Tu roca y tu viento...
Yo por mi parte estoy dispuesto
A desnudarte el pensamiento
A ser colono de cada rincón
Ser tu roca y tu viento, final y comienzo
Despertó en otra cama que no era la suya, por primera vez en muchísimos años. Y fue una sensación fría y desoladora, sobre todo porque lo hizo sola y desnuda.
Las cortinas estaban corridas, pero podía sentir la lluvia contra la ventana, no había parado en toda la noche y no parecía querer hacerlo pronto. ¿Eran sus emociones desbordadas? ¿Su naturaleza gritándole que huyera o que se quedara? ¡Vaya que odiaba la ambigüedad de su don!
Nephrite.. Nath no estaba ahí, pero había una sudadera de él sobre la cama y ni un rastro de su ropa de anoche en el suelo. Tomó lo que había y se fue al baño que estaba un poco vaporoso todavía.
-¿Qué haces aquí? -se preguntó frente al espejo, pero su reflejo estaba mal, porque parecía feliz y ella no podía estarlo, ¡Oh, pero no se sentía feliz! ¿Quién era esa mujer sonriendo?
Se metió a la ducha y se enjuagó el cuerpo, la nostalgia la invadió como cada vez que sentía que el sabor de aquel hombre se iba por el resumidero. Pero si estaba ahí... y lo vería pronto, ¿No recuperaría aquello? ¿Qué otra cosa era Nephrite... no... Nathaniel Arima sino deseo y carnalidad?
El aroma del jabón fue sustituido por el del café fresco en cuanto abandonó la ducha. Se enredó una toalla en el cabello y se vistió con la sudadera, que por fortuna cubría hasta medio muslo al menos. Aun debía ver cómo solucionar el asunto de la ropa interior, pero algo le decía que no la iba a necesitar mucho durante su estancia en ese departamento.
Cuando llegó a la cocina Nath estaba ahí, inclinado sobre el tostador justo al lado de la cafetera. Makoto tomó asiento en uno de los taburetes y movida por la travesura que para nada era propio de ella, subió las piernas y atrajo una rodilla hacia sí, amparada en el largo de la campera.
-Buenos días linda, ¿Te gustan las tostadas?
-Claro, ¿Eso desayunaremos? -preguntó mientras lo veía de espaldas, cada artefacto de la cocina lucía más pequeño de lo normal en comparación suya.
-¿Algún problema?
-Es solo que... -comenzó a decir mientras bajaba de su lugar y se acercaba a él por la derecha, Nephrite giró para verla y sonreírle dulcemente-. ¿No esperaras que después de lo de anoche solo coma tostadas? No cenamos, ¿Recuerdas?
-Bueno... yo sí-respondió coquetamente, recordándole su pequeña incursión entre sus piernas. Ahí estaba la primera prueba que él era justamente lo que ella pensaba, un adorable pervertido.
-Bueno, bueno... pues hazte para allá, no moriré de hambre porque tú no sepas más que tostar pan.
El enorme sujeto rio escandaloso mientras se abría paso ante la hermosa mujer de la toalla en la cabeza, quien ágilmente se adueñó de la cocina prácticamente nueva. Un mechón escapaba a su espalda, apuntando directo a su hermoso derrier y eso lo hizo recordar, antes de llegar tras la barra, que tenía algo en el bolsillo para ella.
-Esto es tuyo—le dijo mientras le extendía un pedazo de tela rosa doblado-. Y antes que me electrocutes, en verdad es tuyo. Lo olvidaste una vez, ¿Recuerdas?
-Makoto lo tomó rápidamente de su mano mientras el rubor se agolpaba en sus mejillas. Él sonrió ante la imagen de la poderosa guerrera avergonzada de que él tuviera una prenda interior suya con todo y que unas horas antes la había visto completamente desnuda.
-¿Por qué no la dejaste con el resto de la ropa? -preguntó mientras apretaba con fuerza su puño ocupado.
-Si lo dejo ahí, gritarías al verla. Tenías que reconocerla como tuya, no nací ayer, ¿Sabes?
-Te pasa muy seguido, ¿Verdad? -inquirió.
-No tanto como crees.
