Los personajes no son míos. Pero la historia y los diálogos son completamente de mi autoría, así como Casper también me pertenece.
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Acéfalo
10
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Explicaciones, eso era todo lo que necesitaba, pero al parecer, ninguno de los dos chicos quería dárselas. Sam se quedó callada un momento, esperando que alguno de los dos dijera algo, sintiendo el calor filtrarse por su frente y haciéndola sudar, a pesar de que afuera el mundo se estuviera congelando.
Los descubrió intercambiando miradas, como cómplices de algo que ella todavía no conocía. Estuvo a punto de jalarse los cabellos por tanta desesperación e impaciencia. ¿Por qué se quedaban callados? Juraba que se volvería loca.
—Sam, ¿estás bien?
Le preguntó el moreno. Tucker, según había dicho.
Y se llevó una mano a la cabeza, que de pronto le empezó a dar vueltas.
—Increíblemente bien, ¿te parece que lo estoy? —tuvo que sentarse porque no podía controlar aún más el temblor de sus piernas—. Excelentemente bien, vaya.
Tucker le dedicó un gesto avergonzado. Quizá no era su intención hacerla sentir de ese modo, pero a esas alturas, Sam ya no sabía qué esperar.
—Puedes creernos o no, pero te decimos la verdad —agregó—. Yo soy Tucker. ¿En serio no puedes recordarme? ¿Ni un poco tan siquiera?
—Yo... No estoy segura.
No mentía. Con cada palabra, una nueva punzada en las sienes. Por más que intentara esforzarse, por más que tratara de recordarlo, no podía hacerlo. Aquel chico de piel oscura seguía siendo un desconocido. El vacío en su interior creció.
Pensó en las páginas de su diario, y en lo que había escrito allí sobre él. Indudablemente, Tucker cumplía exactamente con las características que había descrito. Ese tal Tucker era el mismo Tucker de su diario. Mas no podía verlo en su memoria.
¡Agh! Demasiada frustración en un minuto.
—¿Cómo puedo estar segura que en verdad eres Tucker? Pudiste simplemente decirlo al azar.
Una corazonada le gritaba desde el fondo que él no mentía, que sí era Tucker. Pero no era tan fácil bajar la guardia, no podía darse ese lujo y arriesgarse. Las peores cosas suceden cuando se empieza a confiar.
No obstante, el joven frente a ella rodó los ojos, en un claro acto de ofensa.
—Porque soy tu amigo. Porque en este momento sé más de ti que incluso tú misma —se cruzó de brazos—. Samantha Manson, eres mi mejor amiga de toda la vida. Estuvimos juntos durante toda la secundaria, estuvimos juntos cuando Danny se convirtió en...
Se tapó la boca. El chico que se hacía llamar Danny lo fulminó con la mirada, y Sam los examinó a todos. Odiaba tener esa maldita amnesia, odiaba todo lo que estaba ocurriendo, pero sobre todo, odiaba no saber ni quién era. ¿Y por qué demonios el chico de ojos azules no hablaba todavía? Su silencio la estaba incomodando de sobremanera.
Agh. Rugió por lo bajo una vez más. Se mordió el labio inferior.
—¿Cuando Danny se convirtió en qué? ¿Qué estabas diciendo? ¡Termina, anda!
—Cuando —vaciló, y de inmediato buscó la aprobación por parte del aludido, mas él negó con la cabeza. ¿Qué ocultaban esos dos?—. Es decir, ¿eso importa ahora? —bufó, moviendo los brazos con exasperación. En ese instante preciso, Sam descubrió grandes y horrorosas cicatrices en las manos del moreno—. Tú y yo somos mejores amigos. Incluso nos hemos besado antes.
Sam se paralizó.
El joven de ojos azules observó a su amigo con la misma expresión que ella, espanto y sorpresa.
—¿Cómo que se besaron? —preguntó por fin, con demasiada severidad. Haciéndose notar de entre la oscuridad.
Tucker encogió los hombros.
—No fue para tanto, calma tus celos, viejo —se dejó caer a un lado de ella, y movió los dedos de forma impaciente. Sam se perdió en las líneas que formaban sus cicatrices. De cerca, podía contemplarlas mejor—. Cómo extraño tener en estos momentos mis...
—Tus aparatos tecnológicos. Lo sé —completó Danny—. ¿Cómo que se besaron?
