Un nuevo buen camino
Una simple hoja de papel fue un primer paso hacia un cambio que Kotetsu no ve ningún motivo para evitar.
La diferencia que un objeto hace es increíble.
Es algo en que lo Kotetsu nunca se había detenido a pensar, pero ahora lo hace cada día.
Aun sin sacarlo del lugar donde lo mantiene seguro (escondido) su mente se encarga de recordárselo hasta que tiene que verlo, confirmar que es real, repasar sus contenidos y luego finalmente puede devolverlo a su lugar, donde nadie más puede alcanzarlo.
Sin duda es en parte porque decidió guardarlo en su billetera, un objeto que nunca deja, que nunca olvida, que necesita con frecuencia, y en el que no pertenece. Es precisamente lo extraño de su presencia lo que logra hacerlo tan notorio incluso estando fuera de su vista y aunque considera cambiarlo de lugar, tal idea es descartada en cuestión de nada, pues no es que pertenezca en otro sitio y tampoco quiere arriesgarse a olvidar dónde lo dejó o peor, a perderlo.
Y ese simple objeto le recuerda lo real que todo es... fue, que todo fue.
Se siente como un sueño sin mucho sentido, en retrospectiva, ahora que vive en una relativa normalidad y la incertidumbre no lo mantiene despierto durante la noche e inquieto durante el día.
No había sido algo que normalmente haría o que repetiría y cuando visita a Muramasa en su bar y se fija en las personas allí (y cuando Muramasa pregunta directamente si quiere [si está listo para] que le presente a alguien) lo confirma.
—Nah —replica fácilmente, jugando con su anillo de manera distraída. Lo que Muramasa propone sería como dejar atrás a Tomoe, como traicionarla, y se siente como algo completamente diferente—. Estoy bien así. Y, ya sabes, finalmente puedo cuidar a Kaede y eso es algo de tiempo completo...
—No te veo muy ocupado.
Kotetsu ríe en vez de responder, ya que Muramasa tiene algo de razón, mas él no está usando un pretexto falso. Él ha sido un héroe por muchos años y ahora quiere poner el mismo empeño en ser el padre de Kaede, aun si ella no parece querer que él esté cerca veinticuatro siete.
Aun así, aceptar la propuesta de Muramasa haría de tal acción algo intencional que no desea y que sería completamente a lo que fue y que quizás sería si fuese a llamar.
No que piense hacerlo realmente, pese a que se encuentra a sí mismo con esa inocente hoja de papel en sus manos repetidas veces, doblándola y desdoblándola hasta que parece a punto de romperse. El que memorice sus contenidos es algo que simplemente ocurre en el proceso, sin que él pretenda que pase, y no es que importe. Por algo no ha añadido el número a su lista de contactos y las tres veces que visita Sternbild (una por el cumpleaños de Antonio, otra para conseguir algo para Kaede y una última para llevar a Kaede a una competición) no llega a marcarlo ni siquiera para saludar y anunciar que está en la ciudad.
No es como si sean amigos o tenga un motivo para hablar con él o esté buscando algo.
Eso no cambia con el paso de las semanas, ni tampoco cuando Kaede lo enfrenta luego de que Kotetsu recibe un par de llamadas y una carta y una visita de un representante de Apollon Media con una propuesta difícil de rechazar.
—¿Vas a quedarte aquí haciendo nada? —le reclama ella con sus brazos en jarra, ignorando las protestas de Kotetsu sobre todo lo que ha estado haciendo ayudando en casa—. Y quieres ser un héroe del que me sienta orgullosa, ¿no? Así que... ve. Sé que puedes hacerlo.
Ella se ve avergonzada y da media vuelta y sale de la sala antes de que Kotetsu pueda procesar (y celebrar por) el apoyo que ella le está dando, mas eso basta para que Kotetsu tome una decisión y acepte volver.
Eso le da la excusa perfecta para contactarlo y decir "oye, tiempo sin hablar. Voy a volver, ¿sabes?" y aunque Kotetsu imagina la conversación y considera más de una forma de iniciarla, nunca hace nada para convertirla en una realidad.
