-Malditos-

Capítulo 15. Confrontación


Yami miró su mano de nuevo. No entendía nada. Absolutamente nada. Después de tanta angustia, tanto sufrimiento, tanta soledad, traumas y maldiciones, Charlotte estaba impidiendo que la fuente de todas aquellas experiencias lúgubres y que tanto mal le habían hecho muriera. No tenía sentido. En muchas ocasiones, pensó en cómo sería el momento en el que acabaría con ese hombre. Todo lo que había hecho por conseguir que Charlotte fuera suya era enfermizo. No solo puso en jaque la estabilidad emocional y la salud de la mujer que amaba, sino que amenazó la seguridad de todo un reino por tal de lograr su objetivo.

Pensaba que esa lucha se libraba en conjunto. Que Charlotte, siendo consciente de sus sentimientos y de su deber —que siempre fue primordial para ella—, estaba de su lado. Ni siquiera se lo planteó en un solo segundo, así que lo que estaba sucediendo lo tenía tan aturdido que no podía moverse apenas.

Charlotte nunca había sido una persona piadosa en exceso. Si alguien o algo amenazaba la integridad de lo que le importaba verdaderamente, no dudaba en destruirlo. No tenía clemencia alguna. Por eso, su extraño actuar era completamente desconcertante. Tampoco cabía la posibilidad de que realmente ella estuviera apoyando al enemigo, pero tenía tantas preguntas sin resolver que pensaba que le iba a explotar la cabeza.

Le había dicho en dos ocasiones que lo quería. Y querer a alguien implica confiar en esa persona también. Sí, él también había fallado, le había mentido y, en un determinado momento de su relación, había hecho que su vínculo se tambaleara. Pero eso estaba en el pasado y verdaderamente creía que era algo que había quedado atrás entre ellos. Sabía que ambos eran orgullosos, que odiaban la traición y la mentira. No sabía si Charlotte tendría un buen motivo para justificar cómo se estaba comportando en una situación tan crucial, pero todo su mundo, sus pensamientos, su fuerza, se desmoronaron de forma automática y sin remedio al ver que lo estaba deteniendo.

—Suéltame, Charlotte —exigió con un tono serio mientras la miraba a los ojos.

Más que nunca, sus orbes azules lo tenían criogenizado, atrapado, confuso. Ella también estaba seria. Sin embargo, si la observaba bien, si escudriñaba en la profundidad de su mirada, podía ver que estaba triste, asustada y decepcionada, probablemente consigo misma más que con nadie. Pero claro, eso Yami, en ese momento, no lo sabía.

—No puedo hacer eso.

Charlotte miró al frente y después a la escalera que conectaba los dos pisos del refugio. Aurora bajaba los escalones con suma rapidez, pero no sabía si sería suficiente. Contener a Yami no era tarea fácil. Sabía que lo estaba logrando porque él estaba en estado de shock y aún no lo suficientemente enfadado como para zafarse de su agarre.

Cuando Aurora consiguió llegar hasta Niels, le asintió con la cabeza con determinación y Charlotte repitió el gesto, sin estar completamente segura de si su trato con la chica conseguiría dar resultados finalmente.

—o—o—o—

Quiero hacer un trato contigo.

Un trato. Era sencillo. Era, probablemente, la mejor opción. Pero también era sumamente peligroso. Porque no era un trato cualquiera, sino un trato ofrecido directamente desde el bando enemigo.

Charlotte seguía sujetando el arma que sus espinas habían creado. No podía bajar la guardia a la ligera, ni confiar en alguien a quien no conocía y que todavía no estaba segura de querer oír. No parecía tener una gran cantidad de poder mágico, pero con esa gente no se podía calcular ni presuponer absolutamente nada. No quería tomar riesgos innecesarios.

¿Por qué debería escucharte? ¿O confiar en ti? Tú y los tuyos le habéis hecho mucho daño a mi reino.

Porque te interesa —informó Aurora con autosuficiencia y después se sentó en el sillón mientras la miraba fijamente.

Su sonrisa la aturdía. Ciertamente, no le veía la malicia intrínseca que se podía observar en la mirada de Niels, pero no quería hacerse falsas ideas y acabar fallando. No podría perdonárselo jamás.

