CAPITULO 2

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Llevaban un día y medio de caminata. La sensación de calor era terrible, pero iban lo suficientemente cubiertos para soportar. Al llegar la noche descansaron cerca de unas malezas, sabían que era peligroso encender un fuego, así que solo se mantenían calientes con sus ropas.

Nadie había dicho gran cosa en el camino, unas cuantas charlas triviales, nada con importancia. Pero descubrió que Newt y Sonia eran tan opuestos, pero se complementaban de una forma sorprendente. Los únicos que no se percataron de eso, obviamente fueron esos dos individuos.

- Medio día más y llegaremos al inicio de lo que era la ciudad X – señaló Jorge extendiendo un mapa en el suelo. Encendió un pequeño fuego para que fuera visible para todos – Una vez que llegamos a una especie de entrada no habrá marcha atrás. Las personas de ese lugar pueden o no estar infectadas, pero lo más probable sea que sí; así que les sugiero que no se separen, no sabemos que nos espera – concluyó y todos asintieron – Bien, descansemos, antes del amanecer estaremos en movimiento de nuevo – y con eso, todos se acomodaron para descansar

Thomas se colocó su mochila como almohada, se cruzó de brazos y miró el cielo.

Obscuridad. Era lo que siempre veía. Movió sus brazos tratando de atrapar una cosa imaginaria, pero no atrapó nada; sin embargo, se dio cuenta de que esta vez no estaba en el océano.

Bien, pensó.

Ahora tendría que averiguar donde diablos se encontraba. Un rayo de luz se encendió a unos metros delante de él. Thomas se cubrió los ojos con su brazo, aquella luz era potente. Pero sin sentir temor, comenzó a avanzar hacia ella. Tenía una enorme curiosidad.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca casi la tocaba, pero de pronto, el escenario cambió. El suelo tembló fuertemente, él trataba de mantener el equilibrio, pero el movimiento era demasiado brusco, se comenzó a escuchar unos fuertes ruidos. En el suelo se comenzaron a formar grietas y en menos de un segundo, el suelo se partió en mil pedazos. Thomas cayó.

Sin posibilidad de evitarlo, estaba en caída libre. Sus gritos no se hicieron esperar. Trataba inútilmente de aferrarse a algo.

Sin más, moriría.

Se despertó de un salto, con la respiración agitada y bañado en sudor. Observó alrededor, aunque distinguía ciertas sombras, no había más. Era absoluta obscuridad.

Se fue calmando. Se restregó una mano en el rostro, para quitarse el exceso de sudor.

Nuevamente tuvo una pesadilla. Pero esta fue diferente. No había agua. No había una voz.

¿Por qué las tenía?

Si supiera la respuesta obviamente ya no las tendría.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar un sonido cerca del lugar. De inmediato, concentró toda su atención en ese ruido, se puso en cuclillas. Nuevamente lo escuchó.

Sin perder tiempo, despertó a Newt, Minho y Jorge. Callándolos silenciosamente para que supieran que era él.

- Escuché algo – les dijo en un susurro – Por allá – señaló detrás de ellos

A pesar de la obscuridad que los envolvía, ellos habían distinguido por donde señalaba Thomas. Asintieron, buscaron un arma y se levantaron con sigilo.

Thomas encabezó esa búsqueda. Las chicas y Aris aun seguían durmiendo. Mejor así.

La obscuridad cada vez se volvía más clara. Estaba amaneciendo. Eso les daba mayor visibilidad, pero también representaba una desventaja. Si el enemigo o lo que sea que provocara aquel ruido los viera, estarían perdidos.

El sonido se volvió a escuchar. Parecía el crujir de unas ramas. Un sonido que se produce cuando pisas equivocadamente. Esta vez se escuchó a la derecha. Todos detuvieron su marcha y se acercaron lentamente. Cada uno a cierta distancia. Si el enemigo era más de uno, podrían defenderse perfectamente. De pronto, el sonido se intensificó. Estaba más cerca de lo esperado.

