El sextillizo miró a detalle todo a su alrededor, había personas bailando en casi toda el área central y una serie de mesas pegadas a las paredes, al fondo se distinguida la barra de bebidas. La música era estruendosa y la luz escasa, siendo que apenas veía el piso gracias a las diversas luces bailarinas.
- Por aquí – Kanaye sujetó la mano del Matsuno y le llevó hasta una mesa cercana en donde le indicó con una seña tomar lugar – Te traeré algo de beber – indicó casi pegando su rostro para poder ser escuchado.
- Una cerveza está bien – respondió el Matsuno rápidamente en cuanto lo vio girarse, sin embargo tuvo el presentimiento de haber sido ignorado.
Solo pasaron unos instantes para que el masajista regresara con dos tragos, Karamatsu tomó la copa ofrecida con cierto recelo, pese al colorido líquido azul, solía preferir todavía una simple cerveza, lo cual al parecer no entraba en el exótico menú. Recordó los lugares que solía visitar con sus hermanos y por ende su mente viajó a la disputa reciente con el mayor; frunció el ceño antes de tomar el trago en un solo movimiento. Torció la boca al solo sentir un sabor dulce y no la embriagante sensación que buscaba.
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El sextillizo apenas prestaba atención a la conversación de su amigo ante el ligero mareo que comenzaba a presentarse.
- ¿Estas bien? – Kanaye se acercó un poco para colocar su mano en la frente de Kara – Estas muy rojo – refirió al deslizar el toque hacia la mejilla.
Kara no se opuso a la caricia, contrario a ello cerró sus ojos ante un extraño y placentero sentir.
El masajista se acomodó mejor al lado del otro, sin espacio alguno que los separase – Debes tener calor con esta cosa puesta – refirió al sujetar la orilla de la polera – déjame ayudarte – acto seguido levantó la prenda para retirarla lentamente, sin oposición alguna la tarea fue sencilla.
Karamatsu comenzaba a emitir leves suspiros ante los toques, apenas abriendo un poco los ojos solamente percibía las cegadoras luces a su alrededor. Se estremeció cuando sintió la boca que recorría sin descaro por su cuello.
- Eres tan lindo – afirmó el masajista ceca del oído del otro, paseando sus manos por debajo y encima de la camiseta tanto como le era posible.
El sextillizo sentía su respiración acelerarse a la par que el calor aumentaba en todo su cuerpo. Por su mente pasaba ocasionalmente la idea de levantarse y salir corriendo, pero no lograba hallar la razón para ello, sus pensamientos eran confusos, siendo que aquellas caricias sólo podía relacionarlas con una persona - Atsushi... - murmuró seguido de un profundo suspiro.
Kanaye detuvo sus acciones al escucharlo, con una clara mueca de desprecio tronó la boca antes de usar la diestra para sujetar con brusquedad por el mentón a Karamatsu – Que inapropiado mencionar el nombre de otro – reprendió sin soltarle pese al quejido emitido por el trato. Mantuvo la vista en la mirada perdida del Matsuno – haré que te grabes quien soy – aseguró mordazmente antes de besarle con brusquedad.
Karamatsu colocó las manos en los hombros de su acompañante, fue cuando comenzó a sentir que le faltaba el aire que tuvo un breve lapso de claridad, aquel beso no era para nada como los que compartía con Atsushi, dulces y cálidos, este era demasiado violento y comenzaba a asustarlo. Logrando enfocar su mirada, distinguió al masajista, con un veloz movimiento le apartó con fuerza.
- Vamos, ya empezaba lo interesante – se quejó el pelirrojo con los codos apoyados en el asiento, postura resultante de ser empujado.
- Debo irme... - pronunció Kara en voz baja y con una mano en su frente mientras se colocaba de pie.
- Aguarda, no hemos terminado – reclamó al sujetarle de la muñeca.
- ¡No me toques! - se liberó con un manotazo, trastabillando un par de pasos. Las personas al rededor no parecían siquiera reparar en su presencia, por lo que entre algunos empujones se fue abriendo camino hacia la salida.
El Matsuno logró salir del club, notando que comenzaba a oscurecer se preocupó de no reconocer los lares, sumado a que el mareo continuaba acrecentándose.
Pocas personas andaban por la calle, la mayoría ignorándole por su torpe andar y asumiendo por ello que solo era un ebrio más.
-¡Karamatsu! - la voz de Kanaye a poca distancia hizo saltar al sextillizo.
Kara solo giró un poco para confirmar que aquel chico venía corriendo en su dirección, nervioso, intento acelerar el paso pero solo logró que sus pies chocaran entre sí, haciéndole caer bruscamente.
