Desierto Salvaje
Capítulo IX:
"Cualquier otra parte"
Cuando Akane llegó a su casa en Tokio después de finalizar el rodaje de la película en Estados Unidos, durmió durante catorce horas seguidas. La recta final de la filmación había sido extenuante y demasiado exigente, no solo a nivel físico, sino también emocional. La historia de Kika y Grant en Días de Sombra no era un camino de rosas, sino todo lo contrario.
Durante el clímax de Desierto Salvaje, la primera película de la saga, Grant abandonaba a su pandilla con la intención de reformarse y de dejar de ser un forajido, sintiendo que las historias de Robin Hood ya no compaginaban con su compás moral. Se había dado cuenta de que no podía ser una buena persona si continuaba formando parte de una pandilla que ya no robaba a los ricos para sobrevivir, sino que ahora manchaba sus manos de sangre para obtener riqueza, poder y territorios. Aquella decisión puso un blanco en su cabeza; Archie, quien había sido su mentor, su líder y casi un padre para él, lo tomó como una traición y juró matarlo si volvía a verlo. El joven muchacho se marchó con lo puesto y unas pocas pertenencias, cabalgando en el desierto en busca de redención.
En el punto álgido de Tormenta de Arena, la segunda película de la saga, una violenta pandilla de forajidos invade el rancho en el que Kika vive y trabaja junto a su esposo, matando al ganado y destrozando los cultivos, incendiando la caballeriza como una muestra de poder y sed de violencia, y asesinando a sangre fría al marido de la protagonista, luego de haberlo torturado por horas. La joven mujer corrió con una mejor suerte, ya que su marido, en un intento por salvarla de una inminente desgracia, le rogó para que se escondiera en la parte alta del granero, hasta que pudieran escapar juntos. Él no tuvo tiempo de hacerlo, porque pronto un grupo de hombres irrumpió en el granero. Es en este momento de la película en la que las dos historias convergen, y el espectador descubre que la pandilla que ha destrozado la vida de Kika es la misma de la que Grant huyó.
Días de Sombra, la tercera película, inicia exactamente donde termina el filme anterior: en la madrugada, luego de una larga noche en la que la pandilla de forajidos destroza todo lo que puede y asesina a su esposo, Kika escapa del granero tras coger uno de los caballos, y se marcha de aquel lugar que en solo unas horas dejó de ser su hogar para convertirse en un antro de perversión y espanto. Deambula por el desierto sin un destino claro, mientras las lágrimas que en principio no le dejaban ver nada se secan en sus mejillas. Grant, por su parte, ha encontrado refugio en una cabaña abandonada a su suerte, en la que pretende pasar unos días hasta decidir a dónde partirá. Una noche es sorprendido por uno de sus excompañeros, quien le apunta con un arma en la cabeza, queriendo ganarse el favor de Archie al llevarle la cabeza del apóstata como muestra de lealtad. No es capaz de cumplir su prometido, porque la bala de una escopeta le atraviesa la sien, matándolo en el acto. Kika también ha encontrado la cabaña y ha pensado que es un buen lugar para descansar —o para pegarse un tiro, todavía no lo ha decidido—, pero no espera encontrarse a dos pandilleros enfrentados; sabe que lo son porque ambos portan en la piel un tatuaje con el símbolo de la misma pandilla que se ha cargado a su esposo, su casa, su vida. Decide matar primero al que tiene el arma, ya que parece el más retorcido de los dos; al otro, al de pelo largo y ojos azules, le perdonará la vida solo unas horas, con la intención de interrogarlo. Es en ese momento en el que los destinos de ambos protagonistas se unen por primera vez, dando paso a una alianza marcada por la necesidad, la desconfianza, el resentimiento, la venganza, la culpa, y, finalmente, la redención.
Akane recordó lo difícil que había sido concentrarse y conectar con su personaje para algunas escenas, mientras intentaba descifrar mejor a su personaje. Ranma la había ayudado y era consciente de que ella también a él. Habían trabajado juntos varias de las escenas antes de filmarlas, con el objetivo de encontrar las emociones más genuinas y auténticas para aquellas escenas más desgarradoras, como la última de la película. Había sido un camino emocionante y difícil, pero ahora que la filmación había terminado, cada uno debía enfocarse en sus próximos proyectos. Así era el trabajo de los actores, tan pronto como una película terminaba, otra iniciaba. Algo muy similar ocurría con los romances de rodaje, aunque en el caso de su amorío con Ranma, el asunto era un poco distinto.
Su fin de semana juntos no solo había servido para arreglar las cosas entre ellos, sino para descubrir en el otro un gran confidente y un mejor amante. Volvieron al hotel y continuaron con el rodaje de cara al equipo como si nada hubiera ocurrido, pero sintiendo la química entre ellos más fuerte que nunca, compartiendo miradas de complicidad y buscando el roce y el contacto físico con el otro en cualquier oportunidad posible. No queriendo arriesgarse a que lo que había pasado entre ellos se hiciera público, decidieron mantener un bajo perfil y evitar encuentros íntimos durante lo que quedara de filmación. Por supuesto, compartieron uno que otro beso furtivo que sirvió para que cada uno tuviera claro que las ganas que se tenían estaban lejos de ser saciadas.
El día antes de regresar a Estados Unidos, acordaron hacer tiempo para el otro y quedar antes de que Akane se marchara a Okinawa para la filmación de una nueva serie en la que participaría.
Akari se despertó sin demasiada energía aquella mañana.
Era su cumpleaños y por lo general salía de la cama pletórica y con ganas de hacer mil cosas. Sin embargo, aquel día la historia era otra, pues se había pasado la mitad de la noche en vela esperando que Hiroshi apareciera, como él mismo le había asegurado días antes. Pero el chico no dio señales de vida. No solo no le había escrito ni llamado en ningún momento, sino que además no le contestaba los mensajes ni las llamadas. Eran apenas las nueve y media de la mañana, pero Akari empezó a anticipar un plantón.
La primera llamada que recibió aquel día fue de Picolet Chardin, su mánager, quien tras felicitarla le informó que las canciones que ella había compuesto no serían incluidas en su nuevo disco. Akari lo bombardeó con preguntas para entender por qué no podían añadirlas al disco. ¿Es que acaso no eran lo suficientemente buenas? ¿Les faltaba algo? Y de ser así, ¿qué? ¿Era la letra, era la música? ¿Había algo que pudieran hacer para incluirlas?
Solo recibió respuesta a la última pregunta: «no hay nada que podamos hacer, lo siento. Es una decisión tomada. Tu madre está anuente».
Akari sintió rabia al escuchar aquello. Su madre. Siempre su madre. Metida en absolutamente todas las decisiones importantes de su vida. A veces sentía que su carrera artística no era suya, sino de su madre. Colgó el teléfono de mala manera y se dirigió al baño para darse una ducha y alistarse, pues sus amigas le habían organizado un brunch de cumpleaños. Sintió ilusión al pensar en reunirse con ellas, pues sabía de antemano que el evento le subiría el ánimo. Además, Akane estaría allí, así que eso también la emocionaba, ya que tenía tiempo sin verla. La actriz le llevaba algunos años, pero no significaban nada para la bonita amistad que habían formado.
