Karamatsu regresaba a casa, pero antes de anunciar su llegada se asomó para ver los zapatos a la entrada y saber de antemano quienes se encontraban en el interior, al notar solamente el calzado verde le fue inevitable sonreír.

Choromatsu se hallaba en la recamara preparando lo necesario para asistir a un concierto de su querida Nyaa chan, la puerta al abrirse no le distrajo de su actividad.

- Estoy de vuelta brother – avisó el segundo al cruzar el marco.

- Bienvenido – respondió el tercero en automático, sin prestarle verdadera atención.

- Veo que te alistas para una nueva aventura – refirió al acercarse.

- Tengo algo importante que hacer – contestó de forma cortante, lo menos que deseaba era atrasarse. Se levantó y colocó su mochila al hombro, listo para marcharse.

- Aguarda – el segundo le intercepto antes de siquiera dar un paso – veras, es algo vergonzoso de admitir, pero tu big brother necesita algo de asesoría.

Choromatsu enarcó una ceja con curiosidad - ¿De qué se trata?

- Sé que debe sorprenderte que pida ayuda, seguramente no estás acostumbrado a ver que este boy… ¡Espera! – se giró de inmediato al percatarse que el menor ya estaba en la puerta.

- No tengo tiempo Karamatsu nii san, si quieres algo solo dilo – respondió molesto de que el otro no fuese más directo.

- Ok, te diré… yo, no se usar un celular – admitió con un leve sonrojo y bajando la mirada.

- ¿Eh? Primero necesitarías tener uno – señaló lo obvio con ligera irritación.

- Je, eso es correcto – sonrió de lado antes de sacar de su bolsillo trasero un móvil.

Choromatsu, realmente sorprendido, no dudo en sujetar aquel aparato el cual era un modelo sencillo y algo pequeño, al girarlo la carcasa azul brillante le confirmaba quien era el dueño - ¿De dónde lo has sacado?

- Hice un par de trabajos extras y tenía algunos ahorros que Osomatsu no había descubierto.

- Vaya – fue la respuesta ante lo escuchado, difícilmente lo admitiría en voz alta, pero estaba orgulloso del esfuerzo de su hermano – Pero, ¿Por qué me pides ayuda a mí? Todomatsu es el experto en estas cosas.

- Totty… tal vez no quiera ayudarme, yo solo quiero poder agregar un número para poder conversar – confesó juntando sus índices en un repetitivo movimiento, como si fuese un niño excusándose.

Choromatsu ahora estaba más intrigado, pero también deseaba simplemente marcharse ante la proximidad de su concierto.

- Además – la voz de Karamatsu volvió a atrapar su atención – eres muy inteligente y sé que podrás mostrarme en poco tiempo lo básico, es una de las grandes características que tienes, ¡Como un profesor respetable!

El tercero no evito sonreír petulante – Claramente de todos yo sería el mejor para enseñar, bien, tienes suerte, pero solo te ayudare a guardar el contacto y mostrarte como enviar mensajes, eso será todo – explicó mientras regresaba al interior de la habitación con paso seguro, dejando la mochila en el suelo tomó lugar en el sofá para revisar el teléfono.

Karamatsu tuvo por segundos una mueca similar al del primogénito, aquella que hacia cuando lograba salirse con la suya, y es que, todos sabían que si apelaban al ego del tercero este caía fácilmente, aunque no era algo que Karamatsu gustase de usar en contra de su hermanito, consideraba esto una emergencia.

El segundo hermano presto total atención a las indicaciones del tercero, ansioso por ingresar el número de Atsushi y por fin continuar la conversación pendiente. Choromatsu finalizó la lección al percatarse de la hora, indicándole al mayor que si tenía dudas le preguntara más tarde.

Karamatsu se quedó solo en la recamara, sonriendo emocionado en cuanto logro escribir su primer mensaje:

"Hello my new friend, acabo de conseguir un teléfono y ahora podremos platicar sin importar la distancia que nos divide, aguardare tu respuesta en cuanto el ajetreado mundo laboral te lo permita.