Thomas apretó con fuerza su palo de béisbol. Lo sujetó con ambos brazos, se posicionó en una posición que lo favoreciera. Contó hasta tres y…

De entre los matorrales salió un pequeño venado.

Con el corazón en la mano, Thomas se tranquilizó, al igual que todos. Sólo era una criatura que buscaba comida. El pequeño venado los miró durante algunos segundos, no temiendo por su vida, casi como si asegurara que el humano nunca fue un enemigo de su especie. El venado giró la mirada y saltó en la dirección por la cual había venido.

- Lo bueno que no nos mató – pronunció Minho con cara de fastidio

- Cállate – dijo Thomas

Por alguna razón, ese hecho avergonzó a Thomas. El enemigo era un pequeño venado. Se sintió patético por agilizar a todos a un "combate".

Para ese momento, todo era visible. La luz cubría todo y, por ende, el calor comenzaba a aumentar. Regresaron sobre sus pasos para reunirse con el resto del equipo. Thomas se sentía estúpido.

- ¿Dónde estaban? – preguntó Teresa al verlos llegar

- Haciendo amigos – comentó Minho dirigiéndose directamente hacia sus cosas

Teresa alzó una ceja, pidiéndole silenciosamente a Thomas una explicación. – No le hagas caso – dijo éste

Harriet y Sonia terminaban de guardar sus cosas. - ¿Y Aris y la chica? – preguntó al percatarse de que no estaban

- Fueron a buscar algo de agua y un poco de comida – respondió Harriet sin despegar la vista de lo que estaba haciendo

Los chicos comenzaron a guardar sus cosas, cuando otro ruido los puso en alerta, pero esta vez no fue el crujir de unas ramas, sino gritos de auxilio.

De inmediato los chicos salieron disparados del lugar. Detrás de ellos iban las chicas.

Thomas observó que Aris y la chica nueva eran rodeados por unos cranks. Los chicos tenían signos de habían estado luchando por un tiempo con ellos. Con palos en manos, ellos tenían posición de ataque, pero eran dos contra seis. Thomas observó con angustia como los cranks se acercaban rápidamente hacia ellos.

No lograrían alcanzarlos a tiempo. Detrás de Thomas, estaban todos. Harriet gritó.

Thomas observó como un crank se abalanzó hacia la nueva y casi la alcanzaba. Un fuerte ruido surcó el aire y el crank cayó a un lado. Muerto.

Sartén se abalanzó otro y lo derribó, terminando con su vida con un hachazo. Gally se despachó a otro. Aris estampó su pedazo de madera en las piernas de uno y después en la cabeza. Cuando Thomas y los demás los alcanzaron, ya no había ningún crank.

Thomas jadeaba por la corrida.

- ¿Qué están haciendo aquí? – preguntó recuperando el aliento

- De nada – dijo Gally sarcásticamente

Thomas le puso cara larga.

- Nos atacaron – respondió Sartén

- ¿Qué? ¿Cómo que los atacaron? – preguntó Newt

- ¿Quiénes? – preguntó Minho posicionándose al lado de Thomas

- Cranks – respondió Sartén

- ¿Qué? Pero no había en la zona – dijo Teresa sorprendida

- Pues ya ves que sí – dijo Gally señalando a los cadáveres – Movimos a todos más hacia el norte. Dejamos a un chico al mando, parece confiable.

- ¿Quién?

- Mark – Newt asintió como confirmando que era confiable

Thomas trató de recordar, pero no se le hacia familiar ese nombre. Debería prestar más atención a los demás.

- Y a una chica de su equipo – continúo diciendo Gally viendo a Harriet – En cuanto estén establecidos, nos hablaran – Gally mostró un walkie talkie – Y en cuanto nosotros tengamos algo, les diremos como proceder – Gally dio por zanjado el asunto

- ¿Pero que están haciendo aquí? – Gally rodó los ojos ante la estúpida pregunta de Thomas

¿Es que acaso no había escuchado nada de lo que decía?

