Dudas y promesas.
Cuando cruces la puerta
Deja atrás tus dudas y tus remordimientos.
Para que pensar si somos el capricho
De lo que sentimos.
Estuvo tanto tiempo mirando fijamente al peinador, que no se dio cuenta cuando el sol comenzó a esconderse en el horizonte. No lo hubiera notado si uno de sus agonizantes rayos no hubiera pegado de lleno contra la luneta y le hubiera lastimado un poco la vista.
Era tarde, muy tarde.
Nephrite no podría estarla esperando todavía.
Recorrió con la vista la habitación, estaba sentada a la orilla de la cama desarreglada todavía, a la que ni siquiera tenía contemplado mirar, completamente avergonzada de su debilidad y de cómo había terminado haciendo el amor con su aun marido, con todo y las noches enteras que pasó sobre ese mismo colchón llorando por él.
¿En qué momento se había vuelto tan débil? ¿En qué clase de mujer se había convertido? ¡Dos hombres en menos de veinticuatro horas! Eso se pudo esperar de Minako pero, ¿De ella? Y no, no estaba mal, no se arrugaba ante la libertad sexual de ninguna manera, no lo hizo cuando engañó a su esposo con Nephrite ... Nathaniel Arima, corrección. ¡Pero ella no era así! ¡Carajos que no!
Ella era una mujer dulce y sencilla, una que creía en el amor a primera vista y eterno. La que se sonrojaba al recibir flores y chocolates, que suspiraba profundo con cartas de amor, poemas y novelas. La que quería una casa con dos o tres niños, un perro y un gato, un marido que llegara de trabajar por las tardes y la besara en la mejilla ... ¡Ese era su sueño! No acostarse con cuanto hombre le pasara por enfrente como estaba sucediendo.
Pero para su mala suerte, Andrew no fue "ese" marido.
Y para rematar, Nephrite no fue "su" marido.
Había un bolso grande colgado a un lado de la puerta que daba al baño, el mismo que planeaba llenar de ropa y llevar de vuelta al lujoso departamento. Ahora aquello sonaba lejano, como si hubiera sido un sueño de hace noches atrás. Su presente era ese momento, con la sudadera de Arima-san echa un nudillo en el suelo, los pants de Zack bajo sus pies y el saco de Andrew colgado en la silla, esperando por su dueño que terminaba de ducharse.
-Cariño, ¿Me alcanzas una toalla? -preguntó el rubio desde la habitación de baño, su voz fue un estrambótico sonido que le pareció irreal-, ¿Mako? ¿Me escuchas?
Ella parpadeó, dos o tres veces.
Su cuerpo vacío, porque su mente estaba tratando de volver sin conseguirlo, se levantó y tomó una toalla del clóset de blancos, tocó la puerta del baño y la extensión sin mirar, como si no conociera al hombre húmedo y desnudo detrás. Él lo notó, su distanciamiento y la evidente mirada perdida.
Pasaron unos minutos más antes que saliera, completamente vestido y con la rubia melena mojada y alborotada. Se acercó a ella, que ahora estaba de pie en la ventana, viendo la oscuridad caer sobre Tokio.
-¿Estás bien? -preguntó con cautela, conocía la respuesta, pero necesitaba hacerla hablar.
-¿A qué has venido Andrew?
Él la miró, con ese par de ojos verdes parecidos a los suyos, que demostraban una mezcla de amor y vergüenza. La tomó por los hombros y la hizo girar hacia él para verla de frente.
-Quería verte — Ella no reaccionó ante aquello, no era la primera vez que escuchaba esa respuesta de él-. Bien ... -suspiró-. Hay un puesto en Okinawa en el departamento de investigación médica.
-Por el que te has esforzado todos estos años.
-¡Así es! -sonrió-. Tengo el puesto-sonrió aún más, aunque su voz era apacible. Makoto hizo una mueca ligera también-. Es un excelente puesto, hay una casa, auto, buen sueldo. ¡Todo lo que he querido siempre!
Y no es que Makoto no estaba feliz, pero por obvias razones no sentidas la dicha que hubiera sentido en cualquier otro momento.
