Los personajes no son míos. Pero la historia y los diálogos son completamente de mi autoría, así como Casper también me pertenece.
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Acéfalo
13
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Esa noche, Casper Cox les ofreció un sitio en el ático donde podrían dormir sin problema. Por supuesto que no fue intención de Casper, en un principio, tenerlos como invitados a pasar la noche en su casa (porque no tenía ganas, o el espacio suficiente), tampoco fue la idea de Danny aceptar, pero el pretexto utilizado por Sam terminó por convencerlos a ambos. «Ya es demasiado tarde y sería peligroso volver a la ciudad en medio de la oscuridad, y con este frío que podría congelarnos». Estaba claro que ni Casper ni Danny se soportaban, y que sólo bastaba con dejarlos solos un momento para que empezaran a pelear. Pero Casper tenía que hacer un esfuerzo y resistir, después de todo, mantener a Danny cerca era el primer paso del plan.
Sam suspiró, perdida entre el patrón de tejido de la cobija que tenía en manos, como si fuera la cosa más extraordinaria de todo el mundo. De algún modo, se sentía muy mal, y no podía explicarse porqué, a pesar de conocer la razón. Por supuesto que se sentía mal, porque ella era malvada. ¿Estaría haciéndole daño a Danny, en verdad? Un dolor muy extraño la atacó por todo el cuerpo, no era un dolor insoportable pero tampoco era algo que disfrutara, era lo mismo como cuando estás a punto de pescar un resfriado y el cuerpo duele por todos lados. Definitivamente, era una mala persona, con todas las letras de la maldad escritas en su frente, y tenía un lugar bien reservado en el infierno o quizás un lugar muy oscuro en la zona fantasma, lo que sea que les ocurren a las personas como ella al morir. Lo merecía. Sam nunca fue honesta con Danny y Tucker en un principio, ni con Casper mismo; los había engañado a los tres.
—¿Estás bien?
La voz de Danny la trajo de vuelta al tiempo real. Sam esbozó una sonrisa despreocupada y fingió distraerse en tender el camastro en el que dormiría.
—Por supuesto.
Por supuesto que no. El hecho de mentirle a Danny le provocaba mucho más dolor del que nunca pudo soportar. Por un lado quería decirle toda la verdad, que ella sabía que Casper era un fantasma y siempre lo supo, que todo era parte de un plan ideado por Casper del cual ella ya no estaba tan segura. Pero por otro lado, algo le decía que tenía que continuar, bien calladita y observar. ¿Cómo saber cuál parte era la correcta? Su corazón palpitaba cada vez más al pensar que Danny podría dejar de amarla. Ella no quería lastimarlo, y vaya a saber para qué necesitaba Casper a Danny, así que cualquier cosa que dijera sería una verdad incompleta; una mentira disfrazada de verdad.
Danny la observó por diez segundos.
—¿Qué fue lo que ese engreído te dijo? ¿Descubriste por qué tiene al alcance un portal fantasma? ¿O cómo es que siendo un fantasma puede manipular objetos del mundo vivo? —la tomó delicadamente a los hombros y entonces pudo ver toda la preocupación inscrita en los ojos azules de Danny—. ¿Me estás escuchando?
Sam se apartó un poco, dejando caer los brazos del chico a un lado. Movió la cabeza a los lados, como si intentara descubrir alguna clase de espía escondido en un rincón, cuando se dio cuenta de lo paranoica que estaba actuando optó por respirar profundo.
—Danny —sí, lo contaría todo, al menos hasta donde sabía. Las manos le temblaban, pero no le importó. Le diría—. Tienes que irte.
—¿Qué?
—No lo entiendes. Casper en realidad tien...
—Sam —tanto Danny como ella giraron la cabeza hacia la puerta del ático, encontrando a Casper recargado en el marco, tocándose el cuello con desesperación—. Cie... uhm, Sam, ¿puedes venir un minuto?
