-Malditos-
Capítulo 18. Dar paso a la luz
Yami sintió una presión extraña en la garganta al escuchar aquella aseveración tan profunda y decidida saliendo directamente de los labios de Charlotte. Al principio, creyó que ni siquiera había escuchado bien, pero, tras unos segundos reflexionando sobre el significado de esas palabras, por fin vislumbró con totalidad lo que realmente querían decir.
El deseo sexual es algo inherente a muchos seres humanos, y él entraba de lleno en ese grupo. Querer a una persona tiene muchas capas, muchos elementos, momentos y dimensiones. Uno de aquellos mundos extraños y complejos era el del sexo. Y, en su caso, lo era por varios motivos.
En primer lugar, era un hombre treintañero con nula experiencia con mujeres que no fueran las efímeras caricias que había compartido con Charlotte. Pensó, en ese momento que, si no hubiese naufragado jamás y su vida se hubiera desarrollado en su país natal de forma predestinada y natural, probablemente ya estaría casado y hasta tendría hijos. Su madre habría sido muy feliz ante aquella noticia sin duda alguna. Pero nada se desarrolló de aquella forma. Finalmente, naufragó, se perdió, llegó a unas tierras extrañas y lejanas y no tuvo más remedio que permanecer allí ante la imposibilidad de volver a su hogar.
Sin embargo, lo extraño y lejano para los habitantes de aquel reino era él. Todo lo que hacía, lo que decía, cómo se movía o su magia. Absolutamente todo era un foco de incertidumbre, desconocimiento y lejanía, así que fueron personas contadas las que lo aceptaron como su igual. Y eso no solo se había producido durante algún tiempo tras su llegada, sino que llevaba siendo así durante más de quince años, en los que él incluso se había comprometido a defender la paz del nuevo lugar en el que estaba establecido.
Debido al rechazo constante que sufrió, Yami tampoco había tenido contacto alguno con mujeres, a no ser que fuera por temas de trabajo o que formaran parte de su escuadrón. Y sí, le gustaban y atraían, pero nunca había besado a una mujer, la había tocado, la había abrazado de forma íntima o había hecho el amor. Nada de eso había sucedido en su vida hasta que Charlotte había entrado en ella con una fuerza arrolladora, rompiendo muchos de sus esquemas y colocándose la primera en su escala de prioridades.
Por otro lado, estaba la situación personal de la mujer. Hasta hacía pocos meses, Charlotte ni siquiera toleraba que la tocara o el simple hecho de que estuviera cerca de ella. Había sido paciente como nunca en su vida y había logrado acercarse a ella muy lentamente. Pero todavía quedaban secuelas imborrables y le parecía extremadamente digno de admirar que alguien que no quería que la rozaran o que vieran su piel desnuda poco tiempo atrás fuera la que afirmara que quería dar ese paso.
La miró de nuevo. Había visto su rostro muchas veces, pero esta vez sus ojos tenían un destello extraño. Se concentró en su ki. Parecía un poco alterado, como si se encontrara algo nerviosa, pero no tenía las fluctuaciones propias del miedo. Parecía segura de lo que quería, aunque sabía que la situación era delicada y que él debía cerciorarse de que no lo hiciera por presión, sino por voluntad propia y verdadera.
—¿Estás segura de esto?
Charlotte lo abrazó con fuerza, posando su frente contra su pecho. Las manos las tenía apretadas en la tela de la camiseta blanca con tanto ahínco que pensó que no lo soltaría jamás. Asintió con ímpetu contra su cuerpo, pero se notaba que estaba avergonzada y demasiado nerviosa. Si no era el momento, sabría esperar. Ya lo había hecho antes y no le importaría volver a hacerlo si era para que ella estuviera bien.
—Charlotte, no es necesario si…
—No es porque sea necesario, es porque quiero hacerlo —dijo sin titubear mientras levantaba repentinamente el rostro para poder mirarlo de nuevo.
