Inuyasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

Consecuencias inesperadas

Capitulo 3

Palabras agigantadas


Kazuma caminaba lentamente por el pasillo hacia los calabozos, llevaba en sus manos un plato de comida y un frasco con un líquido verdoso, detrás de ella venia Shippo caminando con una expresión seria en su infantil rostro. Después del horrible hecho del asesinato del clan este había estado bastante triste, pero lo que siempre lo alegraba era el visitar a Kagome. Shippo la había conocido una tarde que había perseguido a su madre mientras esta se encaminaba a los calabozos, le había dado bastante curiosidad averiguar el por que su madre iba tanto allí, en esas Kazuma lo había descubierto y no tubo de otra mas que presentarle a la prisionera del castillo, aunque ella no era la única, los demás zorros que servían en el castillo no podían salir por ordenes de Kazuma, ya que cuando su compañero murió, ella quedo como la líder del clan.

En unos pocos días Shippo había entablado una muy buena amistad con ella, en los momentos que estaba los dos, el siempre tenia una sonrisa, pero apenas se separaba de ella la tristeza volvía a su pequeño ser. Por lo que Kazuma las tres veces al día que visitaba a Kagome, llevaba al pequeño con ella, con el único objetivo de ver una sonrisa en su rostro.

Pero durante el tiempo que había pasado allí encerrada Kagome había enfermado, al parecer las condiciones de las mazmorras eran demasiado hostiles para su condición humana, por lo que ese era el origen del frasco con el liquido verdoso, le habían dando diferentes medicamentos, pero ninguno funcionaba lo suficiente y mucho menos le bajaban la fiebre, por lo que ese frasco era la ultima opción de Kazuma antes de tener que optar por salir del castillo en busca de las hierbas medicinales que si funcionaran.

Tomo las sonoras llaves del bolsillo de su traje e introdujo la mas grande en la cerradura, con un chirrido la puerta cedió mostrando una fría, oscura y mohosa habitación, en cuyo centro estaba recostada Kagome, respirando fuertemente. Kazuma no pudo evitar hacer una mueca de dolor y preocupación, había intentado hablarle hacerca del tema al amo Sesshomaru, pero este hacia caso omiso, le amenazaba con matarla si osaba sacarla de esa habitación para después simplemente pasar de ella. Kagome había estado con una leve tos esos ultimo tres días, nada muy grave, pero la noche anterior, había comenzado a tener fiebre y a sufrir alucinaciones, solo a media noche había logrado bajarle la fiebre y dejarla tranquila, pero esa mañana había empeorado y nada hacia efecto, estaba bastante preocupada por ella, había comenzado a tenerle cariño y no quería que ella muriera.

Dejo entrar primero a Shippo, que de inmediato se coloco junto a Kagome comenzando a acariciar los cabellos rebeldes que caían por su rostro, dándose cuenta que estaba levemente caliente, por lo que coloco la toalla humedecida que traía en su mano sobre la frente de ella y siguió acariciando sus cabellos.

Kazuma sonrió tiernamente ante ese gesto, podía ver claramente el inmenso cariño que tenia su pequeño hacia la chica, sus ojos se lo decían.

Se arrodillo al otro lado del cuerpo de Kagome, coloco el plato junto a ella y quito la tapa del frasco, levanto un poco la cabeza de Kagome y deposito la mitad del contenido del frasco en su boca, la acomodo nuevamente y volvió a cerrar el frasco.

Retiro su mirada del pálido rostro de Kagome para posarla en la de Shippo que la miraba con el seño fruncido.- ¿pasa algo?-le pregunto sorprendida de su expresión.

-no reacciona…-frunció un poco mas el seño y apretó los labios, un gesto que a Kazuma le recordó mucho a Ryota, pero al mismo tiempo no podía evitar sentirse un poco molesta y celosa, aunque le gustara verlo feliz pareciera que su pequeño quisiera mas a Kagome que a ella, que era su madre. Pero no expreso nada de esto si no que solo que dedico a responder las inquietudes del niño.

-se tarda un poco para reaccionar Shippo…ten paciencia, ella se pondrá bien, te lo prometo…-

-¿en serio me lo prometes?- la expresión de incredulidad de su rostro le dolió en extremo y recordó todos los momentos en los cuales prometió y no cumplió, siempre por cumplir con su obligación de madre de conseguir una vida diferente para Shippo, una vida que no se pareciera a la de servidumbre que ella llevaba. Mordió su labio inferior en un intento de no llorar.

-ven Shippo.-le pidió mientras señalaba que viniera hacia ella. De un salto llego a ella y lo coloco en el suelo.- escúchame Shippo…-hizo un pausa en la cual tomo aire.-se que…en muchas ocasiones no he cumplido mis promesas y eso me lleva a tu desconfianza hacia mi y la verdad lo lamento mucho…pero ahora… ahora es enserio, te juro que así me cueste la vida…Kagome se pondrá bien…te lo prometo.- unas traviesas lagrimas comenzaron a salir de sus ojos mientras que el niño asentía sorprendido y se abrazaba de ella.

