CAPITULO 3
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Thomas abrió los ojos y se maravilló con la vista que tenía frente a él. Parecía un extenso valle rodeado de montañas. El pasto era verde y había muchas pequeñas chozas alrededor de aquel claro. Se preguntó dónde estaría. Comenzó a caminar, miraba a todos lados, pero no encontraba señal alguna de sus amigos. Comenzó a gritar sus nombres, pero no había nadie. Estaba solo.
Comenzó a correr a cualquier dirección. No encontraba a nadie. Ni a Brenda, Teresa, Newt, Minho, Aris, Gally, Harriet, Sonia, Jorge y los demás.
- ¿Dónde están?
De pronto, vio algo a unos metros de distancia, parecía un cuerpo. Antes de seguir corriendo, tomó un tronco que encontró por ahí y lo sujetó fuertemente. Nunca se sabía si podría ser un cranck.
Pero en cuanto más se acercaba, más inquieto se sentía. Algo no andaba bien.
Llegó a la base del claro y miró horrorizado los cadáveres de sus amigos. Cada uno de ellos yacía muerto ahí. Teresa estaba partida por la mitad. Brenda tenía un disparo en la cabeza, pero con signos de ser una cranck, al igual que Newt. Minho tenía el estómago abierto. Jorge tenía una herida gigante en el brazo y pierna. Aris tenía múltiples disparos en el pecho. Sonia tenía una estaca clavada en el corazón y Harriet tenía los huesos rotos.
El aire abandonó a Thomas y cayó de rodillas. El dolor se formó en su pecho. ¿Qué mierda pasó ahí?
Comenzó a gritar como loco. Sus amigos estaban muertos. Y él no.
Gritó desgarradoramente, golpeó el suelo con sus puños, no le importó hacerse daño. Sus amigos estaban muertos, nada de eso importaba ya.
- Thomas
¡¿Por qué?! Gritaba mientras golpeaba el firme suelo
- Thomas
¿¡Por qué?! ¡Maldita sea! ¡Los había dejado morir! ¡Todo era su culpa!
- ¡Thomas!
Thomas despertó exaltando y sudando. Newt lo miraba con preocupación. Minho estaba a su lado y aunque trataba de ocultarlo, también estaba preocupado.
- Hay alguien más – le informó Newt en voz baja
Thomas miró más allá de Newt. Jorge se alistaba para salir, al igual que Aris. Las chicas también. Thomas se levantó rápidamente, tomó su chaqueta y agarró su arma.
- Iré a revisar de ese lado – Jorge dio instrucciones – Thomas y Minho irán conmigo. Gally, Newt y Sartén del otro lado. Aris, Harriet y Teresa de ese lado – señaló el extremo opuesto – Sonia y la chica morocha de ese lado – se refería a Ana – Brenda y la rubia al sótano – se refería a Rosalind
Todos asintieron sin cuestionar. A simple vista Jorge parecía el líder, pero en realidad era que nunca es malo escuchar las ordenes de un veterano.
Cuando se contó hasta tres todos hicieron lo que les habían dicho. Ya no estaba la tormenta, pero se sentía todo lo fresco que pueda sentirse. Thomas siguió a Jorge, detrás de él venía Minho. Todos con sus armas listas para disparar. Caminaban con cautela alejándose un poco de la cabaña.
- Aris vio a alguien ahí – le susurró Jorge
A Thomas se le revolvió el estómago. Era el mismo lugar donde Thomas creyó ver a alguien.
Maldición.
Caminaron con más sigilo y cuando llegaron al lugar saltaron rápidamente apuntando al mismo lugar. Pero no había nadie.
- Tal vez era falsa alarma – dijo Minho
La piel se les erizó cuando un grito llegó a sus oídos. Provenía de la cabaña. Con rapidez comenzaron a correr. Thomas no lo reconocía probablemente provenía de una de las chicas nuevas del grupo B. detrás de la cabaña visualizaron a Aris tratando de zafarse de alguien enmascarado. Minho corrió en su ayuda. Thomas lo seguía, pero otro grito lo detuvo. Teresa.