Varias horas más tarde, Akari volvió a su casa, llena de obsequios, recuerdos agradables y fotos nuevas en el móvil. De todos los regalos, el que más le gustó fue el de Akane: un rompecabezas de 4,000 piezas con la imagen del desierto de Utah. Uno de los hobbies de la cantante era armar rompecabezas imposibles, pues era algo que había empezado a hacer con su padre de niña y que le había quedado como un pasatiempo. Pasaba épocas en las que no armaba ninguno, pues Hiroshi rechazaba la actividad, pues no comprendía cómo una persona podía pasar tanto tiempo en una «estupidez como esa». Akari, al ver que él no entendía el origen del hobbie y la paz que le daba, prefería no compartir su pasatiempo con él para no tener que darle explicaciones.
En su habitación, buscó el control remoto y encendió el televisor. Éste le mostró un canal de farándula y entretenimiento que ella solía ver para quedarse dormida o cuando quería tener un sonido de fondo mientras hacía otra cosa. Poco a poco sacó los regalos de las bolsas y cajas y se dispuso a guardarlos. Al terminar, se dedicó a responder los mensajes y las felicitaciones de cumpleaños, hasta que algo en el noticiero de prensa rosa llamó su atención. La presentadora que narraba el programa comentó que los paparazzi habían pillado a Hiroshi Tsujitani en un aeropuerto con una atractiva y famosa modelo estadounidense. Mientras la voz en off de la periodista contaba que el chico había pasado algunos días de vacaciones en Hawái, las imágenes mostraban al cantante usando lentes de sol en el interior del aeropuerto, intentando cubrirse el rostro con la mano, caminando junto a su guardaespaldas. Otras imágenes lo mostraron hablando animadamente y abrazando a la modelo a quien Akari reconoció de inmediato. La chica no dio crédito a lo que veían sus ojos, y una pequeña parte de ella creyó que aquello debía ser una confusión, un malentendido, una de esas cosas que no son lo que parecen.
No hagas cosas buenas que parezcan malas.
La presentadora volvió a aparecer en la pantalla y contó algo que terminó por fulminar a Akari.
—La prensa abordó a la modelo y al cantante por separado, para conocer si estaban viajando juntos. Adams no dijo palabra alguna y simplemente se limitó a ignorar a los paparazzi, pero Tsujitani dedicó unas pocas palabras a quienes lo cuestionaban.
El programa volvió a mostrar las imágenes de Hiroshi caminando de forma apresurada, esta vez saliendo del aeropuerto, siendo interrogado por algunos paparazzi.
—¡Hiroshi! ¡Hiroshi! ¿Viajaste con Vanessa? ¿A dónde fueron? ¿Estás saliendo con ella? —En principio, el chico no respondió a ninguna pregunta, hasta que otra persona lanzó una distinta—. ¿Es tu novia?
—No es mi novia. —Respondió él sin mirar a la cámara y se acercó a una SUV negra que lo esperaba afuera del aeropuerto.
—¿Estás saliendo con ella? ¿Son amigos?
—No tengo novia, estoy soltero. —Abrió la puerta del coche—. No salgo con nadie.
La noticia continuó durante un par de minutos más, pero Akari dejó de prestar atención porque lo único que podía escuchar era el sonido de su corazón rompiéndose. Otra vez.
No tengo novia, estoy soltero.
No salgo con nadie.
No tengo novia.
Estoy soltero.
Akari sintió que le faltaba el aire y que el nudo que tenía en el estómago se estaba convirtiendo en un hoyo negro que amenazaba con arrastrar todo su ser hacia un vacío profundo. Hiroshi la había lastimado muchas veces, pero jamás se imaginó que volvería hacerlo de aquella forma. ¿Yéndose de viaje con otra mujer días antes de su cumpleaños? ¡Y encima negando que ellos estuvieran en una relación, cuando él mismo le había rogado a Akari por volver con ella! ¿Por qué le hacía esto? ¿Por qué le decía que la amaba y le prometía que estaría con ella siempre, para luego hacerle un desplante como aquel en televisión nacional?
Sacó su celular y lo llamó. Un tono, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Buzón de voz. Akari repitió la acción al menos siete veces más, hasta que decidió dejarle un mensaje de voz. Intentó calmarse, pero como le fue imposible, decidió decirle todo lo que tenía entre pecho y espalda mientras sollozaba. Le espetó que jamás volvería a confiar en él por haberla usado, por haberle mentido y por haberla traicionado de aquella forma tan ruin; le dijo que jamás encontraría a nadie que lo amara como ella, porque ella era la única idiota capaz de creer que había algo bueno dentro de una persona tan terrible como él, y porque él no merecía que nadie lo amara, porque solo se amaba a sí mismo.
Tras enviar el mensaje, Akari lanzó su móvil al otro lado de la habitación y se acostó en su cama sin poder dejar de llorar, sintiendo que le apretaban el corazón una y otra vez hasta exprimirlo. No entendía por qué Hiroshi era capaz de hacerle tanto daño, no cuando ella seguía volviendo a él, una y otra vez, demostrándole que, a pesar de todo, lo amaba y estaba dispuesta a perdonarle todo. No importaba cuántas veces Hiroshi se equivocara, ella sabía que él no era perfecto y que tal vez necesitara hacer ciertas cosas antes de darse cuenta de que ella era su verdadero amor, de que era la única persona que lo aceptaba tal y como era, que lo quería con sus virtudes y sus defectos, que no esperaba nada de él que no fuera su amor incondicional… porque es lo que hace el verdadero amor, según le había dicho su madre. Todo lo aguanta, lo supera, lo perdona… era lo que había hecho con su padre, lo que le había enseñado a Akari.
Pero ¿cómo podía ser amor si dolía tanto? ¿Cómo podía una persona lastimar a otra tantas veces si la amaba? ¿No se suponía que debía protegerla, cuidarla, tratarla bien? Ella jamás haría nada para lastimar a Hiroshi de forma intencional precisamente porque lo amaba. Y aun así él…
Abrazó su almohada y ahogó los sollozos, sintiendo como la tela se empapaba a medida que las lágrimas salían de sus ojos a borbotones. Lloró por el dolor que sentía en el corazón, pero también por la rabia y la decepción de haber creído en él una vez más. Lloró por todas las veces que se juró a sí misma que no lo perdonaría y que no volvería a caer. Lloró porque sintió que nunca dejaría de sentir aquel dolor horrible que la mareaba y enloquecía a partes iguales.
Lloró por tanto tiempo que eventualmente se quedó dormida.
Ranma llegó puntual al apartamento de Akane, con una bolsa de comida habían dado en el restaurante. Ella lo recibió con un abrazo corto y un beso en la mejilla, y lo hizo pasar hasta el comedor, en el que ya estaba puesta la mesa. Era la primera vez que se veían y pasaban tiempo juntos desde que llegaron a Japón días atrás, y habían quedado para cenar comida tailandesa y Akane propuso que fuera en su piso, para evitar ser vistos por paparazis. No es que le diera vergüenza que la vieran con Ranma, pero si podía retrasar los rumores y las especulaciones para proteger su intimidad y la de su compañero, lo haría.