Fijó su vista más concienzudamente en la mujer. Parecía más joven que ella y era hermosa. Su cabello rizado, negro como la noche, y sus ojos morados eran preciosos. Además, parecía inteligente. Si Niels Herzog tenía esa mujer a su lado, ¿por qué estaba tan obsesionado con ella?

¿En qué consistiría ese trato?

Aurora sonrió. Ese era un paso muy importante. Sabía que Charlotte Roselei era desconfiada y astuta. No, no la había visto antes de ese momento, pero la conocía bien. Había investigado tanto sobre ella para Niels y había escuchado tantas historias salidas de su boca, que conocía muchas de las características de su personalidad.

En un momento de su vida que no era para nada lejano, llegó a odiarla con toda su alma. Sabía que no era su culpa, que no le había hecho nada, pero no podía evitarlo. Niels sufría por su causa. Sin embargo, en las últimas semanas, comprendió que esa mujer no era responsable de la obsesión enfermiza que el hombre sentía por ella. Dejó de verla como una enemiga y comenzó a pensar que podía llegar a ser una potencial aliada. Pero, claro, había un obstáculo: tenía que ganarse su confianza.

Pero, vamos, no estés tan a la defensiva conmigo —le dijo mientras observaba las espinas, que apuntaban hacia su pecho de forma directa—. Como podrás comprobar, no tengo mucho poder mágico, así que no sirvo para luchar. Solo vengo a hacerte una propuesta. Si te gusta y la aceptas, charlaremos un rato más y, si no, me iré de la misma forma en la que he venido. Vamos, siéntate —añadió, señalando un sillón que se encontraba cerca.

Charlotte frunció el ceño. Estaban muy cerca de acabar para siempre con Dark Blood, pero les estaba siendo completamente imposible encontrar la localización de su escondite principal. Y la necesitaban con urgencia. Tal vez, podía exigirle a esa mujer que se la proporcionara. Pero estaba claro que le pediría algo a cambio, y tampoco podía estar completamente segura de que aquello no fuese una trampa. Se tomaría las cosas con calma, pero sin bajar la guardia por completo. Escucharía lo que tenía que decir, porque cabía la posibilidad de que fuera beneficioso no solo para ella, sino para todo el Reino del Trébol también.

De repente, las mujeres escucharon dos toques en la puerta. Charlotte se puso un dedo en los labios, indicándole a Aurora que no podía emitir un solo sonido. Ella asintió.

Nee-san, ¿puedo entrar?

Mierda, era Sol. Sabía lo insistente que podía llegar a ser. Si se inventaba que no se encontraba bien o algo parecido, estaba completamente segura de que irrumpiría en la habitación y no le convenía.

Sol, estoy ocupada. ¿Es importante?

No demasiado, pero…

Entonces déjalo para más tarde.

Nee-san, ¿está todo bien…?

Charlotte suspiró e intentó adoptar un tono más calmado para convencerla de que se fuera.

Sí, Sol. Todo perfecto. Cuando acabe con lo que tengo pendiente, iré a buscarte.

Está bien, nee-san.

Cuando dejó de escuchar los pasos a lo largo del pasillo que daba a su habitación, pudo destensar un poco los hombros. Se sentó en el sillón que Aurora anteriormente le había indicado y decidió guardar sus espinas.

Como has podido observar, no tengo mucho tiempo.

Te ofrezco la ubicación exacta de nuestra guarida. Ahí está todo: el laboratorio del que me estaba encargando después de que el anterior fuera desmantelado, todos los prototipos, tanto antiguos como nuevos, información sobre los integrantes de Dark Blood y Niels… En definitiva, tú ganas.

¿Qué quieres a cambio?

Aurora dejó de sonreír. Sí, esa mujer era muy directa. Le gustaba, en cierto modo.

Es sencillo: Niels no puede morir ni ser capturado. Escaparé con él.

¿Por qué harías esto? ¿Qué pretendes traicionando a tu gente?

