Los personajes no son míos. Pero la historia y los diálogos son completamente de mi autoría, así como Casper también me pertenece.


.

.

Acéfalo

14

Parte uno

.

.

Sam levantó la cabeza ligeramente hacia arriba, apenas un par de milímetros, los suficientes para verlo sin dificultad, mientras que finas y oscuras hebras de cabello caían por su frente hasta llegar a sus ojos. Entonces, Sam contempló al chico con majestuoso traje oscuro que volaba por los cielos con una misteriosa mirada de ataque. Quiso gritarle, pero prefirió no hacerlo; no quería distraerlo, porque en una situación como aquélla una distracción puede ser un gran problema. Sin embargo, el chico giró lentamente hacia ella, como si hubiese advertido su presencia de algún modo, sorprendiéndose en el acto para luego terminar reprochándole con ese par de ojos esmeralda.

—¿Sam? ¿Qué haces aquí? —frunció el entrecejo de inmediato, colocándose a su altura, quizá para reprenderla por su valiente y estúpida hazaña—. Creí que habías prometido quedarte a salvo lejos de aquí, junto con todos los demás.

—Lo siento, crucé los dedos —encogió los hombros cual niña ingenua, pero sabía que esas cosas no funcionaban con él—. No necesito que me protejas, Danny. Necesito estar a tu lado y luchar contigo, de la misma forma que siempre ha sido. Tus batallas también son las mías, ¿recuerdas?

Danny se mordió el labio inferior con impotencia, demostrándole a Sam que en realidad estaba inmiscuyendo a su novio en un conflicto mental muy fuerte. Ciertamente, ella lo entendía, comprendía el cuento cliché que seguramente se inventaba para protegerla, pero ella sentía lo mismo por él. Danny cuidaba de todos, y lo hizo por mucho tiempo en secreto, pero nadie se había preocupado lo suficiente por cuidar en realidad de él, a excepción de sus padres. Ella estaba decidida a no convertirse en ese tipo de persona. Sam haría todo lo posible por protegerlo, aunque eso significaba ser un estorbo más que una ayuda. ¿Sería egoísta siguiendo esa lógica? Sam sabía que todos los enemigos de Danny eran cada vez más poderosos, y sinceramente no podía hacer mucho por él, quizás fuera de más utilidad si se mantenía lejos tal como Danny le pedía. Sin embargo, no iba a rendirse tan fácil, tendría que intentarlo primero antes de hablar.

—Danny, no me voy a ir, y sabes lo muy terca que puedo llegar a ser.

—Sam, esto es diferente. No es como los otros fantasmas, esta vez... no puedes estar aquí.

—No sabemos ni siquiera a qué nos enfrentamos, ¿y qué? Siempre es un nuevo reto, chico fantasma.

—Sam...

—Sam esto, Sam lo otro. Estoy harta de seguir instrucciones —se quejó tratando de imitar su voz, ocasionando que Danny se relajara un momento y escapara una sonrisa dulce de su boca—. Yo hago mis propias reglas, tanto si lo quieres como si no —tenía tanta determinación corriendo por sus venas que no le importó cualquier excusa que Danny empleara para persuadirla, porque nada podría convencerla de lo contrario. Y justo en ese momento, Sam se valió de su reloj pulsera para disparar un rayo láser a un fantasma que se movía silencioso por la espalda de Danny. El fantasma, de apariencia desconocida y bastante mediocre, gimió de dolor, percatándose Danny del enemigo sólo en ese instante, y antes de que pudiera hacer cualquier cosa, Sam se adelantó y lo atrapó con ayuda del Termo Fenton, dejando a Danny anonadado—. Tan fácil como deshacerse de ese problema. Sin mí ese fantasma te hubiera pateado ese bonito trasero.

—¿Piensas que tengo un lindo trasero?

Sam se sobresaltó, y viró los ojos hacia otra dirección.

—Yo no dije que tu trasero fuera lindo —replicó, apenada.

—¿No lo es?

—Sí... es redondo y se ve muy bien a través de las mallas pero... —rápidamente cambió de expresión, poniéndose muy seria—. Phantom, ¿estás jugando conmigo?