- Pensamos que necesitarían ayuda – contestó Sartén por él

- Y vaya que sí la necesitaban – dijo Gally con aire de superioridad

- Bastardo – dijo Minho, pero lejos de estar enojado

- Amm... Yo también vine – se escuchó una voz que hasta entonces Thomas no había escuchado

Todos posaron su mirada en la chica que surgía detrás de Gally. Era pequeña a comparación de él, pues no se habían percatado de ella hasta que habló. Thomas iba a preguntar quién era, pero Harriet se adelantó.

- Ana, ¿qué haces aquí? – Harriet se abrió paso para quedar delante de todos - ¿Estás bien? ¿Dónde está Beth?

- Ella está bien. Se fue con los demás en busca de otro refugio. Yo, cambié de opinión – contestó con voz queda

- Sí. Nos insistió venir – dijo Gally

- ¿Y la trajeron? – les reprochó Harriet

- Ella quería venir – contestó Gally con obviedad

Harriet resopló en respuesta.

- Está bien – dijo aquella chica que respondió al nombre de Ana – Puedo cuidarme Harriet. Sabes que puedo – en los ojos de aquella chica se pudo apreciar una confianza digna de una guerrera.

- Bien – dijo simplemente

- Bueno – dijo Jorge atrayendo la atención de todos – Volvamos a lo nuestro ya perdimos mucho tiempo

Y con eso, todos se encaminaron a donde habían dejado sus cosas. Los del grupo B se reunieron detrás de todos. Sonia y Aris también estaban sorprendidos de que la nueva chica se les uniera. Jorge y Brenda caminaban delante de todos, metiéndose en sus asuntos. Minho y Sartén estaba hablando sobre si el último no había traído un bocadillo consigo. Gally iba en silencio, al igual que Thomas y Newt.

Llegaron al lugar, tomaron sus cosas y emprendieron la marcha. Ya iban retrasados, así que tenían que apurarse si querían llegar antes del atardecer a la ciudad X.

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Al contrario de lo que creían. La ciudad estaba bastante animada. Con casas y transportes improvisados. Con cacharros en manos, la gente iba y venía. Pareciera como si no estuvieran atravesando el apocalipsis.

Al caminar con ritmo, no demasiado rápido, no demasiado lento para no llamar la atención. Thomas y los demás observaban a las personas. Iban y venían. Unas a pie, otras en algo que parecían ser automóviles. Personas gritando que querían por lo que poseían. Niños jugando. Personas que simplemente vigilaban las calles. Todo parecía tan cotidiano.

- No actúen sospechoso – les dijo Jorge a todos

Los demás asintieron. Comenzaron a avanzar. Thomas observó que esas personas no parecían infectadas o tal vez estaban en la primera fase de la infección. Bueno, esperaba no quedarse tanto tiempo para averiguarlo.

- Ustedes no son de por aquí, ¿cierto? – se escuchó una voz del lado derecho del grupo

De inmediato, aunque no muy notorio, todos tomaron posición defensiva, fue Jorge quien habló.

- Estamos aquí para buscar información

¿Qué está haciendo?, pensó Thomas. Y por la cara de todos, sabía que no era el único que pensaba eso.

- ¿CRUEL? ¿Qué es eso? – preguntó el extraño arqueando una ceja

- La organización que se lleva a los inmunes. Verás, hace poco capturaron a un amigo nuestro y queremos rescatarlo

- ¿Inmune?

- Jorge, ¿qué haces? – le susurró Brenda

- Así que son inmunes – dijo el muchacho

Thomas observó que varias personas habían escuchado y se les quedaron observando.

