Si siempre vas con la vista fija en un punto determinado, nunca serás capaz de ver más allá; de ver a quien en realidad te está mirando.
-Malditos-
Capítulo 6. Enfoque
Asta no entendió, al despertarse, por qué había soñado justamente con esas palabras ni tampoco por qué en ese preciso momento.
Hacía unos seis meses de su última visita a la aldea de Hage y también de su último encuentro con la Hermana Lily, que no podría haber sido más incómodo. En el anterior, en el que fue sin compañía alguna, había decidido ser honesto al cien por cien con sus sentimientos. Ya tenía diecinueve años y quería hablarle de forma clara y contundente, quería que lo tomara en serio. Por eso, ya sin bromas, sin proposiciones absurdas ni gritos emocionados, le confesó a la monja todo lo que pensaba y sentía por ella; de una forma muy calmada y sosegada además, como jamás pensó que podría llegar a hacer.
Lily, siendo lo más comprensiva posible, lo volvió a rechazar. Y esta vez, Asta bien sabía que ella quería que cortase esas actitudes de raíz de una vez por todas. Desde ese día, solo había vuelto a ir en una ocasión acompañado por Noelle, que al principio se había mostrado un poco distante, pero que después se pasó toda la tarde con los niños de la iglesia.
Y efectivamente, aquellas palabras tan enigmáticas fueron las que la Hermana Lily le soltó mientras él la miraba jugando con los chicos. ¿A quién se refería exactamente? ¿Quién lo estaba mirando precisamente a él?
Cuando consiguió enfocar la vista completamente, fijó sus ojos en su mano. Todavía seguía pegada a la de Noelle. La apartó para no molestarla. Ella dormía, pero sabía que no llevaba muchas horas haciéndolo. Tenía la cara ligeramente enrojecida, los ojos hinchados y los restos de los surcos de las lágrimas aún se notaban en su rostro. Probablemente, la incertidumbre de no saber qué futuro le depararía a su hermano no la había dejado descansar, así que el chico decidió levantarse de la cama e irse despacio, haciendo el mínimo ruido posible.
Él no se quedaba atrás; la noche había sido complicada sin duda alguna y el conciliar el sueño aún más. Las pocas horas que había dormido habían estado llenas de sueños extraños, de los que no recordaba nada más que las malditas palabras sobre el enfoque que sus sentimientos debían tomar. Seguía sin entender nada.
Antes de salir de la habitación, se quedó observando a Noelle unos instantes. Se había dado la vuelta después de fruncir el ceño y proferir un ligero quejido al sentir que se quedaba sola en la cama. Asta sonrió. Tenía una expresión bastante graciosa mientras dormía y se sentía algo extraño por haber sido capaz de poder verlo directamente, pero ese hecho también lo reconfortaba.
Era todo muy confuso, en realidad. Se sentía un poco perdido, porque Noelle le importaba muchísimo —y estaba convencido de que él a ella también—, pero no lograba comprender los motivos que la habían alejado de la orden que la vio nacer y crecer como guerrera.
Podía entender que quisiera tener un acercamiento con sus hermanos, con sus raíces. Pero ¿irse de esa forma tan repentina y mostrar un cambio de actitud tan radical? Tal vez debería hablar con ella, no con sutilezas o intentando dar rodeos, sino con la verdad. Preguntándole directamente cuál eran las razones por las que abandonó los Toros Negros.
Negó con la cabeza. No era momento realmente de eso. Ya tendría tiempo para pensar cómo resolvía ese asunto.
Cerró la puerta muy despacio y se marchó, tomando dirección hacia el comedor, donde suponía que habría ya alguien, aunque era algo temprano. Lo que no sabía era que Yami, que estaba alojado en un cuarto del mismo pasillo que el de Noelle, lo había visto saliendo precisamente de esa habitación.