Corrió al lado opuesto de la cabaña. La vio dando patadas a uno, pero otro la golpeó por detrás dejándola inconsciente.
- ¡Oye! – la furia explotó en él
De una embestida lanzó al sujeto lejos. De inmediato llegó con Teresa.
- ¡Teresa, despierta! – gritó, la movía un poco, pero no consiguió nada, estaba inconsciente
Escuchó el crujir de unas ramas a sus espaldas, cuando miró todo se volvió obscuro.
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Sentía que estaba flotando. Todo era negro, pero se podían apreciar unas pocas tonalidades de luz. Pronto comenzó a recuperar la conciencia y fue cuando se percató de que dos sujetos lo arrastraban de los brazos. Aún estaba mareado por el golpe, así que no se atrevió a hacer nada.
Los sujetos lo tiraron y él se quejó por el golpe. Le quitaron la capucha negra y la luz cegó momentáneamente a Thomas. Con los ojos tratándose de acostumbrar a la luz, divisó a Jorge, Gally, Sartén y Aris a unos metros al costado. Todos tenían mordazas y estaban amarrados de los pies y manos. Al lado de él, en la misma situación, estaban Newt y Minho. Thomas observó al otro lado y observó a casi todas las chicas. Ellas estaban sujetadas de pies y manos, pero no tenían mordaza.
Un ruido sordo captó la atención de Thomas y de todos en realidad. Un sujeto bastante feo entraba al lugar. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Thomas. Ese tipo tenía claramente la locura pintada en el rostro.
Había más personas a su alrededor y esparcidas por todo el lugar, todos con usaban ropas sucias, pero tenían armas listas para usar. Sobrevivientes.
- ¿Cómo están mis munis? – preguntó extasiado acercándose lentamente
- ¿Munis? – preguntó Minho por encima de la mordaza
Thomas también se preguntó lo mismo.
- ¡Oh! – exclamó aquel sujeto – Veo que no tienen ni la más mínima idea de cuan afortunados son – dijo tratando de expresar simpatía. Después soltó una carcajada que confirmaba su estado mental
- ¡Ustedes! – apuntó a todos ellos - ¡Son munis! ¡Inmunes a La Llamarada! ¡Y me van hacer muy rico! – siguió riendo
- ¿Qué? – preguntó Thomas - ¿Qué es lo que nos harás? – preguntó con enojo
- Oh, no te preocupes chico – dijo llegando hasta él
Thomas reprimió una arcada. El tipo olía a putrefacción.
- Solamente los venderé a CRUEL para obtener la recompensa – comenzó a reír más fuerte
- ¡No puede hacernos esto! – gritó Sonia
- Oh, si puedo. CRUEL está ofreciendo una jugosa recompensa por sus chicos perdidos. Ustedes – los señaló – Y cuando los entregue me darán el dinero que necesitamos. ¡¿Sí o no?! – se dirigió a sus subordinados
Ellos asintieron y comenzaron a gritar.
Thomas estaba tratando de encontrar una salida. Claramente esos tipos no estaban pensando correctamente y no se podían permitir regresar a las manos de CRUEL. No de nuevo.
- ¡Déjanos ir, no somos inmunes! – exclamó Thomas
Todos lo miraron unos segundos completamente serios y después echaron a reír con más fuerza.
- Dice que no son munis, ¿lo escucharon? – dijo el que apestaba - ¡Ay amigos! A kilómetros de distancia se nota que son munis. ¿¡Cómo es que son tan idiotas?! – gritó y nuevamente la risa lo invadió
A Thomas le molestó el comentario y a más de uno, también.
