Tras su primer y apresurada sesión oficial de Karamatsu, el sextillizo descansaba en el estudio conversando con Atsushi, logrando mantenerse sereno y fingiendo que el suceso del día anterior no había ocurrido, continuó tratando al joven empresario como lo que era, solo su amigo.
La apacible interacción se vio interrumpida cuando un castaño ingresó en el lugar, vistiendo una camisa negra e impecable traje gris se fue acercando a los presentes – Vaya sorpresa, cuando Akemi me habló del nuevo modelo no creí realmente que serias tú – finalizó al estar frente al Matsuno e inclinándose un poco para mantener su rostro cerca.
Ante aquel gesto Karamatsu no pudo evitar inclinarse hacia atrás por la repentina cercanía – Lo siento, pero, ¿Nos conocemos? – cuestionó ligeramente avergonzado por no ubicar al otro.
-¿Eh? Debes estar bromeando… aunque ahora que te veo bien, quizás… - murmuró lo último volviendo a acercarse al rostro ajeno.
- Disculpa… - Atsushi carraspeó para hace notar su presencia – creo que lo estas confundiendo Yanagida.
El nombrado se enderezó sin quitar la vista del sextillizo mientras Karamatsu presentía haber escuchado el nombre con anterioridad, pero sin lograr recordar de dónde.
- No te preocupes Karamatsu – Atsushi posó una mano en su hombro – no creo que le recuerdes, después de todo ustedes no solían interactuar, más bien, con quien él pasaba tiempo era con uno de tus hermanos.
- Mi error – se inclinó Yanagida para disculparse – creí que eras Ichi – admitió con un deje de tristeza en la voz.
- Oh, no hay necesidad de disculparse – Karamatsu se levantó al instante imitando la reverencia – es bastante común que nos confundan.
- Así que, Matsuno, ¿Cuánto llevas en esto? ¿Te recomendó otra agencia?
Karamatsu rascó su mejilla mientras denotaba una sonrisa apenas visible - Este es mi primer día… - admitió esquivando la mirada.
Yanagida pareció comprender algo ante aquella vista, si bien en la escuela solo conviva con Ichimatsu, ahora recordaba a uno de los hermanos, uno que solía pasar desapercibido, de actitud tímida y avergonzada, casi como lo que veía ahora. ¿Cómo aquel chico terminó ahí siendo modelo?
- ¿Yanagida? – le llamó Atsushi ante el repentino silencio.
- Lo siento, recordé que tengo algo que hacer así que me marcho, bienvenido Matsuno – finalizó con una sonrisa antes de retirarse.
Atsushi simplemente le siguió con la mirada hasta perderle, presintiendo algo extraño.
- ¿Está todo bien? – le cuestionó Karamatsu ante la repentina seriedad.
- Claro, no ocurre nada – respondió retomando su aparente tranquilidad. El otro no preguntó más.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
La familia Matsuno regresó de su breve descanso en el onsen y con ello, la cotidiana normalidad fue devuelta al hogar; con excepción de que los dos mayores parecían interactuar menos de lo usual y que el segundo no mencionó en ningún momento su nuevo trabajo. Un mes pasó rápidamente desde que el segundo hermano inicio una nueva etapa.
Karamatsu disfrutaba de toda la experiencia, si bien su jefe le había advertido que llegar a una portada le tomaría mucho tiempo, poco a poco lo fue integrando en pequeños proyectos, asignándole inclusive un entrenador personal.
- ¡Estoy exhausto! – exclamó Karamatsu sentado en una máquina de poleas mientras pasaba un brazo por su frente para limpiar algo de sudor.
- Vamos, pronto te será pan comido – respondió divertido un hombre de cabello y barba negra que se acercó para extenderle una botella de agua.
-Eso dice siempre –alegó con un ligero puchero antes de beber el necesario líquido.
En respuesta solo obtuvo una risa por parte del hombre; aquel sujeto que rondaba los cuarenta años y tenía un físico bien trabajado era su entrenador Max.
El sextillizo ya contaba con cierta resistencia física, pero acorde a lo dicho por su jefe, requería mejorar sus hábitos alimenticios y darle "forma" a su cuerpo.
- Terminamos por hoy, no olvides seguir la dieta, ¿De acuerdo? – le indicó Max, dando así fin a su rutina de aquel día.
- Claro – Karamatsu suspiró con cierto cansancio, si bien el ejercicio lo agotaba no era realmente un problema como la comida; después de todo, seguía sin decirle a la familia su verdadero trabajo y cuando le asignaron un nuevo menú a seguir, no tuvo más remedio que comenzar a preparase por si solo sus alimentos y soportar la burla de algunos hermanos ante su repentina dieta.