Sus ojos, normalmente insondables e indescifrables, derrochaban verdad y valentía. Le gustaba haber llegado a tal punto de confianza con ella para que su mirada ya no fuera solo hielo o apatía, sino que fuera capaz de transmitirle también lo que sentía o pensaba. Se sentía demasiado reconfortante para ser real. Pero lo era, así que no desperdiciaría la oportunidad. No volvería a hacerlo nunca más.
Yami sonrió afablemente. No era su típica mueca con la que se reía de todos o la sonrisa de superioridad que solía usar al dirigirse a los demás, sino el gesto más sincero que Charlotte había visto en su rostro en todos los años que llevaba conociéndolo.
La besó despacio, trazando un camino desde su boca hasta su cuello con sus labios y su lengua, pasando antes por su mejilla y el lóbulo de su oreja. La oyó suspirar con placer y le abrazó la cintura para sentirla más cerca.
Tras algunos minutos besándose, Charlotte cortó el contacto y se separó de él. Yami, un poco aturdido por su actuar, se quedó observando cuáles serían sus siguientes movimientos.
Suspiró algo nerviosa. Antes de lo que ocurrió con Dark Blood, había pensado en una infinidad de ocasiones en ese preciso momento, pero se sentía algo aletargada, con la inseguridad carcomiendo sus entrañas y la inexperiencia presionándola con insistencia.
Sin embargo, no quería seguir siendo débil ni cobarde. Quería ser quien era. Quería ser capaz de expresarse libremente, de hacer lo que le apeteciera en el momento que considerara más oportuno, y sabía que ese era el camino. Lo estaba haciendo bien, así que no tenía sentido echarse atrás o arrepentirse de llevar a cabo actos que su corazón, sus huesos, su alma entera, anhelaban.
Comenzó a desnudarse. Primero, se quitó la falda negra y larga que llevaba ese día puesta. Después, la dejó a un lado, se quitó los zapatos y las medias de forma lenta, casi tortuosa para Yami, quien ya sentía de forma intensa la excitación recorriendo cada parte de su cuerpo.
Llegó a la blusa, la prenda en la que probablemente más problemas podría tener, pero también se despojó de ella, dejándola en el suelo junto a las demás. La ropa interior se la quitó mirando hacia el suelo. Sin embargo, sabía que aquello no tenía demasiado sentido, así que, estando ya completamente desnuda, alzó la vista de forma algo seria, como declarando «esto es lo que soy». Los dedos de las manos le temblaban ligeramente, así que los entrelazó y se colocó las extremidades encima del vientre.
Yami la miraba medio embelesado, sin creerse del todo que una mujer tan perfecta estuviese justo ahí, enfrente de él y en esas condiciones. Sonrió con orgullo de forma involuntaria, aunque después se arrepintió un poco porque no quería que se sintiera incómoda, y sabía que un gesto así podría provocar una situación algo rara y difícil de atajar.
Sin embargo, nada de aquello sucedió. Por el contrario, Charlotte imitó su gesto de forma genuina, así que decidió apresurarse. Se desnudó de una manera mucho más rápida y se acercó a ella para volver a besarla, sin dejarle demasiado tiempo de asimilar la desnudez de un hombre de forma directa.
No sabía si era por ser la primera vez que la veía, pero le había resultado un poco brusca, sin duda, alejada de la delicadeza que cualquier cuerpo femenino tenía. Aunque no era algo que le importara o le disgustara lo más mínimo, así que decidió ignorarlo.
Yami se quedó mirando la marca de su pecho izquierdo y, tras unos segundos, la besó. Porque no la repudiaba ni la repelía ni tenía sentimientos negativos hacia ella. Era parte de Charlotte, y la aceptaba y la amaba de la misma forma que hacía con toda ella en su conjunto y complejidad. La continuó besando de una forma tan cuidadosa que la mujer se emocionó notablemente, así que lo estrechó, presionando ligeramente su nuca, contra su cuerpo con cariño.
Se agachó un poco más y deslizó su lengua por el pecho de la mujer hasta llegar a su pezón. Lo besó y lamió con cautela mientras le sujetaba la espalda y Charlotte se mordía el labio inferior para no gemir en un tono demasiado alto.
