CAPITULO 6
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Rosalind trataba de no entrar en pánico, pues los gritos ensordecedores se escuchaban en cada rincón de esa maldita base. Se abrazaba a sí misma.
En otra esquina, se encontraba Ana, mirando a la nada. Pensando que Beth estaba sola, si no regresaba, ella se quedaría sola.
Harriet estaba caminando de un lado a otro. Aris se había hace bastante y no había regresado.
- Tranquila Harriet o harás un hoyo en el piso – le dijo Sonia
- ¿Dónde están? Ya debió de haberlos encontrado – dijo con angustia disfrazada de molestia
Sonia sonrió. La conocía bien.
- Él los traerá de vuelta, solo cálmate – Sonia la tranquilizó sobándole delicadamente un brazo.
Un sonido las alertó. Provenía de arriba, de los ductos, podrían ser los chicos, pero nunca se sabía. Así que tomaron sus armas, se alejaron del ducto y apuntaron directo hacia él. Si por ahí salía algo que no era Aris o cualquiera de los otros, estaría muerto.
Se escucharon más ruidos y luego la tapa se cayó estrepitosamente. Sonia hizo una mueca un ruido como ese atraería atención no deseada. Seguido de eso, el cuerpo de Thomas cayó sin reparo. El muchacho se quejó.
Sonia y las demás lo miraron estupefactas, luego miraron hacia arriba. Newt y Aris las observaban.
- Lo siento – se disculpó Aris
Un mal movimiento puede llevar a una fatal caída.
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- ¿Qué encontraron? – preguntó Jorge una vez que todos habían bajado del ducto
- Esto – contestó Sonia y colocó en medio de todos, un libro
- ¿Un libro? – preguntó Minho con una ceja levantada
- Sí, un libro – le respondió Harriet con irritación. Lo abrió – Contiene algunos datos generales de CRUEL, los laberintos, el personal, sus bases…
- Todo – completó Sonia
Jorge le echó un vistazo. – Tal vez nos pueda servir
- ¿Qué es lo que dice? – preguntó Thomas
Todos se conglomeraron alrededor de él y Jorge. – Algunos datos de las llamaradas solares, después del virus – decía mientras hojeaba el libro – La construcción de los laberintos -Jorge se detuvo para leer detenidamente algo. Los recuerdos vinieron a él
- ¿Qué? – le preguntó Thomas
- Dice que él virus fue esparcido deliberadamente – ese dato, no era lo que lo sorprendió, pero no le estaba mintiendo al muchacho
- ¿Qué? – fue el turno de Minho
- Sí…
- ¿Eso de qué nos sirve ahora? ¿No menciona ningún paraíso? – preguntó con irritación Harriet
Minho puso mala cara. Estaba segura que esa chica nació con una piedra en el trasero. Nunca sonreía.
- No
La decepción se hizo presente.
- Tanto para nada – comentó Harriet pateando algo
- ¿Y ahora qué? – preguntó Sonia
- Debemos salir de aquí
- Sí, pero como….
- ¡Shh! – Jorge calló a todos
De inmediato todos se pusieron en alerta y guardaron silencio. Un escalofrío recorrió a Newt. Gritos dolorosos llenaban el aire. Los craks estaban cerca.
- Maldición
Cada uno se puso en una posición diferente y más de alguno estaba tratando de localizar una salida, pero al parecer no era tarea fácil. Thomas se dio cuenta y con sigilo avanzó hasta la puerta y la cerró con seguro. No detendría a los cranks, pero ya era algo.
Quería preguntar que iban a hacer, pero él sabía que lo mejor era guardar silencio. Los pasos se escuchaban más cerca y los gritos desgarraban más los tímpanos. Los cranks se encontraban justo del otro lado.
Debajo de la puerta se podía ver varias sombras. Las risas maniacas le indicaban que los cranks no se irían tan fácil. No sin sus bocadillos. Newt observaba detenidamente por debajo de la puerta, nunca le gustó la sensación que atravesaba su cuerpo en estos momentos, ya se había acostumbrado. Pero, aun así, no podía evitar que su corazón latiera a mil por hora, parecía que hasta dejaba de respirar. Que, a la mínima inhalación, los cranks se los comerían vivos.