Jorge soltó una carcajada. – Dios no. ninguno lo es, por eso queremos rescatar a nuestro amigo

- Ellos se llevan sólo a los inmunes – aseguró el chico

- Estás mal informado. También se lleva a los no inmunes. Escuché que hacen experimentos por igual, ya sabes, aquí – Jorge señaló su cabeza

- Escuché que pagan mucho por entregar inmunes – otro hombre se metió a la conversación

- Sí, en efecto – dijo Jorge – Pero no pagan nada por entregar no inmunes – dijo seriamente

Jorge puso su mirada amenazante haciendo que aquel hombre retrocediera un poco. El chico ni se inmutó.

- ¿Saben dónde está CRUEL o de alguien que nos pueda ayudar? – preguntó entonces

- No – dijo el hombre

- Sí

- ¿Quién? – se dirigió al chico

El muchacho no dijo más. – Ah, ya entiendo – Jorge sacó de su mochila un bocadillo y se lo aventó al chico - ¿Esto es suficiente? – el chico lo inspeccionó y de un mordisco se llevó la mitad del bocadillo. Asintió. – Síganme – se dio media vuelta

Jorge lo siguió, seguido de todos. El corazón de Thomas aún estaba un poco acelerado, pensaba que las cosas se pondrían feas. Aquel hombre simplemente se les quedó mirando, al igual que los otros. A Thomas no le gustó. Pero preocuparse por eso ahora, no era su prioridad.

La voz del chico lo trajo de nuevo a la conversación.

- ¿Y aquí no están infectados? – preguntó Jorge conforme avanzaban, esquivando personas que no les prestaban la mínima atención

- No, por le menos de forma visible – contestó sin detenerse

- ¿Qué hacen con los que se infectan? – preguntó Newt

- Los desterramos. Bueno, en realidad deciden irse por cuenta propia a la Curva del Diablo

- ¿La curva del diablo? – preguntó Brenda

- Es una zona roja, llena de esos. Cuando se infectan y están a punto de sucumbir a La Llamarada se van ahí. Ya sea para morir o convertirte completamente en uno de ellos. Y si no se quieren ir de aquí, bueno, o se van o se van – dijo el chico con voz sombría

No había elección.

- ¿Y si alguien no quiere y se esconde? – preguntó entonces Sartén

- Siempre se descubren. Es imposible ocultar que la tienes

- Pero es altamente contagiosa. Si se acercan para desterrarlos, también se contagiarán – comentó Teresa

El chico se detuvo y la miró. – Lo sabemos, pero, ¿qué otra opción tenemos? De todas formas, moriremos. Los demás prefieren vivir un día más que arriesgarse. Dicen que La Llamarada tarda tres días completos en convertirte. TRES – el chico alzó sus dedos formando el numero para enfatizar – En el segundo día es cuando tu cuerpo ya no puede resistirse más, así que la mayoría prefiere el camino fácil – el chico formó con su mano una pistola y simuló que se disparaba. Cuando yo la tenga, también lo haré. La mayoría lo hace – volvió a aclarar. Todos quedaron en silencio. – Me sorprende que no lo sepan – dijo extrañado - ¿De dónde vienen? – preguntó con el ceño fruncido

- De muy lejos – se apresuró a contestar Jorge

- ¿De dónde vienen no lo hacen? – preguntó con escepticismo

- No. Allá prefieren vivir así – le dijo Jorge

El chico procesó sus palabras. – Oh – respondió después de unos segundos – Que mal. Pero tampoco se les puede culpar. No todos son valientes. – el muchacho se giró y continuo el camino.

De ahí en adelante ya no se habló más.

Thomas veía que, así como había gente en movimiento, había gente totalmente quieta. Ya sea parados y acostados en las calles. Las personas no se movían. En una esquina, observó a un niño de no más de siete años. Estaba en los huesos, su mirada vacía le decía que solamente estaba esperando que ocurriera. A Thomas se le formó un nudo en el estómago. Ahora parecía que estar en el laberinto no estaba tan mal. El mundo de fuera estaba mucho peor.

