Día gris, día luminoso
Capítulo 6
Como si el alcohol pudiera resolver algo o al menos adormecer el dolor, Shikamaru y Choji permanecieron en el local bebiendo por horas. Trataron de distraerse y hablar tonterías, pero de un modo u otro el amor resurgía como tema entre ellos.
Por primera vez, Shikamaru se vio en la obligación de desarrollar sus ideas al respecto, contar algunas de sus preocupaciones e incluso tratar de revelar cómo había surgido aquel inesperado sentimiento romántico en él —lo cual en realidad todavía no terminaba de explicarse. Al final de cada comentario, sin embargo, volvía a la conclusión principal: su responsabilidad era ser un buen amigo y debía enterrar tan profundo como pudiera cualquier otra expectativa.
Choji, por su parte, también acabó por exponer algunas aristas de su relación con Ino que su amigo desconocía. Aunque él le había propuesto salir, lo cierto era que la chica era quien había preparado todo el terreno… ¡casi que lo había forzado a hacerlo! Ella era muy decidida y controladora, pero a la vez podía ser ridículamente tradicional y no se sentía cómoda dando el primer paso. No solo eso: en un inicio, sus creencias anticuadas sobre el qué dirán la hacían sentirse avergonzada de haberse enamorado de un chico que no era "popular". Cuando él lo descubrió, la herida fue tan grande que tuvo que alejarse de ella por varias semanas. Y quizás eso fue lo mejor, porque la distancia la hizo recapacitar y en aquellas horas solitarias desentrañó el absurdo de sus miedos. Volvió a buscarlo para disculparse con humildad y aseguró que comprendería si él no le daba otra oportunidad, pero le suplicaba que no le quitara también su amistad, que era demasiado importante para ella. Intentaron entonces llevarse como antes, pero no les duró mucho: se gustaban tanto que el esfuerzo por no besarse ni tomarse la mano siquiera los estaba consumiendo. Tuvieron varias conversaciones al respecto y concluyeron que ahora Ino había madurado, por lo que podían probar ser una pareja otra vez. Y así fue como llegaron a decidir hacerlo público, no solo en la oficina sino con sus familias y otras amistades. Choji sentía que habían crecido mucho desde la primera vez que se habían fijado el uno en el otro.
Más allá de la sorpresa frente a todo lo que el pelirrojo se había guardado aquellos meses, Shikamaru se quedó rumiando sobre las complejidades de construir una pareja sana. No solo era un lío enamorarse y encontrar quien además te corresponda, sino que luego había que hacer un lento y difícil trabajo personal para limar las asperezas y luchar contra las propias debilidades, es decir: un gran esfuerzo constante para poder ofrecerle a la persona amada lo mejor de uno mismo. Si su mente regresaba a Naruto, no podía más que sonreír de lado: ¿quién podría pensar que Sasuke alguna vez intentaría ser mejor para él? Pero luego su mente se ensombrecía aún más: ¿y él? ¿Era capaz de mejorar para Naruto?
En esas charlas y disquisiciones se les fueron los minutos, hasta que coincidieron en que deberían irse a casa. Naruto ya no iba a volver y ellos necesitaban dormir después de tanta bebida, ¡ya no era como cuando tenían 16 años y pasaban la noche despiertos! Por lo que, a pesar de la lluvia torrencial que los esperaba del otro lado de la puerta, no dudaron en partir cada uno hacia su hogar.
Lo bueno era que Shikamaru no vivía lejos de la estación de tren, por lo que fueron pocas cuadras las que debió caminar bajo la lluvia. Entró en su departamento, se secó el cabello húmedo, se puso el pijama, se lavó los dientes y luego se sentó en la cama, con la expresión perdida. Revisó su celular. No había ningún mensaje de Naruto. ¿Dónde estaría? ¿Lo habría agarrado la lluvia a él también? Ya podía imaginarse al imbécil de Sasuke usando eso como excusa para retenerlo en su casa. ¿Acaso Naruto… caería? No… no debería ser tan injusto… quizás el hombre realmente lo necesitaba, tal vez había sufrido alguna tragedia y en verdad solo precisaba un abrazo amigo. Naruto estaría conmocionado y agotado, probablemente no le escribiría hasta mañana. Sí… esa era una posibilidad.
Hacía por lo menos una hora que se había acostado, reflexionando sobre lo que le había contado Choji, sobre Naruto y Sasuke, pero también sobre el trabajo y sobre su vida en general, cuando escuchó el timbre. Se despabiló de inmediato pero aguardó un momento antes de ir a atender, por las dudas de que hubiera escuchado mal. Pero el timbre repitió su sonido chirriante. Se levantó de un salto. ¿Quién hace una visita en una madrugada lluviosa? Temió lo peor. ¿Podría ser alguien de su familia? No… su celular estaba prendido, primero lo habrían llamado. Cuando levantó el tubo para preguntar quién era, ya había barajado las opciones en su cabeza y sabía de quién se trataría. Naruto.