De repente, un grito llenó el aire. Pero no fue un grito enloquecedor, no, sonaba a uno normal, como cuando algo te asusta hasta la medula. Los cranks gritaron más fuerte y como si se tratara de una estampida, se alejaron de esa oficina.
Los chicos se quedaron quietos unos momentos más hasta que fue seguro moverse.
- ¿Qué diablos fue eso? – preguntó Newt tratando de regular su respiración. Trataba de ocultar su temblor.
- Algún soldado despistado – comentó Teresa sin interés
Thomas la observó, pero se mantuvo en silencio.
- Sí, bueno, creo que no le fue muy bien – comentó Sartén respirando con alivio
- ¿Entonces qué? ¿Nos quedamos aquí? – preguntó Gally – Esta base está llena de ellos, si la idea era limpiar, no están haciendo un buen trabajo. Son demasiados
- Tienes razón – secundó Jorge – No lo lograran. Lo más seguro es que aborten la misión, para eso tendrán que estar listos a la salida de este lugar para escapar en las camionetas. No podemos arriesgarnos más, tendremos que salir con ellos – dijo
Todos asintieron. Thomas sentía que de todas formas no lograrían conseguir nada.
- Saldremos y volveremos a la entrada – dijo Jorge
- Yo primero – dijo Thomas y antes de que nadie pudiera hacer nada ya estaba abriendo la puerta
Jorge maldijo, pero le dio espacio a los muchachos para que siguieran a Thomas.
- Con cuidado – le dijo Jorge a Brenda
- Siempre – contestó ella avanzando
Thomas salió despacio y enseguida revisó ambos lados del pasillo. Solo. Al parecer no había señales de los cranks. Se alejó un poco de la puerta y Newt repitió lo mismo que él.
- Vamos – dijo Thomas
Comenzaron a caminar lentamente. No querían sorpresas. La buena noticia era que Thomas sí recordaba el camino y ahora estaba volviendo sobre sus pasos. La mala, que se habían alejado bastante de la entrada y sumándole a eso, estaban rodeados de cranks. Tenía que pensar en algo rápidamente.
- Esperen – escuchó que susurraron desde atrás
Thomas se detuvo.
- Sigamos – dijo la misma voz
Caminó un poco más y al doblar por el pasillo tuvo que regresar rápidamente. Esto alertó a todos. Thomas asomó la cabeza un poco. Varios cranks estaban a mitad del pasillo, estaban comiendo los cadáveres putrefactos de sus compañeros científicos. El hedor le llegó a las narices y se abstuvo de vomitar. Era una mierda.
Volvió asomar la cabeza, eran cuatro, tal vez cinco, no lograba ver bien, algunas luces estaban dañadas.
Se giró hacia sus amigos y levantó la mano para decir con los dedos cuantos había. Al instante, todos entendieron.
- ¿Qué vamos a hacer? – preguntó Minho solo con el movimiento de sus labios, no quería emitir sonido alguno
Thomas iba a contestar cuando unos disparos se escucharon no muy lejos. Los cranks aullaron y se fueron de ahí. Thomas volvió a mirar lentamente y efectivamente, los craks ya no estaban. Pobre del tipo que los había llamado. Thomas hizo una señal y comenzó a caminar por el pasillo, ahora despejado. Hizo una mueca de asco al ver los órganos por doquier de esos cuerpos. Los cuerpos estaban en el ultimo grado de descomposición y, aun así, los estaban comiendo. Thomas maldijo haber olvidado su casco en aquella oficina. Lo único que pudo hacer fue colocarse una especie de bufanda alrededor de su cuello y mitad del rostro. El olor era insoportable.
Todos tuvieron reacciones similares. Brenda sostenía las ganas de vomitar. La vista era asquerosa.
Continuaron caminando durante algún rato más. Esta vez los pasillos estaban despejados.
- Algo anda mal – escuchó decir a Newt
Él también lo presentía. ¿En dónde estaban todos esos cranks que querían comerlos? Habían surcado varios pasillos y en ninguno se habían topado con los cranks. ¿Qué estaba pasando? Tampoco habían escuchado a los demás soldados o más disparos, todo se quedó en absoluto silencio.
