Atsushi revisaba algunos documentos sobre su escritorio, refunfuñando cada tanto por tener que verse encerrado en aquella oficina y no poder haber disfrutado un día libre con su novio. Ante la última palabra pasando por su mente le fue inevitable sonreír, "novio" le parecía ahora una de las pronunciaciones más bellas. Dejó caer su cabeza sobre el escritorio, ligeramente avergonzado por las repentinas ideas cursis que antes desconocía poseer.
El joven empresario era dichoso por la aceptación de Karamatsu, los días en su compañía eran invaluables y cada vez conocía más del Matsuno; sin embargo, todavía existía una línea que no lograba cruzar, al parecer el lindo chico que robó su corazón era un inexperto en la cercanía física, los besos no eran problema, tal acto era una nueva adicción para ambos, pero en cuanto Atsushi intentaba ir un poco más lejos, su pareja terminaba retrocediendo o inventando alguna excusa para huir, tales actos le parecían hasta cierto punto adorables, pero no lo suficiente para disminuir su deseo. Suspiro con cansancio, a ese paso necesitaría una ducha fría.
Suaves toques a la puerta le obligaron a erguirse y reponerse – Adelante – indicó mientras sujetaba una hoja, fingiendo leerla.
- Señor, alguien le busca – un joven le informó en cuanto abrió la puerta.
- No tengo citas programadas, dígale que haga una – ordenó con cierto cansancio.
- Eso se le dijo, pero es bastante insistente, dice que seguramente lo recibiría.
Lo escuchado llamó la atención de Atsushi, dejando el papel observó a su asistente - ¿De quién se trata?
- Dice ser Matsuno.
Atsushi casi salta de su asiento ante el apellido – Dígale que pase – respondió sin duda ante la clara sorpresa del otro quien se limitó a asentir antes de retirarse. El trajeado acomodó su corbata y sonrió con emoción, desconocía que Karamatsu estuviese al tanto de la dirección de su trabajo, seguramente Totty le daría el dato, como fuera, estaba agradecido de tal sorpresa. Tomó lugar en su gran silla, recargándose un poco y cruzando una pierna, buscando una buena pose para impresionar a su invitado.
- ¡Vaya lugar tan aburrido! – Exclamó Osomatsu en cuanto ingresó – un par de cuadros coloridos no estarían mal – opinó al cerrar la puerta y pasear la vista por el lugar.
Atsushi se mantuvo estoico, reprimiendo el impulso de sacar a patadas al sujeto de polera roja – Osomatsu – pronunció en voz baja y con recelo - ¿Qué haces aquí?
- Solo pasaba por el rumbo ¿Te interrumpo? – preguntó al sentarse en un pequeño sofá café que estaba cerca de la entrada.
- En efecto, tengo mucho trabajo que hacer – se acomodó con los brazos sobre el escritorio y las manos entrelazadas – así que, ¿A qué has venido exactamente?
Osomatsu mantuvo una expresión serena, apoyando los codos en sus piernas y entrelazando las manos imitó la pose del otro – quiero que te alejes de mi hermano – sentenció sin borrar la sonrisa amable.
Atsushi no se inmutó ante el pedido, contrario a ello le parecía cómica la situación, después de todo, los sextillizos ya pasaban de los veinte y aun así el primogénito parecía tener complejo de hermano sobreprotector.
- ¿Qué te hace creer que lo hare?
- No estas comprendiendo, no es una petición, es una advertencia.
- Oh, ya veo, pero es muy osado de tu parte venir a mi oficina con una amenaza tan absurda y creer que accederé tan fácilmente – bajó sus manos para acomodar los papeles que tenía enfrente – si no tienes nada más interesante que decir, ya conoces la salida.
- ¿Te has acostado con Karamatsu?
Atsushi se congelo unos segundos antes de responder – Eso no es de tu incumbencia – respondió al retomar su acción de ordenar algunos documentos.
- Al parecer no – se jactó con una sonrisa altanera – escucha, es bastante obvio lo que ocurre aquí.
