Capítulo 3

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En la medida en que sus sentimientos comenzaban a aclararse, Shikamaru comprendió que no se trataba de una cuestión que pudiera simplemente ignorar. Pasaban los días y la importancia que tenía Naruto en su vida solo crecía, imparable. Debía pensar algo, tomar alguna decisión. ¿Acaso no solían decirle sus colegas que su especialidad era trazar planes? "A ver si me puedes sacar de esta, cerebrito…", murmuró, mirando su frente en el espejo.

Pero, aunque le dedicó muchas horas de reflexión, no logró dar con otra salida más que confesarse. Tarde o temprano, tendría que poner su corazón sobre la mesa si quería saber qué posibilidades tenía con Naruto. Sí… buscaría algún modo de acercarse, de hablar con seriedad sobre el tema. ¿Con seriedad? ¡Qué diablos! No se le ocurrían más que frases cursis y pasadas de moda, declaraciones que ni en la peor telenovela funcionarían. ¿Cómo se suponía que la gente conversaba de estos temas? "Hola, buenos días, sabes, quería preguntarte, ¿querrías ser mi novio?", dijo, aflautando la voz para burlarse de sí mismo, mientras daba vueltas en su habitación. Qué fiasco, las etiquetas, los gestos grandilocuentes, todo eso no era lo suyo. ¿No podrían pasar más tiempo juntos y ya, sin tener que decir nada ni ponerle un nombre oficial a su relación? Eso era todo en verdad, quería verlo más, quería tenerlo más cerca… pero le daban igual los términos con que se refirieran el uno al otro, no tenía ganas ni de imaginar los apodos tontos con que Naruto lo bautizaría si se sacara a relucir la palabra "amor" frente a él. ¡Ah, vaya si era problemática esta cuestión de estar enamorándose!

Tantas vueltas dio que, antes de que pudiera concretar ninguna acción relevante, fue Naruto quien se le acercó con una propuesta inesperada: lo invitó a cenar a un bonito restaurante de la zona y no dijo nada de que viniera Choji ni ningún otro colega del piso. La explicación del muchacho fue que se trataba de una muestra de agradecimiento por todo lo que había hecho por él durante la mudanza.

—¡Nunca dejo una deuda sin pagar! —exclamó, orgulloso.

Ahora bien, había pasado casi un mes desde la mudanza, por lo que tampoco era el argumento más convincente. Su suponía que se había gastado hasta el último céntimo en los nuevos muebles y que, por lo tanto, había tenido que esperar a cobrar el siguiente sueldo antes de poder dárselas de generoso. Pero, ¿qué tal si esto era solo una excusa? Es decir… ¿qué tal si la cena tenía algún tipo de doble intención? Cenar a solas, en un restaurante elegante, un viernes a la noche… ¿no sonaba acaso como una cita? Shikamaru temblaba de solo evaluar esta hipótesis. Hasta ahora, no había considerado que Naruto pudiera sentir lo mismo que él. Pensaba que tendría que conquistarlo, seducirlo de algún modo (¿y eso cómo se hacía?), y que quizás luego de muchos trabajos podría alcanzar cierto éxito (si lo alcanzaba). Sin embargo, ahora se abría un nuevo abanico de posibilidades para él, porque… ¿y si Naruto daba el primer paso? ¿Qué debía hacer si el chico le tomaba la mano o si se acercaba demasiado?

Con todas estas ideas en la cabeza, aquel viernes Shikamaru llegó a la puerta del local ya sonrojado y ni siquiera la impuntualidad del otro (que no logró cumplir el horario que él mismo propuso) le disminuyó la ansiedad y una especie de alegría que le borboteaba en el estómago, como lava ardiente.

—¡Ah, Shikamaru! —exclamó Naruto, levantando la mano, aún a varios metros de distancia—. ¡Perdón por la demora, -ttebayo! Es este tráfico que no dejaba avanzar al bus… ¡pero ya estoy aquí! ¿Listo para darte la mejor panzada de tu vida? ¡Siempre quise venir a este restaurante! Choji me lo ha recomendado y él sí que sabe de comer bien, ¿no?

Todo esto lo decía a una velocidad increíble, radiante de entusiasmo, como si se hubiera ganado la lotería o como… como si estuviera a unos pocos pasos de alcanzar a su persona más amada. "¿Qué estupidez estoy pensando?", se recriminó Shikamaru, paralizado por la luz que emanaba del chico. Este, viéndolo inmóvil, lo tomó del brazo para arrastrarlo al interior del lugar.

—¡A comer, a comer, a comer!

Una vez elegida la mesa, Shikamaru fue al baño para lavarse la cara y tratar de poner los pies sobre la tierra. Él no era una persona tímida o nerviosa, pero prefería las situaciones en las que estaba en completo control y ciertamente la arrolladora felicidad de Naruto lo desconcertaba y lo sacaba de sí mismo. Saber cómo proceder en el campo de los sentimientos le parecía mucho más difícil que avanzar en un juicio. Como fuera, él podía hacerlo… sí, propondría una charla amistosa y, si Naruto al final no se animaba a dar el primer paso, él sería quien extendiera el brazo para tomarle de la mano. Eso sería lo suficientemente directo para que incluso alguien con la torpeza proverbial de Naruto pudiera entender y, a la vez, le ahorraría el bochorno de las palabras cursis.