Nephrite giró para que ella pudiera calzarse la braga y proceder a hacer el desayuno. La contempló desde la barra, su aura era diferente cuando hacía lo que más amaba.
Desayunaron lo que a él le pareció un manjar, algo que su cocina no habría visto si no fuera por ella, quien no perdió oportunidad en bromear insinuando que pudo poner mejor un bar en su lugar.
Más tarde lo vio verla cepillarse el cabello mientras elegía algo de su closet que pudiera servirle para cubrirla un poco más. Y no es que no adorara verla tal cual estaba, pero la lluvia había hecho la mañana fresca y ni su vestido de noche, ni la sudadera la cubrirían de la baja temperatura.
-¿Y esto? -preguntó mientras extendía los pants que parecían ser casi su talla.
-Jedite, Zoycite... no sé de cual.
-¿Pasan mucho tiempo aquí?
-Lo hicieron cuando recién llegue, ahora han vuelto a la normalidad. ¿Qué hay contigo? ¿Algún escuadrón de rescate sentimental?
-Bueno... -se pausó mientras ajustaba la prenda a su cintura-. Haruka y Michiru... Setsuna a veces.
-Hubiera esperado escuchar de Rei.
-Estuvo, aunque su "te lo dije" tuvo un límite en mi nivel de resistencia.
-Intuyo que no sabe toda la verdad.
Y aquello era cierto, la ojiverde había decidido mantener en secreto el motivo de su separación. Más que nada, porque en el fondo sabía que ella pudo haber insistido demasiado en casarse en primera instancia y quizá, solo quizá, pudo ser un capricho en virtud del desolador sentimiento de abandono que dejó la partida del hombre que ahora la miraba esperando una respuesta. ¡Aunque eso no era una excusa para que su esposo la engañara primero!
-Ah sido difícil-susurró-. Mejor dime, ¿Qué pretendes que hagamos el día de hoy?
-Bueno, es viernes antes de fin de año. Debo trabajar, pero lo haré en el despacho, tú siéntete libre de andar por la casa y hacer lo que te plazca.
Le costó mucho tiempo, poco más de una hora entender aquellas palabras. Se quedó sentada al borde de la cama en la habitación vacía mientras lo escuchaba hacer llamada tras llamada en el despacho que estaba al lado.
¿La había traído y pedido que se quedase para verlo trabajar? ¡Absurdo!
Le daba vueltas a la idea cuando el sonido de su móvil la trajo a tierra, sonrío ante el nombre de Michiru en la pantalla.
-Te perdimos anoche, ¿Todo bien? -preguntó curiosa y coqueta. Makoto se ruborizó.
-Sí claro, excelente exposición. Aunque tengo unas observaciones sobre una de tus obras.
Michiru rio con esa gracia elegante que la caracterizaba, le susurró algunas cosas a alguien a su lado que Makoto supuso bien era Haruka y volvió a ella-. No te preocupes, ya lo han comprado.
-Lo sé, lo traerán mañana.
-¿Arima-san? -preguntó sin poder disimular la alegría-. ¡Le aclaré que la modelo no estaba incluida!
-Bueno, pues ahora estoy aquí y no me iré hasta año nuevo-bufó-. ¿Estoy haciendo mal?
-¿Por qué lo preguntas?
-Bueno...- hizo una pausa para sopesar el valor de sus palabras mientras se dejaba caer contra la confortable cama-, me ha pedido que me quede tres días, según quiere mostrarme lo que sería vivir a su lado, pero está en el despacho trabajando y yo aquí en la habitación, mirando la lluvia caer.
-¿Y no es eso parte de la vida diaria? ¡Te aseguro que el sexo salvaje no dura para siempre! -Makoto sonrío para ella misma mientras aceptaba la verdad de esas palabras-. Es una buena señal que no intente mostrarte solo el lado divertido de la vida, podrías decepcionarte si te das cuenta que su vida es más que fetiches y el kamasutra.
-¡Michiru! –recriminó abochornada. Sin embargo ella tenía razón, Makoto había estado casada y si algo sabía de cierto, es que la vida en pareja no estaba ni cerca de ser lo que pintaban en las películas románticas.