Andrew había sido un buen esposo por los cerca de ocho años que estuvieron juntos. Salvo la infidelidad desde luego. Era trabajador, educado, amable, el sueño de un hombre ideal que, por supuesto, no dejaba de ser humano y equivocarse.
Su primer error fue pedirle a Makoto que dejara de ser una senshi, con todo y que ella, Darien y Serena estaba hablado con él cuando recién comenzaba la relación con la castaña. Decidieron enterarlo de sus identidades después de una noche que Makoto volvió con algunos golpes en su cuerpo que no sanaron tan rápido como esperaba. Andrew se había molestado demasiado, creyó que había sido asaltada y no la dejaba ni a sol ni a sombra, pensando incluso en ponerle seguridad.
Aquello fue agobiante para la senshi del trueno y después de una larga, muy larga y desgastante charla con el resto de las guerreras, se llegó al acuerdo de revelarle información, todo menos las identidades de las sailors outhers que no vieron con buenos ojos.
No tardó mucho en atar cabos y descubrir lo que no le hablaron claramente sobre los shitennou y su relación con ellas.
Más cuando no podía dejar de notar la mirada intensa del hombre castaño hacia su mujer.
El segundo error ocurrió un par de años adelante, cuando vio como la edad comenzaba a pasar por él y no por su esposa. No le apuraba los signos, pero pensando a futuro se veía a él, viejo y acabado, siendo atendido por una joven mujer que podría ser su hija, su nieta o bisnieta… algo que le quitó el sueño por muchas noches, hasta que una pesadilla aun peor apareció.
La tercera y más grande de todas las equivocaciones que cometió fue negarle un hijo. Algo de lo que estaba hablado desde el noviazgo y que los dos estaban deseando desesperadamente. Pero cuando siguió atando sus propios cabos, y se dio cuenta que un retoño de Makoto pudiera correr o, mejor dicho, estaba "destinada" a la misma vida que ella, fue simple y llanamente un rotundo "No".
¿Quién podría juzgarlo tan duramente? Él no había obligado a Makoto a casarse, ni la había engañado (todavía) con respecto a sus sentimientos y sus objetivos de vida. Y sí, aunque todos, sobre todo Rei y Darien, le recordaban constantemente que le fue informado con tiempo, antes de casarse, lo que ella era y su misión, eso no significaba que no tuviera el derecho a arrepentirse y dudar de sus propias decisiones.
Sintió el mundo temblar cuando entendió que era insignificante a la hora de defender a la mujer que amaba, y que ella trascendería en la eternidad mientras él se consumía lentamente.
Reika fue un suelo seguro donde plantar los pies ... por un tiempo.
Uno que se movió repentinamente cuando un par de meses atrás entendió que, no importa lo que hiciera, amaba a su esposa y quería estar de nuevo con ella.
¡Pero que maldita frustración ver a ese sujeto tras ella! No tenía que ser un genio para sentir la mirada penetrante del enorme moreno a través de la habitación. Por eso Andrew abandonó las reuniones por más invitación que se le extendía, y luego Makoto lo hizo también.
Darien era el único que llegaba a verlos con cierta frecuencia, acompañado de Serena desde luego y solo porque Makoto dejó muy claro que ellos debían ser su lazo y eso no estaba a discusión, incluso cuando su corazón roto clamaba por Rei y las chicas, y su sangre ardiente transportaba a Nephrite en ella. Pero esto último no podía decírselo a su marido, aunque se le notara en la piel.
-Pues me alegra por ti, espero que sea el primer paso a una vida mejor para ...
-¡Para nosotros!
Su mente no había asimilado la entusiasta frase cuando sentió sus manos ser recogidas por las frescas y suaves manos del doctor Furuhata. Sus ojos se fueron sobre el agarre mientras iba subiendo lentamente hasta casi la altura de su cabeza.
-¿Qué? -preguntó confundida, segura que había un error.
-Te pido que vengas conmigo.
-¡Ay, vamos!