No que tenga tiempo para ello, en primer lugar.
Regresar le cuesta más que lo que le costó irse. No es cosa de simplemente empacar todo e ir con su familia pero en forma inversa, sino que tiene que elegir qué llevar con él, qué dejar en el cuidado de su madre, qué necesita y qué quiere y qué no; por no mencionar que tiene que recuperar su apartamento y visitar a Saito unas cuantas veces para pruebas preliminares de su traje y no, esas prácticas para las propagandas que quieren que grabe no son realmente necesarias, pero no es como si Lloyds le deje decir que no.
Es agotador y ni siquiera ha comenzado a trabajar.
Su queja le arranca una carcajada a Antonio la primera noche que Kotetsu pasa en Sternbild, la cual dedica a tomar un par de cervezas en un bar de Bronze Stage en lugar de terminar de desempacar.
—No vas a aguantar ni un día si ya estás cansado.
—Cállate —bufa Kotetsu.
No es más que una broma que queda en el olvido en medio de conversaciones de la primera liga y de los demás héroes, la cual se torna hacia la nueva segunda liga y luego termina en Barnaby.
—¿Realmente no va a volver? —cuestiona Antonio sonando incrédulo. Kotetsu se encoge de hombros.
—Quieren que vuelva, pero parece que no ha decidido nada. —Al menos eso es lo que ha escuchado de Lloyds, quien se lamenta a diario por solo tener a uno de los integrantes del dúo.
Antonio luce más sorprendido de lo que debería y de hecho deja su cerveza de lado por un momento en vez de seguir hablando entre tragos.
—Podrías llamarlo y convencerlo.
—Nah. Es mejor que él decida. —Y es cierto. Si Bunny encontró algo que realmente quiere hacer, Kotetsu no va a ser el aguafiestas que le insiste a que se dedique a algo que solo comenzó en busca de venganza y porque lo manipularon para ello.
No que Antonio parezca comprender eso, pues sacude su cabeza con desaprobación.
—Eres pésimo manteniéndote en contacto —dice y toma su botella una vez más solo para señalarlo con ella—. Si yo no me tomara el trabajo de llamarte, apuesto a que ni siquiera me habría enterado de que estás aquí.
—¿Y no vine para tu cumpleaños? —se defiende Kotetsu. Puede que no sea del tipo de persona que llama a todo el mundo sin razón, pero tampoco es como si desaparezca o se olvide de las celebraciones importantes y Antonio debería saberlo después de tantos años.
—Hablo en serio —añade Antonio en vez de replicar—. No esperes a que se moleste porque ni siquiera le contaste nada.
Kotetsu hace una mueca. Antonio está exagerando y de cualquier forma, él está seguro de que Bunny ya lo sabe gracias a las propuestas de Apollon Media, así que llamarlo a estas alturas no tiene sentido y si ya perdió el momento apropiado para ello, pues no hay nada que hacer.
Esa lógica no solo se aplica a Bunny y Kotetsu lo recuerda bien cuando saca su billetera para pagar su parte al final de la velada y aunque repasa en su mente los números sin mirar primero la desgastada hoja, se reafirma que no tiene nada importante para decir que Petrov no sepa ya, así que no tiene motivo alguno para contactarlo.
Eso se mantiene con el paso de los días, según se acerca su nuevo debut en la segunda liga.
Hay pruebas, hay grabaciones, hay reuniones que no traen nada nuevo e incluso cuando llama a casa, Kaede le hace saber, exasperada, que en casa no ha pasado nada y que él debería concentrarse en vez de molestar todas las noches.
—Tienes que entenderla —dice Anju con toda la calma del mundo en cuanto toma el teléfono—, te acabas de ir y ella está impaciente por verte como héroe.
Kotetsu ríe. Eso suena bien, aun si al mismo tiempo preferiría que Kaede expresara su apoyo de otra forma.
—No creo que me vayan a mostrar mucho —admite con una pizca de vergüenza. La segunda liga llevará a los héroes más cerca de la comunidad (según uno de los ejecutivos de Apollon Media) y lejos de las cámaras (según Agnes), lo cual no suena tan mal salvo porque Kaede no podrá verlo—. Pero les contaré en detalle lo que pase.