Danny contrajo el puño de inmediato. Sam contempló a Casper, admitiendo que lucía un aspecto muy inocente con el cabello despeinado cayéndole por la frente. Mirándolo de ese modo, Casper parecía un niño ingenuo.
Cuando se dio cuenta de que Danny tenía intenciones de enfrentarlo, lo detuvo rápidamente por el codo.
—Tranquilo, chico fantasma —le susurró al oído, provocando que al azabache se le erizaran los vellos de los brazos—. Estaré bien.
Danny no respondió, mientras que Sam ignoró el comentario quisquilloso por parte de Tucker, quien había estado observando todo desde su camastro sin decir nada, así como también ignoró el pequeño gruñido que Danny soltó.
—Te la van a robar, viejo.
Eres increíblemente oportuno, Tuck. Pensó Sam.
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Sam contempló la habitación de Casper y luego a él, pero cuando se dio cuenta de que los ojos castaños de Casper la vigilaban con determinación, volvió hacia la ventana que daba vista directa al establo. Esa mirada endurecida, que últimamente era casi una costumbre en él, conseguía ponerla muy nerviosa. Afuera podía apreciar los enormes árboles mecerse con parsimonia; en el cielo una nube espesa se empeñaba en ocultar la luna, sin permitir que se filtrara ningún rayo de luz. Hasta el ambiente simulaba una escena de terror sacada de una película, ella lo sabía porque era experta en esas cosas, y siguiendo aquella lógica de fantasía, el asesino saltaría sobre ella en un instante. Sam se burló de sí misma, dándose cuenta de que no podía estar más demente. En ese cuarto no existía ningún asesino, sólo Casper y ella.
—Sam —la llamó suavemente y ella lo miró de soslayo—. Tenemos que discutir la siguiente parte del plan.
A Sam se le paralizó el corazón, pero intentó no demostrarlo. Sabía de antemano que Casper no le haría ningún daño, eran compañeros en esto, y Casper todavía la quería, lo podía sentir porque a diferencia de todo lo demás, su relación no había sido inventada, o al menos una parte.
—Me mentiste —respondió fría.
—¿Ah? ¿De qué hablas? Tú ya sabías que era un fantasma.
Cierto. Ella lo descubrió el primer día que pisaron Amity Park. Notó su comportamiento extraño, y Casper terminó contándole aquello, involucrándola en una misión súper rarísima.
—Tú sabías quiénes eran Danny y Tucker desde siempre. Me mentiste.
El castaño se agarró el puente de la nariz.
—En realidad, tampoco sabía quiénes eran.
Sam no le creyó; sabía que estaba mintiendo.
—Me dijiste que me ayudarías a recuperar mi memoria si yo te ayudaba a encontrarlos.
—Tú aceptaste, yo no te obligué a hacerlo.
—¡Porque creí en ti, idiota! Se suponía que eras mi novio, y yo te creí. Si acepté fue porque no sabía lo importante que eran Danny y Tucker para mí. Me mentiste.
—Si de mentirosos vamos, tú no te quedas en el último lugar, linda —bufó fastidiado. Sam comenzó a dar pasos ligeros sobre su perímetro, echando un vistazo a todo. Casper tenía una habitación muy ordenada, a pesar de ser pequeña. Tenía colgados algunos pósters de bandas de rock, y algunas fotografías de unos sujetos que no conocía. Seguramente sus amigos mientras vivía, porque reconoció el uniforme deportivo de la secundaria Casper High. ¿Cuántos años tendría Casper si permaneciera vivo? Tal vez sería un adulto que rondara más de los veinticinco años, mientras que se hacía pasar por un chico de diecinueve—. ¿Crees que no me daría cuenta que nunca me amaste?
Sam frunció el ceño.
—¡Nunca me dijiste que no eras mi novio en realidad! Cuando desperté en el hospital tú eras el único que estaba allí, y te aprovechaste de mi situación. ¡Vaya chico con agallas! —ironizó—. Abusar de una desmemoriada para hacerte pasar por su novio.