Se soltó con brusquedad. Podía sentir la electricidad subiendo por sus pies y amenazando con llegar a sus dedos y freírlo ahí mismo. ¡Cuántas veces no había soñado con aquello! Haruka estaría orgullosa de ella mientras le ayudaba a esconder el cadáver ... pero no. Era un adulto responsable y una senshi protectora, asesinar no estaba bien visto y ya no tenía a muchas amigas que la defendieran después de todo.
-Sé que me equivoqué ... -dijo mientras la alcanzaba de nuevo, a punto de salir de la habitación.
-¡No! La que se ha equivocado soy yo al dejarte entrar, toma tus cosas y vete. ¡Faltaba más que vinieras con eso después de tanto tiempo!
-¡Escúchame primero! ¿Quieres?
-Creo que es evidente que no quiero.
-¡Pero lo harás! -Andrew gritó y ella se paró en seco.
Pudo notar el sonido quebrado de su voz al imponerse de una forma que no era común en él, el miedo salía por sus poros pero aun así se atrevió a alzarle la voz por primera vez en la vida, no lo había hecho ni la noche que llegó a casa, oliendo a maderas y vino.
Mientras seguía petrificada, porque su alma sensible y su corazón de mujer estaban asustados, al menos aquella parte que no era una fiera y poderosa guerrera, sino una mujer huérfana y soñadora, Andrew se adelantó y cerró la puerta, recargándose en ella para frustrarle el paso. Ella lo miró, con un gesto frío y vacío y sus ojos esmeraldas, brillantes y llorosos.
-Eh sido más que un idiota, y puedo entender a la perfección que me desprecies en este momento. Pero te aseguro que ninguna de las estupideces que he hecho ha sido falta de amor, ¡Por el contrario!
-¿Dices que me engañaste porque me amabas?
-¿Ves lo que digo? ¡No soy ni capaz de darme a entender! -bufó exhausto, sabiendo de antemano que era una batalla perdida-. Quisiera gritar, quisiera poder sacar todo esto que llevo y sí, quizás quisiera estrujarte porque algo me dice que solo así entenderías mi sufrimiento, pero no soy esa clase de cobarde. Soy la clase de cobarde que creyó que era bueno hablando pero no.
Se irguió de nuevo en toda su altura, solo para inclinarse un poco sobre la senshi. Andrew era apenas más alto que ella, no tanto como Nephrite, pero lo suficiente para sonrojarla cada vez que la besaba como su cultura le había enseñado que un hombre debía besar a una mujer, inclinado y con ella en brazos.
Solo que esta vez la miró a los ojos para buscar una posibilidad de entrar, un brillo que le dijera que ella podría escucharlo.
No lo encontró.
Abrió la puerta y se fue a la sala, ella detrás de él con la única idea en la mente de cerrar la puerta cuando se fuera, pero en contra de cualquier pronóstico, cuando Andrew tomó su maletín no sacó las llaves de su auto, sino dos sobres que Makoto reconoció como los que llevaba en la mano cuando lo topó unas horas antes.
-Vine a traerte esto — dijo extendiendo ambos sobres. Ella no se estiró ni un poco para tomarlos, así que él volvió frente a la chica, esquivando el sofá y los mostró de más cerca-. Uno tiene los papeles de divorcio, fírmalos y será todo. Creí que llegarían en un mes más, pero llegaron ayer — Andrew hizo una pausa mientras Makoto observaba el sobre membretado de la firma de abogados, no tenía duda de su contenido-. En este otro hay un boleto en tren para Okinawa, es para ti.
-Me confunde. -murmuró.
-Te estoy dando dos opciones mi amor. La primera es que firmes el divorcio y lo nuestro quedará como algo que se nos salió de las manos, un amor bonito del que me siento responsable por no poder cultivar como tú te merecías. Algo que reconozco que arruiné por unos celos, una actitud y una frustración que no supe manejar, ni con todo el control que creí tener sobre mí mismo. -inhaló profundo-. Siempre creí que ese tal Arima era un bárbaro, él y todos los demás, incluyendo a Darien, por elegir pelear y no un método más pacífico para garantizar la vida. Pero aquella noche te vi en las noticias, aquella en que ese ... ¿Youma? te atacó. Él golpeó severamente a Rei y tu entraste a defenderla y morí de miedo, rompí un vaso con la mano cuando te vi volar contra aquel edificio.