—Ah. Te lo diré, porque de otra manera no me dejarás en paz, ¿verdad? —resopló largo y tendido—. Fue con lo del espantoso proyecto de las responsabilidades compartidas, ¿recuerdas? A Danny le tocó trabajar con Valerie, y a mí con Sam —después de ver a Danny, la miró a ella como si intentara explicarle lo sucedido—. Nos entregaron un costal de azúcar que simulaba ser un bebé. Teníamos que cuidarlo entre los dos. Supongo que me metí tanto en el papel del padre que terminé besándote —realizó una mueca de pavor. Sam realmente se sintió insultada, ¿acaso ella besaba mal? Casper siempre le dijo que le encantaban sus besos—. Fingimos que eso nunca sucedió.
—Pusiste un negocio de niñeras para cuidarle los costales a otros —dijo, y los ojos de Tucker brillaron con esperanza.
—¿Lo recuerdas?
—No realmente. Venía escrito en el diario.
—Ah, pues excelente. Partimos de donde mismo. Tú no puedes recordar a tus dos mejores amigos.
Tal vez el chico moreno tenía toda la razón, por supuesto que sí. Comprendía, hasta cierto punto, su desesperación. Él era su amigo, tal y como había dicho. Después de todo, ¿qué otra prueba necesitaba para saberlo? Él ya había relatado el suceso de los costales-bebé de forma tan precisa como aquélla.
—Lamento no recordarte, Tucker —tomó su mano—. Al menos lo has intentado, y no preferiste quedarte callado.
Incluso se sorprendió por toda la acidez que había utilizado en sus palabras. Lo había hecho con toda la intención de molestar al chico de ojos celestes, quien solamente se limitó a fruncir el ceño.
—Si lo dices por mí, Sam...
—Es obvio que lo digo por ti. ¿Por qué no me dijiste que tú eres Danny en primer lugar?
Se aseguró de analizar cada una de sus facciones. El chico se mostró impasible, pero después estuvo a punto de quebrarse. Se acomodó el cabello azabache y luego se sobó justo detrás del cuello, como buscando qué decir apropiadamente.
—Es algo muy complicado, Sam —se lamió los labios, nervioso—. Lo sabes ahora.
—No lo hizo porque es un idiota.
—¡Tucker!
—Es la verdad, viejo. Pasamos tantos años buscándote, y cuando finalmente te encontramos, él prefirió no decirte nada —escondió las cicatrices que con tanto afán le miraba, posiblemente se sintió extraño—. Creí que lo hacía porque quería protegerte, pero no fue así.
—No es necesario que digas eso, Tucker.
Casi le imploró, pero su amigo lo ignoró rotundamente.
—Cuando te vio de novia con Casper, se sintió traicionado y herido; prácticamente su mundo se vino abajo. Pero ahora que por fin terminaste con esa relación tóxica, Danny recuperó sus esperanzas —se puso de pie y tocó amistosamente el hombro de su amigo. Éste se ocultaba el rostro con una palma—. Conclusión: Danny te ama —se aclaró la garganta—. Ahora, si me disculpan, creo que ustedes dos tienen mucho de qué hablar.
Salió rápidamente por la puerta que daba a su alcoba, evitando cualquier ataque que el chico de ojos azules pudiera ofrecerle.
Danny lo siguió con la mirada, y Sam advirtió su deseo de venganza. Lo tomó por el codo antes de que decidiera ir tras el moreno.
El chico de ojos azules la observó, y Sam no supo descifrar su expresión. Estaba ¿consternado?, ¿avergonzado? No podía saberlo, pero el rubor que cubría sus mejillas le pareció sumamente gracioso.
—Sam, escucha. Lo que dijo mi amigo Tucker, no es cierto.
Sam enarcó una ceja.
—¿No me amas? —preguntó curiosa.
—Yo... Bueno, sí —se pasó una mano por el rostro—. Es decir, no le hagas mucho caso.
Dejó escapar una suave risa, haciendo descansar su brazo sobre el hombro de Danny. Pensó en el beso que Danny le había dado, y sinceramente, tenía ganas de volver a besarlo, porque, aunque no estuviera segura de nada en lo absoluto, sí aceptaba que ese muchacho causaba una fuerte revolución en ella. Aquel ligero roce de labios fue suficiente para hacerla sentir todo lo que con Casper jamás sintió.