- Por hoy, descansaremos. Debo de admitir que son dignos contrincantes, dieron pelea, en especial él – señaló a Minho – y él – señaló a Jorge – Ellos sí que son fuertes – dijo el sujeto con orgullo
De la nada volvió a reír. – ¡Bien! ¡A dormir, mañana nos espera un largo viaje! – gritó y de inmediato todos gritaron y se fueron del lugar. – Ah, una cosa más – dijo viéndolos – Será mejor que no intenten escapar o les puede pasar cosas muy feas – dijo señalando a sus espaldas
Thomas miró el largo túnel obscuro por donde él había salido. ¿Qué había ahí? Pero su respuesta fue contestada casi de inmediato. Un grito ensordecedor lleno el lugar, todos hicieron muecas, sus oídos sufrían.
Thomas miró con horro el túnel. Cranks.
La risa maniática salió de la boca del apestoso y así desapareció del lugar. Apagaron las luces y únicamente se iluminaba por los rayos que iluminaban el cielo y que las ventanas permitían entrar.
Thomas miró como las chicas comenzaban a tratar de desamarrarse. Jorge y los demás también hacían lo mismo. A su lado, Newt trataba de quitarle la soga de las muñecas a Minho, pero fallaba demasiado.
Thomas entonces casi se acostó y trató de liberar sus pies, pero la soga estaba bien sujeta. No pasó ni quince minutos cuando las luces se volvieron a encender y un horrible sonido llenó el lugar. Una alarma.
El movimiento llenó el lugar, todos corrían de un lado a otro. Thomas no sabía lo que estaba pasando.
De repente, personas ajenas al grupo que los tomó como rehenes comenzaron a someterlos. El apestoso llegó corriendo, mientras sus subordinados quedaban inmovilizados por los demás. Thomas no sabía qué hacer.
¿Quiénes eran?, se preguntaba Thomas.
El apestoso consiguió un arma, pero no estaba cargada, soltó una maldición y comenzó a hacerlo, pero le temblaban las manos, haciendo la tarea más dificultosa. A Thomas le sorprendió, ¿tanto miedo tenía de ellos?
Thomas miró a los recién llegados, ellos también estaban bajo una máscara y lentes oscuros. Trató de zafarse con más rapidez. No había que confiar.
El sonido del arma lista hizo que Thomas volviera su vista hacia el apestoso, justo a tiempo para ver cómo le apuntaba a una persona con ella.
- ¡Si das un paso más, te mataré! – amenazó
Esa persona no se asustó ni un poco. Siguió avanzando. - ¡Te lo advierto! – gritó nuevamente
- Por favor, baja el arma, ambos sabemos que no dispararas – dijo la persona calmadamente
Por su voz, Thomas supo que era una chica.
- ¡No estoy para bromas Sofía, deja de joderme! – dijo el apestoso
La chica se quitó la máscara, dejando su rostro al descubierto. Era morena blanca, ojos cafés, cabello negro. Ella lo miraba como si fuera una escoria. Le apuntó con su arma haciendo que el apestoso retrocediera.
- Devuelve lo que nos robaste – dijo con enojo
- ¡Yo no les robe nada! – gritó el apestoso temblando
- ¿No? – dijo con sarcasmo – Por tu culpa murieron personas que no tenían por qué hacerlo, así que será mejor que me des las provisiones o te vuelo la cabeza ahora mismo – dijo más decidida
- ¡No! – gritó
Ella se exasperó. Un ruido captó su atención y miró en esa dirección. Aris había golpeado con sus pies unos metales, provocando el sonido, que a pesar del caos en que se encontraban, se escuchó fuertemente.
Sonia, como le había llamado el apestoso, lo miró y después pasó la mirada por Jorge y los demás, reparó en nosotros y por último en las chicas. Se entretuvo con ellas más.
- ¿Prisioneros? – preguntó recuperándose de la curiosidad - Tú nunca tienes prisioneros – comentó - ¿Quiénes son?
- ¡No te importa!
