Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.
Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D
Palabras: 497.
Hojas en Blanco
VI
Tal vez era la reminiscencia de la furia anterior o, pensándolo mejor, el poder que ella ejercía sobre él. Cual fuera la respuesta, lo encontró confesándole lo que celosamente guardaba y temía:
—Cuando un demonio encuentra a su otra mitad, la reclama para sí. Es un ritual antigüo. La suelda a él.
—¿La suelda?
—La reclama suya. Se vuelve su hembra... por siempre.
«Oh, es algo trascendental», pensó Kagome, sin intuir cómo continuar. Sabía que el divorcio entre los humanos no existía en aquella época, pero jamás imaginó que los yōkais tuvieran algo semejante.
—Es como el matrimonio humano.
Lo escuchó reír, con esa risa ronca que tanto la había enamorado.
—No tiene nada que ver con un matrimonio humano —aclaró, mirando el estanque frente a él y deseando que ella no saliese huyendo apenas le soltara la información—. Los humanos engañan a pesar de estar unidos, éso no pasa cuando los demonios encuentran a su compañero, a su shirushi.
—¿No?
—No. Tú serás mía y yo será tuyo hasta el final de nuestras vidas.
Sonaba tan profundo y sustancial. Era como unir dos almas a perpetuidad. Contra todo pronóstico, lo deseaba. Anhelaba con todo su ser saberlo suyo y saberse de él. Era un sentimiento que le erizaba la piel.
Kagome pensó que ya era suficiente de estar escondida tras su espalda. Si iban a hablar de ésto, de algo que modificaría sus vidas, tenían que hacerlo cara a cara. Así que lo soltó, y rodeó el cuerpo del hombre hasta posarse frente a él. Le sujetó el rostro y amó el ligero toque de rojo en las mejillas del hanyō.
—Quiero estar contigo, vivir contigo —susurró, sonriéndole—, y si también debo unirme a tí bajo la tradición yōkai para demostrarlo, lo haré.
—Kagome...
—Quiero ser tu shirushi.
La determinación en los ojos femeninos lo desarmó. Su parte primitiva, aquella que Tessaiga mantenía sellada, pujaba por salir. Su yōkai sabía que ella quería ser reclamada. ¡Se lo gritó, prácticamente!
Someter a la hembra deseada era un hito en la vida demoníaca. Algo que sucedía sólo una vez.
Se clavó las garras en las palmas tratando de controlarse. Ahora que Kagome había dicho las palabras, era como si una puerta se hubiese abierto. Pero era un terreno peligroso... para ambos.
—Soy un hanyō —dijó, como esperando que ella comprendiera toda la implicación del tema con sólo la mención de su especie.
—Lo sé —concordó, acariciando los pómulos de él con los pulgares—. Y te quiero tal cual eres.
Por primera vez, la ternura de ella se asemejó al hechizo del rosario. El dolor que sintió le caló en los huesos.
—Incluso para los propios yōkais el marcarje es un ritual peligroso, pero pueden controlarse. Soy un hanyō, ¿comprendes ahora?
Kagome enmudeció.
¡Sorpresa!
No me pregunten por qué, pero estoy de tan buen humor que decidí adelantar la actualización de este fic :3. Lo sé, es raro estar de buen humor a comienzo de semana. Ni yo me lo creo xDD. Me dije "Tengo que aprovechar ésto", y acá estamos ;D.
Gracias por los maravillosos mensajes que siempre me dejan. Son increíbles pensonas :3. Me alimentan a seguir con esta pequeña locura.
Espero que hayan tenido un excelente arranque de semana ;D. ¡Cuídense muchísimo!
Cariños,
Lis.
