-Malditos-
Capítulo 16. El regreso
El reino llevaba algunas semanas muy tranquilo. Habían sido meses llenos de angustia, de ataques y de estrés constante, pero todo había llegado a su fin, así que las órdenes se preparaban para un Festival de las Estrellas sin precedentes. Julius quería celebrar que una de las mayores amenazas que había tenido el Reino del Trébol en toda su historia había acabado, y también otorgar condecoraciones a los Caballeros Mágicos por la fantástica labor que habían llevado a cabo.
Noelle, sin embargo, seguía trabajando. Nunca le habían interesado demasiado las celebraciones de los nobles, aunque no podía negar que la idea de ir al festival con Asta le gustaba. Pero, claro, para eso debería contarles a todos que estaban juntos y todavía no se había atrevido. Ni siquiera había hablado con Asta sobre el tema, de hecho.
Habían seguido viéndose, por supuesto. Con el pretexto de visitar a los Toros Negros, Noelle podía pasar más tiempo con el chico y ya habían tenido la oportunidad de ir a distintas citas juntos. Probablemente, sus antiguos compañeros sospecharan que había algo entre ellos, pero le daba igual. De todas formas, pensaba contárselo a las chicas pronto y no sabía si Asta habría hablado del tema con Finral o Yami, pero ya iba siendo hora. Aunque pensándolo mejor, no creía que Yami estuviera muy receptivo para una conversación amena y sobre ese tema en esos momentos.
Cada día estaba más segura de que algo se había fracturado entre él y la Capitana Charlotte. No podía olvidar aquella conversación que tuvieron antes de la batalla en la que su hermano resultó herido de gravedad. Si se detenía a analizar la situación un poco, no era difícil darse cuenta de que la mujer siempre le habló desde la voz de la experiencia. Tal vez, justo como le había sucedido a ella, había reprimido sus sentimientos durante mucho tiempo y por eso la comprendía mejor que nadie.
Con el trascurso de los meses, para nadie fue un secreto que ambos capitanes tenían otro tipo de relación. Se notaba solo en cómo se miraban, e incluso le constaba que Charlotte Roselei pasaba mucho tiempo en la base, reunida a solas con Yami.
De todas formas, ella poco podía hacer ante esa situación. Y le resultaba algo triste, porque no hay nada más desconsolador que observar a dos personas que se quieren pero que no están juntas a pesar de ese hecho. Hay veces en las que el amor no es suficiente.
Por suerte, para Asta y ella, el amor sí era el nexo que los unía con fuerza. Y no, no llevaban mucho tiempo juntos, pero sentía que la oportunidad que le estaba dando la vida era buena y quería aferrarse a ella.
No habían avanzado en el terreno más íntimo demasiado, apenas se habían dado unas caricias intensas y ya, pero así estaba bien. Por su parte, no había dudas, pero comprendía que Asta se sintiera inseguro porque era la primera vez que se enfrentaba de forma directa al contacto y al calor real de una mujer. Tenían tiempo, tenían todo el tiempo del mundo, de hecho, así que le daba igual esperar un poco más.
La relación con sus hermanos iba bien. Con Solid aún le costaba un poco, pero al menos le dirigía más de dos palabras seguidas y eso ya era un logro. Sospechaba que Nozel había hablado con él, porque curiosamente, ese comportamiento se había producido desde que su hermano mayor despertó. Tanto con Nebra como con Nozel, la situación era también más calmada. Especialmente, ahora podía tener conversaciones más largas, íntimas y significativas con el mayor de los Silva, que se había convertido en su gran apoyo dentro de la orden y en su vida en general.
A veces, su parte más rencorosa quería reprocharle que no se hubiese comportado con ella así desde que era pequeña, pero esos momentos eran efímeros, pues Noelle prefería enterrar ese pasado y seguir prosperando hacia el futuro, siempre pensando en lo que su madre querría para sus cuatro hijos.