—No, pero tu cara es muy adorable.

—¿Qué? No tienes remedio. Concéntrate, chico fantasma —cruzó los brazos, fingiendo estar enojada, lo cual no funcionó ya que Danny rió débilmente— ¿Dejarás que te ayude?

—Sam, no quisiera, pero de acuerdo —suspiró, dándose por vencido con ella—. Pero no permitiré que intervengas más de lo necesario, ¿okey?

Ella asintió, examinando cómo las piernas del chico se transformaban en una especie de cola transparente que casi era imperceptible al ojo humano.

—Los destruiremos molécula por molécula —dijeron al unísono, riendo.

Después permanecieron en silencio, mirándose uno a otro por algunos segundos que parecieron efímeros. Color esmeralda combinado con el color lila, algo entre ellos dos que los hacía ser únicos y especiales ante los demás. Danny inclinó su cabeza y tomó por el mentón a Sam lo más delicado que podía permitirse ser, acercándose lo suficiente para que ella pudiera disfrutar de la cálida respiración que emanaba desde el interior de su masculino pecho. «Eres mi chico fantasma», susurró al borde sus labios y abrió la boca, dispuesta a besarlo como si no hubiera mañana.

—Vaya, casi parece que no hay miles de fantasmas hostiles destruyendo la ciudad a sus espaldas.

—Tucker —habló Danny, separándose rápidamente con un leve rubor en las mejillas—. Qué conveniente de tu parte.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó al moreno, luchando contra su propio sonrojo para no figurar como una chiquilla atontada por el amor, aunque prácticamente sí lo era. Recobrando su postura seria, prosiguió—. Creí que llevarías a Jazz y a los padres de Danny al refugio.

—Eso hice, después de que tú también decidieras huir y me abandonaras, claro. Los padres de Danny andan por ahí en las calles reuniendo gente y llevándola al refugio. ¿Sabían lo increíble que se ha vuelto Jazz? —Sam se encogió en sí misma, avergonzada—. Pero no nos íbamos a quedar sin hacer nada, esperando que tú te lleves toda la gloria, Danny.

—¡¿Qué?! ¡¿Y lo permitiste, Tucker?! —Danny, de forma inconsciente, tomó al moreno por el cuello de su camiseta—. ¡Esto es peligroso! ¡Qué parte de estamos en una poderosa y mortal batalla no entienden!

—Y por eso nos necesitas —refutó Sam.

—¿Acaso creíste que permitiríamos que fueras el único héroe? —sonrió Tucker—. Además, puede haber lindas fantasmitas por ahí. Lindas y sexys fantasmitas —movió las cejas con diversión—¡Auch, Sam! Eso dolió. No se lo cuentes a Jazz.

Sam quiso interrogar a Tucker sobre su "aparente" atención hacia la hermana mayor de su amigo, pero el suspiro de Danny la detuvo. Se le veía agotado.

—De acuerdo, está bien. Todos para uno, y uno para todos.

Sam lo abrazó y lo besó en los labios, aprovechando para terminar con lo que Tucker arruinó. Danny correspondió gustoso, llevando ambas manos a su cintura, atrayéndola hacia sí para profundizar el beso. Cuando se separaron, se entregaron una parte de un segundo para mirarse por segunda ocasión a los ojos. Tucker se les unió al abrazo enseguida.

—Yo también quiero —los rodeó a ambos con sus pequeños brazos—. Excepto lo del beso, viejo.

.

—Necesitamos un plan.

—Sí, lo necesitamos. ¿Alguna idea, genio? —expuso Sam.

—Temo que no.

—¿Estamos fregados, viejo?

—Sí, completamente fregados —Danny se rascó el puente de la nariz. Regresó a su forma humana desde que optaron por ocultarse en el refugio, junto con todos los demás. Los habían convencido a todos de volver y activaron el escudo de ecto-energía que los mantenía a salvo de todos los fantasmas del exterior. Una potente aura verde los cubría, sólo así podían sentirse escasamente seguros, porque en el fondo, todos allí no pasaban por alto el hecho de que el escudo antifantasmas no sería lo suficientemente poderoso por mucho tiempo. Ya había sucedido antes.