- Mira lo que provocas – el pelirrojo se hincó a su lado – anda, vamos a otro lado – indicó al tomarlo del brazo.
- Déjame – respondió el otro con claro desagrado y a la vez asustado porque sus fuerzas parecían haberse desvanecido, en tal estado no podía liberarse del agarre.
- ¿Karamatsu?
El par de chicos en el suelo miraron al joven que se detuvo frente a ellos, un castaño de gabardina beige.
- Yanagida... - pronunció el nini con tono esperanzado al ver a alguien conocido.
- ¿Te encuentras bien? - se inclinó para sostenerle por el brazo libre.
- Él está bien, gracias – Kanaye respondió cuando se colocaron de pie, atrayendo al sextillizo sutilmente.
Yanagida mantuvo una mirada inquisitiva en el pelirrojo, presintiendo lo extraño – Hey, Matsuno, ¿Lo conoces?
- Somos amigos, así que no te preocupes, solo bebió de más – respondió nuevamente el masajista, intentando esta vez iniciar su andar.
Karamatsu no tenía la fuerza necesaria para oponerse o protestar, el calor en su cuerpo seguía aturdiéndolo y sentía que en cualquier momento simplemente caería, por lo que atinó solamente a sujetar la manga del castaño.
El modelo estaba inseguro de cómo actuar, pero el repentino y tembloroso agarre del sextillizo en su brazo atrajo su atención.
- Quiero ir a casa... - murmuró Kara con dificultad.
Yanagida no dudo esta vez, abrazando por los hombros a Karamatsu lo separó al instante del otro – No sé qué está ocurriendo, pero yo me hare responsable de que Karamatsu regrese a salvo a su hogar – aseguró Yanagida con una inusual seriedad.
- No deberías meterte en lo que no te incumbe – advirtió el pelirrojo.
- Soy su amigo, conozco bien a su novio y a la familia, por lo que sí, me incumbe bastante.
El pelirrojo hizo ademán de querer protestar, pero la mirada acusadora del castaño se lo impidió. Con una clara mueca disconforme, se limitó a darse la vuelta y marcharse.
- Quizá ahora puedas explicarme lo ocurrido – solicitó Yanagida con calma mientras se retiraba la gabardina para cubrir al sextillizo. Él vestía una camisa blanca y pantalón café.
- Estoy mareado.
Ante la respuesta el castaño suspiro, aparentemente tendría que aguardar para aclarar la situación, de momento, se concentraría en ayudar al sextillizo.
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Ichimatsu estaba en la recamara terminando de contar el dinero que tenía, por fortuna era lo suficiente para comprar varias latas de comida para sus amigos felinos. Miró al centro de la habitación, rememorando lo sucedido en la tarde, después de que Karamatsu se marchara Osomatsu hizo lo mismo, sin decirles nada solo se fue y era hora que seguían sin saber de ninguno de los dos.
Choro y Jyushi continuaron viendo la tele y Totty seguramente andaría con una amiga o algo así. Era muy probable que solo los cuatro menores fueran a los baños en cuanto regresara el más joven, por lo que él aprovecharía para ir primero al callejón.
El cuarto hermano bajaba con parsimonia los escalones, justo cuando llegó al último escalón el timbre del teléfono sonó. Se detuvo en espera de que alguien fuese a responder, pero ante el tercer timbrado tronó la boca antes de acercarse y levantar la bocina – Residencia Matsuno – mencionó con voz monótona, pero al escuchar la voz al otro lado apenas y logró reprimir un grito - ¿Yanagida? – Estuvo a punto de colgar y salir corriendo, pero la razón de la llamada le hizo enarcar una ceja – dame la dirección – solicitó al tomar una pluma y papel al costado del teléfono – voy para allá – aseguró antes de colgar.
- ¿Quién era? – cuestionó Choromatsu al asomarse.
- Número equivocado – respondió Ichi al colocarse las sandalias – iré a alimentar gatos – explicó antes de salir, sin aguardar la respuesta de su hermano. Inició su andar a la par que rechistaba con molestia – maldito mierdamatsu, ¿En qué te involucraste? – cuestionó a la nada mirando el papel en su mano.
- ¿Qué ocurrió con Karamatsu?
Ichi dio un salto hacia atrás por el repentino susto, Osomatsu estaba en frente, con una expresión serena que contrario a lo pensando, ponía nervioso a cualquiera.
- ¿Y bien?
El de morado trago pesado, pensando en una buena excusa para el mayor.