Caminando con más confianza y rapidez, el grupo atravesaba pasillo tras pasillo. Estaban cayendo en la desesperación, no encontraban la salida. Sentían que habían caminado kilómetros cuando en realidad la base no era tan extensa.
- ¿En donde diablos estamos? – escuchó que preguntó Minho
- No lo sé – le respondió Newt
- Ya nos perdimos – dijo Sartén abatido
- No se desesperen y sigan caminando – les dijo Thomas – Pronto encontraremos la salida
- Yo no veo nada – dijo Harriet llegando hasta él
La fila que habían mantenido hasta hace unos momentos ya no existía. Todos se habían reunido con Thomas formando un circulo deforme.
- Solo caminemos un poco más y la encontraremos
Thomas continúo caminando y hablando. Los demás igual, ya no iban atentos al camino.
- Les dije que… - Thomas aguantó la respiración
Alguien suprimió un grito. Los demás se quedaron paralizados. Al doblar una esquina se habían encontrado con decenas de cranks. Todos en estado de verdadera locura. Estaban comiendo.
Newt no podía creer lo que estaba viendo. Reconocía esos colores, pues era los mismos que vestía. Algunos soldados yacían en el suelo o lo que quedaba de ellos.
Los cranks al instante miraron a los recién llegados. Todos en absoluto silencio. Simplemente miraban. Unos con los pedazos de carne en sus bocas, llenos de sangre. Otros solo revolvían las tripas de los soldados. Otros no hacían más que mirarlos.
El silencio pareció eterno. Nadie se movía. Thomas captó algo y dirigió su vista a la causa. Un crank estaba sonriendo. Desconcertado, siguió sin moverse. No entendía porque sonreía. Pero de pronto, ya no le gustó. Esa sonrisa se volvía más ancha. Uno a uno, los cranks empezaron a sonreír. En esas sonrisas estaba la locura.
Newt vio que los ojos se inyectaban de sangre.
- Esto no me gusta nada – susurró Newt
Thomas observó al primer crank con el que se cruzaron. Su mirada le daba escalofríos, su sonrisa era extremadamente grande. El crank lo miró y supo que estaba perdido.
- ¡Corran! – gritó Thomas al instante en que todos los cranks aullaban con locura
Comenzó a disparar, pero echó a correr. Detrás de todos. Huían.
Corrían a todo lo que les daban sus piernas. Thomas, Newt y Minho se quedaron en la retaguardia. Los cranks pisándoles los talones. Cuando tenían la oportunidad disparaban y a veces lograban derribar a uno.
- ¡Sigan corriendo! – gritó más fuerte
Eran demasiados y no tenían a donde escapar. Sólo había largos pasillos que no conducían a ninguna parte.
Los aullidos le erizaban la piel a Thomas, pero era suficiente motivación para correr. Era correr o morir.
De pronto, dos cranks venían hacia ellos desde el frente. Ellos estaban hasta atrás, no podían hacer nada.
Pero fueron rápidamente eliminados por Harriet y Sonia. Ellas encabezaban al grupo y eran letales.
- ¡Allá! – gritó Teresa que se encontraba en medio del grupo
Ella señaló una gran puerta a unos metros. Estaba abierta y parecía pesada. No había luz en el interior, pero parecía ser buen refugio express.
Thomas corrió un poco más y se detuvo. Se giró y comenzó a disparar.
- ¡Estás loco! – gritó Newt, quien se detuvo más atrás que Thomas y también comenzó a disparar
Minho se les unió. Tenían que abrir una mínima brecha para que todos se mantuvieran a salvo. Cuando considero que los cranks se veían un poco rezagados, echó a correr con los otros dos.
Newt corría lo más que podía, pero la pierna le molestaba y comenzaba a dolerle. Con una mueca de disgusto, ignoro todo y no se detuvo ni disminuyó la velocidad. Ningún crank lo tocaría.
- ¡Vamos! – gritaba Jorge
Él y todos los demás ya se hallaban detrás de la enorme puerta. Ellos eran los únicos que faltaban.