Él cerró el puño con demasiada fuerza, y Sam temió que la golpeara, mas Casper dio un puñetazo a la pared, provocando una grieta y una abolladura descomunal. Sam dio un respingo, pero pronto recuperó su postura inquebrantable. Ya sabía que Casper no la lastimaría.
—¡Era parte del plan! ¿Crees que tenía opción? —habló hacia la pared, como si ella no estuviese presente—. Yo no quería hacerlo, pero no podía permitirme rechazar una orden de ÉL. ¡¿Acaso crees que seguiría "viviendo" de haberlo desobedecido?! ¡Por supuesto que no! Me convertiría en cenizas.
Una gran ira se apoderó de ella al descubrir que era parte de un plan. Tenía ganas de patearlo, romper su colección de figuras, y salir con su dignidad recuperada. Pero pensó en Danny, ¿no estaba haciéndole lo mismo? Intentó calmar sus ansias.
—¿ÉL? ¿Quién es ÉL?
Casper, por primera vez desde hace dos minutos y con el puño todavía pegado a la pared, se giró a encararla. Entonces se dio cuenta de que quizás había hablado de más.
—Olvídalo —irguió la espalda, mas se mantuvo en el mismo sitio.
—¿Cómo podría hacerlo ahora que hablaste de ÉL? Estoy trabajando contigo en esto, sea lo que sea, pero todavía no sé para quién lo hago y por qué.
El chico se masajeó el cuello, haciendo que éste tronara. Sam escuchó el ruido de sus huesos acomodándose, pero sus ojos lilas se clavaron en algo que capturó su atención por completo. Allí, encima de un viejo escritorio de madera, yacía una computadora antigua, de esas con monitores enormes, que seguramente provocaría que Tucker gritara de horror en cuanto la viera. Sin embargo, no era eso lo extraño, sino que debajo de la gran pantalla se asomaban un par de papeles mal doblados; podía ver algún texto escrito que le hizo pensar que se trataban de cartas. Sam se acercó y posó los dedos sobre el escritorio, lo más despistadamente que podía, y miraba de reojo a Casper de vez en cuando, para asegurarse de que no sospechara lo que estaba haciendo.
—ÉL... Tampoco lo conozco muy bien. Sé que es el fantasma más poderoso de todos los tiempos, y en mi punto de vista, el más desquiciado y temible.
—¿Pero quién es?
Casper se revolvió el cabello, dubitativo, y Sam finalmente alcanzó los papeles con la punta de los dedos.
—No puedo decírtelo. No ahora —Casper se aproximó unos pasos, acelerando el pulso de Sam. No obstante, cuando él se sentó en la cama, ella pudo respirar tranquila, entonces jaló los papeles con todo el cuidado del que podía disponer y los guardó rápidamente entre los pechos—. Sam.
Dio la vuelta cuando escuchó su nombre, y sonrió.
—Está bien, no puedes decírmelo, lo comprendo —se sentó junto a él—. ¿Pero al menos podrías explicarme por qué necesita a Danny?
Casper tomó mucho tiempo para pensarlo, pero Sam se esforzó en insistirle con la mirada como nunca antes, hasta que él terminó por ceder.
—Supongo que no está mal que te lo diga —endulzó su voz, con la diestra se aventuró a acariciar el cabello de Sam. Ella lo dejó, no porque quisiera, sino porque no deseaba hacerlo enfadar con sus desplantes y que decidiera ya no le contarle nada—. Un fantasma no puede morir de nuevo, ¿cierto? Sin embargo, no es algo definitivo. Este fantasma está muriendo poco a poco.
Sam separó la boca con asombro.
—¿Quieres decir que busca los poderes de fantasma de Danny para seguir con "vida"?