Atte. M. Karamatsu"

Oprimió el botón de enviar y miró emocionado la pantalla, haber trabajado arduamente los últimos días para comprar el celular realmente valió la pena. Inicialmente hubiese utilizado el teléfono de casa, pero temía interrumpir a Atsushi en algún asunto importante y aunque pretendió saber un poco más sobre sus horarios con Todomatsu, el más joven parecía cansado de escucharle hablar del, ahora, amigo en común.

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Solo habían pasado un par de días desde que el sextillizo de azul había adquirido el teléfono y hecho contacto con el trajeado, aunque pretendió esconder tal aparato de sus hermanos, el secreto no le duraría ni un par de horas, por fortuna la carcasa brillante parecía mantenerlos alejados de alguna forma, referían algo sobre un dolor que el segundo no entendía.

Lo que parecía algo sin importancia paso a ser tema de conversación entre los cinco hermanos, y eso era, el hecho de Karamatsu y su inseparable adquisición nueva, el segundo estaba peor que Todomatsu, no soltaba nunca el celular, les tenía prohibido siquiera intentar tomarlo y se la pasaba escribiendo bastante tiempo mientras sonreía de forma boba.

Karamatsu dejó algunos hábitos de lado por prestarle atención a su nuevo amigo, el espejo paso a segundo plano siendo remplazado por el celular, sus tardes de holgazanería disminuyeron al tener que trabajar para poder tener siempre el dinero necesario para cubrir el gasto del móvil; por fortuna halló un trabajo sencillo de cargador en un almacén.

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Osomatsu estaba viendo televisión cómodamente recostado en el suelo, mirando cada tanto al segundo hermano que recargado en la mesa tecleaba a gran velocidad en el celular - Karamatsu – le llamó con un tono ligeramente molesto, pero el menor no pareció escucharle – Karamatsu, te estoy hablando – elevó un poco más la voz.

El nombrado le miró unos segundos antes de regresar la vista a la pantalla – Espera – fue toda la respuesta obtenida.

El mayor de los sextillizos frunció el ceño al ser ignorado, fastidiado por la situación no dudo en levantarse y acercarse rápidamente a su hermano para arrebatarle el teléfono.

- ¡Hey! – El menor le dirigió una expresión molesta al instante – Devuélvelo – exigió extendiendo la mano.

- ¿Con quién rayos hablas tanto? – preguntó mirando el móvil, apenas y logrando distinguir el nombre del contacto antes de que el teléfono le fuese quitado de las manos - ¿Atsushi? – Cuestionó confundido - ¿El amigo de Totty?

- Es mi amigo también – aclaró al guardar el celular en su bolsillo y caminar hacia la salida, totalmente enojado por el acto reciente – Y en todo caso, no te importa con quien hable – finalizó antes de salir de la habitación; sin percatarse del gesto malhumorado que mantuvo el mayor.

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Karamatsu andaba por la calle con calma, el reciente suceso con Osomatsu le molesto a tal grado de simplemente salirse de casa, sin rumbo solo buscaba algo en que distraerse. El teléfono comenzó a sonar, haciéndole detenerse y sonreír al saber que, su único contacto, estaba comunicándose.

- Hello my friend – saludó de inmediato sin poder borrar la sonrisa – ¿Cómo te va en este bello día? – Parpadeó repetidas veces al escuchar la respuesta al otro lado de la línea – Eh, sí, ahora estoy libre, ¿Cenar?, ¡Claro! ¿En dónde nos vemos?

Karamatsu regresó a casa en cuanto finalizó la llamada, no conocía el local que su amigo había mencionado, pero con la dirección le bastaría para llegar, ahora asolo se preocupaba por volver y cambiar su polera azul por aquella chaqueta negra que tanto adoraba, por fortuna el otoño ya empezaba a llegar a su fin y el calor no sería una molestia.

Ignorando por completo a Osomatsu cuando le cuestiono a donde iba, se encamino con gran felicidad a donde Atsushi.

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El segundo Matsuno se mantenía ligeramente encorvado en su asiento, intimidado ligeramente por el ambiente del lugar, levantó un poco la vista, mirando nuevamente a los meseros que de un lado a otro atendían a quienes a primera vista resaltaban como personas de dinero, con sus trajes y vestidos elegantes; tragó pesado al sentirse fuera de lugar, para empeorar la situación, Atsushi se había levantado a responder una importante llamada justo en cuanto entraron, además, las miradas de algunos comensales y trabajadores le ponían aún más incómodo por estar solo frente a la mesa.