El hombre, algo aturdido por lo que acababa de presenciar, se sacó el primer cigarro de la mañana, se lo colocó entre los labios y lo prendió. Después, logró recapacitar. Asta era ingenuo y un idiota, así que probablemente nada de lo que cualquiera imaginaría viendo a un hombre saliendo de la habitación de una mujer por la mañana temprano habría sucedido entre ellos.
Además, tenía entendido que las cosas entre Asta y Noelle no iban demasiado bien y que se habían distanciado notablemente desde que la menor de los Silva había abandonado la orden que él mismo dirigía. Era… sinceramente muy desconcertante todo. Tal vez debería hablar con el joven sobre el asunto. Sin embargo, después de unos segundos pensando en aquello, cambió de opinión.
¿Cómo iba a tratar siquiera de darle consejos a alguien si su vida era un completo desastre?
Era verdad que nunca le había importado llevar una vida poco ejemplar y estaba seguro al cien por cien de que eso no cambiaría. Lo que sí le molestaba profundamente era el punto muerto en el que se encontraba su relación con Charlotte. Bueno, tal vez el término relación se quedaba demasiado grande para describir lo que sucedía entre los dos.
Era un quiero y no puedo. Y Yami no lo sabía, pero era algo bidireccional, que afectaba a ambos. Él, asustado por completo de hacer un movimiento precipitado y arrojar por la borda los mínimos progresos que habían hecho; ella, confusa porque no quería provocar un acercamiento, hacerse y darle falsas esperanzas a Yami, y que después no estuviese preparada para el afrontar los sentimientos que se profesaban el uno al otro.
El Capitán de los Toros Negros acabó de fumarse el cigarro, lo aplastó contra una pared, lo tiró por una de las ventanas del pasillo y se encendió otro. Se lo llevó a la boca e inspiró el humo, gesto que hizo que se tranquilizara un poco. Se dio la vuelta para tomar la dirección contraria; tenía cosas importantes que hacer y conversaciones pendientes que tener.
Cuando Charlotte salió de su habitación, el sol ya comenzaba a rayar el horizonte, haciendo que el cielo se pintara con algunos tonos rosáceos. Era precioso. Siempre le había gustado despertarse temprano para observar el amanecer, que le parecía uno de los fenómenos naturales más bellos que existían, a pesar de que era bastante simple y se producía todos los días.
Aunque no había dormido demasiado, tampoco había tenido su peor noche. Se sentía aún algo culpable por el desarrollo de los sucesos en la misión de exploración, pero tener a Yami cerca la había tranquilizado mucho. Sobre todo, sus palabras lo habían hecho. Escuchar de sus labios que podía confiar en él la había hecho muy feliz. Y realmente lo sabía de antemano, pero no era alguien a la que le gustara depender de los demás y estaba segura de que eso sería difícil de cambiar, si no imposible.
Mientras recorría el camino por el pasillo hacia el comedor, iba pensando en que ya era hora de volver a la capital. Probablemente Mirai se sentiría mucho mejor, así que debía ser capaz de transportarlos a todos. Además, el estado de Nozel no era demasiado bueno y era más que conveniente que Owen lo revisara aunque Mimosa hubiera hecho todo lo que estaba en sus manos.
Sin embargo, su camino fue interrumpido. Unos metros antes de girar para bajar las escaleras, se encontró con Yami casi de bruces y frenó en seco. Él le sonrió de forma tenue, pero Charlotte no supo bien qué gesto formar con su cara así que lo miró seriamente.
—¿Cómo estás? —preguntó directamente.
Entonces, la sonrisa se instaló en los labios de Charlotte de forma involuntaria y casi imperceptible, pero allí estaba. El corazón le latía más cálidamente cuando Yami se preocupaba así por ella.
—Eso te lo tendría que preguntar yo, ¿no crees? —respondió, señalando la herida de su hombro.
—No me has contestado.
