Los personajes no son míos. Pero la historia y los diálogos son completamente de mi autoría, así como Casper también me pertenece.
.
.
Acéfalo
7
.
.
Sam elevó una ceja, todavía expectante a la respuesta. El chico de ojos celestes de pronto actuaba de forma extraña, tamborileando los dedos en movimientos anormales. ¿Estaba nervioso? Y el joven moreno hace rato que se había levantado para ir al baño, dejándolos solos. Sam creyó ciegamente que el joven de gorra estaba escapando, pero, ¿de qué?
—¿Y bien? —preguntó, algo ya molesta.
—¿Y bien? —repitió automáticamente, ella frunció el ceño—. Y bien, yo soy... mi amigo, él es —fingió toser, concentrando la mirada en el servilletero—. Nosotros somos...
—Okey. Hasta ahora lo único que tengo bien claro es que sabes conjugar perfectamente el verbo ser en tiempo presente —chasqueó la lengua—. Lamentablemente esa no es la respuesta que busco. Así que eso es un error.
—¡Eso! Se trata del presente. De ESTE presente, quiero decir —recalcó, mirándola fijamente.
Sam contrajo los músculos de la cara, adquiriendo un sentimiento de confusión instantáneo. Las palabras del joven azabache resultaban cada vez más confusas y difíciles de digerir, como si estuviera revelando algún secreto entre líneas. Sam negó con la cabeza, apartando sus tontas ideas.
—¿Este presente?, ¿no es el mismo presente en todos lados?
—No exactamente. No aquí —lo vio suspirar y acomodarse una vez más en su asiento. Giró el cuello a los lados, como si estuviera vigilando que nadie más, excepto ellos dos, pudiera escucharlo. Luego le hizo una seña para que se acercara un poco—. Escucha, Sam, no puedo decirte mucho hasta estar seguro de que...
—¡Espera un momento, chico extraño! —se apartó con brusquedad y lo enfrentó. El miedo la recorrió por un segundo—. ¿Acaso ya te he dicho cómo me llamo? No, por supuesto que no lo hice, ¿cómo sabes mi nombre? —juntó las cejas.
Él junto las cejas con la nariz, enojado por razones que ella no conocía o no lograba descifrar, aunque Sam podía percibir un deje de tristeza en sus ojos. Pero era imposible que sus preguntas lo hubieran lastimado; de todas formas, exigía una respuesta y no iba a doblegarse a nadie.
—¿Qué son exactamente ustedes? —crujió los dientes, iracunda—. ¿Un tipo de acosadores?
Entonces él rió de medio lado, con amarga ironía.
—Sí. Seguramente voy por la calle tratando de averiguar cosas como tu nombre y tus pasatiempos favoritos.
—Tratas de ocultarte con sarcasmo mal disimulado —luchó por tranquilizarse, suspirando. Si pensaba un poco las cosas, lo que estaba insinuado sonaba absurdo y hasta improbable. Volvió a suspirar, elevando el flequillo de su frente—. Trataré de fingir que nada de esto ocurrió realmente. Pero al menos, deberías responder,¿cómo sabes mi nombre?
El chico observó a lo lejos, y en un breve, pero muy breve, momento, lo vio temblar. Hacía frío, pero adentro de la cafetería ninguna brisa los podría alcanzar, ademas de que contaban con calefacción. Resultaba extraño que él estuviese temblado de esa manera, aún con el abrigo grueso que tenía encima.
—Tu queridito novio fue quien lo mencionó hace un rato —se refirió a Casper con arrogancia y luego fue indiferente—. ¿No se te ocurrió?
Sam ignoró la dureza que había utilizado para hablarle, atenta en analizarlo, esperando descubrir alguna pista que pudiera transportarla en el tiempo a través de su mirada celeste; pero entre más lo veía, más presentía que ya lo conocía. Quizás sí estaba exagerando, y el chico y ella de verdad se conocían desde antes. Mas era fácil alterarse cada vez que buscaba entre sus memorias. Sam sabía que a veces actuaba estúpidamente, y que sus impulsos podrían dañarla de mil maneras, y sin embargo, era cada vez más complicado de soportar, cada día era como un nuevo tormento en un camino incierto. El joven notó su mirada, relajando fugazmente su expresión y le sonrió con sinceridad, podía leer en su semblante que se estaba disculpando, y ella también le pidió perdón internamente.