—No, no realmente. Busca su parte humana —Sam no entendió—. Hace mucho, ÉL era como tu amigo. Mitad fantasma y mitad humano, quiero decir. Pero asesinó a su propia parte humana y sobrevivió únicamente como fantasma... Un fantasma sorprendentemente ruin. Pero su parte fantasma está descomponiéndose poco a poco —hizo una pausa para tomar aire y reacomodar sus palabras y hacerse entender—. Al separarse de su lado humano sin aún antes éste morir, su mitad fantasma no puede sobrevivir. Los chicos como tu amigo, o como ÉL, dependen de sus dos mitades para seguir existiendo, es un equilibrio.
Allí, Sam se enteró que, efectivamente, Casper sabía todo sobre Danny. Por un segundo se enojó, pero tenía que portarse adecuadamente para seguir obteniendo información.
«Ellos, esa clase de ente, porque no sé si llamarlos fantasmas o humanos, es imposible que vivan como formas unilaterales. Su forma humana y fantasma deben estar siempre unidas, o de lo contrario, sus cuerpos comienzan a desintegrarse después de cierto periodo. Al morir como humanos también mueren como fantasmas y se vuelven a la nada. A diferencia de nosotros. Nosotros podemos vivir como fantasmas después de la muerte porque en vida fuimos simples humanos. Ellos no».
Sam se aterró. Si lo que Casper decía era la verdad, y supuso que sí porque notaba la seriedad y la forma con la que se incomodaba al describirlo, significaba que Danny no tendría oportunidad de existir únicamente como fantasma al morir.
—¡Dany está en peligro! —ahogó el sollozo en su garganta—. Él no ha podido transformarse... Eso quiere decir que él...
Casper negó.
—Danny sigue siendo mitad fantasma y mitad humano. Sus poderes fantasmales se encuentran dormidos. ÉL usó un nuevo ataque en él que paralizó su flujo fantasmal, así nuestra tarea de atraparlo es mucho menos complicada.
Sam no pudo evitar crujir los dientes ante la palabra "atraparlo". Ella no dejaría que nadie le hiciera daño a Danny.
—El cuerpo humano de Danny es una especie de contenedor —interrogó sin entonación. Casper asintió.
—Cuando se apodere de él, tendrá un cuerpo humano y uno fantasma. Podrá seguir viviendo, además de que los poderes de Danny también serán suyos.
—¡Pero! ¿Por qué él?
—No lo sé. Le valdría cualquier cuerpo humano, pero intuyo que en el fondo también quiere los poderes de tu amigo. Dos pájaros de un tiro, ¿no? —sonrió de medio lado, y acariciando las mejillas de Sam, continuó—. Sé que lo quieres, y en el fondo espero que tus sentimientos no se interpongan en nuestra misión.
—Casper...
Quería decir algo, pero no supo qué. Definitivamente, no permitiría que nadie le pusiera una mano encima. Danny la había salvado tantas veces, ahora era su turno de salvar al chico que amaba.
Casper se tumbó boca arriba en la cama y apretó el codo de Sam.
—Tal vez lo nuestro inició como una mentira. Pero yo sí me enamoré, Sam.
La jaló del brazo e hizo que ella cayera encima de él. Sam tenía la cabeza en su pecho, y por pura curiosidad, se quedó para escucharlo. Nada, como lo imaginó, no había ningún corazón que latiera. Entonces examinó su semblante, la forma cuadrada de su barbilla, sus ojos cerrados, cada cabello y cada pestaña. Era difícil creer que él también fuera un fantasma. Y lo recordó, recordó las palabras de Danny, entonces la duda también empezó a hacer hueco en su mente.
—Casper, si tú eres fantasma, ¿cómo es que puedes tocarme?
El hombre abrió un ojo para verle.
—¿No debería hacerlo, uhm?
—No. Se supone que los fantasmas no pueden tocar cosas del mundo real. Al igual que un humano en la zona fantasma.
—Ah.