Charlotte negó un poco con la cabeza. Sin duda alguna, Yami se caracterizaba por ser muy insistente, así que no tenía sentido seguir intentando esquivar sus preguntas.
—Estoy bien.
—Te ves cansada —afirmó él mientras observaba las tenues ojeras que se formaban debajo del azul de sus ojos.
—Tú tampoco me has contestado. ¿Cómo está tu hombro?
—Bien. Sabes que esto no es nada. He tenido heridas muchísimo peores. Solo es un rasguño.
Charlotte asintió en silencio. Le parecía que Yami quería decirle algo, pero no se atrevía o, más bien, no encontraba las palabras adecuadas para decírselo. Eso era raro porque él siempre era muy directo y no tenía pelos en la lengua, así que a no ser que se tratara del tema que estaba pensando, no entendía que no lo soltara y ya.
—Me alegro. En cualquier caso, cuida la herida. Ya sabes cómo son estas cosas, las heridas que parecen poco profundas pueden dar grandes complicaciones.
—Tienes razón… —murmuró el hombre. Sí, una herida que parecía completamente superficial había destrozado la estabilidad emocional de Charlotte y la relación entre ambos capitanes, que apenas tenía los cimientos colocados. Era muy probable que la frase que la Reina de las Espinas había proferido fuera completamente literal y dirigida a su herida, pero cuánta verdad en esas palabras, en cómo las heridas emocionales pueden ser mucho peores que las físicas en ocasiones—. ¿Qué tal tu chica?
—¿Mirai?
—Sí.
—Eso justamente iba a comprobar. Creo que lo mejor será que nos vayamos. Nozel no está bien y necesita atención más especializada y descanso. Este no es el mejor lugar para eso.
La mujer suspiró. Realmente parecía exhausta. Yami solo quería comprobar si realmente estaba bien, porque le había descolocado un poco lo que había dicho Charlotte en la noche anterior. Nunca la había visto tan abatida ni la había escuchado hablar de esa forma sobre sí misma. Era algo que realmente no iba con ella.
—Charlotte… sobre lo que dijiste ayer…
—No lo pienso realmente —interrumpió.
Yami arqueó una ceja con sorpresa y después sonrió de lado. Había algo en su mirada que le decía que no mentía, a diferencia de otras ocasiones anteriores en las que había asegurado estar bien, pero en las que sucedía todo lo contrario. Esta vez, los ojos le brillaban con determinación, gritando genuinidad.
—Bien.
—Tuve… un momento de vulnerabilidad. Pero conozco bien mis capacidades. Desde siempre. Sé muy bien lo que puedo lograr porque gracias a ello he llegado hasta donde estoy.
Yami se llevó la mano a la boca para largar una calada intensa a su cigarro. Le encantaba verla así. Podría ser que Charlotte hubiera cambiado, pero él creía firmemente que la esencia nunca se pierde y ahí estaba la de la Capitana de las Rosas Azules; una mujer fuerte, decidida y con confianza en sí misma que nunca se dejaba amedrentar.
Por otro lado, también le gustaba que esos momentos de fragilidad se produjeran a su lado. Sabía que Charlotte no mostraba esa parte con las chicas de su escuadrón —que eran las personas más cercanas que tenía—, así que probablemente no se la enseñara a nadie. Sin embargo, que lo hubiese hecho con él significaba que realmente sí confiaba en él y eso lo tranquilizaba mucho. Era un paso pequeño, pero significativo.
Yami alzó la mano de forma inconsciente para llevarla al rostro de Charlotte y acariciárselo, pero antes de que ella se diera cuenta de hacia dónde iba dirigido el gesto, cambió la trayectoria y se llevó la mano a la nuca. No, no podía sucumbir tan pronto. Quería hacer las cosas bien y dar un paso en falso en ese punto sería perderlo todo.
—Tienes razón. En todo —aclaró sonriendo. Charlotte se dio cuenta de lo que quería decir y le respondió el gesto con otra curvatura de sus labios—. Deberíamos irnos ya de aquí.