- Tsk. Ya me cansé de ti – apuntó el arma a su pecho
Thomas sabía que si el nuevo grupo descubría lo que eran nuevamente correrían peligro sus vidas. Tenían que largarse de ahí cuanto antes.
- ¡Contesta ya! – gritó la chica y disparó en un pie
Thomas y los demás se quedaron inmóviles al observar la acción. El sujeto pegó un grito de dolor, dejó caer el arma al suelo y empezó a sujetarse el pie.
- Quiero que me respondas – Sofía apuntó el arma a su cabeza
- ¡Son munis! ¡Son munis! – gritó con dolor
Ahí se iba la esperanza de Thomas. Los habían dejado al descubierto. La chica lo miró y Thomas le lanzó una mirada de odio.
- ¿Y qué piensas hacer con ellos? – preguntó
- ¡Pues venderlos a CRUEL! ¡¿Qué más estúpida?! – le gritó colérico
- Lo suponía – comentó tranquila - ¡Llévenselos! – gritó y de inmediato su grupo empezó a sacar a los otros.
- ¡¿Qué haces estúpida!? – le recriminó
- Tú y tu grupo no valen la pena – le dijo y se alejó de él
Thomas la miraba con recelo conforme se acercaba a él.
- ¡No! ¡Son mis munis! – gritó retorciéndose en el suelo
Pero la chica no le hizo caso, siguió caminando hacia Thomas
- ¡No! ¡No! ¡No! ¡Son míos! – seguía gritando
Sofía estaba a punto de llegar hasta él, cuando el apestoso gritó algo.
- ¡Libérenlos! ¡Rápido, libérenlos! – gritó con todas sus fuerzas
Se escuchó un chirrido y miles de gritos de agonía. A Thomas por segunda ocasión, se le erizó la piel. Los cranks estaba liberados.
La chica soltó una maldición. Tomó su arma, se alejó unos pasos de Thomas y los demás y se colocó justo enfrente del túnel. Sacó un cuchillo de su bota y se la lanzó a Brenda.
- ¡Rápido! ¡No tenemos mucho tiempo antes de que salgan! – le gritó y nuevamente tomó su posición.
- ¡León! ¡Libéralos! – gritó y de inmediato un chico enmascarado empezó a cortar las sogas de Aris y los demás de ese lado
Las chicas ya casi estaban liberadas. Pero la atención de Thomas volvió hacia el túnel. Los cranks comenzaron a salir y la chica comenzó a disparar. Uno a uno caían muertos. Un disparo en la cabeza.
- ¡Layla conmigo! – gritó y una chica se colocó un poco atrás y a la derecha de ella comenzando a disparar.
Los cranks no dejaban de salir. Veía a Sofía recargar cada vez que se le agotaban las balas.
La atención de Thomas se vio interrumpida porque Teresa llegó a su lado y lo liberó. - Rápido, tenemos que irnos – dijo y Thomas se paró de un salto.
Las balas se le agotaron a Sofia, tiró su arma a un lado y de su espalda sacó su katana. Comenzó a cortar cabezas.
- ¡Son demasiados! – le gritó la chica a su lado
- ¡Vámonos! – gritó Sofía
De inmediato Layla comenzó a disparar, permitiéndole a Sofía un poco de ventaja, después ella salió corriendo tras ella.
- ¡Corran! – les gritó Sofia cuando pasó a su lado
Thomas, Newt y Minho comenzaron a correr. Los demás ya se habían adelantado.
De repente, Thomas tenía un crank peligrosamente cerca de él. Pero en un segundo el crank ya no estaba, miró en dirección a la causa. A unos metros estaba Sofía con una nueva arma, de la cual salía humo. Ella le había disparado al crank.
- ¡Más rápido! – les gritó cuando pasaron a su lado
Thomas siguió corriendo. Layla estaba a su lado, pero de momento se detuvo y comenzó a disparar. Thomas miró hacia atrás para ver como Sofía corría. Layla le estaba dando un pequeño margen de espacio para huir. Y así fueron turnándose unos cuantos metros.