Se incorporó y volvió a besar sus labios. Quería hacerlo todo lo más despacio posible para no alterarla, pero parecía que esa dinámica no estaba en los planes de ella, que empezó a bajar su mano, acariciando su abdomen y su pubis, hasta llegar a su miembro para tocarlo.
Se estremeció al sentir su mano, ligeramente fría, proporcionándole ese tipo de atenciones. Los movimientos fueron al principio algo torpes, pero pronto, sobre todo tras sentir los jadeos pesados sobre sus labios, Charlotte logró alcanzar un ritmo que le resultó demasiado placentero como para poder aguantarlo por demasiado tiempo. Así que sujetó su muñeca con la rudeza de su mano, instándola a que se detuviera.
Se volvieron a besar, se abrazaron con intensidad desbocada, y Yami la condujo hacia la cama, donde la tumbó. Los muelles sonaron ligeramente al recibir su peso. No era el lugar más idílico para la primera vez que todo el mundo tiene en su mente y seguramente no sería tan perfecto y placentero como se había imaginado, pero eso a Charlotte no le importaba demasiado. Con el tiempo, había aprendido a dejar de romantizar absolutamente todo lo que tuviera que ver con las relaciones amorosas, también cuando se trataba del terreno más íntimo. Lo único que le importaba era que se estaba sintiendo bien, cómoda; que las caricias, los sonidos, las respiraciones agitadas y los roces en zonas de su cuerpo que nunca había mostrado a nadie le estaban resultando agradables y no nauseabundos, como podría haberle sucedido en el pasado, cuando todo en su cabeza y en su corazón estaba hecho una maraña de inseguridad, miedo y decepción.
Lo vio entonces subiendo a la cama, poniéndose de rodillas al lado de sus piernas, para después colarse en medio. Cuando él se agachó y sintió las caricias de su lengua en el centro mismo de su cuerpo, ahí donde todo el placer se acumulaba por completo, colocó sus manos en su cabeza, enredando después sus dedos en los mechones recios de su cabello negro.
Se sentía como si su alma estuviera alejada de su cuerpo. El vello de la nuca se le erizó y el propósito de contener los gemidos se fue haciendo cada vez más difícil, porque Yami, intentando encontrar la forma de hacerlo bien, iba mejorando cada vez más. De un momento a otro, Charlotte sintió unas contracciones extrañas en su interior, las piernas le temblaron y su espalda se arqueó ligeramente y casi de forma involuntaria. Al darse cuenta, Yami se detuvo y se colocó encima de ella completamente, la besó y le acarició el rostro, esperando que se calmara para continuar. Después, introdujo un par de dedos en su interior para comprobar que estuviera lista. Quería que aquella experiencia fuera lo mejor posible para los dos, así que haría todo lo que estuviera en su mano para lograrlo.
Sujetó su cadera, se acopló bien entre sus piernas flexionadas y, justo cuando iba a concretar la unión, Charlotte empujó suavemente su hombro.
—Espera.
—¿No quieres seguir? —preguntó el hombre con comprensión.
A pesar de haber llegado tan lejos, de las señales que su cuerpo le daba, diciéndole que le estaba gustando, y de que había sido un avance enorme entre ambos, lo comprendería si quería que la situación se quedara en eso solamente.
Sin embargo, Charlotte se sentó en la cama, le hizo unas señas para que se tumbara y, cuando lo hizo, se colocó encima de él, sentándose sobre sus piernas. Fue un gesto algo tímido, pero que a Yami le pareció realmente adorable.
—Quiero estar arriba para… controlarlo yo.
Yami asintió, posando después sus manos en sus muslos. Fue Charlotte la que se encargó de unir ambos cuerpos. Tras hacerlo, cerró los ojos y frunció ligeramente el ceño. Inmediatamente después, miró hacia el techo de la habitación, pero volvió a observar directamente a Yami cuando escuchó su voz llena de cautela y con ligeros tintes de preocupación.
—¿Estás bien?
Charlotte se tumbó completamente sobre su cuerpo, apoyando sus senos contra el pecho del hombre, mientras sentía sus caricias moviéndose desde sus muslos hasta sus glúteos, para finalizar en su perlada espalda.
