Los personajes no son míos. Pero la historia y los diálogos son completamente de mi autoría, así como Casper también me pertenece.


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Acéfalo

12

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Escuchó la radio del autobús y frunció el ceño. Normalmente disfrutaba los viajes con música, sobre todo si eran clásicos de los ochentas, aunque no la música que solía escuchar Casper, que eran como de tipo Country. No obstante, aquélla no era una situación para dedicarse a escuchar y observar el paisaje. Sam tenía tantas cosas en la cabeza, que no podía simplemente estar tranquila.

¡Casper era un fantasma! ¡Danny era un chico fantasma!

Apenas tenía una pizca de cordura en sí como para no enloquecer y pensar que todos allí eran fantasmas. ¿Quién podía asegurarle que el chico de ojos azules y el chico moreno no estaban mintiendo? ¿O que ella misma no era un fantasma?

Y sin embargo, existían todos esos rumores que había escuchado cuando estaba en Ghost acerca de Amity Park y sus escalofriantes historias paranormales. En el fondo, ella también creía que eran ciertos, e incluso tenía la esperanza de encontrarse con algún fantasma de verdad. Pero, no de esa forma. Se supone que los fantasmas deben ser aterradores y no chicos súper guapos como Danny o Casper. Definitivamente, las cosas resultaban relativamente inferiores a su entender.

Una corriente eléctrica la asedió desde la punta de los dedos. Ahora sonaba Shout y Sam apretó todavía más los dientes. ¿No había alguna ley que multara a los chóferes por traer música tan fuerte? Afortunadamente, no era un estilo que le desagradara, pero qué pasaba con los demás pasajeros a los que no les gustaba. O quizá solamente estaba fastidiándose a sí misma, porque en ese punto no estaba para soportar a nadie.

Sam masajeó despistadamente las sienes. Se odiaba profundamente por no ser capaz de recordar su pasado a los catorce años. Y tal vez, sólo tal vez, su pérdida de memoria también fue un hecho planeado. Posiblemente se equivocaba y especulaba de más, pero a esas alturas ya no podía fiarse ni de su propia sombra.

—¿Te encuentras bien, Sam?

La voz de Danny la sacó de su ensoñación. Lo miró por el rabillo del ojo y trató de poner su mejor cara de tranquilidad. No funcionó. Nunca fue la mejor actriz.

—Lo estoy, en serio —se encogió de hombros mientras volvía la mirada hacia la ventanilla, observando distraídamente el paisaje cubierto por una densa neblina. En otras circunstancias, Sam se hubiera permitido unos minutos para admirar cada espacio por el cristal, o se hubiera puesto a pensar que la carretera le parecía muy peligrosa en aquellas condiciones. Pero, parecía estar hundida en su ignorancia—. Estoy bien, Danny.

El chico mitad humano tomó su mano para brindarle calor, frotando sus dedos suavemente alrededor de su dorso.

—¿Por qué siento que me estas ocultando algo, Sam?

—¿Igual que como tú lo hiciste? No soy tan inteligente.

—Sam —plegó el entrecejo. Sam sabía que tenía el don para importunar a las personas en ocasiones, y aunque se sentía mal al ver la decepción en sus ojos azules, no podía dejar las cosas a la ligera, como si nada pasara—. Lo hice para protegerte. ¿Por qué te cuesta tanto entenderlo? Creí... solamente creí que Casper era una buena persona y que tú estabas enamorada de él. No quería interferir en tu "dulce" felicidad. Tsk.

Sam enmudeció. No tenía palabras para contrarrestarlo, así que se dejó acariciar por los delgados dedos de Danny que viajaban por sus brazos, al mismo tiempo que un calor inexplicable se acumulaba en sus mejillas.

—No sé por qué me cuesta entenderlo. Es mi culpa por haber regresado a la vida cuando se suponía que tenía que morir. Despertar un día con una gran cicatriz en el cuello... ¡Ah! Además con amnesia.

—Estás siendo muy molesta —la soltó repentinamente y cruzó los brazos—. Sé que debe ser difícil para ti. ¿Pero no lo es también para Tucker y para mí? Y sin embargo, ninguno de los dos está llorando y quejándose todo el tiempo. Tsk —bufó—. Te desconozco. Tú no eres así, Sam.

