Osomatsu revisaba sin preocupación alguna el teléfono de su hermano, pensando inclusive que era culpa del menor por no colocar una contraseña en el aparato. Los contactos en el celular consistían solamente en cuatro: trabajo, Kanaye, Max y Atsushi; frunció el ceño al ver que el último contacto estaba acompañado de un símbolo de corazón, ni siquiera tenía registrado el teléfono de casa o de Totty. Revisó un poco los mensajes del trabajo pero al ver solo indicaciones de los horarios a presentarse no le tomó importancia, el tal Kanaye no tenía más que un intercambio banal de comentarios que simplemente no habían continuado hace tiempo, el de Max parecían simples instrucciones de alimentación, por lo que solo dedujo que era algún asesor nutricional o similar; por último revisó el historial con el trajeado, los mensajes eran demasiados como para considerar el terminar de leerlos en poco tiempo. Guardó el teléfono en su bolsillo junto al resto de pertenencias de Kara y salió de la habitación.

Yanagida observaba embelesado al Matsuno que jugaba con el pequeño gato negro, las leves sonrisas que el otro emitía ocasionalmente provocaban que su corazón diese vuelcos de alegría. El castaño era consciente de su sentir por el sextillizo, después de todo, estaba enamorado desde la escuela, pero no del chico tan alegre y amistoso que fingía ser, él sabía desde un inicio que todo era una fachada, lo atrapó en algunos momentos mostrando su verdadera personalidad cuando el otro creía que no era visto; pero Yanagida era consciente de ello y en ese entonces aguardaba a que Ichi le tuviese la suficiente confianza para mostrarse tal cual, desafortunadamente nunca lograron conectar como él quiso. El ahora modelo se arrepentía de no haberse acercado más al Matsuno en su momento, perdiendo todo contacto tras la graduación y con ello su esperanza de volver a verlo.

Pero el destino era algo curioso y parecía darle una segunda oportunidad al ponerlo nuevamente en su camino, y claro, ahora no lo desaprovecharía.

- Sabes, planeaba comprarle algunos juguetes y cosas que me faltan – el castaño habló con suavidad – pero no se mucho de eso, así que pensé que quizás podrías acompañarme, si no estás muy ocupado claro.

Ichimatsu detuvo la caricia al felino, analizando lo escuchado y riendo internamente por las últimas palabras ¿Ocupado? Eso era gracioso hablando de un nini – Tal vez pueda hacer un espacio en mi agenda – bromeó al colocarse de pie. Su mente quedo en blanco cuando al girarse encaró un rostro lleno de emoción.

- ¡Genial!, tú eliges cuando y a qué hora – respondió el otro con una gran sonrisa.

El nini pudo sentir un ligero calor en su rostro, ¿Yanagida siempre fue así de resplandeciente? Se cuestionó nervioso – yo… - pauso la oración, considerando si era la oportunidad para contarle la verdad sobre la escuela y su auténtica personalidad – hay algo que deberías saber – frenó abruptamente cuando notó la presencia de su hermano mayor, quien les observaba fijamente desde el marco – N-no es nada – esquivó la mirada avergonzado.

El castaño estaba por intentar indagar, pero no alcanzó a formular la pregunta por sentir el leve toque en su espalda, se giró para ver al sextillizo de rojo sonriéndole ampliamente.

- Es hora de irnos Ichi – anunció el mayor con una amabilidad que causaba escalofríos en el hermano menor.

- ¿Karamatsu despertó? – indagó el castaño.

- Todavía no, pero se hace tarde y deberíamos volver.

- Bueno, Karamatsu podría quedarse esta noche – el castaño calló de inmediato y se arrepintió de la sugerencia en cuanto notó que el par de hermanos parecía querer asesinarle por lo dicho – o no – finalizó tragando pesado.

- Vamos Ichi, ayúdame con Kara.

- Aguarda, si no ha despertado ¿Significa que lo cargaremos hasta la casa? – el cuarto replicó al seguirle.

- Tomaremos otro taxi.

- Imposible, ya no tengo dinero – le recordó al primogénito, después de todo tuvo que usar lo destinado al alimento de sus felinos amigos para costear el primer transporte.

- Karamatsu paga – refirió divertido mientras le pasaba la cartera del nombrado.

Yanagida les seguía de cerca, cuestionándose la facilidad con la que se apropiaban del dinero de otros.

- Karamatsu, es hora de irnos – El de rojo movió un poco a su hermano, esperando que este reaccionara.

El segundo sextillizo despertó con lentitud, sosteniendo con la diestra su cabeza al sentir una leve punzada; al sentarse la sabana que le cubría se deslizó para revelar que en la parte superior solo portaba una camiseta negra.

El par de hermanos recordaba haberlo visto salir con la acostumbrada polera azul, por lo que de inmediato dirigieron su atención al posible responsable.

