Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.

Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.

Palabras: 484.


Hojas en Blanco

XXIII

El frufrú del lino lo puso en alerta. Girando el rostro, la silueta de su mujer era perceptible incluso en la penumbra. Una figura oscura aún más negra que la noche.

A pesar de no tener sus sentidos tan desarrollados durante la luna nueva, la atrapó al vuelo, cuando ella sólo había dado unos pasos tentativos fuera del lecho.

—¡¿Pero qué haces, mujer?! —increpó, en un tono más alto de voz del que hubiese querido—. Ni siquiera hay una vela encendida y tus sentidos no son tan agudos.

—Los tuyos tampoco —respondió de vuelta, sin dejarse intimidar. Casi no podía verle, pero el férreo agarre en su cintura y el calor de su pecho le habló de lo cerca que ambos estaban.

—Mis sentidos siguen siendo mejores que el de un humano promedio —caminó con ella unos cortos pasos hacia atrás—. Ahora quédate aquí y no te muevas, iluminaré el lugar.

A Kagome no le quedó de otra que obedecer. Por más que quisiera devolverle la pulla, la cabaña estaba en absoluta oscuridad. Un mal paso podría esguinzarle el pie o romperle el cuello.

Entre maldiciones y gruñidos, la luz comenzó a hacerse en el lugar. InuYasha había encendido la lámpara de aceite que estaba a unos metros de la puerta de entrada, justo a la derecha. La sacerdotisa pestañó acostumbrándose a la tenue claridad.

»¿Por qué te has levantado? ¿Qué ha sucedido?

Ahora que la falta de visión no era un problema, y observaba la preocupación tallada en el rostro del hombre, Kagome experimentó vergüenza plena. ¿Cómo se suponía que iba a responderle? «Me levanté porque te necesito», caviló, descartando el pensamiento con un tenue rugor.

Ni siquiera sabía muy bien cómo explicárselo a ella misma. La necesidad de sentirlo suyo estaba más allá de un acto físico. Lo había experimentado la primera vez que se unieron, cuando él la reclamó como su hembra y sus corazones comenzaron a latir al mismo compás. Incluso en su noche de bodas.

En cada unión sus almas se tejían en un plano que traspasaba lo conocido y se adentraba en lo inconmensurable. Si antes lo había amado, incluso con ese amor que le era imposible de contener, ahora palidecia. Todo parecía haberse magnificado.

Pero los ojos del hanyō le hablaban de miedos y culpas.

Kagome no necesitaba ser bruja para leer sus pensamientos. Sabía que él se había refrenado a pesar de encontrarla ya sin lesiones. Prefería ser su centinela y desoír los impulsos de su naturaleza para tratarla con una suavidad impropia, reservaba únicamente para ella. No la tomaría porque la culpa le atenazaba las entrañas.

Y, francamente, aquello no terminaría hasta que enfrentarán el problema... o ella se armara de valor para hablar sobre el elefante que se hallaba en la habitación.

Resolutiva, juntó coraje y musitó:

—¿Acaso... ya no me deseas?


Ya me estoy imaginando la cara de InuYasha xD.

No puedo creer que esta locura de fic alcanzara los 300 comentarios. ¡Gracias, gracias, gracias!

Me emocioné un montón cuando lo ví. Sigue siendo un poco abrumante ver cuántas personas leen esta obra. Lo único que sé es que la escribo con mucho cariño. Cariño y dudas xDD.

Ojalá puedan seguir acompañándome y brindándome su sentir :3. No tienen idea lo mucho que aprecio sus palabras.

Sin otra cuestión, porque no quiero ser reiterativa y quitarles más el tiempo xD, espero que estén teniendo un maravilloso día.

Un fuerte abrazo y cariño para todos,

Lis.