Yami y Charlotte bajaron al comedor en silencio. Casi todos los miembros que participaron en la misión ya estaban allí. Después de unas horas en las que lo prepararon todo, se marcharon, dejando atrás aquella batalla que tantas heridas había dejado abiertas y sangrando.
El primer lugar al que Mirai se dirigió tras abrir el portal fue el Hospital de Caballeros Mágicos. Allí, una vez Owen los recibió y comprendió la gravedad de la situación, se encerró en una sala con Nozel.
Noelle se quedó en el pasillo del hospital que daba a aquella sala y los demás decidieron que lo mejor era que todos se marcharan a sus respectivas bases a descansar y a recuperarse para futuras batallas. Asta dudó durante algunos segundos antes de irse. Quería quedarse con Noelle para acompañarla y apoyarla, pero ella estaba seria, no le dirigía la mirada y presentía que la amabilidad y cercanía con la que lo había tratado la noche anterior era un espejismo fugaz y que su actitud hostil volvería. No quería atosigarla en una situación como esa, así que decidió que lo mejor era no estar ahí.
Charlotte, por su parte, se dirigió al despacho del Rey Mago a informar de todo lo acontecido en la misión. Había asumido el mando, así que debía asumir la responsabilidad del fracaso total que había ocurrido también. No se sentía abatida; ya no, pero no podía negarlo, sí algo culpable. Ahora trabajaba por analizarlo todo concienzudamente y elaborar las estrategias efectivas que pudiera para desenmascarar y desmantelar a Dark Blood.
Yami la miró en la distancia. Sabía dónde iba y no iría detrás de ella ni la detendría. La respetaba mucho como Capitana de Orden —la consideraba de las mejores del reino—, así que no interferiría en su vida profesional. Solo esperaba que, dándole un poco de espacio, pudieran, paradójicamente, acercarse un poco más.
Noelle miraba sin cesar el escritorio gigantesco de su hermano. Había pasado más de una semana y Nozel no había despertado. Todavía se temía seriamente por su vida. Pero el tiempo seguía transcurriendo y la Orden de las Águilas Plateadas no podía quedarse huérfana. Sin embargo, la joven no se sentía preparada para asumir el mando.
Llevaba poco tiempo en la orden y, aunque era la vicecapitana, había muchas cosas que desconocía de su funcionamiento mismo. Además, ver el sillón de su hermano mayor vacío en ese despacho la aterraba. Se sentía muy pequeñita, como cuando era una niña que miraba la espalda de sus hermanos sin poder alcanzarlos. No, no estaba preparada para algo de tal envergadura. Por eso, decidió algo inesperado para todos los miembros de la orden, también para los que estarían implicados.
Solid y Nebra entraron al despacho sin llamar. Por respeto a su hermano Nozel, las conversaciones entre ellos y Noelle eran escasas y cordiales, pero ahora que no estaba el capitán, Solid se propuso decirle todo lo que pensaba.
—¿Nos has llamado porque quieres anunciar que vas a sustituir a Nozel? ¿Querías restregárnoslo en la cara?
—Claro que no —contestó Noelle. Estaba nerviosa ante la imponente presencia de sus hermanos, pero no se achantaría. Ya no, ya nunca más.
—Llevas aquí dos días y ya quieres tomar el mando de todo. No fuiste capaz de proteger a tu capitán y quieres su puesto. Esto es increíble.
—No pretendo eso. Y sí, admito que no fui efectiva a la hora de proteger a Nozel. Fue mi error y no hay excusa.
Nebra arqueó la ceja y, cuando Solid iba a volver a hablar, destilando puro reproche, le agarró el brazo para que su hermana pequeña continuara con su discurso.