Así me cueste la vida…te lo prometo

Esas eran unas palabras bastante grandes y eso…eso Kazuma lo sabía muy bien.

Unos leves quejidos sacaron de su letargo a las otras dos personas presentes en la habitación. Giraron sus rostros y se encontraron con una Kagome que los miraba respirando aceleradamente.


Empecé a toma conciencia de mí alrededor cuando comencé a sentir un escozor en mi garganta. Abrí mis ojos lentamente, parpadee varias veces y gire un poco mi rostro hacia la derecha para encontrarme con una visión enternecedora, Kazuma tenia su rostro tapado por su flequillo, y aun con la poca luz, se veía las lagrimas corriendo por sus mejillas y en sus brazos estaba Shippo, agarrado fuertemente a sus ropas, permanecí un rato en silencio, pero de un momento a otro mi respiración se comenzó a dificultar, haciéndome respirar fuertemente, cosa que hizo que ellos se separaran.

-¡Kagome!-gritaron a la vez, Kazuma reacciono de inmediato dándome a tomar el resto del liquido en un frasco que me provoco el mismo escozor de hace un rato. Mientras Shippo por el contrario se colocaba a mi lado tomando mi mano. Con el paso de los minutos mi respiración se calmo de nuevo.

-¿Cómo te sientes Kagome?-pregunto Kazuma tomando mi temperatura, notando que no estaba muy caliente.

-estoy bien Kazuma, ya verán que dentro de poco estaré como nueva.-le di una media sonrisa y con cuidado me levante y me senté recostando mi espalda contra la pared.

-eso espero…como estas algo mas estable, me retirare un momento, debo cumplir con mis tareas, por lo que te quedaras con Shippo-asentí ante esto, mientras veía que rebuscaba algo entre sus ropas.-toma.- me tendió un frasco algo pequeño con un liquido verde, lo mire algo extrañada y luego dirigí mi mirada hacia ella reflejando mi desconcierto.-tranquila, es lo único que queda de la infusión que te prepare, tómatelo apenas tengas otra recaída… yo mientras tanto, te preparare mas-asentí de nuevo mientras tomaba el frasco entre mis manos y veía como ella se colocaba de pie, me dedicaba un sonrisa, dejaba un beso en la cabeza de Shippo y salía por la única puerta de la habitación.

Pasaron algunos minutos de completo silencio en la habitación, extrañada por esto mire a Shippo que no se había movido de su lugar desde que Kazuma se fue.- ¿Shippo?-lo llame silenciosamente, aun a pesar de eso vi como dio un respingo, para luego mirarme asustado.-¿Shippo estas bien?

-¿que?...ah si claro Kagome, solo…yo solo…me quede pensando, si eso…pensando.-me dio una sonrisa algo falsa, mientras colocaba sus brazos detrás de su cabeza, en un intento de un gesto despreocupado.

-bueno, si tu lo dices, te creeré-la sonrisa conformista que me dio, me dio a entender que hoy no era un día común y corriente. Pero di un salto casi imperceptible cuando la puerta de metal fue abierta violentamente y por ella entraba el responsable de mi estadía en este calabozo, alguien que nunca pensé ver en este lugar… Sesshomaru, mostrándose imponente y frio a cada paso que daba hacia lugar donde estaba recostada.

Por un momento poso su penetrante mirada sobre mi para luego posarla en Shippo y decirle con voz taciturna y amenazante.-largo…-pareció un susurro, pero como si fuera un resorte Shippo salió corriendo del lugar dejándome sola con Sesshomaru.

-humana…-algo dentro de mi amenazo con estallar al ser llamada de esa forma pero lo único que hice fue mirarlo desafiante a los ojos, todavía seguía sentada sobre el cumulo de paja que era mi lugar de descanso pero no por eso dejaría que me humillara, tome aire y tomando apoyo en la pared me coloque de pie, seguía débil por la enfermedad que me acongojaba.

-¿Qué…que quieres Sesshomaru?-mi voz se escucho mucho mas frágil de lo que hubiera deseado, aunque ya ni sabia si era por la enfermedad o por la imponente presencia de Sesshomaru.

-colmillo de acero…-sus palabras me tomaron desprevenida, aunque en ningún momento su rostro cambio su expresión, jamás me imagine esa respuesta.

-¿que?

-y tu presencia hará que la consiga…así que, que ni se te ocurra morir…-a lo único que atine fue a hacer un gesto de sorpresa, mesclado con algo de rabia, en definitiva la palabra sutileza no esta en el vocabulario de Sesshomaru.

-tu…tu, eres…eres ¡Un imbécil!...te das aires de grandeza…pero necesitas de un humana para lograr tus fines…-apenas dije esas palabras, mis manos cubrieron mi boca en un gesto de arrepentimiento, pero eso no evito que la gran y peligrosa mano de Sesshomaru se cerrara entorno a mi cuello, mientras mi cabeza y mi espalda chocaban contra la dura piedra y un fino hilo de sangre comenzaba a deslizarse desde una pequeña herida en mi cuello hasta el inicio de mi pecho.