Eso la hizo sentir como la peor basura del mundo. Danny tenía razón. Era un hecho que no recordaba gran cosa de su vida, pero eso no le daba derecho a comportarse como una idiota o una víctima, y mucho menos con él. Sam nunca era víctima, ella creía que una persona puede decidir entre ser víctima o ser un luchador. Enfrentar los problemas en lugar de dejarse llevar por ellos.

—Todo lo que dices es cierto, Danny —tomó nuevamente sus manos y las besó lentamente—. Debes odiarme. Es solo que me acostumbré a verte en mis sueños. Es decir, eres el fantasma de mis sueños.

Las mejillas del chico se colorearon de rojo instantáneamente.

—Eso es... ¿soñabas conmigo?

—Sí —asintió, sonrojada también, mas no avergonzada—. Eran como recuerdos de lo que en verdad había ocurrido.

—Siempre me pregunté si tenías una buena vida. Si comías bien, si dormías bien, si seguías siendo tan linda como siempre —viró los ojos a un lado y los tonos rojizos de Sam aumentaron—. Pero me equivoqué. Estas mucho más linda que nunca.

Entrelazó, con sutileza, los dedos con los largos cabellos de Sam, y ésta se estremeció ante el contacto. Le encantaba la suavidad y la delicadeza que tenía Danny para acariciarla. Él podía hacer desparecer los fantasmas, literalmente.

—¿Te duele? —continuó el joven azabache. Sam lo miró, confundida—. La cicatriz en tu cuello, ¿te duele?

Sam negó con la cabeza y esperó a que el chico dijera algo más. En vista de su mutismo, ella se atrevió a avivar la charla.

—Mi cicatriz es producto de lo que sea que haya ocurrido, ¿verdad? —más que una pregunta, sonó a una afirmación. Por supuesto, ella estaba segurísima de que alguien la hirió apropósito—. ¿Qué pasó? ¿Me lo dirás ahora?

Danny echó un vistazo rápido por todo rededor, como para cerciorar de que nadie pudiera escucharlos, y ella lo imitó. El autobús estaba casi vacío, había otras cinco personas además de ellos, y la música sonaba todavía demasiado fuerte. Tucker se encontraba dos asientos más adelante, durmiendo con la boca abierta y roncando de vez en vez. Cómo es que podía dormir tan tranquilamente con aquel ruido de fondo, Sam se preguntaba aquello.

—Era un día normal como cualquier otro. Salíamos de Casper High bastante tarde; el Sr. Lancer mandó a Tucker a detención por dos horas después de haberlo descubierto espiando en los vestidores de chicas —Sam rio débilmente—. Nosotros... bueno, tú y yo, nosotros... Eso no es necesario...

—Danny. Ya sé los pronombres, chico fantasma. ¿Eh? ¿De qué te ríes?

—Nada. Tenía mucho sin escucharte llamándome así, es raro —recargó la cabeza en el hombro de Sam. Ella se asombró, pero tampoco lo apartó. Lo cierto es que, disfrutaba mucho estar cerca de él—. Me gusta.

Sam cerró los ojos un momento, permitiendo deleitarse con su calidez. Eventualmente, persistió.

—¿Qué hacíamos nosotros mientras tanto?

—Nos estábamos besando por ahí. Ya sabes, matando el tiempo de la mejor manera —habló lentamente para calmar las sensaciones que el recuerdo de los labios de Sam le traían consigo. Luego de unos segundos, prosiguió—. Cuando salimos los tres, nos dirigíamos hacia tu casa, Sam, para ver una nueva película de terror. Tucker se interponía entre nosotros, quizás estaba celoso porque habíamos estado haciendo cosas sin él. El punto es que, el cielo se empezó a nublar en automático. Nubes espesas de color verde.

—¿Gas ectoplásmico?

—Sí. Cientos de fantasmas comenzaron a salir entre el gas. ¡Era una cantidad espeluznante! Había fantasmas nuevos a los que nunca me había enfrentado antes. Todos estaban en posición de ataque, y en menos de un segundo, embistieron la ciudad —carraspeó la garganta—. Los fantasmas a los que ya había vencido, emergieron en su forma futura, pero mucho más poderosos. Todos, Sam, cientos, miles de fantasmas causando caos y destrucción. Obviamente, supuse que un ser superior los controlaba.