—Mi fuerza es limitada y soy capaz de reconocerlo. Y tampoco sé cómo funciona la orden ni estoy preparada para encargarme de ella yo sola, a pesar de que soy la vicecapitana. Tal vez… —musitó Noelle con recelo. Después, se aclaró la garganta y prosiguió— tal vez Nozel se equivocó al elegirme a mí para este puesto y no a alguno de vosotros. Por eso, quiero que en su ausencia, colaboremos.
—¿Cómo te atreves…?
—Cállate, Solid —interrumpió de nuevo Nebra, dedicándole una mirada afilada. Asintió con la cabeza y Noelle siguió hablando.
—Quiero que dirijamos la orden entre los tres. Seremos más efectivos juntos. Y creo que… creo que Nozel querría esto.
Solid gruñó, pero sabía que su hermana mayor no le dejaría hablar, así que, en desacuerdo pero aceptando lo que Noelle había propuesto porque no le quedaba de otra, se marchó del despacho.
Nebra se dispuso a irse también, pero antes de cruzar la puerta se volteó a ver a su hermana pequeña.
—Veamos de lo que eres capaz, Noelle Silva.
La joven se quedó confundida. Su hermana le había sonreído mientras pronunciaba esas palabras. Y no sabía bien si esa sonrisa estaba llena de odio o le transmitía confianza plena.
Después de aquello, decidió irse a su habitación. Estaba segura de que pronto tendría una nueva misión —no paraban de surgir nuevas en los últimos tiempos—, así que necesitaba descansar lo máximo posible.
Claro que no contaba con una visita inesperada que al principio le agradó mucho, pero que acabaría convirtiéndose en pensamientos angustiosos para ella.
—Señorita Noelle, la están esperando.
—¿A mí? ¿Quién es?
—Es… un miembro de los Toros Negros… creo…
La chica torció un poco la boca. Después de preguntar dónde estaba la visita, se dirigió hacia el lugar que le habían indicado y fue enorme su sorpresa al ver a Liebe allí, de pie y mirándola mientras le sonreía.
—¡Liebe! ¡Qué sorpresa! Muchas gracias por venir.
Liebe solo asintió. Estuvieron dando un paseo por la orden mientras Noelle le contaba todo tipo de detalles sobre las Águilas Plateadas, siempre comparando su nueva orden con los Toros Negros. Y ese detalle propició el estallido. Bueno, realmente estaba previsto, pero Noelle le dio una buena excusa para prender la mecha.
—Si tanto nos echas de menos, ¿por qué no vuelves?
Noelle frenó en seco su andar. Eso sí que no se lo esperaba, mucho menos viniendo de alguien como él, a quien parecía no importarle nada. Todavía recordaba la primera vez que lo vio. Le pareció alguien curioso y distante, pero con el tiempo se acercaron mucho y se habían hecho muy buenos amigos. A él también lo echaba muchísimo de menos.
—¿Por qué dices eso?
—Estás todo el rato comparando tu nueva orden con la nuestra. Está claro que no es aquí donde tú quieres estar.
—Eso no…
—Dime, Noelle —dijo mientras posaba sus ojos carmesíes en los de la chica, intentando que fuera sincera de una vez por todas—, ¿por qué no vuelves?
La chica se quedó sin habla. ¿Cómo contestaba eso? No podía decir sus verdaderos motivos para no volver. Nadie, absolutamente nadie sabía lo que sentía por Asta. Entonces, ¿por qué tenía esa sensación de desasosiego que le subía por la garganta y le cortaba la respiración? ¿Acaso Liebe… acaso él…?
—Yo… no…
—Te lo diré yo. No vuelves porque eres una cobarde —A Noelle le brillaron los ojos con desilusión por esas palabras—. Asta es un idiota, pero no es adivino. No sabe ni lo que piensas ni lo que sientes. Si no hablas claro, nunca se va a enterar de nada.
—¡Asta no tiene nada que ver en esto! —gritó la joven con un ligero sonrojo en las mejillas, delatando claramente que Liebe tenía razón.