Después de mucho tiempo, había conseguido hablar con sus hermanos sobre ella. Según Nozel, quien más la conoció, Acier era una madre entregada, empática, un poco estricta y tremendamente cariñosa. Siempre le decía «era como tú, pero un poco más abierta con sus sentimientos» y Noelle sonreía complacida, porque le gustaba parecerse a su madre, pero tener su propia personalidad también.
Precisamente en ese momento, Noelle se encontraba reunida con su hermano mayor en su despacho. Estaban haciendo balance de las pérdidas que habían tenido en la orden, de cómo afrontarlas y de otros aspectos rutinarios.
—Y eso es todo —expresó Nozel mientras cerraba una gran carpeta llena de documentos.
—Vale, entonces, me retiraré por hoy. Quiero ir a la base de los Toros Negros.
—Espera un momento, Noelle. Me gustaría hablar contigo de algunos asuntos extra.
Noelle arqueó una ceja y lo miró con incomprensión. Ya habían conversado largo y tendido de los puntos del día, y su hermano no era una persona que alargara demasiado aquellos momentos. Era bastante introvertido, así que le costaba un poco comunicarse, aunque eso ya estaba cambiando un poco.
—Claro.
—¿Necesitas un vestido?
—¿Un vestido? —preguntó Noelle, algo confundida.
—Para el festival —añadió de forma natural mientras la miraba y apoyaba las manos en el escritorio.
Noelle se quedó en silencio algunos segundos. Realmente, la gente perteneciente a la realeza siempre llevaba ropa más sofisticada y ostentosa a ese tipo de eventos, pero eso era algo que simplemente no iba con ella, así que decidió declinar la oferta.
—Te lo agradezco, pero no es necesario. Iré con mi ropa, la de siempre.
—Está bien —aceptó Nozel sonriendo. Después, volvió a adoptar su pose seria, porque realmente su objetivo era hacerle una pregunta mucho más trascendental—. Noelle… ¿quieres regresar a los Toros Negros?
Noelle palideció un poco. La pregunta le había sonado como una traición, porque no podía negar que llevaba un tiempo pensando en regresar a su antigua orden. Allí se sentía mejor, más cobijada y segura, estaba más acostumbrada al ruido incesante de la base que al ceremonioso silencio que lo impregnaba todo en la sede de las Águilas Plateadas y, sobre todo, allí vivía Asta y así podría pasar más tiempo con él.
Quería a sus hermanos, verdaderamente lo hacía. Porque había aprendido a caminar a su lado, a dejar atrás las diferencias y a perdonarlos de corazón, pero su alma pertenecía a los Toros Negros. Solo esperaba que Nozel no se decepcionara al conocer sus intenciones.
—Te agradezco mucho que me sugirieras formar parte de las Águilas Plateadas. Ha sido una forma preciosa de acercarme a vosotros, a mis raíces, a mamá… Y llegó justo en el momento en el que más lo necesitaba, de hecho. He aprendido mucho sobre mí, sobre vosotros, sobre cómo gestionar una orden. Todo gracias a ti principalmente. Pero los Toros Negros me hacen mucha falta. Vosotros sois mi familia, pero ellos también. Y sinceramente, creo que deberías darle la oportunidad a Nebra o a Solid para el puesto de vicecapitán. Conocen la orden mejor que yo y sé que lo harán muy bien.
Nozel, tras algunos segundos en los que se quedó callado y serio, suspiró y sonrió tenuemente. Noelle hablaba incluso como su madre. Había madurado, había crecido y se sentía orgulloso de que hubiese formado parte de la misma orden que él y de poder haberle enseñado algo, por mínimo que fuera.
—Esta siempre será tu casa, Noelle. Respetaré tu decisión, sea cual sea.
—Gracias. De todas formas, tengo que hablar antes con el Capitán Yami.
—¿Crees que ese idiota desperdiciará la oportunidad de que vuelvas a formar parte de ese grupo tan… inusual?