- ¿Es así? Deberías explicármelo entonces – solicitó mientras firmaba un par de hojas como pretexto para evitar ver a quien hacia hervir su sangre.
- Quizá sea una costumbre que tienes, llenar de regalos a alguien y llevarle a lugares caros para que al final se acuesten contigo, y no lo malinterpretes, si yo tuviese tu fortuna lo haría también, pero el problema es que lo estás haciendo con alguien de mi familia – se levantó y estiró sus brazos, como si acabase de despertar – si fuese Totty no me preocuparía mucho, él es hábil y sacaría provecho sin duda alguna, pero estas tratando con Karamatsu, el segundo hijo que en realidad es un llorón y debilucho que terminara lloriqueando por días.
Atsushi bajó el bolígrafo para centrar su atención en quien daba pasos cortos en su dirección.
- Creo que subestimas a Karamatsu, es perfectamente apto para comprender y tomar sus decisiones.
- Aléjate de él o realmente lo lamentaras – advirtió tras golpear sus manos contra el escritorio, siempre con una sonrisa pero conservando un aura amenazante.
El de traje mantuvo la vista en el Matsuno, aquel chico despertaba su peor lado y le incitaba a provocarlo más. Con una expresión arrogante se levantó e imito la pose con las manos sobre el mueble – Lo dejare cuando alcance mi objetivo.
Con tal comentario el joven empresario obtuvo lo que esperaba, borrar la sonrisa del sextillizo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Ichimatsu miró nuevamente la tarjeta entre sus manos, peleaba por decidir entre destruirla o marcar el número. Aunque le hubiese gustado golpear a su hermano mayor para obtener más información, aquel parecía diferente a lo usual, con una energía rodeándole que le impedía molestarlo. El cuarto hermano se acercó con sigilo a la estancia, deslizando un poco el shoji observó a Choro y Jyushi bastante entretenidos frente a la televisión, cerró nuevamente sin hacerse notar, Karamatsu estaría en el techo con su guitarra, los otros dos se hallaban en quién sabe dónde y sus padres salieron por las compras, al final considero aprovechar la oportunidad.
Marcó el número con cierto nerviosismo, el primer tono de señal le comenzó a provocar nauseas ¿Qué debía decirle? ¿Ocurriría algo malo con el gatito? ¿Y si quería devolverlo? ¿O solo buscaba conversar del pasado? ¿Debía contarle la verdad sobre su personalidad? ¿Le odiaría si le confesaba que fingió ser otro cuando eran amigos?
/- Diga. /
La voz que respondió le estremeció, era como si su mente olvidase por completo como hablar.
/ - ¿Hola? ¿Hay alguien? /
Ichi abrió la boca, pero por más que intentaba ninguna palabra salía.
/ - ¿Ichimatsu? /
El nombrado sintió que su respiración se cortaba por instantes – S-sí… - logró responder mientras su corazón latía cada vez más fuerte.
/ - ¡Que alegría! Me has llamado, realmente no creí que fuera tan pronto, tenemos tanto de que hablar. ¿Este es tu número? Lo guardare en seguida. /
Ichimatsu sentía su labio inferior temblar ligeramente, sin saber en qué punto interrumpirlo se limitaba a escucharlo.
/ - ¿Estas libre? Me gustaría hacerte unas preguntas sobre Ichiro*. /
- ¿Ichiro? – repitió el sextillizo por inercia.
/ - El gatito ¿Te gusta cómo le puse? Es mi primera mascota después de todo y suena similar a tu nombre. /
Ichimatsu podía sentir perfectamente como el calor aumentaba en su rostro ¿Aquel tipo era un idiota? ¿Qué respuesta esperaba? Y aún más importante ¿Por qué repentinamente se sentía tan feliz?
/ - Dime, ¿Cuándo estas libre? Podemos vernos donde quieras, o si estás muy ocupado puedo ir a tu casa. /
- ¡No! – Ichimatsu giró de inmediato a todos lados, esperando no haber sido escuchado por el resto – Mi casa, no es buena opción – aclaró lentamente – veámonos luego en algún otro lugar – sugirió indeciso.