—¿Su forma futura? ¿O sea que venían del futuro?

Danny no le contestó.

—Fallaste a tu promesa de mantenerte a salvo. No sólo tú, Tucker también. Y por alguna razón que no explico, nos transportaron a un mundo ficticio. Allí te hirieron, aunque no de gravedad —Sam se jaló la gargantilla de gamuza, y Danny la observó de reojo—. No es lo que estás pensando. Te hirieron en el brazo, no en el cuello —tembló ligeramente—. Todavía tenía que buscar a la mente detrás de todo, así que te dejé en el hospital más cercano. Tucker me acompañó. Yo me encontraba frustrado a esas alturas, lesionado y me sentía imponente, tenía mucha furia acumulada...

El autobús saltó un bache que los hizo removerse. Sam se golpeó en la frente con el cristal de la ventana, pero Danny depositó un beso para aliviarle el malestar.

—Tal vez te deje un chichón —dijo el azabache. Separó el flequillo de su cara para besarla de nuevo.

—¿Quién podría estar controlándolos?

Danny permaneció callado y Sam no insistió más. Comprendía la gravedad del asunto, ya era algo difícil de creer.

Sam se recostó sobre su asiento, mareada. Afuera estaba helando, y todavía tenía miedo de que el camión sufriera un accidente. ¿Casper habría regresado con bien? Esperaba que su camioneta fuera lo suficientemente resistente para mantenerlo a salvo, aunque su preocupación era en vano. Casper era un fantasma, nada podría dañarlo, al menos no cosas que pertenecieran al mundo real... Pero ese no era el mundo real, según Danny le había dicho.

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—Nos volvemos a encontrar, viejo enemigo.

—¿Qué? ¿Skulker? —Danny, convertido en fantasma, vaciló—. Creí que...

—¿Qué me habías vencido? Te tengo noticias, mocoso. Ahora soy más fuerte, soy imparable —las llamas de su cráneo metálico comenzaron a arder violentamente, pero eso a Danny no le importunó, ni un poco, sino que Danny se elevó a su altura y con astucia logró esquivar un rayo de energía.

—Creí que estabas unido a tu esposo.

—¡Technus no es mi esposo! Trabajo solo, no lo necesito. Mi nueva armadura súpermejorada me traerá tu trasero aquí. Eres mío Phantom.

Danny evadió una patada, haciendo manipulación de cuerpo espectral.

La armadura de Skulker era extraordinaria, casi majestuosa. Enorme y de una potente oscuridad.

—Lo siento, pero ya soy de Sam —se lanzó frente a él para fulminarlo con su grito fantasmal, aturdiéndolo enseguida.

Skulker retrocedió unos cuantos pasos, para luego recuperarse y mostrarse frente a Danny una vez más con velocidad sorprendente. Danny hubiera creído que su lamento hubiera sido suficiente para derrotarlo, pero al parecer el daño no fue mayor.

—Tendrás que intentar otra cosa —lo tomó por el cuello con su enorme mano derecha. Danny luchó, pero era imposible. Skulker tenía una fuerza increíble.

—No-no es-tés tan se-guro, ah —vociferó con dificultad. A pesar de ser un fantasma, volverse intangible no sería funcional. Skulker lo tenía atrapado. Danny entrecerró los ojos y buscó a su amigo—. ¡Tuck-er! ¡El PDA!

El moreno dio un respingo sin saber qué hacer, como si se hubiera paralizado por el terror. Sam tuvo que zarandearlo para regresarlo a la realidad, entonces Tucker sacó de su bolsillo su aparato portátil.

—Entendido, Danny —apuntó hacia la armadura del enemigo y apretó algunos botones—. Es momento de que Skulker vaya a... recoger desechos del zoológico —Tucker sonrió triunfante—. Ahg, qué asco, viejo.

La alarma del PDA comenzó a sonar y Skulker transformó su expresión triunfal por una llena de pavor.

