Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.
Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.
Palabras: 500.
Hojas en Blanco
X
Risueña, se separó de los labios masculinos con una sonrisa.
Ahora que ambos se reunían al anochecer, el día era un cúmulo de acontecimientos tortuosos. No deseaba levantar sospechas ni crear habladurías, así que se deslizaba fuera de la cabaña de la anciana Kaede cuando ésta y la pequeña Rin dormían. Por su expreso pedido, el hanyō procuraba dejarla en la puerta de la morada poco antes del alba. Resguardaría el secreto a como diera lugar.
—¿A dónde me llevarás? —inquirió con la impaciencia de una niña. La adrenalina de salir a hurtadillas aún corría por sus venas—. He pensado todo el día en eso.
Conmovido por la muestra de felicidad, en hanyō se tomó un momento para responder. El beso de Kagome había sido breve, un pequeño roce superficial de bienvenida, pero con la fuerza suficiente como para ponerlo de rodillas. Aquella chiquilla gritona iluminaba su mundo. Junto con ella, el calor había regresado.
—No podemos seguir durmiendo en la rama de un árbol.
—¿Por qué? Nos ha ido bastante bien —argumentó, jugando con las cuentas amoratadas del rosario. Creyó escuchar a InuYasha conteniendo el aliento, pero no levantó el rostro de su labor—. Además, sé que tus reflejos son buenos y no nos caeremos.
Él ni siquiera podía pensar, no con la yema de sus dedos rozando su pecho. Podía sentir la electricidad del roce traspasando la tela, comiéndolo vivo. Estaba comenzando a creer que Kagome hacia todas aquellas cosas para torturarlo, para jugar con su mente. Desde que esta locura de dormir juntos comenzó, sólo siete días atrás, parecía empecinada en probar sus límites.
Demonios, la deseaba... y el mero pensamiento le helaba la sangre. Jamás había estado tan en contacto con su parte demoníaca sin necesidad de trasformarse, pero ahora que era un hecho que la sacerdotisa aceptaba su unión, era una lucha constante.
InuYasha le sujetó las manos. No quería perder el hilo de la conversación.
—Tonterias, he visto cómo estás a lo largo del día —recriminó con un resoplido—. Te molesta la espalda y pareces cansada gran parte del tiempo.
—¡No es cierto!
—Keh, mentirosa.
Indignada por saberse descubierta en su pequeña treta, Kagome frunció el ceño. Un poco de dolor de cintura y cansancio no significaban nada en comparación. De hecho, era un precio bastante justo a pagar, considerando que aún cumplía con sus deberes de sacerdotisa a cabalidad.
Resignada, suspiró relajando los hombros. Ya no había necesidad de discutir.
—¿Cuál es tu idea?
El hanyō sonrió mostrando un travieso colmillo.
—¿Recuerdas lo que dijo la vieja sobre la cabaña?
—Deberías ser más respetuoso, InuYasha —advirtió, llamando su atención—. Y sí, lo recuerdo.
—Lo que sea —dijo, restándole importancia—. Ella nos dejó en claro que no podíamos convivir, pero tú eres humana y necesitas un mejor lugar para descansar.
—¿Qué estás...?
—La utilizaremos.
Me sometí a la voluntad del pueblo y ¡acá está la actualización!
Ya sabemos que nuestros tortolitos siguen reuniéndose en secreto. ¡Ay, el amor!
Gracias por ser tan bonitos en sus comentarios. La verdad es que atesoro cada review y muestra de afecto que recibe este fic :3. Nunca pensé que Hojas tendría tantos seguidores. Me llena de emoción :D.
Un gracias inmenso a la página Fighting por recomendar esta locura :3. También, en la misma semana, recomendó Aguas termales. Sólo puedo decir que me siento una persona increíblemente bendecida.
Espero que finalicen el día de manera espectacular ;D.
Cariños,
Lis.