—Sin embargo tú... Te he visto quitar la paja, recibir becerros en nacimiento, ayudar y chocar las manos con otras personas. Has ayudado a tus padres a caminar tomándolos de los hombros... ¿Son ellos tus padres de verdad?
Casper se mordió la mejilla.
—No, no lo son.
—Explícame, porque cuando parece que soluciono un misterio en mi vida, aparecen mil misterios más.
Casper suspiró muy pesadamente.
—Eso no tiene ninguna ciencia. Puedo tocarte y hacer todo cuanto quisiese porque este mundo no existe.
—Este mundo no existe —repitió. Ya se había olvidado de eso.
—Sí. Verás, ÉL con su poca energía, se encargó de crear un mundo ficticio en el que tú y tus amigos no tuvieran escapatoria. De esa forma, jugaba con sus mentes, y buscarlos sería todavía más sencillo. Nada de lo que pasa aquí es real, los objetos no son objetos, las personas tampoco lo son. Mis padres... sí fueron mis padres cuando estaba vivo, claro. ÉL me dio la oportunidad de volver a verlos, aunque sé que no son de verdad —Sam se enterneció. Ese sí era el Casper que conocía, el amable—. Lejos de lo que piensas, no soy una mala persona... ¿o será mal fantasma?
Su discurso logró convencerla de los hechos. Eso explicaba porqué Paulina se decía su amiga, cuando ella tenía la impresión de que no era así, aún sin saberlo.
—Un momento. Eso no me dice por qué sí puedes tocarme, si yo soy completamente real.
Casper se asombró.
—Eso es aún más increíble que la historia anterior, ¿uhm? —rió con sutileza—. Tiene que ver con mi muerte. ¿Quieres saber cómo morí? —Sam le prestó atención, alzando levemente el mentón para tener una mejor visión de sus expresiones. No sabría cómo describirlo. Casper se veía divertido, como si su muerte le hiciera gracia, pero a la vez se apreciaba un deje de tristeza. Ella asintió, curiosa—. Yo era un chico prodigio, ¿sabes? No es por alardear, pero era todo un cerebrito. Muchos decían que estaba listo para estudiar la universidad desde los catorce, posiblemente desde antes, pero yo no lo quería porque pensaba que en un mundo de adultos sería difícil conseguir amigos. ¡Cuán estúpido fui!
«Cursé la secundaria como todos, pero al parecer nadie quería ser amigo del "larguirucho" sabelotodo. Las chicas me despreciaban y los chicos me humillaron. Todos los días me hacían bromas mediocres, me escondían mis cosas, me arrojaban a los basureros o se burlaban de mí; no me metían a los casilleros porque no cabía. Luego, me encontré con alguien diferente, no era una persona, era un fantasma, y para resumirlo, nos hicimos buenos amigos. Sin embargo, siempre que intentaba tocar su mano se volvía intangible. ¿Te parece extraño? A mí no. Así que, cautivado por su mundo y pensando que la única forma de acabar con quienes se reían de mí era utilizando mi cerebro. Me dediqué a estudiar la composición ectoplásmica de los fantasmas y comencé a experimentar con mil herramientas. Quería crear una cosa que me permitiera asustar a los pacotillas del salón, pero a la vez tocar la mano de mi amigo. Pero, algo salió muy mal en mi experimento, hubo una terrible explosión y morí al instante. No me asustó, sino que más bien me dio gusto pertenecer a la zona fantasma y palpar todo con estos dedos. Después conocí a un fantasma llamado Vlad Plasmius, a quien le conté mi tragedia. Él me ayudó a reescribir mis teorías, y colaboró conmigo en la creación de una especie de vacuna que ayuda a los fantasmas a tocar personas y, eventualmente, cosas del mundo de los vivos».
Quiso besar en la mejilla a Casper, pero no lo hizo. Ahora no quería generar malentendidos con él, ni mucho menos ilusionarlo con un sentimiento que no era recíproco.
—¿El portal fantasma también lo hizo Vlad Plasmius para ti?