—Oh, no puede ser —las alas del su jet se abrieron sin su consentimiento. Una gran sonrisa se formó en el rostro del chico fantasma, pero al mismo tiempo, una burla socarrona escapó de la boca de Skulker. Danny lo observó desconcertado—. Lástima que mi nueva armadura no tenga espacio para tu absurda tecnología —apretó el cuello del chico, aplicando mucha más intensidad. Danny forcejó. Skulker utilizó el brazo izquierdo para apuntar directo al hueco entre las cejas blancas de Danny. El brillo de sus ojos esmeralda poco a poco se iba apagando—. Es nuevo. ¿Te gusta? —hizo alusión a su rayo—. Él lo preparó para mí.

—¿Él?

—Sí. El único espectro capaz de aniquilarte. Me encantaría ser yo quien acabara contigo, pero él fue muy estricto al pedir que te lleváramos de una sola pieza. Mi rayo sólo te dejará inconsciente. Hablé demás, ¿cierto?

Sam analizó la situación, pero no dudó. No tenía tiempo de dudar. Aprovechó que Skulker se encontraba distraído, así que dio unos pasos discretos hacia un costado y levantó la muñeca. Calculó el efecto y disparó con su arma de pulsera láser.

El disparo fue perfecto. Chocó contra sus ojos, claramente no era algo letal, pero sí lo suficientemente poderoso para cegarlo. Skulker gruñó, llevándose ambas manos para frotarse la zona afectada, y Danny logró escapar.

—¡Esperen ahí! Ya verán cuando les ponga las manos encima, Phantom —gritó exasperado.

Danny los atrapó para llevárselos volando. Cuando consiguieron apartarse lo suficiente y esconderse en un lugar seguro, Danny aterrizó.

—¿Qué fue eso? ¿Skulker es invencible?

—No lo sé, Tuck —respondió el chico fantasma.

—Creo que tenemos un asunto del que deberíamos preocuparnos más —Sam señaló lo obvio. Enormes grupos de fantasmas deambulando por todas partes, y otra muchedumbre ingresando desde arriba—. ¿Alguien más notó los fantasmas invadiéndonos?

Su sarcasmo no alivió la tensión, para nada.

—Creo que todos, Sam —manifestó Tucker, frunciendo las cejas.

—Parece que hay un portal fantasma en el cielo —Danny visualizó las nubes verdes de forma insólita—. Sólo conozco dos entidades capaces de crear un portal fantasma de la nada.

—¿Puede ser que se trate de...?

—No lo sé, Sam. No lo sé.

—¿Cuál es el plan, Danny? —interrogó Tucker, preocupado.

—Iré a investigar. Ustedes manténganse alejados y vayan con mis padres.

—¡No podemos dejarte solo!

—Sí, Sam, sí pueden —el chico de ojos verdes respiró tendidamente—. No quiero ponerlos en peligro más de la cuenta. Sam, prométeme que irás con los demás.

Danny la obligó a hacerlo contemplándola fijamente. Realmente, no había nada que pudiera negarle a esos ojos verdes, o azules. Tenía que hacerlo porque no le quedaba otra opción.

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Sam despertó con la cabeza picándole. Pestañeó varias veces para acoplarse a la luz del día. Distinguió la mata azabache de Danny a escasos milímetros de ella.

—¿Está despierta? —habló Tucker.

Sam bostezó disimuladamente, enderezando la espalda para poder verlos a los dos mejor.

—¿Cuánto tiempo dormí?

—Han pasado dos meses, Sam —puntualizó el moreno. Eso bastó para que Sam terminara despertando por completo, extendiendo su boca con evidente inquietud— ¡Auch!, ¿por qué me pegas, viejo?

—No le hagas caso, Sam. Ese chiste dejó de tener gracia —lo regañó—. Dormiste durante el trayecto, pero ya hemos llegado. Ni Tucker ni yo hemos estado aquí antes.

Rápidamente distinguió el aroma peculiar de Ghost. En primavera, el olor a flores y pasto opacaba la esencia de excremento de ganado. Sin embargo, el invierno se encontraba apenas en la cúspide de los días friolentos; el pasto y las flores no crecían, así que solamente quedaba el olor a desechos de las vacas y las ovejas.