—Nunca en mi vida he estado mejor —susurró sobre sus labios tibios para después besarlo.
Él, como respuesta, apartó un mechón de cabello de su mejilla, lo llevó hacia la parte lateral de su cabeza y dejó allí la mano mientras la acariciaba y la seguía besando. Los movimientos, entonces, comenzaron de forma pausada y algo torpe.
—Charlotte —musitó Yami mientras se separaban para tomar aire y continuaba el vaivén de sus cuerpos—, te quiero.
—Lo sé —contestó ella con simpleza.
Sabía que Yami era un hombre de pocas palabras y tenía en mente que probablemente, ahora que habían decidido que querían estar juntos para siempre, no lo oiría profiriendo esa frase de forma asidua. Por lo tanto, quería que supiera que era más que conocedora de sus sentimientos y que no necesitaba que se lo dijera todos los días, que cambiara esa parte de su forma de ser, porque lo aceptaba completamente.
Porque no valen de nada mil palabras vacías si no hay hechos que las verifiquen. Y Charlotte tendría en su mente, grabado por siempre, todo lo que Yami había sido capaz de hacer por ella.
Sintió las yemas de sus dedos posándose sobre la piel desnuda de su brazo y comenzó a despertar. Su consciencia se encendió, pero no quiso abrir los ojos. No aún. Recordó dónde estaba y por qué. Se aferró al abrazo que llevaba compartiendo desde que todo acabó y se quedó dormida.
Se revolvió ligeramente dentro de las sábanas. Cruzó su brazo por la cintura de Yami y se movió un poco para poner su cabeza en su pecho. Él simplemente le abrazó la espalda en silencio.
—Lo siento, me he dormido —dijo mientras abría por fin los ojos.
—No te preocupes —le contestó él, acariciándole después el pelo.
Cuando el acto concluyó, Charlotte simplemente se tumbó a su lado y acabó durmiéndose al poco rato. Se la notaba cansada, probablemente porque en las últimas semanas había tenido que lidiar con mucho estrés. Así que él no se movió ni un ápice de la cama, se quedó simplemente allí tumbado, observando cómo dormía y pensando.
No había habido otro intercambio de palabras más que aquella declaración de sentimientos por parte de Yami y de la que Charlotte era más que consciente. Después, todo silencio fue opacado por el choque de los cuerpos, la fricción y el roce continuado de sus pieles, y los gemidos quebrados y silenciosos que no querían materializarse por completo y que se perdieron entre las cuatro paredes de la habitación del Capitán de los Toros Negros.
Yami nunca se había sentido así. Probablemente, la palabra que lo describiera era la felicidad, pero no tenía ganas de pararse a atribuir conceptos a sus emociones. Solo sabía que todo había sido como tenía que ser, que las cosas simplemente habían seguido su curso después de torcerse por demasiado tiempo, y eso estaba bien.
Tras compartir un rato más de silencio, Charlotte volteó el rostro hacia el suyo. Se alzó un poco sobre sí misma y lo besó para luego quedarse mirándolo. Parecía que estaba en paz. Y ella, estaba completamente segura, tenía ese semblante en su cara después de mucho tiempo sin encontrar el rumbo que su vida debía llevar.
Finalmente, lo había conseguido. No, ya no era la misma Charlotte de siempre. Nunca lo volvería a ser en realidad. Pero ser una Charlotte renovada, más empática y abierta con sus sentimientos, que trataba de ser un poco más expresiva, y lograr convertirse en una persona que siempre deseó era muy gratificante.
Tenía muchos planes con Yami. Tantos, que no sabía por dónde empezar. Pero tocaba ser paciente. Tenían que construir unos cimientos sólidos en su relación para que no se desmoronara de nuevo. Los dos debían poner de su parte para conseguirlo. Sabía que con mentiras piadosas o sin intentar que el diálogo fuera el eje central de la relación, no llegarían a ningún lado. Y no quería volver a sentir aquella sensación de ahogo estando lejos de él otra vez.
—Mi madre solía decirme que nunca iba a encontrar a una mujer que me aguantara con mi actitud. Si te viera a mi lado, se sorprendería mucho.