Movió la cabeza a los lados para disipar esos absurdos pensamientos. No era momento de enamorarse, ni mucho menos, justo cuando lo había dejado con Casper.
Danny se giró en torno suyo y tomó sus manos, apretándolas con extremo cuidado y suavidad.
—¿Me perdonas?
—¿Por qué te disculpas? ¿Será por haberme besado antes o por haberme ocultado la verdad?
—Ambas —se corrigió—. Por lo último solamente —sonrió. A Sam le encantaba esa sonrisa que ocasionaba que la sangre le hirviera—. Te ayudaré a recuperar tus recuerdos. Deseo que me recuerdes, a los dos, a mí y a Tucker.
Algo había en su forma de hablar, y en la manera nerviosa de pasar la lengua por entre sus labios, que le decía que quería que lo recordara más a él que a nadie más, pero no se lo dijo.
—Casper me repetía algo muy parecido. Siempre prometió que me ayudaría a recuperar mis recuerdos —se encogió de hombros—, pero enloqueció.
—Es un cretino.
Danny ladeó la cabeza y de inmediato la condujo hacia el sofá de la habitación. Los resortes chirriaron apenas volvió a acomodarse, y Danny le ofreció un poco de chocolate. No le gustaba mucho el chocolate, ni tampoco creyó que era una bebida ideal para la ocasión, sin embargo, lo aceptó de buena gana.
Después de diez minutos, Danny regresó con dos tazas humeantes de chocolate.
—Danny —lo llamó quedito. Le gustaba su nombre, le gustaba su voz al pronunciarlo, le gustaba todo—. Danny —repitió—. ¿Cómo éramos a los catorce años?
—Los mejores amigos. Siempre te metías en problemas por defender los derechos de los animales, y andabas por ahí tratando de evitar que Tucker y yo comiéramos algo que antes hubiera tenido una madre —rió—. Nos hablabas de poesía, de cosas góticas y oscuras.
Sam se sonrojó. Por alguna razón, su etapa adolescente le causaba mucha vergüenza, aunque no se arrepentía de nada. No obstante, Danny le estaba contando cosas de sí misma que no eran desconocidas. Eso no cambió con el tiempo. Su personalidad no se transformó con la pérdida de memoria, eso era bueno.
—Sé que tienes dudas. Lamentablemente, no puedo responderlas todas, Sam.
¿Por qué? Fue lo que quiso interrogar, pero no pudo.
Inesperadamente, Danny atrapó su mano y la acercó hacia sí, depositando suaves besos hasta llegar a la muñeca. Los colores rojizos incrementaron el rostro de Sam, sintiendo los dulces labios de él acariciando su piel. Se sentía bien, increíblemente bien, con letras mayúsculas.
Su corazón latió apresuradamente.
Quería más, sentir sus besos recorriendo todo su brazo, porque era casi como el paraíso.
No obstante, los besos terminaron, y Danny simplemente sonrió. Después la dejó sola, con miles de interrogantes al aire.
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—¿Qué fue lo que ocurrió?
Preguntó, decidida.
Una fuerte brisa hizo mover sus cabellos. Sam se refugió entre la bufanda. Tal vez no estaba lista para escuchar una respuesta, pero tenía que ser valiente, ahora más que nunca.
Danny entrelazó los dedos con los de ella, y juntos caminaron por un sendero cubierto de árboles sin hojas. Estaba por nevar.
Sam buscó zafarse, pero el chico no se lo permitió.
—No lo sé, Sam.
Ella lo examinó detalladamente, no creyéndole. Sin embargo, pudo distinguir que él no mentía.
—¿Hasta dónde recuerdas, Sam?
—Recuerdo todo lo que pasó en Casper High, excepto a ustedes dos. Es como si nunca hubiesen existido —frunció la boca—. Paulina y yo fuimos mejores amigas. Dash fue mi novio.
Danny enarcó una ceja, sorprendido. Luego apretó el ceño, en una expresión que ella no pudo describir.
—¿Amiga de Paulina? —empezó a carcajear, sosteniéndose el estómago. Sam lo reprochó—. Espera, aún no termino —volvió a reír con más ganas, y cuando la risa cesó, se obligó a respirar, limpiando una lágrima imaginaria—. Lo siento mucho, pero nada de eso fue verdad. Imaginarte como mejor amiga de Paulina es muy cómico —soltó una risilla pequeña—. Y aunque Dash y tú nunca fueron novios, sí se besaron... Por desgracia.
