Karamatsu se fue sentando con gran lentitud, bostezando y tallando sus ojos con una mano mientras intentaba enfocar su entorno, prácticamente no había dormido nada por culpa de su mente y la insistencia de darle vuelta a diversos temas.
Cuando planeaba levantarse se percató de la ausencia de su compañero de habitación, al tiempo una frase dicha por Atsushi llegó de golpe a su mente "... Te voy a proteger" Una sonrisa se formó inevitablemente en su rostro ante el cálido sentimiento que le provocaba tal recuerdo. Como si fuese invocado, su amigo apareció al deslizar el shoji.
- Buenos días – saludó el recién llegado con una suave sonrisa.
- Buenos días – respondió de inmediato con un claro tono animado, esquivando la mirada en cuanto se percató de su propia reacción.
Para Atsushi tal acto no pudo ser más que considerado como adorable. Carraspeo un poco antes de hablar - Me gustaría que descanses cuanto quieras, pero el gerente quiere hablar con nosotros.
Karamatsu le miró de vuelta con una clara mueca de incertidumbre.
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En la habitación designada a los padres, la familia Matsuno y Atsushi aguardan a quien les habría citado. Un hombre de traje gris apareció en la entrada para presentarse como gerente en el lugar.
- Como sabrán aquí está prohibido el uso de teléfonos y cámaras en el interior de los baños – explicó al instante.
- Lo sabemos, ¿Qué tiene que ver eso con nosotros? – el padre de inmediato refutó, ofendido de una posible insinuación a que alguno de ellos hubiese roto dicha regla. A la par Ichimatsu y Choromatsu intercambiaron una rápida mirada.
El gerente mantuvo una postura recta por algunos segundos antes de arrodillarse e inclinarse en el suelo – En nombre del onsen pido disculpas y les aseguro que nos haremos responsables de lo ocurrido.
Todos intercambiaron muecas de claro desconcierto.
- Lo siento pero, ¿Podría ser más específico? –solicitó Choromatsu con ligero nerviosismo ante la reciente actitud del hombre.
El gerente suspiró antes de levantarse – descubrimos a un sujeto tomando fotografías de los clientes en las duchas – indicó mientras rebuscaba en su traje – algunas correspondían a uno de los aquí presentes – bajó la mirada al extender las pruebas de lo que explicaba.
Atsushi que estaba más cerca del hombre, sujetó las fotos y en seguida pudo sentir el rápido golpeteo en su pecho.
Las imágenes mostraban el rostro, torso y cuerpo completo del segundo sextillizo desde diversos ángulos.
Osomatsu se acercó a mirar intrigado por la aparente nula reacción de Atsushi, en cuanto vio las fotos se las arrebato en seguida - ¡Es Karamatsu! – expresó en son de burla al mostrarle las fotografías al resto.
Las risas no tardaron en hacerse presentes, Karamatsu, claramente abochornado se limitó a colocar una mano en su barbilla – S-sí, ese guy de la foto parece que soy yo – confirmó con un vano intento de seguridad en la voz.
Atsushi no estaba seguro de cómo reaccionar, a su parecer la situación no era algo de risa, después de todo alguien habría invadido la intimidad del Matsuno y eso le generaba una creciente molestia, algo que, aparentemente el resto de la familia no le tomaba la misma importancia, lo que aumentaba inexplicablemente su enojo.
- Les ruego disculpen nuestra falta y esperamos que esto no se divulgue – habló el gerente al inclinarse – logrando atraer nuevamente la atención – claro que, no pensamos solicitarles eso a cambio de nada; ofrecemos a todos una extensión de tres días a su estadía completamente gratis.
Atsushi enarcó una ceja al escuchar aquello, comprendía que un escándalo era perjudicial para el lugar pero consideraba que ningún tipo de oferta se podría comparar a la ofensa cometida contra Karamatsu. Cuando estaba por dar su opinión, el vitoreo por parte de la mayoría de la familia le obligo a mantenerse callado.
- ¿Escuchaste eso mamá? – Matsuzo parecía cautivado por la propuesta.
- ¡Tres días más aquí! – confirmó la mujer con gran alegría.