Aunque Casper puso los ojos en blanco por la inesperada pregunta, relajó los músculos faciales.
—Uhm. No. ÉL me lo regaló. Con ese portal podía transportarme a la zona fantasma a donde sea que se encontrara. Llevo semanas encerrado aquí, sin poder escapar.
Ahora sabes lo que se siente, chico bobo. Pensó Sam y se mordió el labio para evitar decírselo.
—Por suerte, está en tus manos, uhm —agregó el castaño—. Mañana lo usaremos para llegar hasta el punto Zeta en la zona fantasma. ÉL estará aguardando por nosotros y comenzará la segunda parte del plan. Una vez que entreguemos a Danny, ÉL hará que recuperes tus recuerdos. Asegúrate de convencer a Danny de acompañarnos... con el moreno puedes hacer lo quieras, no es tan importante.
Sam se quedó con ganas de contradecirlo, pero prefirió no decir más.
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Sam regresó al ático una vez que Casper se quedara dormido. Había muchas cosas que todavía no comprendía de los fantasmas, como por ejemplo, ¿cómo es que un fantasma puede dormir? ¿Sería acaso un milagro de la vacuna, inventada por Casper y Vlad, que ayudaba a los fantasmas a comportarse como humanos? También recordaba el nombre deVlad cuando Tucker y Danny quisieron refrescar su memoria. Se cuestionaba si era él a quien deberían enfrentarse. Sam sacudió la cabeza a los lados, el cabello oscuro y largo le cayó por la espalda.
No quiso indagar, porque evidentemente no le interesaba; ahora tenía otros asuntos en qué pensar. Sam se acostó en silencio y se tapó la cara con la cobija. Los ronquidos de Tucker se oían con gran potencia hasta su lugar y Danny dormía tranquilo como un ángel.
En medio de la oscuridad, Sam sacó los papeles que tenía escondidos entre los pechos e inhaló aire con demasiada rapidez. Quería saber qué decían antes de que ellos se despertaran. Con la ayuda de la linterna de su celular leyó las primeras letras.
«Cientos de fantasmas están atacando la ciudad. Aún no logramos descubrir cómo logró escapar a la prisión de Reloj, pero esta vez temo que algo terrible pueda suceder...».
La boca de Sam se secó y sintió que empezaba a sudar frío. Continuó leyendo, sólo para comprobar que esas palabras eran reales. Luego, sabiendo que no tenía opciones para desmentir, se quedó estupefacta.
¡No lo podía creer! Esas hojas eran las que habían sido arrancadas de su diario. Ella misma las había escrito. Ahí en sus manos se encontraba todo, relatado por ella. Todos esos recuerdos que no conseguía retener en su memoria, allí estaban. Todo acerca del accidente, de la emboscada fantasma y sobre ÉL.
Le entró un ataque de pánico, la saliva se le atascó en la garganta y la herida le hizo mucha comezón. ¿Qué tenía que hacer ahora? ¡Tenía que despertar a Danny y a Tucker y huir antes del amanecer!
Como alma que lleva el diablo se levantó de su camilla y se acercó a Danny, todavía temerosa de que algo malo pudiera ocurrirle. A centímetros suyos, Sam se acuclilló a su altura y lo contempló. Tenía el ceño ligero y algunas hebras azabaches le cubrían los ojos. Sam se permitió sólo un segundo para admirarlo, siendo consiente de todo lo que provocaba en ella. Percibió las mariposas revoloteando en el vientre, sonriendo ante el cosquilleo.
Llevó la diestra hasta su frente, dispuesta a quitar su cabello. Pero antes de que pudiera tocarlo, la mano de Danny la detuvo, agarrándola inesperadamente por la muñeca. Sam se sobresaltó.
—Estás despierto —dijo mirándolo a los ojos. En medio de la oscuridad, el tono celeste se volvía brilloso.