—¡Podemos hacerlo, Danny! Cada uno de nosotros tomará alguna de las armas de papá y mamá y lucharemos contra ellos.

—Jazz, ojalá fuera tan sencillo como decirlo.

—Tu hermana tiene razón, Danny —su madre le tocó el hombro en señal de apoyo—. Tal vez no seamos las personas más listas en todo Amity Park pe...

—¿No lo somos?

Maddie Fenton sonrió de una manera indescriptible para Sam, no sabría decir si existía vergüenza o disgusto, quizás ambos.

—Querido... Oh, cielos —se llevó la mano a la frente para brindarse ánimo—. Danny, lo que tu padre quiere decir, es que no importa si nos superan en número, nosotros lograremos vencer, siempre y cuando estemos unidos.

—Eso es correcto. Jack Fenton no le teme a nada —asomó la cabeza por una rendija, como para analizar la situación. No obstante, de inmediato transformó su semblante autoritario en uno muy diferente—. O quizá simplemente debamos quedarnos aquí... Tenemos comida y agua suficiente, y algunos juegos de mesa que tomé prestado de mi buen amigo Vlad... sin su consentimiento... pero que sí devolveré.

Todos ignoraron el gesto furioso que Vlad le dedicaba al padre de Danny, y sólo entonces, tanto Danny como ella se percataron de la presencia de Vlad en la sala, lo cual incomodó sobremanera al chico, pues se percató de cómo se removía sobre su asiento.

—Danny, ¿estás bien?

—Oh, genial. Esto se pone cada vez mejor, ¿ahora se supone que debo cooperar con el sujeto que ha intentado aniquilarme por años?

—Más vale que lo hagas.

Danny, Sam, Tucker y Jazz se sorprendieron al escuchar la voz de Vlad a sus espaldas. A la distancia se notaban los intentos, sin mucho éxito, del matrimonio Fenton por tranquilizar una muchedumbre de personas histéricas, incluyendo a sus compañeros de secundaria, los cuales involucraban a Paulina y Valerie.

—¿Y cómo saber que estás de nuestro lado y que esto no es una de tus trampas?

—Mi querida Jasmine, estoy dispuesto a abandonar todos mis malentendidos con tu familia, estoy seguro que todos merecemos una segunda oportunidad. Además, mi laboratorio y mi mansión también fueron destruidos... Todo quedó en ruinas.

—¿Estás diciendo la verdad?

—¿Por qué mentiría sobre mi terrible desgracia?

—¿Tu laboratorio fue destruido?

—En efecto, Jasmine.

—¿Por qué alguien quisiera destruir tu laboratorio?

Vlad respiró a profundidad, acomodándose el elegante traje por cuarta vez. Sam intuyó que, probablemente, se trataba de una pregunta que evitaba responder, pero que eventualmente tendría que hacerlo.

—¿Supongo que debería ser totalmente honesto contigo, Daniel? —éste aprobó con un movimiento de cabeza y con la quijada dura—. Hace un par de años colaboré con un fantasma para crear una vacuna que revolucionaría el ADN y la composición morfológica de cada fantasma, sin excepción. El primero en probarlo fue él mismo, y por supuesto que fue un éxito, no soy el hombre más rico e inteligente del planeta por nada.

—¿A dónde nos lleva esto?

—Al origen de todo, Daniel —hizo un esfuerzo para no perder los estribos—. A pesar de que fue un trabajo en conjunto, yo me quedé con la patente. Cinco años después, regresa ese mismo fantasma a robarme la patente, y no conforme, destruye mi muy valiosa mansión y mi laboratorio. Estoy tan furioso.

—Pues de inteligente no tiene mucho —susurró Tucker en el oído de Sam.

—Estoy contenta... Eh, quiero decir, estoy contenta de que el tío Vlad esté de nuestro lado y no al contrario.

El aludido sonrió con triunfo, posteriormente se dirigió hacia donde estaba la madre de Danny. Sam observó al azabache y cómo éste vigilaba a su archienemigo intentar masajear los hombros de su madre.