De lo que había visto hasta ahora del apartamento de Akane, al pelinegro le gustó mucho una pared que estaba llena de fotografías enmarcadas, que parecían de mil épocas distintas. Como empezaron a comer casi de inmediato, no pudo prestarles demasiada atención. Charlaron acerca de lo delicioso que era volver a casa y dormir en tu propia cama luego de muchos días fuera, hasta que Akane bufó y comentó que pronto tendría que empacar otra vez porque se iría a Okinawa.
Ranma dejó de comer y la miró con el ceño fruncido.
—¿Okinawa?
—Síp —dijo ella y se limpió las comisuras de los labios con una servilleta—, iré para la filmación de mi nueva serie, ¿recuerdas que te hablé un poco de ella?
Él alzó ambas cejas.
—Sí, pero no sabía que era allá. Tampoco me diste tantos detalles, solo me dijiste que es una comedia negra acerca de un crimen, ¿no?
—Sí, es un crimen que ocurre durante un viaje familiar a un resort en Okinawa. —Sonrió—. El guion es una pasada, Ranma. Es un humor demasiado inteligente.
Akane le contó un poco sobre la trama, sin revelar demasiado, y él intentó adivinar algunas cosas, aunque sin éxito. Él también le habló acerca de sus próximos proyectos y le confesó algo que solo sabía Kuno, su agente:
—Mi amiga Shampoo me pidió que apareciera en el vídeo de su próximo single.
Akane dejó de comer de inmediato y lo miró con la boca entreabierta. Él, al ver su expresión patidifusa, ladeó la cabeza y sonrió.
—¿No dices nada? Pensé que te gustaba Shampoo.
—La amo —dijo ella después de varios segundos—, mi silencio es una mezcla de envidia y sorpresa.
Él dejó salir una carcajada.
—¿Envidia? Si quieres salir en uno de sus vídeos, puedo hablar con ella. —Comentó de forma casual—. Te la puedo presentar. Es más, si quieres puedo llamarla ahora mismo…
Dirigió su mano al bolsillo de su pantalón y Akane abrió los ojos de forma exagerada.
—¡No, no, no, no! ¿Cómo se te ocurre? ¿Estás loco? ¡No, no, no! —Se puso de pie y le quitó el móvil a Ranma—. No la puedes llamar para pedirle eso, ¡va a creer que soy una fanática loca y desesperada!
Ranma, al ver su reacción, se cruzó de brazos y la miró divertido.
—¿Y no lo eres?
Ella pareció resignada. Bajó los hombros y se sentó sobre la mesa, frente a él.
—Sí, lo soy, pero ella no tiene por qué saberlo…
Él volvió a reírse y le contó que Shampoo era una persona realmente simpática y agradable, no una estrella inalcanzable en el firmamento. A Akane casi le brillaron los ojos; siempre era bueno enterarte de que tus ídolos, además de talentosos, eran buenas personas. Le contó a Ranma que había ido al menos a un concierto de cada uno de sus tours desde que la chica inició su carrera musical, y se puso de pie para ir hasta la pared en la que tenía fotos enmarcadas.
—Mira, éstas son de su último tour.
Ranma se puso de pie y la acompañó, finalmente deleitándose con todas las fotos que adornaban casi una pared entera.
—Amé ese tour —dijo él—, creo que ha sido el mejor.
—¿Tú también vas a sus conciertos?
Él asintió y se fijó en otras fotos que parecían mucho más viejas.
—Claro, por lo general al inaugural o al de clausura, que casi siempre son en Tokio. —Frunció el ceño—. ¿Cuántos años tenías aquí?
Akane se fijó en la foto que Ranma señalaba.
—Ahí, creo que veintiuno o veintidós… ese fue el tour en el que llevaba orejas de gato, ¿te acuerdas?
Sí, lo recordaba. De repente, una foto le llamó la atención. Era un retrato grupal en el que además de Akane aparecían Ryoga, otras dos actrices que Ranma reconoció, y un hombre alto cuya cara estaba cubierta con una calcomanía del Hombre de Malvavisco, el personaje de Los Cazafantasmas. Al actor le pareció un hecho curioso y extraño al mismo tiempo, porque no se trataba de una edición digital, sino de un sticker pegado de forma manual encima de la foto.
—¿Quién es el desafortunado que corrió con la mala suerte de que su cara fuera cubierta con una calcomanía?
Akane, que había estado mirando con nostalgia y felicidad las fotos de su pared, miró a Ranma. Luego posó sus ojos en la única foto en la que una persona tenía la cara tapada.
—Ah, ese es Ryu. Mi ex.
La mención del susodicho hizo que él la mirara con atención.
Ranma nunca había sido una persona prudente o discreta, por lo que una de las cosas que más apreciaba de Tatewaki Kuno era que lo preparara para evitar meter la pata, tocar temas sensibles y entrar en terrenos fangosos de los que podía salir muy mal parado. Y precisamente, su representante le había pedido encarecidamente que por favor no se le ocurriera hacerle preguntas a Akane acerca de Ryu Kumon, su exnovio, ya que se había enterado por Nabiki Tendo, la hermana mayor y representante de su compañera, que la chica prefería no hablar del tema en ninguna circunstancia. Él, que era un chismoso por naturaleza, aprovechó el fin de semana que pasaron juntos en Utah para preguntarle a Akane qué pasó con él, a lo que por toda respuesta ella dijo «hace tiempo que dejé de hacerme esa pregunta».
—Realmente me gustaba la foto, así que no quería quitarla de la pared. —Explicó ella y se sentó en el apoyabrazos del sofá—. Y como Ryu no está en ninguna de las esquinas, no podía cortarlo, así que simplemente le puse esa calcomanía y ya.
Ranma asintió con la cabeza y no agregó comentario alguno, sintiendo que la curiosidad lo carcomía por dentro, preguntándose qué pudo haber pasado para que la pareja perfecta de la farándula japonesa se hubiera separado.
—Él no quiso.
Ranma no la miró, inmerso en las fotografías que miraba y en sus pensamientos, sin imaginarse que las respuestas a tus preguntas serían respondidas en segundos.
—¿Quién no quiso qué?
—Ryu. —Contestó Akane—. El otro día me preguntaste qué ocurrió entre nosotros.
El pelinegro pronto se dio cuenta de lo que estaba pasando. Intentó parecer casual y la miró de reojo, queriendo poner toda su atención en ella, pero temeroso de que al hacerlo, Akane se inhibiera y decidiera no contarle nada.
—Sí, recuerdo haber leído que se separaron de forma amistosa.
—Bueno, no fue verdad. —Akane llevó sus manos a sus muslos. No supo qué fuerza del universo la hizo abrir la boca y confesar, pero fue algo tan fuerte que no pudo evitarlo—. Nada de lo que salió en la prensa era cierto. La boda se suspendió porque Ryu no quiso casarse. —Era como si la presencia de Ranma la invitara a ser sincera y a decir todas aquellas cosas que de otra forma jamás se atrevería a decir en voz alta a nadie. Ni siquiera a ella misma.