—Tú también —se aferró a su muñeca para impedir que se apartara—. ¿Por qué no duermes?
—Te ves demasiado lindo como para dormir y no verte.
—¿Eh? —Danny colocó la palma encima del fleco de Sam, comprobando que no tuviese fiebre o algo por el estilo, sin dejar de tomarla de la muñeca en ningún momento—. No puedo creer lo que me has dicho. ¿La gran Sam está admitiendo que le gusto?
Las mejillas se le colorearon de un carmín poderoso, y quiso separarse pero Danny entrelazó sus manos.
—Duerme conmigo, Sam.
Abrió los labios con sorpresa, sintiendo el calor acumularse en mayor medida. Seguramente lucía muy tonta. Posiblemente Danny la entendió porque carcajeó débilmente.
—No es lo que crees. Antes, cuando éramos novios, solíamos dormir juntos todo el tiempo.
Y esa declaración no ayudó a que recuperara el pálido natural en los pómulos. Tuvo que pensarlo bien, si era sincera consigo, tenía que admitir que se moría de ganas por estar tan cerca con ese chico, que deseaba palpar su piel y sentir su respiración como una sola. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, dicen por ahí, y toda esa gente tiene razón. Si no se decidía podría arrepentirse.
Sin decirle nada, Sam se acomodó a un costado. Danny sonrió abiertamente, cubriéndolos a ambos con la manta. El espacio era tan pequeño que era inevitable que sus cuerpos se rozaran. Sam sintió la respiración de Danny acelerarse, y luego la propia también.
Danny era un chico muy atractivo, podía ver los músculos semiformados a través de su camiseta blanca, y le encantó. Él acarició sus hombros con cuidado, sin romper el contacto visual. Entonces Sam entendió que lo necesitaba, sin importar qué. Danny sería el amor de su vida por la eternidad.
—Bésame —le pidió en un susurro.
Aunque Danny pareció asombrarse, no esperó más tiempo para rodearla con sus brazos y besarla. Sus labios se unieron lentamente, pudo apreciar una gran carga de electricidad transitando por todas sus extremidades.
El beso, al inicio inocente, se transformó de cero a cien en un segundo, volviéndose apasionado. Los labios de Danny apretaron contra los suyos y después viajaron hacia el mentón y volvieron a subir. Besó el nacimiento de la cicatriz y Sam se sintió la mujer más hermosa de todo el universo, luego regresó a sus labios. Sam gimió al percibir sus dedos acariciando su espalda con inminente desesperación.
—Danny —susurró entre el beso.
Ella lo apartó un poco para poder besar su cuello y Danny cerró los ojos. Besó sus hombros y su clavícula, y se burló cuando Danny siguió su boca para volver a besarla, negándole el contacto. Danny, completamente hechizado, la tomó por las mejillas y la besó una vez más.
Sus manos tocaron su vientre desnudo, y se quedaron en ese espacio un buen rato. Entre cada caricia, Sam podía jurar que estaba volando. Mas, lo alejó con violencia cuando Danny acarició uno de sus senos dentro de su top.
—Danny, no.
—Lo-lo siento —exclamó entre jadeos—. Me dejé llevar, Sam, lo siento.
Sam le besó en medio de las cejas, indicándole con ese gesto que no se preocupara.
—No es correcto que hagamos esto, con Tucker a un lado.
Danny aprobó.
—Aun así, no permitiré que regreses a tu cama.
Sam sonrojó. Y sabiendo que no tenía opción, se acomodó entre los brazos de Danny y cerró los ojos, escuchando el palpitar apresurado en su pecho. El aroma masculino que Danny poseía era suficiente para encenderla de nuevo, mas luchó por contenerse. No era correcto, pero disfrutaría dormir junto a él como si fuesen una pareja de recién casados.
Y de esa manera, Sam se olvidó por un momento de todo.
Continuará
N/A: Gracias a quienes leen: DragoViking, PepperJoan y Denise-daze.