Mientras corría Thomas miró sobre su hombro y maldijo. Los cranks habían aumentado y casi los alcanzaban. La única manera era…
Tomó impulso y en el ultimo tramo que le quedaba, saltó.
Saltó una buena distancia, entrando rápidamente y dando tiempo para que todos sus amigos lograran cerrar la pesada puerta de metal. Con un ruido sordo cerró.
Los cranks terminaron estampándose en dicha puerta, pero esta se veía pesada, así que no podían derribarla por el momento. Cansados a morir, trataban de recuperar el aliento. Unos dejándose caer lentamente en el suelo, otros con las manos en las rodillas y otros completamente tendidos en el frío suelo.
Los gritos furiosos de los cranks aún se escuchaban, pero ya no estaban tan preocupados por ellos.
- No… no había corrido así desde que salimos del laberinto – dijo apenas Sartén
Sentía sus pulmones arder. En su cabeza le dio la razón a Sartén. Ni siquiera en sus días de corredor había corrido de esa forma o cuando escaparon de CRUEL. Tal vez estaba perdiendo condición.
Thomas se enderezó, aun regulaba su respiración, pero mientras hacía eso, observó toda la habitación y fue cuando se dio cuenta.
- Oigan, miren esto – dijo acercándose más
Todos lo miraron y de igual manera se sorprendieron.
- ¿Qué carajos? – dijo Newt
Avanzaron lentamente. No podían creer lo que sus ojos veían.
- ¿Regresamos al mismo lugar? – preguntó Sartén
- Es imposible – dijo Gally
- Se parece mucho – comentó Teresa
Brenda caminaba detrás de ellos, junto a Jorge. La primera no sabía de que hablaban, pero a juzgar por el lugar tenía que ser importante. El segundo, se mantenía en silencio.
Los integrantes del grupo B desconocían a lo que se refería el grupo A, pero ellos también lo habían visto, un poco diferente, pero en esencia era igual.
Thomas avanzó por los escritorios del lugar, observando cada ventana, cada computadora, cada monitor. Levantó la mirada y chocó con la de Teresa. Al otro lado del pasillo, detrás de su escritorio.
Estaban en el laberinto de CRUEL. Del cual habían escapado hace unos meses.
¿Cómo era posible?
- ¿Significa que estamos en el inicio? – preguntó Sartén desconcertado
- No, mira – habló Newt
Thomas fue hasta él. Newt señalaba la pantalla más grande
- Observen – dijo – Esos muros son mucho más grandes que El Laberinto.
Sartén achinó los ojos, pues no veía ni una mierda.
- ¿Cómo puedes estar seguro? – le preguntó Minho
- Créeme, lo sé – dijo serio y con eso bastó para no volver a preguntarle
Minho pensó que se refería a lo que había pasado aquella vez. No quiso molestarlo más.
- Sí – dijo Teresa acercándose – El área no es la misma – Thomas frunció el ceño y se concentró en la imagen que tenía enfrente, se sorprendió.
Era cierto. Ese no era SU laberinto. Era un laberinto, pero no en el que había despertado. No donde habían pasado los últimos tres años.
- Tampoco es el nuestro – dijo Aris
- Entonces, ¿dónde se supone que estamos? – preguntó Sonia acercándose al grupo
Nadie supo responder eso. Muchos se miraron entre sí.
Un ruido llamó su atención. Algo había golpeado fuertemente una puerta. De inmediato alzaron las armas y apuntaron al origen del ruido. El ruido se hacía más fuerte.
- Escóndase – dijo Thomas
- ¿Qué? ¿Estás loco? – le recriminó Minho
- Si son ellos no podremos con todos, aún con tantos que somos, mejor que pasen de largo y nos dejen en paz – dijo tomando paciencia para explicar
No convencido, tuvo que aceptar. Todos procedieron a esconderse en los escasos lugares que encontraron. Thomas, Newt y Minho se escondieron detrás de una pared de cristal, pero al parecer, funcionaba como espejo.
El sonido de la puerta tomó fuerza, hasta que la misma salió volando en pedazos, enseguida un soldado cayó de bruces en el suelo. Rápidamente se quitó el caso y el pañuelo que le cubría el rostro. Comenzó a toser con violencia. Dejó su arma a un lado y siguió tosiendo.