- ¡Que genial! – prosiguió Todomatsu – tres días y con todos los gastos cubiertos, ¿Cierto? – cuestionó con tono dulce hacia el gerente que solo pudo limitarse a asentir derrotado antes de volver a inclinarse y salir de la habitación.
- Mierdamatsu sirvió de algo – opinó Ichimatsu con su afilada sonrisa.
Choromatsu se limitó a suspirar aliviado de no haber cedido a la idea del cuarto hermano para espiar al segundo, tuvieron la suerte de su lado.
- ¿Quién diría que un pervertido con tan mal gusto nos daría tal regalo? – refirió Osomatsu al agitar las fotografías como si fuesen un abanico.
Mientras la familia planeaba sus siguientes actividades y el modo de sacar el mayor provecho, Atsushi tomó la oportunidad para acercarse a Karamatsu que se mantenía lejos del grupo, cerca de la puerta.
- ¿Estas bien?
- ¿Eh? ¡Claro! No ha pasado nada de qué preocuparse – aseguró el sextillizo con una sonrisa y un pulgar arriba.
Atsushi no pudo más que dudar de aquel gesto poco sincero.
- Vaya Karamatsu – apareció el hermano mayor rodeando con un brazo los hombros del mencionado – has hecho este nuestro día de suerte – afirmó mostrando las imágenes a quien no había tenido oportunidad de observarlas con detenimiento.
Karamatsu sujetó una de las fotografías en las que se apreciaba su cuerpo completo visto por la espalda y con los brazos levantados, al instante reconoció el momento en que se había escabullido a dicha área, el mismo momento en que presintió ser observado. Al comprender que estuvieron espiándole fue inevitable el escalofrió que le recorrió, consiente de la situación vulnerable en la que se halló.
- No puedo creer que seas tan idiota como para dejarte tomar este tipo de fotos – prosiguió el mayor con su discurso – pero que podíamos esperar siendo tú, ¿Cierto? – se jactó al volver a quitarle la foto.
- ¿Qué insinúas Osomatsu? – el segundo frunció el ceño ante lo escuchado.
- Para alguien que siempre está mostrando piel de más debería ser natural sentir las miradas.
- Lo dices como si fuera mi culpa – le encaró al instante.
El tono severo utilizado por el segundo acalló al resto de los presentes que no dudaron en posar toda su atención en la obvia discusión.
- Vamos, en ocasiones pareces una chica desfilando con poca ropa por aquí y allá – refutó con una sonrisa amplia y mirada desafiante.
- Es estúpido lo que dices, y en todo caso, mi forma de vestir no justifica lo que ese tipo hizo – se defendió, enojado y confundido por la actitud del mayor.
- Tal vez deberías comportarte más como un hombre.
El sonido que produjo el puño de Karamatsu contra el rostro de Osomatsu alerto a todos, Atsushi y Jyushimatsu se apresuraron a sostener los brazos del segundo mientras Choromatsu e Ichimatsu repetían la acción con el mayor.
- ¿Eso te parece de hombres? – cuestionó Kara con tono arisco. En un simple movimiento se liberó de quienes le sujetaban y se marchó con fuertes pisadas del lugar.
Todomatsu se apresuró con un pañuelo para intentar frenar la sangre que salía por la nariz del primogénito, cuando soltaron a Osomatsu, este sujetó por sí mismo la tela y se encamino al baño, sin una sola palabra que decir.
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Karamatsu se hallaba en la pequeña cabaña destinada al tratamiento con peces en los pies. Sonríe débilmente al sentir el cosquilleo que los pequeños animales le provocan en sus dedos, pero la mueca se desvanece al recordar el reciente suceso; él no podía comprender la actitud de Osomatsu y en ocasiones del resto de hermanos, ¿Qué tenía de malo su forma de vestir? ¿Por qué le criticaban tanto? ¿En qué les afectaba? Además de ello, también le preocupaba su propia reacción, no sería la primera vez que discutía con Osomatsu, pero en esta ocasión le vio Atsushi, su amigo seguramente ahora pensaría que era un sujeto violento.
La puerta al ser abierta no le llamo la atención al momento, pero al reconocer a quien ingresaba le fue inevitable levantarse de golpe y salir del agua con premura para retroceder hasta la pared más cercana.