Ranma la miró sin decir nada, atónito ante aquella inesperada confesión, estudiando sus gestos y expresiones. No se veía alterada, triste o nerviosa; estaba tranquila, con la expresión de alguien que rememora un recuerdo no grato.
—Todo lo que salió en las noticias fue planeado por mi hermana y por el representante de Ryu. —Dejó salir un suspiro—. Y la razón por la que ocurrió así es porque yo no soportaba que la verdad se supiera. —Hizo una pausa—. La idea de que el mundo se enterara de lo que realmente pasó era inconcebible para mí, porque de alguna manera sentía que… que el dolor sería mayor y que jamás podría con él.
Akane no había podido admitir que la razón por la que su boda con Ryu fue cancelada fue porque su prometido le confesó en una llamada telefónica que no quería casarse porque tenía dudas acerca de sus sentimientos hacia ella. Ni siquiera Kasumi o su madre lo sabían, ni tampoco ninguna de sus amigas. Solo Nabiki supo la verdadera razón, y no porque Akane quisiera contárselo, sino porque al ser su representante, era importante que lo supiera de cara a su imagen pública.
Antes de continuar, Akane se bajó del apoyabrazos y tomó asiento en el sofá, haciendo que Ranma la imitara, cogiendo uno de los cojines y poniéndolo en su regazo. Se sentó cerca de ella y se dispuso a escucharla atentamente.
—Tres días antes de nuestra boda, él me dijo que no se podía casar porque creía que ya no me amaba. —Akane se ahorró los detalles de la conversación, su reacción y todas las emociones desatadas por aquella llamada—. Me tomó días poder volver a ser una persona normal después de eso, meses pensar en él sin llorar, y puedo decir que me ha tomado años superar lo ocurrido. Incluso hay días en los no sé si lo he perdonado todavía.
Tras decir aquello en voz alta, Akane sintió que era más fácil respirar. Al parecer, la gente tenía razón: hablar de las cosas difíciles sí les quitaba peso. Pero ¿estaba lista para gritárselo al mundo? No, porque prefería mantener su vida privada alejada del ojo público, pero ya no dolía hablar del tema y de hecho podía abordarlo con la tranquilidad de saber que ya no estaba enamorada de Ryu. Sin embargo, era consciente de que una parte de ella no estaba en paz con él, porque el dolor transformado en rencor era más difícil de dejar ir. Pero hablar de ello hacía que fuera más fácil.
Solo cuando Akane se quedó en silencio, Ranma pudo hilar pensamientos con respecto a lo que acababa de escuchar. Al igual que el resto del mundo, Saotome estaba al tanto de la relación Kumon-Tendo; los dos artistas eran discretos con su vida personal, pero el mundo entero sabía que tenían una sólida relación de pareja por las fotografías de los paparazzi y por los eventos públicos a los que asistían juntos, desde alfombras rojas, estrenos de películas, conciertos, hasta premiaciones. Muy por encima y sin entrar en detalles, se dedicaban palabras de respeto, cariño y admiración en entrevistas, aunque sin ser demasiado expresivos para evitar preguntas invasivas sobre su relación.
—¿Y cómo te sentiste?
Tras enunciar la pregunta, Ranma se sintió un completo idiota. Como uno de esos reporteros que, en medio de una tragedia, le preguntaban por su estado de ánimo a la persona que acababa de perder su casa o a su familia. Aquello era, si no un acto de sadismo, uno de insensibilidad profunda.
—Quiero decir, tú lo amabas, ¿verdad? —Idiota, pensó. Obviamente lo amaba, estaban prometidos—. Mi pregunta es… ¿cómo…? ¿Qué te…? Se supone que ustedes eran una pareja estable, que se amaban, que iban a casarse. ¿Cómo fue que…?
Akane, siendo una persona intuitiva, creyó entender lo que Ranma quería saber.
—Si lo que quieres saber es qué pasó en el camino o qué lo hizo cambiar de opinión, no tengo idea. ¿Y qué sentí o cómo recibí enterarme de que el hombre que amaba no sentía lo mismo por mí? Como un disparo en el pecho, como si me estuvieran arrancando un brazo o una pierna, como si alguien sujetara mi cabeza y la sumergiera en agua helada hasta que ya no pudiera respirar. —Explicó—. No lo podía entender ni tampoco aceptar porque el dolor y la confusión eran demasiado grandes. No podía entender qué había pasado, o en qué momento había dejado de amarme. Y además de no poder entenderlo, no quería hacerlo… porque me daba terror pensar en que yo tenía la culpa.
El silencio se hizo entre los dos mientras Ranma asentía con la cabeza y digería la respuesta que su compañera le había dado. Le costaba imaginarse un escenario así, en el que de la noche a la mañana perdiera la solidez, seguridad y felicidad de la relación más importante de su vida, sin ninguna explicación.
—Debes pensar que estoy loca por haber tocado este tema de la nada.
Ranma tardó unos segundos en reaccionar al comentario. Primero, la miró con atención; luego, cuando notó que ella parecía avergonzada y que tenía una pequeñísima sonrisa en los labios, no pudo evitar replicar el gesto.
—No pienso que estés loca. En realidad, agradezco que me lo cuentes —intentó restarle importancia al asunto para que ella no se sintiera incómoda—, principalmente para saciar mi sed de chisme y prensa rosa, pero también porque sé que no es fácil compartir estas cosas, así que agradezco que tengas la confianza de decírmelo.
Akane se rio por lo de «las ansias de chisme», haciendo que Ranma ampliara su sonrisa. Le gustaba ver que, incluso cuando hablaban de las cosas difíciles, ambos eran capaces de reírse de sí mismos.
—Sería bastante hipócrita de mi parte juzgarte o pensar que eres una loca, cuando yo a la primera de cambio te conté que mi padre me maltrataba. —Extendió su mano y le acarició la rodilla—. No quiero presionar el tema, pero ¿volviste a verlo después de esa llamada?
Ella negó con la cabeza.
—No, nunca más volvimos a coincidir. Casi un año después de haber terminado, Ryu me contactó para que nos viéramos y charláramos en plan amigos, pero yo no quise. Esa llamada me rompió el corazón una segunda vez porque fue la muestra de que, mientras yo luchaba todos los días contra los recuerdos de nuestra relación y con el deseo de estar con él, él había seguido adelante al punto de estar dispuesto a ser amigos.
Akane negó con la cabeza al recordar que, a partir de ese momento, el dolor se transformó en resentimiento. Y en su experiencia, el resentimiento te carcomía más que el dolor.
—¿Te has vuelto a enamorar después de eso?
Ranma era fiel creyente de la frase «un clavo saca a otro clavo», pues estaba convencido de que una persona podía ayudarte al olvidar a otra, o al menos a seguir adelante y darte cuenta de que había vida después de una relación. Sabía que no todo el mundo compartía esa filosofía —de hecho, había gente que la rechazaba rotundamente—, pero en su experiencia así había sido. No significaba que estar con una nueva persona iba a curarte el corazón roto por arte de magia, pero sí haría que doliera menos y que poco a poco pudieras enfocar tus pensamientos y emociones en otra cosa.