- Siento la demora – la voz de Atsushi tras de él le hizo saltar un poco, reacción que el de traje logró notar - ¿Estas bien?

- Sí… es solo que, no me esperaba un lugar así.

- La comida es exquisita, ya lo veras – aseguró al tomar lugar en frente al momento justo en que un camarero se acercaba a dejar un par de menús.

Karamatsu sintió que su alma se escapaba de solo ver el costo de los platillos, considerando que lo traía en el bolsillo no alcanzaría ni para un pan.

- ¿Ya sabes que vas a ordenar?

- Eh, yo, creo que un vaso de agua y… - miró nuevamente el menú, intentando hallar algo de bajo costo - ¿Un pan? – murmuró derrotado.

Atsushi sonrió levemente – Por favor, pide lo que desees, yo invito.

Ante lo escuchado Karamatsu bajó el menú en un rápido movimiento – Eso no está bien, lo justo sería dividir la cuenta – habló en consideración de lo que creía correcto.

El de traje le observo en silencio, era la primera vez que alguien rechazaba su invitación, lo común era que siempre pidieran sin reservas a sabiendas de que él pagaba - ¿Quieres ir a otro lado? – cuestionó al notar que el sextillizo bajaba la mirada cohibido cada que alguien pasaba cerca.

- Bueno, de hecho hay un lugar muy bueno – admitió internamente agradecido de no tener que gastar lo que no tenía.

Solo basto un corto viaje en el auto de Atsushi hasta el pequeño establecimiento, aquel preferido por los Matsuno.

Chibita no sabía a causa de que estar más feliz, si por el adinerado hombre en su puesto o por los innumerables halagos a su comida.

- Realmente es delicioso – exclamó por quinta vez Atsushi, disfrutando aquel platillo que no se acercaba a nada que hubiese probado antes. Si bien de inicio tuvo sus dudas al ver el lugar, el simple aroma de la comida termino por hacerle retractarse de inmediato.

Por su parte, Karamatsu estaba contento de ver la expresión en su amigo, los últimos días conversando por teléfono habían sido divertidos, pero en definitiva no se comparaba a tenerlo en frente, el de traje era bastante agradable y siempre le estaba escuchando con atención, aunque el otro no hablaba mucho de su trabajo y al parecer no tenía muchos hobbies.

- Dime Atsushi, ¿Hay algo que te guste hacer? – preguntó el Matsuno, interesado en conocerle un poco más.

- ¿Algo? – Meditó la pregunta un momento – bueno, el trabajo ocupa mucho de mi tiempo así que no suelo salir con frecuencia.

- Pero, quizá algún entretenimiento en casa, películas, música, coleccionar estampillas ¿Quizá? – dudo el sextillizo en lo último, pero de algún modo eso le parecía adecuado a una vida tan ocupada.

- No colecciono estampillas – rectificó divertido por la sugerencia – pero en cambio, si colecciono colonias – refirió un poco avergonzado de confesar aquello, después de todo podría parecer una actividad poco común.

- Eso suena genial, seguramente debes tener buen gusto para las fragancias.

- De eso no estoy seguro, nunca he tenido un juez para ello, por ejemplo ahora, uso Sauvage, de Christian Dior y no puedo asegurar que a todos les guste – indicó señalando su cuello.

Karamatsu, movido por la curiosidad, se inclinó levemente para olfatear un poco, ante la sorprendida mirad de los otros dos.

- Creo que es un aroma exquisito – opinó el sextillizo antes de regresar a su lugar - ¿Qué ocurre? – preguntó extrañado por las atentas miradas.

Chibita simplemente regreso su atención a la comida, fingiendo no haber visto nada, mientras que Atsushi, se había girado con una mano en su rostro en cuanto la palabra "adorable" comenzó a repetirse en su mente una y otra vez.

Al día siguiente llegó a la residencia Matsuno un paquete para Karamatsu; una loción Bleu de Chanel pasó a ser uno de los tesoros del segundo ante la recelosa opinión del resto de hermanos.