Todo el grupo se sorprendió, pero nadie se movió de su lugar. Aun no confiaban del todo en esas personas.
A los pocos segundos, otra sombra salió de la oscuridad. Con velocidad también se quitó el casco y vomitó. Era una chica.
Por último, de lo más profundo de ese agujero salió una persona más. Cerró rápidamente la puerta o lo que quedaba de ella. Se quitó el caso con violencia y el pañuelo de su rostro. Thomas se sorprendió. Era Sofía.
La chica tenía cara de asco y daba grandes bocanadas de aire fresco. Se dobló en dos. Trataba de respirar.
Cuando la otra chica terminó de vomitar, comenzó a llorar.
- Todos están muertos. Todos están muertos – repetía con lágrimas en los ojos y se agarraba el cabello desesperada - ¿Qué vamos hacer? Todos están muertos ¡Todos están muertos! – gritó
- Oye cálmate – Sofía la tomó por los hombros y la sacudió un poco – Saldremos de aquí
- Todos están muertos. Ellos los mataron. ¡Están muertos! ¡Nosotros lo estamos! – comenzó a llorar más fuerte
Sofía la obligó a sentarse.
- Tiene razón – habló el chico
Newt sentía que lo había visto de algún lugar, pero no recordaba de dónde.
- Todos están muertos. Son demasiados, no podremos con todos a la vez – dijo enderezándose
¡Claro! Lo había visto ese día que habían sido atrapados por el grupo del oloroso. Ese chico se había quedado para ayudarlas.
- Lo sé – dijo Sofía – Pero tiene que haber una forma de llegar a las camionetas. Una forma de salir de aquí
- No hay ninguna. Vamos a morir – dijo la chica abrazando sus piernas y meciéndose. Ya estaba fuera de sí.
- Tenemos que… - las palabras de Sofía fueron interrumpidas por otro golpe en una de los ductos de ventilación.
Thomas y los demás se tensaron. Sofía y el chico tomaron sus armas y las levantaron apuntando hacía arriba. El ruido se hacía más notorio. Los segundos pasaban y el ruido se iba acercando más.
La tapa del ducto salió volando y ellos dos se tensaron más, pero siempre apuntando al lugar.
De ese agujero, salieron dos piernas y de un saltó, otro soldado estaba en la habitación. Con un suspiro de alivio Sofía bajó el arma. El otro chico la imitó.
El soldado se paró, dejó su arma de lado y se quitó el casco revelando así que se trataba de otra chica.
- Layla que bueno que aun sigues con vida – dijo Sofía y procedió a abrazarla
Layla no dijo nada. Sofía miró hacia el ducto y de nuevo a Layla, parecía que iba a preguntar algo, pero de inmediato Layla negó con la cabeza.
- Lo siento – dijo Sofía
Layla simplemente asintió. – Que bueno que están con vida – dijo mirando al chico. Él también asintió.
La otra chica seguía murmurando en su pequeño rincón. – ¿Qué le pasa? – preguntó Layla observándola
- Está en shock – dijo Sofía
- ¿Por qué? – preguntó con extrañeza
- Salimos de su madriguera. Todos los cuerpos están ahí – mencionó el chico
- Oh – fue lo único que dijo
- Todo estaba pudriéndose. Apestaba a amoniaco, no podíamos respirar – dijo Sofia
Por eso estaban tosiendo, pensó Thomas.
- Con suerte pudimos salir de ahí – siguió hablando
- ¿En dónde está?
- Al sur, por un pasillo largo. Al parecer ahí llevan todo lo que encuentran para comerlo después
- ¿Cómo terminaron ahí? – preguntaba Layla paseando por el lugar
- Nuestra orden fue ir al sur, pero no contábamos con los cranks. Estaban por todas partes, sólo León, Rosa y yo pudimos salir. Los demás se quedaron por el camino.