—No —contestó Akane sin rodeos—, ni siquiera he tenido otras relaciones. Formales, quiero decir.
Él asintió con la cabeza, sopesando el significado de aquellas palabras.
—¿Porque no has querido o porque no has tenido la oportunidad?
Akane sonrió.
—Lo tuyo es digno de reportero de una revista de chismes, ¿eh? —Antes de que él intentara justificarse o disculparse, ella respondió sin perder el buen humor—. Un poco de ambas, pero diría que más la primera.
—¿Ya no crees en el amor? —La pregunta era cursi y cliché, pero escapó de su boca antes de que pudiera evitarlo—. Lo siento, una vez que me pongo en plan reportero cotilla, no puedo parar. —Se encogió de hombros—. Necesito saberlo todo. Más detalles, por favor.
Akane se rio y dejó pasar algunos segundos antes de responder.
—¿Honestamente? No lo sé. Una parte de mí sabe que el amor sigue existiendo y que no porque yo haya vivido lo que viví significa que desapareció del mundo, pero otra está convencida de que yo nunca volveré a amar a nadie de la forma en la que amé a Ryu, ¿sabes?
Sí, lo sabía. Lo sabía demasiado bien. Él mismo había vivido —o vivía— una situación así.
En sus veintiocho años de vida, Ranma tenía muy claro que solo había amado a una sola mujer. Sí, se había enamorado y había conectado con varias otras, pero solo había amado verdadera y profundamente a una sola: Ukyo Kuonji. Había sido la primera mujer de la que se había enamorado, también la primera a la que le había contado sus más oscuros secretos y sus mayores sueños, con ella había vivido muchos de los momentos más felices de su vida, y con cada año que pasaba a su lado, el amor que sentían el uno por el otro no hacía más que crecer. Terminaron su relación por mutuo acuerdo tras más de cuatro años juntos.
Ranma tuvo otras dos novias a quienes quiso un montón, pero con quienes no llegó al mismo nivel de intimidad emocional que con Ukyo. Y no porque él no quisiera; en realidad, si se preguntaba qué hacía falta, no sabía responder. Ukyo había marcado su corazón y su vida, pues había sido la primera mujer de la que se había enamorado perdidamente. Algunas veces miraba atrás y se preguntaba si él y ella seguirían juntos si las cosas hubieran sido diferentes. Otras veces se preguntaba: ¿y si nos hubiéramos conocido en otro momento? ¿Seríamos el uno para el otro? A veces pensaba que Ukyo era la mujer de su vida, pero la había conocido en el momento equivocado. Aquello lo llevó a contemplar una posibilidad: jamás volvería a amar a alguien de la misma forma en la que había amado a Ukyo, pues un amor así se encontraba solo una vez en la vida.
—Oh, lo sé. Been there —dijo en inglés.
Akane lo miró con interés.
—¿Ukyo?
Él asintió con la cabeza.
—Sí tuve relaciones después de ella, y también me volví a enamorar y llegué a querer a otras mujeres, pero…
—Pero no como a ella. —No fue una pregunta.
Ranma volvió a asentir. Compartieron una mirada y una sonrisa triste que los llevó a preguntarse si no estarían condenados a jamás volver a amar con la intensidad de aquellos amores que los marcaron para siempre.
—Lo importante es que hay salud, ¿no?
Le guiñó un ojo y él se rio. Luego ella se arrodilló en el sofá y lo abrazó por el cuello, haciendo que la camiseta que llevaba puesta se subiera un poco. Él la rodeó con sus brazos y acarició su piel, poniendo especial atención a los dos hoyuelos que tenía en la espalda baja. Ella sonrió y se dejó hacer, enterrando sus manos en el pelo negro de Ranma y acariciándolo.
—¿Has estado en Okinawa?
Él comenzó a repartir besos en su cuello y clavícula.
—No, nunca. ¿Por qué?
—¿Te gustaría venir? —Akane se sentó en sus piernas—. Puede ser un par de días. Yo estaría trabajando, pero en mis momentos libres podemos ir a la playa, o a mi habitación…
Él alzó ambas cejas en un gesto de fingida sorpresa.
—¿A tu habitación? —Cuando ella asintió, él le pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja—. ¿Y qué haríamos en tu habitación?
—Pues, podemos charlar… pedir servicio a la habitación… hacer lo que estamos haciendo ahora. —Le dio un beso en la boca y él apoyó una de sus grandes manos en su nuca—. Pero, principalmente me gustaría tirarte del pelo mientras tenemos sexo salvaje.
Ranma se rio ante el comentario, pero al notar que ella había adoptado su semblante seductor y aquella mirada felina con la que lo miraba cuando estaban en la cama, sintió que el deseo se apoderaba de él.
—No sé si quiero que me tires del pelo, Akane —decidió bromear un poco—, tengo el cuero cabelludo sensible.
Akane le lamió los labios y trazó un camino con su lengua hasta el lóbulo de la oreja de Ranma. Le habló al oído en voz baja.
—¿Te parece si lo intentamos ahora? Y así probamos si te gusta. —Mordisqueó su oreja y bajó su mano para acariciar su entrepierna—. Y si sí, entonces lo podemos repetir en Okinawa, ¿te parece?
Cuando ella introdujo su lengua en su oreja y le apretó el pene con la mano, Ranma dejó salir un gemido. La cogió de las muñecas y con un movimiento hábil se posicionó sobre ella en el sofá, aprisionándola y devorando su cuello con desesperación.
—Vaya, parece que además de tirarte del pelo voy a tener que amarrarte, Saotome. —Lo miró de forma picaresca—. Eres un caballo salvaje en soltura.
Logró liberarse de su captor y lo apartó para salir de debajo de él. Luego lo empujó sobre el sofá y se sentó sobre él.
—En Utah te dejé llevar la voz cantante —lo miró desde arriba y se quitó la camiseta, deleitándose ante la mirada de deseo de Ranma al ver su torso semidesnudo—, ahora es mi turno de dominarte a ti.
Luego de que Ranma se fuera tras una larga sesión de sexo desenfrenado, Akane se dirigió al escritorio que tenía en la habitación de huéspedes y abrió su portátil, con un claro objetivo en mente.
Trade investigar y leer un poco sobre la vida de Ukyo Kuonji, se topó con la entrevista que dio cuando fue portada de la Shinmitsuna Magazine un par de años atrás, en la que habló de temas personales, como el amor, las primeras veces y también las rupturas amorosas que te cambiaban la vida. Cuando la entrevista pasó a la parte en la que hablaban acerca del «lado oscuro del amor», Ukyo no se guardó absolutamente nada. La joven actriz era conocida por ser un libro abierto en líneas generales, pero sobre todo en cuanto a las cosas que le apasionaban.
«Oh, definitivamente me han roto el corazón. De hecho, te diría que he vivido una de esas rupturas que se sienten imposibles de superar».