Thomas y los otros dos llegaron con los demás.
- ¡Rápido! ¡Suban! ¡No tenemos tiempo! – les gritó al que llamaron León
Thomas aun desconfiaba, pero una rápida mirada a Jorge le hizo saber que en estos momentos no tenían elección. Con rapidez las chicas y chicos subieron a los autos que los nuevos individuos traían consigo.
- ¡Rápido! ¡Rápido! – seguía gritando León
Él se alejó de ellos y comenzó a disparar. Los cranks se acercaban con rapidez.
- ¡Rápido Thomas! – le gritó Teresa quien ya estaba arriba del auto.
Thomas se dispuso a subir, al acomodarse miró hacia donde estaban los infectados. Sofía y Layla corrían a gran velocidad, pero parecía que no era suficiente. Newt observaba como las chicas no lograrían salvarse.
- ¡Nick! – gritó León - ¡Llévalos al lugar seguro! – cerró una puerta de la camioneta - ¡Luck conmigo! – de inmediato el susodicho se fue pisando los talones de león.
Los dos empezaron a correr en dirección a las chicas. Estaban a punto de alcanzarlas. Pero los chicos ya no observaron más. Las puertas se cerraron y el auto arrancó, dejándolos con la duda.
El auto se movía horrible, suponían porque estaba huyendo de los cranks. Thomas no se podía quitar de la cabeza la imagen de las chicas huyendo de los cranks. ¿Lograrían salir? Thomas, por alguna razón, se sintió triste. La respuesta era obvia. No lo lograron.
Eran demasiados y ellas casi no tenían balas. Ellas se habían sacrificado por ellos, unos completos extraños. Thomas reflexionó, había perdido mucha gente, pero nadie había hecho eso por él, no al menos de lo poco que recordaba. Tal vez, alguien de su pasado, antes del laberinto lo hizo, pero él no tenía la memoria de ese entonces. Se sintió vacío.
Despegó la cabeza del suelo de la camioneta y observó a sus amigos. Unos respiraban agitadamente, otros tenían las miradas perdidas. Jorge tenía los ojos cerrados, parecía que estaba descansado, pero conociéndolo, Thomas supo que estaba tramando algo.
Después de un rato, la camioneta se detuvo, lo que alertó a todos. Se escuchó la puerta abrirse y cerrarse. El conductor había salido.
- No tenemos mucho tiempo, cuando abran la puerta les saltaremos encima y les quitaremos las armas – indicó Jorge con voz baja
Newt asintió al igual que los demás. Se escucharon pasos. - ¿Listos? – Thomas asintió en silencio.
Después, los pasos se detuvieron. – Vamos a abrir la puerta – se escuchó del otro lado – Y antes de que intenten nada, les digo que están rodeados, sus otros amigos están con nosotros, así que les sugiero que no sean estúpidos y desciendan lentamente – les dijo la voz del otro lado.
Thomas escuchó a Jorge maldecir. Thomas era el más próximo a la puerta, así que la abrió despacio y salió lentamente mostrando las manos y observó que, en efecto, todas las armas apuntaban hacia ellos. Las chicas estaban rodeadas por dos personas que también poseían armas, impidiéndoles hacer nada.
Después de Thomas, bajó Newt, Minho, Teresa. Thomas la colocó detrás de él. Luego bajó Jorge, seguido de Brenda. Newt veía a todos con mirada analítica.
Thomas observó más allá de los que les apuntaban. Se encontraban al parecer en medio de la nada, pues percibía el desierto y las montañas, a pesar de estar a obscuras, a excepción por tenues lámparas que los rodeaban.