Noelle sonrió. Se levantó y fue a abrazar a su hermano. Por fin tenía la relación con Nozel que tanto había anhelado. Eso le daba paz y felicidad, además de un orgullo increíble, porque sabía que su madre estaba viéndolos y que estaba contenta por la relación que habían conseguido enmendar.
—Muchas gracias por todo, de verdad.
—Ya sabes que siempre puedes contar conmigo, ¿verdad? ¿No hay nada más que me quieras contar?
Noelle volvió a sentarse justo enfrente de su hermano. Esa oportunidad era realmente buena para contarle de su relación con Asta. Sí, le asustaba un poco su reacción, pero Nozel había cambiado mucho en los últimos meses, así que no tenía de qué preocuparse.
—Nozel, yo… sé que te dije que Asta y yo solo éramos amigos, y de hecho, cuando te lo dije, solo éramos eso, pero… todo ha cambiado mucho entre nosotros y ahora… somos pareja, o eso creo…
No fue capaz de mirar a su hermano mayor mientras se lo contaba. Le daba vergüenza en el fondo. Habían pasado de prácticamente no hablarse a hablarle sobre sus relaciones interpersonales, así que era normal que experimentara esa sensación.
—Ya lo sabía.
Al escuchar aquella afirmación, la joven clavó su mirada rosácea en la de Nozel. Claro, él no era alguien que dijera las cosas de forma arbitraria, así que le había preguntado si no tenía algo más que contarle porque sabía que la respuesta era que sí.
—¿E-eh?
—No lo escondéis demasiado bien —argumentó el hombre ante la cara confusa de su hermana—. Os he visto varias veces. Os despedís de una forma muy efusiva.
Noelle enrojeció mientras encogía los hombros. Nozel los había visto en más de una ocasión besándose y abrazándose y no era de extrañar, porque se despedían siempre en la puerta principal de la base, pero igualmente le daba mucho apuro toda la situación. De repente, escuchó una breve risa. Miró a Nozel. Parecía bastante tranquilo.
—Si es lo que te hace feliz, te apoyaré —agregó y los ojos de Noelle se iluminaron—. Aunque es un campesino sin magia y…
La joven volvió a abrazarlo con fuerza, esta vez sin rodear el escritorio, simplemente lanzándose por encima del mueble.
—No lo estropees, por favor.
Finalmente, el Capitán de las Águilas Plateadas sonrió. Echaría mucho de menos a Noelle, pero entendía que debía tomar su propio camino de nuevo —como ya hizo con apenas quince años— y, si su felicidad era pertenecer a los Toros Negros y estar con ese chico, no sería él quien le pusiera trabas para conseguirla.
«Ahora sí, lo estoy haciendo mejor, mamá».
Tal y como le dijo a su hermano, Noelle se fue ese día a la base de los Toros Negros. Pasó todo el día con ellos. Todo volvía a su cauce y se sentía muy bien al comprobar que su vínculo se mantenía exactamente igual que el primer día.
Almorzaron juntos, entrenaron un rato y charlaron durante horas, hasta que se hizo de noche y Asta le sugirió a Noelle que fueran a su habitación para poder estar más rato juntos y, por fin, a solas.
Se tumbaron en la cama, uno junto al otro, mientras se abrazaban. Ya no parecía algo incómodo o raro, simplemente una situación habitual de dos personas que se querían y que aceptaban lo que estaba pasando entre ellos.
—¿Irás al festival? —preguntó Asta.
—Claro. Como todos, ¿no?
—Bueno… creo que nosotros sí, pero no estoy seguro de que el capitán vaya.
Asta recordó entonces la reacción de Yami cuando vio la carta en la que se informaba a las órdenes sobre el evento. La arrugó con fuerza y la tiró al suelo tras leerla. Fue Grey quien la recogió y se la enseñó a sus compañeros, que se extrañaron mucho al ver a Yami actuando así. Realmente, no había vuelto a ser el mismo desde que Dark Blood desapareció por completo. Y se suponía que estaría más animado, más contento, pero fue todo lo contrario.
