Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.
Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.
Palabras: 498.
Hojas en Blanco
XVII
La fragilidad de la vida humana no le era desconocida. Sus vidas eran cortas, equiparables a la vida de las mariposas.
Los humanos solían estar sobre la tierra tan sólo un puñado de años. Envejecían demasiado pronto, morían demasiado pronto. Era como si de un parpadeo se tratase.
Un instante en el inconmensurable tiempo.
¿Qué sería de él?
InuYasha no quería darle una respuesta. O, mejor dicho, no podía. La sola idea de un mundo sin ella le desgarraba el corazón. Kagome era su fuerza, el centro que lo sostenía anclado al mundo. Por ella había renunciado a su idea de convertirse en yōkai, se había abierto a otros y aprendido a confíar.
Ella le enseñó nuevamente a amar.
Tan aterrador como sonaba, era parte de sí mismo. De su carne y alma... porque ella nació para conocerle y él para estar con ella.
—Necesito saberlo, por favor.
Su murmullo alicaido y el incipiente aroma a sal fueron como un hechizo. Le obligó a levantar el rostro para unir sus bocas con desespero. Su ser sobrenatural gritaba por alcanzarla, porque el yōkai que dormía en su interior sabía que se le escurriría como agua entre los dedos.
Kagome se sintió egoísta por desear una vida con él, una unión tan trascendente. Sin embargo, sus pequeños manos se anclaron sobre el pecho del hanyō. Muy en el fondo, detrás de sus temores y pensamientos tristes, había una llama de esperanza. Una energía viva en estado puro.
InuYasha gruñó ante la suavidad de su tacto, como si sus delicadas manos las estuviese sintiendo directo sobre la piel y no a través del haori. El recordatorio de perderla en un futuro era lo suficientemente potente como para magnificar sus sentidos.
Su interior gritaba, su propio ser lloraba. Era una sensación sobrecogedora que nacía de su propia escencia de vida.
Movido por el miedo, por un mundo sin calor, dejó de besarla para poder tomarla en voladas. Si sus intenciones eran inquietantes Kagome no lo expresó. Ella sólo se aferró a él con la confianza de siempre, sin preguntar.
La sujetó como si se tratara de un presente glorioso y, con sólo una idea en mente, corrió hasta el lugar que les pertenecía a ambos.
Cuando el mitad demonio volvió a dejarla sobre sus pies, ella se aferró a aquella luz de esperanza que brillaba detrás de sus miedos. Tal vez Kami fuera benevolente con ellos; así como se había reunido con el hanyō después de tres años, posiblemente su vida podría extenderse tanto como la de él. Lo besó de vuelta conteniendo el llanto.
«Es una locura» se dijo, desesperada y anhelante en un momento de lucidez. El propio dolor los obligaba a actuar, mas comenzó a buscar a tientas la apertura del traje.
—Kagome... —jadeó ronco, separándose sólo un segundo de su boca—. ¿Estás segura?
Conmovida por el gesto, lo tomó del rostro con determinación.
—Hazme tuya.
¡¿Qué está pasando, Dr. García? Sabrá Dios, porque ni yo sé xDD.
Cuando comencé a escribir el drabble jamás me imaginé este final. Pero hay veces que el propio ritmo de la historia —su fluir— te lo pide. Dejé que la trama misma me hablara en vez de obligar a la trama a hablar por mí. Aún hay cosas que deben decirse, pero creo que todos podremos esperar ;D.
Por mi parte, sólo quiero volver a agradecer el increíble apoyo que le dan al fic :3. No sólo superó la barrera de los 200 reviews, ¡también llegó a las 100 alertas!
¡Gracias de verdad!
Cuídense muchísimo y finalicen bien la semana :D.
Cariños,
Lis.