-Yo no ...
-Pero ¿Sabes que fue lo peor? -preguntó casi para sí, dejando ambos sobres en el mostrador-. Que todo ese miedo, esa frustración y coraje que sentí al ver a ese monstruo atacándote, no fueron nada comparado con el sentimiento de impotencia que me dio ver a ese general protegiéndote mientras yo estaba escondido en casa.
-No hay razón para que te sientas menos que nadie, lo hablábamos tantas veces ... ¡Con honestidad me cansé de decírtelo!
-¡Perder! ¡Lo sé desde luego! Pero no por eso pude dejar de sentir que me metía en tu "destino"
¡Esa maldita palabra otra vez! Makoto giró con violencia rumbo a la mesa y lo primero que vio fueron ambos sobres. Estaba tentada a tomar el de los documentos y firmarlos ahí, Andrew pudo verlo en su reacción y su movimiento, pero se apresuró y los tomó antes que ella.
-No por favor, piénsalo bien. Te pido que lo pienses porque la segunda opción y la que quiero que tomes es que vengas conmigo. Prometo que haré todo lo que quieras para tener una segunda oportunidad ...
En realidad era como la cuarta, solo que él no lo sabía. Y es que ella no podía olvidarlo. Esa horrible época de su vida donde todo parecía resbalar por una tenebrosa espiral hasta el infierno.
Recordaba perfecto la tarde que fue a buscarlo al consultorio y se topó con la mirada asustada y la actitud nerviosa de su secretaria. Kumiko era una chica linda siempre, incluso Makoto solía enviarle algo de comida en ocasiones especiales y tenía detalles con ella en su cumpleaños y fechas importantes. Kumiko lograba encontrar a Andrew incluso debajo del mismo océano si fuera necesario, siempre que Makoto la necesitara ella era una chica alegre dispuesta a ayudar.
Pero esta tarde estaba nerviosa y no sabía dar razón de su jefe. Para mala fortuna de Andrew, con el tiempo los sentidos y habilidades de la senshi se fueron desarrollando a tal grado, que el oído y el olfato eran mucho más agudos ... una desilusión en primera instancia cuando se creyó embarazada y solo resultó ser su evolución como guerrera.
Lo escuchó reír a través de la puerta, además de ese aroma a vainilla que se le hacía familiar No era Kumiko, ¿Quién más podría ser?
Tomó asiento y esperó, primero una hora y luego dos. Cerca de la tercera hora no pudo más y entró. Reika y Andrew estaban ahí, vencidos ante la paciencia de la mujer que no los dejaba salir de aquel consultorio sin ventanas accesibles. El mundo, no, el universo completo se le vino encima con todo y el tiempo que tuvo para prepararse.
Esa noche él no volvió a casa y ella tampoco. Salió apresurada del consultorio y se refugió en el departamento de Haruka y Michiru por tres días, no tuvo el valor de correr al templo que era lo que su corazón le dictaba, no quería escuchar a Rei diciendo "te lo dije".
Cuando volvió a casa él estaba ahí, destrozado y con aspecto de no haber dormido en su ausencia. La conmovió, porque Makoto era así, ¡Maldita sea su nobleza que solo le traía problemas! ¡Y maldito su estúpido sueño de la familia feliz!
Hizo la cena, porque eso le daba seguridad, y se pusieron a charlar mientras comían. Ahí escuchó todas esas razones absurdas sobre su sentimiento de inferioridad, su debilidad como ser humano y su necesidad de sentirse útil para alguien. ¡Y lo creyó todo! Se tragó aquel cuento que le hacía reír cuando lo veía en novelas. Lo creyó porque, hasta entonces, Andrew había sido un novio increíble, un esposo maravilloso y estaba segura que sería un buen padre, porque todavía no llegaban a ese escabroso asunto.