-una humana…común y corriente…débil…no se como mi honorable padre y ese estúpido hibrido… ¡pueden fijarse en seres tan repugnantes!-sin darme cuenta mi cuerpo voló por los aires algunos segundos antes de chocarse violentamente contra la pared, para luego caer estrepitosamente al suelo.

Trate de colocarme de pie, pero un dolor agudo me detuvo, al parecer me había roto una o dos costillas. Fui tomada bruscamente por mis cabellos, obligándome a colocarme de pie a pesar del dolor.-si no te mato…es por que me eres de utilidad…-Sesshomaru susurro amenazante esas palabras en mi oído, dejándome paralizada, para después soltarme y dejarme caer inmóvil, como una muñeca. Desde el suelo pude ver como se retiraba a paso seguro pero antes de posar su mano sobre la perilla de la puerta algo parecido a una explosión estremeció todo el lugar, sin darme cuenta Sesshomaru se retiro rápidamente, dejándome débil, sola y herida.


Una espesa nube de humo se comenzaba a disipar, dejando a la vista escombros de lo que antes parecía ser un imponente muro, entre estos escombros se deslumbraban dos figuras, una de menor tamaño que la otra.

-mmm… ¿ama Izanami?-la figura mas pequeña hablo, con una voz aniñada y seria.

-dime Mizuki…- la segunda figura, la mas grande e imponente con una voz femenina y sensual pero con un toque de diversión.

-¿era necesario hacer tanto alboroto?-pregunto la otra algo consternada.

-mmm…no…pero, ya me conoces…me gusta hacer entradas espectaculares.-el humo termino de disiparse revelando al fin las identidades de estos personajes.

La mas pequeña, Mizuki, era bastante pequeña y menuda, pero esto era ocultado por las ropas abultadas que portaba, era una especie de kimono chino de color rojo hasta las rodillas con dos aberturas a los lados de donde salían boleros de color negro, sus zapatos eran zapatillas de color negro y su cabello era de color azul eléctrico sujeto en una trenza hasta su cintura dejando algunos mechones sueltos sobre su cuello y rostro, su nariz era respingada, adornada con un lunar de tamaño considerable, mientras que sus ojos eran negros cual carbón y en su espalda cargaba una gran mochila, de un tamaño bastante desproporcional considerando el tamaño de su portadora.

En cambio la otra, difería mucho de Mizuki, era Izanami, con una pose imponente y altanera, su rostro se podía comparar con el de una diosa, sus facciones eran perfectas, sus labios gruesos, finos y de un color rojo natural, su nariz era pequeña y respingada, sus mejillas eran adornadas por unas marcas de color purpura, mientras que sus ojos parecían de oro liquido, y sus parpados estaban maquillados de un color lila. Su piel era blanca y nívea, sus orejas eran puntiagudas, su flequillo caía sobre su frente, pero dejaba mostrar una media luna de un color azulado, su cabello estaba recogido en dos coletas y este caía hasta su cadera resplandeciente, en un color plata.

Sus ropajes consistían en un kimono de colores purpuras, rosas y blancos, sus mangas eran amplias y el obi era de color negro, el kimono llegaba debajo de sus rodillas. Por su hombro y su cintura reposaba su cola, del mismo color de su cabello y de textura suave, su calzado eran zapatillas negras como las de Mizuki y en su cuello descansaba un amplio collar de perlas que terminaba en un dije con un esfera de color negro rodeada por una pieza de plata

-ama Izanami… ¿cree que se allá dado cuenta ya de nuestra presencia?

-lo mas seguro…después de todo…es mi hijo o ¿no?

-¿acaso lo dudas?- caminado lentamente hacia ellas venia Sesshomaru, frio e impasible como siempre, pero un chispa de rabia se deslumbraba en sus ojos.

-Sesshomaru…que bueno verte, ¿recibiste mi mensaje?-en su rostro apareció un sonrisa cínica y divertida.

-lastimosamente si…madre.

Desafiantes, despiadados y frívolos, madre e hijo, de este tipo de relaciones consanguíneas, nunca resultaba nada bueno…


Hola…

La verdad, aunque me tarde, me ha encantado escribir este capitulo y espero que a ustedes les allá gustado leerlo.

Me gustaría que me dijeran que les pareció Izanami, se que la madre de Sesshomaru no se llama así, se llama Irasue, pero ese nombre no me gusta, así que como no es un personaje ni muy conocido ni muy explorado, me tome la libertad de manejarlo a mi antojo, además también espero sus opiniones sobre la conversación-pelea de Sesshomaru y Kagome.

Y para finalizar muchas gracias a todos los que me han dejado Reviews, de verdad gracias, me animan mucho a seguir con la historia.

Nos leemos luego.

CS.