No son mi gente —espetó con recelo—. Los sigo por Niels. No quiero que Dark Blood siga funcionando, no quiero que él… piense más en cuál es la mejor forma de tenerte. Quiero liberarlo de la carga que le supones. Por eso hago todo esto.

Aurora se sintió realmente bien al explicar los verdaderos motivos por los que estaba allí. No esperaba hacerlo, pero tenía el presentimiento de que si iba con la verdad, Charlotte aceptaría. Podía ver en sus ojos que apreciaba la honestidad y que podía llegar a empatizar con ella. En el fondo, las dos estaban enamoradas de hombres incomprendidos, aunque sabía bien que Niels no tenía justificación, pero no podría soportar ni verlo sufriendo ni tampoco que muriera.

Charlotte frunció el ceño. Estaba confusa. Muy confusa. No era mala idea aceptar ese plan, pero dejar a Niels impune por todo lo que había hecho no se sentía correcto. Y ya nada tenía que ver con ella, sino con todas las vidas que había exterminado y había amenazado. No sería justo, pero realmente era la única posibilidad que tenía de acabar con esa organización de la forma más rápida posible.

¿Cómo vas a garantizarme que no volverá si escapáis?

Me encargaré personalmente de que no pueda hacerlo. Te lo juro. Nunca más volveréis a saber de nosotros.

Su determinación la conmovió. No estaba segura en absoluto de si debía aceptar, pero sabía que Aurora sería capaz de cualquier cosa para cumplir su palabra. Asintió como respuesta. La chica le contó todo. Le trazó un mapa. Le dio detalles muy importantes y decisivos para que su misión tuviera éxito.

Cuando la vio desaparecer a través de un portal espacial, se dio cuenta de la dificultad que ese pacto entrañaba. Porque no solo tendría que rendirle cuentas a Julius —no pensaba hacer partícipe del trato a nadie—, sino que sabía que Yami se sentiría traicionado. Y, si se detenía a pensarlo bien, lo comprendía perfectamente.

—o—o—o—

Aurora ya estaba al lado de Niels. Era fácil. Desaparecerían de sus vidas para siempre y el problema se resolvería por fin. Eso pensaba Charlotte. Pero cuando vio la desilusión que Yami reflejaba con sus ojos, se dio cuenta de que no. Esa opción era ciertamente la mejor para el reino en su conjunto, pero… ¿lo era para ella? ¿Para ellos? No. Sin embargo, ya no podía echarse atrás. Además, no tocaba ser egoísta. Su responsabilidad como capitana iba antes que sus sentimientos personales. Eso siempre lo había tenido claro y había actuado en consecuencia. En esta ocasión, también.

Yami consiguió soltarse de su agarre y lanzar un corte dimensional a la desesperada, pero no los pudo alcanzar. Niels se le escapó delante de sus ojos sin poder hacer nada y, lo último que pudo ver de su parte fue una sonrisa de autosuficiencia que hizo que se sintiera enfermo de frustración e ira.

Miró a Charlotte. Parecía que algunas lágrimas pendían de sus ojos, pero sabía que no iba a dejar que las soltara. Quería creer que había una explicación para todo eso. De todos modos, dolía. Dolía de forma insospechable que hubiese desconfiado así de él. Se suponía que ya no iba a haber más secretos ni mentiras entre ellos, pero esa promesa se esfumó con una velocidad vertiginosa.

Charlotte se alejó de allí. No podía seguir mirándolo porque sabía que, si sus ojos se conectaban una sola vez más, lloraría como si fuera una niña pequeña delante de todos. Y ella, su orgullo y su honor no podían permitirse algo así. No, no era momento de pensar en lo que más le convenía a título personal, sino en que había hecho lo correcto para salvarlos a todos y acabar con esa pesadilla que había durado ya demasiado tiempo.

—¡Se acabó la misión! —gritó con decisión. Después, miró la espalda de Yami, que no se movió ni un solo centímetro ante sus palabras—. Nos vamos de aquí…


Cinco días después de que Dark Blood fuera desmantelado oficialmente, Charlotte fue convocada a una reunión de capitanes. Sin embargo, recibió además otro aviso. Debería reportar de forma privada al Rey Mago su desempeño y estrategia en la misión. No estaba nerviosa por eso, pero sí ansiosa por qué pensaría de ella Julius. Y, sobre todo, por si Yami conseguiría comprender qué la movió a actuar de esa manera.