Con este plan en mente, regresó a sentarse, justo a tiempo para escuchar al otro pedirse casi la mitad del menú.

—Y quiero este… y este… y este, ¿es rico, no? Lo quiero también…

Shikamaru en cambio solicitó un plato mucho más sobrio, no quería que la comida lo distrajera de su plan. Como primer paso, introdujo una pregunta sencilla pero que esperaba que pudiera brindarle alguna información útil para saber cómo proseguir.

—Con todos esos platos más que una cena de agradecimiento parece que estuvieras festejando algo… ¿Qué te tiene tan contento?

Las respuestas podían ser: el ascenso (pero eso ya lo había festejado), la mudanza o… ¿qué tal que estaba frente al chico que le gustaba? No… él no respondería una cosa semejante. Seguramente solo estaba contento porque su sueldo al fin le permitía probar bocado en ese sitio del que Choji le había hablado tanto. De una forma o de otra, era una buena pregunta para abrir el juego.

—¿Qué clase de pregunta obvia es esa, Shika? —empezó Naruto, con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿Qué no ves? ¡Me ha pasado todo lo bueno junto! Después de esperar tanto y de esforzarme una y otra vez… tengo el ascenso, vivo en un sitio más bonito… y… ¿a que no sabes qué más?

¡Había algo más! ¡Sí! ¡Después de todo Naruto sí sería capaz de decírselo de frente! Shikamaru echó mano de toda su concentración para simular desinterés y continuar la charla con su característico tono displicente.

—¿Aún hay más?

—¡Pues sí! —exclamó el otro, triunfante—. ¡El chico que me gusta, al fiiiiin, me invitó a una cita!

Eso cayó como un balde de agua fría sobre Shikamaru. "Espera, ¿qué?". Si el chico que le gustaba lo había invitado a una cita… ¿no podía estar hablando de él, verdad? ¿Haber aceptado ir a cenar contaba como invitar a una cita? No sonaba razonable… Mientras su cerebro intentaba procesar la nueva información —que sin dudas no era el tipo de dato que estaba esperando reunir—, Naruto continuó el monólogo, extasiado con su propio relato.

—¡Y a qué cita! ¡Me invitó a hacer un viaje con él! ¡Vamos a dar paseos junto al mar y esas cosas que aparecen en las películas! ¿Esto es suerte o qué? ¿No crees que realmente me ha dado un vuelco la vida?

Ya… un viaje… definitivamente no hablaba de él. Despacio, Shikamaru sintió cómo sus órganos se desinflaban, perdiendo fuerza. Exhaló el aire con fuerza y, con una sonrisa cuya ironía Naruto no llegó a reconocer, preguntó:

—Déjame adivinar. Se trata de ese compañero de escuela con el que siempre estás hablando, ¿no?

El rubio se rio, rascándose la cabeza con vergüenza.

—¿Era muy obvio? Sí… es Sasuke, con él me estuve escribiendo.

—Ya me parecía.

Sin identificar el tono quebrado en su voz, Naruto se embarcó como un torrente en su historia personal, de la cual le dio más detalles de los que hubiera querido escuchar. Al parecer, ellos, más una muchacha llamada Sakura, eran amigos desde el inicio de la secundaria y andaban siempre juntos. Aunque al principio Naruto veía a Sasuke como su competencia por lo bien que le salía todo, mientras que él no parecía cansarse de fracasar, más tarde notó que tenía otro tipo de sentimientos. Sin embargo, dado que con Sakura eran tan cercanos (se conocían desde mucho antes de que él se hubiera pasado a ese colegio), había creído que ellos dos salían y que, por lo tanto, no tenía oportunidad con Sasuke. Ese era el motivo por el cual nunca había dicho nada al respecto, pero en los últimos meses habían estado hablando más y al final Sasuke le había dicho que tenía ganas de que pasaran un fin de semana juntos en una ciudad costera cerca de allí. En realidad, se trataba de un viaje que debía hacer por su trabajo, pero su empresa le había reservado una habitación doble por lo que le sugirió que fuera con él.

Shikamaru lo escuchó en silencio, comiendo muy despacio la sopa que le habían traído. Cuando la historia terminó, la sonrisa de Naruto se había expandido, si eso era posible. En comparación con ese gesto de alegría simulada que siempre llevaba en el rostro (cuando lo trataban de tonto, cuando lo dejaban de lado), Shikamaru reflexionó que esta sonrisa sí parecía auténtica, brillante. Al fin, quizás, Naruto había encontrado a la persona que lo trataba bien y lo haría feliz. Mientras el chico se enfrascaba describiendo las múltiples perfecciones de Sasuke, Shikamaru decidió cambiar sus planes. Como su amigo, lo apoyaría para que construyera con ese chico la relación de sus sueños. Sí… aunque más no fuera desde un lugar marginal, él estaba decidido a colaborar con la felicidad de Naruto.