Tocó el interruptor que le permitiría entrar al edificio y se quedó aguardando hasta escucharlo tras la puerta. Al abrirla, el espectáculo con el que se encontró fue realmente lamentable: Naruto estaba empapado de pies a cabeza, su cabello y su ropa chorreaban, tenía los ojos rojos y algo raro en los nudillos, quizás… ¿sangre? Por su cara era evidente que no estaba para responder preguntas, de modo que solo se hizo a un lado para que pudiera entrar y le señaló el baño.
—Pasa y date una ducha para recuperar el calor. Ahora te traigo una toalla y ropa limpia, tenemos talles similares.
Naruto se demoró tanto que en más de una ocasión consideró entrometerse para verificar que no se hubiera ahogado, aunque pronto sacudía la cabeza para ahuyentar esas imágenes. Para mantenerse despierto, abrió en su celular una variante virtual de shogi, un juego de mesa japonés que practicaba con su padre desde niño. De todos modos, por mucho que intentó concentrarse en la partida, apenas el rubio abrió la puerta él levantó la vista. Su expresión demacrada lo impulsó a indicarle su habitación.
—¿Por qué no vas a dormir a mi cama? Yo puedo quedarme en el sillón. Descansas tranquilo y mañana hablamos.
Si bien había duda en los ojos de Naruto, pronto inició su avance hacia donde le señalaba. Shikamaru lo siguió para prender el velador y explicarle cómo encender la estufa, en caso de que aún tuviera frío, pero al voltearse para dar su explicación se encontró con que el chico estaba llorando. Se había sentado en el borde del colchón, miraba al suelo y dejaba las lágrimas caer ruidosas, como si hubiera olvidado que no estaba solo. Shikamaru se ubicó a su lado y lo abrazó. Le palmeó la espalda despacio, dejándolo desahogarse. No iba a hacer preguntas ni suposiciones, no. Este era el momento de su amigo y su único rol era estar y escuchar. Aguardó. El efecto del alcohol se había diluido en su sangre y la angustia le había desarmado el sueño. Ahora solo contemplaba la pared mientras permitía que le llenaran el pijama de mocos y dolor.
Poco a poco, los estremecimientos de los hombros del chico aminoraron su ritmo y las palabras comenzaron a surgir, entre hipidos y murmuraciones. La historia fue construyéndose a partir de pequeñas piezas que no siempre encajaban del todo bien.
Al parecer, Sasuke lo había citado en algún sitio público (¿una plaza? ¿una esquina? El discurso de Naruto estaba lleno de huecos) para disculparse por que su viaje hubiera salido mal. Luego, había dicho que su departamento estaba cerca y que le gustaría que lo acompañara a tomar algo. La conversación había sido incómoda pero no insoportable. El rubio daba todo de sí para rescatar algo de aquella amistad y Sasuke intentaba mostrarse abierto. Le reveló todo lo que le había ocultado sobre su relación con Sakura: cómo se habían convertido en pareja, cuándo habían decidido casarse. Aseguró que no le habían dicho nada no porque quisieran mantenerlo al margen o porque lo hubieran olvidado, sino porque querían protegerlo. Sasuke siempre había conocido sus sentimientos (¿cómo? ¿Por qué no lo había dicho mucho antes, entonces?) y pensaba que enterarse de aquello lo lastimaría y acabaría por alejarlo de ellos. Y ellos no querían eso, no. Sasuke no quería eso. No quería perder a Naruto. Y, sobre todo… no quería dejar de ser amado por él.
Shikamaru apretó los puños. Mordiéndose la lengua, sostuvo el silencio que la situación ameritaba.
—En el hotel… me malinterpretaste —había dicho Sasuke—. No te estaba ofreciendo un premio consuelo, un favor contra mi voluntad ni nada parecido. A mí me gustaría… realmente me gustaría si pudiéramos tener "algo". Mientras nadie se entere… y si estás de acuerdo… podríamos pasárnosla bien, ¿no crees? No solo una noche. Cuantas quieras.
Naruto había quedado paralizado. Se esforzaba por procesar aquello, por entender las insinuaciones, por imaginar qué pintaba su amistad con Sakura en todo el asunto, por deducir qué diablos pensaba Sasuke de él para estar haciéndole una propuesta como esta. ¿Qué era lo que quería de él? ¿Le correspondía pero no se animaba a reconocerlo? ¿O solo se trataba de sexo?
Cuando lo sintió acercarse buscando sus labios, las fichas terminaron de acomodarse en el peor lugar. ¿Ese era el Sasuke al que había considerado su amigo más cercano tanto tiempo? ¿Era la persona que amaba? ¿Alguien capaz de engañar a su prometida? ¿Una persona mentirosa y manipuladora? ¡Mierda! Él había deseado tanto esto, poder besarlo, poder sentir su calidez y estrecharlo entre sus brazos… ¡pero no así! ¡Definitivamente no así!