Entró al despacho de Julius. La estaba esperando. Su gesto era bastante serio, no como siempre que solían reunirse. Realmente, sus decisiones podían ser malinterpretadas, pero esperaba que él las comprendiera. De hecho, si había una sola persona en el mundo que pudiera entenderla, era el Rey Mago.

Le contó todo. El plan, el trato con Aurora, su promesa… y sus discrepancias con Yami. Porque sabía que también tenía que hacerle saber sobre ese tema, que era el que más preocupada la tenía.

—Entiendo. Has hecho lo correcto, Charlotte. Por eso te puse al mando de este asunto, porque sabía que era algo que te afectaba directamente y que sabrías escoger lo que era mejor para la colectividad. Entiendo que no hayas consultado los últimos pasos, pero confiar en esa mujer es peligroso. Sobre todo, porque no sabemos realmente si Herzog volverá. Y si vuelve, ten por seguro que será para ir a por ti.

—No me preocupa. Estoy completamente preparada. Yo misma me encargaré de él si eso sucede, eso lo puedo garantizar. Y si cree que mi elección con respecto a ese hombre ha sido errónea, acepto todas las consecuencias que ello conlleve. Incluso dejar mi puesto como Capitana de las Rosas Azules si así lo considera.

Julius, por primera vez en un buen rato, sonrió. El ambiente pareció destensarse un poco al fin. Si algo le gustaba de Charlotte, era su compromiso y entrega. Pero quería conocer todos los detalles, porque, aunque tuviese mucha estima por ella, el reino era primordial. Si hubiese considerado su actuar negligente, la habría apartado de su cargo sin dudarlo ni un solo instante.

—No, no. No he insinuado eso. La amenaza era real y quién sabe cuándo nos atacarían seriamente. Encontrarlos y pillarlos por sorpresa era fundamental, así que me alegro de que hayas escogido ese camino. Te felicito por tu éxito, de hecho. Y respeto que no me hayas comunicado nada, pero Yami no lo entenderá. Porque no lo sabía, ¿verdad?

Charlotte suspiró. Ese era su gran problema. Desde que la misión acabó, no sabía nada de él. No quiso buscarlo porque se sentía algo fuera de lugar hacerlo, mucho más después de haberlo visto tan decepcionado. Él, por supuesto, tampoco había ido a verla. Pero eso iba a cambiar. Justo cuando la reunión acabara, tendrían la conversación que necesitaban.

—No lo sabía nadie. No quería poner la operación en riesgo.

—Lo entiendo. Trata de hablar con él.

—Lo haré, pero… ¿por qué tanto interés? —preguntó la mujer, que estaba casi segura de que Julius sabía que había algo entre ellos.

—Cosas mías. Te voy a pedir que expliques todo esto en la reunión con los demás capitanes, ¿de acuerdo?

—Por supuesto que sí —dijo Charlotte, haciendo después el saludo de lealtad que todos los Caballeros Mágicos le debían.

Después de aquella conversación, dio inicio la reunión. Una reunión que fue pesada, larga y muy difícil. Que estuvo llena de preguntas y explicaciones, pero también del silencio de un capitán en concreto, que ni siquiera se preocupó por mirar a Charlotte en todo el trascurso del acto.


Tras finalizar la reunión, Yami fue el primero en abandonar la sala. Ni siquiera esperó a que Julius dijera algo. En cuanto Charlotte finalizó su explicación y todo quedó claro y cerrado, simplemente se marchó.

Se sentía mal. Después de avanzar tanto, no le gustaba el retroceso que su relación con la Capitana de las Rosas Azules había tenido. Y no quería ver, no quería escuchar, estaba siendo irracional… Sí, lo sabía. Pero él era así, le costaba mucho sacarse una idea de la cabeza una vez que se aferraba a ella y que Charlotte no hubiese confiado en él y que hubiese dejado escapar a alguien que le había hecho tanto daño le dolía mucho. Porque no lo entendía, seguía sin lograr averiguar el enigma de su compasión por ese tipo. Por eso, se sentía frustrado.