¿Será eso suficiente?
Kotetsu no busca confirmarlo y deja que la charla se acabe con la promesa de que volverá a llamar con alguna novedad que contar y a preguntar cómo va todo.
No tiene punto preocuparse a estas alturas.
No que repetirse eso sirva de mucho, pero lo hace con más frecuencia de lo que le gustaría en sus ratos libres, los cuales incrementan según la fecha de su debut se acerca, pues los preparativos ya están completos y solo le queda esperar dos días y sobrevivir un par de reuniones en las que todos los héroes de la segunda liga se ven obligados a participar.
Es tras la primera de esas reuniones (en la que Bunny no hizo ninguna aparición sorpresa, para su decepción) que Kotetsu termina tras el volante de su auto, mirando su lista de contactos en lugar de encender su vehículo y abandonar el garaje de Apollon Media.
Sería fácil llamar, incluso si no tiene idea de qué decir o qué quiere escuchar y al final cede al impulso, presiona el nombre correcto y contiene la respiración mientras aguarda y aguarda y...
—¡Bunny...!
Aunque Kotetsu habla apenas cree que la llamada fue contestada, de inmediato descubre que no fue Barnaby, sino la contestadora la que respondió su llamada.
Con un suspiro, Kotetsu la finaliza sin considerar dejar un mensaje y tras unos segundos de titubeo, guarda su teléfono, descartando la posibilidad de marcar otro número.
A pesar de eso, cuando abandona el lugar sin ningún rumbo fijo, conduce hasta la torre de la justicia y en vez de seguir su camino, se detiene ahí, en una zona de parqueo al aire libre y abandona su auto para otra vez fijarse en su teléfono.
No que tenga sentido llamar y decir "estoy aquí" cuando realmente le tomaría menos un minuto llegar a la entrada, cosa que igual no piensa hacer y no solo porque Petrov dijo que no le gustan las sorpresas. No es que tenga una razón para verlo o para hablar con él o que quiera hacerlo, solo...
Todo es culpa de Antonio y sus ideas, decide Kotetsu, recostándose contra su vehículo. Sin esa mala influencia, él podría estar en casa, quizás preparando arroz frito y llamando para preguntar por el día de Kaede. Eso sería mejor que esperar por una señal, así sea en forma de un chaparrón que obligue a que todos los transeuntes abandonen las calles, que le confirme que es un mal momento para cualquier cosa que involucre a Petrov y que él no debería estar ahí.
No es como si vaya a recibir una indicación de lo contrario, al fin de cuentas, y por eso mismo, decide Kotetsu, le dará un minuto al universo para que le mande una indicación y luego, cuando nada pase, se irá.
Él incluso programa una alarma para asegurarse de que se atendrá al plan, mas en cuestión de segundos ese plan queda desbaratado por la aparición de Yuri Petrov mismo.
Es Kotetsu quien lo nota primero, viéndolo salir a paso lento con su maletín en mano. Él tiene el ceño fruncido, como si estuviera preocupado por algo que lo distrae al punto de no notar nada en sus alrededores.
Quizás seguirá por su camino sin darse cuenta de que él está ahí, piensa Kotetsu, y si es así, esa será su señal y él hará lo mismo y tal vez de regreso a casa contactará a Antonio para hacerle saber lo equivocado que está.
Petrov mira de reojo en su dirección, sin embargo, y se detiene en seco en el mismo instante en el que la alarma de su teléfono le avisa que el minuto llegó a su fin. Kotetsu trata simultáneamente agitar una mano para saludarlo y apagar la alarma, casi dejando caer su teléfono en el proceso y seguramente atrayendo la atención de más de uno; no que eso importe cuando Petrov no lo ignora, ni responde su gesto de lejos, sino que se aproxima a él.
El único signo de titubeo en Petrov es que no habla una vez se detiene frente a él, causando un silencio incómodo con la contribución adicional de Kotetsu, pues no es como si él pronuncie palabra alguna. Petrov es quien finalmente rompe eso.
—Señor Kaburagi.
—Recuerdo que había dicho que tanta formalidad no era necesaria si no estábamos trabajando.