Lo creyó porque necesitaba creerlo, ella nunca había sido así de fuerte.
Odiaba la soledad. No podía volver a eso de nuevo.
Y las cosas volvieron a la normalidad, mejoradas y aumentadas. Andrew comenzó a llegar a casa temprano con flores y detalles, ella volvía a esperarlo ansiosa, con la cena lista y el corazón en la mano, solo para él. Pero no fue suficiente, el cristal estaba roto y fue cuestión de meses para que todo cayera otra vez.
La segunda ocasión los vio cuando caminaba con Hotaru y Setsuna por el centro de Chibuya. Acababa de comprar ingredientes especiales para preparar la cena por su cuarto aniversario. Andrew y Reika iban saliendo de un restaurante muy prestigiado de la zona, ni siquiera la notaron cuando pasaron casi frente a ellas, riendo y jugando. Pero ella si los vio y no se quedó callada.
Un impresionante trueno rompió con la tranquilidad de una tarde nublada que no era de tormenta. Él supo de inmediato que estaba en problemas, cuando giró su cabeza estaba ahí, justo en medio de la alta y elegante mujer del tiempo y la joven y siniestra chica de la muerte. Siempre sospechó que ellas formaban parte del grupo, pero nunca tuvo manera de comprobarlo, igual les temía… era mucho más fácil lidiar con Amy y Minako que con ellas dos.
Makoto se disculpó apenas y corrió lejos de la zona. Andrew no podría darle alcance nunca, así que ni siquiera lo intentó, se quedó petrificado bajo el aplastante escrutinio de las outers que parecían estar a punto de borrarlo de la faz de la tierra.
Cuadras más adelante, cuando se dio cuenta que no era perseguida, siguió con calma pero sin precaución. Así fue como se atravesó la calle mientras un lujoso auto pasaba. Ella abolló el cofre con la fuerza de su mano, el conductor se cobró la ofensa de una forma que jamás hubiera esperado.
Eran cerca de las siete de la tarde cuando Andrew al fin se fue, solo después que Makoto le prometiera que iba a pensarlo.
También le prometió que se quedaría en el departamento y no volvería a casa de Arima-san.
Cambió las sábanas de la cama y la acomodó de nuevo. Se tumbó sobre la colcha, completamente decepcionada de ella misma. ¿Cómo podría esperar que alguien la tomara en serio si ella no podía? ¡Qué estúpida había sido! Ni siquiera había podido cumplir la promesa que hizo a Nephrite…
-¡Nephrite!
¡Debía llamarlo! Al menos tener la cortesía de disculparse por no volver y dejarlo esperando. Moría de pena de solo imaginar a aquel hombre, ese shitennou cuyas promesas eran más importantes que sus propias vidas, esperándola para comer.
Se le hizo un nudo en el estómago de solo pensarlo.
-¿Dónde está mi maldito móvil? –Gritó desesperada mientras removía todo en la habitación. Luego corrió frenética a la cocina, la sala y hasta el balcón. Nada.
¡El maldito móvil estaba en la maldita bolsa, en el maldito departamento del maldito general!
¡Maldición, maldición, maldición!
De nuevo "el destino" "jugando" en su contra.
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Se recargó contra el frío cristal del elevador panorámico del edificio donde Nath vivía. Tokio era realmente impresionante de noche, más cuando una tormenta eléctrica castigaba a la ciudad, ¿O era solo a ella? Ya que había maldecido tanto en un solo día, aprovechó para insultar de nueva cuenta su voluble y nada claro don.
De su hombro colgaba la enorme bolsa con ropa, que ahora le parecía absurda y hasta le daba vergüenza. ¿Qué tal si Nephrite la despreciaba? ¿Qué si le pedía que se fuera? Tendría razones ciertamente, pero ya que iba a volver, al menos debería recuperar su bolsa y vestido, era un regalo de Setsuna y no podía perderlo así como así.
Además había dado su palabra, cierto era que no cumplió con la hora pero al menos volvió. ¿Él podría entenderlo? Quizá no… pero entonces podría irse pensando que al menos lo intentó.