—A él puedes engañarlo, pero a mí no. Lo sé todo, Noelle.
Las pupilas de la chica temblaron y algunas lágrimas comenzaron a recorrer su rostro. Sí, definitivamente, Liebe tenía toda la razón del mundo: era cobarde y lo único que estaba haciendo era huir.
—¿No salió como esperábamos?
—Claro que no, imbécil. Cada segundo que pase sin que Charlotte Roselei sea mía significa que las cosas no salen como esperábamos.
Un chico joven —que no pasaría de los veinte años— miraba a su jefe. Era nuevo en la organización. Necesitaba dinero para alimentar a sus hermanos pequeños y, siendo uno de esos olvidados del Reino del Trébol con magia insignificante, decidió que era lo mejor obtenerlo de forma rápida y fácil. Ya no le importaban demasiado los métodos para conseguirlo.
El hombre que tenía enfrente era un maniático, de eso no cabía duda. ¿Todo lo que estaba haciendo era por una mujer? No tenía sentido alguno. Estaba, literalmente, atacando a todo un reino solo por el capricho de conseguir a una mujer, cuando podría tener otras si se lo proponía. Era totalmente incomprensible.
—Espero que en el laboratorio sean más eficaces. Necesito esa herramienta que anule el poder mágico ya.
—Están trabajando en ello. Jefe… —habló el chico de forma dubitativa—, ¿por qué está haciendo todo esto? ¿Tanto por una mujer?
—Chico, ¿cómo te llamas?
—Daven.
—Vale, Daven. Te voy a contar una historia. Eso sí; te la contaré una vez y nada más, ¿de acuerdo? Seré considerado contigo porque eres nuevo —El chico tragó saliva y asintió, algo amedrentado—. Imagina a un chico de diecinueve años. Es joven, es fuerte, es noble. Lo tiene todo. De repente, descubre que tiene que casarse para heredar la fortuna de su padre. Busca y busca una buena candidata, pero no la encuentra. Sin embargo, un día aparece la mujer más hermosa que jamás ha visto. Rubia, ojos azules gélidos pero magnéticos y además, pertenece a la nobleza. El chico decide cortejarla. Pero ¡adivina! Ella decide rechazarlo una vez y otra y otra y todas las que siguen. En una ocasión incluso lo cuelga de la fachada de la casa de sus padres con su magia de espinas. El joven no desiste, nunca lo hace. Hasta que descubre por mera casualidad que la chica de sus sueños, esa a la que tanto ha insistido y que lo ha humillado, se ha enamorado de un plebeyo, que además es rudo, maleducado e incluso extranjero. ¿Lo entiendes ya?
Daven asintió. La cara de psicópata que el hombre pelirrojo tenía mientras contaba la historia lo obligó a asentir, más bien. Si no fuera porque la necesidad de dinero era imperiosa no habría dudado ni un instante en irse de allí y no volver jamás.
—El chico entonces trabajó durante años, investigó, reunió un ejército de aliados contra el Reino del Trébol y el mayor laboratorio científico jamás creado. Y ese es nuestro propósito ahora: destruir el reino, matar a Yami Sukehiro y que Charlotte Roselei sea mía para siempre —El hombre alargó su mano hacia una copa de vino que tenía en una mesa cercana. La bebió de un trago y la volvió a soltar—. Ya puedes irte, Daven.
—Sí, señor.
El joven salió de la estancia. No entendía bien qué hacía ahí pero sabía que no le quedaba otra que estar bajo las órdenes de ese maniático si quería sobrevivir.
La tarde se preveía tranquila. Ni siquiera se apreciaba mucho ruido en la sede de los Toros Negros —algo que era completamente inusual—, pero eso iba a cambiar rápido. Un fuerte estruendo se oyó repentinamente desde la puerta de la sede. Finral fue enseguida a abrir y después hacia la habitación de su capitán ya que lo buscaban precisamente a él.