Además, la Capitana Charlotte no había vuelto a aparecer por allí. Asta pensó que tendrían sus diferencias por la forma en la que ella interrumpió el combate de Yami y el líder de la organización terrorista, pero debía haber algo más. Algo bastante profundo y doloroso para su capitán, pero que nadie se había atrevido a preguntar, porque todos sabían que molestar a Yami Sukehiro cuando estaba enfadado no era buena idea.
—Ni siquiera lo he visto hoy.
—Está en su cuarto normalmente. O en el jardín fumando. No habla mucho con nadie y creemos que lo mejor es no molestarlo.
—Bueno, pero al menos vosotros podríais ir, ¿no?
—Sí, supongo.
Noelle se movió un poco para mirarlo. Agarró su cintura y lo estrechó contra ella. Como se veía algo desanimado, pensó que era buena idea contarle buenas noticias.
—¿Sabes qué?
—¿Qué?
—Voy a volver a los Toros Negros.
Asta se quedó un segundo en silencio, como sin creerse realmente la noticia, y después sonrió con alegría. Apretó a Noelle contra su cuerpo, escondiendo después el rostro en el hueco que formaba la unión de su cuello y su hombro. Tras algunos segundos, se separó un poco de ella para mirarla.
—Muchas gracias. De verdad que le haces mucha falta a este sitio.
—¿Y a ti?
—A mí también —susurró Asta y después sujetó las manos de la chica con las suyas y las llevó a su pecho.
Se alegró mucho de todo el camino que había recorrido hasta llegar a ese momento. El distanciamiento, la incertidumbre, la angustia que sintió cuando creyó que había perdido a Noelle o incluso los nervios propios del descubrimiento de sus sentimientos y de los primeros pasos que dieron juntos… todo, absolutamente todo aquello había merecido la pena, porque le había permitido darse cuenta de que no quería a nadie más junto a él que no fuera Noelle.
Estuvieron algunas horas más conversando, pero la chica terminó quedándose dormida. Le daba la espalda, así que él simplemente la abrazó por la cintura y escuchó su respiración tranquila durante un par de horas, hasta que despertó.
—Noelle… no quiero sonar demasiado precipitado. Te puedo asegurar que esto es una idea para el futuro, pero… cuando logre ser el Rey Mago, ¿te casarás conmigo?
Noelle, que estaba algo adormecida antes de escuchar esas palabras, abrió los ojos instantáneamente e incluso se le tensó el cuerpo. No, no esperaba escuchar algo así de su parte y mucho menos tan pronto, pero suponía que la intensidad de lo que sentían era lo que lo había impulsado a hacerle esa propuesta. Y ella quería contestarle con la misma potencia, quería que supiera que el amor que le profesaba era verdadero y que no tomaba en vano sus ideas para el futuro, para que compartieran su vida y su destino juntos.
Así que le estrechó la mano, que aún seguía posada en su cintura, y después se la llevó a la boca para besarla.
—Por supuesto que sí —le contestó rápidamente.
Hay veces en las que las cosas, la gente, las relaciones, tardan en llegar. Pero eso no significa que nunca lo vayan a hacer. Es importante siempre conocer cuáles son nuestros tiempos, adaptarnos y amoldarnos a ellos.
Noelle se alegraba infinitamente de haber esperado adecuadamente a tener su propio tiempo con Asta porque sabía que, a partir de ese momento, jamás volvería a sentirse sola.
Aurora terminó de recoger la sala. Fue a ducharse para quitarse el sudor del cuerpo y ponerse otra ropa. Comenzaba a hacer algo de calor. No sabía bien dónde estaba, pero parecía que la primavera apretaría fuerte ese año.