- Por favor, solo quiero hablar – solicitó con suavidad el chico pelirrojo.
Karamatsu se mantuvo en silencio y con el ceño lo suficientemente fruncido para denotar su incomodidad.
- ¡Perdóname! – suplicó el masajista al postrarse en el suelo.
El Matsuno enarcó una ceja – tu forma de actuar en el pasillo no fue la correcta – mencionó a la par que sobaba de forma inconsciente su muñeca, la misma que había sido sujetada con fuerza por quien pedía perdón.
El masajista se mantuvo un instante en silencio antes de responder – yo, de verdad lamento eso, no sabía cómo actuar contigo, pareces un chico bastante genial y creí que un tipo tan común como yo no lograría captar tu atención… mis compañeras dicen que los chicos malos son los que más atraen… - finalizó sin perder la pose.
El Matsuno no sabía que responder, molesto por lo ocurrido pero a la par comenzando a sentir compasión por el otro.
- Por favor – continuó el masajista – déjame demostrar que soy una buena persona, realmente quiero ser tu amigo – finalizó al levantarse un poco y mostrar un rostro suplicante.
Karamatsu suspiró derrotado – Bien, pero si vuelves a actuar como antes… - entonó con clara advertencia en su voz.
- ¡No lo hare! – se levantó rápidamente con una gran sonrisa a la vista.
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Atsushi andaba por los pasillos del lugar buscando con gran insistencia a su amigo, en cuanto Karamatsu se había marchado no le tomo a él mucho tiempo decidirse a seguirlo, sin embargo, al no ver el camino que el otro tomó simplemente no daba con el lugar a revisar. Cuando consideró regresar al cuarto que compartían se topó con dos de los hermanos.
- ¿Lo encontraste? – cuestionó uno de ellos.
Atsushi se mantuvo en silencio al no lograr recordar el nombre de los presentes.
- Choromatsu – se señaló quien había preguntado, acostumbrado a ver la expresión confusa en el rostro de muchos – y él es Ichimatsu – refirió al menor que estaba a un lado.
- Lo siento – se disculpó ante el claro olvido – no he logrado hallarlo – respondió a la duda inicial.
- No debes preocuparte, solo necesita un tiempo a solas para calmarse – explicó Choromatsu mientras daba un par de pasos al frente – lo importante ahora, es que justamente queríamos hablar contigo a solas.
Ante lo dicho Ichi sonrió de forma malévola antes de acercarse.
- Bien… ¿Qué ocurre? – cuestionó ligeramente intimidado por la expresión del par.
- Solo queremos hacer algunos negocios – respondió el cuarto sextillizo mientras mostraba diversas fotografías.
Atsushi no dudo en tomarlas para revisarlas a detalle, la mayoría eran aquellas fotos que el gerente habría dicho decomisar mientras que unas pocas se enfocaban en Karamatsu cuando estuvieron paseando entre los juegos; el contraste entre las imágenes seductoras del chico en la ducha con la sonrisa dulce del mismo divirtiéndose entre los puestos terminaron por acelerarle el pulso.
- ¿Acaso ustedes…? – comenzó a interrogar con una clara molestia.
- No, no, no – Choromatsu negó de inmediato al adivinar el pensamiento del otro – nosotros solo tomamos estas – señaló las de Karamatsu en los puestos – en casa ya nos sobran las fotos y pensamos que, quizá, podría interesarte quedarte algunas – explicó Choromatsu manteniendo una expresión afable.
- ¿Cuánto? – la pregunta salió de sus labios al instante, arrepintiéndose por olvidar sus estrategias de negocios y mostrarse claramente interesado; las sonrisas cómplices de los hermanos le predijeron el alto costo que tendrían las fotografías.
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Karamatsu andaba de regreso a su habitación. Tras una breve charla con el masajista terminó aceptando intercambiar números, tal vez no parecía una buena opción por lo ocurrido, pero consideraba justo el darle otra oportunidad y, no podía negar, le agradaba la idea de tener un amigo nuevo.
Al momento de llegar al cuarto se encontró con Atsushi en el mismo punto; por instinto bajó la mirada al no saber cómo tratarle tras el incidente con Osomatsu.