Su buen humor cambió rotundamente, como si aquello se tratara de algo que quisiera borrar para siempre.
Sam, lejos de sorprenderse, quiso aprovechar la oportunidad.
—¿Celoso?
—¿Bromeas? Fue la primera vez que me rompiste el corazón.
Eso no lo esperaba ella.
—¿Entonces es cierto? ¿Tú me amas?
Lo afirmó, mientras que Danny balbuceó algo que ella no comprendió.
Le gustó mucho mirarlo de esa forma. Era tan tierno y gracioso a la vez. Estaba rojo hasta la frente y movía los pies con nerviosismo. Sam fue cautivada por su encanto innato.
—¿Es todo lo que recuerdas?
Cambió el tema, pero eso no le importó a Sam. Tenía que comportarse con seriedad.
Meditó su pregunta un momento. A decir verdad, ella tampoco esperaba ser gran amiga de Paulina, las dos eran tan diferentes, aunque muchas veces los opuestos llegaban a llevarse bien, ese no era su caso. Paulina y ella eran como el agua y el aceite.
—No es que recuerde eso —consideró ser sincera.
—¿Quién te dijo eso?
—La misma Paulina me lo contó —se mordió el interior de la mejilla. Se sentía tan extraña, era evidente que existía algo muy raro—. Me dijo que tú y Tucker tenía algún tipo de relación amorosa —hizo énfasis, divertida—. ¿Eso también es mentira?
De inmediato, Danny separó los ojos con gran horror, negando rotundamente y repetidas veces.
—¿Qué? ¡Puagh! Quiero vomitar. A mí me atraen las chicas, y por lo que sé, Tucker no es una chica... Y si lo fuera, sería una chica horrorosa —Sam comenzó a reir y Danny sonrió al verla—. Yo a quien amo es a —la miró de reojo y después guardó silencio—. Quiero decir, Sam, no debes creer todo lo que las personas te dicen. Amity Park, ya no es la Amity Park que conociste.
Un escalofrío la recorrió por completo, ocasionando que los vellos de la nuca se erizaran. ¿A qué se refería?
—Danny —lo tomó por el antebrazo y éste se paró en seco—. ¿Fuiste tú quien me dejó en aquel hospital? —instintivamente, palpó la gargantilla de gamuza que le cubría la herida en el cuello—. Dime la verdad, fuiste tú, ¿cierto?
Él bajó la cabeza un segundo, pero después asintió. Sam se pasmó.
—¿Por qué? ¡Ningún maldito doctor tenía conocimiento del accidente que me dejó inconsciente! —ya no podía controlar sus emociones, estaban estallando con cada nueva verdad—. Casper solamente mencionó que alguien me abandonó en el hospital y desapareció...
—¿Casper? —interrumpió, alterándose también—. ¿Qué tiene que ver Casper y el hospital?
—¿Ah? —abrió sus ojos violetas y la figura pacífica de Danny se transformó en una mucho más severa—. Cuando desperté, Casper fue la única persona responsable de mí. Mis padres murieron en el accidente, y Casper fue el único que...
—¿Tus padres muertos? Por todos los cielos, Sam. ¡Tus padres están vivos! No están aquí, sino que... —inhaló profundamente, evitando perder los estribos—. No importa, eso te lo aclararé después —se restregó el rostro con la mano que tenía libre, y con la otra, se aferró a la de Sam—. ¿Casper estaba allí cuando despertaste?
Sam aprobó.
—Cuando desperté, lo primero que vi fue su gran sonrisa y sus ojos llenos de lágrimas.
Recordaba perfectamente aquel extraño suceso, fue indescriptible. Casper la besó en los labios sin ningún consentimiento, repitiendo que no podía estar más feliz por su regreso a la vida. Casper, desde el inicio estuvo con ella.
—Lloró cuando los estudios médicos demostraron un tipo de amnesia disociativa y al no poder recordarlo a él —Danny prestó atención sin atreverse a intervenir—. Dijo que era mi novio, quien más me amaba en el mundo. Curiosamente, él tampoco supo explicarme cómo pasó el accidente. Sin embargo, me prometió y juró con su vida que ayudaría a recuperar mi memoria.
—Casper —crujió los dientes, como si estuviese uniendo algunos cabos en su mente.