- ¿Dónde estamos? – preguntó Newt
De inmediato todos afianzaron sus armas. – Tranquilos – dijo Thomas – No queremos problemas, sólo queremos encontrar a nuestro amigo, está atrapado – dijo
Pero no causó ningún efecto en nadie. Todos seguían con sus armas apuntándoles.
- ¿Alguna idea? – preguntó Minho con voz baja
- No – contestó Thomas de igual forma
El chico más cercano a ellos les dijo que se callaran.
Newt los observaba a cada uno. Nadie se movía, parecía que estaban esperando órdenes. De repente, sus sospechas resultaron ser ciertas. Aquel chico cargaba una radio en su hombro izquierdo.
Estamos llegando, abran la puerta.
Dichas palabras fueron pronunciadas por un hombre.
Enterado. Respondió el chico frente a ellos. Levantó la mano. Newt supuso que esa era la señal.
Al costado izquierdo de los munis se abrió una puerta. Afuera soplaba el viento con fuerza y la obscuridad consumía todo. En un rápido movimiento una camioneta pasó y de inmediato la puerta se cerró. De esa camioneta salió aquel chico, León junto con el otro muchacho y de la parte de atrás, salió Sofía, seguido de Layla.
Estaban vivas para sorpresa de Thomas y de todo aquel que las observó vivir ese infierno. Se notaban cansadas, pero al parecer no tenían heridas y no se veía rastro de infección. Estaban a salvo, momentáneamente.
Ellos avanzaron, alzando las armas en dirección a Thomas y los demás. Sofía miró detenidamente a Thomas. Él correspondió la silenciosa mirada.
¿Qué era lo que quería aquella chica con él? Jamás la había visto en su vida. No que él recordara. Tal vez era alguien de su pasado que lo había reconocido. De pronto, otro crujido se escuchó detrás de todos. Newt y los otros miraron hacia adelante. De esa vieja puerta salió un señor seguido de más personas con armas.
Thomas supuso que era de la edad de Jorge. Por su mirada, Thomas supo que había pasado muchas cosas, le habían arrebatado a muchas personas. Los que no tenían tanta necesidad de apuntarles con las armas, se colocaron en firmes, para saludar al señor. Como en el ejército.
Sofía y los demás lo hicieron, cuando el señor se plantó enfrente de ellos. Levantó una mano y de inmediato los que aún les apuntaban dejaron de hacerlo, para tranquilidad de Thomas.
- Me llamo Dereck y soy, era… - corrigió - … el comandante del escuadrón 36 del ejército. Bienvenidos a donde vivimos – se presentó con esa voz aguardientosa de soldado.
- Un placer – tomó la palabra Jorge
El comandante lo miró. – Veo que pasaron por un caos hace un momento porque no vienen con nosotros, se relajan un poco y después ponemos las cartas sobre la mesa – dijo, aunque nada de su voz sonó a una invitación. Era una orden.
Jorge no contestó de inmediato. - ¿Estaremos a salvo? – preguntó Thomas
El comandante lo miró. – Tanto como quieran permanecer a salvo – respondió.
Bajo esas palabras se escondía una advertencia. No hagan nada por lo que tengamos que dispararles.
Eso funcionó para los demás. Con movimientos despacios, Jorge fue avanzando. Thomas fue el último. Miró de soslayo a Sofía, ella no lo miraba, seguía en posición de firmes. Atrás de Thomas caminó el comandante y detrás de él, el resto de los soldados.
Cuando Thomas se adentró en el lugar se sorprendió casi igual que cuando llegó al laberinto por primera vez. El lugar parecía sofisticado. Contaba con luz eléctrica, sistema de ventilación, puertas que se abrían con acceso. Un amplio comedor, donde más soldados comían. De repente, Thomas se sintió como si ya hubiera estado en ese lugar. Observó un largo pasillo que conducía a otro lado. Recordó que en una ocasión un pasillo así los llevó a…
Y entonces recordó. Un pasillo igual los llevó a encontrarse con los de CRUEL. Newt miró a Thomas. Él también lo recordó. Thomas detuvo su andar, Newt le siguió. Minho se percató y también se detuvo.