Él tomó su mano, y Sam sintió millones de choques eléctricos subiendo por su espina dorsal hasta sus mejillas, coloreándolas. ¿Por qué la tocaba si hasta hace unos segundos fue bastante grosera? Su mano era fría al contacto, pero no le molestaba en absoluto, y quiso explorar la palma de su mano, pero se sintió tímida para hacerlo.
—Uhm. Chicos —la voz de Casper la sacó de sus pensamientos, sobresaltándola. Rápido ocultó su brazo entre su ropa oscura, esperando que Casper no se encontrara con la imagen de sus dos manos juntas en una sola—. Hay una fila enorme en las bebidas, creo que tendremos que posponerlo para más tarde. ¿Qué ocurre aquí, uhm?
Quiso reír por el comentario de Casper. No existía fila alguna. No obstante, mucho hacía con mentir por ella.
Le echó un vistazo al otro chico por el rabillo del ojo, y comprobó que él desviaba el rostro hacia ningún sitio. Fijó que comenzaba a tiritar de nuevo, y que sus temblores iban en aumento extraordinario.
—Casper, supongo que otro día nos encontraremos con ellos —intervino mientras se ponía de pie, sin dejar de distinguir los espasmos del chico, preocupándose sin poder evitarlo—. ¿Estás bien?
—¡Cielos, estás tan frío como un muerto! —exclamó Casper sorprendido, aventurado a tocar su frente—. Puedo pasarte mi gabardina, Sam me obligó a usar varios suéteres debajo —rió—. ¿Uhm?
—N-no. Es-estoy bien —apenas y podía hablar a causa de las pequeñas sacudidas de su cuerpo.
—No lo estás. Incluso te has puesto tan pálido como...
—¿Como un muerto? —completó Casper. Sus palabras calaron en su mente.
Casper tenía razón. Cualquiera daría por hecho que tenía la apariencia de un muerto. Un fantasma. Aquel color tan blanco no podía ser normal, casi podía ver a través de él. Sam se frotó los ojos, ¿era posible aquello? No, simplemente estaba pálido, como cualquier humano enfermo.
—Es-estoy per-perfectamen-te. Un po-co de frí-o es común en in-invier-no —su sonrisa se vio torcida.
Sam capturó el codo de Casper, provocando que éste tuviera que agacharse algunos centímetros para quedar a su altura. Le susurró en el oído algunas cosas y Casper asintió sin chistar.
—De acuerdo, chico —se inclinó hacia él—. Es hora de ir a casa, uhm.
El joven se atemorizó, Sam podía adivinar su angustia. Se opuso a ser cargado por Casper, pero el castaño lo capturó con sus delgados brazos y lo levantó con dificultad.
—Yo pu-e-do ir a ca-sa por mi prop-pia cuent-ta —forcejó tirando de los pies, pero fue imposible librarse del agarre de Casper. Sam sonrió, sabía que su novio no era especialmente fuerte, pero tenía la convicción de cumplir cuanto le pidiera.
—No me gusta esto más que a ti —encogió la boca—. Pero ella manda, uhm.
—Chico extraño —habló Sam—. No podemos esperar a que pares de temblar, te llevaremos a tu casa tanto si lo quieres como si no. Así que es mejor que cooperes con nosotros.
No esperó una respuesta en contra, por lo que decidió adelantarse, caminando aceleradamente. Casper la siguió a su espalda, completamente serio.
—¡Hey!, ¿qué hacen? —escucharon la voz del joven de gafas y Sam volvió sobre su hombro—. ¿A dónde crees que llevas a mi amigo, larguirucho?
—Será mejor que no vuelvas a llamarme de esa forma —bramó Casper, convertido de nuevo en aquella persona poco gentil y furiosa.
—Tu amigo tiene... —Sam pensó las palabras correctas. ¿Exactamente qué tenía?—. Enfermó, probablemente esté resfriado. Casper y yo los llevaremos a casa.
