Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.
Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.
Palabras: 499.
Hojas en Blanco
XV
—¿Sigues pensando en lo que dijo la anciana? —soltó, metiendo las manos dentro del haori en una pose distendida—. Ni que fuéramos unos críos.
Kagome no detuvo el caminar, pero la mortificación dió paso a la incredulidad.
—Faltamos a su palabra, InuYasha.
—No lo hicimos —afirmó con total convicción—. Ella nos prohibió convivir, nunca dijo nada de no usar la cabaña por unas horas.
—Es lo mismo, técnicamente —suspiró, dándole una larga mirada—. Ahora que ya hay una fecha debemos comportarnos.
Kagome aún no salía de su estupor. Luego de hablar con Sango, buscó al hanyō para comentarle sobre las vergonzosas novedades. Muerta de los nervios, le dijo que iría directo a la cabaña de Kaede para sincerarse. La anciana sacerdotisa era una figura de autoridad para toda la aldea, y sus juegos infantiles podían pasarle la cuenta. Además, debió estar verdaderamente preocupada si le comentó sobre sus derroteros nocturnos a Sango.
InuYasha decidió acompañarla argumentando que, si bien fue ella la que comenzó, él en ningún momento le puso un freno a sus demandas. Por el contrario, sugirió usar la cabaña que construyó.
Pero el corazón de la anciana Kaede era tan grande como la propia aldea. Aunque se llevaron un pequeño sermón, y les hizo jurar que de ahora en más se comportarían, estuvo encantada con la idea de iniciar los preparativos para la boda. De hecho, el chisme ya había comenzado a correr: mientras ellos salían del hogar de Kaede, dos aldeanas se habían acercado para ofrecer su ayuda.
—¿Sango dijo algo más?
—No, sólo que nos invitaba a cenar junto al monje Miroku y los niños.
—Entonces, ¿por qué pareces avergonzada?
Kagome se detuvo y, de forma inconsciente, se tocó por un momento ambas mejillas. Notó ligeramente la zona más cálida.
—¿Qué dices, tonto? ¡Por supuesto que no estoy avergonzada!
—Keh, algo me ocultas. Y sé que no tiene que ver con las palabras de la vieja, mujer.
«¿Seré fácil de leer?» se preguntó, mirando directo a aquellos ojos que jamás podría olvidar.
Resolutiva, se echó el pelo hacia atrás.
—Invenciones tuyas.
Él se acercó, con aquel movimiento brusco que aún le quitaba el aliento. La sujetó de ambas muñecas y pegó su frente a la suya. El colmillo que sobresalía de su boca no le auguró nada bueno.
—Eres pésima mintiendo, shirushi.
El medio demonio estaba consciente del peso de sus palabras. Kagome aún no era su compañera, pero eso no importaba. Tenía un gruñido atorado en el pecho, como si su parte yōkai estuviese de acuerdo con el resto de su ser. Aún era aterrador que los sentimientos permanecieran tan en la superficie, pero ella le había pedido una cuota de confianza.
Kagome soltó una risilla enamorada. La intimidad sólo parecía desvelar más vetas de su personalidad. Sin dudar, se alzó de puntillas y reclamó su boca con una sonrisa.
Ay, no pude evitar escribir un momento tan trivial y dulce entre ellos :3. ¡Son un amor!
Ahora sabemos de dónde sacó Sango la información. Kaede le mandó a realizar el trabajo sucio xD.
¡Gracias por seguir apoyando día a día esta historia! Cuando la comencé a escribir, jamás imaginé que podría gustar tanto. Han hecho lo imposible :3.
Cuídense muchísimo.
Con amor,
Lis.