Cuando pasó por el lobby el conserje había marcado para autorizar la visita, así que sabía que él estaba en casa y que conocía de su llegada. Aun así su corazón saltó cuando el elevador se detuvo en el último piso. Ya había llegado hasta ahí, era hora de enfrentar a la bestia.
Pero cuando entró al departamento nada cuadró con su escena dramática digna de novela. La sala tenía la luz apagada y fue, cuando por primera vez, notó que había un árbol de navidad en una esquina, uno enorme y grandioso. Las pequeñas lucecitas iluminaban tenuemente la chimenea que estaba encendida, haciendo terriblemente acogedor el sitio.
Dejó su bolsa en la entrada y caminó con cautela rumbo a la cocina, también solo estaba encendido un foco y Makoto sintió con aquello que estaba en una escena de película navideña. Nephrite debería salir con un gorro y dos tazas de chocolate caliente tras la barra para completar el cuadro típico de la comedia romántica.
Pero no lo hizo.
Estaba parado justo detrás de ella cuando notó su presencia y se giró. Esa enorme sombra del feroz y salvaje animal que la comería viva en cualquier momento.
Pero no lo hizo.
-Nefrita ... yo ...
Mas la frase se ahogó contra la tela de su camiseta. Nath la había abrazado con fuerza y ternura y la tenía presionada con sus fuertes y musculosos brazos contra su marcado pecho. La abrazaba con ansias, con recogimiento.
-Perdóname… pasaron…
-Shh — la cayó en un susurro-. Estás aquí y es lo único que importa — agregado contra su nuca.
Y ahí estaba el enorme animal comiéndose a la indefensa mujer.
Ella lo abrazó también, sus manos juguetearon en su espalda de una forma dulce y anhelante. El aroma a maderas le llenó los pulmones y olvidó, por un momento, el sándalo que había antes.
Estuvieron así por algunos minutos, fundidos en la incipiente luz de un árbol navideño y una cocina que olía sospechosamente bien. Su nariz lo notó y cuando su estómago lo hizo también, dejó en claro que necesita un poco de aquello.
-¿Comiste algo?
-¡Ay, lo siento! Debía prepararte la comida, he sido tan descuidada.
-Deja de disculparte, te aseguro que puedo sobrevivir sin ser atendido por nadie — gruñó mientras la soltaba-. No es por presumir, pero he hecho la cena, ¿Te gusta la pasta?
Ella asintió con una dudosa sonrisa, pero lo siguió cuando él tomó la mano de la mano y la guio a la barra donde la hizo sentar a pesar de su insistencia de ser ella quien sirviera los alimentos.
Él lo hizo excelente. Calentó la pasta y la sirvió en dos platos con un poco de pan de ajo. Vino y una ensalada cerraron el menú.
Cenaron en un parcial silencio, interrumpido por los halagos al respecto y la insistencia de saber dónde o como había aprendido a preparar aquello. "Soy un shitennou, no morir de hambre es parte del entrenamiento" decía en respuesta cada vez.
-Rei dijo que Jedite apenas si sabe hervir agua.
-Nunca dije que todos fueron tan buenos como yo.
Después de cenar Makoto llevó su bolso a la habitación. Nath le había desalojado un cajón y buena parte del armario, aunque ella no llevaba tanta ropa como para llenar ese lugar. Fue un bello detalle que agradeció en el acto.
Cuando terminó sus cosas en la alcoba, volvió a la sala, solo para encontrarlo sentado en el sofá de una plaza frente a la chimenea. La botella de vino estaba en la mesa junto a él con dos copas.
-No cabemos los dos aquí — dijo mientras se acercaba a él y tomaba su licor.
-Eres lista, encontrarás la manera.
Ambos sonrieron y ella, como era de esperarse, se sentó en su regazo. Resultó ser más cómodo de lo que pudo imaginarse. Juntos vieron el fuego chispar, completamente hipnotizados y ya un poco somnolientos.
-Cuando llegué a casa él estaba ahí — dijo de la nada, respondiendo una pregunta que solo había sido formulada en su mente.