Atsushi aclaró su garganta antes de hablar – sabes, creo que sería buena idea ir a otro lugar – sugirió con lentitud, tentando a la suerte y esperando convencerle – hay un buen restaurant al que podemos ir, o si lo prefieres puedo llevarte a casa, lo que te haga sentir más cómodo – finalizó inseguro, en su idea original no estaba proponer llevarlo a su hogar ya que su intención era pasar más tiempo juntos. Ante el silencio de Karamatsu se arriesgó con otra idea – me gustaría hablar contigo a solas, es sobre una propuesta de trabajo.
La palabra final logro atrapar la a atención del Matsuno, claro que, él ya tenía un trabajo, pero era algo de medio tiempo y una propuesta por alguien tan importante le intrigaba demasiado ¿Cómo se vería en un puesto de oficina? Atraído por la curiosidad no dudo en aceptar la propuesta – pero, debería avisarle al resto – recordó con poco ánimo.
- Yo me encargo, ve por tus cosas y nos vemos en la entrada – indicó apresurado, antes de que el otro se pudiese arrepentir. Se encamino rápidamente en búsqueda de dos hermanos en particular, aquellos que él sabía de antemano, guardarían silencio sobre su partida el tiempo suficiente, claro, con un buen incentivo.
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La tarde se hacía presente y en la residencia Matsuno un solo integrante de la familia se paseaba por la recamara con clara impaciencia – Debe ser una maldita broma – murmuró Osomatsu con fastidio antes de tomar lugar en el sofá, una marca roja todavía se apreciaba en su nariz. Se recostó con los brazos tras su cabeza en un vano intento de relajarse, y es que, cuando intento buscar a Karamatsu tras su discusión, Choromatsu le informo que este se había marchado con Atsushi; pese a la insistencia del mayor por regresar a casa el resto de su familia había decidido quedarse el tiempo ofrecido en el onsen, inclusive Todomatsu, abandonándole en su plan inicial en torno al segundo hermano. El mayor de los sextillizos no tuvo más opción que regresar solo, esperando hallar al hermano faltante en casa se encontró con el lugar totalmente vacío. ¿En dónde estaría Karamatsu? Entre más se preguntaba aquello mayor era su molestia.
Cuando Osomatsu estaba por cerrar los ojos, presa del aburrimiento, el claro sonido de alguien arribando a la casa le alertó, presintiendo quien era el recién llegado no dudo en levantarse con premura para asomarse y confirmar su sospecha.
- Osomatsu… - murmuró con ligera sorpresa Karamatsu.
El nombrado se abstuvo de gritarle por la ausencia, repasando con lentitud la vestimenta de su hermano: pantalón y camisa de color negro, zapatos cafés así como un saco gris oscuro; claramente aquello era recién comprado y no le costó mucho razonar quien era el responsable.
- ¿No están los demás? – cuestionó Karamatsu con calma mientras se retiraba los zapatos, al hombro tenía la mochila que había llevado para el onsen y en la diestra cargaba un par de bolsas de tienda departamental.
- ¿En dónde estabas? – Interrogó el mayor ignorando la primer pregunta.
Karamatsu no se molestó en mirarle al responder – con Atsushi – habló antes de comenzar a subir las escaleras, pasando de largo a su hermano y yendo directo al cuarto.
- ¿Y esa ropa? – cuestionó siguiéndole al interior de la habitación.
Esta vez fue Karamatsu quien le ignoro, dejando sus cosas cerca del armario simplemente se giró de vuelta a la salida, bajando con calma cada escalón.
- ¡Hey! ¿A dónde vas? – Gritó el mayor al verle colocarse los zapatos nuevamente.
- Solo vine a dejar las cosas – respondió al salir.
Osomatsu oprimió con fuerza los puños - ¿Vas nuevamente con ese tipo? – le fue inevitable usar un brusco tono de voz.
Karamatsu se detuvo en el marco, apenas y girando un poco el rostro le observó fríamente – No te incumbe lo que haga – sentenció antes de cerrar la puerta.
El mayor de los Matsuno no tuvo oportunidad de decir una palabra más, atinando simplemente a golpear la pared más cercana ante la innegable ira y prometiéndose regresar todo a la normalidad.