- ¡Lo encontré así! – respondió de inmediato Yanagida levantando las manos en cuanto sintió las miradas acusatorias de los otros dos.

- ¿Osomatsu? ¿Ichimatsu? – Pronunció el segundo al verlos de pie junto a la cama, confundido brevemente sobre su entorno - ¿En dónde estoy? – Cuestionó al girar un poco para ver al otro lado al castaño - ¿Tú? – Yanagida sonrió en respuesta.

- ¿Recuerdas que ocurrió? – El modelo fue el primero en cuestionar.

Karamatsu frunció el ceño intentando rememorar, tras la pelea con su hermano mayor salió de casa y termino topándose con alguien; el nombre de Kanaye repentinamente hizo eco en su mente, en conjunto llegaron las imágenes difusas del club, el licor azul, las caricias indiscretas y el beso forzado. Por inercia se abrazó al sentir un escalofrió recorrerle al revivir las desagradables sensaciones.

Los tres presentes intercambiaron expresiones confusas al ver la reacción del Matsuno, aquel se abrazaba y mantenía el rostro agachado - ¿Karamatsu? – le llamó el mayor pero no obtuvo respuesta.

Karamatsu se cuestionaba una y otra vez el cómo pudo ceder al descarado manoseo del masajista, encogiéndose ante el recuerdo y con un sentimiento de culpa invadiéndole por traicionar a su novio. El repentino toque en su hombro le hizo saltar y dar un golpe a la mano ajena - ¡No me toques! – gritó con una combinación de miedo y enojo cuando su mente lo colocó por segundos de vuelta en el club. En instantes su expresión cambio a una de vergüenza cuando reconoció a Osomatsu – L-lo siento – bajó nuevamente la mirada.

El hermano mayor tardó en reaccionar, mirando la mano que habría sido retirada con brusquedad - ¿Qué ocurrió exactamente? – cuestionó con sombría expresión.

- Nada – respondió el segundo oprimiendo la sabana entres su manos – simplemente bebí de más.

- Ya veo, es bastante raro que te embriagues en solitario – mencionó Osomatsu con tono lento, analizando cada movimiento en el menor y notando la forma en que el otro se tensaba – a menos, que no estuvieras solo.

Kara mordió levemente su labio inferior, odiaba cuando su hermano actuaba con tal seriedad, aquello solo auguraba que no le dejaría en paz hasta obtener respuestas – Quizás estaba con, un amigo – tragó pesado ante lo dicho.

- ¿Cuál amigo?

El segundo rechistó cansado por el interrogatorio – No importa – respondió cortante a la par que se levantaba, pero tan solo al erguirse por completo terminó de vuelta en el suelo por un mareo, quejándose al instante cuando sus brazos y rodillas chocaron contra el suelo.

Ichimatsu se apresuró hasta su hermano, claro que, no estaba preocupado, solo curioso por lo visto - ¿Qué demonios bebiste? – le reprendió mientras lo tomaba del brazo para ayudarle a sentarse.

- Solo una copa – musitó inseguro.

- Quizá no me incumbe – Yanagida atrajo la atención al acercarse a los sextillizos – pero, sobre esa bebida, ¿Prestaste atención mientras la preparaban?

El sextillizo negó con lentitud – él la llevo hasta la mesa – respondió en voz baja, colocando una mano sobre sus ojos en espera de que el mareo disminuyera.

El castaño suspiró al deducir lo ocurrido y lamentando que el Matsuno fuese víctima de tal artimaña – Ven, un poco de agua te hará bien – aseguró al agacharse para sostenerlo por la espalda con el fin de levantarlo. El sextillizo aceptó la ayuda y anduvo con calma acompañado de Yanagida – tal vez debas quedarte, le avisaremos a Atsushi que estas aquí –menciono lo último en voz baja, esperando que los otros no escucharan.

- ¡Él no…! – Karamatsu detuvo sus palabras, no debe verme así, pensó – no quiero verlo – respondió con un claro dolor en la voz. Yanagida solo asintió.

Ichimatsu observó al castaño seguir su andar con el segundo antes de mirar a su hermano mayor, no sabía que decir ya que ambos habían escuchado claramente lo dicho y la furiosa mirada en Osomatsu le confirmaba que tenían un pensamiento similar sobre el posible responsable de lo ocurrido a Karamatsu.

Por más que insistió Yanagida, y pese a las miradas amenazantes de los hermanos, Karamatsu no aceptó la oferta de quedarse, alegando que solo quería volver a casa.

El castaño los siguió hasta la salida y les observó marcharse, sin otro intercambio de palabras más que un simple movimiento de cabeza por el segundo Matsuno en forma de agradecimiento mientras era sostenido por Osomatsu. El modelo sentía la decepción de no haber conversado otro poco con Ichi junto a la preocupación por lo ocurrido con Kara.