—Yami, ¿podemos hablar un momento? —escuchó desde su espalda.

Era Charlotte. Sabía que se estaba aproximando hacia él y que había salido justo detrás en cuanto lo vio marcharse, pero no se quiso detener. Estaba dolido y confuso y, cuando algo así le sucedía, tendía a decir cosas de las que se arrepentía con el paso del tiempo. Pero, si quería hablar, lo harían.

Se dio la vuelta y ella se estremeció un poco al verlo. No parecía enfadado, pero sí cansado y sabía que eso, en muchas ocasiones, puede llegar a ser peor.

—¿Has escuchado la explicación que he dado en la reunión?

—Lo he hecho —apuntó él, desganado.

—Pues no lo parecía —reprochó Charlotte. Su actitud no le estaba agradando.

—¿Algo más? Tengo prisa.

Chistó un poco al oír ese comentario. Si había algo que le molestara profundamente, eso era la ignorancia. Ese tema era serio, delicado y prefería mil veces encontrarse con un Yami furioso que con su versión más apática.

—Actué así porque era lo mejor para el reino. Era mi responsabilidad hacerlo. ¿Lo entiendes?

Yami arqueó una ceja. Su plan era marcharse y hablar con Charlotte cuando pensara todo en frío, pero parecía que ella no lo iba a dejar. Y, si era sincero consigo mismo, necesitaba explotar. Porque sí, estaba enfadado. Podría ser que tuviera más o menos razón, pero eso no quitaba el hecho de que sintiera que Charlotte le había fallado.

—Lo entiendo. Lo que no logro entender es que no me dijeras nada, que me detuvieras en medio de una batalla, desacreditando mi trabajo, y que te hayas pasado meses asegurándome que confías en mí cuando no es verdad.

—Yami, sí confío en ti. Pero sabía que no ibas a estar de acuerdo. Por eso no te lo dije.

—Claro que no puedo estar de acuerdo. Ese hijo de puta está suelto. Puede venir a buscarte en cualquier momento.

—No es tan fuerte ahora. No hay de qué preocuparse.

—Así todo es muy fácil —espetó Yami, ya harto de esa conversación. Atajó entonces el que consideraba que era el verdadero problema—. ¿Por qué no aceptas que te has equivocado?

—Porque no lo he hecho. Ya te he dicho que era lo mejor para…

—Conmigo. Me refiero a que te has equivocado conmigo —interrumpió Yami.

Se quedaron en silencio. Un silencio denso, doloroso, pero necesario. Charlotte no fue capaz de contestarle nada. Sí, era posible que se hubiese equivocado enormemente, pero tenía sus motivos. Sabía que sus razones eran válidas, eran concretas y correctas y por eso, no podía retractarse.

—Está claro que no lo entiendes —musitó antes de voltearse para irse definitivamente, pero no pudo, porque Charlotte volvió a hablar.

—¿Por qué eres tan egoísta?

Esa fue la gota que colmó el vaso. No, no la entendía ni lo iba a hacer jamás. Porque a Yami le había molestado que no le contara el plan, el pacto con aquella mujer y muchas más cosas de cómo había actuado, pero no estaba siendo egoísta. En el fondo, lo que le daba miedo realmente era que ese loco volviera y le hiciera algo a Charlotte. No sería capaz de perdonarse a sí mismo que ella tuviera que pagar todas las consecuencias de salvar al reino y sus habitantes, habiendo tenido dos ocasiones claras para acabar con él. Sin embargo, la ira lo encegueció y no fue capaz de explicarse.

—¿Soy egoísta? Solo he intentado que estuvieras bien. En todo este tiempo, es lo único que he hecho. Pero tú has decidido traicionar mi confianza una y otra vez.

—Tú también lo hiciste. Me mentiste cuando te fuiste a aquella misión solo —le recordó.

—Echarme en cara algo del pasado no sirve como justificación de lo que has hecho, Charlotte.

—Estás siendo muy injusto.