Sam nunca dudó de Casper, siempre creyó que realmente era su novio y que no podía existir nadie que la amara tanto como él. Nunca pondría a prueba sus palabras, porque él era bueno, dulce y amable todo el tiempo.
No obstante, su reciente comportamiento le daba mala espina.
El pecho le dolió con demasiada fuerza y percibió que el aire dejaba de circular a su alrededor.
De pronto, una fuerte corazonada la asaltó.
—Casper me ayudaría a entrar al archivo escolar —murmuró. Definitivamente, había algo en su expediente, algo que Casper conocía y quería que ella también viera—. Danny, tenemos que entrar a Casper High.
La observó confundido.
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Por supuesto. Todo coincidía.
Claro, las dudas no eran más ni menos claras, pero podían resolverse.
Según Danny, Paulina había mentido sobre su amistad, y Casper sobre sus padres muertos. Ciertamente, no sabía si sentirse exactamente feliz por aquella noticia, pero era un peso menos.
Y tenía que ser muy crítica, porque Danny tampoco le estaba revelando toda la verdad. Él también tenía cosas que le ocultaba.
Esa misma noche, Sam, Tucker y Danny entrarían a Casper High.
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3:02 a.m. La hora del diablo.
Muchas cosas terribles suceden entre las 3:00 y 3:30 de la madrugada, de acuerdo a las terribles historias de fantasmas que tanto había leído.
Los fantasmas y los terrores salen de su escondite para hacer sus maldades. Sam nunca en su vida había visto un fantasma, ni aun estando en Amity Park había visto uno, donde supuestamente, las estadísticas demostraban los índices más altos de apariciones fantasmagóricas. Pero no necesitaba verlos, Sam creía que existían.
Tal vez Danny decía lo correcto. Amity Park no era la Amity Park que conoció... Posiblemente ni era el mismo sitio. Vaya a saber.
—Sam —escuchó su nombre y regresó la vista al frente—. ¿Estás lista?
Asintió.
—Me temo que no puedo hacer mucho. Aunque logre entrar a la sala de vigilancia, no podré eliminar las cámaras de seguridad.
Lo notó con un dejo de tristeza.
—Tucker. Puedes esperarnos aquí, Sam y yo iremos a...
Él negó.
—No te preocupes por mí, Danny. No tocaré ningún botón, lo prometo.
Sam no los entendía. Supuso que su curiosidad fue demasiado obvia.
—Tucker es un genio —habló Danny—. Pero algo muy malo pasa cuando está en contacto con tecnología de cualquier tipo.
Posiblemente las cicatrices en sus manos tenían relación a lo que acababa de escuchar.
—En teoría, ingresar a la secundaria no debe representar mayor problema —continuó Tucker, que mostraba un dibujo improvisado de un croquis de la escuela—. Si atravesamos por aquí —señaló un camino en específico—, nos adentramos al punto ciego de las cámaras. Nada podría ser visto desde el ángulo muerto. Lo que debería preocuparnos son las alarmas —hizo una pausa—. Todas las puertas cuentan con un sistema de alarma, que se activará en cuestión de segundos al abrirse cualquiera.
Danny apretó el puño.
—Si pudiera transformarme...
—Pero no puedes —cortó Tucker—. No puedes hacerte intangible y yo no puedo usar tecnología. Todos pagamos un precio.
Sam los observó. Nuevamente, tenían una discusión que parecía revelar mucho más allá de lo que estaba a su alcance. ¿Qué significado tenía eso de transformarse? ¿Cuál era ese precio del que alardeaban?
Tucker se masajeó el puente de la nariz, justo donde sus gafas se conectaban.
—Lo siento, viejo —el chico se encogió de hombros, restándole relevancia—. Tendrán diez minutos antes de que la policía llegue, cuando eso suceda, les daré otros diez de ventaja. Seré la distracción.
—¿Qué pasará contigo?
—Nada. Sigo siendo el alcalde, Sam.
¿Qué cosa tan alocada estaba sucediendo? Su mente estaba por romperse. En su cabeza no podía explicar cómo es que alguien tan joven como Tucker podía ser alcalde.
—Eres un genio —Danny palmeó el omóplato de su amigo.