Sam sacudió su abrigo color vino y se ajustó las botas, saliendo del autobús seguida por Danny y Tucker. Ciertamente, Ghost no era especialmente una ciudad fría y no llegaba a caer nieve, pero había días donde alcanzaban temperaturas muy bajas, y ese parecía ser uno de esos días. La piel se le puso de gallina al sentir el aire fresco recorrer sus manos desnudas, maldiciéndose por no haber cargado unos guantes. Danny lo notó, y capturó sus dos manos para guardarlas en el bolsillo de su gabardina. Sam no dijo nada, pero se sonrosó.

Llegar al rancho donde vivía Casper con sus padres, les tomaría alrededor de treinta minutos.

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Internamente se cuestionó sobre si los padres de Casper, que ya eran grandes, serían también unos fantasmas. No había hablado mucho con ellos, la verdad. Sam no era buena para socializar, y cada vez que visitaba a Casper al rancho, se apartaban un poco para charlar. La madre de Casper tenía artritis y su padre caminaba con dificultad. Siempre pensó que Casper era un buen chico, ayudando a sus padres en todas las tareas y haciendo que el rancho funcionara bien.

Sam tocó la puerta de la casa de Casper, y su madre los recibió con un rostro ecuánime. No mostraba ninguna expresión, no era hostil pero tampoco amable. Pudo ver de cerca las arrugas que colgaban por todo el contorno de su cara, examinándola fríamente con sus pequeños ojos de ciruela. Sam tosió, y escuchó a Tucker quejándose a su espalda.

—¿Se encuentra Casper en casa? —intentó ser lo más simpática posible. No estaba segura si le caía bien a la señora o no, pero siempre que visitó a Casper aparentaba ser una buena chica.

La señora tardó unos segundos en reaccionar. Y sin articular ni una sola palabra, se hizo a un lado para permitirles la entrada. Les indicó que los siguiera al interior, y Sam percibió las tablas crujiendo sonoramente bajo sus pies. La casa estaba inundada de aromatizante barato de lavanda, eso combinado con el olor a fármacos y excremento, creaba una capa apestosa y poco soportable.

—Es aterrador —murmuró Tucker—. Parece película de miedo.

Danny lo hizo guardar silencio. Por supuesto que él tampoco se sentía cómodo con el ambiente, pero al menos se reservaba los comentarios.

Llegaron hasta el final de un corredor, donde se toparon con una puerta de malla rota. Desde afuera llegaba un rayo de luz que iluminaba un poco la penumbra de la casa, pero también ingresaba una corriente de frío. La madre de Casper alargó uno de sus dedos deformes por la artritis, y Sam asintió, abriendo la puerta.

Danny y Tucker seguían sus pasos en silencio.

Sam descubrió a Casper a lo lejos, juntando un poco de paja que, posiblemente, utilizaría para hacer montones después. Sam lo miró, con el pulso acelerado, procesando en su mente lo que le diría. Casper se dio cuenta de su presencia después de un minuto, y los fulminó a los tres con la mirada; no se acercó, sino que se concentró en su tarea, ignorándolos. Sam se preguntaba cómo es que, con el mal clima, Casper se empeñaba en trabajar sin usar camiseta. Claro, después de todo, era un fantasma, no sentía frío o calor.

Sam se acercó a él cuidadosamente, reteniendo sus pasos.

Casper se quejó ruidosamente, aventando un poco de la paja hacia un lado. Finalmente, se sacudió las manos con el borde del pantalón y se acercó a Sam.

—¿Qué quieres? ¿Viniste a burlarte de mí? —analizó especialmente a Sam.

—Casper, te necesitamos —Sam fue directo al punto. Creyó que no era necesario disculparse cuando ella no tenía la culpa de nada.

—¿Qué? Debes estar bromeando —bramó el castaño.

—Vaya, qué pectorales —Danny, Sam y Casper voltearon a ver a Tucker con la ceja en alto—. ¿Qué? Son pectorales muy bien formados.

Casper chasqueó la lengua.

Efectivamente, Casper tenía un cuerpo bien trabajado. Naturalmente, la mayoría del tiempo lo ocultaba con la ropa que usaba, haciéndolo parecer como un hombre relativamente alto y sumamente delgado. O pudiera ser que a esas alturas ya no necesitara ocultar su verdadera identidad.