-Busca algo que hacer, no te creas la "mujer modelo" que pueda presumir. Puedes hacer eso o irte, no eres una adolescente enamorada y secuestrada.
La llamada se colgó no sin antes escuchar una risita sutil pero cálida que provenía de la violinista. Ella tenía razón, ya había llegado demasiado lejos al aceptar aquella disparatada propuesta como para hacerlo más difícil mostrando su peor lado primero.
Mientras estaba tumbada en la enorme cama sus ojos se fueron hacia su reflejo en el espejo del techo. Ciertamente no tenía pensado terminar ahí cuando salió de su casa, si lo hubiese hecho al menos hubiera traído algo de ropa que le favoreciera más. El clóset de él estaba tan lleno de trajes y ropa casual muy cara, que su cómoda sudadera y sus pants prestados parecían indignos de estar ahí.
Solo había una cosa por hacer. Makoto se puso en pie y se encaminó al despacho, la puerta estaba abierta y pudo verlo sentado ahí, detrás del enorme escritorio de caoba que debía ser tan imponente, que incluso un hombre como Nephrite se veía de tamaño normal en él.
Su anfitrión alzó ligeramente el rostro y pudo ver sus ojos seguirla a través de sus gafas de lectura. Llevaba una playera gris y una chaqueta casual encima que debió ponerse para alguna video llamada, ya que ella estaba segura que seguía en los pantalones de pijama grises que tenía durante el desayuno. Estaba en una llamada, por eso no dijo nada hasta que llegó y se paró tras él.
El ordenador estaba suspendido y Nath se inclinó hacia atrás para estar cerca de ella. Makoto se dobló ante él y lo abrazó por los hombros, mientras recargaba su cabeza en uno de ellos. Le dio un ligero beso en la mejilla y él sonrío, pudo verlo en el reflejo del monitor.
-Bien, entonces como quedamos. Los espero a las siete y James… compórtate por favor.
Cuando la llamada acabó, la ojiverde lo soltó y se recargó en el escritorio en sentido contrario a él-. ¿James?
-Sí, olvidé que James y los demás vendrían mañana a jugar póker, ¿Está bien por ti?
James y los demás eran exactamente, James o Jedite, Kurt o Kunzite y Zack o Zoycite… ocasionalmente incluían a Darien pero Nath no fue muy específico al respecto. Makoto se puso nerviosa en el acto. Podía con James y sus bromas seguras si la veía ahí, pero Kurt, Zack e incluso, o mejor dicho, más que nadie Darien, eran otro asunto.
Después de todo Andrew y Darien seguían siendo amigos.
Nephrite notó la descomposición en el rostro de su huésped, aunque se esforzó en sonreír de nuevo rápidamente. Se quitó las gafas y giro su silla, se puso de pie frente a ella y con un solo toque la hizo abrir las piernas para colocarse justo en medio, obligándola a subir un poco más al escritorio.
-Puedo decirles que nos vemos en donde James, cambiar la fecha si quieres… no quiero incomodarte.
-No, no podría pedirte eso. Pero me puedo ir y volver otro fin de semana, tampoco tienes que cambiar tus planes por mí—respondió segura de tener un buen argumento para volver a casa, aunque mientras el sonido de su voz marcaba aquellas palabras, su corazón le gritaba que se detuviese.
-Quiero que te quedes—le susurró mientras juntaba de nuevo sus frentes. Volvía a juguetear con su nariz en toques ligeros y dulces-. Son mis amigos, una parte muy importante de mí que deberías conocer.
-¿Y las chicas?
-Solo ellos.
-¿Por qué?
-Minako distrae a todos con sus locuras y James dice que Amy cuenta cartas para Zack.
Makoto soltó una aguda risa en cuanto imaginó aquello. Era tan probable, incluso la parte de Amy haciendo trampa, porque si algo recordaba de su amiga es que había quedado tan enamorada de Zack cuando lo conoció, que se dejó arrastrar por su espíritu aventurero, sorprendiendo a todos. Y Mina, nunca cambiaba. De Rei y Serena no dijo nada, pero podía imaginarlo también.
-Amo cuando ríes así, con un poco de malicia—dijo Nath, trayéndola de vuelta al despacho. Sus ojos chocolates la miraban con añoranza.