—¡Asombroso! No sólo acepté trabajar con mi peor enemigo, sino también debo aceptar que Vlad esté tratando de coquetear con mamá todo el tiempo.

—No deberías preocuparte. Conociendo a mamá, Vlad no podrá hacer mucho aunque se lo proponga.

—Jazz sabe de lo que habla, viejo.

Sam reparó en las manos entrelazadas de Tucker y Jazz, pero no dijo nada.

—Tenemos que armar el plan —repite Danny, ocasionado que todas las personas se amontonen alrededor de ellos, sorprendiendo a Sam por su absoluta colaboración—. Formaremos equipos de diez personas. Jazz, Valerie —Sam fue testigo de las miradas cómplices que su novio intercambió con la morena, eso no le agradó para nada. Claro que no era el momento para actuar como una celosa empedernida, pero ella más que nadie sabía que Valerie aún no superaba a Danny, y eso la hacía enojar—. Junto con Tucker y Sam, estarán al mando de cada equipo y se encargarán de las armas más avanzadas. Sólo contamos con un Termo Fenton y no estoy tan seguro que con uno solo podamos atrapar a más de cien fantasmas a la vez, así que considero que mamá y papá... y T-tío Vlad, por supuesto, deberían quedarse para crear más Termos, al menos los suficientes para que cada equipo cuente con uno.

Todos asintieron.

—Yo creo que deberíamos ocuparnos primero del enorme agujero en el cielo —intervino Valerie—. ¿De qué sirve que atrapemos fantasmas si pueden regresar por allí?

—Ah, odio admitirlo, pero Valerie tiene razón —dijo Sam—. ¿Cómo haremos para cerrar el portal fantasma?

—Los portales fantasmas duran cierto periodo de tiempo, posteriormente se cierran por sí solos.

—¿Debemos esperar a que esa cosa decida cerrarse por sí sola y luchar mientras hasta el cansancio?

—No será necesario —Danny se puso de pie—. Existe otra forma. Derrotando al creador.

—Danny... ¿Tienes idea de quién puede ser?

—Sí, Sam. Hay dos fantasmas capaces de crear portales a voluntad. Y no creo que Lobo sea el responsable.

—Te refieres a...

—Dan.

.

Todos los equipos conformados estaban preparados con armas de alta tecnología para el gran ataque. Jazz, Valerie, Tucker y Sam lideraban la cabeza de los cuatro equipos; en el medio se encontraban los ciudadanos más débiles, aquellos a los que todavía les temblaban las rodillas por el miedo; al final estaban los que tenían más agallas y un poderoso instinto de coraje. Aunque todo variaba según la estrategia del líder. Por ejemplo, Valerie mezclaba a los débiles con los fuertes en todas posiciones; mientras que los demás habían optado por mantener la idea original de formación propuesta por Jazz.

—Escuchen, si es Dan a quien nos enfrentamos, tenemos que estar dispuestos a protegernos entre todos —habló Danny convertido en su forma fantasma. Los ojos esmeralda le brillaron más que nunca—. Esto no es un simulacro, es real. Si pueden mantenerse a salvo, háganlo. Yo me encargaré del resto...

—¿Qué es lo que quieres decir? —interrogó Valerie con el ceño fruncido—. ¿Pretendes llevarte todo el triunfo mientras nosotros jugamos a distraer fantasmas?

—No me refiero a eso...

—Danny, entiendo que te preocupes por nosotros, pero estaremos bien —le dijo Sam, sonriéndole y tomando su mano para tranquilizarlo—. Confía en nosotros.

—Es nuestro mundo el que está en peligro —Jazz le tocó el hombro—. Todos haremos lo mejor posible.

Danny entornó una mirada hacia los presentes, que iba cargada de tensión. En ese círculo estaban sus maestros, sus amigos y compañeros de la secundaria, algunas personas desconocidas, incluso hasta su mayor rival, y todos se unían para un mismo fin: salvar su hogar. El azabache asintió e inconscientemente apretó la mano de Sam.

El objetivo era difícil.

Dan era la parte malvada de Danny. Decir que podían explicar cómo había conseguido escapar de la prisión de Reloj, era mentira, porque en realidad nadie sabía lo que estaba sucediendo. Y eso era en verdad muy aterrador.