Inevitablemente, la periodista le preguntó si hablaba de Ranma Saotome. El artículo mencionaba que Saotome y Kuonji estuvieron juntos cuatro años, en una relación que fue conocida por la prensa japonesa. La joven actriz afirmó que, si bien no era la única relación que había tenido en su vida en donde había vivido un heartbreak, sí se refería a él, pues era la ruptura que más le había dolido. Y la única en la que había pensado que jamás saldría de ella.
«Mi relación con Ranma fue muy intensa, y quizás éramos demasiado jóvenes cuando todo sucedió. Los dos estábamos empezando nuestras carreras y comenzando a vivir momentos muy importantes y a la vez intensos en nuestras vidas».
Akane alzó una ceja, ¿sería por eso por lo que habrían terminado? Ranma nunca especificó por qué, pero, a juzgar por los comentarios de Ukyo, todo apuntaba a que sus carreras se habían interpuesto en su relación. Para conocer más, continuó leyendo.
«Pero estábamos completamente enamorados. De hecho, en aquella época no creía ser capaz de amar a nadie más que a él en toda mi vida. Incluso años después pensaba que no podía hacerlo. ¿Sabes cuando pones todas tus fichas en algo y eso de repente desaparece? No lo quieres aceptar, no quieres creer que terminó, porque creerlo significa que es real. Recuerdo que el dolor tras terminar con él era tal que no era solo emocional, te juro que lo sentía físicamente».
Oh, Akane le creía, le creía completamente. Ella misma había experimentado un dolor así, que casi la parte en dos, cuando Ryu la dejó.
«No fue fácil superarlo, pues lo veía por todos lados. Tenía ganas de llamarlo, de hablar con él, de felicitarlo por su éxito, pero no lo hacía porque sabía que no me haría bien hablar con él; necesitaba superarlo, dejarlo atrás, pero era difícil porque estaba enamorada del que de pronto se convirtió en el hombre más famoso de todo Japón [risas]».
Aquello también era algo con lo que Akane se podía relacionar. Es decir, ella misma había tenido que silenciar en Twitter el nombre de su ex y el de su banda para no toparse con noticias que no quería leer acerca de él.
Lo único peor que no saber lo que está haciendo tu ex, es saber lo que está haciendo tu ex.
«¿Esta es mi nueva realidad?», continuaba Ukyo en la entrevista. «¿Algo volverá a ser normal? Me hacía esas preguntas todo el tiempo, hasta que un día te despiertas y piensas: está bien, nunca volveré a ser la misma, pero sobreviviré, creceré y aprenderé mucho de esto. Y luego con el pasar del tiempo te das cuenta de que el mundo no se acabó con ese amor. Suena cliché, pero el tiempo todo lo cura».
La actriz concluyó el tema con dedicándole unas bonitas palabras a quien fue su pareja durante casi un quinquenio.
«Ranma siempre tendrá un lugar especial en mi corazón. Siempre lo voy a querer y le voy a estar muy agradecida por todo lo que me enseñó y por todo lo que viví con él. Le tengo muchísimo cariño y le deseo toda la felicidad del mundo».
Akane esbozó una leve sonrisa al leer eso último. Cuando Ranma hablaba de su exnovia, también lo hacía con cariño y respeto. Era bonito que dos personas que hubieran compartido tanto todavía pudieran profesarse afecto luego de tanto tiempo.
Tras terminar el artículo, Akane apagó el portátil y reflexionó sobre todo lo que había leído, intentando hacerse un perfil mental de Ukyo Kuonji, porque conocer los detalles su relación con Ranma no fue la única razón por la que Akane la buscó en Google; en realidad, ni siquiera fue la más importante. Lo cierto era que tenía pendiente conocerla un poco más a fondo a la comediante, ya que la menor de las Tendo tenía la costumbre de investigar un poco a sus nuevos compañeros de elenco, con el objetivo de hacerse una idea de lo que le esperaría al trabajar con ellos.
Y Ukyo Kuonji era una de las coprotagonistas de su nueva serie.
Como hacía al menos un jueves al mes, Ryoga Hibiki llegó puntual a la reunión del grupo de apoyo para adictos recuperados del que formaba parte. Saludó a los presentes, la mayoría personas habituales, y conversó con aquellos con quienes tenía más confianza. Al joven actor le gustaba aquel grupo porque eran personas discretas que respetaban el anonimato y la privacidad de todos los participantes, incluso la suya.
Poco a poco, el resto de las personas terminó de llegar y cada una tomó asiento en las sillas que estaban ubicadas en un círculo en el centro del lugar, de forma que todos pudieran mirarse y escucharse de forma más atenta. El anfitrión no tardó en darles la bienvenida a todos, comentando que había un par de caras nuevas y expresando que podían tomar la palabra cuando quisieran, pero que también estaba bien si preferían mantenerse en silencio durante aquella sesión.
A Ryoga le gustaba dar la bienvenida a los nuevos y hacerlos sentir cómodos y en confianza, pues era algo que había aprendido de su hermana Konatsu, quien siempre había sabido cómo romper el hielo y hacer que las personas se sintieran incluidas y apreciadas. Konatsu era, de hecho, una de las razones por las que Ryoga continuaba viniendo a estas sesiones. Tenía ya varios años de haberse recuperado de su adicción y consideraba que tenía todo bajo control; sin embargo, el recuerdo de su hermana lo impulsaba a continuar asistiendo para ayudar a otros con menos suerte que él en sus procesos.
Alrededor de quince minutos después del inicio de la sesión, la puerta doble que estaba al fondo del salón chirrió, alertando a los presentes de que una persona acababa de llegar. Solo algunos se giraron para ver de quien se trataba, pero casi todos se mantuvieron escuchando de forma atenta a un hombre que tenía ya casi un año y medio sobrio, y que daba fe de que su vida había mejorado de forma considerable. Ryoga fue una de las personas que se fijó en la recién llegada. Era una cara conocida, pero no porque la hubiera visto antes en aquellas reuniones, sino porque su rostro estaba en la televisión, en cada rincón del Internet, en escaparates de tiendas, y en enormes vallas publicitarias. Con la gracia y la elegancia de una persona que vive de su imagen, Akari Unryu caminó hasta la única silla vacía del recinto y tomó asiento. Ryoga solo se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándola cuando la chica, alertada por unos ojos cafés que no se despegaban de ella, lo miró. Si lo reconoció, no dio indicios de ello. El actor se obligó a mirar al frente para no parecer un tipo raro; el contacto visual prolongado podía ser muy incómodo para la mayoría de las personas, peor aún en situaciones como esa.
Ella ni se inmutó. Miró al frente y comenzó a prestar atención a la persona que hablaba acerca de su experiencia, intentando enfocar su mente en la razón por la que se encontraba allí aquel día, cuando por lo general pasaba de esas reuniones.