Tras desaparecer con Niels, fue él quien le indicó el lugar al que debían ir. Ella nunca había estado allí. Era una casa, que parecía propiedad de su familia, pero estaba abandonada. La adecentó un poco y se instalaron los dos solos. Se encargó de ir a por provisiones, de arreglar el baño y de hacer algunas reparaciones más para que pudieran vivir con una mínima confortabilidad.
Niels se encerró en un dormitorio y no la dejó pasar. No salía, no hablaba y apenas comía, aunque Aurora se encargaba de dejarle en la puerta una bandeja con agua y comida tres veces al día. Parecía que se seguía alimentando para sobrevivir y nada más.
Estaba muy preocupada por su situación y por su condición. Quería ayudarlo, pero poco podía hacer si él no la dejaba acercarse. Cada vez se cuestionaba más si había sido buena idea hacer aquel pacto con Charlotte Roselei. Sí, era cierto que quería proteger a Niels, pero también quería seguir adelante, tener una vida propia. Y sabía que, de esa manera, no lo lograría, así que estaba pensando en marcharse.
¿El inconveniente? No lo podría tener vigilado, y ese no era el trato que había hecho con la Capitana de las Rosas Azules. Ante todo, era leal y romper la promesa que le hizo no era algo propio de su personalidad.
Debería haberla convencido para que encerraran a Niels y no lo mataran, pero ya era tarde. A esas alturas, ni siquiera estaba segura de si seguía albergando en su corazón algún sentimiento por él que no fuera lástima o temor. Era muy duro ver cómo los días pasaban y él seguía sin mostrar ni un atisbo de humanidad. Pero claro, nunca lo había tenido, para empezar.
No podía continuar con esa situación, así que ese día sintió la necesidad de actuar. Entró en la habitación del hombre sin pedir permiso, aun sabiendo que eso lo haría enfurecer.
Observó la estancia. Tenía planos pegados en la pared, retratos, localizaciones, logos… Era una locura. No podía estar pasando algo así. Se le veía aún más obsesionado con Charlotte Roselei que antes incluso. Aurora se asustó. Vio a Niels levantándose y dirigiéndose hacia ella.
—Te dije que aquí no podías entrar… ¡Te lo advertí!
—Niels, yo…
—Tú has propiciado esto. Y te lo agradezco. Si no hubieras hecho ese pacto con Charlotte, Yami Sukehiro me habría matado. Es por ti que ahora puedo vengarme. Es por ti que conseguiré por fin todo lo que me propuse. Gracias, Aurora.
La mujer se quedó mirándolo. Sus ojos verdes rebosaban locura más que nunca. Se le veía pálido, más delgado y cansado. Le dio mucho miedo verlo así y pensar en cuáles serían sus siguientes pasos y qué haría con ella.
—Debes parar, Niels. Te conseguí una segunda oportunidad para que vivieras, no para esto.
—Esta es mi vida. No tengo otro propósito. Charlotte Roselei será mía y para eso sabes bien lo que haré.
Aurora miró hacia la cama del hombre. Había varios inhibidores del ki, una jeringuilla con el líquido paralizante y la nueva sustancia desarrollada por ella misma y su equipo, y que permitía suprimir el poder mágico durante horas. Supo enseguida cuáles serían sus próximos movimientos y dirigidos hacia quién.
—Dark Blood aún tiene una batalla que librar.
Los días pasaban con una velocidad vertiginosa para el mundo entero, pero no para Charlotte, que sentía el fracaso sobre sus hombros cada vez de forma más intensa. Aunque para el reino en general fuera la triunfadora, la capitana talentosa y astuta que había conseguido librarlos de una gran amenaza con su fuerza e intelecto, ella se sentía como si fuera todo lo contrario.
Daba igual si la elogiaban, si la consideraban como alguien brillante, porque había una persona que no pensaba eso sobre ella. Alguien a quien había defraudado profundamente y con quien no tenía ningún tipo de comunicación desde hacía demasiados días, semanas… quién sabía. No se había detenido a contarlo.