Claro que, todavía no era cien por ciento seguro que su nuevo enemigo se tratara específicamente de él, pero podían apostar todas las cartas a que así lo era. El enfrentamiento pasado con Skulker fue una pista que los hizo afirmar aquella suposición. Se trataba de Dan, y estaba buscando a Danny por alguna razón.

—Lo derrotamos una vez, podemos hacerlo de nuevo.

—Me gustaría creer eso, Tuck.

Danny observó a Tucker, y la expresión en su rostro no la tranquilizó, a nadie lo hizo. Todos dependían del poder de Danny, y Danny dependía de su poder para salvarlos a todos. ¿Acaso nadie, además de ella, era capaz de notar el miedo que estaba creciendo en el interior de Danny? Podía parecer el chico más valiente de todo el mundo, y lo era, pero Sam lo conocía y sabía que su novio palidecía por dentro. Tenía una responsabilidad tremenda, y precisamente eso lo estaba aterrando. Fallarles a todos.

—¡Lo conseguiremos! —habló Valerie, mucho más optimista—. Acabaremos con esos espectros, les patearemos el trasero, niño bonito.

Sam arrugó el entrecejo y soltó de inmediato a Danny. Éste la observó de reojo, soltando una risa risueña ante los celos inocentes de su novia. Luego, él se puso de pie y les dedicó una última sonrisa al resto. Aquellos celos sin sentido se transformaron instantáneamente en una fuerte opresión en el pecho, como un mal presentimiento. Entonces Danny se acercó a ella y le indicó que se alejaran un poco. Lo siguió hasta un rincón, que no era especialmente privado pero al menos les valía para conversar lejos del ruido de la paranoia.

—Sam —lo observó tamborilear los dedos. Un gesto poco usual en él, nunca había visto a su novio tamborilear los dedos, incluso cuando estaba avergonzado actuaba más bien como tonto. Sin embargo, se le hizo ridículamente tierno. De alguna forma, ella ya intuía lo que iba a decirle—. Cuídate, por favor... Mereces ser feliz y vivir una vida larga.

—Phantom. ¿De qué rayos estás hablando? ¿La actividad fantasmagórica te puso sentimental o te consumió el cerebro? —fingió reír, no obstante, por dentro estaba sufriendo. Si eso era una despedida, no deseaba que continuara—. En menos de un minuto todos estaremos luchando afuera, es mejor que por ahora vayamos con los otr... ¡Ah! —él la detuvo por el codo y la obligó a enfrentarlo.

—Te amo, Sam.

La besó en los labios sin darle oportunidad de responder. El aliento de Danny se metió a su boca, haciendo que se doblegara ante el sabor de sus besos. Ese beso se sentía diferente a los demás; no sólo eso, sino que hasta sabía diferente, sabía a un largo adiós. Y después de eso, el chico se separó y terminó atravesando el techo en su forma intangible, desapareciendo y sin permitirle a ella decirle que lo amaba tan fuerte como se aman los adultos y los héroes de sus historias de ficción.

La sensación en su pecho fue creciendo, hasta tal punto que se le hizo difícil respirar.

.

Decidieron dividir a los equipos por zonas, tomando de referencia los puntos cardinales de la región, de esa forma, no habría perímetro sin vigilancia. Siendo así, Tucker se colocó al este, Valerie en el oeste, Jazz por el sur y Sam sobre el norte (que Danny Phantom hubiese partido anteriormente hacia el norte, era una mera casualidad). Cada uno contaba con un telecomunicador, programado para funcionar en intervalos de diez minutos, que estaba destinado al mando de control directo a los padres de Danny y Vlad Masters. El objetivo era mantener informados sobre las necesidades y problemas en cada uno de los equipos, así como contabilizar una a una las posibles bajas. Lamentablemente, las bajas iban dirigidas en específico a los miembros humanos, porque contar cuántos fantasmas habían sido capturados, resultaría en vano mientras el portal continuara en activo.

