. Generalmente alguien que también fue un adicto, pero que ya está recuperado y se siente cómodo guiando a otros a través de momentos difíciles en sobriedad. Suele ser una persona comprensiva y confiable a quien se puede acudir si la persona tiene problemas asociados a la sobriedad. El patrocinio es una herramienta vital para la vía de recuperación de 12 pasos.
¡Saludos desde los Alpes!
Quiero pedir disculpas de antemano por algún error de tipeo o gramatical, ya que no he tenido tiempo para editar el capítulo ni tampoco para responder a los reviews; sin embargo, no quería retrasar más la publicación del capítulo. Les informo que estaré subiendo a mi Instagram (themiss_sf) una maravillosa viñeta de Shojoranko ;-) . Está lista desde hace varios meses y solo puedo agradecerle por su gran talento y dedicación. ¡Gracias, Shojo! You rock!
Ahora sí, vamos a lo que vinimos: ¿valió la pena la espera? Espero que sí, en especial porque fuimos de cero a cien, de slow burn a vamos con todo en una escena jajaja. La razón por la que ocurrió así es porque, llegado el momento, era evidente que ni uno ni el otro se andaría con demasiados rodeos o contenciones. Aprovecho para comentarles que la intimidad física entre Ranma y Akane servirá para abrir y destapar algunos issues que tiene cada uno. No está de más decir que todavía no hemos visto toda la acción entre estos dos tortolitos.
Finalmente pudimos conocer las circunstancias en las que Akari y Akane se conocieron en la fiesta de Mikado. Diría que es una escena muy contrastante que sirve para conocerlas mejor a las dos, pues a pesar de que ambas estaban en el mismo lugar, cada una vivió la experiencia de distinta forma.
Espero que tengan unas felices fiestas y que el nuevo año venga acompañado de mucha salud, prosperidad y maravillosas historias :) ¡un abrazo!