- Esto es CRUEL – le dijo al comandante claramente
El comandante le sacaba un cuarto de cuerpo a Thomas, pero él no tuvo miedo. Había pasado tantas cosas, como para que una cosa así lo amedrentara.
Los demás escucharon las palabras de Thomas y se detuvieron. Harriet y Sonia optaron por una posición defensiva. Brenda se quedó quieta, pero lista para atacar si era necesario. Newt y Minho se posicionaron al lado de Thomas.
El comandante se empezó a reír, fuertemente, desconcertando a Thomas y los demás.
- Me agradas muchacho – le dijo – Todos ustedes – miró a los demás – La lealtad está intacta, eso es bueno – comentó. – Contestando a tu pregunta no, no somos CRUEL, ¿nos viste cara de imbéciles? – preguntó con un tono de juego en su voz
Detrás del comandante y del resto se abrió otra compuerta. Por ella entró otro grupo de soldados. Quienes los observaron.
- ¿Llegaron más? – preguntó uno de ellos al pasar
- Así es – le respondió el sargento
- Espero que les guste la comida con sabor a patas – dijo otro que pasó de lado
- ¡Oye! Mi comida es la mejor que has probado – le recriminó otro que iba detrás de él
- Claro
El comandante alzó su mano y las filas detrás de él se rompieron. Cada quien se fue por su camino. Vio como Sofía, León y Layla junto con el otro chico se iban a las mesas de comida.
- Es bueno desconfiar – dijo el sargento regresando la atención de Thomas hacia él. Por tu rostro muchacho sé que has pasado por cosas difíciles. Todos ustedes – les dijo a los demás – Y es bueno ser precavido, pero aquí no les haremos daño. No a menos que sea necesario – corrigió – Sólo somos un grupo de sobrevivientes que intenta sobrevivir, justo aquí a mitad de la nada. Esto, cuando el mundo aun no se iba a la mierda, servía como base de operaciones de la milicia – explicó –Cuando comenzó todo mi equipo y yo nos refugiamos aquí, con el tiempo empezó a llegar más personas. Otras se iban – su mirada se oscureció durante algunos segundos – Otros llegaban. Así ha sido a lo largo de estos años. Si se quedan, son bienvenidos, no son prisioneros. Si se van intenten no quitarnos nada. De ese lado está la cafetería, señaló las mesas. Por allá los dormitorios. Enseguida vendrá alguien para dirigirlos a lo que queda de las habitaciones. El baño está por allá – señaló otro lugar – Y creo que eso es todo. Si necesitan algo más, pueden decirle a cualquiera.
El comandante siguió su camino. – Ah, una cosa más – les dijo mirándolos nuevamente – Sólo existen tres reglas en este lugar y sea quien sea, debe acatarlas. Uno, nunca golpees a un camarada. Dos, no tomes lo que no es tuyo y tres, nunca abandones a un camarada, ¿está claro? – Thomas asintió – Bien. Disfruten su estadía aquí – dijo y con eso, él se fue.
Thomas miró a los demás que también se observaban confundidos entre ellos. Los demás parecían no tomarle tanta importancia a los recién llegados -ellos-, convivían como ignorándolos. Cada quien en lo suyo.
- ¿Y qué hacemos? – preguntó Minho
- ¿Comemos? – preguntó Sartén llegando con ellos
- ¿Es en lo único que piensas? – le preguntó Gally
- Hay comida – respondió Sartén con obviedad
- Hola – Thomas y los otros se sorprendieron de escuchar la voz detrás de ellos
Al girarse vieron a un chico de no más de 15 años que los observaba curioso. – Supongo que ustedes son los nuevos – dijo
- Supongo que sí – dijo Minho
- Lo suponía. Síganme – el chico comenzó a caminar
El grupo aun no sabía muy bien si seguirlo o no. Pero bueno, ya estaban ahí, ¿qué más podía pasar?