—Capitán —llamó tímidamente detrás de la puerta.
—No me molestes.
Yami solía decirle esa frase siempre, pero ahora realmente estaba trabajando. Aunque pareciera inverosímil, lo estaba haciendo. Y tenía un motivo de peso para trabajar con tanta dedicación.
—Tienes visita.
El hombre se concentró en el ki de su fastidioso visitante. Después, abrió los ojos con sorpresa y se levantó de la silla. Se dirigió hacia la puerta y la abrió. ¿Qué hacían ellas justamente ahí y además buscándolo?
Había tres personas en la puerta de su habitación: Finral, Mirai y Sol. Y eso solo podía significar algo: algo iba mal con Charlotte.
—¿Qué pasa?
—Capitán de los Toros Negros, Nee-san…
—¿Le ha pasado algo a Charlotte? —preguntó el hombre de forma algo atropellada. Las dos chicas se sorprendieron mucho al verlo en ese estado de nervios.
—No —corrigió la vicecapitana de las Rosas Azules—. No le ha pasado nada, pero… necesitamos tu ayuda.
—¿Mi ayuda?
Mirai asintió y después abrió un portal que cruzaron ella, Sol y Yami. Al cruzarlo y comprobar dónde se encontraban, el Capitán de los Toros Negros se sorprendió notablemente. Comenzó a analizar la sala —que conocía más que bien— y después sus ojos se enfocaron en un punto de la estancia en el que había alguien que le era muy familiar.
—Esto es una broma, ¿no? —preguntó Yami atónito mientras miraba a las chicas.
—No —negó Mirai firmemente.
Yami volvió a fijar su vista donde la tenía antes. En la barra de una de sus tabernas preferidas, se encontraba Charlotte, sentada en un taburete y mirando una jarra de cerveza. Tenía la mirada perdida, el gesto aturdido y las mejillas rojas. No necesitó analizarlo mucho más: Charlotte estaba ebria.
—No hemos podido llevárnosla. Ha insistido en que te buscáramos e incluso nos ha amenazado con sus zarzas. La Capitana es muy fuerte, así que no podíamos arriesgarnos.
El hombre suspiró confundido. ¿Qué demonios estaba sucediendo? Se acercó a la barra y le habló al tabernero, a quien conocía desde hacía muchos años.
—Viejo, ¿cuánto ha bebido? —cuestionó con tono de confianza mientras señalaba a Charlotte.
—Apenas unos tragos de esa cerveza. Se ve que no le sienta muy bien el alcohol.
—Desde luego que no…
Charlotte, que estaba completamente abstraída, movió su cabeza y vio a Yami justo a su lado.
—Yami…
—Se acabó la fiesta. Vamos, te voy a llevar a la cama.
Yami la sujetó por el brazo, haciendo que se levantara inmediatamente. Mirai creó un portal directo a la habitación de Charlotte y los dejó pasar a ellos dos solos, impidiendo que Sol los acompañara, tal y como ella pensaba hacer.
—¿Vas a dejarlos ahí solos?
—Sí.
—Pero ¿y si ese hombre intenta hacerle algo a Nee-san en su estado?
—Sol, Yami Sukehiro es la persona que mejor protegería a la Capitana de todo el reino. Te lo puedo asegurar.
Cuando se cerró el portal y Yami se dio cuenta de dónde estaban, se sintió raro. El ambiente en sí lo era. La habitación de Charlotte era bonita, eso no lo podía negar, porque la mujer tenía buen gusto, pero nunca imaginó que la primera vez que la visitaría sería bajo esas circunstancias.
Enfocó su vista en ella, que lo observaba desde abajo con la mirada brillante. Estaba preciosa, eso era algo evidente. No iba vestida con su clásico uniforme, sino con una falda larga azul y una blusa negra. Debía estar de descanso o visitando a sus padres, pero no podía lograr entender qué hacía bebiendo sola en una taberna. No era algo que ella haría. Además, la última vez que habían hablado parecía estar mejor. ¿Era este otro momento de vulnerabilidad?