—No digas eso.
—Pero es verdad. No solo por mi carácter, sino que ver a alguien así le impactaría mucho. Creo.
—¿Así? —preguntó con curiosidad.
—En mi tierra natal, no existe la gente con ojos azules ni pelo rubio. Todos tenemos las mismas características que yo, más o menos. La primera vez que lo vi, me asombró mucho.
—Me imagino —dijo y, aprovechando que hablaban abiertamente sobre su relación, decidió preguntar algo más—. Oye… ¿crees que Lord Julius sabe de lo nuestro? Desde hace un tiempo, cuando nos vemos a solas, me pregunta mucho por ti.
—Lo sabe —confirmó.
—¿Se lo has dicho tú?
—No, pero nos vio besándonos en una de las terrazas del palacio. ¿Te molesta que lo sepa?
—No —negó con rotundidad. Si quería estar con Yami, debía aceptarlo delante de todos, y eso no era algo que ya le importara—. De todas formas, tarde o temprano tendrías que habérselo contado.
Yami se rio ligeramente. La verdad era que habría querido contárselo él mismo y ver su cara de sorpresa. Claro que lo que él no sabía era que Julius jamás se habría sorprendido por una noticia así, pues fue la primera persona que se dio cuenta de que existía mucho más que una relación de compañeros entre ambos capitanes.
Obvió su conversación completa porque no quería mencionarle a Charlotte ni el tema del matrimonio ni de los hijos. Apenas estaban empezando a estar juntos formalmente, así que no quería ni agobiarse ni agobiarla a ella tampoco.
—Sí. Me habría gustado.
Se callaron de nuevo unos instantes, pero pronto Charlotte habló, porque llevaba mucho tiempo queriendo decirle una simple palabra, que creía que era muy necesaria para expresarle toda la importancia que había tenido en el proceso para que sanara de forma completa.
—Yami… Gracias.
—¿Gracias? ¿Por qué? Tú has hecho todo esto sola. Yo solo he sido en ocasiones un adorno y en otras un estorbo —agregó, sabiendo perfectamente a lo que ella se refería.
Charlotte sonrió mientras le acariciaba el mentón. Sabía que le llevaría la contraria porque era algo que le encantaba hacer, pero al menos ya había dicho lo que quería y pensaba. Sin él a su lado, no habría sido capaz jamás de salir de aquella oscuridad que la tuvo apagada, confundida y distinta durante tanto tiempo.
Lo abrazó de nuevo, lo besó, rozando la lengua por la comisura de sus labios, y Yami simplemente se movió para colocarse encima suya, subió sus piernas hasta su cintura mientras se ponía de rodillas, con el torso flexionado para poder alcanzar sus labios, y la miró con un tinte de lujuria adornando sus ojos oscuros.
—¿Sabes? Creo que podríamos seguir practicando lo que hemos hecho hace un rato. Ha estado muy bien.
Charlotte se rio muy quedamente, afianzó el agarre de sus piernas contra su cuerpo y le abrazó la espalda.
—Me encantaría.
Los meses se fueron sucediendo rápido. Yami y Charlotte les contaron a todos que estaban juntos, aunque no fue una gran sorpresa para muchos. Más que nada, se creó una especie de revuelo absurdo en el círculo de la nobleza y poco más.
Por su parte, Noelle volvió a los Toros Negros. Después de la aprobación de su relación con Asta por parte de Nozel, decidieron que tampoco iban a esconderse más. Y tras tener que soportar una decena de comentarios y bromas diarios por parte de sus compañeros de escuadrón, la situación acabó por normalizarse.
La relación con sus hermanos seguía avanzando. Ya incluso Solid tenía conversaciones medianamente normales con ella, iba una vez a la semana a visitarlos a la base de las Águilas Plateadas y hasta parecían una familia como cualquiera.
Se sentía feliz. Su vida había sido una especie de montaña rusa en los últimos tiempos, pero sentir la normalidad, la paz, el sosiego de aquellos momentos tranquilos le había dado mucha estabilidad a su alma y a su consciencia, porque sabía que su madre estaba orgullosa de la vida que estaba teniendo.