—Sí, soy injusto, egoísta y un mierda. No sé en qué momento te llegaste a enamorar de mí, porque claramente esto no tiene ningún tipo de sentido.

Yami, tras proferir aquella frase, se marchó, y Charlotte decidió no detenerlo. No iba a arreglar nada de todas formas. Sabía que se había equivocado ella también, pero Yami tenía razón en el fondo: le costaba mucho admitirlo.

La situación entera le dio mucha rabia. Llevaban meses esperando por ese momento. Ese momento en el que, por fin, no tuvieran más amenazas constantes, peligros ni preocupaciones, y pudieran centrarse en el futuro que querían llevar a cabo juntos.

La maldición estaba rota. Pero ¿qué más daba eso si sus diferencias habían conseguido alejarlos tanto al uno del otro?


Asta había sido herido en una pierna, pero no había podido recibir la atención directa de Owen al estar el hospital demasiado saturado de pacientes. Al final, no había sido nada demasiado grave, pero Noelle no había podido evitar ir a visitarlo. Desde siempre le preocupaba su bienestar, pero mucho más en los últimos tiempos, pues estaban formando un vínculo muy bonito y del que no se quería desprender jamás.

Le dijo a su hermano que iba a almorzar con sus antiguos compañeros y no mintió, pero ella bien sabía que ese no era su propósito al visitar la base de los Toros Negros.

No todos comieron juntos. Gauche y Grey habían ido a ver a Marie, Vanessa estaba con Finral comprando algunas cosas que le hacían falta —el mago espacial había ido obligado, obviamente— y Yami se suponía que estaba en el edificio, pero no había aparecido por allí.

Cuando terminaron, Noelle acompañó a Asta a su cuarto. No necesitaba muletas para andar, pero seguía bastante preocupada por su estado, así que decidió que lo mejor era cerciorarse de que llegaba bien. No tenía mucho sentido teniendo en cuenta las situaciones —mucho peores— que el chico había soportado, pero le daba igual. Quería cuidarlo.

Pensaba marcharse en cuanto se quedase en la habitación, pero al final se pusieron a charlar sobre la misión primero y sobre otros asuntos después. Noelle, sentada en la cama, veía cómo Asta le hablaba con entusiasmo, movía las manos con alegría mientras le hablaba y le sonreía constantemente. Le gustaba mucho estar cerca de él en todos los sentidos, pero tenía que reconocer que también había echado de menos tener una conversación tranquila y en tono amigable con él, justo como cuando eran compañeros de orden.

Se seguían llevando bien y eso la aliviaba mucho, porque durante un tiempo pensó que su relación, por su alejamiento, nunca volvería a recuperarse. Se alegraba de haberse equivocado.

—Oye, ¿y el Capitán Yami? Charmy me ha dicho que estaba en la base, pero no ha salido ni a comer.

—Mmm… digamos que no está de muy buen humor últimamente, la verdad —aceptó Asta, recordando su actitud de los días anteriores.

—¿Desde que volvimos de aquella misión? —preguntó la chica con curiosidad.

—Sí. Debió ser duro para él que la Capitana Charlotte lo detuviera allí delante de todos, pero yo creo que fue lo mejor. Su plan era bueno.

—No creo que el capitán esté así por eso… —apuntó Noelle, pensando en que seguro que algo más complejo había sucedido entre los dos para que un hombre como Yami Sukehiro estuviera así.

—¿Ah, no? ¿Entonces?

—Eres demasiado idiota como para explicártelo —dijo y después lo empujó por el pecho, haciendo que se tumbara y se riera.

Asta la agarró por la muñeca y tiró con algo de fuerza, haciendo que la joven cayera casi encima de él.

—¿A quién le dices tú idiota, eh?

Noelle se sonrojó ligeramente. Otra vez esa actitud, esa sonrisa y esa forma de mirarla tan extraña que la desconcertaba tanto, pero que le encantaba realmente.

Se besaron. Primero en los labios y algo despacio, pero pronto aumentaron el ritmo. Asta se colocó encima de la chica y comenzó a repartirle besos por el cuello y la clavícula, mientras que ella, extasiada de placer, le acariciaba el cuello.