-Debo ir entonces a casa, no creo que sea apropiado que reciba a tus visitas en estas fachas.
-Es mi sudadera de la universidad—dijo muy serio, fingiendo ofenderse.
-Y los pantalones de Zack… ¡Zeus me cuide que James lo note!
-Debería preocuparte más que lo note Zack, morirá de celos al saber que te quedan mejor a ti.
Otra sonrisa se dibujó en su rostro, justo en el momento que aquellos labios finos se apretaron a los suyos. Fue mucho más fácil dejarlo entrar esta vez, sus lenguas comenzaron a retarse mientras su cuerpo era empujado hacia abajo, encima de algunos papeles. Pero no llegó a recostarse, Nephrite la detuvo con un brazo por la espalda mientras el otro le servía de soporte a él. "Quien haya dicho que el sexo sobre un escritorio podía ser cómodo, mintió", pensó para sí misma.
Pero era algo que no iba a descubrir. El móvil de Nath sonó con demasiada insistencia y su sesión de besos debió ser dejada para otra ocasión.
Mientras respondía la llamada en un perfecto inglés, la castaña recorrió con la vista la oficina. Lo primero que vio fue un enorme librero que reinaba por completo en la pared de la izquierda. Se extendía de arriba abajo y no había un solo espacio para un tomo más. Fue directo a él y revisó algunos lomos que estaban a su altura, todos eran libros de astronomía o similar, algunos tan viejos que podía asegurar que costaban una pequeña fortuna.
También vio algunas estatuillas de cobre que reconoció como dioses griegos, un contenedor lleno de mapas astronómicos y de nueva cuenta, un telescopio, aunque mucho más pequeño que el que estaba en su alcoba.
La pared frente al librero no era más que ventanas que daban al resto de los altos edificios lujosos de la zona, aunque ciertamente en el que estaban era el más altos y no podía ser diferente. A un costado de la puerta, un sofá recargado en una pared que no tenía nada que la adornara.
-Acabo de comprar un cuadro y lo pondré ahí—dijo cubriendo la bocina del móvil y sonriendo con cinismo. Ella se ruborizó de inmediato.
En ese instante perdió de nuevo el interés por la habitación y solo lo vio a él. Ese hombre que iba vestido la mitad en pijamas la mitad casual y cuyo cabello rebelde y frondoso tenía sujeto y peinado hacia atrás. Ese era Nathaniel Arima, empresario "hafu" de rasgos americanos mezclados con japonés. Lo había visto en las revistas de cotilleo en el supermercado, uno de los hombres más prominentes en la industria del arte en Japón, divorciado, sin familia. No era más el general Nephrite, aunque lo era… o lo fue.
Como ella no era más sailor Júpiter, aunque lo era también.
-Entonces, ¿Me decías?
Makoto se vio jalada de nueva cuenta a la realidad por segunda vez en menos de diez minutos. Su mente estaba divagando demasiado desde la noche anterior y eso no era buena señal, no si su plan solo era pasar el fin de semana con él para no preguntarse "¿Qué hubiera pasado sí…?"
-¡Ah, sí! Necesito ropa, no puedo estar tres días con esto y menos si pretendes que reciba a los chicos.
-¿Quieres ir a casa? –preguntó dudoso mientras se aceraba a ella. Acunó su rostro con ambas manos y la apretó con sutileza-. ¿Volverás?
Y ahí estaba de nuevo esa parte frágil de él. Esa que le gritaba que Nephrite había muerto y el hombre frente a ella era otro, que se veía igual, hablaba igual y olía igual pero que no era él, porque el general no sabía de debilidades, o al menos no las demostraba con tanta facilidad.
-Te di mi palabra. Solo recogeré un poco de ropa y regaré mis plantas. Estaré de vuelta a las tres y te haré algo de comer, ¿De acuerdo? –
No supo de donde salieron esas palabras en ese tono tan dulce, solo supo que lo que acababa de decir debía ser verdad, porque estaba segura que podría hacerlo de la forma exacta en que le dijo que lo haría. Lo convenció al menos un poco, eso dejó ver la sonrisa temerosa que asomó en el varonil rostro.