Además, las cosas entre Asta y ella iban muy bien. Sus avances eran algo lentos, pero ahí estaban, y se alegraba mucho de haber sido capaz de confesarle lo que sentía y de darle su espacio para asentar las ideas y el tiempo necesario para que le respondiera.
Estaba segura de que todos esos factores habían llevado al chico a darse cuenta de que la quería, así que, aunque lo había pasado bastante mal pensando en el distanciamiento y en el rechazo, no se arrepentía de nada.
Miró el atardecer. Pronto se haría de noche, pero ahí estaba, en el tejado de la base porque Yami la había citado para que se vieran. Supuestamente, quería comentarle algo. Pero bien sabía que su capitán no destacaba por su puntualidad, así que allí seguía esperando.
Pasaron diez minutos más y, por fin, Yami llegó. Se sentó a su lado en silencio, sacó un cigarrillo del bolsillo, lo encendió y empezó a fumar. Noelle tosió ligeramente y pensó incluso en reprocharle, pero enseguida la idea abandonó su mente. Sí, el olor a tabaco le molestaba mucho, pero siempre sería un distintivo de su hogar, así que, al menos por ese día, lo toleraría.
—Te preguntarás por qué te he pedido que vengas.
—Sí.
—Bueno, quiero hacerte un anuncio.
¿Un anuncio? Eso era bastante inusual. Noelle compuso un gesto algo confuso, pero mantuvo el silencio para dejar que su capitán aclarase la situación.
—A partir de hoy, eres la vicecapitana de los Toros Negros.
Noelle abrió los ojos con desmesura, después la boca de forma involuntaria, y la cerró sin haber sido capaz de decir nada. Se levantó, aun a riesgo de caerse debido a la superficie inestable del tejado, y miró de forma disgustada a Yami, que simplemente sonrió con diversión.
—¡¿Cómo es eso?! ¡¿Qué pasa con Asta?!
Yami largó una carcajada mientras el humo del tabaco salía de su boca.
—Vamos, siéntate.
Noelle, tras algunos segundos de indignación, le hizo caso. Pero seguía con el gesto enfadado, así que Yami le posó la mano encima de la cabeza con cariño. Esa chica había progresado demasiado últimamente. Podía presumir con completa seguridad de tener a una de las mejores guerreras del Reino del Trébol en su orden de maleantes e inútiles, y eso hacía que se sintiera tremendamente orgulloso.
—Tanto Asta como tú vais a ser los nuevos vicecapitanes de la orden. Quiero que trabajéis juntos a partir de ahora. Estoy seguro de que lo haréis muy bien.
—¿Eso… se puede hacer? —cuestionó la joven de forma desconfiada.
—Sí. Se lo he consultado a Julius.
Noelle cambió su gesto de asombro por uno de felicidad. Después, se sonrojó levemente. Era muy importante para ella sentir la confianza de su capitán. Y no solo porque era su superior, sino porque lo sentía como si fuera su propio padre.
—Muchísimas gracias, capitán. Te aseguro que estaré a la altura.
Yami cortó aquel gesto cariñoso y continuó fumando. No quería tener preferencias con nadie, pero sentía que contarle a Noelle sobre los nuevos acontecimientos de su vida sería algo muy bueno.
—Lo sé —afirmó tranquilo para continuar hablando—. Noelle, si hago esto es porque quiero que la orden esté en buenas manos siempre. Para que, cuando las nuevas generaciones lleguen, podáis transmitirles el espíritu de los Toros Negros, aunque… no siempre sea el mejor.
—¿Nuevas generaciones?
Yami apagó el cigarro, echó el último resquicio de humo por la boca y después la miró con gesto afable.
—Charlotte está embarazada.
Ella, al principio, no supo cómo reaccionar. Nunca se imaginó que Yami Sukehiro sería padre, aun siendo su referente paternal más directo. Sin embargo, aquella noticia la llenó de dicha. Ese bebé iba a ser como parte de su familia. Era algo verdaderamente precioso.