Es un comentario que Kotetsu no había planeado hacer, pero que rompe cualquier tensión y aunque es solo por un parpadeo, Petrov incluso curva sus labios en una pequeña sonrisa involuntaria.
—Asumo, entonces, que no está aquí por motivos laborales.
—Bueno, si hablamos de por qué estoy en Sternbild, tengo que decir que sí... aunque supongo que eso ya lo sabe. —Petrov se limita a asentir y Kotetsu se remueve en su lugar, inquieto y consciente de que no sabe qué quiere decir—. Si hablamos de aquí aquí, pues no. Ya me iba y no viene por trabajo. Ya terminé por hoy, de hecho, aunque en realidad solo estamos en preparativos... ¿Y usted?
—También terminé lo que tenía que hacer hoy —contesta de inmediato, sin siquiera mostrarse confundido o molesto por los torpes intentos de conversación de Kotetsu—. Tengo que admitir que mi carga laboral ha disminuido.
—Espero no incrementarla —ríe Kotetsu, sintiéndose avergonzado un segundo después. Es una mala broma, véase por donde se vea, y no algo que quiere que sea realidad—. ¿O no está involucrado en la segunda liga? Tendría sentido...
—Esa división es para el público, no internamente.
—Oh, veo.
—¿Está seguro de que quiere hacer parte de esa liga?
El interrogante es repentino y el interés de Petrov por su respuesta es tan obvio que Kotetsu sonríe, sintiéndose más a gusto que antes.
—Sí. Un minuto puede hacer toda la diferencia. —Si se detiene a pensarlo, lo acaba de hacer, aun si fue solamente un minuto de espera del que ahora no se arrepiente—. Y creo que no hacer nada no es lo mío.
—Realmente —dice Petrov con un deje de resignación, mas Kotetsu no tiene la oportunidad de bromear al respecto señalando que Petrov es igual cuando se trata de trabajo ya que él añade con mucha más seriedad—. ¿Y sus poderes?
—Estables, por el momento —admite Kotetsu sin sentirse incómodo bajo la intensa mirada de Petrov ni ante tal interrogante—. Y ya he estado pensando en qué hacer en caso de que eso cambie. Y Apollon Media también, por alguna razón.
Hablar con Petrov resulta más fácil de lo que había recordado y con el paso de los minutos y las preguntas que Petrov le hace, siempre con toda su atención en él, queda claro que ese mismo es el motivo. La cortesía de Petrov parece ser reservada para sus labores y fuera de estas, aquí con él, Petrov no finje su interés, cosa que resulta ser un alivio y un elogio.
Eso lleva a que Kotetsu busque prolongar el encuentro un poco más, pero no es como si tenga sentido hacerlo aquí, de pie, en una calle cada vez más desierta, y tampoco es que quiera sugerir que vino con otras intenciones, pero...
—Ya que no tengo planes... —dice Kotetsu en un impulso, dejando a medias lo que le había estado contando de las ideas de Apollon Media (que seguramente Petrov conoce en más detalle que él)—, ¿si quiere lo llevo?
—¿A dónde? —Petrov no se ve sorprendido por el ofrecimiento, sino curioso y eso no es un no, sino un tal vez.
—¿A dónde iba? ¿A la estación? ¿O vive cerca? —Kotetsu hace una pausa, pasando la punta de su lengua por sus labios repentinamente resecos—. ¿O a otra parte?
—A otra parte.
A otra parte no resulta ser el destino previo de Petrov, sino la elección que hizo y que Kotetsu también hizo, pues no es como si no se de cuenta de lo que está pasando y aunque es Petrov quien lo interrumpe y le dice que detenga el auto, él es quien eligió primero alejarse de las avenidas principales.
Es predecible, a estas alturas, aunque Kotetsu no puede precisar cómo pasan de estar en los asientos delanteros, conduciendo sin ningún rumbo real, al asiento trasero, con Petrov recibiéndolo y apretándolo de tal forma en su interior que Kotetsu sabe que no durará mucho.
