Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.
Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.
Palabras: 492.
Hojas en Blanco
VII
No era la primera vez que la inquisitiva mirada femenina intentaba escudriñar en sus pensamientos, pero aquella intimidad recién descubierta contrastaba abiertamente con las épocas pasadas. Sudaba frío, y el silencio de la sacerdotisa sólo empeoraba las cosas.
—¿Kago...?
—¿Qué debe hacerse?
A InuYasha el aliento se le atoró en la garganta. De todas las jodidas preguntas que ella podría hacerle, ¿había elegido específicamente esa?
—¿Acaso has escuchado algo de lo que te he dicho, niña? —interpeló con los ojos desorbitados—. Soy un hanyō, un bastardo mitad demonio que no puede controlar su sangre yōkai; ni siquiera deberías preguntar semejante tontería.
—Seré yo la que lo decida, InuYasha —dijo con un aplomo estremecedor—. Y jamás vuelvas a dirigirte a tí como bastardo. Utilizaré el conjuro la próxima vez.
Por dentro, Kagome hervía de furia y tristeza. No podía soportar ver cuánto se odiaba. Las manos le picaban ante la necesidad de alcanzar las triangulares orejas y darles un fuerte tirón. Si tenía que revivir viejos tiempos para lograr que el hanyō entrara en razón, lo haría.
—No quieres saberlo.
—Intenta.
Irritado, InuYasha maldijo a Myōga en silencio. La respuesta de Kagome no fue una sorpresa para él; sin embargo, no sabía cómo decirle que el único culpable de su mutismo era el viejo yōkai. Sus apreciaciones lo habían llevado a alejarse, pero también a desarrollar ideas extrañas. Durante las últimas noches, las frecuentes ensoñaciones le provocaban un calor asfixiante, y más de una vez tuvo que correr avergonzado a bañarse en el agua de los arrozales.
—No.
—¿Harás que te mande al suelo? —cansada, alejó las manos del varonil rostro para sujetarle los antebrazos—. Confío en tí, sé que jamás me dañarías. En cualquier caso, estoy lista para asumir las consecuencias. Dime, ¿qué debe hacerse?
La pulga se lo advirtió, así era como comenzaba. La boca se le volvió pastosa por la reciente resequedad y, sin poder evitarlo, sus ojos descendieron hasta el blanco cuello. Allí, justo donde éste y la clavícula se unían, tenía que depositar su marca.
Ellos ni siquiera se habían besado desde su regreso y ahora él quería...
—¡No! —azorado, se alejó unos cuantos palmos de ella. Estaba respirando a raudales y el estómago se le revolvía como si una riada de demonios estuviese luchando dentro de sus vísceras—. ¡No sabes lo que dices, tonta!
Kagome arqueó una ceja dispuesta a encomendarse a los dioses para mantener la calma. Le asombraba un poco el brío del hombre, pero decidió utilizar un tono neutro:
—Quiero que confíes en mí.
—¡Ya te he dicho suficiente! ¡Vive con eso!
La mujer mandó al diablo las buenas intenciones:
—¡InuYasha, osuwa...!
—¡Debo morderte durante el apareamiento, maldita sea! —gritó, con las mejillas como dos rosetones—. ¡¿Contenta?!
Ay, lo que más me gustó de este drabble es presentar la idea de InuYasha en los arrozales xD. Me causó hasta gracia nombrarlo (aunque él esté sufriendo ja, ja, ja).
¡No puedo creer que esta locura haya alcanzado la marca de los 50 reviews! ¡Gracias por darle una oportunidad a este fic y, sobre todo, por sus comentarios! Siempre son absolutamente cálidos cuando me dejan saber sus impresiones :3. Puede ser que Hojas... salga de mi mente, pero ustedes forman una parte fundamental de esta obra :D.
Tengan una fabulosa noche de miércoles. ¡Cuídense mucho!
Cariños,
Lis.