Karamatsu se encaminó a la ducha, después de su entrenamiento debía estudiar sobre diversos temas; aquella agencia fungía también como escuela de modelaje, ante lo que Akemi le advirtió que tendría que estudiar todo lo necesario para seguir trabajando con ellos. Su rutina ahora era salir temprano a ejercitarse con Max, estudiar a veces solo y en otros momentos en salones con algunos otros alumnos, la mayoría más jóvenes, debía acudir a diversas sesiones para observar y ocasionalmente lo incluían en alguna sesión fotográfica. Solamente cuando su rostro era fotografiado era cuando Atsushi estaba presente en las sesiones, Kara seguía sin comprender aquello pero confiaba en su jefe.
En cuanto el Matsuno finalizó su baño se colocó una toalla en la cintura para encaminarse a los casilleros donde su ropa estaba guardada; para su mala suerte, se topó que en su casilla no se encontraba ninguna de sus pertenencias, en cambio halló una bolsa negra con una nota pegada:
"Aquí está la ropa para tu siguiente trabajo, date prisa y ve al estudio principal"
La primer idea de Karamatsu fue pensar en su jefe Akemi, pero aquel rubio le decía las cosas de frente, aunque estuviese en la ducha posiblemente se hubiese asomado, por lo que terminó asumiendo que alguien más habría sido enviado a dejar el recado. Dejo de pensar en aquello y se apresuró a cambiarse, emocionado por hacer un buen trabajo.
Ojala hubiese pensado mejor la situación.
Karamatsu se reprochaba cada tanto mientras caminaba por los pasillos, sintiendo la mirada de cada persona que se topaba en el camino, recorriéndole por completo sin pudor y aumentando su nerviosismo.
Para el resto de personas era inevitable voltear a ver al "conejito" que paseaba por el lugar; Karamatsu llevaba una ceñida prenda negra de una sola pieza hasta los muslos, con el frente cubierto hasta rodear su cuello con una cinta blanca y un moño azul, un corte en V en la espalda finalizaba en su cintura con una esponjosa cola blanca. Como aditamentos usaba medias de red que marcaban a detalle sus torneadas piernas, muñequeras blancas y una diadema que simulaba un par de orejas de conejo del mismo azul que su moño.
Para Karamatsu utilizar ropa llamativa no era algo inusual, le fascinaba por ejemplo usar tela brillante en cuanta ocasión se presentara; por lo que, llevar aquel disfraz no le pareció un inconveniente al principio, sin embargo, comenzó a sentirse incomodo en cuanto notó las miradas indiscretas y comenzó a escuchar comentarios inapropiados, sin atreverse a responder o siquiera mantener la vista al frente apresuró el paso hasta el estudio para finalizar lo antes posible con la sesión de fotos. Exhaló sonoramente en cuanto cruzó las puertas.
Todas las personas en el estudio miraron al instante al recién llegado, frenando sus actividades.
El sextillizo observó el entorno, su jefe, una fotógrafa, dos chicas con vestidos de gala, dos jóvenes con trajes y varios asistentes por el lugar.
- ¿Karamatsu? – Akemi fue el primero en hablar - ¿Qué haces vestido así?
El Matsuno rascó ligeramente su mejilla, sin dejar de sonreír – Yo, recibí tu nota de venir y usar esto para una sesión… creo que, ¿Llegué antes? – finalizó dubitativo, esforzándose en mantener la sonrisa.
- ¿Nota? No sé de qué hablas.
- ¿Una novatada? – se escuchó la opinión de una modelo seguido de algunas risas.
Karamatsu escuchó aquello mientras su rostro se tornaba completamente rojo – Y-ya veo… -murmuró nervioso – ¡Lamento haber interrumpido! – se disculpó con una rápida reverencia antes de salir corriendo. A mitad de un pasillo se detuvo abruptamente ante la presencia de cierto castaño.
- Vaya, ¿Imponiendo moda? – se burló Yanagida con una sonrisa ladina.
- Creo que, alguien me jugo una broma de bienvenida – respondió Karamatsu avergonzado.
- ¿Así fue? Quizá era más una advertencia de que no le agradas a alguien – acortó la distancia en un paso – este mundo no es para todos, por más lindos que parezcan – habló mientras tomaba con delicadeza por la barbilla al Matsuno.
Karamatsu frunció el ceño y oprimió con fuerza los labios, reprimiendo el primer insulto que pasaba por su mente; después de todo, no podía armar un escándalo sabiendo que su jefe no estaba muy lejos.
- Por cierto, creo que vi tu ropa en las duchas – mencionó al soltarle – deberías cambiarte antes de resfriarte conejito – finalizó con una sonora risa mientras se alejaba.