No esperaba llegar tan lejos. Ni tan pronto ni ese día, pero quería hacerlo. No lo podía negar, si se trataba de Asta, las barreras de la lógica se le derrumbaban con una facilidad asombrosa y se sentía dispuesta a hacer cualquier cosa. Y no, no era por él. No era para complacerlo o hacerlo sentir mejor, sino por ella, porque verdaderamente quería.

En un movimiento veloz, decidido y valiente, se quitó la camiseta.

Asta, con las manos apoyadas a cada lado de su cuerpo, se quedó mirándole el pecho completamente embelesado. No parpadeaba, no se movía siquiera y, por un momento, pensó que había dejado de respirar. Un sudor frío le recorrió la nuca. No, no estaba preparado para eso. Los brazos le temblaron y Noelle se dio cuenta, así que se levantó y se sentó al borde de la cama, sin ser capaz de mirarla.

Pensaba que estaría decepcionada, porque un hombre en teoría no debería comportarse así, pero, al sentir a la chica abrazándole la espalda, se dio cuenta de que no. Consiguió esbozar una sonrisa y después acarició su brazo, pues le envolvía el cuello ligeramente.

—Lo siento…

—No te disculpes. Es normal porque es pronto. Tampoco es necesario que apresuremos las cosas de más, ¿no crees?

Asta asintió y se giró un poco para besarla. Noelle posó su frente contra la de él cuando el beso finalizó, demostrándole con esa caricia que todo estaba bien entre ellos y que no se iba a desilusionar por algo tan insignificante y nimio. Después, se levantó y se puso la camiseta.

—Será mejor que me vaya por hoy, ¿vale?

—Puedo acompañarte a la base si quieres. Finral no está.

—Pero ¿y tu pierna? Si yo había venido a verte porque estabas mal.

—Estoy perfectamente bien. En serio, déjame acompañarte.

Noelle sonrió de nuevo y asintió. El camino fue tranquilo. Estaba preocupada por la actitud de Asta, porque temía que la imposibilidad de aquel acercamiento íntimo hiciera que se sintiera mal, pero nada de eso pasó.

Charlaron con complicidad y, para despedirse, volvieron a besarse y abrazarse.

Al entrar en su habitación, se tumbó en la cama y abrazó un cojín, rebosando alegría. Tenía muchas ganas de saber qué le depararía su nueva vida; una nueva vida en la que Asta estaba adoptando el papel que siempre había deseado que tuviera.


Continuará...


Respuesta a los reviews anónimos:

yamichar: uy, hacía tiempo que no tenía un review anónimo en esta historia. Te agradezco mucho tus palabras y que leas toooda la historia de vez en cuando. En serio que me hace muy feliz. Entiendo eso que dices, es difícil comentar por primera vez una historia, pero (aunque yo nunca los pido), los comentarios siempre son el motor de los escritores. Los necesitamos. Y que te hayas atrevido a dejármelo, créeme que me agrada muchísimo. Y nada, aquí tienes una parte de tu respuesta. Peero, en los próximos capítulos irás leyendo aún más. Yo también amo a Yami, por cierto ajjaja lo compartimos con Charlotte igualmente. Muchísimas gracias por las lindas palabras. ¡Espero que este capítulo también te guste! :D

Como sabéis, a los que tenéis cuenta os contesto en privado.


Nota de la autora:

Ay, he sufrido muchísimo escribiendo esa escena yamichar. Porque lo he hecho de un modo en el que personalmente los comprendo a los dos, entonces me duele más. Veremos cómo se arregla esto y si lo arreglo... Recordad que quedan tres capítulos para el final.

Sobre Asta y Noelle, las hormonas adolescentes son muy peligrosas jajaj pero quería escribir una escena en la que un chico se sienta inseguro de dar un paso tan importante TAN pronto, porque sí, los chicos son seres humanos y pensar que no tienen inseguridades en el terreno amoroso e íntimo es un error. Así que ahí queda. Tampoco sé qué haré con estos dos, pero lo veremos pronto, porque esto casi que se acaba y ya me está entrando la tristeza.

Y con esto me despido hasta dentro de un par de semanas, creo.

¡Nos leeremos en la próxima!