- ¿A dónde vamos? – Jorge preguntó después de unos minutos

- Con Randall. Él siempre sabe cosas

- ¿Quién es?

- El que todo lo sabe – respondió el chico – Bien, llegamos – el chico se detuvo frente a una casa vieja. No estaba totalmente destruida, pero tampoco estaba en sus mejores condiciones.

Afuera se encontraban en total cinco personas. Tres hombres y dos mujeres. Los hombres tenían aspecto de guardias y las damas, bueno, hacían buena compañía.

- ¿Qué te trae chico? – preguntó uno de los hombres con aspecto de matón

- Ellos quieren saber acerca de los bastardos

¿Bastardos? Muy apropiado, pensó Thomas.

- Él no está – negó de inmediato

- Por favor – dijo Jorge – Es todo lo que traemos – mostró su mochila

El tipo lanzó una risa. - No creo que a Randall le sirva nada de lo que traes.

- Entonces que nos diga que quiere y lo conseguiremos – trató de negociar – Por favor, vinimos de muy lejos, sólo queremos recuperar a nuestro amigo

El tipo los observó un poco más. – De acuerdo – accedió – Pero él no es una persona simple – dijo

- Entiendo hermano – el tipo les abrió pasó y entraron

- Gracias chico – le dijo Sartén al chico y le aventó otro bocadillo, guiñándole un ojo

El muchacho atrapó el bocadillo. Le sonrió y desapareció por donde vinieron.

Al entrar al lugar Thomas observó que era uno de esos lugares donde la gente se embriaga y baila. Seguramente operaba de noche, porque el lugar estaba hecho un desastre y desierto.

¿Cómo podían hacer fiestas mientras había miles de cranks tratando de matarlos? A lo mejor a las personas ya les daba igual. Como dijo el chico, de todas formas, la mayoría morirá, ¿Por qué no divertirse mientras podían? Nunca se sabía cuando ibas a morir.

- Lindo lugar – dijo Newt observando por todas partes

- Seguro – contestó Brenda

- ¿Quiénes son y qué quieren? – se escuchó una voz gruesa detrás de unas cortinas.

Enseguida, apareció un tipo con un trago en la mano, una bata puesta, pero con las pelotas de fuera. Un sonido de desagrado se dejó escuchar. Rosalind, Ana y Teresa desviaron la mirada, apenadas. Beth soltó una maldición. Sonia arqueó sus cejas y Brenda puso cara de fastidio. Los hombres tenían cara de repugnancia.

- Oh, perdonen – dijo el sujeto y se ató la bata – Ahora, ¿Qué quieren?

- ¿Randall? – preguntó Jorge

El tipo alzó los brazos, afirmando. - ¿Entonces? – preguntó impaciente

- Me dijo un chico que tú sabías cosas acerca de CRUEL

- Yo no sé nada – negó de inmediato

- ¿Seguro? El muchacho dijo que sí

- Él no sabe lo que dice – dijo tomando un sorbo a su bebida

- Escucha – Jorge se acercó lentamente hacia él – Creo que sabes más de lo que dices, ¿qué tal si tenemos una pequeña charla de negocios nosotros dos eh?

Randall observó a los demás. Sólo eran un montón de adolescentes. No representaban gran peligro.

- De acuerdo – respondió confiado. Si le tienden una trampa ordenaría su ejecución y a las chicas les podía dar otro uso. Una de ellas era bonita. En ese momento sus ojos de clavaron en Brenda, quien alzó la barbilla, demostrando que no tenía miedo. Eso le encantó a Randall y sonrió. Sí. De finitamente se quedaría con ella. No por nada, él mandaba en esos lugares.

Randall se dio la vuelta y desapareció por la cortina, con Jorge detrás.