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Yanagida hubiese cambiado su atuendo por algo más cómodo, pero el saber que Ichi estaba en camino le hizo cambiar de opinión, optando solo por arremangar un poco la camisa y desabrochar los primeros botones. Se asomó a la recamara en donde Karamatsu dormía profundamente, claro que no celebraba lo ocurrido a su compañero modelo, pero no podía negar la felicidad de ver pronto a quien tanto buscaba.
La primera idea del castaño fue llamar a Atsushi, pero no contaba con el número del mismo por lo que tuvo que, no muy a su pesar, comunicarse con la familia.
En cuanto escucho los toques a su puerta se apresuró a abrir - ¡Ichi...! – frenó su saludo en cuanto vio un chico de polera roja y ligeramente escondido atrás a otro de morado.
- Hola, soy Osomatsu, el hermano mayor de Kara y he venido por él - explicó con una sonrisa.
- Eh, claro, bienvenidos – Yanagida se hizo a un lado para dejarles pasar.
- Bonito lugar – Osomatsu expresó al pasear la vista, el apartamento de un chico soltero era tal cual imaginaba, de pocas habitaciones y pertenencias que daban un toque de pulcritud.
Ichimatsu ni siquiera se atrevió a mirar a Yanagida, estaba nervioso tanto por verlo como por la actitud de su hermano mayor.
- Ichi me dijo que eran amigos en le escuela – mencionó Oso mientras seguía paseando por el lugar.
- Así es, solíamos juntarnos en ese entonces – confirmó con una gran sonrisa.
El de morado sintió un golpeteo en el pecho ante la expresión vista, por lo que se decidió aún más en mantener la mirada abajo.
- Y a todo esto ¿En dónde está Karamatsu? – Osomatsu se detuvo frente al castaño.
- Duerme en mi cama.
El par de hermanos compartió una repentina molestia al escuchar aquello.
- Ok, amigo de mi hermano – mencionó mientras tomaba lugar en un sofá blanco – me gustaría aprovechar para resolver algunas dudas.
Por el tono y aura del Matsuno mayor, Yanagida comprendió que no podría negarse - Esta bien, pero que sea rápido – solicitó al cruzarse de brazos, lo único que quería en ese momento era tiempo con Ichimatsu.
- ¿Qué le paso a Karamatsu?
- No lo sé, me lo tope en la calle y llegando aquí cayó rendido.
- ¿Hace cuánto que retomaste el contacto con mis hermanos?
- Hace poco, fue todo casualidad.
- Explícate.
Yanagida frunció un poco el ceño, sin entender la razón del interrogatorio - Vi a Ichi en un callejón con un gato y a Kara con Atsushi.
- ¿Atsushi? - repitió el de rojo.
Yanagida rascó su nuca, presintiendo que había dicho algo se más - Sí, tal vez no lo recuerdes pero él iba con nosotros a la escuela.
- Lo recuerdo bien – murmuró entre dientes - ¿Sabes que hay entre ese tipo y mi hermano?
El castaño no mostró cambio alguno en su expresión - No lo sé, no los frecuentó mucho – respondió levantado los hombros para restarle importancia. Por alguna razón presentía que no debía hablar más.
- Ya veo – respondió con simpleza Osomatsu – Iré entonces por Kara, gracias por cuidarlo – se levantó mostrando una sonrisa.
Yanagida enarcó una ceja ante el repentino cambio de humor – Esta por aquí – le guio hasta la puerta del dormitorio; en cuanto le dejo no tardo en buscar a Ichi, al no verlo en la estancia se encamino a la cocina. Una sonrisa inmediata se dibujó en su rostro al ver al Matsuno hincado con su pequeño gato Ichiro, la palabra "Adorable" se repitió una y otra vez en su mente.
- ¿Qué opinas? ¿Estoy haciendo un buen trabajo? – se acercó el castaño con cuidado, quedando a un paso de distancia.
Ichimatsu se encogió un poco en su lugar, maldiciendo internamente por haber bajado la guardia – Sí, supongo… parece estar bien – confirmó al pasar la mano por el suave pelaje, realmente contento de ver que estaba saludable el minino – Osomatsu, no me dejó venir solo, lo siento – se disculpó en voz baja.
- No te preocupes por ello, lo importante es que tú vinieras.
El cuarto sextillizo sintió su rostro arder y solamente agradeció que el otro no estuviese enfrente para notarlo. Ahora no sabía si debía seguir maldiciendo a Karamatsu por ser la razón de estar ahí ahora.
Mientras tanto, Osomatsu ingresó en la recamara y se mantuvo de pie junto a la cama observando a su hermano que dormía pacíficamente, a un costado, en una cómoda blanca reposaban las pertenencias del segundo, las llaves, cartera y celular. Aprovechando la oportunidad tomó el teléfono.
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Gracias por leer n_n