- Fue por los disparos – dijo el que se llama León
- Casi íbamos a salir cuando el sonido de ese maldito disparo llenó el lugar. Los mierderos se despertaron y comenzó todo – dijo frustrado
- ¿Alguien disparó? – preguntó nuevamente desconcertada
Sofía asintió. – Sí. Alguien lo hizo estúpidamente cerca de nosotros – dijo con irritación
Sofía chasqueó la lengua. - ¿Y tú? – preguntó León acercándose - ¿De dónde vienes?
- Del este. Nos ordenaron encontrar los bergs. Fuimos al hangar.
- ¿Y no había?
- ¡Oh! Claro que sí. Todos en perfecto uso – comenzó diciendo – Pero de un momento para otro, las luces se encendieron y todo se fue al carajo – dijo molesta – Esos malditos estaban como en un trance o algo así, en la obscuridad, pero cuando todo se iluminó despertaron y comenzaron a atacarnos. Eran demasiados, primero, Chris se sacrificó – dijo con tristeza – Salimos de ahí, pero nos pisaban los talones. Cuando creímos que los habíamos perdido, el estúpido disparo llegó hasta nosotros y nuevamente comenzó todo. Yo fui la única que logró escapar bien – terminó de contar.
La chica tenía la tristeza plasmada en el rostro, pero también dominaba otra emoción. La ira.
- ¿Crees que ellos también estén muertos? – preguntó León dirigiéndose a Sofía
- No lo creo – contestó segura
Un golpe fuerte los alarmó. La puerta atrás de ellos, chocaba con algo fuertemente. Las risas de los cranks se dejaron escuchar. Ya estaban ahí.
- ¡Mierda! – exclamó León - ¿Qué vamos hacer? – preguntó apuntando hacia la puerta
- Carajo – Sofía se colocó al lado de él
- Esa puerta no aguantara mucho – dijo Layla
- No me digas – respondió León
Sofía cambió su expresión y se acercó a Layla.
- Los bergs que viste, ¿funcionan?
- ¿Qué?
- ¿Los bergs en el hangar vuelan?
Layla estaba pensando. – Sí, por lo menos no había ninguna señal de que no fuera así – respondió
- Bien
- ¿Qué planeas? – preguntó León observándola
- Los mapas del lugar – dijo y se apresuró a llegar a Rosa.
La pobre chica seguía en su misma posición. Sofía llegó hasta ella, abrió su mochila y sacó unos mapas. Los colocó en el suelo. Layla y León se acercaron a ver.
Thomas miraba atentamente sus movimientos.
- Huimos de aquí – dijo apuntando con su dedo un lugar – Y creo que estamos en esta zona – formó un circulo imaginario con el mismo dedo – Los bergs están al sur, ¿cierto? – preguntó, Layla asintió – Entonces, están aquí – señaló en el mapa
- Un poco más a la izquierda – dijo Layla
Sofía se reubicó. – Son aproximadamente un kilómetro y medio, manteniendo un paso constante.
- ¿Qué estás diciendo Sofía? – le preguntó León
Ella lo miró y después a Layla. – Los ductos, ¿a dónde llevan?
- A todas partes. Tome este porque era el más rápido hacia la entrada, pero desde aquí podemos llegar hasta el hangar o lo más aproximado. No estoy segura si llegan hasta ahí.
- Bien. Podemos intentarlo – dijo a la expectativa de sus compañeros.
- ¿Qué? – León no lo podía creer - ¿Te olvidas que hay cientos de mierderos detrás de nosotros? ¿Cómo lograremos llegar hasta ahí? Y – dijo antes de que Sofía lo interrumpiera – si así fuera, si lográramos llegar hasta ahí, hay cranks esperándonos y en el mejor de los casos, nadie de aquí sabe pilotar un berg – finalizó León
- Yo sí – se escuchó
Por la sorpresa, los tres chicos al instante apuntaron con sus armas a aquel sujeto que había salido de su escondite.
Jorge estaba parado frente a ellos, con las manos arriba. – Yo lo sé pilotar – les dijo
Los tres soldados se miraron entre sí.
¿Podían confiar?
Gracias por leer. ¿Algún comentario que quieran dejar? ¿No? ¿Ninguno? De acuerdo.
Nos estamos leyendo. Hasta la próxima.
AS.