/ - Bien, aguardare entonces por tu llamada. /
Ichimatsu respondió con un simple sí antes de cortar la llamada, ¿Fue idea suya o por el tono, Yanagida parecía decepcionado? Suspiró con pesadez, solo aceptaría verle porque estaba preocupado por el gato, al menos se repetiría ello hasta creérselo. Colgó rápidamente en cuanto vio la puerta de la entrada siendo abierta, se alistaba para huir, pero se detuvo al observar al mayor de sus hermanos.
- Osomatsu nii san… - pronunció lentamente al notar el ojo izquierdo con un claro tono morado en la piel - ¿Qué demonios ocurrió? – cuestionó sin esconder en su expresión la clara sorpresa de verle herido.
El mayor ignoró la pregunta y se limitó a observar los zapatos de la entrada - ¿En dónde está Karamatsu?
El menor frunció un poco el ceño ante la interrogante, por el tono hostil no auguraba nada bueno – No lo sé, no soy su niñera – respondió con su usual carácter desinteresado, esperando así que el otro no insistiera. Aprovechando que su hermano se retiraba los zapatos comenzó a subir las escaleras.
Justo cuando Ichi entraba en la recamara, Kara ingresaba por la ventana con la guitarra en mano.
El par de hermanos se mantenían la mirada sin saber que decir.
- Sobre Yanagida… - el mayor habló primero, quería aclararle a su hermano que no estaba obligado a contactar con el castaño, pero al pronunciar el nombre notó un repentino sonrojo en el otro, por lo que no supo cómo continuar.
Por su parte, Ichi giró rápidamente el rostro cuando sintió el calor invadirle, rezando a todas las deidades porque Karamatsu no lo hubiese notado – Osomatsu nii san te busca – soltó de repente, cambiando de forma obvia el tema – y no me importa realmente, pero parece furioso – finalizó rápidamente, claro que, su intención no era salvar a mierdamatsu ni nada similar, simplemente no estaba de humor para escuchar una pelea.
- Oh, aquí estas.
La voz del mayor proveniente desde el marco hizo girar a Ichi por inercia, en definitiva su hermano no se veía nada amigable.
- Sal por favor Ichimatsu – Karamatsu fue quien habló mientras colocaba la guitarra en una esquina de la habitación, claramente no podría huir de una posible confrontación y lo que menos deseaba ahora era involucrar a uno de los menores.
Ichi no acostumbraba obedecer, menos al segundo, pero no era tan tonto como para quedarse en medio de esos dos. Sin decir nada salió de la habitación bajo la pesada mirada del primogénito.
- ¿Qué quieres Osomatsu? – cuestionó sin rodeos, reprimiendo la ligera curiosidad que sentía por el visible moretón.
- ¿Ni siquiera un "Bienvenido a casa onii chan"? – se burló con tono cantarín mientras cerraba. Dando unos pasos se detuvo al centro de la habitación, observado que el otro ya fruncía el ceño y se cruzaba de brazos impaciente – Termina con Atsushi – sentenció sin más, considerando que no tenía más caso fingir sobre el tema.
Karamatsu dio un respingo ante lo escuchado, pero logró mantenerse sereno – No sé de qué hablas.
- Vamos Karamatsu, no tengo tiempo para esta farsa, tú lo niegas, yo insisto, sigues negándote, menciono alguna prueba o lo obvio de la situación, terminas por admitirlo y blablablá – movió su diestra restándole importancia.
El segundo Matsuno rechistó en respuesta – Aunque eso fuera cierto, ¿Qué te hace pensar que te haría caso?
- Hermanito, hermanito, aun eres bastante inocente, por no decir idiota – expresó provocativo. Ante la falta de repuesta del otro, prosiguió – Entiendo que debe ser divertido que alguien te consienta tanto, digo, los regalos quien los negaría, pero no estás viendo como afectaras a la familia.