Aún recordaba las palabras de Yami. La forma en la que le expresó que le había hecho daño. Y dolía. Dolía su indiferencia también. Pensaba que, cuando Dark Blood fuera desmantelada, podrían estar juntos por fin. Sin esconderse de nadie, sin rendirle cuentas a nadie, sin estar pendientes de quién los veía, pero se equivocó. Y sabía que una buena parte de la situación era su culpa, pero tampoco se sentía con derecho de ir a buscar a Yami. De todas formas y aunque no le gustara admitirlo, él tenía razón. A Charlotte le costaba mucho pedir perdón. Probablemente, se debía a que nunca había tenido demasiadas interacciones sociales en su vida. Cuando era pequeña, no tenía amigos, sus padres la miraban desde lejos, pero nunca estaban a su lado realmente y su carrera profesional siempre fue brillante, más aún cuando se convirtió en capitana, así que no acostumbraba a retractarse de sus errores.
Tampoco había tenido pareja nunca. No sabía si Yami y ella habían sido pareja en sí, pero era algo similar al menos. En cualquier caso, no sabía cómo debía actuar en esas circunstancias. Sin embargo, también tenía claro que no quería perderlo. Si había sido capaz de verbalizar sentimientos que jamás se imaginó a sí misma diciendo, también tenía que aprender a expresar arrepentimiento.
Cuando era más joven, solía pensar que era una persona que no quería ser. Eso cambió con el tiempo, porque se dio cuenta de que ella era así, y de que debía aceptarse a sí misma en todos sus sentidos y dimensiones, porque al fin y al cabo, ese era su cuerpo, su mente, su corazón… esa era ella y tenía que vivir consigo misma durante toda su existencia, así que era mejor quererse un poco más, aunque siempre intentaba mejorar en la medida de lo posible.
Tal vez, ese era el momento de seguir mejorando también.
—¿Va todo bien?
Charlotte se giró para mirar a Mirai, que se había sentado en el jardín, justo al lado de ella. No le gustaba ni mentir a los demás ni preocuparlos, así que le no contestó a la pregunta, porque no podía garantizar las dos situaciones a la vez.
—¿Quieres té?
—No, gracias. Capitana —dijo la chica después de carraspear—, ¿está todo listo para el festival?
Oh, sí, el dichoso festival. Era justo al día siguiente. No le apetecía ir en absoluto, pero era un evento organizado por el Rey Mago, así que le tocaba cumplir. Siempre lo había hecho. Todo por su rango, por su cargo, por su apellido, por el reino. ¿Cuándo iba a hacer algo por ella misma?
—Sí —contestó escueta.
Mirai sabía que no debería meterse demasiado en la vida privada de su superior más directa, pero no pudo evitarlo, porque realmente la admiraba y quería, así que decidió darle un consejo sin que ella se lo pidiera.
—Capitana, creo que hay algunas ocasiones en la vida en las que no se puede ser tan intransigente. Necesitas un poco de aire, ¿no crees? No vayas al festival. Ve a buscarlo a él.
Charlotte sonrió con algo de melancolía y después se apartó un mechón de pelo para posárselo detrás de la oreja, justo como Yami acostumbraba a hacerlo.
—Ojalá la vida fuese tan sencilla —profirió y después simplemente se levantó y se fue.
El día en el que se celebraba el Festival de las Estrellas para reconocer la valía de las órdenes del Reino del Trébol había llegado. En la base de los Toros Negros, Vanessa había organizado todo para que fueran espectaculares. Estaba segura de que esa noche recibirían muchos premios, así que se encargó de conseguir ropa y de peinar a todos, además de maquillar a las chicas.
Incluso tenía listo un traje para Yami, pero finalmente él declinó la oferta. No iría a al festival ese año, que había sido adelantado para celebrar la disolución de Dark Blood.
Se lo comunicó a sus chicos sin dejarles opción a réplica y después se fue a su habitación. Cuando escuchó que todos se fueron, salió al jardín trasero a fumar. Llevaba unos días en los que su consumo de tabaco había incrementado increíblemente, pero lo necesitaba.