Thomas había observado como miró a Brenda. Un enojo lo recorrió por completo. Apretó los puños. Si le tocaba un solo cabello, estaría muerto.

- ¿Y ahora qué? – preguntó Gally

- Esperar – dijo Brenda y se acomodó en un asiento

Los demás la imitaron y fueron acomodándose en diferentes partes del lugar.

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Pasaban los minutos y ni una señal de Jorge y de Randall. Las chicas del grupo B junto con Aris se arrinconaron y parecía que la estaban pasando bien. Thomas veía a la rubia sonreír y a Harriet hacer una mueca que parecía un intento de sonrisa. Esa chica siempre le dio escalofríos, demasiado fría para su gusto, pero no iba a discutir que tenía el alma de una peleadora. De repente, le vino a la cabeza Alby. Ella era su contraparte en aquel grupo. Ojalá Alby estuviera aquí para verlo.

Inconscientemente, Thomas apretó un puño. – Thomas – de inmediato se volteó

- ¿Qué pasa Newt?

- ¿No crees que ya tardaron demasiado?

Thomas asintió. – Pero es Jorge, debemos esperar – le dijo decidido

- Bien – Newt se alejó de él.

Thomas enfocó la mirada en Brenda. Estaba alejada de la mayoría y sólo se dedicaba a observar a nada en especial. Tenía la mirada perdida, hundida en sus pensamientos. Pero algo le decía a Thomas, que se estaba atormentando con el pasado. Thomas frunció el ceño. ¿Desde cuándo Brenda actuaba de esa forma?

Comenzó a caminar hacia ella cuando alguien más se interpuso.

- ¿Qué pasa Teresa?

- ¿Estás bien? – a Thomas le sorprendió la pregunta. Observó que en los ojos de Teresa no se observaba ninguna emoción en especial.

- Sí, ¿Por qué? – Teresa no contestó de inmediato, simplemente se quedó observándolo, como analizando cada sensación que él experimentaba. No sabía como le hacía, pero eso ponía nervioso a Thomas.

- Por nada – respondió finalmente y se alejó dirigiéndose a un pequeño asiento del otro lado de la habitación.

¿Era por la misión o por qué todo mundo actuaba raro hoy? Thomas no lo sabía, pero no quería averiguarlo, no aún.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos porque Jorge cruzó la puerta.

- Ya está – dijo tomando sus cosas. De inmediato, todos se acercaron a él – Será mejor que nos vayamos – dicho esto salió como bala

- Jorge, ¡espera! – le gritó Brenda y salió tras él

Los demás no comprendían mucho, viéndose mutuamente, uno a uno comenzó a salir del maloliente lugar. Sólo quedó Thomas. Con cautela se dirigió a la puerta y la abrió un poco. Se sorprendió al observar el interior. Tirado de costado estaba Randall, tosiendo sangre y con el rostro magullado. ¿Qué diablos pasó ahí? Pero sabía que esa pregunta era estúpida. Como dijo Jorge sería mejor apresurarse. Casi corriendo se alejó de esa puerta para dirigirse a la salida del lugar. Comenzó a trotar para llegar a la par de los demás.

- ¿Qué pasa? – preguntó Newt cuando se posó a su lado

- Nada – dijo únicamente. No le apetecía compartir lo que hizo Jorge con los demás. Newt desconfiaba, pero no insistió más.

- Escuchen – se escuchó la voz de Jorge – Tenemos que caminar un par de kilómetros hacia el sur…

- ¿El sur? Ahí no hay nada - Gally se cruzó de brazos

- Lo sé – le respondió Jorge con fastidio – Pero el informante amablemente nos dijo que ahí se encuentran unas personas que tal vez podrían ayudarnos

- ¿Tal vez? – esta vez Newt interrumpió

- Sí, tal vez. Como dije al inicio, en esta misión podemos encontrar una respuesta o ninguna, así que, vamos a arriesgarnos – comentó decidido – Nos tomará dos días más llegar hasta allá, así que racionen la comida y el agua y recuerden no llamen la atención – dijo mirando uno a uno

Todos asintieron silenciosamente.