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Esa noche los tres hermanos volvieron en completo silencio a su hogar, en casa el resto de la familia solo fue informada de que Karamatsu se emborracho en el puesto de Chibita, por lo que a la mañana siguiente asumieron que el segundo hermano simplemente tenía resaca y por ello seguía recostado pese a ser más de mediodía.

Frente a la residencia Matsuno se estacionó un lujoso auto.

- ¿Estás seguro de esto? - preguntó Yanagida en el lugar del copiloto, observando al conductor, principalmente la gasa sobre la mejilla izquierda, misterio que intento develar pero por más que intento Atsushi se negó a decirle la razón de la herida.

- Él no responde el teléfono ni se ha comunicado con Akemi, solo quiero asegurarme de que está bien – respondió Atsushi mientras apagaba el motor.

El castaño sonrió de lado – Si el plan era ocultar su relación, algo están haciendo mal – se jactó sin borrar la sonrisa y retirando el cinturón de seguridad.

Atsushi le dedicó una rápida mirada antes de imitar la acción del otro - ¿Hace cuánto lo sabes?

- Eso no importa, igual no planeaba decírselo a nadie – aseguró moviendo su mano para restarle importancia al tema – no ganaría nada con ello.

- A todo esto ¿Por qué tu repentino interés en acompañarme? –cuestionó al recordar que al pasar a ver a Akemi, el rubio le comentó sobre la falta de respuesta de Karamatsu, situación que le llevo a intentar comunicarse, y tras fallar, a optar por visitarlo directamente. Yanagida estaba cerca cuando insistió en seguirle.

- Vamos, Kara es mi compañero y también me preocupa su estado.

Atsushi frunció ligeramente el ceño, dudando de las palabras del castaño pero sin intención de averiguar su verdadero propósito, al menos de momento. Lo primero en su mente era Karamatsu.

El par de chicos llamaron a la puerta y tan solo unos segundos después ya tenían frente a ellos un rostro que les mostraba una amplia sonrisa.

- ¡El amigo millonario de Totty! – Gritó Jyushi sin reparos - ¿Otra vez vamos al onsen? – preguntó con tono ilusionado.

- Creí que solo ibas tras uno de ellos – murmuró Yanagida de forma picara cerca del oído de Atsushi.

El joven empresario ignoró el comentario de su acompañante antes de dirigirse al sextillizo – Me temo que esta vez no, será en otra ocasión. Venimos a ver a Karamatsu.

- Nii san está arriba, pero creo que se siente mal – mencionó mientras su sonrisa disminuía un poco – no bajó a desayunar – su tono denotaba una genuina preocupación, después todo, era inusual que el segundo hermano perdiese el apetito sin estar aparentemente enfermo.

Escuchar aquello solo acrecentó la preocupación del trajeado - ¿Es posible que entre a verlo?

Antes de que Jyushimatsu respondiera se escucharon los leves pasos acercándose a la entrada.

- No.

La respuesta cortante y directa del hermano mayor sorprendió a los tres presentes.

- ¿Osomatsu nii san? – El menor le llamó con curiosidad.

- Jyushimatsu, ve adentro, creo que Ichimatsu te buscaba.

El quinto hermano dedicó una última mirada a los invitados antes de obedecer y retirarse del lugar.

Yanagida comenzaba a sentirse incomodo ante la clara tensión de los otros dos, cuestión que le indicaba que sus probabilidades de ver a Ichimatsu eran bastante bajas.

- Deberías marcharte ahora – indicó Osomatsu, aparentando indiferencia con las manos dentro de la polera.

- No me iré hasta saber que Karamatsu está bien – Atsushi se cruzó de brazos, decidido a no retroceder.

- Tienes agallas al venir después de lo que hiciste – mencionó con tono hostil

- ¿Qué quieres decir?

- Solo quiero dejar en claro que no permitiré que te acerques más a mi hermano.

- No tienes derecho a decidir eso –bajó los brazos y dio un paso al frente.

- Soy el mayor, es mi responsabilidad – imitó la acción al da también un pasó.

- ¿Ahora lo eres? No lo parece por como tratas al resto, en especial a Karamatsu.

- ¿Quién demonios eres tú para opinar? – el Matsuno sujetó por el cuello de la ropa al otro, juntando las frentes y con el ceño completamente fruncido.

- Hey, deberíamos relajarnos – Yanagida intentó frenar un posible altercado, pero fue completamente ignorado.

- Parece que no eres muy perspicaz hermano mayor, pero si tanto quieres escucharlo, ¡Soy el novio de Karamatsu! – afirmó mientras tomaba también por la ropa al sextillizo.

- ¡¿Novio?!

El par en disputa giraron al escuchar las voces al unísono. Los cuatro hermanos menores y los padres de los ninis estaban cerca de la cocina y acababan de escucharlo todo.

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Gracias por leer n_n