Nath le dio un beso más antes de soltarla y volver al escritorio.
-Lleva mi auto, o puedo pedirle al chofer que venga, ¿Qué prefieres?
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Y aunque la idea del auto era muy tentadora, lo cierto es que no era muy diestra manejando. Andrew le había enseñado un poco pero el pobre hombre no tenía el estómago para aguantar los repentinos ataques de la mujer que deseaba ir más rápido. Incluso le sugirió que fuera Haruka quien le enseñara, pero tampoco era para tanto.
Para su buena fortuna, pero no tanto para la del señor Yamaka que era el chofer, este había caído enfermo y no se reportó a trabajar. Así que después de una negociación con demasiados alegatos, Makoto al fin impuso su condición de adulto responsable y tomó un taxi rumbo a su casa.
Se sorprendió ante la nostalgia de su propia partida, como si algo le gritara que no iba a volver. Así que sacudió un poco su cabeza, tratando de no llamar la atención del chofer puesto que recordaba que con todo y la enorme prenda de Nath, no llevaba sostén. El conductor no debía enterarse de eso.
Mientras avanzaba por las calles de la ciudad iba reconociendo el área que habitaba. Veía las casas como si su pequeño viaje de una noche se hubiera convertido de pronto en una larga ausencia. Es viernes por medio día, la gente hace una vida normal y ella, que debería estar en casa sondeando clientes y viendo pendientes ya que el trabajo a fin de año se había relajado un poco para su pesar, estaba en cambio, camino a recoger ropa para volver a una vida que no sentía fuera para ella.
Porque había un problema con Nath…no, con Nephrite. Makoto le temía.
Era terriblemente vergonzoso admitir que tenía miedo y a la vez, deseaba a un hombre que no conocía del todo. Porque nunca le dio la oportunidad de conocerlo, o de reconocerlo en su caso.
No creyó fuera necesario.
Menos cuando Naru apareció y se lo llevó sin previo aviso. O cuando Andrew le pidió que por el bien de la relación se alejara de todo lo que tuviera que ver con las senshis y shittenou.
Aquello fue la ruptura con Rei, Amy y Minako, un gran espacio en su corazón que cedió terreno al hombre que amaba y que no quería perder. Era tanto su deseo de una familia propia y se veía tan cerca al lado del rubio, que si bien le había pedido aquella aberración, solo lo hizo por el miedo que le daba verla herida o peor, muerta.
Y Makoto lo hizo porque lo amaba. Algo que la sacerdotisa nunca perdonó.
-Llegamos señorita—dijo el chofer y ella volvió en sí para ver frente a su ventana el complejo departamental en el que vivía actualmente.
Pagó el viaje y caminó temerosa rumbo a la entrada, segura que solo flanquear al portero podría subir a salvo a casa. A recoger su ropa, o quizá no.
Pero no esperaba toparse junto al buzón de correo, a aquel guapo y sonriente rubio que apenas el año anterior seguía siendo su pareja.
-¿Mako?
-Andrew, ¿Qué haces aquí?
El hombre se sonrojó un poco y mostró un par de cartas que llevaba en la mano. Se encogió de hombros y estaba a punto de aclarar, de nuevo, que el servicio postal seguía sin actualizar su dirección cuando se detuvo para hacer una inspección minuciosa de la castaña.
-¿De dónde vienes vestida así? –preguntó.
Makoto cerró la boca que era la más clara muestra de su sorpresa al ver a Andrew ahí precisamente ese día y viéndose tan guapo como lo recordaba. Entrecerró los ojos ante el sonido de su nombre en la voz varonil de su eterno amor de adolescente, y en cuanto reaccionó, cruzó los brazos frente a su pecho para ocultar su desventaja.
-De correr, ¿Acaso importa?
Aunque era evidente que mentía.
-Bueno, ya que te veo… quizá pudiera subir por la caja que me comentaste la última vez que hablamos, ¿Está bien por ti?
"Esto debe ser el maldito infierno" se decía mentalmente mientras su nariz se aferraba al aroma a sándalo que Andrew emanaba, ese mismo que le hacía doblar las rodillas desde que era una chiquilla. Y es que nadie pudiera decir que ella no lo amó, lo hizo con locura y desentendimiento de ella misma, al menos eso era hasta que aquel chico le rompió también el corazón.