—¿Llevaremos? ¿Incluido yo en el plural? —cruzó los brazos—. Parece que ya iban con rumbo sin mí.
Casper rodó los ojos, molesto.
—Me iré adelantando, linda.
Lo observaron partir, entonces las gafas cayeron por la nariz del tipo cobrizo, y no las regresó a su lugar hasta que habló.
—Sam —el tono de voz que utilizó provocó en Sam una terrible sensación de vacío. Ni siquiera se incomodó por haberla nombrado, porque tenía la impresión de que la había estado llamando desde hace ya mucho tiempo—. Olvídalo, prometí que apenas y diría nada —respiró profundamente—. Sólo vayamos. Aunque parece que en este mundo todos parecen pasar de mí.
La dejó sola, y la palabra mundo retumbó en su cerebro tan fuerte y con gran ruido, que lo único que vio en un segundo fue oscuro.
Cerró los ojos y descubrió los iris verdes del sujeto de sus sueños, y luego se volvían azules como los del tipo que llevaba Casper en brazos, también estaba el hombre moreno, o alguien muy parecido a él, más chico y con un gorrito de color rojo.
La abrasadora oscuridad se volvió densa y tenebrosa. El miedo se apoderó de ella, con ganas de gritar y de escapar de la diabólica marca negra que pronto la atraparía, pero sus piernas no respondían a sus deseos. Desesperada, luchaba por regresar a la realidad... ¿era aquella la realidad a donde pretendía volver?
"Un mundo ficticio es la construcción de un mundo para los débiles, para aquellos que sus acciones se interponen en el camino".
Esa voz. La reconocía, pero no recordaba a quién pertenecía. Los pelos de la nuca se le erizaron al escucharla de nuevo, riendo maliciosamente, en extensiones de sonidos guturales que se colaban hasta lo más profundo de sus huesos. Quería que parara, que parara, que parara ya. Se tapó los oídos, pero no consiguió disminuir la perversa intensidad de sus palabras.
Una mano salió de las sombras y se mostró ante ella. Llena de malas intenciones.
Sam despertó violentamente, con dificultades para respirar y dolor en el pecho. Su cabello estaba mojado por el sudor, y una manta a cuadros la cubría. Tardó un minuto para darse cuenta que las paredes de la cafetería se habían convertido en las ventanillas de la camioneta de Casper.
Miró alrededor, todavía asustada, y se encontró a Casper conduciendo.
—Cielo, gracias a dios —dejó escapar el aire de sus pulmones—. Estaba muy preocupado.
—Casper, ¿qué sucedió? —se tocó la cabeza y sobó un pequeño bulto que sobresalía de la frente—. ¡Auch!
—Te desmayaste, cielo —le dedicó una mirada instantánea antes de volver hacia el parabrisas—. Ahora tienes un hermoso chichón, uhm —carcajeó suavemente—. Luce bien en ti. Es decir, sigues siendo tan hermosa como siempre.
Sam lo golpeó suavemente en el hombro. Entonces distinguió la figura del tipo moreno por el retrovisor, y al otro joven apoyado en el asiento, cubierto por varias mantas parecidas a la que tenía ella, tal vez dormido.
El calor se acumuló en sus mejillas, avergonzada por su comportamiento con Casper y ser reprochada por el joven de gorra, quien la contempló con severidad.
El viaje fue sumamente incómodo para todos, y la música que había puesto Casper parecía no ser de agrado para el moreno (aunque tampoco lo era de ella, la verdad). Y Casper silbaba la melodía de esa canción popular de los ochentas a propósito, burlándose casi en la cara del moreno. Estaba claro para ella, que ambos no podrían llevarse bien nunca.
Y entre árboles secos y casas descuidadas, finalmente llegaron. Casper se estacionó frente a una casa que parecía estar abandonada, tenía algunos cristales rotos, y la pintura era más bien opaca; la hierba crecía sin cuidado a su alrededor y algunas paredes se caían a pedazos. De un punto del techo colgaba un letrero que decía: TON. Sam no sabía exactamente a qué se refería, y ¿cómo saberlo si algunas letras se habían desprendido? Esa era una palabra que hasta el momento no tenían ningún significado.