-¿Y te trató bien?
Makoto frunció el ceño ante la pregunta, la misma que Andrew había hecho pero refiriéndose a él. ¿Acaso era una broma? Nath la miró esperando una respuesta y ella suspiró profundo antes de beber un poco más, escogiendo sus próximas palabras.
-Se irá a Okinawa y me ha pedido que lo acompañe.
-¿Cuándo?
-Me ha dejado el boleto de tren, sale el día primero — él no dijo nada, solo removió el vino en su copa-, también me dejó los papeles de divorcio, dice que debo escoger, acompañarlo o firmarlos.
-¿Quieres una pluma?
Una sincera carcajada salió de sus labios sin control alguno, no supo si fue el alcohol, el momento, la manera en que lo dijo o el nerviosismo que la gobernaba, pero lo vio casi corriendo a su despacho en busca de un marcador si era necesario . Nath, que amaba verla reír, rio con ella.
-¿No estás molesto? –Preguntó en cuanto recuperaron la calma.
-Es tu esposo todavía. Y yo soy el hombre que quiere quitarle a su mujer.
-No soy su mujer, no soy la mujer de nadie.
-Eso es perfecto, justo tengo una vacante y tu cubres el perfil.
Ella iba a alegar, pero él uso su mano libre, porque con la otra la tenía tomada por la cintura, y le acomodó un mechón de cabello tras la oreja. De primera instancia se asustó, no podía tener más sexo por ese día, y era algo en lo que no pensó antes de volver.
No es que no fuera capaz físicamente, pero su conciencia y su alma necesitaban un descanso, aunque su libido le gritara que debería borrar a Andrew y traer de vuelta el aroma a cedro y especias.
Mientras divagaba en ello sus labios sintieron el roce de los de él, un beso dulce y tranquilo. La tomó de la mejilla y la acercó aun más, profundizando su caricia y motivándola a abrirse ante él.
Pero su cuerpo la traicionó y bostezó justo en ese momento.
-O ya no sé besar, o estás muy cansada.
-¡No seas tonto! –Dijo cubriéndose los labios-, es el vino que me ha caído algo pesado. Deja me refresco un poco y seré toda tuya de nuevo.
-Bien, vamos a la cama entonces.
Unos minutos después Makoto salía del baño con el rostro lavado y una bata de noche que le sentaba mucho mejor que la vieja sudadera. Era seda de color rosa dorado, corto y sensual. Nath le sonrió desde la cama, estaba sentado con un papel en las manos y las gafas sobre su nariz.
Makoto subió por el otro lado y a gatas llegó a él, quitándole con descaro el documento y las gafas. Las colocó a un lado en la mesa de noche mientras aprovechaba el movimiento para sentarse a horcajadas sobre él.
Lo besó intensamente. Se había convencido a ella misma que podía hacerlo sin ser una cualquiera.
O al menos lo intentaría.
Pero él tenía otros planes.
-¿Qué haces? –Preguntó mientras él la tumbaba a su lado y la cubría con las sábanas y el edredón.
Ella quedó de lado mientras él se acurrucaba a sus espaldas.
-Ha sido un día largo para ambos, es mejor que duermas un poco.
-Pero… ¿No quieres? - murmuró mientras era abrazada y atraída a su pecho. Sintió su deseo contra su trasero.
-Claro que quiero, pero habrá más noches para eso. Ahora duerme y no hagas que me arrepienta.
Makoto sonrió mientras era jalada por el cansancio y el sueño. No tardó mucho en ceder y cerrar los ojos mientras se hundía en la cálida seguridad que los brazos del general le daban a su agotado cuerpo.
-Makoto — la llamó en un susurro que fue casi un gruñido somnoliento-. Gracias por cumplir tu palabra.
CONTINUARÁ…
Con agradecimiento a todas las personas que leen esta y mis demás historias, lo hago con mucho cariño para que sigamos juntos suspirando.
saludos.
pd. la página me jugó una broma y tradujo algunas cosas y perdieron contexto, si ven un error que deba editar avísenme, saben que me muero de pena jajaja.