Desde esa perspectiva, parecía un trabajo inútil, y posiblemente sí lo era. Gastar energías en fantasmas que podían regresar cuántas veces quisieran, era algo muy tonto. Pero también, era la única alternativa, de momento.

Sam tendría que ser muy buena mentirosa para decir que no tenía miedo, pero lo cierto es que estaba sacudiéndose como una niña pequeña. Y aún así, tenía que poner lo mejor de sí sobre la mesa para proteger y comandar a un equipo entero. «Todo saldrá bien, tú puedes Sam». Se repitió más de una vez ,como para convencerse de que resultaría así.

Suspiró mientras se aferraba al volante del camión Fenton. Evidentemente ella no era la mejor conductora, de hecho apenas si sabía cómo meter el cambio de velocidades, sumado a que el camino repleto de escombros no la favorecía en nada. Las llantas se turbaban y sentía que el camión se movía por cuenta propia. Era increíble que nadie se quejara de los saltos y las corrientes tan violentas que los hacían saltar cada cinco segundos. De hecho, todos parecían estar más preocupados por el panorama de la ciudad siendo consumida por extrañas y fuertes llamaradas de color azul, que por cómo manejaba. En realidad, a nadie le importaba. Nadie creía que morir de un accidente automovilístico fuera a ser peor que morir combatiendo con fantasmas.

O eso es lo que ella pensaba.

Cuando llegaron al punto norte de la ciudad, Sam bajó las armas del camión y las entregó a sus compañeros. No había tiempo para explicar cómo funcionaban, ellos tendrían que aprender sobre la marcha.

Dio órdenes estrictas de dispersarse en grupos de dos, uno a espaldas del otro, conformando un triángulo entre el líder, los débiles y los fuertes. Todos parecieron estar de acuerdo. Entonces ella tomó una gran bocanada de aire y cerró los ojos un momento, reuniendo todo el valor posible. Pensó en su novio, tenía ganas de saber cómo se encontraba, si estaba bien o estaba teniendo dificultades, o si había encontrado al enemigo tan siquiera. El corazón le latió rápido, por lo pronto tenía que cumplir con su parte del plan, así que guardó el termo Fenton a un costado.

.

La batalla violenta de humanos contra espectros comenzó con los fantasmas atacando con todo su poder. Se levantaron fuertes cortinas de polvo que volvía complicado respirar; las llamas (de algo que parecía ser energía ectoplásmica) aumentaron en densidad y en calor. Era como un infierno en la tierra.

Sam presenció el regreso de algunos de los fantasmas a los que ya se habían enfrentado, pero esta vez, se veían mucho más fuertes y con una sed tremenda de venganza. Tuvo la idea de que no eran humanos suficientes para detenerlos. El contraste en número era enorme. Eran once personas frente a miles de miles de fantasmas. Usar el termo para atraparlos era algo estúpido. ¿Cuántos fantasmas no habían capturado ya? Alrededor de unos cien, y sin embargo, ellos regresaban. ¡Siempre regresaban! Tenían que cerrar el portal a como dé lugar. Mientras más luchaban, mientras más sangre se derramaba, más creía que era una batalla inútil. No había manera de acabar con todos sin salir ilesos.

Las horas avanzaron lentamente, torturándolos. Un minuto se convirtió en una hora, y una hora se volvió una broma cruel. ¡Se estaban burlando de ellos!

Y entre el tiempo y la destrucción, algunos de sus colegas resultaron heridos, con piernas y brazos rotos como Dash, y otros simplemente estaban cansados, como Paulina. El número del grupo fue reduciendo considerablemente, era imposible pedirles que continuaran combatiendo cuando se les notaba tan agotados. Si los fantasmas no los mataban, lo iba a hacer el cansancio, mientras que las oportunidades de ganar y recobrar el mundo como era antes eran más bien escasas.

De pronto, su comunicador empezó a transmitir frecuencias de ruido y vibraciones extrañas. Evidentemente, alguien intentaba comunicarse desde la otra línea, y no sabía de qué lado de la ciudad podía provenir o por qué lo hacía, y eso le heló la sangre. Pensó en subir a lo alto de un edificio para mejorar la recepción, de acuerdo a sus clases, la física funcionaba mejor siempre que había altura de por medio... ¿quizá? De cualquier manera, no perdería nada con intentarlo.