Sin embargo, nuevamente se sentía confusa. No quería ni siquiera pensar en que aquella casa también le resultaba familiar a alguna de su recuerdo, porque sería demasiado bizarro para ella misma.
.
—¿Te sientes mejor? —sin saber porqué, le sonrió.
El chico movió la cabeza para indicar que sí, sentándose sobre la cama.
—Los temblores desaparecieron por completo —regresó la sonrisa y Sam se ruborizó tenuemente—. Te dije que estaría bien.
—Supongo que no has olvidado nuestra conversación, ¿verdad?
—Te responderé, pero no ahora, Sam —la observó fijamente y ella se sentó al borde, junto a él—. ¿Puedo llamarte así?
—Creo que no tengo opción, chico extraño.
—Sam —acarició su cabello, moviendo un mechón que cubría su rostro. Sam entreabrió los labios, llevada por el asombro y por lo bien que se sentían sus dedos en su mejilla—. Me gustaría decirte tantas cosas, pero no es el momento.
—¿Cuándo lo será? —preguntó ligeramente, deseando que su mano se quedara para siempre sobre su piel.
—Confía en mí —lo vio acercarse a ella, e inconscientemente ella también se acercó. Pudo oler la fragancia del jabón en su cuello—. ¿Eres feliz, Sam?
Ella se apartó.
—No me respondas ahora. Hazlo cuando te diga quién soy.
No supo por qué, pero estuvo de acuerdo. Su corazón latió apresuradamente, y se animó a hacer lo que en la cafetería hubiera querido hacer. Besó el dorso de la mano del joven, sin importarle que él se hubiera inquietado, poco le importaba.
Su piel ahora estaba cálida y no fría. Le gustó la suavidad en sus labios y quiso seguir besándola, pero... la imagen de Casper enfurecido llegó hasta su pensamiento, deteniéndose, asustada. No estaba bien lo que hacía, independientemente de lo que sentía por Casper, no estaba bien, era su novio.
—Debo irme, Casper me espera en la camioneta.
No se quedó a despedirse y salió como alma que lleva el diablo, chocando con el moreno a la entrada de la habitación. Tampoco se disculpó y avanzó un poco más, hasta que el moreno hubiera entrado al cuarto. Entonces se detuvo para inhalar, pero las voces de los jóvenes llamaron poderosamente su atención.
—¿Qué le hiciste a Sam que salió tan despavorida?
—Nada, simplemente hablamos.
—¿Le dijiste algo de nosotros?
—Iba a hacerlo, pero...
Sam era la peor persona del mundo. Tendría que haberse marchado ya, pero en cambio, se paró detrás de la puerta para escucharlos. Quería irse, pero una fuerza mayor a ella la obligaba a actuar de esa forma, quizá su conciencia, o el deseo de descubrir algo prohibido.
—Hay algo raro en todo esto. Me refiero a Casper.
—Estoy de acuerdo, viejo. Jamás me había sentido tan incómodo en presencia de alguien.
Sam pegó la oreja a la puerta.
—No lo entiendes. Cuando en la cafetería iba a revelar mi nombre a Sam, Casper se acercó, y entonces empecé a tener escalofríos. Cuando me cargó, mis escalofríos se hicieron mucho más fuertes, que ya no pude controlarlos, y...
—Y en la camioneta terminaste por desvanecerte.
—Es de lo que hablo.
—¿Eso quiere decir que estás recuperando tu parte...?
Se quedó callado. ¿Qué parte había recuperado? Sam no lo entendía, todo era muy confuso.
—No lo sé, no me siento como si hubiera regresado.
Nuevas preguntas se formulaban en el interior de Sam. Esos dos sí tenían relación con su pasado, estaba segura ahora.
—Viejo, ¿te das cuenta?
—No quisiera hacerlo. Espero equivocarme.
—Una razón más para decir la verdad.
Sam salió del lugar, atando cabos sin resolver que quedaban inconclusos. ¿Qué demonios pasaba? Odiaba todo eso, odiaba la mierda que su vida había tomado.
Continuará
N/A: Muchas gracias por leer!