—Tus nuevos amiguitos te acompañan, qué sorpresa.

—Casper, ellos no son mis nuevos amigos. Siempre han sido mis amigos —respondió con seriedad, cruzando los brazos bajo el pecho.

En ese momento, un aliento azul salió de la boca de Danny, haciéndose notar en la conversación.

—Eres un fantasma.

—¿Disculpa? —sonrió de medio lado, mostrando sus dientes—. Creo que tu amigo se fumó la hierba equivocada, Sam —carcajeó con ironía—. Los fantasmas no existen.

—¡Danny no es así! Agh. No hagas las cosas más complicadas de lo que ya son. Lo sabemos, Casper. Sabemos que falleciste en el 94, por muy absurdo que eso suene.

—Sam, cielo, uhm —ahí iba de nuevo. Endulzando su voz y portándose como alguien inocente—. No sé de qué hablas. Yo no puedo estar muerto. Estoy aquí, ¿acaso no me ves?

—Eso es lo que no entendemos. Siendo un fantasma, no puedes interactuar con cosas del mundo real, ni tener un cuerpo humano —intervino el joven de ojos azules—. Tampoco deberías ser capaz de tocar la paja con la que estabas trabajado hace rato.

Casper enarcó el entrecejo.

—Siguiendo tu lógica no debería ser capaz de tocar a Sam tampoco. Pues te tengo una sorpresa, baboso, yo ya toqué mucho a Sam. Si eso fuera cierto no podría siquiera besarla —oportunamente, atrapó a Sam de la cintura y la pegó a su cuerpo, provocando que ella abriera los ojos como platos, y que Danny comprimiera el puño, acercándose peligrosamente a Casper, cuando éste la soltó—. No soy un fantasma.

—Aléjate de ella —lo amenazó furioso.

—¿O de lo contrario? —sin temor, se atrevió a retarlo. Los ojos azules y los castaños se enfrentaron a una batalla sinigual—. ¡Aléjate tú de ella! Sam es mi novia.

—Ella no te ama —fue el turno de Danny para sonreír de lado y eso hizo efecto en Casper, quien tensó los músculos, dispuesto a tirar el primer golpe.

Sam estuvo alerta.

—¡Ya basta! No tienen cinco años y yo no soy una especie de trofeo. No están aquí para luchar por mi atención. Los dos apestan, ¿sí?

—Bien dicho, Sam... Aunque no apestan tanto como el penetrante olor a estiércol.

—Tucker, Danny —Sam intentó sonar autoritaria—. Yo me encargo desde este punto. Déjenme hablar a solas con Casper.

—¡Sam! No...

—Danny, estaré bien —ablandó su entonación y le dedicó una mirada sincera. Danny relajó los hombros y aprobó.

—De acuerdo. Estaremos al pendiente de todas formas.

Ambos chicos avanzaron en dirección contraria.

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—Casper, eres un fantasma —afirmó.

El chico se recargó sobre la cerca de madera, subiendo los pies para sentarse en la cima. Hubo un silencio incómodo, los dos veían hacia el frente, contemplando a Danny y a Tucker que se entretenían acariciando una vaca a la distancia, o mejor dicho, trataban de huir de ella.

El chico castaño resopló.

—¿Hasta cuándo piensas seguir jugando, Sam?

—Yo no estoy jugando a nada, Casper.

El chico se despeinó en un intento por contenerse y no estallar.

—Tenemos que seguir con el plan, recuérdalo.

—Eso hago. No sabes lo que me costó fingir que no sabía que eres un fantasma.

Casper rió disimuladamente. No quería que los chicos los descubrieran o algo peor.

—Puedo imaginar tu cara, cielo, uhm —se acercó a los labios de Sam. Correría el riesgo de besarla, mas Sam lo detuvo.

—No soy más "cielo". Nuestro rompimiento fue real. Danny no se equivocó y yo no te amo.

Casper apretó los dientes.

—Sea como sea, el plan sigue en pie. Date prisa de una vez por todas, ¿quieres?

Continuará


N/A: Gracias a quienes leen: DragoViking y Denise-daze.