Luego de llorar durante un largo rato por Hiroshi, Akari se quedó dormida en su cama. La despertó el sonido de su celular. Al abrir los ojos, se fijó en que ya estaba atardeciendo. Le costó despertar y más aún encontrar su móvil, hasta que recordó que horas antes lo había lanzado al otro lado de la habitación. Se puso de pie y lo encontró en una esquina, cerca de la puerta del baño, con la pantalla resquebrajada. Cuando leyó el nombre de la persona que la llamaba, una sensación de vértigo se apoderó de su estómago, cuando cuando llegas a la parte más alta de la montaña rusa y estás a punto de caer. La parte vulnerable y autodestructiva quiso contestar la llamada; la parte racional, quiso desaparecer el móvil.
En medio de aquella dualidad, Akari dejó el celular en su mesa de noche y entró a su vestier para ponerse ropa más cómoda. Recordó lo que Tetsuya, su productor musical, le había aconsejado para los momentos así. Antes de salir, por pura costumbre, se tomó un ansiolítico con la esperanza de no sentir absolutamente nada durante lo que quedaba de día. Media hora más tarde, se estacionó en un centro comunitario al que solo había ido dos veces.
Antes de entrar, envió un escueto mensaje al grupo de chat de sus amigas, alegando que estaba bastante cansada y que prefería quedarse en casa como excusa para cancelar los planes que tenía esa noche. Sabiendo que alguna no tardaría en saltar a decirle que entonces pasarían a su casa para que no tuviera que salir, se adelantó diciendo que cenaría en casa con su madre y luego vería películas con ella. Y ahora estaba sentada en medio de una sesión de alcohólicos y adictos anónimos, escuchando la historia de un hombre que finalmente había recuperado la relación con su hija.
Aunque la historia le pareció bonita y conmovedora, Akari no pudo evitar sentirse un poco fuera de lugar. Es decir, ella no era como esas personas; no era una adicta o una alcohólica, no dependía física ni psicológicamente de esas sustancias… bien, tal vez sí dependía de las pastillas para dormir y de vez en cuando de una copa o un ansiolítico para calmar los nervios, pero ¿no era eso algo común?
Otras dos personas decidieron tomar la palabra. La primera era un chico que parecía tener su misma edad, ojeroso y un poco desaseado, que celebraba tres días limpio y había decidido ir a una sesión por primera vez, con el objetivo de encontrar motivación y apoyo para no recaer en su adicción a la heroína. Tanto Ryoga como Akari le prestaron especial atención. Él, porque esa había sido su droga de elección durante muchos años; ella, porque le pareció casi imposible que aquel chico, que probablemente vivía en la calle o estaba cerca de hacerlo, pudiera recuperarse. Pobre tipo, pensó.
La segunda persona en hablar fue una mujer de unos cuarenta años con pinta de ama de casa. Ya era bastante conocida por los presentes, así que no habló de su historia personal, sino de sensaciones y emociones que había sentido últimamente. Como hablaba sin detalles porque la mayoría ya la conocía, a Akari se le hizo un poco complicado entenderla, pero pronto entendió que la mujer tenía tres años sobria.
—Esta ha sido una de esas semanas en las que me he preguntado si todo ha valido la pena.
Procedió entonces a contar de forma larga y tendida que se sentía casi como el primer día, como si de verdad necesitara beber, como si no hubiera una solución a los fantasmas y demonios que vivían en su cabeza.
—Guao.
Todos los presentes se giraron para mirar a Akari, que había abierto la boca por primera vez desde que llegó. No era usual que las personas intervinieran o hablaran mientras otras contaban sus experiencias, mucho menos para interrumpirlas en medio de una oración.
La mujer parpadeó confundida y Akari continuó con su incredulidad.
—¿En serio?
Su expresión era la mezcla de sorpresa con indignación. Su tono, cinismo puro. Ryoga se tensó en su lugar. Había asistido a muchas sesiones como para saber que aquella era la antesala de una salida de época, de esas en las que la persona decía algo atorrante que terminaba por lastimar al otro. Lo sabía porque él mismo lo había hecho.
—¿Cómo? —La mujer que había estado hablando la miró confundida—. No entiendo a qué…
—¿En serio viniste aquí a decirnos eso? —Akari soltó una risita irónica—. ¿No se supone que esto es un grupo de apoyo? —Hizo el gesto de comillas con sus dedos—. En el que deberíamos apoyarnos y levantarnos.
El anfitrión decidió intervenir, viendo que la situación podía salírsele de las manos en cualquier momento. Había dirigido demasiadas de esas sesiones como para saber por dónde iban los tiros.
—Gracias por haber venido y por animarte a conversar con nosotros. —Dijo de forma amable a modo introductorio—. Por lo general, no solemos intervenir ni opinar acerca de la forma en la que nuestros compañeros deciden contar sus historias… —Calló al darse cuenta de que no conocía el nombre de la chica, aunque estaba seguro de que era una persona muy famosa, pues la había visto más de una vez en anuncios televisivos—. ¿Cuál es tu…?
—Pues me parece una mierda que no podamos opinar. —Espetó Akari tajante y se cruzó de brazos—. Hemos estado escuchándola hablar durante una eternidad acerca de su vida y de su progreso, y de cómo han pasado tres años desde la última vez que consumió, y cómo lleva ya mucho tiempo sobria y limpia, ¿para que nos diga que no sabe si ha valido la pena? —Alzó la voz—. ¿Qué clase de mierda es esa?
Ryoga se acarició el puente de la nariz y suspiró. El anfitrión lo miró, como preguntándole si quería intervenir de alguna manera, pero el actor negó con la cabeza. Sabía que no había nada que pudiera hacer o decir para parar el tornado que ya había empezado a salir de la boca de Akari, porque era inevitable. La chica no se estaba yendo de la lengua porque la mujer hubiera dicho aquello, eso era solo una excusa; Akari parecía tener demasiadas emociones guardadas, y acababa de encontrar la que para ella era la mejor —y la única— forma de sacarlas.
—¿Crees que quiero estar aquí? —La cantante continuó mirando a la mujer de forma incisiva—. ¿Crees que alguno de nosotros quiere estar aquí escuchando los problemas y las miserias de los que están luchando contra… contra lo que sea con lo que estén luchando? Te aseguro que no. Te aseguro que la gente que viene aquí es para encontrar un poco de esperanza entre toda esta basura, para sentir un poco de apoyo de parte de los que ya tienen el trabajo hecho, de los que ya han avanzado…
—Yo… no quise… no creo que entiendas que…
—¿...y ahora tú sales con que después de tres putos años no sabes si ha valido la pena? —Se descruzó de brazos y se deslizó hacia adelante en la silla—. ¿Cómo mierda quieres que nos sintamos tras escucharte decir eso? Que todo el esfuerzo que cada uno está haciendo para no recaer no servirá de nada, porque después de años de sobriedad, la vida sigue siendo igual de miserable.
Si no hubieran estado en una reunión de alcohólicos y adictos recuperados, Ryoga les había propuesto a todos un juego para beber: tomen un trago cada vez Akari diga la palabra «mierda».