Sam se percató que sus compañeros seguían disparando rayos, y que incluso habían detenido a varios fantasmas con una especie de red de energía. Ella se apartó un momento para treparse hasta la azotea de una construcción que estaba abandonada y a punto de caer. Una vez allí, respiró el aire apestoso de las batallas y miró hacia el cielo. Más arriba del portal fantasma podía verse una luna menguante de color verde. Sam supuso que aquel brillo singular se debía a la invasión y nada más, aunque sabía que no era el mejor momento para detenerse a contemplarla.

El sonido del transmisor la alertó de nuevo, provocando que lo levantara con la mano derecha como si eso fuese a funcionar. Y funcionó.

«Equ-est-re-gre-fugio». Logró captar una voz inatendible, eran palabras que se distorsionaban y no alcanzaban a llegar por completo. Sam dio unos golpes suaves al aparato, sin muchas opciones. Porque a pesar de todo, reconocía esa voz. «Repito-equipo-este-regresa-a-refugio».

—¡Tucker! ¿Me escuchas?

«Equipo-este-regresa-refugio». El mensaje se repitió, por lo menos, unas cinco veces más, realmente no tuvo tiempo de contar.

—¡Tucker! —vociferó con más entonación. No estaba completamente segura si podía escucharla.

«¿Sam?».

—¡Tucker! Soy yo. ¿Qué ocurrió?

Hubo un segundo silencio en donde ella temió que la señal se hubiese perdido. «Mi equipo fue derrotado». Ella ahogó un grito en lo profundo de su garganta.

—¿Cómo están todos?, ¿cómo están mis padres?, ¿cómo estás tú?

Sabía que estaba haciendo demasiadas preguntas para un transmisor, y pudiera ser que no todas lograran comunicarse, mas eso no le importó. Aunque la relación con sus padres, ciertamente, nunca fue excelente, seguían siendo sus padres, y los quería. Tenía que saber cómo estaban, pues ellos habían partido con Tucker hacia el este.

«Estamos bien, pero demasiado agotados. Tus padres están heridos, aunque no de gravedad, tranquila». Ella dejó de retener el aire y respiró con normalidad. Ya no escuchó ningún sonido del otro lado de la línea y ella tampoco dijo nada más. Tal vez su equipo también debería regresar al refugio, tenía que reconocer que no podían hacer nada hasta que el portal estuviese cerrado, solamente entonces, la verdadera caza de fantasmas comenzaría. Por ahora era más viable ahorrar energías que gastarlas en vano. Sí, eso iba a hacer.

Dio pasos decididos hasta la puerta de metal, cuando de pronto fue interrumpida por un poderoso estruendo que hizo colisionar toda la tierra como un terremoto. El sonido de una explosión cercana la dejó sorda por minutos que se le hicieron eternos, y restos de concreto volaron hasta el lugar en el que se encontraba, seguido de una parvada de cuervos fantasmas huyendo. Sam se quedó inmóvil, petrificada. ¿Qué rayos había sido eso? Rápidamente se asomó por el barandal en búsqueda de sus compañeros. Su corazón se calmó cuando los encontró protegidos tras un pedazo de pared aislada sobre el pavimento. Entonces entornó los ojos para descifrar de dónde había provenido aquella monstruosa explosión.

Se quedó hecha piedra.

No muy lejos de ella pudo distinguir dos siluetas de dos fantasmas. Una más grande y fornida que la otra. Los ojos casi se salían de sus cuencas cuando contempló que uno de esos fantasmas era ÉL. Ese maldito fantasma tan ruin y malévolo, el más temible y poderoso de todos. Sintió que la sangre dejó de circular y se congeló en algún punto de su cuerpo, también dejó de escuchar sus propios latidos. Las manos le empezaron a temblar sin control, hasta la boca se le secó.

Ese desgraciado hijo de pu... ¡Danny tenía razón! El enemigo era Dan.

Continuará


N/A: Gracias a quienes leen: denise-daze, PepperJoan y DragoViking