Jorge se giró y continuo la marcha.

- ¿Estás seguro de lo que escuchaste? – le preguntó Newt

Thomas lo miró. Podía observar la incertidumbre en los ojos de Newt, pero también sabía que él le tenía una confianza ciega. Thomas asintió.

- Bien – Newt miró al frente y siguió caminando.

- Será como una vieja aventura – comentó Thomas

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- ¡Pues si es como una vieja aventura! – le gritó Newt para que Thomas escuchará por encima de la tormenta que los estaba empapando

Thomas simplemente sonrió para el fastidio de Newt.

- ¡Escuchen! – gritó Jorge para que todos le escucharan – Debemos encontrar un refugio, no podemos avanzar con esta tormenta

Cada integrante estaba empapado. Las más jóvenes temblaban de frío. De pronto, Minho gritó a su vez que señalaba algo, todo el mundo miró y vieron una vieja cabaña destartalada. Jorge asintió y comenzó a correr en esa dirección, seguido de todos.

Cuando estaban a punto de entrar, Jorge hizo una señal para que todos se detuvieran. Sacó un arma y se colocó a un costado de la puerta. De una patada entró con el arma lista para disparar. Brenda siguió sus pasos con su arma. Thomas los observó y no pudo evitar pensar si un cranck estuviera adentro. Así que antes de entender sus acciones, se adentró en la cabaña, también con arma en mano, no fue consciente que Teresa gritaba su nombre. Newt y Minho le siguieron la pista.

Con la poca luz que atravesaban las ventanas logró visualizar la vieja cabaña, por lo menos en diez años nadie había vivido ahí. Estaba llena de polvo y los muebles destrozados.

- El área estaba más bonita – comentó Minho haciendo sonreír a los chicos

Se escuchó un ruido y todos apuntaron hacia el lugar. De ahí salió Jorge.

- Wow, tranquilos – dijo alzando ambas manos – Todavía no soy un cranck – los chicos se tranquilizaron y bajaron las armas

- ¿Y Brenda? – preguntó Jorge

- ¿No estaba con ustedes? – el corazón de Thomas empezó a latir con fuerza

- ¡Brenda! – gritó Jorge mirando en todas partes

Thomas estaba a punto de gritar, cuando observó que alguien salía del sótano. Era Brenda. Ella llegó hasta los chicos, Jorge y Thomas respiraban aliviados, Newt se estaba divirtiendo y Minho parecía fastidiado.

Brenda frunció el ceño. - ¿Qué?

- Nada – dijo Jorge

- Bien – respondió no muy segura

- Llama a los demás, es seguro – le dijo a Minho

Minho salió de la cabaña y todos estaban como idiotas esperando la señal para entrar. Faltaba poco para que fueran ovillos por la intensa lluvia. – Ya pueden entrar – dijo divertido mirando a Gally

- Cállate – le dijo cuando pasó a su lado, aumentando la risa de Minho

Harriet estaba evidentemente molesta para diversión también de Minho.

- Dormiremos aquí y mañana temprano continuamos – comentó Jorge comenzando a preparar todo.

Thomas se dirigió a la puerta y cuando estaba a punto de cerrarla, por el rabillo del ojo percibió un movimiento entre unas rocas a unos metros de distancia. Se enfocó en ese lugar, pero al parecer su mirada le estaba tirando una mala jugada. Lo ignoró y cerró la puerta.

Todos se acomodaron para dormir. Sólo habían tomado una pequeña porción de una golosina que Sartén traía consigo, bebían racionar todas las provisiones. Después de unas cuantas charlas graciosas, se apagaron las luces y todos se dispusieron a dormir.

Thomas rogaba para que los sueños no vinieran a él esa noche.

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AS.