—Solo estoy siendo honesta —Comentó la mujer con un hilo de voz—. No voy a mentirles solo porque…
—¡Pues deberías! ¡Sobre todo si tu honestidad nos va a causar que todos salgamos de aquí a pegarnos un tiro! —Miró al techo y elevó los brazos hacia arriba—. ¡Por dios! Juro que después de escucharte saldré a ver a mi psiquiatra para que me recete un antidepresivo.
Esta vez, el anfitrión decidió intervenir, viendo que el asunto se le estaba saliendo de las manos y que la chica había mencionado todos los gatillos habidos y por haber.
—No creo que la intención de nuestra compañera haya sido robarle la esperanza a nadie. —Comentó de forma pacífica—. La realidad es que el proceso de recuperación no es una línea recta, sino un camino lleno de altibajos que…
—Pues en ese caso, bien podría salir de aquí a beberme una botella de champaña y empolvarme la nariz, si al final todo sigue siendo igual de mierda y nada vale la pena, ¿no cree?
Esta vez Ryoga sí intervino.
—Hay roscos con azúcar glas en la mesa del fondo —comentó de forma casual—, también sirven para empolvarte la nariz y no te matan.
Un par de personas se rieron. El anfitrión cerró los ojos y negó con la cabeza. A la mujer le tembló el labio inferior. Akari decidió que ya había tenido suficiente.
—Esto es una mierda, yo me voy de aquí.
Se puso de pie de forma brusca y la silla cayó a sus espaldas. Caminó con paso apresurado hacia la salida, sin detenerse a mirar a nadie.
—¿Esa era Shampoo Sakuma? —Preguntó uno de los presentes mirando a la puerta que acababa de cerrarse con un portazo, en un claro estado de sorpresa y confusión.
Hay personas que verdaderamente viven bajo una piedra, pensó Ryoga.
Hubo un silencio incómodo que solo se rompió cuando las lágrimas de la mujer a la que Akari había torturado con sus palabras se convirtieron en sollozos. El anfitrión suspiró y pidió hacer un pequeño receso. Ryoga aprovechó para salir del recinto a tomar un poco de aire, pero también con la intención de ver si todavía tenía tiempo de pillar a Akari fuera.
Akari salió al estacionamiento sintiendo su pulso en la garganta. Estaba furiosa, alterada, histérica, molesta, decepcionada y con el corazón roto. Sintió que su rabia, que no era más que una forma de enmascarar el miedo y el dolor que sentía, empezaba a transformarse en otra cosa. Tendría que haberse tomado dos ansiolíticos en vez de uno.
O la caja entera.
Cuando llegó a su coche, su móvil comenzó a sonar en su bolso. Akari lo buscó buscó y se fijó en el nombre en la pantalla. Era la misma persona que la había llamado horas antes. La misma llamada maldita que prometía condenarla si la atendía. Akari supo que, si contestaba, se arrojaría a la madriguera del conejo y no habría vuelta atrás. Pero en aquel momento su mente no la dejaba en paz, así que necesitaba desesperadamente algo que la llevara a cualquier otra parte.
—Mi pequeña bailarina —la voz al otro lado del teléfono sonaba igual de mística que la última vez que la había escuchado—, ¿qué tal estás? Espero que no tengas planes para esta noche, porque tengo una invitación especial para ti.
En el momento en el que Akari vio el nombre de Mikado Sanzenin en la pantalla de su móvil al despertarse aquella tarde, supo que contestar sería un error. Y en el momento en el que su voz aterciopelada pronunció las palabras «invitación especial», con aquella sonrisa felina que podía escucharse a través del teléfono, supo que aquella noche se dejaría arrastrar hasta el infierno.
—Solo dime la hora y estaré allí.
Pero al menos la champaña, el MDMA y la cocaína eran buenos compañeros de viaje.
Elementos de la cultura popular y otras aclaraciones pertinentes:
MDMA: es el nombre científico del éxtasis, una droga estimulante y alucinógena que produce un efecto energizante, distorsiona la percepción sensorial y temporal y hace que las experiencias sensoriales se disfruten más profundamente.
¡Lo bueno se hace esperar! O al menos eso es lo que me digo a mí misma cuando pasa algo de tiempo entre actualización y actualización.
Yo creo que el highlight del capítulo (o al menos uno de los dos puntos más relevantes) es la confesión de Akane. FINALMENTE sabemos lo que pasó con Ryu. Disfruté muchísimo de todas sus teorías y planteamientos; la mayoría pensaba que había muerto, pero solo una persona estuvo bastante cerca de acertar. Lo cierto es que todavía hay más por leer acerca de lo ocurrido, pero al menos ya no misterio alrededor de la relación. Y hablando de relaciones, ¡ya sabemos más de la que tuvo Ranma con Ukyo! Estaré subiendo a mi Instagram la caracterización de personaje, así que estén atentos para que sepan quién es la actriz en la que está inspirada esta versión de U-chan.
De Akari, ¿qué les puedo decir? Su personaje y el de Ryoga convergieron, y de qué manera… pero prefiero que sean ustedes quienes comenten al respecto.
Aprovecho para comentarles que ya estamos más o menos en la mitad de la historia y que todavía quedan cosas interesantes por ver. Porque sí, Ranma irá a Okinawa. Y no, no tiene idea de que Ukyo también actúa en la serie…
¡Nos leemos!
Respuestas a reviews de usuarios no registrados:
Jess: Jajaja me alegra que te haya gustado tanto la escena, y gracias por el piropo. ¿Queda aclarada tu duda con respecto a la bomba de tiempo de Hiroshi y Akari y sobre si Ryoga y Akari se encuentran? No quiero dar demasiados detalles por miedo a caer en spoilers, pero lo cierto es que todavía queda más por ver de ambos personajes.
Serendipity: Gracias por haber encontrado el tiempo para comentar, lo aprecio mucho. ¿Alguien de verdad creyó que sería Ranma quien cedería y rompería su autopromesa? Jajaja yo siempre tuve claro que sería Akane la que ya no se podría aguantar. Fíjate que yo no soy ni de piercings ni te tatuajes; tengo dos pendientes en las orejas y ya está, pero me gusta muchísimo verlos en otras personas. Sobre la fiesta de Akari… bien, creo que en este capítulo ha quedado claro cuál fue la sorpresa que el dichoso Hiroshi le tenía preparada. Y sí, has dado en el clavo con Akari: su representante, su madre y su equipo de marketing la tienen como chica guapa que puede interpretar lo de otros, pero no quieren arriesgarse a nada más porque hasta ahora la fórmula les ha funcionado y han creado un "producto" exitoso.
Akanemx: Yo creo que Akane somos todas, ¿no? Jajajaja. Yo creo que las mejores historias, o al menos las que más me gustan, son aquellas en las que los personajes no se enamoran a primera vista. Me gusta cuando pasa algo de tiempo antes de que se besen o acuesten por primera vez, porque creo que eso tiene que ver con lo que dices, de generar cierta confianza y luego lograr que el encuentro sea mucho más intenso. Muchísimas gracias por tus bonitas palabras, ¡esa es la idea! Que puedan vivir cada uno de los capítulos de la historia.
S.A.F: ¡muchas gracias a ti por leer y comentar!