—Yami, yo…
Antes de que el hombre pudiera reaccionar, Charlotte lo abrazó. Yami ni siquiera le correspondió, debido a la sorpresa. Probablemente, su estado de embriaguez estaba hablando por ella, así que no se sentía como un abrazo consentido siquiera. Cuando la iba a separar de su cuerpo para cortar el contacto, sintió a la mujer moviendo la cabeza y depositando algunos besos torpes por su cuello, mientras arrastraba los labios de forma poco hábil.
Yami supo que ahí debía cortar la situación de raíz. La sujetó de los antebrazos y se separaron. Charlotte lo miró con los ojos rezumando incomprensión y frustración. La condujo a la cama y la sentó, pero la mujer se revolvió, poniéndose de rodillas sobre el colchón.
—¿Me vas a rechazar, Yami?
Él se quedó mirándola con intensidad, creyendo que por fin pararía, pero contra todo pronóstico, Charlotte bajó sus manos hacia el borde de su blusa y se la quitó, quedando su torso cubierto solo por un sostén de color negro.
Sin embargo, mientras recorría su cuerpo semidesnudo con sus ojos, Yami vio la cicatriz encima de su pecho izquierdo. Le hirvió la sangre con frustración. Ver aquella marca le hacía sentirse un inútil, le hacía revivir aquel día con intensidad y sentir la más grande de las culpas por haber dejado que Charlotte tuviera que pasar por algo así.
—Será mejor que me vaya.
—¿Qué pasa, Yami? ¿No te gusta lo que ves? —Los ojos de la mujer se llenaron entonces de lágrimas, mientras él la miraba consternado—. Claro que no. Después de todo, tú nunca me has sabido ver…
El Capitán de los Toros Negros abrió los ojos. Después, desvió la mirada con tristeza. ¿Cómo rebatía algo que era verdad?
Los próximos movimientos de Charlotte fueron tumbarse en la cama, darse la vuelta, dándole así la espalda, y quedarse dormida a los pocos minutos.
Yami se acercó y la tapó con una manta que estaba en un mueble cercano a la cama. Pensó en irse, pero quería cerciorarse de que Charlotte estaba bien, así que se sentó en el otro lado de la cama, dándole así la espalda también.
A las pocas horas, Charlotte se despertó. Se revolvió debajo de la manta, se dio la vuelta y un fuerte dolor de cabeza la sacudió. Al abrir tenuemente los ojos y ver la espalda ancha de Yami, se acordó de absolutamente todo lo que había ocurrido en las últimas horas. Jamás en su vida había sentido tanta vergüenza como en ese instante.
—Veo que ya te has despertado. ¿Estás bien?
—S-sí… —musitó ella con bochorno— Yami… lo siento mucho… debes pensar que soy patética.
—Claro que no. Has dicho la verdad, Charlotte; nunca he sabido verte —explicó, mientras ella apretaba la manta entre sus dedos y se le estrujaba el corazón—. Pero, óyeme bien, te juro que, a partir de ahora, nunca voy a dejar de mirarte. Tenlo por seguro.
Yami no volvió a hablar. Simplemente se levantó y se fue, dejando a Charlotte con un revoltijo furioso de pensamientos en su cabeza y de sentimientos en su alma.
Continuará...
Nota de la autora:
Dos meses después, he vuelto. He estado muy ocupada con mis estudios, pero por fin soy libre, así que volveré a retomar el ritmo de esta historia, que me cuesta mucho escribir, pero me hace tremendamente feliz.
Ya se van sabiendo algunas cositas más y tengo que pensar bien qué viene ahora, la verdad. Tengo una idea general, pero la tengo que estructurar mejor. Y nada, espero que os haya gustado el capítulo.
¡Nos leemos en la próxima! :D