El chico los guio a otra sección del lugar. – Estos son los dormitorios, por el momento tendrán que compartir. Chicos aquí, chicas allá. En sus camas ya se encuentran ropas limpias. La ducha está por allá. Una vez que se duchen, pueden comer, si gustan. Si necesitan otra cosa, pueden llamarme, nos vemos – se despidió el chico dejándolos a mitad de pasillo
Todos se quedaron observándose mutuamente. Sartén tomó la iniciativa y entró a la puerta con la mirada de todos sobre él. De pronto, gritó un poco. Alarmados entraron como pudieron a la habitación. Tenía tres literas, una cama individual en el fondo y una alfombra en medio. Nada fuera de lo común. Minho miró con mala cara a Sartén.
- ¿Qué? Mira esto es tan suave – Sartén abrazó una almohada, la cual se veía suavecita
Newt rio y Minho igual. Ambos avanzaron hacia sus respectivas camas. Thomas miró hacia atrás solo quedaba Teresa, quien lo miraba. Él asintió y Teresa desapreció por el pasillo.
- ¡Wow mira! Ropa limpia – comentó Sartén al olerla
- Contigo no durara limpia – le dijo Gally
Comenzaron una pequeña pelea de palabras. – Dijo que había ducha – comentó Sartén
- Pues vamos a probarla – respondió Jorge
Con los ánimos subidos, todos se dirigieron a la ducha.
El agua caliente azotó a Thomas, se sorprendió, pero se recuperó rápidamente de eso. El agua estaba deliciosa. Relajaba cada musculo de su ser. No recordaba la última vez que tomó una ducha de agua caliente. En el lugar se podía escuchar las demás exclamaciones de los chicos al disfrutar de la ducha. Thomas sonrió, no se quería ir nunca.
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Una vez duchados, sus estómagos comenzaron a protestar, así que decidieron salir a probar la comida.
El sitio estaba lleno. Todos estaban enfrascados en sus conversaciones.
Fueron por comida y luego eligieron una mesa lo suficientemente grande para que cupieran todos. Newt observó que a unas mesas delante de ellos se encontraba aquella chica Sofía y aquel chico León. Ellos también se habían cambiado y ahora comían con ganas. Estaban platicando con otros chicos.
- Es increíble que hayan salido de ahí con vida – comentó Sartén
- Ya lo creo. Es estuvo cerca – dijo Aris
- Demasiado cerca diría yo – comentó Minho
Thomas los observó. Ahora lo ignoraba.
- ¿Qué vamos hacer? – preguntó Newt
- ¿Confiar? – dijo Sartén con el bocado en la boca
- No podemos dejarnos llevar – comentó Thomas
- Lo mejor será irnos – dijo Teresa
- ¿A dónde? – replicó Minho
- Al lugar donde Jorge nos iba a llevar – respondió mirándolo – Dijiste que el sujeto te dio un indicio de lo que buscamos
- Sí – respondió Jorge – Pero necesito ubicarme, no sabemos dónde estamos ni con quien estamos. Así que, por el momento, mantendremos el perfil bajo. No queremos que estas personas desconfíen fácilmente de nosotros
- ¿Y si es una mala idea? – esta vez la que habló fue Brenda
Thomas la miró, por un segundo Brenda le regresó la mirada, pero de inmediato miró a Jorge – Por el momento hay que confiar – dijo y comenzó a comer – Mm, esto está delicioso, deberían probarlo – dijo deleitándose más
No les quedó más remedio que la resignación. Comenzaron a comer. Thomas alzó la mirada y observó a Sofia, ella lo ignoraba, pero algo le decía que hablaría mucho más con ella.
De repente, ella le miró. Thomas quedó inmóvil.
¿Quién era esa chica?
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No olviden dejar un comentario, eso me ayuda mucho.
AS.