No es exactamente cómodo para ninguno de los dos y no entiende cómo llegaron a esto cuando incluso esa primera noche bajo los efectos de unos tragos de más tuvieron la sensatez de buscar un mejor sitio, pero es difícil preocuparse por eso en ese instante.
Es más fácil dejarse llevar, sostener con fuerza las caderas de Petrov para evitar hacer algo que no debería como intentar tocar su rostro y aceptar el placer mutuo que han encontrado y que es lo único que explica el que hayan vuelto a seguir el patrón usual.
Por ahora, pensar no es necesario (o posible) y así está bien, pues es mejor dejar cualquier incertidumbre del mañana y sentir.
Petrov se corre agarrando uno de los brazos de Kotetsu con tal fuerza que Kotetsu sospecha que sus uñas dejarán una marca en él por un par de días y él lo sigue sin remedio, cayendo sin aliento y sintiéndose tan ligero como si tal sensación nunca fuese a terminar.
Lo hace, sin embargo, pero también nota en el proceso que Petrov no está ordenándole moverse, por lo que puede permitirse disfrutar un poco más esta cercanía física.
No que puedan seguir así por mucho y el sonido de un auto pasando cerca se lo recuerda y con el regreso a la realidad, viene la necesidad de volver a estar presentables, cosa que resulta más incómoda y silenciosa de lo que Kotetsu recordaba.
Es solo una vez que están en movimiento, esta vez recorriendo calles no tan desoladas, que Petrov rompe el silencio.
—Felicitaciones.
—¿Uh?
¿Y de qué está hablando? ¿De qué habían estado hablando antes que podría haber llevado a eso? Kotetsu, se arriesga a mirarlo de reojo y lo descubre relajando, con el reflejo de una sonrisa en sus labios que su cabello ahora suelto no oculta y con su vista fija en Kotetsu.
—No recuerdo haberlo felicitado por su regreso.
Oh.
Kotetsu no sonríe de oreja a oreja y mantiene gran parte de su atención en el camino para evitar un accidente, porque un comentario tardío como ese no es gran cosa, ni merece más que un gracias y en realidad no es como si Kotetsu haya hecho más que aceptar una propuesta de trabajo y técnicamente se podía decir que es un descenso en vez de un ascenso y...
—Podríamos celebrar entonces. —Aunque sin alcohol, no por lo ocurrido la última vez que bebió con Petrov, sino porque el día siguiente tiene que madrugar. Por suerte hay otras opciones y él recuerda todavía lo que Petrov dijo preferir cuando se trata de comida—. ¿Que le parece una torta?
El que Petrov conteste (tras una pausa pensativa) indicándole qué camino tomar para llegar a una pastelería de su agrado es algo que, previamente, a Kotetsu se le habría antojado imposible de creer, pues es demasiado casual y a la vez personal y hace que este encuentro se alargue como ningún otro lo ha hecho.
Pero por increíble que sea, así pasa y una vez él parquea su auto y cada uno tiene una pequeña caja de cartón con una porción de torta y un tenedor plástico, lo inverosímil de la situación realmente lo golpea y lo lleva a no ser capaz de siquiera saborear el pastel.
Al menos Petrov no parece tener ese problema y saborea cada bocado, incluso dejando el tenedor sin siquiera una gota de crema. Verlo mientras disfruta su dulce no debería dejarlo con la boca seca ni causar ninguna otra reacción en él, en especial teniendo en cuenta lo que hicieron antes, pero justo eso pasa y Kotetsu termina conteniendo la respiración y cuenta hasta diez, tras lo cual exhala lentamente el aire contenido y se da por vencido.
Esto es real y no tiene sentido negarlo.
Kotetsu aclara su garganta, cierra sus ojos y recita el número que nunca llegó a marcar.
Y no recibe ninguna respuesta.
Es de esperarse, quizás, pues demostrar sin motivo alguno que memorizó ese número es extraño y no se presta para una conversación sin una explicación adicional que no es tan fácil de decir, pues no es más que algo que está tomando forma, pasando de una hoja de papel cuya presencia sigue siendo un constante a palabras que no pueden definir lo indefinido.
Pero de alguna manera puede comenzar.