—¿En serio, capitán? —le preguntó alegre y Yami asintió—. ¡Enhorabuena! Es algo maravilloso. Estoy muy contenta, de verdad.
Yami asintió otra vez. Él también lo estaba. Jamás en su ruta de vida se había planteado ser padre, pero ahora que estaba sucediendo, era consciente de que iba a ser, junto a Charlotte y sus idiotas, lo mejor que le iba a pasar en la vida.
—Deberías contárselo a los demás, ¿no?
—Sí. Charlotte viene pronto. Reúnelos a todos en la sala. Yo iré dentro de un rato, ¿de acuerdo?
Noelle sonrió, asintió con energía y se marchó, y Yami, envuelto en su pacífica soledad, decidió fumarse otro cigarro, porque sabía bien que el consumo de tabaco por su parte iba a menguar mucho a partir de ese momento.
El día anterior, Charlotte le había dicho, a solas y en su despacho, que iban a ser padres. Desde hacía poco tiempo, sentía su ki extraño, como distorsionado o duplicado, y no entendía por qué, pero no llegó a comentárselo. Supuso que ella simplemente notó una falta en su periodo y fue a buscar a Owen, quien le confirmó su embarazo.
Además, la notó muy nerviosa, medio asustada, pero terriblemente emocionada. Y toda esa emoción y la magnitud de aquel hecho y de saber cuánto le iba a cambiar la vida hizo que simplemente la abrazara en silencio. Ella, mucho más tranquila por su buena reacción, le devolvió el gesto, susurrándole después que nunca antes había sido tan feliz.
Tanto la maldición de Charlotte durante su niñez y adolescencia como de la que fueron víctima los dos juntos habían sido totalmente rotas. Y ahora que el pasado lúgubre y las tinieblas más profundas por fin se habían esfumado por completo, solo quedaba darle paso a la luz.
FIN
Córdoba (España), 7 de marzo de 2022.
Nota de la autora:
Así se cierra el círculo y esta historia acaba exactamente como empezó: con una conversación entre Yami y Noelle.
Oficialmente, se ha acabado Malditos. Como he dicho al final y en el título del capítulo, hay que "dar paso a la luz". Esto tiene varias interpretaciones. La primera: que se viene Hikari. Todos los que hayáis leído mis historias, sabéis que Hikari es un OC que creé para ser la primera hija de Yami y Charlotte. Y su nombre, literalmente, significa 'luz' en japonés. La otra interpretación es la luz que por fin consigue alcanzar Charlotte después de este viaje en el que ha sufrido tanto, pero todo tiene su explicación. Vendrá más adelante. Por cierto, esta nota va a ser larga, así que si no estás interesado puedes saltártela, aunque debo decir que voy a comentar algunos proyectos futuros.
En primer lugar, me gustaría comentar algo relacionado con la historia. La trama de este fic está en mi cabeza desde junio/julio de 2020. Por distintas circunstancias, no empecé a escribirlo hasta febrero del año pasado. En ese momento, yo estaba pasándolo muy mal por motivos personales. Y no sé si fue casualidad o qué, pero recrear un trauma en un personaje e ir describiendo su evolución me ha hecho mucho bien. Puedo decir que yo también estoy mejor actualmente y, sin duda alguna, gran parte de esa mejora ha sido gracias a escribir esta historia. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero me he dado cuenta, releyendo algunas partes de la historia para que el final fuera más completo, de que he volcado mucho de lo que yo soy en Charlotte. Así que siento si en algún momento quedó ooc. Supongo que los autores no podemos simplemente desprendernos de lo que somos y de nuestras vidas, así que algo siempre queda reflejado en lo que escribimos, aunque creamos que no.
Este es el fic más largo que he escrito hasta la fecha y del que me siento más orgullosa. Creo que en general y aun siendo consciente de los errores, la narrativa de la historia es uniforme y el propósito de la misma se ha cumplido. Lo único que me deja algo insatisfecha es el villano, porque siento como que le falta algo, y el hecho de que soy incapaz de escribir escenas de batallas. Será un punto que mejorar en el futuro.