Karamatsu suspiró con cansancio, si bien su primer idea fue golpear a ese tipo, no quería tener problemas y aunque odiara admitirlo, el suceso le había recordado ligeramente sus días de escuela, aquel tiempo en que no tenía el valor de enfrentar a quienes lo molestaban. Decaído se encamino a las duchas para poder cambiarse e intentar sobrellevar la tarde.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
El segundo Matsuno disfrutaba de su día libre andando con tranquilidad por la plaza, con su usual chaqueta negra y gafas oscuras se detenía cada tanto frente a alguna vitrina intentando distraer su mente. En los días siguientes al suceso con el traje de conejo, Karamatsu fue el objetivo de otras bromas y a pesar de estar seguro de que el responsable era Yanagida, no contaba con ninguna prueba ni se atrevía a contárselo a nadie, asumiendo que solo debía resistir hasta que el castaño se cansara y lo dejara en paz.
Como si el destino jugase con el sextillizo, este se terminó topando de frente con el castaño.
- Matsuno, que alegría verte – pronuncio Yanagida con una sonrisa ladina – ya que ambos tenemos el día libre, ¿Por qué no vamos a beber algo? – sugirió pasando un brazo por los hombros del otro.
Karamatsu dio un paso a un costado para deshacer el contacto – Estoy ocupado – respondió con simpleza; si bien debía soportar a ese tipo, nada le obligaba a hacerlo fuera del trabajo. Sin querer interactuar más comenzó a caminar en dirección a la salida, ahora solo tenía intención de regresar a casa y descansar, sin embargo, no le tomo mucho tiempo para percatarse de que Yanagida le seguía a varios pasos de distancia, sabiendo que solo buscaba fastidiarlo no le daría la satisfacción de enojarse, por lo que simplemente acelero el paso e intento perderle entre la multitud.
Yanagida torció la boca cuando vio que el Matsuno parecía querer correr por su presencia, aunque era algo obvio por sus acciones, le molestaba el hecho de ser ignorado; en cuanto volvió a ubicarlo dando vuelta en una esquina se apresuró a alcanzarlo – Vaya escondite – murmuró al entrar en lo que resulto ser un callejón. Cuando diviso un bulto ligeramente escondido cerca de un contenedor de basura le fue inevitable reír - ¿Realmente te escondes de mí? – se burló al colocarse frente al otro. La expresión triunfante se desvaneció en cuando noto la ropa diferente en el Matsuno.
- ¿Qué mierda quieres? – cuestionó de forma hostil el chico de polera morada mientras se colocaba de pie, dando un paso al frente y haciendo retroceder al otro a la par.
El castaño dudo en responder, entendiendo que aquel no era Karamatsu pero sin saber realmente que hermano tenía enfrente, después de todo solo existió uno con el cual convivía – Lo siento, creo que te confundí.
Ichi enarco una ceja, ser confundido era una clara referencia a sus hermanos, pero no tenía intención alguna de profundizar en el posible problema que aquello pudiese conllevar – Bien, lárgate entonces.
Yanagida estaba por retirarse al no querer confrontar al sextillizo que parecía tan peligroso, sin embargo, solo le basto bajar un poco la mirada para notar tras de aquel chico a un pequeño gato de pelaje gris, algo sucio y notablemente delgado - ¿Es tuyo? – preguntó al asomarse un poco para ver mejor al animal.
Ichimatsu rodó los ojos con cierto fastidio de seguir hablando con el desconocido – No, es un callejero – respondió al inclinarse para levantarlo.
- ¿Crees que sobreviva aquí? – continuó preguntando al acercarse para poder acariciar al felino.
- No lo sé – admitió el nini con un semblante desanimado.
- Supongo que no puedes llevártelo a casa, ¿Quieres que lo cuide por ti?
- ¿Eh? – Le miro con una combinación de sorpresa y felicidad, después de todo, llevaba unos días buscando quien lo adoptara, pero al ser tan pequeño y débil no hallaba quien aceptara el riesgo - ¿De verdad?
Yanagida asintió mientras tomaba en brazos al gatito; después mantuvo la vista en aquel rostro esperanzado que repentinamente le traía recuerdos - ¿Ichimatsu?
El nombrado perdió la sonrisa, retomando su semblante desconfiado - ¿Te conozco?
XXXXXXXXXX
Ahora si tarde mucho, ¡lo siento!
Prácticamente ya estaba terminado pero faltaba revisarlo, de hecho, el siguiente cap ya también, esta, entre hoy mañana lo subo dn_n
Muchas gracias por leer n_n