Nada más salir del elevador sintió retroceder en el tiempo, cuando juntos llegaban a casa después de un día pesado en el trabajo. No era siempre, ni siquiera seguido, pero cuando eso sucedía ella se sentía la mujer más amada del mundo, porque eso significaba que esa noche estaría solo para ella y que harían el amor.
Eso no iba a suceder en esta ocasión. No podía.
Metió la mano en el bolsillo del pants en busca de sus llaves. Decidió no traer su bolso ya que desentonaba tremendamente con lo que vestía ahora, no es que le importara (bueno, quizá un poco), pero así era más evidente que no había pasado la noche en su casa. Solo que ese dato no le debía importar a nadie en el mundo… mucho menos a quien estaba a su lado.
El nerviosismo no la dejaba localizar la llave con velocidad, le temblaban las manos notoriamente y su cabeza estaba hecha un lío entre los recuerdos de lo que había hecho anoche y el aroma de su hasta hace poco pareja.
Andrew tomó la iniciativa y abrió la puerta con sus propias llaves.
-¿No has cambiado la cerradura? –preguntó mientras se hacía a un lado para dejarla pasar a su propia casa.
-No pensé que fuera necesario…hasta ahora.
Aquella había sido una separación amable, si no se contaba el hecho que Andrew simplemente no volvió una noche y un mensaje de texto remplazó al debido primer aviso, aunque intentó solucionarlo la mañana siguiente, pero ella no se lo permitió del todo.
Se fue después del ataque del primer youma en años, y no volvió a haber uno desde entonces.
-Ese tal Arima al menos te hubiera traído con su magia para que no anduvieras así por la calle, ¿No crees?
Makoto estaba a punto de preguntar cómo es que sabía de donde venía, pero el rubio le señaló el nombre grabado en la sudadera. "Arima N." y ella se arrepintió de no tomar el abrigo que Nath le ofrecía.
-Es contra las reglas—murmuró en respuesta mientras avanzaba en dirección a la cocina y llenaba su regadera para atender sus numerosas plantas.
-¡Vaya! Te has vuelto dura con eso. Te he visto saltar esas reglas muy seguido.
-Sus reglas, no las mías—respondió tajante mientras cerraba la llave del agua. Makoto giró con brusquedad y señalando una caja en el suelo, a un costado de la nevera, pasó de largo rumbo al balcón.
Andrew se agachó por ella y la llevó a la sala. La dejó sobre la mesa mientras tomaba asiento y la revisaba con cuidado. Makoto estaba incómoda y algo molesta, en otro tiempo estaba segura que él tomaría las cosas y se iría, pero parecía querer algo más.
Mientras regaba sus rosas y enredaderas miraba por el rabillo del ojo la inspección que Andrew hacía de cada cosa. Sonreía ante algunas como los discos de su grupo musical favorito y las notas de la universidad en los viejos cuadernos que usaba.
Cuando entró de nuevo él estaba guardando todo otra vez en la caja, de uno de los libros cayó una vieja foto y se inclinó a levantarla. No pudo evitar sonreír, con ese hermoso y noble gesto que le robó el corazón a varias chicas durante sus años mozos.
-No había visto esta foto en años, ¿Salimos bien, no?
Makoto miró el reloj en la pared, faltaban treinta minutos para las tres, llevaba algo de prisa si quería cumplir su promesa. Pero Andrew seguía removiendo cosas en su corazón, por más que se negara a dejarlo. Fue él quien se levantó y la alcanzó junto a la barra, mostrándole una foto de cuando empezaban a salir.
-Éramos tan jóvenes.
-Esa fue la tarde cuando intenté hacerte algo de cenar y terminamos comiendo fuera.
-Tu Yakimeshi no estuvo tan terrible.
-¡Claro! Solo debías revolver hasta encontrar algo que no estuviera tan quemado para comer… -dijo casi riéndose.
-O mal cocido—agregó ella.
Andrew la miró con falsa molestia y luego ambos rieron como dos viejos amigos, que lo eran y no.
