Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.

Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.

Palabras: 500.


Hojas en Blanco

XII

Había aromas y sensaciones que un libro de texto no podía precedir. Tenían que vivirse, tenían que sentirse, porque sólo así se comprendía lo maravilloso del momento. Lo litúrgico.

Atrevida o no, su pequeña mano encontró la forma de esculcar el pecho del hanyō por debajo del haori. Sin aliento, se preguntó cómo habían llegado hasta allí. Cómo una negativa, una palabra de convencimiento, unos gritos y una amenaza se convirtieron en bocas y manos que se buscaban, se sujetaban y se tocaban desesperadas.

La vida pareció irsele en un jadeo cuando empujó la cabeza de InuYasha contra el pulso que latía por debajo de su cuello. Ni sus garras rozándole los costados de la cintura, aún por encima de la tela, fue tan erótico. Los labios masculinos, en aquella porción de piel sin descubrir, la hacían sentir acalorada, febril. Era nuevo e inexplicable, incluso atemorizante.

Por primera vez, la fuerza sobrehumana del hanyō no le resultó intimidante. Amor era lo único que sentía. Un amor tan grande e imposible de ser albergado que tenía a su corazón bombeando desatado.

Kagome pensó en ellos como dos mitades que nacieron para encontrarse, para amarse, porque era imposible que el cuerpo cálido del hombre encastrara tan bien cubriendo el suyo.

Irreal.

Tan irreal como lo que estaba sintiendo. Tan irreal como el largo y bochornoso gemido que expulsó cuando los colmillos rozaron aquella zona del cuello y los tentativos dedos acariciaron el nacimiento de uno de sus senos.

Y toda... toda esa atmósfera de ensueño, de éter, explotó como una pompa de jabón. La tensión en el cuerpo de InuYasha fue lo primero que percibió; luego sus ojos grandes, asombrados, con un pequeño velo escarlata arremolinado en el oro pulido. La cruda desesperación en su mirada le atravesó el alma.

Con el aliento atorado en la garganta, intentó moverse para alcanzar la mejilla del hombre, pero el leve ademán sólo provocó que el hanyō se reincorporara violentamente. Fue tal la velocidad del moviendo que la sola observación le provocó un profundo mareo.

Lo escuchó escupir maldiciones a viva voz, rastrillando el suelo en busca de la olvidada espada. Kagome lo contempló más compungida aún, sin ni siquiera poder recordar el momento exacto del suceso.

¿Quién de los dos había desamarrado a Tessaiga?

—InuYasha —lo llamó, encontrando la dignidad perdida cuando lo vió darle la espalda en una clara señal de huir de allí—. No me dejes, por favor.

Y la voz se le quebró dos octavas ante el suplicante pedido. Rindiendose al colapso extrasensorial, las lágrimas cayeron profusas mientras intentaba cerrar las solapas de la yukata con manos temblorosas.

Segundos más tarde, unos brazos la rodearon dándole cobijo. Lo oyó suspirar pesado, abrupto, como si le costara hacerlo.

—¿Por qué? —exhortó con angustia.

Él la aferraba contra sí con un miedo nacido de las propias entrañas. Había querido irse, pero sus lágrimas lo desarmaron.

Kagome no dudó en responder:

—Porque te amo.


Aquí Lis, reportándose del lugar donde está escondida para que no la maten xD

No les dí un lime, pero estuvimos cerca ja, ja, ja.

De verdad, gracias a todos los que están leyendo esta historia y comentan. Son increíbles, unos seres maravillosos. Mi gratitud eterna :3.

Cuídense muchísimo y pasen una linda mitad de semana.

Con amor,

Lis.