Lo empujó, fuera de sí, y, después, la memoria se le llenó de agujeros. Recordaba la botella de vino rodando por el suelo, un vaso hecho añicos, Sasuke queriendo tomarlo de los brazos para apaciguarlo y luego… luego…
Él. Solo él, Naruto, lanzando golpes a esa hermosa cara.
¡La hermosa cara del amigo que cuidó de él desde la adolescencia! ¡La hermosa cara que siempre tuvo un gesto amable para él, que lo defendió de los abusivos, que nunca se fijó en si era huérfano o en si tenía malas notas o lo que fuera! ¡Esa hermosa cara era él, Naruto, quien estaba destrozándola!
El llanto retornó, duplicado en furia por sí mismo, por la irracionalidad de los acontecimientos, por haberse descubierto dispuesto a hacer daño. Shikamaru retuvo las propias lágrimas.
—Cuando pude detenerme, yo… no lo sé, Shika. Sasuke lloraba y se cubría con las manos. Nunca lo había visto así, ni cuando éramos chicos. Me disculpé como pude… y luego… solo le dije… eso, que por favor, por favor… por favor no volviera a hablarme nunca más. Por ningún motivo.
El otro no le había podido responder. Solo lo contempló con angustia, como si al fin comprendiera la profundidad de las heridas que se habían hecho. Naruto no esperó a que se recompusiera. Apenas fuera del departamento, sacó su celular y bloqueó a Sasuke en todas sus redes, eliminó su contacto, borró sus fotos, se deshizo de todo antes de que el impulso insoportable que lo sostenía en pie se acabara.
—Ahora, yo… —continuó, entre quejidos—. Corté con mi pasado, Shika, lo hice… solo me hace falta llorar un poco más… y mañana será otro día.
Shikamaru asintió, despacio.
—Llora todo lo que necesites, Naruto. Tal como lo dices, mañana será otro día. Podrás empezar de nuevo, sin toda esta carga.
Los sollozos solo se detuvieron cuando finalmente Naruto se quedó dormido, todavía dentro del abrazo. Shikamaru se incorporó despacio y lo acomodó en la cama. Lo arropó como a un niño y se quedó allí viéndolo. Su corazón era un remolino de contradicciones. Odiaba a Sasuke pero también le preocupaba el modo en que Naruto había perdido el control de sí mismo, la violencia que pudo desatar la humillación. Pensaba, al mismo tiempo, que después de todo él quería darle un buen puñetazo a Sasuke desde que supo lo del viaje. ¿Había otra reacción posible, además de enojarse y romperlo todo? Quizás sí. Seguramente sí. Es que tanto Naruto como él tenían muchísimo que aprender… aunque no tanto como Sasuke, seguramente. Ese bastardo se merecía su enojo, por lo menos. Diablos… esa noche había sido dura. Muy. Y no obstante tenía un lado bueno. De alguna manera, tal vez aquello significara que esta vez Naruto sí había podido cerrar una etapa. Sí podría desprenderse de esa historia de mierda que lo había perseguido por años.
Con un pañuelo, secó la humedad que aún rodeaba los ojos cerrados del chico. Quiso besarle la frente como su mamá lo hacía con él cuando era pequeño. Se contuvo, sin embargo. Se retiró hasta el sillón, donde se arrojó así nomás. Pasó los brazos debajo de la cabeza, tratando de calmar su respiración. Sin Sasuke de por medio, ¿podría Naruto verlo a él alguna vez como hombre y no solo como "amigo"? No estaba seguro, pero, como fuera… debía esperar. Aquel corazón tenía demasiadas llagas y él no planeaba aprovecharse de eso. No… él no era como Sasuke, definitivamente. Ahora debía escucharlo, debía respetar su dolor.
"Un día...", pensó, decidido, "un día le diré mis sentimientos... y Naruto tendrá el amor que merece; como amigo o como pareja, lo que él necesite de mí, seré". Sí, él construiría días luminosos para Naruto: para el sol que había logrado apartar las nubes de su monotonía y de su tristeza.
* * * FIN * * *
Notas: ¡Yay! ¡Hemos llegado al final! Un poco doloroso pero aquí estamos. ¿Qué les ha parecido? ¡Me encantaría escuchar sus observaciones! Esta historia tendrá una continuación de tres capítulos, ya la tengo planificada y tiene su correspondiente portada ilustrada por la maravillosa Anita Ilustraciones, pero aún no la he empezado a escribir así que llevará alguito de tiempo. Mientras tanto, espero que les interese leer mis otros fics, todas las semanas trato de subir algo :)
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