Sobre la relación de Asta y Noelle, tengo que confesar que no me esperaba desarrollarla tanto, pero como apareció mucha gente a la que le gustaba el astelle en la historia y se me iban ocurriendo escenas que no parecían forzadas, lo hice. Y me ha gustado mucho el resultado. Mira que yo me quejaba de que no sabía hacer un slow-burn con ellos y al final lo he logrado jajaja.
También tengo que decir que me ha gustado tratar el tema de los abusos sexuales a las mujeres y cómo lo afrontan. Yo soy una mujer, así que hablo de temas de mujeres, como creo que es lógico. Lo he intentado hacer desde el máximo respeto posible e informándome siempre. Por eso quería acabar la historia con una escena de sexo. No, no es algo arbitrario, sino que representa la superación del daño. Hay muchas mujeres que no son capaces de mantener relaciones sexuales con nadie después de sufrir abusos, así que es como una forma de cerrar definitivamente la herida. De demostrar que Charlotte se acepta con sus cargas y sus manchas. Ese es el motivo por el cual este capítulo es uno de los primeros que estaba en mi mente.
He intentado que la escena sexual sea lo más creíble y realista posible, porque no me gusta escribir escenas superexplícitas y que rozan lo pornográfico y porque sé que esta historia la leen adolescentes. ¿Que me gusta? Pues no, pero cada uno es libre de consumir el contenido que quiera y yo no tengo tiempo ni ganas de ir persiguiendo a menores de edad para censurarlos y que no lean contenido adulto. Debemos ser consecuentes, como dije en la advertencia previa de la historia. Espero que al menos os quedéis con una idea de cómo es el sexo real. Y si sois menores, os agradezco por siempre que no me digáis vuestra edad xd.
Como proyectos para el futuro, tengo que decir que tengo dos, sobre todo. Un astelle que será universo alterno y que se llamará AD ASTRA y un yamichar, en el que aparecerán mis OCs y bastante, y que se llamará Presunción de inocencia. Por supuesto, drama a montones, aviso. Pero no voy a empezar con ninguno de los dos ahora. Principalmente, porque serializar un long-fic agota mucho. Tened en cuenta que llevo más de un año haciendo esta historia y que quiero descansar un poco. No es que vaya a dejar de escribir, sino que me quiero centrar en historias cortas, en experiencias nuevas, pero que quede claro que aquí va a haber contenido de Black Clover para rato. Eso seguro. Además, tengo que ahorrar porque quiero encargar una portada para uno de los fics a una artista que me encanta y soy pobre jajajaja.
Bueno y por último, solo me queda dar las gracias. A todos los que habéis leído y seguido la historia, a los que la comenzaron y se fueron, a los que estaban desde el principio y a los que se incorporaron después; a los que la leerán en el futuro. Gracias por compartir un pedacito de vuestro valioso tiempo conmigo. Por supuesto, mención especial para la gente que comenta, que es la que verdaderamente hace que los escritores, sin más ánimo que las opiniones ajenas, sigamos haciendo lo que nos gusta. Gracias especialmente a Bea, que me alentó como nadie con la historia, a Ari, que me hizo la preciosa portada de forma completamente altruista, y a mi novio, porque no se acordará y de hecho nunca va a leer esto, pero fue él a quien se le ocurrió el nombre de Dark Blood, además de que me apoya en absolutamente todo lo que hago. ¡Oh!, y por supuesto, no me quiero ir sin mencionar a la gente que lee esta historia y hasta me deja comentarios sin que el español sea su lengua materna. Desde ya me disculpo por la traducción tan mala que debe hacer Google Translate y valoro infinitamente que aun así leáis mis historias. Gracias a todos y todas los que habéis formado parte de Malditos. Estaré eternamente agradecida por vuestro amor, apoyo, comprensión y compañía a lo largo de este año y un mes que hemos estado juntos.
¡Espero veros en próximos proyectos! Y que, al menos, haya dejado una huella pequeñita en algún lugar de vuestro corazón. Por mi parte, Malditos siempre será una historia sumamente especial, pues la recordaré como la historia que me ayudó, también a mí, a sanar.
Muchísimas gracias, de todo corazón.