El plan estaba concretado. Tomaría menos de un minuto entrar por la puerta más cercana al archivo escolar y cinco minutos para llegar hasta allí. Contaban con, aproximadamente, catorce minutos para buscar su expediente y salir. Tucker vigilaría las cámaras hasta que la policía llegara.
Tenían que hacerlo.
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Prácticamente, lo más complicado estaba hecho.
Se encontraban corriendo, atravesando el punto muerto del que tanto hablaba Tucker. Se preguntaba si era cierto que no podían ser captados, pero no podía atravesarse a desconfiar de Tucker, su amigo.
Y el corazón estaba por salírsele por la boca. Estaba agitada por tanto correr, y maldijo su pésima condición física. ¿Por qué demonios tenía que estar tan lejos? Llevaba el conteo de los minutos en su mente, y eso no la ayudó.
Las alarmas timbrando en su oído, hacían que todo fuese mucho más estresante. Era como si todo funcionara en cámara lenta.
Danny no estaba mejor que ella. Tenía una ligera capa de sudor por su frente, y su cabello azabache estaba húmedo. Pero seguía corriendo, junto a ella, sin deshacer en ningún momento, la unión de sus manos.
No supo cómo, ni en qué momento, pero Danny la jaló hacia el interior del archivo escolar.
La cámara lenta desapareció y ahora todo sucedía a gran velocidad. Sam parpadeó consecutivamente, y tras revisar su reloj de pulsera, descubrió que llegaron treinta segundos antes de lo previsto. Gran ventaja.
Examinó la enorme cantidad de carpetas de alumnos, sin decidirse por dónde comenzar. Todo el salón estaba repleto de cientos y cientos de documentos, que no tenían un inicio ni un fin.
Se volvería loca en cuestión de milisegundos.
Danny a su lado, comenzó a explorar por la parte izquierda de la habitación. Supo que Danny no estaba dispuesto a perder tiempo, y ella tampoco. Arregló el interior de su cabeza y disipó cualquier pensamiento que pudiera retrasarla, ignorando olímpicamente las punzadas.
Se dirigió a su derecha, buscando entre el polvo de los expedientes.
Los minutos transcurrían como agua. Uno, dos, tres, cinco minutos. Nada. El tiempo estaba encima de ellos, y aún estaban tan lejos de la respuesta.
Las alarmas se desactivaron y el silencio reinó. Eso la puso mucho más nerviosa.
Diez minutos, once minutos...
Seguramente Tucker se encontraba ya con los policías... Mierda.
Detuvo sus movimientos, no lo iban a lograr. Cerró los ojos con fuerza, reprimiendo el llanto de la impotencia que amenazaba con desbordar. Todo estaba mal. ¡Todo!
Con pasos torpes se dirigió hacia la salida, todavía con los ojos cerrados. No quería abrirlos, porque reconocía que todo era en vano.
Escuchó la voz de Danny muy lejana que gritaba su nombre. Y entonces lo recordó, fugazmente, la imagen de Danny que podía cambiar de apariencia cuando quisiera; su cabello blanco y sus ojos verdes...
Abrió los ojos de golpe y se quedó petrificada frente a la entrada. Clavó la mirada rumbo a un estante con apenas dos series de expedientes. Parecían muy viejos.
Danny seguía nombrándola, pero ella no pudo apartar la vista de aquellas carpetas mal cuidadas.
Y entonces, su corazón se detuvo y la sangre se congeló.
Ya no pudo escuchar la voz de Danny, ni ningún otro sonido.
Lo que estaba viendo, era por demás, aterrador.
Se acercó y tomó entre sus dedos una carpeta en especial. La saliva se atoró y todo el cuerpo empezó a enfriársele.
—¡Sam, lo encontré! ¡Vayámonos ahora!
¿Irse? Deseaba mover sus piernas, pero sus extremidades no reaccionaban ante ningún mandato.
Palpó el nombre impreso en la carpeta. No lo podía creer.
—Traidor.
Danny se quedó parado tras de ella.
—Mentiroso.
Siguió insultándolo, hasta que Danny no lo soportó más y le arrebató la carpeta, entonces comprendió.
«Casper Cox. Escuela Secundaria Casper High. Generación 1993 - ? (Sin fecha de graduación). Muerte, 1 Sep, 1994».
La fotografía del estudiante era la misma.
Se trataba de Casper.
Sam se desmayó.
Continuará
N/A: Gracias a quienes leen: Nat DP, DragoViking, Denise-daze, JANA