—Creo que debí haber llamado —admite, dejando sus manos sobre el volante pese a que todavía no ha vuelto a encender el motor y golpeteándolo con sus dedos—. Al menos hoy, en vez de solo aparecer ahí.
—¿Estaba esperándome?
La voz de Petrov suena extrañamente acallada y Kotetsu se arriesga a volver a abrir sus ojos y mirarlo de reojo. Como es costumbre, Petrov lo está observando como si toda su atención estuviese en Kotetsu y luce pasmado y con buena razón.
—Mmm, ¿no exactamente? —Kotetsu alza su mano derecha y rasca su barba por unos segundos mientras intenta recordar lo que había ocurrido—. No pensé que lo vería y no estaba seguro de si lo encontraría si lo llamaba, pero ya estaba ahí y... —Kotetsu no añade más y vuelve a dejar su mano sobre el timón.
Petrov no sigue el movimiento con su mirada. De hecho, nunca ha visto a Petrov fijarse en sus manos como si viese en ellas un obstáculo y el solo caer en cuenta de eso ahora lo lleva a tocar su anillo distraídamente, consciente de que esa falta de expectativas de Petrov tiene parte de la culpa que esto se haya tornado así.
Aunque lo que Petrov busca sigue sin estar claro, lo que no busca sí es evidente y por ahora eso basta para que Kotetsu esté dispuesto a continuar la despedida transformada en comienzo por una simple hoja de papel.
Porque si Petrov no busca ser lo más importante en su vida, si no busca remplazar a la mitad de su corazón que estará por siempre con Tomoe, entonces...
—Me alegra haberlo encontrado.
A estas alturas una confesión así no debería ser sorprendente, mas Petrov se ve como si se hubiese quedado sin palabras y aprieta sus labios pasado un momento, como si estuviese intentando decidir qué decir.
—No tiene que responderme —señala Kotetsu con una risa nerviosa. Es muy pronto para más que dejar claro que le agrada la compañía de Petrov, aun si Petrov puede llegar a ser cortante y difícil de entender. No se trata simplemente de sexo (aunque Kotetsu no tiene peros al respecto), sino del compartir algo sin mayores obligaciones, el poder confiar en él, el no tener que preocuparse por más que por el ahora y...
—Ni lo haré —dice Petrov, luciendo como si estuviese arrinconado—. Tampoco creo que acepte sus llamadas.
—¿Luego de que me tomé el trabajo de aprenderme su número? —bromea Kotetsu. No cree que Petrov lo diga en serio, pues su voz careció de la firmeza que suele tener cuando dicta una sentencia—. Aunque admito que prefiero hablar en persona, así que...
—¿No cree que sería mejor evitar este tipo de encuentros?
Hay razones para ello, claro, pero si Petrov quisiera convencerlo de eso, al menos debería intentar no apartar la mirada, ni tensarse, como si temiese más un nuevo adiós que sí fuese definitivo que cualquier posible consecuencia y frente a eso, relajarse es fácil para Kotetsu.
—Nah, y usted tampoco o no estaría aquí. —Kotetsu le sonríe aun cuando Petrov sigue sin volver a enfrentar su mirada.
—Alguien va a salir quemado.
Eso no es más que un murmullo y Kotetsu no está seguro de si entendió bien o si incluso lo imagino en primer lugar. Quizás así fue, ya que la voz de Petrov es perfectamente audible cuando dice:
—Al menos preferiría que no me espere frente a mi oficina.
—Mmm. —Kotetsu está dispuesto a aceptar eso; no es que le guste aguardar sin saber si tiene sentido hacerlo, pero...—. Entonces tendré que llamarlo.
Petrov suspira y lo mira de soslayo al tiempo que ladea un poco su cabeza en su dirección, su cabello cubriendo parcialmente su rostro y consiguiendo que Kotetsu ansíe poder estirar su mano para tocarlo.
—Supongo que tendré que contestar.
Y tal vez llegará el día en que pueda tocarlo. Están dando pasos hacia algo en vez de dar vueltas repitiendo lo mismo y tal realidad no suena mal.
Van por buen camino, al fin de cuentas, y por ahora eso basta.