Después de unos minutos, cuando habían dejado de reír y simplemente estaban ahí de pie, mirándose con cariño, el rubio tomó valor para sacar de su corazón la pregunta que tenía atravesada desde que la vio-. ¿Te trata bien?
-No es lo que piensas—respondió en automático. Con sumo nerviosismo se llevó un mechón de cabello tras su oreja y volvió a lo suyo, distrayéndose aquí y allá en cualquier cosa que necesitara su atención menos en el hecho que debía recoger ropa y volver con Nath.
-Dicen muchas cosas sobre él en todos lados.
-Dicen muchas cosas sobre nosotras también, como que hemos muerto y eso y nada es cierto.
-No es lo mismo lo que puedan decir de un hombre con su reputación a lo que es de un grupo de mujeres súper poderosas. Tienen más bases y…
-¿Cómo está Reika? –preguntó más con la intención de evadir aquella conversación que por el interés. Y honestamente no la odiaba, a pesar de lo que la gente decía, tampoco eran amigas, incluso podría decir que entendía su situación, aunque no lo suficiente como para preguntar por ella con sinceridad.
-Bueno… ella… está bien supongo. Ya no estamos juntos. Iniciará un posgrado en Alemania dentro de unos meses y no está en mi plan de vida irme.
-No veo porque habrías de pensarlo, siempre te ha gustado viajar por el mundo y todo eso—respondió secamente. Tuvo el impulso de decirle que lo sentía pero lo cierto era que no, todavía no era tan cínica.
-Y lo habría hecho contigo si no odiaras volar.
-Hay un montón de cosas que pudimos hacer juntos y no hicimos Andrew-respondió un tanto molesta por el comentario del rubio. Y como el tiempo se venía encima, prefirió dirigirse a su recámara en busca de la ropa, decidida a que no debía importarle su presencia ni su opinión al respecto.
-¿Lo dices por lo del bebé? -preguntó mientras la alcanzaba. Sus pasos eran largos y rápidos así que ella lo sintió junto a sus espaldas apenas cruzar la puerta.
-No hablaré más de eso contigo.
Andrew tomó a Makoto de la muñeca, con cuidado, pero de manera firme e imponente. Ella giró y, como antes había amado, se encontró atrapada en sus brazos en un gesto cálido y confortable.
-En aquel entonces no sabía qué hacer con un hijo al que no puedo proteger y tú lo sabías—le dijo al oído, en esa voz dulce y aterciopelada que tantas veces atrás la había derretido.
-Yo puedo protegerlo, es mi deber-respondió con su rostro hundido en el pecho.
Andrew se sentía bien, un rincón seguro y conocido. Latidos que se movían siempre al mismo ritmo calmo y armonioso.
Nephrite era como estar en brazos de un enorme, feroz y sensual bestia. Palpitaciones excitantes y frenéticas. ¿Por qué diablos lo extrañaba tanto si le revolvía el estómago así?
-...Si tan solo me hubieras necesitado para algo. -susurró él a su oído y ella se dio cuenta que había perdido la mitad de la frase mientras pensaba en Nephrite.
Sacudió su aturdimiento y lentamente se soltó del abrazo que había soñado tener por casi un año. Pero él no cedió demasiado y seguía sosteniéndole las manos, obligándola a permanecer.
-Lo siento Andrew, tengo cosas que hacer, solo vine a cambiarme y debo irme.
-¿Vas con él? -preguntó acercando su rostro al de ella, en lo que se antojaba un inminente beso.
-No es tu asunto- alcanzó a responder antes de ser besada, dulce, tibia y tiernamente por su aun esposo. Una sensación reconfortante y calma, muy diferente a cada beso que recibió desde anoche.
Andrew se separó apenas para verla a los ojos, esas gemas verdes y brillantes que le alteraban el pensamiento.
-Makoto... Y si te quedas, ¿Qué?
CONTINUARÁ...
Muchas gracias a quienes siguen esta historia. Ya saben que amo el drama así que vamos a complicar un poco más la historia. Será corta, máximo ocho capítulos que quiero subir lunes y jueves así que estén al pendiente como yo de sus mensajes jajaja, amo sus mensajes ¿Qué puedo decir?
Saludos.