El menor bajó los brazos por inercia, intentando comprender las palabras del mayor - ¿Afectarlos? – Repitió incrédulo – Es absurdo, ¿De qué forma podría afectarles si salgo con alguien? – cuestionó indignado.
- ¿Y todavía lo preguntas? Entiendo que somos de la casta más baja en la sociedad, pero venderte por obsequios es muy bajo, recuerda que hay otros cinco con el mismo rostro, podrían confundirnos contigo.
Karamatsu no se contuvo ante lo escuchado, lanzándose al instante sobre el mayor con la idea de emparejar el color de sus ojos; sin embargo, Osomatsu estaba preparado para ello, por lo que le fue fácil sujetarlo por un brazo para hacerle perder el equilibrio y lograr así derribarlo.
- ¡Eres un maldito idiota! – Gritaba Kara desde el suelo intentado quitarse de encima a quien le torcía un brazo y le presionaba la espalda con la rodilla.
- ¡Y tu estas ciego ante lo obvio! – respondió ejerciendo mayor fuerza, si se descuidaba un poco el otro le daría vuelta a la situación.
- ¡¿Qué pasa con ustedes?! – Choromatsu deslizó la puerta en un solo movimiento, con Ichi y Jyushi detrás de sí, no tardaron en ingresar para intentar separarlos, siendo el de amarillo quien derribaría a Oso en un rápido movimiento, liberando así a Kara.
- ¡¿Por qué ahora te importa lo que hago con mi vida?! – Alegó frustrado Karamatsu mientras Jyushi sostenía al mayor - ¡No tienes por qué meterte en mi relación con Atsushi! – gritó sin caer en cuenta de las expresiones en los menores.
- ¡¿Por qué eres tan terco?! – Bramó el mayor – ¡¿No puedes entender que ese maldito solo quiere sexo y después botarte?!
El silencio se hizo presente ante lo declarado, los tres hermanos menores parecían retener la respiración, aguardando la reacción del segundo, algún posible desenlace violento.
- No lo conoces – respondió Karamatsu con aparente calma – además, si solo es sexo quizá, yo quiera lo mismo – finalizó antes de darse la vuelta y deslizar el shoji tras de sí.
Jyushi soltó lentamente a su hermano que al parecer ya no era una amenaza, al menos eso dedujo por el rostro desencajado en este.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Karamatsu caminaba apresurado entre las calles, esforzándose por no permitir que las lágrimas que comenzaban a acumularse se deslizaran por su rostro, a la par se reprendía mentalmente por no traer sus gafas oscuras. Detestaba que su hermano se comportara de aquella forma, ¿Por qué no podía sentirse feliz por él?
En cuanto el sextillizo dio vuelta en una esquina terminó chocando con otra persona, por fortuna el otro alcanzo a sujetarle por el brazo para evitar una caída – lo siento – se disculpó de inmediato – tú… - murmuró al percatarse que quien estaba enfrente era el masajista.
- ¿Estas bien? – Cuestionó Kanaye mientras le soltaba, notando al instante la expresión lastimera – Hace un rato que no sabía de ti, ¿Te sucedió algo malo? – cuestiono con preocupación.
Karamatsu bajó el rostro avergonzado por ser visto de aquella forma, además, se sentía ligeramente culpable por haber olvidado mantenerse en contacto con ese nuevo amigo, pero tras empezar a salir con Atsushi, prácticamente el resto dejo de ser importante.
Ante el silencio prolongado el masajista sonrió – Vamos, te invito una cerveza – sugirió mientras colocaba una mano en el hombro del otro, intentado animarle.
El Matsuno dudo un momento, pero siendo consciente de que no quería volver a casa ni pretendía que su novio le viese mal, no halló más escapatoria – Bien, solo una – terminó aceptando mientras el masajista sonreía emocionado.
XXXXXXXXXX
Creo que nunca mencione el significado de Kanaye dn_n
*Kanaye: Celoso
*Ichiro: Primer hijo
Gracias por leer n_n