Sabía que hablar cuando estaba enfadado no era buena idea, pero realmente pensaba lo que había dicho. No tenía sentido que Charlotte se hubiese enamorado de él. Eran como la contraparte del otro, no tenían demasiado en común y ni siquiera se habían llevado especialmente bien nunca.
Sin embargo, él la amaba, al igual que ella. Aunque con el orgullo de ambos de por medio, todo se complicaba mucho. La echaba de menos. Y podía sonar egoísta o un sinsentido, pero quería verla. Estaba seguro de que esa noche, sus chicas la habrían obligado a ponerse uno de esos vestidos pomposos y caros que ella odiaba, pero que le quedaban tan bien. Estaría guapísima, deslumbrante… y seguro que era la protagonista de la noche, pues no en vano había sido un factor fundamental para salvar al reino.
Se sentía orgulloso de lo que había logrado en el fondo. No solo había conseguido deshacerse de sus traumas y llegar a la meta de convertirse en una nueva versión de sí misma, sino que había mostrado inteligencia y responsabilidad a la hora de manejar la situación.
Pero eso era contraproducente con lo que él sentía. No, Yami no quería llevarse méritos en absoluto, pero no estaba tranquilo sabiendo que ese hombre estaba suelto, que no sabía dónde podría estar ni qué estaba planeando. Le daba miedo que Charlotte tuviera que pasar por algo así de nuevo, y esta vez, previsiblemente sola.
Tal vez ese era el error. Tal vez, empecinado como estaba en sentirse traicionado, no se había dado cuenta de que valía más lo que sentía por Charlotte. Valían más los besos tímidos que no se atreven a mostrarse, las caricias con manos delicadas sobre su espalda o el sentimiento tan grande de felicidad que experimentaba cuando la escuchaba decir que lo quería.
Necesitaba que supiera que él se sentía igual, así que se le ocurrió una idea. ¿Por qué no ir finalmente al Festival de las Estrellas sin avisar a nadie? Así, podría sorprenderla, podrían hablar, arreglar sus diferencias… y tal vez así dejase de prácticamente levitar por la base como si fuese un alma en pena.
Terminó de fumarse el cigarro, lo tiró al suelo para aplastarlo con la suela de su zapato y se metió las manos en los bolsillos mientras miraba la luna, que esa noche parecía brillar con especial intensidad.
Estaba decidido: iría a encontrarse con Charlotte. O eso pensó antes de sentir un pinchazo en el cuello y desplomarse contra el suelo. Esta vez, la toxina parecía mucho más potente, pues estaba incluso perdiendo la consciencia.
Justo antes de desmayarse por completo, Yami sonrió. Sabía que, si él era el objetivo, al menos Charlotte estaba a salvo.
Continuará...
Respuesta a los reviews anónimos:
yamichar: pues sí que se apachurra el corazón sabiendo que estos dos idiotas se quieren y no están juntos, pero es que los seres humanos somos así de complejos, desafortunadamente. Muchísimas gracias por tu comentario. De verdad que me hace muy feliz leer tus palabras y saber que la historia te gusta tanto. Me hace sentir que vale la pena escribir. Así que nada, aquí tienes el nuevo capítulo, un poco antes de lo que dije. Espero que lo disfrutes mucho. Mil gracias de nuevo. :)
Nota de la autora:
Quedan dos capítulos solo aaaaaaaaaaahhhhh. No sé cómo me voy a recuperar después de acabar esta historia, en serio. Es que le tengo tanto cariño y la voy a echar tanto de menos...
En fin, la he liado mucho, ¿no? Jajajaja a partir de ahora, cualquier cosa puede pasar. Hagan sus apuestas (?). No tengo mucho que comentar hoy, la verdad, solo que espero que estéis disfrutando mucho de esta recta final de la historia.
¡Nos leemos pronto!
